By Vanessa Álvarez Clotet
Published by Ed. Amarante at Smashwords
Copyright 2011 Editorial Amarante
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* * *
Dedico esta historia a mi familia,
a mis amigos y a mi perrita;
mis grandes fuentes de inspiración.
Nunca dejo de añorar a mis padres, me abandonaron cuando tenía seis años en el orfanato Ladies, yo no los culpo porque a la edad en la que me dejaron en ese lugar tenía suficiente conciencia para saber de los problemas que soportaban. Las últimas palabras de mi madre fueron “cariño te quiero tanto que ésta es la única manera de salvarte, sé que es muy duro para ti, pero tu padre y yo vamos a morir y tienes que ser fuerte, no confíes en nadie, y por favor nunca pienses que te abandonamos porque no te queremos”. Después me entregó un medallón con una inicial: P.B. Dentro contenía una foto de ellos y una moneda antigua de la que hasta ahora no conozco su significado. Ese medallón simboliza mucho para mí, es el único recuerdo que tengo de ellos, y además, siento una corazonada: el objeto tiene algo especial que aún no he descubierto.
Llevo seis años en este orfanato y se han llevado a tres de mis mejores amigas, pero aún tengo la pequeña esperanza de que me adopten. El lunes vinieron a visitarme una pareja muy simpática, quieren adoptar a alguien que no sea ni muy pequeño ni tampoco adolescente, al parecer para evitarse problemas; a mí me gustaría salir de estas cuatro paredes y así poder buscar información sobre mis padres, aunque no tengo la esperanza de que estén vivos porque de ser así seguro que ya habrían venido a buscarme.
— ¡¡¡Paola!!!— gritó la señora Laura.
La señora Laura es la cuidadora de mi sección en Ladies, tiene mucho carácter, pero es buena persona.
— Sí, señorita— le respondí en tono inocente.
— Ve al comedor a cenar, te estamos esperando.
— De acuerdo, señorita.
Me encaminé hacia el comedor deseando que no hubiera sopa para cenar, si fuera así, se la daría a Melody, ella es mi mejor amiga, más bien es como una hermana, hicimos el pacto de intentar que nos adoptasen juntas.
Cuando entré en el comedor ya me estaba esperando con un plato de pizza ¡Qué bien, no hay sopa! Me senté a su lado e hicimos nuestro saludo particular con las manos, primero chocamos los puños y después abrimos las palmas y movimos los dedos haciendo a la vez un sonido con la boca. Comíamos pizza mientras hablábamos de una nueva noticia.
— ¿Sabes que Phoebe ha retado a Cristina al póker y la que pierda tendrá que despertar a la directora por la noche?— me dijo Melody entusiasmada.
— ¿En serio? Eso hay que verlo ¿cuándo jugarán?— respondí.
— Esta noche ¡será genial!
— Sí, lo será— dije deseando saber qué sucedería, y añadí dirigiéndome a Mel tranquilamente —Mañana quiero hablar con la directora.
— ¿Por qué? ¿Te ha ocurrido algo?—dijo Mel preocupada.
— No, pero probablemente ocurrirá.
— ¿A qué te refieres?— preguntó desconcertada.
— Creo que la pareja que vino el otro día a verme quiere adoptarme. Por eso quiero hablar con la directora, para ver si puede hacer algo para que también te adopten a ti. Melody se quedó sin palabras y pude ver en sus ojos, por más que lo quisiera ocultar, una pequeña sensación de tristeza, seguramente estaba pensando que iban a separarnos.
— No te preocupes— le dije— lo arreglaré.
— Vamos a ver quién tiene que despertar a la directora esta noche— dijo cambiando de tema, con voz entusiasmada pero con la misma expresión de preocupación.
— Vamos— le contesté intentando animarla con mi mirada y mi sonrisa.
Fuimos a la sala de estar, donde ya se encontraba la mitad del orfanato esperando a ver la apasionante mano de cartas que estaba a punto de comenzar. Llegaron Phoebe y Cristina, ésta última como siempre iba acompañada de toda su tropa. Cristina es la típica chica que se cree mejor que los demás sólo porque sus padres tenían mucho dinero y donaron bastante al orfanato; cuando cumpla la edad necesaria podrá heredar el resto y seguro que se hará más insoportable. Mientras, se dedica a dejar mal a todo el que pasa por su vista, y siempre están las ignorantes que le siguen el juego. No me extraña que Phoebe la haya retado de este modo, ya que tiene tendencia a implantar justicia con respecto a personas como Cristina, no soporta ver cómo trata a la gente y como está tan segura de sí misma… Pero esta vez no sabía quién podría ganar porque Phoebe es muy buena pero en cambio a Cristina no le gana nadie al póker desde hace años.
— ¿Estáis preparadas?— dijo Jennifer, ya que ella es neutral en estos asuntos y haría de árbitro.
— Espero que ya hayas decidido como despertar a la directora —dijo Cristina sarcásticamente.
— No te preocupes por eso, yo te diré como tienes que hacerlo, si no se te ocurre nada—respondió Phoebe.
— Venga empezad— anunciaba Jennifer mientras repartía las cartas— haréis cinco manos, la que gane tres o más de estas cinco, gana.
— De acuerdo —dijo Phoebe mientras Cristina tendía una mirada amenazante, seguramente sabía que todo el mundo había apostado por Phoebe excepto sus compinches.
— Apuesto veinte euros de entrada— dijo Cristina, mientras ponía el dinero encima de la mesa.
— Lo igualo— respondió Phoebe.
Empezó la primera mano. Todas estábamos emocionadas viendo la partida.
— Esto se va a poner interesante —interrumpió Melody con una sonrisa dibujada en la cara.
— Sí— le contesté.
Entonces Cristina dijo— tengo una escalera— con su falsa sonrisa
Phoebe se mantuvo seria y todas pensamos que esa mano la ganaría Cristina cuando de repente anunció— Pues yo tengo un póker— con una sonrisa pícara pintada en sus labios. Todo el mundo se relajó excepto Cristina.
Entonces Jennifer dijo— muy bien esta mano la ha ganado Phoebe, empecemos la segunda— y empezó a repartir.
La siguiente mano estuvo igual de reñida, pero finalmente la ganó Cristina con dobles parejas frente a la simple escalera de Phoebe. Siguieron así y al principio de la quinta mano estaban empatadas.
— Muy bien, hasta ahora estáis empatadas, con esta mano se decide todo, podéis ir pensando en cómo despertar a la directora, debe de estar a punto de ir a dormir, pero la que pierda la despertará a las cuatro de la mañana, en punto— recalcó Jennifer, mientras repartía las cartas de la mano decisiva.
— Prepárate para lo que se te avecina porque tengo un full— dijo Cristina celebrando ya su victoria con una sonrisa en la cara.
— Phoebe puso cara triste y ya todas nos imaginamos que había perdido.
— ¡Enseña las cartas!— dijo Jennifer.
— De acuerdo— dijo Phoebe mostrando una escalera real, ¡había ganado!, todas dimos un salto de alegría.
— Y bien ¿cómo despertarás a la directora? —le preguntó Phoebe a Cristina.
— No la despertaré a las cuatro en punto, he pensado una cosa mejor, ya lo veréis.
Entonces alguien gritó— ¡Tienes que ceñirte al trato, no puedes hacer lo que te dé la gana!
— Dejemos que lo haga a su manera— dijo Phoebe— al fin y al cabo ha perdido— irradiaba felicidad por sus ojos.
— Gracias —respondió Cristina, y lo extraño es que parecía sincera.
Al día siguiente nos despertamos todas con un grito, era la directora. Al parecer Cristina había cumplido, pero la directora gritaba el nombre de Phoebe, todas nos extrañamos y vi que Cristina se estaba riendo, corrí hacia la habitación de la directora y lo vi, habían hecho un montaje, la directora tenía la cara y una mano cubiertas de nata, toda la habitación estaba llena de plumas, y habían arañas en la almohada de la directora. Pero eso no era lo peor, Phoebe estaba estirada en el suelo al lado de la cama, parecía como si la hubieran puesto allí mientras dormía, estaba claro, había sido una trampa de Cristina y conociendo a Phoebe se iba a tomar la justicia por su mano.
La directora estaba furiosa; le dijo a Phoebe —ve a cambiarte, te quiero ver en mi despacho dentro de diez minutos.
— Sí señora— dijo Phoebe.
La ayudé a levantarse y dije —entiendo cómo debes sentirte, Cristina te ha hecho una trampa, y si quieres te ayudaré a que te vengues de ella—. Phoebe solamente asintió y me dio las gracias. La acompañé mientras se vestía junto a Jennifer y Melody, las cuatro queríamos venganza y decidimos que le dijese la verdad a la directora mientras ideábamos un posible plan.
Phoebe fue a ver a la directora y nosotras nos quedamos detrás de la puerta para intentar oír.
— ¿Me puedes explicar que te ha ocurrido y porque has hecho todo esto?— dijo la directora muy enfadada
— Verá señora, me han tendido una trampa, yo no he sido, hice una apuesta con Cristina, ella perdió y me ha hecho esto— explicó Phoebe en su defensa.
— No metas a Cristina en este lío, como castigo tendrás que ayudar en la cocina durante dos semanas, harás todo lo que te pida Isabel— la cocinera— ¿tienes algo más que decir?
— Lo siento mucho, pero en serio…yo no he sido…—la directora no le dejó acabar la frase, estaba demasiado enfadada y no entendía que hubiera explicaciones para una cosa como esa. Sería mejor que esperase un día más para hablar con ella sobre mi adopción doble.
— Si sigues haciéndote la víctima serán tres semanas—, hizo una pausa y dijo— puedes marcharte, empezarás hoy.
— Sí, señora— añadió Phoebe finalmente. Después, se dirigió hacia nosotras y con voz vengativa dijo— tengo el plan perfecto para vengarnos de Cristina.
— Te ayudaremos— respondí gratificada—, no me gustan las injusticias.
— En la sala de estar hay un jarrón muy valioso que pertenecía al fundador del orfanato, sería una pena que se perdiese ¡a que sí!— apuntó Phoebe.
Todas sonreímos complacidas por la idea que se le estaba ocurriendo a Phoebe. Esa noche, antes de acostarnos, cogimos el jarrón y lo escondimos para darles la oportunidad de echarlo de menos a las cuidadoras y así al día siguiente pudieran dar la alarma de su desaparición, no queríamos vengarnos de inmediato porque resultaría muy obvio después de lo ocurrido.
Al día siguiente Melody se levantó, se vistió y bajó a la sala de estar, estaban la directora, la señora Laura y otra cuidadora más hablando sobre la desaparición del jarrón, al parecer era más valioso de lo que imaginábamos, de hecho era el objeto más valioso que existía en el orfanato, estaba bañado en oro el contorno de las flores que tenía dibujadas y eso lo hacía más valioso todavía. Cuando Melody regresaba al dormitorio escuchó una declaración que la directora hacía a la señorita Laura, al parecer la pintura del jarrón estaba dibujada por el mismísimo Van Gogh. Todas nos estremecimos ante la idea de que le ocurriese algo al jarrón, pero aún así continuamos con nuestro plan después de discutirlo al menos unas cinco veces.
Durante la comida, la directora dijo que quería pasar por todas las habitaciones, y no dio ninguna explicación. Supusimos que sospechaban que alguien de dentro pudo haber cogido el jarrón, ya que si hubiera sido un ladrón se hubiera llevado más cosas. Después de la comida pusimos el jarrón entre las cosas de Cristina y nos fuimos todas al salón como si no hubiera pasado nada, al parecer nadie sabía lo del jarrón, todavía. Nos pusimos a hablar Melody y yo sobre la adopción, otra vez.
— ¿Cómo estás tan segura de que te van a adoptar si tan solo han venido a visitarte una vez?— me dijo Mel entusiasmada.
— Lo sé, esa pareja no puede tener hijos y sé que les caí bien…tenían la mirada...
— ¿Qué mirada?— inquirió Melody.
— La mirada que ponen todos los padres que adoptan.
— ¿Es por eso por lo que estás segura? ¡Pues sí que vamos bien!— dijo irónicamente, las dos nos reímos.
— ¿Cuándo hablarás con la directora?— continuó Mel.
— No lo sé, creo que tengo una idea mejor, ya lo verás.
— Cuando dices eso no sé qué pensar— dijo un poco asustada.
— Confía en mí— le dije mostrándome segura.
— Eso no hace falta que me lo recuerdes, la confianza que tengo en ti es como una unión especial que nos ata de manera extraña, no se va a ir— dijo cariñosamente.
— Gracias, haré lo posible para que estemos juntas, nadie nos separará, al fin y al cabo somos hermanas.
— Sí, hermanas de orfanato— dijo con cierta ironía.
— Si estás dispuesta podemos serlo de sangre—, se quedó pasmada ante mi insinuación, pero no pudo responderme, porque en ese momento entró la directora y dijo que la acompañásemos a las habitaciones. La seguimos.
Cuando tocó ver las cosas de Cristina, Phoebe no pudo evitar su sonrisa pícara, y Jennifer le dio un pequeño codazo como señal para que disimulara, entonces la directora gritó — Cristinaaa!!!!!—. Estaba más que furiosa, por poco echaba humo.
— Si, señora— respondió cristina.
— ¿Cómo que “sí señora”? ¿Cómo se te ha ocurrido robar este jarrón? ¿Tienes idea de lo valioso que es? Le llega a ocurrir algo y…y…—, estaba demasiado furiosa como para acabar la frase— debes saber que me reuniré con mis superiores y no te extrañe si te expulsamos de Ladies—. A cristina se le quedaron los ojos como platos, ni siquiera se atrevió a decir nada, apenas pudo tragar saliva y por primera vez se le esfumaron esos aires de superioridad que tanto molestan.
Cuando se calmó todo un poco, fuimos a celebrarlo entre las cuatro a la sala de estar.
— Pagaría por volver a ver la cara de Cristina— comentó Jennifer entusiasmada.
— A mí también me ha gustado su expresión, pero lo que más me ha gustado ha sido la sensación de implantar justicia, en cambio no me gusta la idea de que puedan llegar a expulsar a Cristina por culpa nuestra— dije.
— Sí, opino lo mismo, pero no creo que la expulsen, el jarrón no ha llegado a estar fuera de su sitio más de dieciséis horas y está intacto, además Cristina sabe defenderse y muy bien; seguramente se inventará alguna excusa y solamente la castigarán o simplemente tendrán en cuenta el dinero que sus padres han donado a este orfanato— respondió Phoebe.
— Paola!!—me llamó la señorita Laura.
— Espero que no hayan descubierto lo del jarrón— musitó Mel
— Sea lo que fuere, mantén la calma y no aparentes en ningún momento que pudieras estar escondiendo algo— me dijo Phoebe que aparentaba estar nerviosa.
— De acuerdo— le dije— no te preocupes.
— Paola!!!!—volvió a gritar la señorita Laura.
— Ya voy— dije encaminándome hacia dónde se encontraba mi cuidadora — ¿Sí? Señorita— Intentaba estar tranquila como me dijo Phoebe.
— La directora te espera en su despacho, quiere hablar contigo sobre un asunto muy importante— tragué saliva y sin poder contestar me dirigí hacia el despacho de la directora, debía de tener en mi rostro una expresión parecida a la de Cristina.
Me acerqué a la puerta del despacho de la directora, se oían voces dentro, imaginé lo peor, pensé que ya estaban todos los superiores reunidos para expulsarme porque habían descubierto el asunto del jarrón. Nerviosa como estaba decidí abrir la puerta imaginando que si hubieran resuelto expulsarme la señorita Laura hubiera estado enfadadísima, ya que en definitiva era la persona que se encargaba de mí en Ladies. Entré y vi a la directora sonriendo, entonces sentí un profundo alivio cuando vi a la pareja que creía tenían pensado adoptarme. El asunto no tenía nada que ver con el jarrón, se trataba de mi adopción. Entonces me enfadé conmigo misma cuando advertí que no había hablado con la directora sobre mi adopción doble ¿Qué le diría a Melody?
— ¿Porque no entras y te sientas con nosotros? El señor y la señora De La Rosa están pensando en adoptarte— dijo la directora.
Me senté en una de las sillas y me quedé callada pensando en cómo hacer que también adoptaran a Melody.
— ¿Qué os parece si os dejo solos para que os conozcáis un poco?— Agregó la directora.
— Oh! Eso es muy buena idea— dijo Alissa, mi futura madre.
— Muy bien, pues volveré dentro de un rato— dijo mientras salía por la puerta.
— Bueno— suspiró Alfred, mi nuevo padre.
— ¿Te gusta la idea de que seamos tus nuevos padres?— me dijo Alissa.
— ¿Solo me vais a adoptar a mí?— dije finalmente.
— Sí ¿por qué lo dices?
— Es que tengo una hermana.
— Nadie nos había hablado de ella.
— Bueno… es que no somos hermanas de sangre— intentaba parecer convincente— ¿No podéis adoptarla a ella también?... por favor.
—Verás es que nuestra economía creemos que solo podrá mantener a una persona más— respondió Alfred.
Debí poner una cara muy triste porque a continuación Alissa dijo— Bueno… tal vez… conozca…a alguien que pueda…no sé… adoptarla y con un poco de suerte iríais al colegio juntas.
Salté tanto de alegría que me abalancé sobre ella y mientras la abrazaba le dije— me gustará que seas mi madre.
— Intentaré hacerlo lo mejor que pueda— entonces me abrazó con fuerza.
No sabía que más hacer o decir, me sentía un poco incómoda junto a… ¿extraños? Por decirlo de alguna manera.
— Si todo sale bien, vendrás a nuestra casa dentro de una semana, máximo dos— dijo Alfred.
— Vale— le respondí— ¿tenéis perro?— dije sin venir a cuento, y al parecer di en el clavo.
— No— dijo tristemente Alissa mientras Alfred me guiñaba un ojo en señal de complicidad, eso era buena señal.
Mientras pensaba a qué se refería tocaron la puerta, era la directora, pasó y se sentó en su silla. Se veía tan cómoda como siempre.
— Veo que ha ido bastante bien— dijo al ver la cara de complicidad entre Alfred y yo.
— Sí, bueno, Paola es una chica estupenda— se apresuró a decir Alfred— y verá, una amiga nuestra quiere adoptar a…
— A Melody— le interrumpí yo.
— Sí, a mi hermana Vanessa le gustaría adoptar y como Melody y Paola son tan amigas…—comentó Alissa en mi defensa.
— Oh! Es un gran gesto por su parte, si su hermana es tan amable de venir, hablaremos y llegaremos a un acuerdo— respondió la directora— supongo que no habrá ningún problema con que sea Melody la chica a adoptar.
“¡Bien!” Dije para mis adentros, estaba deseando ir a contárselo a Mel.
— Muchas gracias— respondieron a la vez mis nuevos padres.
— Bueno— continuó Alfred dirigiéndose a la directora —, vendremos a buscarla dentro de una semana aproximadamente.
— Perfecto, yo los llamaré cuando todo el papeleo esté listo.
— Muy bien— dijo Alissa contenta— ya nos veremos— guiñándome un ojo mientras salia por la puerta.
Entonces, cuando me quedé junto a Alfred me dijo:
— Verás, el tema de los perros es un poco delicado para Alissa, porque hace poco se le murió un perrito que la acompañaba desde el instituto.
— ¿Cuándo es su cumpleaños?— le dije sin venir a cuento y apresuradamente.
— ¿Cómo? Eh…—se quedó pensando y finalmente dijo— ya veo por dónde vas, quieres regalarle un perro ¡a que sí!
— Sí— dije sonriente.
— Acabas de conocernos y te comportas como si nos conocieras desde siempre ¿cómo lo haces?— preguntó Alfred.
— Me dejo querer— le puse una sonrisa pícara.
— Creo que me va a gustar ser tu padre— él estaba feliz, y me alegraba de ser el motivo de su alegría.
—Y a mí— le respondí finalmente.
— Hasta luego
— Adiós— se despidió dándome un fuerte abrazo y luego se fue.
Me quedé pensando e imaginando mi nueva vida, me sentí especial pero nunca imaginé que lo fuese de verdad.
Me encantaba pensar en que podría ir al colegio con gente de mi edad, y si todo resultaba satisfactoriamente podría ir con Melody, sería mi prima, y por fin viviríamos nuestra vida sin tener que estar en el orfanato, a veces lo veía cómo el lugar que un día me acogió y me crió, pero otras dónde he llegado a pasar las peores experiencias de mi vida, al fin y al cabo es un gran alivio saber que no voy a volver, tendré mi propia habitación y podré disfrutar de unos padres fantásticos, era muy feliz.
Fui a buscar a Melody, deseaba explicarle que podríamos ser primas, que las dos podríamos vivir una vida casi juntas. Me latía el corazón cada vez con más fuerza solo con pensar que podríamos ser familia, llegué emocionada hacia donde ella se encontraba y al verme la cara de alegría comprendió lo que pasaba y se puso a saltar conmigo, en ese momento nos inundaba una gran felicidad.
— No me lo puedo creer— dijo Mel— ¿Nos van a adoptar juntas?
— No exactamente, he hablado con mis padres adoptivos y les pregunté si te podían adoptar a ti también.
— Será fantástico, podremos ser hermanas— continuó Melody
— No, me dijeron que no.
— Entonces ¿por qué estás tan feliz, qué estamos celebrando?— preguntó confusa.
— Celebramos que seremos primas. Cuando les pedí que tú fueses mi hermana, me dijeron que ellos no podían adoptarte por falta de medios, pero en cambio, Vanessa, la hermana de mi futura madre si te puede adoptar ¡Seremos primas!— expliqué.
— Es genial— dijo Mel emocionada.
Empezamos a saltar de nuevo, nuestra alegría empezó a inundar a todo el que pasaba por allí, y cuando nos dimos cuenta medio orfanato nos rodeaba saltando y gritando de alegría al igual que nosotras, casi estábamos montando una fiesta, la verdad hasta empecé a oír música, al parecer Cristina había aprovechado el momento para crear una mini fiesta con la intención de cargarnos con la culpa, suerte que cuando entró la señorita Laura, fue a la primera que vio, y después de lo del jarrón le hizo más caso a ella que a las demás, pero por desgracia no nos salvamos del castigo de copiar por escrito 150 veces “no formaré fiestas inesperadas y no permitidas durante mi estancia en este orfanato”, así que al final nuestra felicidad nos salió un poco cara, pero valió la pena.
— No quiero que volváis a hacer algo parecido nunca más, sabéis de sobra que si una noche queréis salir de vuestra rutina tenéis que poneros de acuerdo y comunicar un día y una fecha para analizarlo y daros permiso—, no paraba de repetir la señorita Laura —por esta vez la directora no lo sabrá pero a la próxima os aseguro que ella no es tan compasiva como yo, no sé qué os pasa últimamente, siempre habíais sido un grupo tranquilo— al terminar de hablar salió por la puerta, seguramente comprende perfectamente que podemos hacer travesuras como ésta de vez en cuando, pero no la culpo tiene que hacer su trabajo.
Después de la rebelión nos fuimos cada una a nuestro cuarto, como lo comparto con Melody, estuvimos todo el tiempo hablando de las cosas que podríamos hacer o dejar de hacer cuando fuéramos primas. Finalmente nos quedamos dormidas.
Pasada ya una semana vinieron mis nuevos padres a recogerme, ya habían arreglado los papeles y hablado con Vanessa sobre la adopción de Melody, al parecer vendría esa misma semana a conocerla y después solo faltaría arreglar los papeles, al menos el proceso tardaría unas dos semanas, igual que el mío. Había decidido que durante ese tiempo intentaría adaptarme a mi nueva vida. Cuando mis nuevos padres llegaron se les veía como a las personas más felices que había visto y comprendí lo importante que era para ellos adoptarme y lo que podrían llegar a significar ellos para mí.