Muerto de Amor
Derechos de Autor © Noviembre 2011 por Stephen Betancourt
Smashwords Edition
Cubierta por Milena Gomez
Fotos escogida por Stephen Betancourt
Obra Ficticia.
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MUERTO DE AMOR
El tiempo que recuerdo se va en eventos imposibles de combinar con la exageración ya que si tan solo algo de estos eventos hubieran resultado catastróficos nada de esto estaría siendo narrado. Luego de que mi tío Cesar me trajera a la escuela en su carro fúnebre, ese lunes por la mañana muchos de mis compañeros de clase habían olvidado llevar la tarea de Biología que se trataba de una rana viva para hacerle una disección y poderla estudiar. Mi equipo y yo habíamos cumplido fielmente con este propósito, sin embargo el profesor había decidido que lo dejaría para el otro día.
Confieso que estaba un poco frustrado ya que el profesor no quería valorar nuestros esfuerzos dejándonos el chance de alcanzar una nota alta, y me daba rabia con Alejo quien además de ser el deportista estrella del salón, siempre era el primero en todo. El profesor le tenía gran consideración a él, incluso dejándolo decidir por el salón. Esto nos tenía ofendidos a mis amigos y yo. Sin embargo yo no me hacía mal ambiente viéndole la cara de satisfacción, pues su novia era bellísima y mejor me distraía refrescando la mirada con semejante monumento de mujer, me refiero a Mónica quien como cualquiera solo se dejaba deslumbrar por la pasta de Campeón y siempre terminaba fundida en los brazos de Alejo.
Al parecer me deje ir tanto con mis ojos que ella termino sonriéndome con una simpatía sin igual, y a pesar de que Alejo noto varias veces aquellas miradas indiscretas a pesar de ella estar sentada casi encima de él parecía no inmutarle. De repente Mónica se levanta y caminando hacia mí, hace levantar de mi lado a mi amigo Alfredo para sentarse allí, luego me saluda muy seductoramente.
-Hola Sebastián. –Mis ojos estaban adheridos a sus labios, a los cuales ya les pertenecía mi nombre. ¿Qué estaba haciendo? Volví a mirar a Alejo para ver si este me amenazaba pero no, entonces decidí contestarle con algo de temor.
-Hola ¿Qué buscas aquí? –Mónica me miro con ironía, sabiendo que en cualquier momento me podría pasar algo con Alejo, pero ella fue al grano diciéndome.
-Quiero tener una rana como la tuya ¿Cuánto me costaría? –Ahora entendía todo, de seguro Alejo le mando a buscar la rana para su equipo, pues el profesor había hecho equipos de tres para el experimento de la rana. Mónica y Alejo siempre estaban juntos en todo, o casi en todas las actividades de la escuela. Yo le respondí muy cortantemente.
-¿Cuánto tienes? –Ella se quedó dudosa y luego respondió.
-No tenemos mucho dinero, pero Alejo me dio… -Antes de que ella sacara los cinco dólares, le detuve su mano y le dije.
-No me parece que con lo que tienen valga la pena mojarse en un pantano por atrapar una rana… ¿Por qué no hacen su tarea como todos nosotros? –Ella se acercó más a mí y tomando los cinco dólares los metió en mi bolcillo diciendo.
-Esto es tan solo un adelanto… Pero si no te quieres mojar en el pantano por mí, entonces… -Cuando saco su mano de mi bolcillo sentí como una corriente eléctrica y desfalleciendo ante sus encantos pese a que era una chica ajena a mis sentimientos le respondí muy fielmente a mis impulsos.
-Mira Mónica, a mí no es que no me guste hacer favores, lo que pasa es que no me gusta dejarle las cosas fáciles a los que ya conservan cierta comodidad ante los demás ¿Entiendes? Es decir, no me gusta ser esclavo de personas como Alejo. - Ella volvió a sonreír y tomando mi mano con dulzura me respondió.
-Hazlo por mí. –Aquella típica respuesta dejo un vacío en mi corazón el cual inmediatamente se llenó con su perfume, y mientras el brillo de sus labios aun corría por mis ojos le respondí casi suspirando.
-Está bien. –Maldecía aquella respuesta que salió de mi boca sin pasar por mi cerebro ¿Acaso mi corazón se había revelado? No daba crédito a mis palabras y mientras castigaba mi lengua con mis dientes, Mónica se me acerco más a mis labios para decirme finalmente.
-Gracias, sabía que ibas a… -No la deje terminar y cortándole su inspiración del mismo modo, que en mi ella lo había hecho con sus encantos, yo saque fuerzas para decirle.
-Pero con una condición. –Mónica me miro con curiosidad y comenzó a alejar su rostro del mío que estaba casi quemándome con sus incandescentes rayos de verano. Yo solo trataba de buscar algo en mi cabeza, unas palabras que no me hicieran quedar como tirano ante ella, pero tampoco como un esclavo como ella sin duda alguna lo era de Alejo. Entonces se me ocurrió no dejarle las cosas tan fáciles pero que de alguna manera las pudiera conseguir. Ella me frunce sus cejas y pregunta.
-¿Condición? –Con más naturalidad y recuperando mi auto estima ya casi extinta ante su belleza, le expuse con claridad.
-Esto se hará así si desean conseguir la rana. Primero el negocio lo efectuaremos en el lago tú y yo, nada de que Alejo este merodeando por allá. Segundo, me darás el resto del dinero cuando tú hayas atrapado tu rana. –Mónica mirando con asco, dijo.
-¿Yo tocar una rana? –Yo me reí discretamente y le respondí con ironía.
-Pero si eres una princesa ¿No me digas que a Alejo no lo encontraste así? –Ella me respondió de inmediato defendiéndose.
-Eso es en los cuentos de hadas, Alejo y yo no tenemos nada, solo somos amigos. –Yo sabía que Alejo y ella eran novios declarados y que esto último de que me había dicho que solo eran amigos era mentira, quizás con esto buscaba sembrarme algo de ilusión para poderme manejar a su antojo. Le respondí con algo de picardía.
-Siendo así, no veo nada de malo en que nos encontremos en el lago y de pronto te enamores de una rana bien atractiva a la que puedas besar. Ha, ha, ha. –A ella pareció no hacerle gracia y me respondió.
-Está bien. Pero lo haremos de esta forma. Tú tendrás que ir por mí a mi casa, pues mis padres no me dejan salir sola a ninguna parte. –Yo me reí más y le respondí.
-Ya se, pues les diré la verdad. Les diré que tenemos un negocio y que te acompañare a buscar tu rana. Así ellos… -Ella dijo inmediatamente.
-No, ellos no saben que tenía esa tarea y que estoy mal en varias clases y que si pierdo Biología, pierdo el año. –Le pregunte.
-¿Qué quieres que les diga entonces? Si no puedo decirles la verdad, entonces que sea Alejo quien te saque de allá. –Ya la clase había terminado y había que salir pronto, entonces tome mis libros, mientras ella haciendo una pausa mientras pensaba miro un cartel que anunciaba en el salón un Bingo Bailable en el pueblo aquella misma tarde. Y finalmente me respondió.