Chica, el hada del jardín
Martha Therrell
Todos los derechos reservados © 2011 por Martha Therrell
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Tabla de contenidos
Capítulo uno – Las hadas del jardín conocen a la bebé oruga
Capítulo dos: Chica y las hadas del jardín hacen nuevos amigos
Capítulo tres: Chica vuelve a casa
Capítulo cuatro: Chica y las hadas del jardín encuentran el río mágico maya

Capítulo uno – Las hadas del jardín conocen a la bebé oruga
Había una vez un hermoso jardín inglés cuidado por haditas y sus familias. Una tardecita, sopló una brisa fresca que sacudió las hojas y los pétalos de las plantas y las flores luego de un cálido día de verano. El jardín revivía con el zumbido de los insectos y el gorjeo de los pájaros mientras la luz desaparecía.
Una pequeña hadita, Ruby, se acurrucó dentro del tallo de una cala mientras su mamá la arropaba para dormir. Siempre hablaban un poco antes de que Ruby se fuera a dormir y a la hadita le gustaba contarle a su mamá lo que ella y su mejor amiga, Melly, habían hecho ese día.
“Mamá, ¿qué tipo de hada del jardín soy?”, preguntó Ruby.
“Eres un hada real del jardín”, respondió su mamá, agitando sus alas rojas. “Cuando crezca”, pensó Ruby, “quiero tener las alas más bonitas del mundo, iguales a las de mi mamá”. Ruby miró por encima de su hombro para ver si las alas le habían crecido durante el día.

Ruby
“Algún día Ruby, tendrás unas alas hermosas y grandes”, le dijo su mamá. Sonriendo, se inclinó para colocar su dedo sobre la punta de la nariz de Ruby. “Mañana será un gran día, las Orugas vendrán aquí para el verano. Melly y tú pueden ayudarme en el jardín. Ahora, debes dormir”. Besó a Ruby en la frente y dijo: “Buenas noches. Dulces sueños”.
La cala se mecía con la brisa y pronto Ruby y su mamá se quedaron dormidas.
Ruby era muy dulce y cariñosa, tenía una larga cabellera rubia y ojos azules. Con sólo tres años de edad, se esforzaba por ayudar en el jardín y obedecer a su mamá. Pero pasaba la mayor parte del tiempo jugando con Melly, que tenía dos años y medio. Melly era pelirroja, con rizos y ojos verdes. Su nombre real era Amelia, pero todos le decían Melly. Sus alas eran de distintos colores, pero ambas brillaban y centelleaban como las de su mamá. Uno de los juegos favoritos de Ruby y Melly era revolotear para ver si podían salir chispas de sus alitas. A veces revoloteaban y daban tantas vueltas, que caían al césped mareadas y riéndose sin parar.
A la mañana siguiente, Ruby y Melly salieron a jugar antes de ayudar en el jardín.
“Creo que las orugas son extrañas”, dijo Ruby.

Sr. Oruga
“Yo pienso lo mismo”, dijo Melly. “Sólo comen flores, duermen la siesta y luego salen volando. Chloe dijo que las orugas cambian y se convierten en bellas mariposas. ¿Sabías que el Sr. Oruga es el líder? Es gordo, verde y usa gafas”.
“¿Crees que hoy podremos verlas?”, preguntó Ruby, y ella y Melly volaron por el jardín.
“Espero. Estoy cansada de esperarlas”, dijo Melly mirando bajo los pétalos de las flores. “Mi mamá dice que algunas de ellas son de color verde lima y otras son a rayas amarillas y negras, ¡como los abejorros!”. Las chicas buscaron debajo de las hojas verdes y los pétalos de flores para ver dónde podrían estar escondiéndose las orugas.
“Espero que aún les guste jugar a las escondidas”, murmuró Melly.

Melly
El día anterior, Ruby y Melly habían escuchado a sus mamás decir que este año recibirían la visita de una oruga muy especial, ¡una con lunares en la barriga! Nunca habían escuchado sobre una oruga a lunares y se preguntaban cómo sería.
“Mejor preguntémosle a Chloe”, indicó Ruby. “Apuesto a que está en el banco”. Y volaron a encontrarla.

Chloe era una bella gata princesa de raza Calico, con unos brillantes ojos verdes y manchas doradas que vivía en el jardín junto a las hadas. Tenía un pelaje largo y sedoso, bigotes súper largos y pequeños mechones de pelo que se rizaban detrás de sus orejas. Su pelaje era una mezcla de anaranjado, marrón y negro que se destacaba por unas botitas blancas en sus pies. Su cara estaba enmarcada por un pelaje blanco que caía entre sus patas delanteras como si fuera un largo collar de perlas. Era muy inteligente y ayudaba a las hadas a proteger el jardín.

Chloe
Justamente las hadas encontraron a Chloe en el banco del jardín, su lugar preferido para dormir. Estaba durmiendo de lado, con la cabeza entre sus patas y la cola enrollada alrededor de su cuerpo.
“¡Chloe, Chloe!”, gritaron las chicas.
Sus orejas apenas se movieron, pero la gata se quedó quieta.
“Chloe, ¿has escuchado hablar acerca de las orugas a lunares?”, preguntaron las chicas revoloteando encima de su cabeza.
“Sí, y espero que sean rosados”, respondió Chloe. “¿No sería genial?”
“¿Te refieres a los lunares? ¿Por qué? ¿Vienen de distintos colores?”

“¿Por qué tienen lunares en sus barrigas? ¡Por favor! ¡Tienes que decirnos!”
Ruby y Melly hablaban las dos al mismo tiempo, siguiendo a Chloe mientras la gata buscaba un lugar más fresco en la sombra donde sentarse.
“Sólo unas pocas bebés orugas tienen lunares”, explicó Chloe. “Son sus primas, pero no son hadas del jardín. Cada año, vienen aquí a visitarnos y a construir sus casas. Comen las flores de nuestro jardín para tener mucha energía antes de tomar una siesta, para luego convertirse en mariposas. Recuerden niñas, no son simples mariposas, son mariposas BRILLANTES. Tienen todos los colores del arco iris en sus alas”.
“¿Podemos ayudar cuando lleguen?”, preguntó Ruby.
“¿Podemos ayudar aunque sea un poco?”, suplicó Melly. “¡Seremos muy buenas!”
Chloe las miró y asintió suavemente con la cabeza. “Ya veremos”.

La dueña del jardín era una abuela llamada Estela. Todas las mañanas, Estela llevaba la bandeja con su desayuno al jardín para ver las flores y escuchar a los pájaros mientras comía. Sentada en el banco, tomaba un sorbo de té y cortaba trocitos de tostada con manteca y mermelada de fresa para darle a Chloe. Ruby y Melly siempre miraban el plato de Estela cuando se iba, por si acaso quedara un poco de tostada o mermelada para comer. Estela siempre usaba una gran capelina, atada con cintas amarillas y rosadas que parecían volar detrás de ella. Le gustaba jugar con los bichos bolita y trababa de espantar a los demás insectos. Lo que más le gustaba era pasear por el jardín oliendo las flores o recogiendo algunas verduras para llevar a su cocina. El suyo era el típico jardín inglés: tranquilo, silencioso y lleno de plantas y pimpollos de flores.
Ruby y Melly, ambas hadas reales del jardín, eran primas y mejores amigas. Casi siempre jugaban a las escondidas con Chloe en el jardín. La gata las perseguía entre las flores, o se escondía bajo las hojas para saltar y sorprenderlas. Por la tarde, la mamá de Ruby hablaba con Chloe para asegurase de que las niñas se estuvieran portando bien y para saber cómo iba todo en el jardín.
“¿Has visto alguna oruga hoy?”, preguntó la mamá de Ruby a Chloe.
“No, no he visto ninguna, pero no tardarán en llegar”, dijo. Chloe arqueó su espalda, infló su pelaje y movió su cola de un lado al otro. “Estoy lista para protegerlas durante su visita. ¿Cómo me veo?”, preguntó la gata siseando y mostrando sus dientes.

Chloe
“¡Valiente, pero aterradora!”, dijo con una gran sonrisa.
A la mañana siguiente, Ruby y Melly llegaron justo cuando los primeros rayos del sol comenzaban a filtrarse en el jardín. Chloe estaba acurrucada en el banco, durmiendo con su cola alrededor de su cuerpo. Las niñas estaban tan emocionadas, que fueron volando directamente frente a la cara de la gata.
“¡Chloe, Chloe, Chloe, despierta!”, gritaron las niñas mientras estaban paradas en el banco aleteando.
“¡Lo vimos! ¡Lo vimos!”
Chloe levantó su cabeza con los ojos bien abiertos y dijo, “¿a quién vieron?”
“¡Al Sr. Oruga! Lo vimos. Estaba dirigiendo a todos al jardín y estaba parado sobre sus patas, saludándonos”, dijeron las dos a la vez. “Vamos Chloe, ¡vamos!”

Mr Sugarmouth
Chloe saltó del banco del jardín y corrió por el camino siguiendo a las niñas. Ruby y Melly se detuvieron justo después del final del jardín, junto a los rosales.
“Aquí hay una”, dijo Melly señalando a una oruga redonda y viejita. Tenía gafas ovaladas sobre su cabeza y muchas patitas pequeñas. Ruby y Melly no podían siquiera contarlas.
“Buenos días Sr. Oruga”, dijeron.
“Buenos días niñas. Buenos días Chloe. Qué bello día, ¿no les parece?”, preguntó con una gran sonrisa. El Sr. Oruga era anaranjado, con rayas de color verde claro y antenas negras. Siempre tenía las gafas encima de su cabeza y se las colocaba cuando quería ver algo de cerca. Entonces, las volteaba sobre su nariz. Ahora, las miraba fijamente por encima de sus gafas.
“Ruby, ¿podrías buscar a tu mamá y a tu papá? Necesito hablar con los dos. Tengo una gran sorpresa para todos”. El Sr. Oruga parecía estar muy contento sobre algo, aunque trataba de parecer serio.

Ruby
“Sí señor”, dijo Ruby. “Vamos Melly. Chloe, quédate aquí. Ya volvemos”. Y luego, salieron volando tan rápido como pudieron.
“Me pregunto de qué se trata la sorpresa. Debe ser muy importante para que quiera ver a mis papás”, se preguntó Ruby mientras se escabullía entre las flores. “Allí están”, dijo señalando a sus padres, “¡entre los rosales!”. Fueron rápido a buscarlos.
“¡Mamá! ¡Papá! El Sr. Oruga llegó aquí esta mañana y quiere hablar con ustedes ya mismo. Dijo que era una sorpresa muy importante y que los está esperando”. Los padres de Ruby se miraron entre sí y abrieron grande los ojos.
“¡Qué emocionante! Espero que sean rosados”, dijo la mamá de Ruby, y todos salieron volando a encontrarse con el Sr. Oruga.
“¿Rosados?” Preguntaron las niñas. “¿Qué son rosados?”, dijeron mientras se apuraban para alcanzar a los padres de Ruby. Todos iban volando rápidamente para no perderse de nada.
“¡Allí está junto a las flores!”, dijeron señalando al Sr. Oruga, quien todavía estaba hablando con Chloe.

“Sr. Oruga, ¿es cierto? ¿Tiene una sorpresa?”, preguntó la mamá de Ruby.
“Sí, es verdad”, dijo sonriendo a la mamá con los lentes puestos. Justo en ese momento, una oruga muy pequeñita salió de entre las patas del medio del Sr. Oruga. Era una niña y era muy tímida. Nunca antes había visto a las hadas. Un minuto después, se acercó a las patas delanteras del Sr. Oruga. Finalmente, se paró sobre sus patas traseras para mirar mejor a las hadas. La bebé oruga tenía unos ojos grandes y redondos, piel verde con rayas amarillas, seis patitas, dos cuernitos… y pequeños lunares rosados por toda su barriguita.
“¿No te parece adorable?”, susurró Melly a Ruby. En ese momento, llegaron todas las otras hadas que querían ver la barriguita a lunares de la oruga.
“Miren, ¡lunares rosados! ¡Lunares rosados! Todos estaban sorprendidos. Revoloteaban alrededor de la bebé oruga y tocaban sus cuernitos, haciendo la misma pregunta, “¿cómo se llama?”
“Bien, aún no lo sé”, dijo el Sr. Oruga. “La encontramos por accidente este mes. Creo que está perdida”.

Bebe Oruga
“Pobrecita”, suspiraron todos, abrazando a la bebé oruga suavemente.
“Niñas, ¿podrían cuidarla un momento mientras duermo una siesta?”, preguntó el Sr. Oruga mientras se enroscaba bajo la sombra de una hoja. “Por favor, muéstrenle el jardín”.
“Sí, por supuesto”, respondieron.
“Gracias. Hemos caminado mucho esta mañana”, dijo el Sr. Oruga e inmediatamente se quedó dormido.
Todas las hadas estaban tan emocionadas por la bebé oruga que corrieron rápidamente a contarles a sus amigas y llevaron flores para hacerla sentir mejor. Ruby y Melly estaban particularmente contentas y pensaban que su nueva amiga era realmente adorable.
“Deberíamos preguntarle a Chloe sobre ella”, dijo Ruby.
Chloe estaba estirada bajo la sombra de unas hojas, cerca del Sr. Oruga, cuando Melly y Ruby llegaron.
“Chloe, ¿por qué todos están tan emocionados?”

Chloe
“Bien, a veces nace una oruga muy especial”, dijo Chloe. “Si una bebé oruga tiene lunares en su barriguita, ¡en realidad es un hada del jardín! Recuerdo lo felices que estaban todos cuando ustedes dos llegaron. Generalmente, las bebés orugas se convierten en mariposas, pero a veces, tenemos suerte y el Sr. Oruga trae a una oruga especial aquí. Si sus lunares son rosados, es un hada del jardín niña, y si sus lunares son blancos, es un hada del jardín varón”.
Para este momento, la pequeña bebé oruga había comenzado a pasear para explorar el jardín. Ruby y Melly volaban encima de ella y Chloe trotaba detrás para vigilarla y evitar que volviera a perderse.
“Es tan bonita. No puedo esperar a que se convierta en un hada del jardín. Será como una hermanita”, dijo Ruby.

Sr. Oruga & Bebe Oruga
“La llamaremos Alicia”, dijo Melly, “como Alicia en el País de las Maravillas. Ella también se perdió”.
“Tal vez ya tiene un nombre”, agregó Chloe.
La bebé oruga estaba ocupada oliendo las flores y espiándolas por debajo de las hojas. Ruby y Melly la llevaron al medio del jardín, para que pudiera conocer a todos. Todas las orugas estaban allí. Las hadas del jardín revoloteaban a su alrededor y tocaban sus cuernitos. La bebé oruga se paró sobre sus patitas para que todos pudieran ver su barriga y les sonrío. La oruga parecía saber que ella era un hada del jardín.