Excerpt for El Tiempo by Vanessa Clotet, available in its entirety at Smashwords

El tiempo

By Vanessa Álvarez Clotet


Published by Ed. Amarante at Smashwords


Copyright 2011 Editorial Amarante



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* * *


Índice


Prólogo

Capítulo 1

Capítulo 2

Capítulo 3

Capítulo 4

Capítulo 5

Capítulo 6

Capítulo 7

Capítulo 8

Capítulo 9

Capítulo 10

Capítulo 11

Capítulo 12

Capítulo 13

Capítulo 14

Capítulo 15

Capítulo 16

Capítulo 17

Capítulo 18

Capítulo 19

Capítulo 20

Capítulo 21

Capítulo 22

Capítulo 23

Epílogo

Bio-bibliografía


* * *


Cuánto anhelo poder ver tu rostro,

Acariciarte y sentir tu cuerpo cerca del mío,

Olerte y estar a tu lado.

Mirarte infinitamente a los ojos

Y confesar a cada instante que te quiero.


Dedicado a las personas que llegaron a mi corazón

En los peores momentos.


* * *


Prólogo


Falta una semana para las vacaciones de verano, este año ya acabo el bachillerato y tengo que escoger una carrera. Junto a mis padres Alisa y Alfred, mi amiga Melody y su madre, que es mi tía Vanessa, y por supuesto mi novio Ekei; hemos decidido irnos de vacaciones. Gracias a mi poder podremos ir donde nos plazca, puedo teletransportarme a donde quiera. Hace unos meses, por culpa de mis orígenes, mi novio, mi mejor amiga y yo tuvimos que enfrentarnos a Ness, una asociación destinada a eliminar a personas especiales como yo, es decir, personas que tienen poderes. Soy descendiente de las antiguas llamadas brujas de la edad media y puedo pasar mis poderes a través de la sangre, como hice con mi hermana Melody.

Desde lo sucedido con Ness, los Imparables nos hemos unido como uña y carne, ahora y desde que los eliminamos ya ni siquiera hacemos prácticas con nuestros poderes por que podemos llevar una vida normal y no tenemos necesidad de usarlos, quedamos para divertirnos con otras personas de nuestra edad. Melody viene a recogerme cada día para ir al cole y si todo va bien puede que Ekei se mude a Barcelona cuando yo empiece el nuevo curso en la universidad, él vive normalmente en Roma.

Mis padres se han acostumbrado a mis pequeños dones e incluso a veces los transporto al trabajo, es divertido. Además me encanta pasar ratos junto a mi madre, aunque sea para ver una película, con ella me lo paso muy bien.


Capítulo 1


(Paola narra la historia)


Mel ha venido a buscarme y nos dirigimos juntas al colegio, queda bastante cerca de nuestro punto de encuentro.

— ¿Podemos ir a varios sitios a la vez este verano?— preguntó intrigada.

— A mí me gustaría, pero tendríamos que convencer a nuestros padres.

— Me encantaría ir a Estados Unidos, Cancún, Canadá,…

— Supongo que a dos lugares sí que podemos, al menos en lo que respecta al transporte, yo no tengo problemas.

— Si fuera por ti recorrerías el mundo.

— Sí, ya me conoces.

Entramos en nuestro colegio, era la última semana de clase y no había mucho trabajo por hacer.

— Hola chicas ¿Qué tal?— preguntó Diana, una de nuestras amigas.

— Bien, discutiendo adonde ir este verano— dijo Mel.

Le clavé los ojos de manera disimulada ya que nadie conocía la existencia de nuestros poderes aparte de nuestra familia y quería que continuase así.

— Oh, yo iré a Alemania con mis padres— Mel me miró como si ese fuese otro lugar en su lista.

— Bueno andad deprisa que química nos resultará emocionante— dije.

— No hagas chistes malos, el señor Patterson es aburridísimo— dijo Diana.

Y tenía razón, por mucho que te esforzases esa clase era inaguantable, todo el mundo se dormía. Entramos y el profesor como siempre empezó a hablar con la pizarra, así que Melody y yo continuamos nuestra conversación por lo bajo.

— Me gustaría un lugar con playa— dije.

— No sé si a nuestros padres les gustará mucho la playa.

— Seguramente sí— una sonrisa vino a mi cara recordando mi primera vez con Ekei, había sido en la playa, a la luz de la luna y con las velas a nuestro alrededor…fue genial.

Desperté de mi sueño, el profesor se nos había parado justo en frente.

— ¿Queréis contar a la clase eso tan emocionante que estabais hablando?

— No era emocionante, no, que va— dije.

— Más que su clase sí— murmuró Mel de manera que el profesor no lo oyese.

— Comportaos, al tercer aviso vais fuera de mi clase.

— Si señor— dijimos al unísono, cuando se ponía así me daba más miedo que la directora de Ladies, el orfanato donde nos criamos.

Al final de mi jornada teletransporté a Mel a su casa y me dirigí a Italia para encontrarme con mi amor, su piso era tan acogedor, me encantaba, era pequeño, caliente y confortable, había vivido muchas cosas en ese piso, entre ellas saber que Ness iba a por nosotros, pero eso ya era agua pasada, hemos rehecho nuestra vida y con ella nuestros poderes.

— Hola— me saludó Ekei.

— Hola— respondí, nos compenetramos en un beso apasionado— he estado hablando con Mel sobre dónde podemos ir este verano.

— Un sitio de playa— dijo y le sonreí.

— ¿Qué?

— Yo le he dicho lo mismo, me encanta la playa desde que…

— Ya lo sé, a mí también, si quieres…— me besó igual que aquella vez, lo paré.

— Resérvate para la sorpresa— le dije.

— Me llevas diciendo eso desde hace un mes.

— Ya sabes cómo soy con las sorpresas, no te arrepentirás de haber esperado, créeme.

— Eso espero.

— Podríamos quedar un día de esta semana para determinar un lugar y una fecha, en una semana terminaré el colegio.

— Estoy de acuerdo.

— Será genial ¿sabes? Creo que fue buena idea confiarle nuestro secreto a mis padres, desde entonces puedo ser yo misma.

— Lo que más me gusta de tu poder es que siempre que quieras puedes verme, solo tienes que pensar en mí y tele transportarte.

— Lo sé, es fantástico— me abrazó cariñosamente por detrás.

— ¿Te apetece ver una peli?— me preguntó.

— Sí, pero primero déjame disfrutar este momento, me gusta tanto cuando me haces caricias…— no dijo nada, continuó abrazándome y estrechándome junto a él.

Estuvimos callados durante un minuto pero sabía lo que ocurría, estaba teniendo una premonición. Al fin me atreví a decir:

— ¿Qué has visto?

— No sé si te gustará la respuesta— dijo con una sonrisa dulce en los labios.

— Pruébame— le devolví la sonrisa.

— Sé cuál es tu sorpresa— estaba contento, le había gustado, o al menos lo que había podido ver de ella.

— Por lo que veo te ha gustado.

— Estás de broma, es genial, todavía podemos hacerlo, me encantaría pasar un fin de semana contigo.

— Bueno, si quieres.

— Claro que quiero— me besó el cuello.

— De acuerdo, ¿Qué te parece puerto Vallarta? ¿O prefieres ir a la Bora Bora francesa?

— Mmmhh, si estoy contigo me da igual dónde estemos.

— Es verdad, como si solo nos vamos a un kilómetro de distancia para estar solos.

— Sí, y entonces ¿qué película vemos?— me preguntó, me quedé pensando y le dije:

— ¿Qué tal una romántica?

— No, mejor una de acción, es más divertida— después de discutir varios títulos, algunos de acción, otros de comedias románticas, finalmente coincidimos en ver Troya, todo un clásico.

Hicimos palomitas, nos acurrucamos en el sofá y nos dispusimos a ver una de las mayores locuras que ha causado el amor a lo largo de los siglos.

Finalmente Ekei se quedó dormido, así que cuando terminé de ver la película lo abracé y me dejé llevar por mi poder hasta la cama en donde lo estiré, le di un beso y me dispuse a irme, antes me quedé mirándole, rendida ante su placido sueño. Decidí transportarme para escribir una nota a Alisa en la que dijese que me quedaba con Ekei a dormir esa noche. Me acurruqué junto a él, me abrazó como a un peluche y nos quedamos rendidos de cansancio.


Capitulo 2


Desperté con los gritos en italiano del vecino de Ekei, estaba peleando con alguien situado al otro extremo de la calle. Intenté traducir lo que decía pero apenas pude, aunque mejor que no lo intentase porque no parecía recitar precisamente poemas. Giré hacia el lado de mi novio y para mi sorpresa no estaba, qué extraño fue aquello, así que me levanté a buscarlo, pero no lo encontré ni en el salón ni en la cocina, fui al baño pero tampoco estaba, supuse que habría ido a buscar el desayuno, por eso lo mejor sería ducharme. Ya en la ducha, escuché un ruido proveniente del salón, supuse que era mi novio.

— Estoy en el baño, ahora salgo— grité.

Oí cómo sus pasos se aproximaban hasta el lavabo y noté como pensaba si entrar o no, finalmente abrió la puerta, no lo pude ver por culpa del vapor del lavabo.

— Pásame esa toalla, por favor ¿Dónde has estado?

Al correr la cortina vi a un desconocido mirándome, por su vestimenta advertí que era un guardián, sin más me transporté hasta la toalla, el hombre me miró con desesperación e hizo aparecer una bola de energía en su mano, estaba dispuesto a tirármela cuando me transporté hasta la habitación de mi novio y empecé a vestirme apresuradamente. El guardián me descubrió e intentó entrar, acabé de ponerme los pantalones, no sabía qué hacer, no quería matarle con mi poder por que quería saber qué estaba buscando, supuestamente habíamos acabado con Ness. Mientras decidía cómo actuar oí la puerta de la entrada, Ekei estaba a punto de llegar, finalmente decidí transportarme hasta mi novio, lo aplasté contra la pared haciéndole una señal para que no hiciera ruido.

— Fuego— susurré, esa era nuestra señal de peligro.

Sin más captó la señal, lo transporté hasta mi casa y volví al piso de Italia para averiguar qué buscaba ese guardián, lo localicé en el salón, tomé un cuchillo de la cocina, me transporté hasta su espalda y le puse el cuchillo en el cuello.

— ¿Qué es lo que quieres? ¿Qué buscas?— pregunté.

— Me habían advertido que eras muy poderosa y lo quería comprobar por mí mismo— contestó, aparentaba estar muy tranquilo, parecía saber que no tenía intención de matarle.

— ¿Lees la mente?— pregunté.

— Vaya, eres muy lista, veo que ya sabes que soy un guardián— Vi su imagen en el espejo que estaba al frente y entonces recordé que al luchar contra Ness habían quedado tres guardianes vivos y ese rostro me recordaba al que me hizo una reverencia antes de marcharse.

— Sí, se quién eres, te recuerdo, estuviste presente en la muerte de Aron.

— Solo quería advertirte a ti y a tus ayudantes que Ness ha vuelto y más fuerte que nunca.

— ¿Por qué advertirnos? ¿No es más fácil matarnos?

— Sí, pero creo que es lo más justo.

— De acuerdo— le quité el cuchillo— Puedes irte, y por cierto, la próxima vez no entres en mi baño, te haré pagar por eso— dije con rabia, él desapareció.

Al irse no me podía creer que me estuviera pasando otra vez, no quería afrontar mi destino de nuevo ¿por qué tenía que sucederme a mí? Me acerqué a mi novio, me esperaba en la habitación contigua.

— Estaba preocupado ¿qué ha ocurrido?

— Míralo por ti mismo— le dije abrazándolo para que tuviese una premonición. Pude sentir cómo venía su visión y se le aceleraba el pulso por segundos. Al terminar la visión me continuó abrazando.

— ¿Estás bien?— preguntó.

— No lo sé ¿todo iba demasiado bien, verdad?

— Lo resolveremos.

— Prométeme una cosa— le dije.

— ¿Qué?

— Prométeme que sólo lo sabremos tú, Melody y yo, nuestros padres ya tuvieron suficiente hace unos meses —me respondió afirmativamente y continué— vamos a contárselo a Mel, iremos más rápido si nos transportamos.

— ¿No olvidas algo?— preguntó— antes de salir ponte los zapatos y abróchate bien la camisa— me recordó.

Me terminé de arreglar, pues estaba en el mismo estado que cuando me atacó el guardián y nos dirigimos a casa de mi mejor amiga. Nos transportamos hasta su habitación, estaba leyendo y se asustó al vernos.

— Hola ¡que susto! ¿Ha ocurrido algo?— dijo Mel.

— Sí, un guardián me ha atacado en el piso de Ekei, quería advertirme que Ness ha vuelto a estar operativa.

— No puede ser ¿cómo ha ocurrido?— preguntó mi amiga.

— Aún no lo hemos averiguado— dije.

— Me ha hecho prometer no contárselo a nadie— dijo Ekei— el secreto no puede salir de esta habitación.

— Está bien, de todos modos, para que Ness tenga el poder suficiente para alzarse contra nosotros ha de pasar un tiempo. Seguramente querrán recopilar indigentes para sí, nosotros podemos evitarlo— concluyó Mel— Podemos llevar a los indigentes que veamos por la calle a centros especiales, así evitamos que se los lleven.

— Si lo hacemos no tendremos motivos para preocuparnos— dijo mi novio.

Nos miramos, no sé si por rechazo a los tiempos en que teníamos que mirar a nuestra espalda o por el anhelo que sentíamos al pensar que el día anterior aparentábamos ser normales, el caso es que nuestras miradas estaban llenas de confusión y de miedo.

— ¿Has desayunado Mel?— Ekei rompió el hielo.

— Sí, me levanté temprano y me hice un bocadillo.

— ¡Oh! Yo había ido a la pastelería y he traído pastas— respondió Ekei.

— Pues continuemos con nuestro plan y desayunemos juntos— dije, me sonrió, su sonrisa era incierta, en el fondo estaba preocupado por el futuro, esperaba que no hubiera visto algo que yo no supiera cuando tuvo la visión.

— ¿A dónde quieres ir?— preguntó.

— Pues si no te importa, a tu piso no quiero volver hoy— asintió.

— ¿Vamos al parque?

— Me gusta más esa idea— miré hacia Mel y dije— si nos necesitas pega un grito.

— Conforme, pasáoslo bien.

— ¡Ah! Por cierto, me tienes que contar cómo te fue con David ayer.

— Sí, me fue bastante bien, ya te lo explicaré.

Nos transportamos al parque, nos sentamos en un banco y empezamos a desayunar, los dos evitamos el tema de Ness, ninguno quería que volviese a nuestras vidas.

— Me gusta que te quedes en casa— dijo Ekei.

— A mí también, me encanta pasar ratos contigo, cuando me tocas o me acaricias siento que me traslado a las estrellas y el mundo está en mis manos— empecé a comerme un croissant.

— Si tanto te gusta estar conmigo ¿aceptarías vivir juntos?— cuando terminó esa frase sentí una extraña sensación en la boca del estómago, no sabía qué responder.

— Sabes que me encantaría, pero soy demasiado joven, aquí tengo responsabilidades, una familia, en Italia solamente te tengo a ti, no digo que no seas razón suficiente, es que aquí está mi vida.

— Lo entiendo, pero no cambiaré de opinión, te quiero demasiado y quiero pasar el resto de mi vida a tu lado.

— Por casualidad, has tenido una visión sobre esto— indagué.

— Anoche tuve un sueño, aunque parecía más una visión, vi nuestra boda, conocí a nuestro hijo, conseguíamos ser muy felices.

— Tengo diecinueve años, no quiero pensar en casarme, si tuviese tu edad a lo mejor diría que sí, pero…— me estaba alterando, así que me tapó la boca con la mano y dijo.

— Necesitas tiempo, tranquila, no te voy a presionar. Disfruta del desayuno y relájate, tenemos tiempo para hablarlo.

No había nada de qué hablar pensé, creía haber dejado mi postura muy clara.

— Este lunes tengo un examen muy importante, creo que debería irme a casa, si quieres esta tarde te paso a buscar y damos una vuelta.

— Me encantaría— pensó durante un instante lo que iba a decir y finalmente dijo— ¿Sigue en pie ese fin de semana juntos?

— Claro, no te preocupes. Vamos.

Transporté a Ekei a su casa, le di un beso en los labios y cuando me dispuse a marcharme me cogió del brazo y me dijo.

— No quiero que estés molesta conmigo.

— No lo estoy —le sonreí, me acerqué a él y puse mi mano sobre su pecho— solamente me ha sorprendido un poco tu proposición, después de la experiencia de esta mañana me has cogido por sorpresa.

— Ven aquí— me tendió sus brazos y me abrazó— no permitiré que nadie te haga daño, así sea un indigente, un guardián o cualquiera, ni siquiera yo mismo.

— Tú precisamente eres una de las pocas personas que puede penetrar en mi poder, dicen que soy muy poderosa pero contigo me siento vulnerable, no me hagas daño, por favor.

— Nunca lo haría— contestó.

Me transporté de regreso a casa, fui directa a mi habitación, abrí el libro por la página que tenía que estudiar y me perdí intelectualmente en el mundo de los átomos. No me di cuenta de la hora que era hasta que Alisa entró en mi habitación.

— Hola, pensaba que estarías con Ekei ¿Cuándo has llegado?

— Hace un rato.

— Cariño ¿te ocurre algo?— preguntó mi madre preocupada.

— No, estoy terminando de estudiar.

— ¿Quieres que hablemos?— volvió a preguntar.

— No, no ocurre nada, tranquila.

— De acuerdo— no insistió más y me dejó a solas.

Terminé de estudiar la página que me quedaba e hice varios ejercicios para practicar. Al acabar no pude evitar pensar en la propuesta que Ekei me había hecho horas antes, el matrimonio era una palabra que me quedaba muy grande, no me atrevía, por otro lado me gustaba la idea de vivir con él. El mes que viene cumpliría veinte y él ya tiene veinticinco, no me apetecía nada casarme a la misma edad en que lo hacían en la época de mi abuela. Los tiempos habían cambiado mucho y yo no estaba preparada para el matrimonio, por otra parte, vivir con él sin tener que casarme me llamaba más la atención, con mi poder resultaría fácil continuar con mis estudios y no separarme de mi familia.

Decidí hacerle una visita a Melody antes de comer. Me transporté hasta su casa y me encontré con mi tía Vanessa.

— Hola, ¿cómo estás?

— Bien, vengo a buscar a Melody.

— Se está duchando, ahora saldrá.

— Está bien, la esperaré.

— He hecho galletas ¿quieres?

— Mejor no, cuando vuelva a casa me estará esperando la comida.

— Si quieres puedes comer aquí.

— No, mi madre no sabe que he venido.

— Ten en cuenta que no le gusta que te vayas sin decirle nada.

— Lo sé, será una visita rápida.

Escuché la puerta del lavabo y Mel ya lista se aproximó hacia mí.

— Hola, ¿ocurre algo?

— No, sólo quería hablar contigo.

— Está bien— mirando hacia Vanessa dijo— estaremos en mi habitación.

Nos dirigimos a la habitación de Mel.

— Bueno, cuéntame que tal tu cita ayer— dije sonriendo.

— Huyyy!!!!! A ti te pasa algo— dijo Mel.

— No, que va, solo estoy dormida, llevo toda la mañana estudiando.

— Eso, no te lo crees ni tú, pero bueno, te conozco y sé que me lo acabarás contando.

Y tenía razón, estaba tentada a decírselo pero no quería quitarle el protagonismo de explicarme su experiencia con David.

— Explícame lo de ayer— insistí.

— Fuimos a tomar algo a un bar y estuvimos hablando, se nos pasaba el tiempo sin tomar conciencia de ello, me gustó bastante, al hacerse ya demasiado tarde me besó y me pidió pasar más tiempo con él. Eso sería genial.

— Bien, entonces ya tenemos novio las dos.

— ¡Sí! Es maravilloso.

— Me alegro por ti— dije— ya planificaremos una cita doble algún día.

— De acuerdo, pero ahora en serio ¿Qué te ha ocurrido? ¿Aún estás nerviosa por lo de esta mañana?

— No, no es eso, admito que me asusté, no imaginaba que Ness pudiese volver a por nosotros, es otra cosa, es… Ekei— confesé al fin.

— ¿Qué ha ocurrido? ¿Os habéis peleado? Si quieres puedo hablar con él y…

— Ni se te ocurra, la corté. Lo siento, esta mañana el guardián no fue lo único que me tomó por sorpresa. Ekei me pidió que me fuese a vivir con él, incluso ha hablado de casarnos.

— ¿Qué le respondiste?— dijo Mel tragando saliva.

— Pues que no estoy preparada, aquí tengo mi vida.

— En parte tienes razón— contestó mi amiga.

— ¿Cómo que en parte?— pregunté.

— ¿Quieres que te diga mi opinión sobre vosotros?

— Sí, quiero tu consejo.

— Aquí, en Barcelona me tienes a mí, unos padres fabulosos y tus estudios, además también tienes un poder fantástico que te permite juntar las dos vidas como si fueran una, sé que esto no te va a gustar pero piensa en todas esa películas que hemos visto desde que éramos niñas, todos los amores que salen en ellas parecen cuentos de hadas, ése es el mismo amor que te une con Ekei, no lo dejes escapar, piensa un poco en ti y libérate de todas las responsabilidades, déjate hechizar por el amor más hermoso que he visto. Te lo mereces.

— Es una decisión muy importante, y como él me ha indicado, me tomaré mi tiempo.


Capítulo 3


Por la tarde fui a visitar a mi novio, al transportarme hasta su salón encontré una alfombra de pétalos de rosa adornando toda la casa, olía de maravilla, el olor de las rosas se mezclaba con el de la comida proveniente de la cocina, me dirigí hacia allí y encontré a mi novio preparando una salsa de tomate que aparentaba estar deliciosa.

— Hola— lo sobresalté.

— Hola— me dio un beso— prueba— dijo, y me dio una cucharada de salsa.

— Está buenísima, pero ya he comido.

— Yo no, no sabía si comerías aquí o no y te estaba esperando.

— Alisa ha hecho macarrones y sabes que no me puedo resistir.

— No pasa nada, espérame un momento, lo sirvo y como en un santiamén.

— Tranquilo, te espero.

Terminó de cocinar y se sirvió, había hecho unos espaguetis al pomodoro que se veían buenísimos, una vez los preparó para mí y la verdad es que me encantaron, tenía suerte de que Ekei cocinase tan bien.

Al acabar me llevó al salón y me enseñó cómo los pétalos de rosa hacían un camino y conducían al dormitorio principal, antes de entrar me vendó los ojos y me hizo prometer que no me transportaría a ninguna parte cuando viera la sorpresa. Después de mucha intriga accedí. Me guió llevada de su mano y al destaparme los ojos advertí un corazón formado por pétalos de rosa encima de la cama, en el centro de éste había algo brillante, me acerqué y divisé un anillo. Mi corazón dio un vuelco y me quedé paralizada al ver ese anillo, mi novio iba muy en serio y muy rápido desde que tuvo esa visión.

— Tranquila— me dijo al ver mi reacción— ese anillo significará lo que tú quieras que signifique, no pienses mal— continuaba sin saber qué decir.

Mi novio cogió el anillo, me sentó en la cama y me dijo:

— Lo vi el otro día en un escaparate cuando caminaba por una calle y me pareció ideal para ti, había pensado dártelo en nuestro aniversario pero la visión que tuve anoche me abrió los ojos, ya sé que no estás preparada y por eso te lo puedes quedar, sea cual sea tu respuesta siempre te querré.

— Desde que empezamos esta relación, en la que te pido que vayamos más despacio, tu puedes verlo todo por adelantado y saber si va a salir bien, pero yo necesito tiempo para estar segura de dar este gran paso.

— Lo sé, te entiendo, no insistiré más, pase lo que pase siempre me tendrás a tu lado— Me cogió la mano y me puso el anillo en el dedo con una sonrisa.

El fuego que nos unió una vez, se avivó aún más en mi interior, sentí todas las emociones juntas y se las traspasé mediante un beso y olvidándolo todo le di otro, una pasión infinita recorrió todo mi cuerpo, no podía dejar de besarle, le quería tanto. Pensaba en la opinión de Mel, en mis miedos, en su seguridad, me recorrió una locura incierta que se transformó en lágrimas pero aún así no dejé de besarle.

Se dio cuenta de mis sentimientos y me cogió la cara con las manos y dijo:

— ¿Qué es lo que sientes? Habla conmigo.

— Ahora mismo lo que más desearía es decirte que sí, y vivir contigo, pero creo estar atada a mi vida, mi ciudad, mi familia, no me presiones por favor, cuando esté preparada vendré.

Fue él quien se abalanzó fuerte sobre mí, pero con delicadeza, y me estiró en la cama.

— ¿Qué ocurre?— pregunté.

— Al fin sé que lo que quieres es estar aquí, tenía miedo por eso, me has hecho muy feliz.

Continuamos concentrados en el calor de nuestros labios, la sinceridad experimentada nos transportó a otro nivel, deseosos el uno del otro nos hicimos uno solo una vez más, me desabrochó los botones de la camisa con los dientes, luego sentí su piel tibia bajo el roce de mis manos y poco a poco fuimos desnudándonos, recorrimos nuestros cuerpos, me encantaba repasar sus músculos con la yema de mis dedos, me fascinaba la sensación experimentada cuando él lamía mi estómago y mis pechos con la boca y saboreaba cada gramo de mi cuerpo, así como yo dejaba mi saliva en su cuello y en sus bien formados pectorales.

Al acabar me sentí genial, nos quedamos abrazados bajo una manta y oímos cómo afuera comenzaba a llover.

— Ojalá esto durara para siempre— dije.

— Sí, ojalá —me puso la mano en el pelo y me empezó a acariciar la cabeza— había pensado en dar una vuelta en mi moto y a lo mejor cenar fuera, pero este concepto de tarde me gusta mucho más.

— Otro día ya haremos lo de la moto, y me llevas a comer helado.

— Lo que usted diga mi señora— dijo con voz grave, me hizo reír.

— Escoge un lugar para pasar juntos un fin de semana— dije.

— Umm ¿qué te parece esta cama?

— No sería mala idea— dije bromeando.

— No, ahora en serio, sería un lugar cálido no quiero pasar frío.

— Yo te podría calentar— se ruborizó.

— Me gusta la idea de Puerto Vallarta, tiene costa, es cálido y no es muy caro considerando que el transporte es gratis.

— De acuerdo, solo falta reservar un hotel— alcé la mano en la que se había incorporado recientemente un objeto brillante muy importante y me quedé mirando el anillo que significaba nuestra unión— Me gusta mucho— dije.

— Me alegro— me dio un beso y después de un minuto de silencio al fin dijo— son las ocho ¿te apetece hacer algo?

— Veamos una película en la televisión, es que aquí estoy muy cómoda, no me apetece salir, además, afuera está lloviendo.

— Está bien, pero acércate un poco más que me está entrando frío— me acurruqué juntó a él, puse mi cabeza en sus pecho y me terminé quedando dormida siguiendo la música proyectada por los latidos de su corazón.

Me despertó al día siguiente el sonido de mi móvil, era un mensaje de Alisa, decía que fuésemos a comer porque había una reunión para decidir el lugar en el que disfrutar las vacaciones de verano. Alcé la vista y vi que Ekei continuaba durmiendo, me envolví en la sabana y fui al lavabo, al salir volví a recostarme sobre él, al hacerlo abrió los ojos.

— Lo siento ¿te he despertado?

— Estaba medio despierto, me despertó el teléfono.

— Era Alisa, dice que hoy decidiremos el lugar para ir de vacaciones— dije

— Me parece bien— al acabar la frase bostezó.

— Puedes dormir un poco más, si quieres— puso la cabeza en mi vientre y mientras se dormía le acaricié el pelo.

Me quedé pensando en su proposición otra vez, no podía dejar de mirar el anillo, debería hacerle caso a Mel pensé, después advertí lo difícil que me iba a resultar contárselo a mi madre, tampoco quería abandonar a Pelusa, mi perrita. Finalmente decidí dejar pasar el verano, al estar de vacaciones podría pasar días en Barcelona y otros en Roma para comprobar la reacción de mis padres e intentar acostumbrarme ya que siempre había pensado que sería al revés, siempre creí que Ekei sería el que viniese a vivir conmigo a Barcelona, aunque todavía recordaba nuestro encuentro en el coliseo, en el que le había dicho que un día viviría en Roma.

Me quedé estirada, viendo como dormía un rato más, continué pensando en Ness aunque mi deseo fuera evitarlo. No tuve constancia del tiempo hasta que oí el sonido de un claxon que provenía de la calle, miré la hora y eran las diez y media, mi estómago empezó a crujir, tenía hambre. Cuidadosamente acaricié la mejilla de mi novio y lo desperté con un beso, sonrió y buscó mis labios.

— Si vivieses aquí cada día me despertaría así.

— Bueno, no estoy viviendo aquí y hoy te has despertado a mi lado— le respondí, mi estómago volvió a rugir, y sonreímos los dos.

— En ese cajón hay ropa tuya, vístete, te llevaré a desayunar.

Salí de la cama en busca de ropa, abrí el cajón y me di cuenta de que tenía más ropa que en mi propia casa.

— ¿Vas a ducharte?— pregunté.

— Sí ¿por?

— Después de ti voy yo.

— Si quieres…— sabía lo que iba a decir y le corté.

— No, me da vergüenza— me miró raro y dijo.

— ¿Hemos pasado la noche juntos y te da vergüenza ducharte conmigo?— la verdad parecía absurdo. Le puse la mirada de cachorrito mientras pensaba, y finalmente dije:

— Supongo que no hay mucha diferencia, venga, vamos.

Nos metimos en la ducha juntos y nos dejamos caer el agua tibia encima de nosotros, mi novio no paraba de sonreír, al fin y al cabo lo que él más quería era tenerme allí y por un día estaba disfrutando. Todo iba bien hasta que me sorprendió, enjabonándome la espalda, me puse burbujas de jabón en la mano y soplé en su dirección, le quedaron la nariz y las mejillas burbujeando, sonriendo cogió el bote de champú y me lo vació encima, nos empezamos a reír descontroladamente y terminamos besándonos bajo el agua de la ducha.

Al salir nos vestimos apresuradamente y sin saber a dónde iríamos le seguí hasta la moto.

— ¿Ya sabes a dónde vamos?— pregunté mientras me ponía el casco.

— Sí, te va a gustar.

Encendió la moto, me subí junto a él y arrancó, por el camino pasamos por el foro romano, además de un montón de fuentes y monumentos. Roma estaba preciosa.

Llegamos a una cafetería situada en unos jardines hermosos, podríamos desayunar rodeados de plantas, fuentes, pájaros, en fin una tranquilidad infinita.

Nos dirigimos a ver el mostrador de dulces, y me llamó la atención una tarta de chocolate que tenía muy buena pinta, mi novio prefirió una tartaleta de fresa, cogimos nuestra comida y nos sentamos en una mesa para dos un poco apartada. Se acercó el camarero a pedir las bebidas, no sé si me lo pareció o lo hizo de verdad pero me guiñó un ojo e ignoró a mi acompañante centrándose solamente en mí. Estaba a punto de decirle algo cuando la otra camarera se dio cuenta y empezó a decirle algo en italiano, después se acercó a nuestra mesa y gracias al poco italiano que sé, entendí “felicidades” y continuó hablando demasiado rápido como para entenderle, entonces me di cuenta, había advertido mi anillo en la mano y nos estaba felicitando. Suerte que Ekei con su perfecto italiano le aclaró que todavía no era definitivo pero de todos modos la señora se continuó alegrando.

— La señora ha visto el anillo y a la vez las intenciones del camarero, nos ha pedido disculpas y nos ha felicitado— me aclaró mi novio.

— Nunca me habías hablado de este lugar— cambié de tema.

— En realidad lo descubrí con una ex novia— al decir ex novia puso mala cara, como si eso fuese malo.

— No pongas esa cara, entiendo que haya habido otras.

— No, no era como tú por eso tú fuiste la primera en… bueno ya sabes a que me refiero.

— ¿Sólo ha habido una antes de mí?— pregunté.

— Bueno, fue algo parecido, éramos más bien amigos con derechos especiales, ya sabes que te veía en mis visiones, estuvimos tonteando mientras pensaba que eras producto de mi imaginación, pero al descubrir que eras real y vendrías a Roma le dije que no podía seguir con ella, me gustaba pero no la quería, no sé si me explico —me miró fijamente—, cuando la miraba como te estoy mirando a ti no sentía nada, en cambio tú me produces sensaciones inexplicables.

— Te entiendo— le sonreí— aunque tengo que admitir que te he imaginado hace un instante y me he puesto muy celosa.

— Eres la única— me rozó la mejilla con los dedos— La olvidé porque nunca llegué a sentir nada realmente, olvida el tema por favor, sabes que eres mi primer amor— se aproximó a mi rostro me susurró al oído— eres única— pude notar su aliento en mi cuello y su olor me asfixió pero aun así busqué sus labios.

Al fin nos trajeron las bebidas, esta vez lo hizo la señora, supongo que para evitar confusiones con el camarero. Terminamos de desayunar y decidimos dar un paseo por los alrededores de la cafetería, casi todo eran jardines, estatuas y fuentes.

— Sácame una foto en esta fuente— dije mientras sacaba mi cámara.

— Está bien, colócate.

Me puse de pie en el bordillo de la fuente con cuidado de no caerme, posé y dije:

— Estoy lista— tomó la foto y pasaron unos niños corriendo de tal manera que uno apenas me tocó y empecé a balancearme, perdí el equilibrio y justo antes de tocar el agua me transporté al lado de mi novio y me salvé de un buen baño.

Ekei se empezó a reír, no podía parar.

— Eso no vale, si me hubiera pasado a mí no me hubiera salvado de un buen chapuzón.

— Es lo que tiene ser como soy— respondí con una sonrisa pícara.

— Dile a ese señor que nos haga una foto, pero al lado de una estatua, no quiero mojarme— dijo Ekei.

Me dirigí a un transeúnte solitario que deambulaba por el parque y le pedí que nos hiciese una foto en un italiano pésimo. Nos colocamos delante de una estatua que tiraba agua por la boca, mi novio me abrazó por detrás y el señor nos hizo una foto maravillosa.


Capítulo 4


Nos transportamos a mi casa para reunirnos con mi familia. Al llegar, advertí mucho movimiento por parte de mi madre, había puesto un pollo en el horno, estaba haciendo una ensalada y preparándolo todo para una comida perfecta, en cambio, mi padre la ayudaba en las pequeñas cosas como poner la mesa, sacar las bebidas… Me acerqué a la cocina para ayudar a mi madre.

— Hola ¿en qué te puedo ayudar?

— Ah! Ya estáis aquí, no os he oído llegar.

— Sí, bueno con mi poder no se advierte fácilmente mi presencia ¿Cuántos seremos?

— Pues tu tía, Melody, Ekei, tu padre, tú y yo, en total seis.

— De acuerdo— contesté entusiasmada.

— Puedes ir pelando unas patatas, si quieres.

— Está bien, pero no te estreses, que estamos en familia— cogí unas patatas, las lavé y empecé a pelarlas.

— ¿De dónde has sacado ese anillo?— preguntó mi madre, no había recordado quitármelo para que no lo viese, no estaba lista para contárselo, pero aún así lo hice, no me gustaba mentirle.

— Me lo ha regalado Ekei.

— No me digas que significa…

— Para él sí, pero no te preocupes, le he explicado que aún soy muy joven y no estoy preparada.

— Opino lo mismo— no lo aceptaría, pero estaba impresionada y muy sorprendida, me pareció raro que no me dijese su opinión.

Continué pelando y lavando patatas, mientras advertí que en la pequeña terraza de mi piso se habían sentado a hablar mi padre y mi novio, me sentí intrigada por saber de su conversación.

— Las patatas están listas para hornear— le dije a mi madre.

— La salsa también— respondió.

Lo metimos todo en el horno, en poco tiempo estuvo listo.

— ¿Cuándo llegarán?— pregunté, y al acabar mi frase sonó el timbre. Me dirigí a abrir la puerta, me encontré con Mel y mi tía.

— Hola, ¿qué tal?— dijo mi tía con una gran sonrisa en la cara.

— Hola, muy bien, la comida estará a punto. Pasad.

Mi tía como siempre había traído el postre hecho por ella, era un pastel de hojaldre con nata y fresas por encima, se veía delicioso.

— Ven conmigo— le dije a Mel, fuimos a mi habitación y le mostré mi mano.

— ¡Oh! Qué bonito— el anillo era de oro blanco con una especie de diamante en el centro— ¿eso es un diamante de verdad?— preguntó Mel.

— Creo que sí, debe de haberle costado una fortuna.

— Me alegro por ti, al fin has accedido y me has hecho caso.

— No— al ver mi cara continuó.

— Pero si es lo que quieres en realidad, yo lo sé.

— Y yo también pero aún no, le he dicho que más adelante— la cara de Mel era de desilusión.

— Bueno a lo mejor es buena idea que estés aquí, cerca de mí— dijo Mel.

— ¿Por qué lo dices?— pregunté.

— Esta mañana me atacó un indigente, eso quiere decir que ya tienen los suficientes como para arriesgarse a enviarnos alguno.

— Esa es una mala noticia— me quedé pensando un instante, Ness iba en serio— Bueno ya ni me molesto en preguntarte si estás bien, tu escudo nunca permitirá que te pase nada— Mel sonrió.

— Eso es verdad.

Ekei entró en la habitación— Ya la comida está lista, vamos.

Nos sentamos todos a la mesa. Después de una etapa de silencio mi padre rompió el hielo diciendo:

— Y bien ¿en dónde queréis pasar las vacaciones?

— Un lugar con playa— dijo Mel.

— En eso estoy de acuerdo— dijo Alisa.

— También yo— contestó Vanessa.

— ¿Méjico?— insinuó mi padre.

— Cancún— dije yo.

— Sí, me gusta la idea— dijo Mel.

Alisa y Vanessa sonrieron complacidas y mi padre asintió.

— No solamente podemos ir a un sitio, podríamos pasar unos días en Cancún y otros en Brasil, Canadá o Estados Unidos. Elegid otro lugar— dije.

— Siempre he querido ir a San Francisco— dijo Vanessa.

— Pues vamos —dijo Alisa— ¿Estáis de acuerdo?

— Sí— dijimos Ekei y yo— Mel asintió.

— Me pondré a reservar el hotel hoy mismo — dijo Alfred ilusionado.


Capítulo 5


— Que paséis un buen verano— deseó al fin la profesora, era el último día del curso.

Todos nos levantamos de los pupitres que nos habían acompañado tanto tiempo y nos despedimos entre nosotros, algunos para siempre y otros sólo para volver a quedar semanas más tarde.

Les di un gran abrazo a las amigas que siempre se habían hallado ahí cuando las necesitaba y nos dispusimos a quedar más adelante.

Me dirigí a casa junto a Mel para hacer las maletas ya que habíamos decidido salir al día siguiente. Al llegar, mis padres ya estaban en el proceso de hacer el equipaje, así que decidí llevar a Mel a su casa y ponerme a hacer el mío. Quedamos en salir al día siguiente a primera hora. Me dispuse a hacer mi equipaje, en él metí ropa suficiente para dos semanas ya que no estaba segura de cuánto durarían las vacaciones. Al terminar advertí que mis padres continuaban haciendo el suyo, no le di mucha importancia porque sentía unas repentinas ganas de visitar a mis padres biológicos.

Me recosté en la cama y me dejé llevar hasta ver el árbol que los caracterizaba, siempre se hallaban allí.

— Hola— dijo Elizabeth, mi madre.

— Hola— dije dándole un abrazo.

— ¿Qué tal hija?— dijo mi padre alegremente.

— Bien, empezando mis vacaciones.

— ¡Oh! Bien, en vida también lo desearía pero como aquí siempre estamos de vacaciones.

Me hizo gracia su comentario.

— Paola, hija, creo que deberías saber que Ness va en serio, te atacará cuando menos te lo esperes, ve con cuidado.

Asentí pero en el fondo sabía que no me lo estaba tomando en serio y que tenía razón.

— ¿A dónde irás de vacaciones?— preguntó mi padre.

— En realidad ya lo sabes ¿verdad?— le dije sabiendo que él siempre se enteraba de todo.

— Sí, pero quiero oírtelo decir.

— Está bien, iremos unos días a Cancún a disfrutar de la playa y después estaremos en San Francisco unos días más.

— Yo estuve una vez en San Francisco, te gustará— dijo mi madre.

— Eso espero— dije.

— Ten cuidado con Ness, va a pasar algo— insistió mi madre.

— ¿A qué te refieres con que va a pasar algo?— pregunté.

Mi padre miró a mi madre con una mirada penetrante y le dijo:

— No se lo podemos revelar.

— Si os supone un problema lo averiguaré por mí misma— dije sin saber muy bien el por qué.

— De acuerdo— dijo mi padre— date prisa, mejor que te vayas ya.

Volví en sí, me quedé un rato sentada en la cama pensando en esa frase “algo va a pasar” no entendía qué tenía que suceder con Ness, pero peor aún que la otra vez no pensé que fuese. Decidí advertírselo a Mel y Ekei, por eso me transporté hasta la casa de Mel.

— ¿Te quedas en mi casa hoy?— pregunté. Mel saltó del susto, no había advertido mi presencia.

— ¡Oh! Qué susto— respiró hondo— sí, debería quedarme para salir mañana temprano, se lo diré a mi madre y nos transportas ahora, si quieres.

— Sí, está bien, os llevo, pero antes quería advertirte que mis padres biológicos me han dicho que algo malo pasará y no tengo ni idea de lo que puede ser, me extraña que Ekei no haya tenido ninguna visión.

— Cuando estés con él se lo preguntas, y si no la ha tenido nos pondremos alerta, aunque será complicado sin decirles nada a los padres precisamente ahora que estaremos todos juntos.

— Será complicado pero es por su bien— respondí tristemente por tener que ocultárselo.

Mel fue a buscar a Vanessa, cogieron su equipaje y sin esfuerzos las transporté hasta el salón de mi casa, allí se encontraba Alisa, nos recibió con la cena medio hecha. Decidí que era el momento de buscar a Ekei, así que me transporté a Roma. Lo encontré terminando el equipaje.

— ¿Estás listo?— pregunté.


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