TOMO II: TRATADO DE ERUVIN
El Talmud y la Sabiduría Rabínica a la Luz de las Enseñanzas de Yeshúa Hamashiaj, Jesús el Cristo
Por:
Lauro Eduardo Ayala Serrano
Con todo cariño para mi sobrina,
Ana Laura Pacheco Ortega
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Copyright 2011 Lauro Eduardo Ayala Serrano
Derechos Reservados. Registro Público No. 03-2011-081711085100-10
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INDICE
Prefacio ***** Introducción
Interpretaciones Talmúdicas del Antiguo Testamento
Génesis ***** Éxodo ***** Números ***** Deuteronomio ***** Jueces ***** Samuel ***** Reyes ***** Esdras ***** Job ***** Salmos ***** Proverbios ***** Eclesiastés ***** Cantares ***** Isaías ***** Jeremías ***** Miqueas ***** Zacarías ***** Malaquías
Interpretaciones Talmúdicas del Nuevo Testamento
Mateo ***** Lucas ***** Hechos de los Apóstoles
Hechos Rabínicos
Bibliografía ***** Glosario
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PREFACIO
Estuve en Israel del 2000 al 2003 realizando la Maestría en Religión en la Universidad Hebrea de Jerusalén. Cuando atendía el quinto nivel de Hebreo durante el verano, un joven llegó un poco tarde a la clase, irrumpió sin más ni más en la cátedra de la maestra yemenita, pasó de largo y se sentó junto a la ventana.
La malhumorada maestra le preguntó toscamente la razón por la que había llegado tarde y por qué motivo había faltado a clase el día anterior. El joven esbozó una gran sonrisa y respondió: “porque estuve asistiendo a clases de Talmud.” Sus ojos centellearon y su rostro pareció iluminarse cuando el sol se reflejó en sus blancas mejillas y en su cabello rubio.
Era como si con esa respuesta el joven diera por sentado que todos entendían y justificaban su ausencia y su retardo. Para mi sorpresa así fue, porque la ruda maestra lo miró y sin decir nada continuó con su cátedra; y es que los estudiosos del Talmud estaban como rodeados por un halo de misticismo y eran alabados por todos como gente de gran sabiduría.
También escuchaba de pronto historias de increíble sabiduría recopiladas del Talmud, a veces citadas por alguno de mis profesores o por algún estudiante, y las enseñanzas eran tan fascinantes como complejas.
Cuando los profesores citaban estas historias, era como si añadieran a sus cátedras una fuente bibliográfica que les daba un sustento académico per se, y es que en la Universidad Hebrea, dar una cita del Talmud era lo que en universidades de occidente equivale a citar a Jürgen Habermas, a Clifford Geertz o a cualquier otro académico que coronaría cualquier ensayo universitario.
En los autobuses se veía muy a menudo a los judíos ortodoxos cargando sus pesados libros del Talmud o leyéndolos mientras hacían sus reverencias, pues para los judíos practicantes, la lectura del Talmud es una lección obligada que comienzan desde muy temprana edad.
De modo que cuando regresé a México, había escuchado algunas historias increíbles del Talmud, y quería conocer un poco más acerca del texto.
Unos años más tarde, recorriendo los pasillos de una librería, encontré por casualidad el libro de Jakob Petuchowsky: “El Gran Libro de la Sabiduría Rabínica” (Petuchowsky, 2003), que contenía algunas historias talmúdicas que a él le habían llamado la atención.
La lectura del libro bastó para despertar mi curiosidad por leer el texto talmúdico, aunada a la curiosidad que tenía desde que en la Universidad había escuchado algunas de esas profundas historias.
Finalmente encontré una página web donde el texto en inglés era de dominio público (Rodkinson, 2011), y comencé con la lectura sistemática del Talmud: empecé a compilar una a una las historias contenidas dentro de cada tratado.
El trabajo de compilación resultó ser titánico, puesto que de tratados de 400 cuartillas, recopilaba una veintena de páginas. El Talmud está constituido por discusiones rabínicas acerca de las 613 leyes contenidas en la Toráh.
En un principio, el estudio del Talmud lo realicé solamente para mi conocimiento general sobre judaísmo, el cual me daba una amplitud increíble hacia mis posturas cristianas.
Fue hasta el 2008 que terminé mi libro “Los Nombres de Dios,” y que empecé a buscar quién me lo publicara, que conocí al doctor Melchor Rodríguez Caballero, quien no solamente publicó mi libro, sino que al contarle mis inquietudes sobre el Talmud, se mostró tan interesado que me instó a crear un libro sobre las historias que había recopilado.
El trabajo no fue algo sencillo, ya que primeramente tuve que realizar la traducción del inglés al español, esclarecer la fuente bíblica que estaba reinterpretando la historia talmúdica, aunado a los comentarios que realizo de cada historia, más el arreglo del texto para crear un manuscrito presentable al lector, han dado como resultado el presente Tomo II.
Lo que presento, al final de esta investigación, es un texto accesible a cualquier lector; una recopilación sistemática de las fascinantes historias rabínicas que tienen una gran profundidad para el aprendizaje del judaísmo, que sienta las bases del cristianismo y nos ayuda en el discernimiento del bien y del mal en una moral clara y universal.
Dada la magnitud de lo que considero la gran enciclopedia talmúdica, es mi intención presentar una a una las historias de cada tratado del Talmud.
En éste Tomo II expongo el Tratado de Eruvin. Como todas las citas han sido extraídas de este Tratado, me referiré a él como TE, citando a continuación el capítulo y la Mishná de donde fue recopilada la información, de manera que cualquier persona interesada en contextualizar lo que se ha extraído acerca del Talmud, lo pueda hacer sin dificultad al conseguir el Tratado completo.
En su traducción más literal, eruvin significa misturas, aunque en términos de la tradición judía se trata de la mezcla de comida que se deja preparada para el Shabbath.
El lector se dará cuenta que en el Tratado de Eruvin se destaca la necesidad del aprendizaje bíblico, haciendo un gran énfasis en el estudio más profundo de las Escrituras y de la búsqueda consciente de YHVH por medio de la oración, sus beneficios, sus técnicas, y los sacrificios que tanto alumnos como maestros deben hacer para que la palabra del Eterno sea universal en cada ser humano.
Pero el Talmud va más allá del mero aprendizaje bíblico, justifica su misma razón de ser, que para judíos es de la más pura y profunda inspiración divina. Tomemos o no el texto talmúdico como una revelación divina, lo cierto es que las interpretaciones de los rabinos que se compilan en el Talmud vigorizarán nuestros conocimientos acerca de las Sagradas Escrituras.
Para este Tomo II, he sacrificado un poco la traducción literal por una más asequible al lector, para que se pueda entender con mayor profundidad la sabiduría de los maestros talmudistas. Las personas que han leído el primer borrador consideran que la lectura de este manuscrito es más sencilla que la del tomo que le precedió.
Debo mencionar que los nombres de los rabinos los he modificado de como aparecen en la versión en inglés del Talmud, y es que para saber la pronunciación hebrea de un nombre que ha sido traducido al inglés, el lector tendría que sustituir la “ch” y la “kh” por la “j,” y la “ph” por la “f.” Esto lo he hecho para que el lector sepa con más certeza cómo se pronuncia en español.
También he forzado algunos textos y los he vinculado con un texto bíblico, aunque el manuscrito talmúdico original no haga mención de ellos. Esto con el propósito de que el lector pueda contextualizar más las historias a las que hace referencia el comentador rabínico.
Se omitirá de ahora en adelante llamar “Dios” a la deidad hebrea, puesto que como he citado en el libro Los Nombres de Dios (Ayala, 2008): “Dios” puede ser el nombre de la deidad aria del cielo luminoso: Dieus; o quizá Dios también provenga del hindú Diaus, que a su vez se deriva del veda Dyaus, que significa “día” (Eliade, 1996. p. 83-84), por lo que llamarle “Dios” a la deidad hebrea sería casi como nombrarlo con el nombre de un dios pagano, aunque el doctor Dan Ben Avraham, teólogo hebraísta, condona la pronunciación de Dios.
No obstante, en este manuscrito, de ahora en adelante se le llamará como está escrito en la Biblia hebrea: YHVH. Como el lector podrá ver, normalmente dentro del Talmud se le nombra como “El Uno Santo, Bendito sea Él.”
A la persona que quiera respetar las tradiciones judías y considere más apropiado no pronunciar el Nombre Sagrado por reverencia o respeto, que simplemente sustituya YHVH por Adonai o Hashem al realizar su lectura. Esta es la manera en cómo se pronuncia dentro de las sinagogas cuando se leen los libros de la Toráh.
En cuanto a la pronunciación del Nombre de YHVH, según la tradición de Tiberias, que es la traducción que se sigue del canon bíblico hebraico, YHVH se pronuncia la mayoría de las veces Yehóva, aunque también se llega a pronunciar Yehóvi. Las vocales surgen en Yehóva de la mezcla de ElOhim Adonai, y en el caso de Yehóvi, de ElOhIm.
Aunque la inmensa mayoría de los eruditos coinciden que Yawéh es la verdadera pronunciación de YHVH, se trata de la traducción del inglés de la vav hebrea por w. No obstante, cuando se traduce por hispanos, la vav hebrea se cambia por una v, dando la pronunciación de Yahvé. No obstante la verdadera pronunciación es desconocida completamente.
He decidido dejar al lector escoger cómo pronuncia el Nombre, escribiendo en cada caso solamente las consonantes. Se ha preferido utilizar en este texto las consonantes YHVH, con V porque es la traducción literal de la Vav hebrea.
Por otra parte, la pronunciación de Jesucristo en español viene del griego “Iesou Jristou” que tampoco crea una novedad en el lector. Sin embargo, si traducimos su nombre más exactamente como “El Salvador el Ungido”, el español cuando menos nos aclara con mayor precisión el carácter mesiánico y salvador del Hijo de YHVH. Utilizaré el nombre hebreo de Jesucristo, el cual se pronuncia como Yeshúa HaMashiaj, porque aunque el escritor es griego, el nombre es Hebreo y se debe ante todo respetar los nombres propios de las personas en el idioma en que fueron escritos.
Finalmente, he buscado una mayor concordancia con el Nuevo Testamento, de manera que las enseñanzas rabínicas no nos parezcan tan disímiles, sino todo lo contrario: que nos permitan comprender con una mayor profundidad no solamente el texto del Antiguo Testamento al que hacen referencia, sino también el intercambio de ideas, opiniones y verdades, sea consciente o no, que existe dentro del Nuevo Testamento. Todo esto conforme a las posturas del doctor Israel Yuval, profesor de la Universidad Hebrea de Jerusalén, que afirma que existe un diálogo entre los textos talmúdicos y los del Nuevo Testamento.
Como en los textos se utilizan palabras de común al judaísmo rabínico, pero desconocidas muchas de ellas para quien desconoce raíces hebreas, se ha realizado un glosario de términos rabínicos, mismo que se encuentra al final de este manuscrito.
Espero que con la gran ayuda del doctor Melchor Rodríguez Caballero, a quien debemos la publicación de este segundo manuscrito del Talmud, pueda apresurarme en la realización de los 26 tomos restantes.
La forma en como presento el texto es sencilla: he dividido las historias recopiladas del Talmud en 3 secciones principales:
Capítulo I: Aquellas que están relacionadas directa o indirectamente con citas bíblicas del Antiguo Testamento, y digo directas, porque muchas veces las mismas historias talmúdicas son interpretaciones de las Escrituras;
Capítulo II: Aquellas que están relacionadas con citas bíblicas del Nuevo Testamento, y es que a veces, de manera indirecta, algunos temas talmúdicos sirven para esclarecer textos neotestamentarios;
Capítulo III: Aquellas que no tienen relación con ninguna de las anteriores, sino que se trata de historias rabínicas que tratan de temas judíos plenamente. Sin embargo, cuando comento estas historias, también las explico a la luz del Nuevo Testamento.
En cada sección escribo primeramente el libro bíblico de donde fueron tomadas las citas, luego la cita bíblica, la explicación o historia talmúdica que hace referencia a esa cita y finalmente, con letras itálicas, mi reflexión acerca de lo que se acaba de leer, con un punto de vista moralmente universal y apegado estrictamente a la Biblia.
Agradezco primeramente a mi esposa, Guadalupe Ortega Reyes, quien me ha brindado una ayuda excepcional.
Agradezco grandemente al ángel del Cielo que me puso el Eterno, Nelson Abraham Cerda Perez, que se encargó de la realización de las portadas de los libros por medio de internet desde Managua, Nicaragua.
Agradezco también al doctor Dan Ben Avraham, a la ingeniera Magdalena Serrano Deitz y a la licenciada Eréndira Domínguez Benhumea por ayudarme en la corrección de estilo y darme invaluables ideas. Al pastor Javier Hermoso Barradas por el arduo trabajo de difusión.
Al doctor Melchor Rodríguez Caballero, a quien agradezco profundamente la publicación de este material.
A Yeshúa HaMashiaj como siempre sea toda la gloria, el honor y el poder por los siglos de los siglos. Amén.
Lauro Eduardo Ayala Serrano, Enero del 2012
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Antes de entrar de lleno sobre las historias talmúdicas, es necesario entender primeramente qué es el Talmud, y para esto necesitamos hacer un análisis diacrónico de los sucesos que llevaron a la cristalización de este tipo específico de literatura judía.
Los libros de Génesis, Éxodo, Levítico, Números y Deuteronomio, conocidos como el Pentateuco, están conformados por un conjunto de 613 mandamientos descritos sobre todo de Éxodo a Deuteronomio. Comenzando con el decálogo, que son diez mandamientos de carácter universal aún en nuestros días, y todo el desglose de estos diez mandamientos, ejemplos y excepciones que son desarrollados posteriormente.
Pero el Pentateuco también está conformado por otro cúmulo de mandamientos tanto formativos como restrictivos, formativos porque exhortan al creyente a seguirlos y restrictivos porque implican ciertas prohibiciones.
Este otro cúmulo de mandamientos describen prohibiciones y reglamentaciones que van desde los diferentes tipos de comida, tipos de agricultura, el uso de vestimentas especiales, amén de aquellos que podían realizarse mientras existiera un templo donde adorar a YHVH.
Existen varios estudios acerca de estas prohibiciones, como Marvin Harris que afirma que las prohibiciones alimenticias hacia el cerdo son de carácter geográfico, dada la imposibilidad de mantener en el desierto a un animal que necesita refrescarse continuamente (Harris, 1997); como Mary Douglas que debate sobre la creación más bien de prohibiciones tabú hacia los elementos que los hebreos no pudieron clasificar dentro de un grupo específico y que quedan en rubros inespecíficos, lo que los convierte en ritualmente impuros (Douglas, 2003); o como las del doctor Dan Ben Avraham, donde las prohibiciones alimenticias tienen su fundamento en el beneficio que recibe el organismo humano cuando no se intoxica con este tipo de alimentos.
No ahondaremos sobre estos temas, que corresponden a estudios que nos desviarían la atención del tema principal: las interpretaciones bíblicas del Talmud.
El hecho es que desde tiempo de los reyes de Israel en el siglo 7 a.C., la autoría profética buscaba reinventar y revitalizar estos mismos mandamientos del Pentateuco para que fueran entendidos a la luz de una nueva visión, donde su aplicación práctica estuviera al alcance del hombre común.
La cuestión era bastante difícil de entender y sobre todo de aprehender, porque si se partía de la base de que la Toráh había sido una revelación divina, la revitalización de algunos mandamientos era casi como cuestionar las epifanías bíblicas, que en términos más académicos, se conoce como deconstrucción bíblica, que en otras palabras es resignificar y hasta modificar la diégesis bíblica.
En un principio, la figura del profeta denuncia la autoría de tales mandamientos, como en el caso de Isaías 1:14 cuando dice: “Vuestras lunas nuevas y vuestras fiestas solemnes las tiene aborrecidas mi alma; me son gravosas; cansado estoy de soportarlas,” dando a entender que a YHVH le interesan las fiestas rituales siempre y cuando estén acordes con la moral, la ética y el buen juicio tanto de gobernantes como de la sociedad en general.
Otros profetas explican esta situación mediante la interpretación errónea de los cristalizadores de la ley, como en Jeremías 8:8 cuando dice: “¿Cómo decís: Nosotros somos sabios, y la ley de YHVH está con nosotros? Ciertamente la ha cambiado en mentira la pluma mentirosa de los escribas,” culpando de esta manera al sujeto de haber mal entendido el mensaje, y no sólo eso, sino de haberlo distorsionado y degenerado conscientemente en la búsqueda de ganancias personales y mezquinas.
Cuando se analizan los demás textos proféticos, la mayoría de los profetas del período también reinterpretan, resignifican y revitalizan los mandamientos de la Toráh para adaptarlos a la problemática social que les concierne, tratando de elucidar con mayor detalle y precisión la voluntad divina expuesta en cada estatuto de la ley.
El profeta, de este modo, está preocupado por como acercar al ser humano con la divinidad de Israel. De modo que los profetas se nos presentan como exégetas sofisticados no sólo de la ley deuteronómica sino de la tradición del pacto.
De esta forma, “el profeta enseña el significado y la exclusión correcta de un solo mandamiento en la Toráh divina” (Maier, 2008: 4), y en su visión se transforma y transforma el mensaje divino también, en uno de carácter universal. En otras palabras, los mandamientos que parecen son solo para el pueblo de Israel, en realidad tienen una universalidad que atraviesa el tiempo y las fronteras.
Es por esto que el profeta como agente de cambio y de revitalización de la ley no descarta los mandamientos del Pentateuco, porque finalmente, siguen siendo libros sagrados y la más pura revelación divina. Lo único que hace es aclarar y dilucidar la verdadera intención en cada una de las palabras reveladas.
Pero al igual que los profetas son resignificadores de los mandamientos, de esta manera también son ellos mismos reinterpretados posteriormente por los pensadores judíos de principios de la era cristiana.
Yeshúa HaMashiaj es un claro ejemplo de ello, quien selecciona los mandamientos más relevantes de la Toráh cuando afirma:
“Amarás al Señor con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente. Este es el primero y grande mandamiento. Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. De estos dos mandamientos depende toda la ley y los profetas” (Mateo 22:37-40).
Comparada esta cita con la de la escuela de Hillel, que dice:
“Lo que te es aborrecible, no lo hagas a tu hermano; esta es toda la Ley. Todo el resto es un comentario a esta ley; ve y apréndela” (Tratado de Shabbath).
Por una parte, podemos ver la similitud entre las ideas de Yeshúa HaMashiaj y la escuela de Hillel, de modo que entendemos la riqueza de los textos talmúdicos para poder comprender de manera más amplia nuestra fe fundamentada en el Nuevo Testamento.
Pero también vemos una resignificación de los mandamientos del Pentateuco, un énfasis en los mandamientos concernientes al amor, la piedad y la misericordia, pero también una enseñanza más profunda en lo que respecta a los demás mandamientos, como Mateo 5:27, donde Yeshúa HaMashiaj explica que el adulterio no es solamente la relación sexual con una persona ajena al matrimonio, sino el codiciar a una mujer en el corazón.
De este modo, la resignificación no abroga ningún mandamiento, sino como Mateo 5:17 dice claramente que Yeshúa HaMashiaj vino para que se cumpliese toda la ley.
Lo que vienen a hacer estas escuelas de judaísmo, como lo hicieron los profetas, y como lo hace Yeshúa HaMashiaj, es a enseñarnos de un modo más claro y comprensible la función y finalidad incluso de los mandamientos más oscuros de la Toráh, y esto genera una gran controversia entre los diferentes actores sociales de principios de la era cristiana.
Para estos tiempos del Segundo Templo, entonces, la controversia sobre la revitalización de las Escrituras había llegado a su máximo clímax: la necesidad de una reinterpretación de los mandamientos del Antiguo Testamento fue a menudo tema de discusión entre fariseos y saduceos. Los fariseos argumentaban que junto con la Toráh Escrita se le había revelado a Moisés en el Monte Sinaí una Toráh Oral, y que ellos eran los depositarios de este conocimiento.
Aunque la mayoría de los teólogos coinciden en que la Toráh Oral apareció en tiempos de Yeshúa HaMashiaj, hay otras corrientes de pensamiento que quieren vincular la interpretación del Pentateuco a la salida del pueblo de Israel de Egipto, tal y como lo afirmaban los fariseos.
Lo cierto es que el concepto de Toráh Oral implica dentro de sí esa necesidad de reinterpretación a los mandamientos del Pentateuco. Es así como empieza a aparecer un tipo de literatura que se conoce como literatura rabínica o talmúdica. Los primeros textos reinterpretativos son la Mishná, la Guemará y el Midrash.
En un análisis diacrónico, durante el período del Templo de Herodes, que va del 63 a.C. al 70 AD, aparecen las instituciones judías conocidas como “La Gran Sinagoga, El Concejo de Ancianos y El Sanhedrin” (Stone, 1984: 23)
Después de la destrucción del Templo de Herodes bajo el gobierno de Tito en el año 70 A.D., “la clase sacerdotal se transforma en los Sagues” talmúdicos (Stone, 1984: 29), es decir, en los depositarios de la revelación y de la interpretación. Es en este período cuando aparecen las primeras redacciones de la Mishná.
Entre los siglos III y IV de nuestra era aparecen las primeras cristalizaciones del Midrash, apoyando la tradición farisea sobre la Toráh Oral. El libro de los Hechos 5:34 menciona incluso a un afamado escritor del Midrash: Gamaliel, que también va a mencionarse como maestro del apóstol Pablo en Hechos 22:3, y más que apóstol: rabino, como dice el doctor Dan Ben Avraham en su libro Pablo el Rabino, ¿Profeta o Apóstata?
Pero regresando al tema, la Mishná y el Midrásh son conocidos como Literatura Tanaítica, derivando el término Tanaítico de Tana, que hacía referencia a individuos que de manera profesional memorizaban estas tradiciones que cristalizaron cada una en su propio estilo literario y en sus enseñanzas también muy peculiares.
La Mishná, es una compilación de libros organizados por temas y por personajes específicos y que trata más con la Toráh Oral. Da ejemplos muy concretos para explicar los textos bíblicos, y sus historias son muy específicas. Su formulación o enunciación es casualística.
El Midrash, por otra parte, organizado en comentarios, es la interpretación acerca de la Ley bíblica. Es un sumario, una compilación, una unidad específica de texto, donde el proceso de interpretación es creativo, único y conservador. Toda solución rabínica es un asunto que analiza fuentes para mantener lo más claro posible la tradición bíblica. Tratan de entender cuál es la voluntad de YHVH.
El hecho es que cada uno de ellos con su propio estilo literario, pero siempre con la misma finalidad de mantener el carácter sagrado de la Toráh. Cada uno de estos textos es compilado y comentado en el Talmud. En otras palabras, el Talmud es un comentario a la Mishná y Guemará, citando conocimientos del Midrash.
De acuerdo al doctor David Levine (Levine, 2000), catedrático de la Universidad Hebrea de Jerusalén, del 70 AD al 135 AD, se da lo que se conoce como la Era Talmúdica, caracterizada por el tipo de fuentes que están produciendo literatura acerca de las tradiciones rabínicas.
Para el año 200 AD, la comunidad judía en Babilonia genera sus propias tradiciones independientes de los pensadores Palestinos, de modo que los fariseos y rabinos talmúdicos ven una forma de identidad oral, que para el siglo VIII comienza a cristalizarse.
Para el 400 AD aparece el Talmud de Jerusalén o Palestino, que empieza a competir con el Talmud Babilónico por la autoridad interpretativa de las Escrituras.
Sobrevive el Talmud Babilónico porque presenta más aggadoth, que son historias tradicionales rabínicas y porque es más refinado literariamente.
Se cristaliza en los siglos 6 a 7 A.D. en la forma de los textos que llegan el día de hoy a nuestras manos, es decir, y como acabamos de mencionar: con una Mishná, seguida de un comentario de la Guemará y sucedida por los comentaristas talmúdicos que muchas veces citan los comentarios del Midrash.
De un modo más llano, el Talmud consiste en la interpretación de las interpretaciones mishnáicas, guemáricas y midráshicas de la Toráh en un esfuerzo consciente por actualizar, resignificar y revitalizar los mandamientos del Pentateuco.
Lo que presentamos a continuación, son las historias más relevantes del Talmud.
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INTERPRETACIONES TALMÚDICAS DEL ANTIGUO TESTAMENTO
GÉNESIS
Y de la costilla que el Eterno tomó del hombre, hizo una mujer, y la trajo al hombre. (Génesis 2:22)
Rabbi Yeremiah ben Elazar dijo: “El primer hombre Adam tenía un rostro doble, tal y como en el Salmo 139:5 dice:
Detrás y delante me rodeaste, y sobre mí pusiste tu mano.
Rabh y Samuel comentaron acerca de esto. Uno declara que el Eterno simplemente dividió a Adam, que tenía dos cabezas, mientras que el otro sostiene que Adam tenía cola y que el Eterno hizo a la mujer de esa cola.
De este modo, de acuerdo al pasaje que dice: –detrás y delante–, es correcto, pero… ¿cómo explicarlo?
Debe ser explicado como rabbi Ami dijo: “Por –detrás– significa que al final de todo fue creado el hombre, mientras que por –delante– debe entenderse más bien como –antes–, y es que el hombre recibió su castigo antes que ninguno.”
La primera parte de esta explicación es correcta porque el hombre fue creado al final en la tarde del Shabbath, pero la segunda parte no es verdadera, porque fue la serpiente maldecida antes que Eva y Eva maldecida antes que Adam.
En realidad el castigo se refiere al Diluvio, a lo que en Génesis 7:23 está escrito:
Así fue destruido todo ser que vivía sobre la faz de la tierra, desde el hombre hasta la bestia...
El hombre es mencionado antes que ninguno. Adicionalmente a esto está escrito que el Eterno le trajo a Adam su Eva, es decir, que el Eterno los patrocinaba, de donde aprendemos que un hombre, haya sido el más grande de todos, no debe rehusarse a recibir el patrocinio de uno menor que él.
Rabbi Meir dijo: “Adam el primer hombre fue muy piadoso, porque cuando se dio cuenta que por su culpa la raza humana se había vuelto mortal, ayunó separado de su mujer durante ciento treinta años, y se vistió con hojas de higuera durante todo este tiempo. (TE, Capítulo II, Mishná I)
COMENTARIO
Las ideas de que el hombre estaba unido en realidad representan al pensamiento griego, que para el tiempo en que se escribió el Talmud, había impactado al judaísmo de una manera impresionante.
El hecho de presentar estas ideas griegas en voz de los rabinos indica, por una parte, el profundo arraigo que tuvo esta cultura en el pueblo de Israel. Sin embargo, finalmente estas ideas helenas son debatidas y reinterpretadas, de modo que no importa qué tan profunda haya sido la asimilación helena, el judaísmo conserva a sus propios defensores.
En un sentido más práctico, debemos entender que Eva es parte de Adam, su complemento, su ayuda idónea, su perfecta mitad, y que como tal, debemos llegar a acuerdos siempre en el matrimonio.
También vemos el precio del pecado, y el castigo del Eterno. Ciertamente, el hombre arrepentido es perdonado, sin embargo, el pecado siempre pasa la cuenta.
Porque a ti he visto justo delante de mí en esta generación… (Génesis 7:1)
Rabbi Yeremiah ben Elazar dijo: “Si un hombre ha de ser elogiado estando él presente, sólo se le debe decir una pequeña parte del elogio, mientras que lo demás cuando está ausente, como podemos ver en el citado versículo que el Eterno lo llama –justo– frente a él y en su ausencia lo llama –justo– y –perfecto– como en Génesis 6:9 dice:
Varón justo, era perfecto. (TE, Capítulo II, Mishná I)
COMENTARIO
Elogiar mucho a una persona puede traer consecuencias adversas a nuestras vidas. Por una parte podemos mal interpretar el elogio, pensando que la persona que nos habla es adulador y que busca algo más de nosotros. Pero también nos podemos volver engreídos y soberbios.
Por otra parte, estamos acostumbrados a hablar bien de las personas cuando las tenemos en frente, pero a murmurar, hacer chisme y criticarlas cuando les damos la espalda. A este respecto, el Talmud nos enseña lo importante que es hablar bien de las personas cuando no están presentes, porque así demostramos realmente nuestro aprecio por ellas.
Y percibió el Eterno olor grato. (Génesis 8:21)
Rabbi Hanina dijo: “Un hombre que está enojado con otro, y que mientras bajo la influencia del licor puede ser persuadido a la reconciliación posee una de las cualidades del Creador, como está escrito en el versículo citado.”
Rabbi Hiya dijo: “Aquel que bebe vino y no se emociona, tiene algunas de las cualidades de los setenta ancianos de los días de Moisés.”
La inferencia de rabbi Hiya es en base al término hebreo Yain, vino, que de acuerdo al método hebreo de conteo numérico, la Yud vale 10 y la Nun vale 50, de modo que sumadas juntas equivalen a 70; pero también el término hebreo Sod, secreto, donde Samej es igual a 60, Vav igual a 6 y Dalet igual a 4, de modo que sumadas juntas también equivalen a 70.
De este modo, cuando el vino entra, los secretos escapan, y el hombre que no se emociona por medio del vino y retiene sus secretos, posee la sabiduría de los setenta sagues. (TE, Capítulo VI, Mishná I)
COMENTARIO
El Talmud nos exhorta, que cuando en algún momento especial bebamos vino, lo hagamos con moderación, y la medida de la moderación es aquella donde todavía somos capaces de retener nuestros secretos. Una vez traspasado ese límite, podemos considerarlo un exceso.
Por otra parte, a veces también debemos sacar provecho aún de las circunstancias negativas en nuestras vidas; si la persona ha bebido vino, normalmente está más dispuesta a la reconciliación que si estuviera sobria. Son momentos clave para exhortar a la reconciliación y al perdón.
Tenemos entonces un doble consejo: no excedernos en la manera de beber y ya que alguien lo ha hecho, sacarle el mejor provecho.
ÉXODO
Sacad y tomaos corderos por vuestras familias, y sacrificad la Pascua. (Exodo 12:21)
Abayi estaba sentado y repitiendo la Halajá decretada por su maestro rabbi Joseph, y rabbi Safra le objetó diciendo: “¿No hemos aprendido en una Mishná que el sacrificio de la Pascua debe cocinarse en horno cuando se oscurece, y que el sacrificio de la Pascua no se dora en el Templo? De modo que vemos que la prohibición rabínica está en desacuerdo aún fuera del Templo.”
Abayi guardó silencio.
Después vino con rabbi Yosef y le dijo la objeción de rabbi Safra.
Le dijo rabbi Joseph: “¿Por qué no respondiste que en ese caso el sacrificio de Pascua era preparado con más gente, y que esto debe hacerse con mucho cuidado?”
Abayi no respondió a rabbi Safra porque había escuchado solamente que el sacerdote fuera muy cauto, pero nunca había oído nada acerca de prepararla con más gente. (TE, Capítulo X, Mishná XV)
COMENTARIO
La discusión sobre la Pascua, uno de tantos ejemplos de las discusiones rabínicas, tiene poca importancia para alguien que no esté completamente empapado con estas tradiciones judías.
Lo que nos llama la atención en este versículo es la humildad que muestra Abayi al guardar silencio respecto a una situación que desconoce. En vez de dar una respuesta tonta, queriendo hacerse el que sabe más, humildemente guarda silencio e investiga con profundidad acerca del tema.
Esa es la actitud hacia el aprendizaje: guardar silencio para aprender cosas nuevas, seamos unos eruditos en la materia o simples novatos, callarnos y escuchar nos llevará a aprender cosas nuevas siempre.
Además escoge tú de entre todo el pueblo varones de virtud, temerosos del Eterno, varones de verdad, que aborrezcan la avaricia; y ponlos sobre el pueblo por jefes de millares, de centenas, de cincuenta y de diez. (Exodo 18:21)
Los rabinos enseñaron: “¿Cómo era el método de enseñanza de la Toráh en tiempos de Moisés?”
“Moisés aprendía la Toráh de YHVH. Después Aarón entraba y Moisés le enseñaba un capítulo. Cuando Aarón había terminado se sentaba a la izquierda de Moisés y sus hijos entraban, y Moisés enseñaba nuevamente el mismo capítulo. Cuando terminaban, Elazar se sentaba a la derecha de Moisés e Ithamar a la izquierda de Aarón.”
Aunque rabbi Yehudah decía que Aarón siempre se sentaba a la derecha de Moisés cuando sus hijos habían terminado.
“Después de los hijos de Aarón, entraban los ancianos de Israel y Moisés repetía el mismo capítulo a ellos. Cuando los ancianos habían terminado, el resto de los israelitas que deseaban aprender entraban y se les enseñaba el mismo capítulo.”
“De este modo vemos que Aarón escuchaba el mismo capítulo 4 veces, sus hijos 3 veces, los ancianos 2 veces y el resto del pueblo una sola vez.”
“Después de la última lectura Moisés partía y Aarón repetía nuevamente el capítulo a los demás; luego partía y sus hijos enseñaban el capítulo; y luego de ellos los ancianos también, de modo que todos escuchaban cuando menos 4 veces.”
De esto rabbi Eliezer deduce que cada maestro debe recitar sus enseñanzas a sus discípulos 4 veces, sosteniendo que como Aarón aprendió de Moisés, quien a su vez aprendió de YHVH, Moisés tuvo que aprender lo mismo 4 veces, cuanto más un hombre ordinario debe aprender de otro.
¿Y por qué no aprendían todos directamente de Moisés? Para que se honrara a Aarón, a sus hijos y a los ancianos.
Si esto era así, ¿Por qué no aprendía Aarón de Moisés, y los hijos de Aarón aprendían de su padre, y los ancianos aprendían de los hijos de Aarón, y después la gente aprendía de los ancianos? Porque Moisés había aprendido del Altísimo YHVH, y todos lo querían escuchar de él. (TE, Capítulo V, Mishná I)
COMENTARIO
Cualquiera que haya sido el método de memorización, debió tratarse de algo muy difícil, porque ciertamente, hasta tiempos de Yeshúa HaMashiaj, había gente especializada en memorizar los evangelios completos y recitarlos, hasta que finalmente se cristalizaron, y es que el proceso de memorización sobrevive varios siglos antes de que cualquier manuscrito bíblico se escriba, sea del Antiguo o del Nuevo Testamento.
Lo que es cierto, es que para que el hombre realmente adquiera un conocimiento, este tiene que repetirse cuando menos 13 veces. De modo que no nos cansemos cuando nuestros ministros vuelven a repetir la misma historia: lo que buscan en la tautología es que queden bien grabadas sus enseñanzas en nuestros corazones.
Y dio a Moisés, cuando acabó de hablar con él en el monte de Sinaí, dos tablas del testimonio, tablas de piedra escritas con el dedo del Eterno. (Exodo 31:18)
Rabbi Elazar dijo: “–Tablas– en este verso están expresadas en hebreo por el término Lujót; y Lejí significa también mejilla.”
“Esto hace referencia a un hombre que endurece sus mejillas hasta que se hacen como piedra, y cuando le pisan la cara, no se desfigura, significando que cuando una persona estudia constantemente, en la misma manera en que la piedra no se deteriora por el tiempo, el constante estudio no hiere al hombre, sino que tal persona retiene el conocimiento, de otra manera lo olvida.” (TE, Capítulo V, Mishná I)
COMENTARIO
A veces pensamos que el estudio bíblico es tan espiritual que no necesitamos un estudio formal para entender las Escrituras, sino que con la revelación divina basta para comprender sus profundidades. Quien piensa de este modo devalúa a los estudiosos de la religión, que con tanto esfuerzo escudriñan las escrituras hasta obtener el título de licenciatura, maestría o doctorado. También devalúa las cosas de YHVH, teniendo a menos los estudios sobre religión y exaltando los estudios seculares.
Y las tablas eran obra del Eterno, y la escritura era escritura del Eterno grabada sobre las tablas. (Exodo 32:16)
Rabbi Elazar dijo: “–Grabada sobre las tablas–, lo que significa que si las tablas no se hubieran roto la primera vez, la Toráh nunca se le habría olvidado a Israel, porque algo que está grabado no puede ser luego eliminado.”
Rabbi Aha bar Jacob añade: “Ninguna nación sobre la tierra los habría tenido en su poder, porque no debemos leer Jarut, –grabada–, sino Jirut, –libertad–.” (TE, Capítulo V, Mishná I)
COMENTARIO
2 de Corintios 3:3 nos dice que Yeshúa HaMashiaj ha escrito la nueva ley en las tablas de carne de nuestro corazón, lo que significa que el Eterno nos tiene contemplados como algo tan amado que no permitirá que nos apartemos del camino, ni a la derecha ni a la izquierda.
Intentemos ser mejores personas, sabiendo que el Nuevo Pacto por medio de la sangre de Yeshúa HaMashiaj está escrito en nuestro corazón y no en tablas de piedra.
Y ellos, con todo lo que tenían, descendieron vivos al Seol, y los cubrió la tierra, y perecieron de en medio de la congregación. (Números 16:33)
Rabbi Yeremiah ben Elazar dijo: “El Infierno tiene 3 puertas: una en el desierto, una en el océano y una en Jerusalén. En el desierto por lo que está escrito en el citado verso de Números. En el océano, porque en Jonás 2:3 está escrito:
Desde el seno del Seol clamé, y mi voz oíste.
“Y en Jerusalén porque en Isaías 31:9 dice:
Cuyo fuego está en Sion, y su horno en Jerusalén.
Los discípulos de rabbi Ishmael pensaron que por –fuego en Sion– se entiende la Gehena y por –horno en Jerusalén– se entiende la puerta de la Gehena.
Rabbi Yehoshúa ben Levi dijo que el Infierno tiene 7 nombres: “Seol, Abadón, Baar Shajath, Bor Sheón, Tit Jayavón, Tsalmaveth y Eretz Jatajtit.”
“¿Dónde está entonces la puerta del Paraíso?” Dijo Resh Lakish: “Si la puerta del Paraíso está en la tierra de Israel, debe estar en la ciudad de Beth Sheón, y si está en Arabia, debe estar en la ciudad de Bet Gerem, y si está entre ríos, debe estar en Damaskanun.”
En Babilonia, Abayi alabaría el fruto que crecía del otro lado del Eúfrates, mientras que Rabha alabaría el fruto de la ciudad de Harfania, de tal suerte que la puerta al Paraíso estaría situada en uno de estos dos lugares. (TE, Capítulo II, Mishná I)
COMENTARIO
El Talmud comienza con una discusión que ha atraído la atención de muchos académicos durante muchos años: ¿dónde se encuentra el Infierno? Hay quien incluso afirma que está en el núcleo de la tierra.
El Talmud comparte la opinión acerca de 3 lugares donde la ira de YHVH se manifiesta.
Sin embargo, el Infierno es sólo un nombre que se le da al sitio de perdición al que son enviados todos aquellos que no creen en la salvación de YHVH y de su hijo Yeshúa HaMashiaj, y el nombre que recibe es más bien descriptivo de lo que sucede en él, como por ejemplo Abadón, que significa Perdición, o Eretz Jatajtit, que significa Tierra de Destrucción.
Por otra parte, si existen puertas al Infierno, deben existir puertas también al Paraíso, de donde los talmudistas concluyen que en la tierra, mientras disfrutemos de nuestra existencia, podemos hacer de nuestro lugar de residencia un Paraíso.
En el año 2000, cuando estuve realizando mi maestría en la Universidad Hebrea de Jerusalén, asistía a las pláticas del rabino Yakov, del grupo de Jeff Seidel para hacer prosélitos al judaísmo. El hecho es que un día nos llevaron a una puerta del Edén, en Jerusalén, muy cerca de la Nueva Estación de Autobuses. Allí me explicaron que había otra puerta de entrada al Paraíso en la tumba de Macpela en Hebrón. Ingenuamente o maliciosamente dije que no la veía, a lo que me respondieron que para ver la puerta al Paraíso necesitaba un alto nivel de santidad y de comunión con YHVH.
Esta respuesta nos lleva a una reflexión que quiero incluir en este manuscrito: en la medida en que busquemos de YHVH e intentemos llevar una vida con una moral bíblica, las puertas del Paraíso estarán siempre abiertas a nosotros en la tierra.
Del desierto vinieron a Matana. (Números 21:18)
Rabbi Mathna dijo: “El citado versículo quiere decir que si el hombre se vuelve así mismo como si estuviera en un desierto, por donde todo el mundo pisa, y no le importa, el conocimiento que gana queda en él como un presente, porque –Mataná–en hebreo significa regalo.” (TE, Capítulo V, Mishná I)
COMENTARIO
La humildad, base de la fe que obra, debe demostrarse cuando somos oprimidos por defender nuestras creencias. Es en ese tipo de situaciones cuando nos sentimos como en un desierto, pero también es cuando aprendemos de YHVH, de su Hijo Yeshúa HaMashiaj y de nuestra verdadera fe, porque el conocimiento que adquirimos no se queda en nuestra mente sino en lo hondo de nuestros corazones.
DEUTERONOMIO
Maldito el que se ayuntare con cualquier bestia. (Deuteronomio 27:21)
Rabbi Yehudah dijo en nombre de Rabh: “Quienes viven en pabellones y quienes viajan en el desierto, no disfrutan de la vida y sus hijos no son propios.”
Y es que hemos aprendido en la misma boraitha que Eliezer el hombre de Biria dijo: “Quienes viven en pabellones son similares a quienes ya están sepultados, y respecto de sus hijas se dice lo que en el citado versículo.”
“¿Por qué es esto así?” dice Ula: “Porque no tienen Míqve para el baño ritual, y cuando los hombres tienen que viajar grandes distancias para encontrar el Míqve, no hay quien se quede en casa a cuidar a las mujeres.”
Rabbi Yohanan dijo: “Porque cuando la mujer va a tomar el baño ritual, tienen miedo de ir solas una gran distancia; y van en compañía de otras mujeres y son seguidas por hombres malos que las llevan fuera del camino.”
¿Cuál es el punto de diferencia entre Ula y rabbi Yohanan? Si hay un lago cerca, lo que dice rabbi Yohanan no tiene fundamentos, pero de acuerdo a Ula aun así, la mujer que se queda sola, es guiada al pecado. (TE, Capítulo V, Mishná I)
COMENTARIO
A veces nos quejamos de las sociedades modernas y del precio que hay que pagar por los servicios y las comodidades. A veces también nos quejamos amargamente de nuestros gobernantes y de nuestros gobiernos. Sin embargo, no nos damos cuenta de que tenemos libertad de culto, de que las prácticas religiosas las tenemos al alcance de nuestra mano para que podamos llevar nuestra fe de la manera más cómoda.
En Israel, por ejemplo, es el único lugar donde una persona puede realizar el Shabbath como debe ser, porque la semana comienza con el domingo y termina con el jueves, de modo que el viernes (equivalente al sábado occidental), todos se preparan para recibir el Shabbath. Incluso las aerolíneas planean sus vuelos de modo que no interfieran con el Shabbath.
En occidente no es posible llevar a cabo el Shabbath de tal manera, aunque la mayoría de las congregaciones adaptan los días. De cualquier manera, debemos estar agradecidos con YHVH por todas las comodidades que nos permiten realizar nuestros cultos ordinarios para alabar al único y sabio YHVH.
Porque muy cerca de ti está la palabra, en tu boca y en tu corazón, para que la cumplas; ponlo en boca de ellos. (Deuteronomio 30:14)
Rabbi Itzhak dijo: “Acerca del citado verso, ¿cuándo está la palabra cerca de ti? Si está en tu boca y en tu corazón quiere decir que la estás haciendo.” (TE, Capítulo V, Mishná I)
COMENTARIO
Es conocido el refrán popular que dice que un hecho vale más que mil palabras. Lo podemos aplicar para esta historia, donde no interesa realmente cuántos versículos hayas memorizado, sino el cumplir con lo que las Sagradas Escrituras nos mandan. Seamos hombres de acción y no de palabras.
Ahora pues, escribíos este cántico, y enséñalo a los hijos de Israel. (Deuteronomio 31:19)
Rabbi Aqiba dijo: “¿De dónde aducimos que un maestro debe enseñar a su discípulo hasta que éste conozca la lección completa? De la primera parte del citado verso.”
“¿Y de dónde inferimos que un discípulo debe ser enseñado hasta que pueda impartir clases a otros? De lo que está escrito al final del citado versículo.”
“¿Y cómo sabemos que si las razones para que enseñe son dadas, esto debe ser así?” De Exodo 21:1 que dice:
Estas son las leyes que les propondrás.
“De donde –propondrás– debe entenderse como que necesitan ser explicadas cabalmente.” (TE, Capítulo V, Mishná I)
COMENTARIO
El Talmud nos enseña que cuando aprendemos algo, lo debemos aprender bien, y no sólo eso, sino que debemos enseñarlo a los demás una vez que estemos convencidos de que el aprendizaje ha sido satisfactorio.
Enseñar a los demás lo que hemos aprendido es tanto como dar de gracia lo que también de gracia hemos recibido, tal y como Yeshúa HaMashiaj lo dice en Mateo 10:8.
JUECES
Vosotros los que cabalgáis en asnas blancas, los que presidís en juicio, y vosotros los que viajáis por los caminos, hablad. (Jueces 5:10)
Los discípulos de rabbi Anan pensaron: “Acerca de lo que está escrito en el citado verso, –que cabalgáis en asnas blancas– se refiere a los estudiosos del Talmud que van de una ciudad a otra y de un país a otro a enseñar la Toráh y que la hacen clara como la luz del día.”
“–Los que presidís en juicio– se refiere a aquellos que dan un veredicto justo, pero que realmente es justo.”
“–Los que viajáis– se refiere a aquellos que estudian la Biblia.”
“–Por los caminos– se refiere a los estudiantes de Mishná.”
“–Hablad– se refiere a los estudiantes del Talmud, que utilizan cada palabra haciendo referencia a la Toráh.” (TE, Capítulo V, Mishná I)
COMENTARIO
Para los talmudistas, el estudio de la Toráh, de la Mishná y del Talmud es tan importante para el crecimiento espiritual, que solamente mediante la combinación de estos libros, se puede tener un verdadero discernimiento de la justicia divina.
El rabino Pablo en Hebreos 5:14 dice que aquellos que disciernen el bien del mal están listos para el alimento sólido, para lo cual creemos que las enseñanzas del Talmud ciertamente nutren nuestra espiritualidad al conocer con una mayor profundidad la matriz judía.
SAMUEL
Y mañana estaréis conmigo. (1 Samuel 28:19)
Dijo rabbi Yohanan: “¿Cómo sé que el Eterno perdonó a Saúl el pecado de masacrar la ciudad de Nev?”
Porque el espíritu de Samuel le dijo lo que está citado en el versículo.
“Pero qué significa: –conmigo–.”
Esto indica que en el mismo lugar donde estaba Samuel, y como Samuel era un hombre recto, ciertamente estaba en el Paraíso, de modo que Saúl debió de ser perdonado para compartir con Samuel su domicilio celestial. (TE, Capítulo V, Mishná I)
COMENTARIO
Como hemos dicho en el Tomo I de esta serie de comentarios, el caso de la adivina de Endor ha atraído la atención de mucha gente, sobre todo de exégetas que quieren explicar esta aparición como una suplantación diabólica de Samuel (Ayala, 2011: 43).
Sin embargo, los rabinos nos enseñan algo diametralmente distinto: que a pesar de los errores garrafales de Saúl, éste siguió hallando gracia delante de los ojos de YHVH.
1 Corintios 3:15 dice que la obra de la persona que ha edificado mal, se quemará, siendo la persona salva por medio del fuego, lo cual nos habla de la gran misericordia de Yeshúa HaMashiaj para con nosotros, que a pesar de nuestros grandes errores, nos sigue otorgando el perdón y la salvación siempre y cuando continuemos confesando su nombre.
E Ira jaireo fue también sacerdote de David. (2 Samuel 20:26)
Rabbi Abba bar Zabhda dijo: “Quien envía sus regalos a un sacerdote en particular, excluyendo a todos los demás, trae peste sobre la tierra, como está escrito en el citado verso. ¿Por qué Ira era sacerdote de David? ¿No era sacerdote de todo el resto de Israel?”
“Se infiere que David le presentó todos sus regalos, y que después de esto sucedió lo que en 2 Samuel 21:1 está escrito:
Hubo hambre en los días de David por tres años consecutivos.
Rabbi Hamuna dice que lo que está escrito en el Salmo 40:9 fue dicho por David mientras Ira jaireo, que era su maestro, todavía vivía:
He anunciado justicia en grande congregación.
Mientras que el verso del Salmo 40:10, fue dicho por David cuando Ira estaba muerto:
No oculté tu misericordia y tu verdad en grande asamblea.
(TE, Capítulo VI, Mishná I)
COMENTARIO
El Talmud nos está hablando de regalos, no diezmos. Los diezmos son un pacto de fidelidad que se da a la cabeza de la congregación como un mandato bíblico que trae bendición sobre la persona que se ha comprometido.
Los regalos, por otra parte, realzan la preferencia hacia una persona en particular. En el caso del sacerdocio, este se recibe por instrucción divina, no por una decisión personal. Lo que hacía David al darle presentes solamente a un sacerdote, era confiar en el hombre y no en YHVH; era afrentar a los demás sacerdotes también escogidos por YHVH, a lo cual la ira de YHVH se derrama con furor.
Por otra parte, David “daba las buenas nuevas” de justicia, como diría una traducción más literal del Salmo 40:9, mientras que el siguiente versículo está enfocado más hacia la esperanza en la resurrección, porque apela a la misericordia divina.
Una vez que hemos anunciado la justicia divina a los demás, es decir, una vez que los hemos convencido de que Yeshúa HaMashiaj es el hijo unigénito de YHVH, que dio su vida y derramó su sangre para el perdón de nuestros pecados, podemos estar confiados de que resucitarán para vida eterna.
Ordenado en todas las cosas, y será guardado. (2 Samuel 23:5)
Brurih, la esposa de rabbi Meir encontró una vez a un estudioso del Talmud que aprendía en silencio para él mismo. Ella lo reprendió citando el verso de Samuel, diciendo:
“–Ordenado en todas las cosas– significa que la ley está firmemente infiltrada en los 248 miembros del cuerpo que quedan con el hombre luego de su muerte, de otra forma la ley no puede permanecer.”
Hemos aprendido que ese estudioso que se instruía silenciosamente era discípulo de rabbi Eliezer, que en el curso de 3 años olvidó todo lo que había aprendido.
Rabbi Yosef el Galileo viajaba en el camino. Se encontró entonces con Brurih y le preguntó: “¿Qué camino debemos tomar para la ciudad de Lud?”
Ella le respondió: “Tonto galileo, ¿no nos han dicho nuestros sagues que no debes conversar mucho con una mujer? Debiste preguntar: –¿Qué camino a Lud?–” (TE, Capítulo V, Mishná I)
COMENTARIO
En la primera historia, debemos entender que cuando estudiamos las Sagradas Escrituras, no debemos hacerlo de una manera académica, ni histórica, ni antropológica, por decir algo, sino que debemos estudiarlas aprendiendo a vivir como nos lo manda la Biblia, de otra manera, aprenderemos palabras vacías y pronto nos apartaremos del camino de salvación de Yeshúa HaMashiaj.
En la segunda historia, debemos contextualizarla para poderla entender, ya que los rabinos no pueden hablar con mujeres extrañas, para evitar malos entendidos o impurezas rituales. Tenemos este caso mencionado en Juan 4:27, cuando Yeshúa HaMashiaj se encuentra platicando con una samaritana y sus discípulos se sorprenden de que esté hablando con una mujer.
De cualquier manera, esta mujer Brurih demuestra un apego y un respeto mucho mayor hacia las ordenanzas de la ley que los mismos rabinos que debían ser ejemplo a seguir. Esto nos enseña que no importa si nuestros líderes, guías o ministros fallan en guardar las ordenanzas, nosotros tenemos la obligación de hacerlo.
REYES
Y compuso tres mil proverbios, y sus cantares fueron mil cinco. (1 Reyes 4:32)
Dijo rabbi Hamnuna: “De lo que está escrito en el citado verso se infiere que Salomón dijo 3 mil proverbios por cada uno de los mandamientos bíblicos y dio mil cinco razones para cada uno de los mandamientos rabínicos.” (TE, Capítulo II, Mishná I)
COMENTARIO
Como se ha visto, se hace un esfuerzo por justificar la sabiduría rabínica del Talmud como un medio de revelación divina.
Al justificar al Talmud, de algún modo también se justifican los dichos de Yeshúa HaMashiaj y las reflexiones de los rabinos del Nuevo Testamento, como las del rabino Pablo. Estas reinterpretaciones al Antiguo Testamento conformaron una vertiente específica del judaísmo.
ESDRAS