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Dedicatoria
A los que caminan cada día a mi lado.
En la montaña como en la vida, vuestra
estima me guía siempre hacia el mejor camino.
Índice
30 de junio de 2004. Día de salida
1 de julio de 2004. 1ª etapa – 29 Km. Roncesvalles – Larrasoaña
2 de julio de 2004. 2ª etapa – 20 km. Larrasoaña – Cizur Menor
3 de julio de 2004. 3ª etapa – 27 km. Cizur Menor – Puente la Reina
4 de julio de 2004. 4ª etapa – 30 km. Puente la Reina – Vilamayor de Monjardín
5 de julio de 2004. 5ª etapa – 41 km. Vilamayor de Monjardín - Logroño
6 de julio de 2004. 6ª etapa – 29 km. Logroño - Nájera
7 de julio de 2004. 7ª etapa – 33 km. Nájera – Redecilla del Camino
8 de julio de 2004. 8ª etapa – 37 km. Redecilla del Camino – San Juan de Ortega
9 de julio de 2004. 9ª etapa – 32 km. San Juan de Ortega – Burgos
10 de julio de 2004. 10ª etapa – 32 km. Burgos – Hontanas
11 de julio de 2004. 11ª etapa – 33 km. Hontanas – Frómista
12 de julio de 2004. 12ª etapa – 33 km. Frómista – Calzadilla de la Cueza
13 de julio de 2004. 13ª etapa – 32 km. Calzadilla de la Cueza – Bercianos del Real Camino
14 de julio de 2004. 14ª etapa – 26 km. Calzadilla de la Cueza – Mansilla de las Mulas
15 de julio de 2004. 15ª etapa – 22 km. Mansilla de las Mulas – León
16 de julio de 2004. 16ª etapa – 33 km. León – Hospital de Órbigo
17 de julio de 2004. 17ª etapa – 38 km. Hospital de Órbigo – Rabanal del Camino
18 de julio de 2004. 18ª etapa – 31 km. Rabanal del Camino - Ponferrada
19 de julio de 2004. 19ª etapa – 28 km. Ponferrada – Pereje
20 de julio de 2004. 20ª etapa – 23 km. Pereje – O Cebreiro
21 de julio de 2004. 21ª etapa – 31 km. O Cebreiro – Samos
22 de julio de 2004. 22ª etapa – 33 km. Samos – Portomarín
23 de julio de 2004. 23ª etapa – 50 km. Portomarín – Ribadiso de Baixo
24 de julio de 2004. 24ª etapa – 50 km. Ribadiso de Baixo – Monte do Gozo
25 de julio de 2004. 25ª etapa – 6 km. Monte do Gozo – Santiago de Compostela
26 de julio de 2004. Santiago de Compostela. Día entero en la ciudad
27 de julio de 2004. 1ª etapa hacia Finisterre – 23 km. Santiago – Negreira
28 de julio de 2004. 2ª etapa hacia Finisterre – 53 km. Negreira – Cee
29 de julio de 2004. 3ª etapa hacia Finisterre – 13 km. Cee – Finisterre
30 de julio de 2004. 4ª etapa hacia Muxía. Finisterre - Cee - Muxía (en autobús de línea)
31 de julio de 2004. Día entero en Muxía
Andar como un viejo para llegar a la cima como un joven. Esta frase hecha, que a ti siempre te ha gustado recordar, resume tu espíritu no sólo en las caminatas sino delante la vida misma. Dosificar las fuerzas y disfrutar de cada pequeño detalle del camino te ha permitido apreciar que cada instante es único, es tuyo, que cada paso esconde un esfuerzo de años y superación. Ahora cumples sesenta, puede que la vida no te lo haya puesto fácil. Las lesiones y operaciones quirúrgicas te han hecho abandonar durante algún tiempo los caminos rocosos, los paisajes de trigo y el aroma de las montañas. Tú, mientras, recordabas en la oscuridad de las noches, cada uno de los picos que habías conquistado, cada una de las curvas de los miles de caminos que has pisado, anhelando tu recuperación para poder volver a sentirte más vivo.
Este libro es el testigo de tu perseverancia. La prueba que en ocasiones los sueños se pueden hacer realidad. Y es en tu camino de la realización de estos sueños donde descubres nuevos horizontes, nuevas posibilidades. El renacimiento de inquietudes ocultadas por los años y los problemas físicos. Esta es la culminación de una larga excursión y el símbolo del inicio de una nueva etapa. Ahora has conseguido vaciar la mochila de viejos fantasmas del pasado, pero en cada etapa del Camino de Santiago la has ido llenando de experiencias, reflexiones y nuevas personas que se acompañaron durante aquellos días. Como excursionista sabes mejor que nadie que en la mochila sólo se deben llevar las cosas indispensables y la tuya está llena de vitalidad, juventud y el amor que has sabido recibir y ofrecer.
Día a día fuiste anotando en este diario de ruta, como un escribano, todo aquello que sentías, andabas y compartías. Nosotros no pudimos estar a tu lado en este camino, esta vez lo hacías solo; pero desde la lejanía nos lo hiciste a todos un poco nuestro. Pepi esperaba el momento de poder sentir tu voz tranquilizadora. Todo va muy bien, le decías. Ella, entre la alegría de verte feliz y la nostalgia, contaba los días que faltaban para el reencuentro. Irene y Pep te animaban a seguir adelante, con la certeza de saber que conseguirías llegar al final de esta aventura. Y yo sentía que con tu actitud nos estabas dando el mejor ejemplo que una persona es capaz de dar, que confiando con uno mismo y con nuestras posibilidades todos podemos conseguir aquello que deseamos.
Las palabras de este libro son un vivo recuerdo de lo que fue tu experiencia de tu primer Camino de Santiago, pero seguramente no el último; y puede que sirvan para que otras personas descubran los secretos del arte de andar.
Y si aún te preguntas por qué te hacemos este regalo, no lo dudes. Porqué te queremos.
Gloria Trullàs
Unos días antes de salir, Gloria compró un billete de autocar que me llevaría hasta Pamplona. Al revisarlo encontré un error en la fecha: era para el día 30 de julio y yo lo necesitaba para el 30 de junio. Así que Gloria lo tuvo que cambiar por otro con la fecha correcta.
Así pues, el 30 de junio cojo el tren de Renfe en Terrassa a las 6 de la mañana y me voy hacia Barcelona. Llego a la estación de Arc de Triomf donde tengo previsto subir al autocar que me llevará hasta Pamplona. Cuando ya estoy en el autocar, sube una mujer extranjera y se sienta en el asiento número cinco, justo el que era mi sitio antes de cambiar el billete. El problema ha venido cuando en la parada de Sants sube un hombre que llevaba otro billete con el mismo número. Tienen un buen lío. Resulta que la mujer tenía el billete para el 30 de julio y el hombre para el 30 de junio.
A la mujer le han vendido el billete que Gloria había devuelto, he pensado. Dado que el autocar, en un principio, estaba lleno pero faltaba por llegar una persona, la mujer ha subido y bajado tres veces del autocar, acarreando cada vez la mochila. Finalmente se ha quedado en Barcelona.
En Pamplona he comido los bocadillos que llevaba hechos de casa debajo de unos almeces de un jardín municipal y después me he tumbado sobre la hierba a echar una siesta. A pesar de la alta temperatura que hace, al final he cogido frío. He dado una vuelta por el casco antiguo, a pleno sol, he llegado a sudar, 32ºC de temperatura.
Cuando estaba en la parada de autobús de cercanías para subir a Roncesvalles, la mochila se empieza a romper. Espero que aguante hasta mañana que llegaré, si Dios quiere, a Pamplona e iré a comprarme una de nueva, pienso.
Durante el viaje hasta Roncesvalles, empiezan a aparecer los primeros amigos. Cinco de Berga: cuatro hombres de cierta edad, de unos sesenta y tantos, y el nieto de uno de ellos de dieciocho.
Roncesvalles. Llegada. Identificación. Situarme en el albergue. Misa del Peregrino y cena en un restaurante. En una mesa redonda nos sentamos uno de Madrid, tres norteamericanos (dos chicas y un chico), un hombre español que dice ser paleta, dos holandeses y un catalán, yo. El inicio de una torre de Babel.
A las diez de la noche, a dormir. Mañana empieza la primera etapa. Veremos el pie cómo se comporta.
Dormir en Roncesvalles cinco euros.
He salido pronto, a las seis de la mañana en punto. Dos chicas me preguntan por dónde se coge el camino de salida, es fácil y está indicado. No tiene pérdida.
El primer tramo del camino de Santiago, de Roncesvalles pasando por Brugete y Espinal, ha sido una maravilla. A pesar de la oscuridad de primera hora de la mañana, con la linterna que llevo (sobre todo para usarla en los albergues) no he tenido muchas dificultades. Con todo, he vigilado mucho de no tropezar, no sea que el deseado camino solamente durase unos pocos kilómetros.
Ha amanecido muy pronto. Estaba nublado y he tenido que abrigarme un poco; hacía fresquito.
El trayecto, cubierto de verde ha transcurrido muy rápido. Sin embargo, hoy he andado ocho horas, desde las seis de la mañana hasta las dos y media del mediodía.
El grupo de Berga me ha alcanzado cuando ya estaba en el albergue de Larrasoaña (dormir: seis euros). Ducha, lavar la ropa sudada y comer el menú del peregrino. A las tres y media de la tarde ya lo tengo todo hecho. A descansar tumbado en la cama, hasta las seis, para recuperar el pie, noto algo de molestias. Después saldré a comprar fruta para tener algo de reservas para mañana.
Mientras arreglo la mochila en el albergue de Larrasoaña, se me rompe un poco más. Ahora sí que es urgente comprar otra nueva, así no puedo seguir. Ayer al pasar por Pamplona vi autobuses que hacían el recorrido Cizur-Pamplona. Mañana cuando esté en Cizur, buscaré la parada y me desplazaré hasta Pamplona a comprar una mochila nueva en alguna tienda de deporte que vea.
Pensando ya en la etapa de mañana me doy cuenta que la segunda jornada es corta. Tengo que llegar a Cizur Menor, cuatro kilómetros más allá de Pamplona.
A las seis en punto de la mañana ya estoy andando por la carretera hasta Zabaldía. En una hora y quince minutos he recorrido siete kilómetros. ¡Soy una máquina! Como quién dice, aún no me había despertado y ya pasaba por Villalba, entrada de Pamplona. A las 9:15 estaba ya delante una tienda de deportes para comprar la mochila. No abren hasta las 9:30. Decido no esperar a que abran la tienda y cojo el autobús para ir al Decathlon. Llego allí a las 9:45. También me hacen esperar quince minutos, abren a las 10:00. Aprovecho el tiempo y hago unos cuantos estiramientos para ayudar a la musculatura a recuperarse. A las 10:15 tengo ya la mochila nueva por 20 euros. Toda una ganga. Hago el cambio y compruebo que me quepa todo. He acertado. Me despido de “la amiga mochila”, la que ha sido mi mochila desde hace muchos años, casi toda una vida andando juntos por los Pirineus.
Regreso a Pamplona donde había dejado el Camino. A las 12:30 ya estoy en el refugio de Cizur Menor. Ducha, lavar la ropa y comer unos bocadillos, debo no desequilibrar el presupuesto por la compra de la mochila, así que nada de excesos económicos.
Subiendo hacia el albergue paso por la Universidad de Pamplona para que me sellen la Credencial.
Los compañeros de la noche anterior llegan alrededor de las cuatro de la tarde. Han parado a Pamplona a comer y lo pagaran caro puesto que les ha tocado subir a pleno sol. Yo estoy tumbado en mi cama, fresquito y descansando.
El pie, que me tiene un tanto preocupado, funciona bien; de momento no molesta casi nada.
Mañana llegaré a Puente la Reina. Me están entrando ganas de hacer etapas más largas pero la prudencia me frena. Ya veremos hasta cuando la podré contener….
Hoy quería ser el primero en salir. Me he despertado a las 5:15 para desayunar y despedirme de los albergueros con un fuerte abrazo. Hemos establecido una amistad que creo sincera. El alberguero es un hombre de montaña, encantador, que quería que fuésemos ¡consuegros!
A las seis en punto ya estoy fuera. Amanecía. Por detrás se estaba haciendo de día, mientras por delante había una luna llena extraordinaria. La he seguido hasta las 6:45, cuando se ha escondido detrás de unas montañas. Delicioso. Curiosamente, durante la aproximación al Alto del Perdón he seguido mi sombra muy estirada, que a lo largo del camino se dibujaba en el suelo. Temperatura fresca, ideal para andar.
Hasta el Alto del Perdón hay ocho kilómetros. Calculo dos horas de caminata y, si las cuentas no me fallan, a las ocho ya estará allí. No me equivoco, paso a las 8:05. La máquina funciona tan bien como ayer.
A lo alto del cuello hay un parque eólico, está todo lleno de molinos de viento que funcionan todos. Hace un viento fuerte y frío.
La bajada ha sido costosa por las piedras que había, pero con prudencia y precaución llego al llano y después hacia abajo hasta Muruzabal, donde dejo el Camino francés para ir a encontrar el aragonés que me llevará hasta la Iglesia de Eunate. Cuando llego me sello yo mismo la Credencial y después de escuchar las explicaciones que un guía ofrece a un grupo de turistas inicio la marcha a Puente la Reina, lugar al que llego a las 11:30. Me instalo en el albergue de Los Padres Reparadores donde encuentro a los cinco de Berga, que por la mañana estaban entablados (longaniza, aceitunas y vino) en medio del bosque bajando el Alto del Perdón. ¡Éstos sí saben comer!