Excerpt for La vida del Lazarillo de Tormes: y de sus fortunas y adversidades, 1554 (Texto completo). Anotacion y analisis por Atidem Aroha. by Alejandro's Libros , available in its entirety at Smashwords





La vida del


Lazarillo de Tormes:


y de sus fortunas


y adversidades.



Por


(Anónimo, 1554)



Introducción y análisis


por


Atidem Aroha


(Edición 2012)








CONTENIDO:


-Introducción. Lazarillo de Tormes: sátira y ansias de vivir en medio del sufrimiento—4.


-La vida del Lazarillo de Tormes: y de sus fortunas y adversidades. Texto completo—8.









INTRODUCCION


Lazarillo de Tormes: sátira y ansias de vivir en medio del sufrimiento.


El Lazarillo de Tormes es la primera o una de las novelas que comenzaron este género en el Siglo de Oro. Impresa en 1554, se piensa que pueda haber sido escrita en 1553. Traducida a varios idiomas: francés, inglés, holandés, alemán e italiano, es sin dudas una especie de autobiografía que atrajo la lectura de muchos por su realismo en medio de fantasías caballerescas. El niño Lazarillo sufre, víctima de una sociedad pesimista y fría, pero no pierde sus ansias de vivir y poder narrar esa vida.


Aún cuando en ella no vemos toda la realidad de la sociedad, esta novela nos deja ver un realismo vivo de un mundo bajo que había sido olvidado en las idealizadas páginas caballerescas y pastoriles. Lazarillo de Tormes nos anuncia con su narración una nueva forma de novela y escritura que llega hasta nuestros días. Crítica la sociedad en que vive en la forma de tres personajes: el mendigo por herencia, el clérigo hipócrita, y el hidalgo fantasma. Esta novela picaresca está llena de valor también puesto que nos hace pensar, comparar, y asimilar un mundo bajo que existe, triste y doloroso, pero real, sin la magia turbia de la mentira, sino la verdad de nuestra pequeñez.


El Lazarillo es de baja extracción social, nace en un hogar sin amor ideal, fruto de orfandad tiene que, siendo aún niño, enfrentarse a un mundo duro como el Peñón de Gibraltar, sin mas Dios que el deseo de sobrevivir, de seguir adelante hasta ver a dónde nos lleva esta aventura viviente; hasta ver cuánto aguanta nuestro estómago vacío al tocar fondo con su hiriente hambre; hasta ver si la tristeza no nos consume. Así estaba España: triste, luchando contra un pesimismo aceptándolo.


Este pesimismo no quitó a Lazarillo sus ansias de seguir: ¡Cuántos debe de haber en el mundo que huyen de otros, porque no se ven a sí mismos! (Tratado 1ro). El no desea su muerte en cada instante de infortunio, sino que con una sátira fina pero directa, lucha por seguir sin quedar callado. Un mundo que huye porque no se quiere ver a sí mismo. ¡Tan difícil es vernos en nuestro propio espejo! que Lazarillo siendo un muchacho ya lo ve y es capaz de denunciarlo; contrario a España, quizás aún nación-muchacha, pero incapaz de mirarse en su propio espejo para resurgir una vez más conociéndose a sí misma.


Hay una crítica a la supuesta clase académica, pero no sin dejarla huérfana de la Iglesia y su hipocresía, no ya en el personaje del clérigo, avariento y cobarde, sino que en el mismísimo prólogo ya lo implica con finísima sátira: “Y así en las artes y letras es lo mismo. Predica muy bien el presentado, y es hombre que desea mucho el provecho de las ánimas. Mas pregunten a su merced si le pesa cuando le dicen: ¡Oh qué maravillosamente lo ha hecho vuestra reverencia!”. Nos pareciera que el Lazarillo esta envidioso, pero no, simplemente cansado de tanto brillo falso.


Aún los ciegos tienen algo que aportarle a Lazarillo: “Y fue así; que después de Dios éste me dio la vida y, siendo ciego, me alumbró y adiestró en la carrera de vivir”. España, ciega, pero sigue en la carrera de vivir como nación, de no dejarse olvidar, de arrimar orgullo para hacerse escuchar. “Huelgo de contar a vuestra merced estas niñerías, para mostrar cuánta virtud sea saber los hombres subir siendo bajos, y dejarse bajar siendo altos, cuánto vicio” (Tratado 1ro). La nación sufre en su tristeza pero no pierde su sagacidad y astucia.


El corazón de una nación, como el de un humano, como el de un Lazarillo, a veces parece enterrarse en la desesperanza, y es allí donde la muerte siempre se ofrece gratuitamente. ¿Mataréis una nación con pesimismo? ¿Enterraréis a ella o a un hombre aún respirando en vida? Nos preguntamos al ver a este muchachillo viendo oscuridad, y solo oscuridad en su entorno: “De manera que en nada hallaba descanso, salvo en la muerte, que yo también para mí, como para los otros, deseaba algunas veces. mas no la vía, aunque estaba siempre en mí” (Tratado 2do). Un mundo mezquino que nos quiere atar por un lado con sus prebendas, y por otro nos quiere exprimir hasta las lágrimas.


El Lazarillo, entre tanta tristeza no pierde su sincero humor. ¿Podríamos hablar de algo sincero en una novela picaresca como esta? Creemos que sí; no pierde el hombre el humor de ridiculizarse y así como antídoto alimentarse de la esperanza de la risa. En el Tratado 3ro podemos reír a carcajadas cuando el orgulloso hidalgo le repite casi a diario al niño que su casa era lóbrega y oscura, triste y desdichada, sin comida ni bebida. Un día el Lazarillo, camino a comprar algo de comer, ve el procesamiento de un muerto que traían y asustado vuelve a toda prisa a su pasajera casa porque había escuchado, según su entender, que llevaban al muerto al mismo lugar de su aposento y el tenía que impedirlo cerrando la puerta con todo lo disponible: “…y venía diciendo (refiriéndose al muerto quienes lo llevaban)… ¿a dónde os llevan? ¡A la casa lóbrega y oscura, a la casa triste y desdichada, a la casa donde nunca comen y beben! Acá, señor, nos le traen” (Le dice asustado Lazarillo a su amo).


Y aquí llegamos a nuestra conclusión: ¿Era España esa casa lóbrega y oscura, desdichada, triste, llena de hambre y orgullo? Si es así, el Lazarillo no es tal pícaro que rechacemos. Ha sufrido, ha conocido solo desventuras y desamor: ¿Qué más podemos pedirle a este miserable humano? Al menos lleva el humor en sus infortunios y el deseo de vivir con lo poco que la vida le ha deparado. El y España aún ríen, con lágrimas en los ojos.


Saludos cordiales,

Atidem Aroha

(Editor)


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Bibliografía:


Sánchez- Romerazo Antonio. Fernando Ibarra. Antología de autores españoles, antiguos y modernos. Prentice-Hall, 1972.







La vida del


Lazarillo de Tormes:


y de sus fortunas


y adversidades.


(Texto completo)






La vida del

Lazarillo de Tormes.


Prólogo:


Yo por bien tengo que cosas tan señaladas, y por ventura nunca oídas ni vistas, vengan a noticia de muchos y no se entierren en la sepultura del olvido, pues podría ser que alguno que las lea halle algo que le agrade, y a los que no ahondaren tanto los deleite; y a este propósito dice Plinio que no hay libro, por malo que sea, que no tenga alguna cosa buena; mayormente que los gustos no son todos unos, mas lo que uno no come, otro se pierde por ello. Y así vemos cosas tenidas en poco de algunos, que de otros no lo son. Y esto, para ninguna cosa se debría romper ni echar a mal, si muy detestable no fuese, sino que a todos se comunicase, mayormente siendo sin perjuicio y pudiendo sacar della algún fruto; porque si así no fuese, muy pocos escribirían para uno solo, pues no se hace sin trabajo, y quieren, ya que lo pasan, ser recompensados, no con dineros, mas con que vean y lean sus obras, y si hay de qué, se las alaben; y a este propósito dice Tulio: "La honra cría las artes." ¿Quién piensa que el soldado que es primero del escala, tiene más aborrecido el vivir? No, por cierto; mas el deseo de alabanza le hace ponerse en peligro; y así, en las artes y letras es lo mesmo. Predica muy bien el presentado, y es hombre que desea mucho el provecho de las ánimas; mas pregunten a su merced si le pesa cuando le dicen: "¡Oh, qué maravillosamente lo ha hecho vuestra reverencia!" Justó muy ruinmente el señor don Fulano, y dio el sayete de armas al truhán, porque le loaba de haber llevado muy buenas lanzas. ¿Qué hiciera si fuera verdad?


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