
ATICUS
Aticus es una historia corta extraída del libro: Xiphias y ha sido publicada en el año 2011 por entregas semanales, en el magazine Argentino: “Replicante Nexus 6”.
Gabriel Guerrero Gómez
Índice
1. ATICUS…………………………………………………….……………………………….5
2. LA ESTRELLA………………………………………………………………….…………...9
3. FRÍO Y HUMEDAD……………………………………………………………………….13
4. MÁS ALLÁ DE LA OSCURIDAD………………………………………………………..17
5. SILLMAREM……………………………………………………………………………....21
INTRODUCCIÓN
Los infinitos senderos del cosmos han terminado siendo la última frontera a explorar y descubrir por la humanidad.
En el año 3202 comenzó en la vieja Terra—Mater la que sería conocida posteriormente como “La guerra final”, la cual provocaría la destrucción de toda forma de vida en el planeta, haciéndolo inhabitable.
Aunque no todo se perdió. El vacío de poder provocado por esta guerra, permitió que cada colonia terráquea se proclamase independiente.
En siglos posteriores se desarrollaron nuevas sociedades y nuevas formas de gobierno. En ese momento surgió el Imperio de las dos águilas de platino. Como contrapartida, algunas colonias díscolas se unieron formando distintas federaciones como contrapeso al poder omnímodo del Imperator.
Muchos mundos cayeron, pero uno sobrevivió, un planeta marino cuya cultura se basaba en el respeto a toda forma de vida. Lo conocían como Sillmarem. Este mundo se mantenía ilocalizable gracias a la caja de Guerón, invento por el cual se generaban campos de ocultación orbital que les volvían invisibles de cara al exterior.
Nuevas luchas de poder surgieron, alcanzando una dimensión nunca imaginada ni conocida por el ser humano.
[…] El Imperio y su insaciable sed de poder; Los mundos de Septem con su asombroso dominio de la ingeniería genética; Invenio y su control de la tecnología punta y Sagittanovs y sus potentes industrias bélicas, frente al marino y mítico Sillmarem, la Interfederación de planetas libres, Sisfrón y sus indomables guerreros Shinday.
Una confrontación cuyas consecuencias nadie supo prever…
EL MUNDO DE SILLMAREM
El planeta perdido que todos querían encontrar. En el 7825, los estudios sobre ocultación de objetos se extendieron hasta una dimensión planetaria. El Jefe científico de Sillmarem, Adamascus Guerón, desarrolló lo que posteriormente se denominaría la Caja de Anillos Múltiples de Guerón, que permitiría la ocultación de un planeta completo. Era un orbe fundamentalmente acuoso, con grandes ciudades submarinas. La estirpe de los Sillmarem se remontaba a los Tiempos Antiguos.
Sus ciudades submarinas, denominadas Aquaesferas, poseían una densidad de población similar a la que pudiese tener cualquier ciudad en la superficie de cualquier planeta. La vida transcurría entre el trabajo y el placer, como era lógico pensar en un planeta acuoso cuya vida transcurría en muchos aspectos en el fondo de sus mares. La energía se extraía de las propias corrientes submarinas. Estas complejas y costosas instalaciones solían estar protegidas por campos de minas, neutralizando cualquier conato de sabotaje. Los encargados de la defensa y seguridad de Sillmarem eran los Aquanautas, conocidos como Xiphias. Un selecto cuerpo de élite especializado tanto en la guerra marina como orbital y espacial. Su Comandante Jefe era Löthar Lakota, el cual fue educado y adiestrado por su abuelo Aticus Lakota, reconocido como el mejor oficial Xiphias en la historia de Sillmarem.
En la actualidad Sillmarem es un planeta oculto, cuya ubicación exacta en las cartas estelares, nadie conocía. Su forma de vida basada en respetar y amar la vida sobre todas las cosas, hacía que su cultura fuese admirada por el resto de civilizaciones conocidas. Los Sillmarem también eran apreciados en todo el universo conocido por su absoluta independencia, respetando a todos los pueblos e individuos por pequeños y humildes que estos fuesen, sin por ello dejar de contactar con las civilizaciones exteriores a su mundo, para conocer su forma de vivir y de pensar, sus virtudes y sus defectos, sus fortalezas y debilidades. Siempre que los poderosos habían intentado abusar, habían estado ahí ayudando, en lo que podían, a los más débiles. Por eso eran tan respetados, temidos y odiados...
Capítulo I
Aticus
“Históricamente siempre se ha asociado el concepto de civilización al conjunto de logros, conocimientos y costumbres de un pueblo y su cultura. En realidad, esto es solo una mínima parte. El verdadero concepto y significado de la palabra civilización debería ser la capacidad que posee un pueblo para solventar cualquier conflicto o diferencia mediante la comunicación y el diálogo, transmitiendo sus valores con el ejemplo”.
Noah Salek
(Reflexiones sobre la convivencia pacífica).
—No.
La palabra fue pronunciada con un tono de voz tan bajo, que de no ser por las largas jornadas que el joven Löthar Lakota había pasado de caza con su abuelo, Aticus, no lo hubiese captado.
Permanecían quietos, con la respiración regulada al mínimo, sus miradas fijas al frente, sus cuerpos ocultos por el blanco camuflaje de sus abrigos de pieles, perfectamente adaptados para las bajas temperaturas y alejándolos de la vista de cualquier intruso en varios kilómetros a la redonda. A no muchos metros de sus miras telescópicas, el joven Löthar tenía perfectamente enfocado a un enorme ciervo blanco de las nieves, con la cornamenta más grande que había visto en su vida. Desde luego, era un hermoso ejemplar. Una cálida corona de destellos anunciaba un nuevo día en las montañas del frío norte, en el planeta Herakliontes. Löthar comenzó a acariciar con suavidad el gatillo de su arma. De ello dependía su supervivencia. En las impenetrables cordilleras blancas, si fallabas, no cazabas, no comías, no sobrevivías.
Con un pequeño gesto, su abuelo le invitó a abatir la pieza. Löthar estaba seguro de su blanco, sabía que era en verdad complicado fallar un disparo tan fácil. No obstante, por un fugaz parpadeó se contuvo. Una impactante áurea de luz amarilla circundó al hermoso animal, enmarcándolo en un majestuoso paisaje de brillantes cúpulas nevadas recién encendidas. Era tanta la belleza repentina en aquel lugar tan inhóspito para el hombre, que a Löthar se le cortó la respiración, maravillado. Algo en su interior brotó, haciéndole errar el disparo. El zumbido se apagó en la lejanía, espantando a su presa.
Löthar se agitó, aturdido, evitando cruzar su mirada con la de su abuelo. Éste se alzó, echó un último vistazo al horizonte y tomó el sinuoso sendero que los conducía de regreso a la cabaña.
Unos metros más adelante, su abuelo rompió el silencio con un seco comentario:
— ¿Por qué lo dejaste escapar? Era un buen tiro.
—Fallé, abuelo –tartamudeó, no muy convencido, Löthar.
—No. Lo dejaste escapar. Dime el motivo —insistió Aticus.
—No lo sé, abuelo —Löthar se pasó la manga por la frente.
— ¿No lo sabes, o no lo quieres ver? ¡Tu supervivencia depende de ello! —le reprochó su abuelo con severidad.
Por un momento, ni el mismo Löthar supo qué palabras usar para definirlo.
— ¡Suéltalo de una vez, muchacho! —le exigió su abuelo.