******
10 Sermones y Predicaciones Cortas
Published by Manuel Bento Falcón at Smashwords
Copyright 2011 Manuel Bento Falcón
******
Gracias a Dios, a mi Madre, a mi esposa Érika y a Nidia, mi persistente guía espiritual, sin las cuales este libro jamás hubiese sido posible.
-Manuel Bento Falcón
***
Vino a los suyos y no le recibieron
La Humildad de un Hombre de Dios
La Veracidad de la Biblia y la Figura de Jesús
Mi Yugo es fácil y ligera mi Carga
***
Dios es el que llama
Dios desde el principio siempre ha sido el que por propia iniciativa ha buscado al hombre. Cuando Adán pecó fue Dios el que fue a buscarlo mientras que el se escondía (Génesis 3:8-9). Dios también buscó y llamó a Noé (Génesis 6:12-13). También llamó a Abraham (Génesis 12:1) y buscó a Moisés, apareciéndose en la zarza ardiente. Siempre vemos ese patrón. No es nunca uno el que busca a Dios primeramente, sino Dios el que te llama a tí.
Isaías
65:1-2
Fui buscado por los que no preguntaban por mí; fui
hallado por los que no me buscaban. Dije a gente que no invocaba mi
nombre: Heme aquí, heme aquí. Extendí mis manos todo el día a
pueblo rebelde,el cual anda por camino no bueno, en pos de sus
pensamientos;
Por lo mismo dice en Mateo 22:14: Muchos son los llamados y poco los escogidos
Y también por eso dice:
Juan
15:16
No me elegisteis vosotros a mí, sino que yo os elegí
a vosotros, y os he puesto para que vayáis y llevéis fruto, y
vuestro fruto permanezca; para que todo lo que pidiereis al Padre en
mi nombre, él os lo dé.
En este último versículo vemos como Dios nos elige para que llevemos fruto, y que ese fruto sea del tipo que permanece. También para que le pidamos al Padre.
Respondiendo a la llamada de Dios
Ahora bien, el que es llamado puede ser escogido o no. En más de una ocasión cuando nos llaman y no queremos atender, hacemos como que no hemos oído.
Por ejemplo si estamos hablando en el salón con algún hermano o hermana y sale otro hermano de la cocina y nos dice: “Oye ven un momento”, podemos pensar: “mejor voy a hacer como que no he oído, que seguro quiere mandarme a fregar los platos”.
O si nos llaman al teléfono móvil. Si no nos interesa hablar con quien nos está llamando, no le cogemos el teléfono.
Cuando Dios te llama puedes elegir volverte a Él. El te va a poner en el camino de Juan 15:16, te va a dar obras para que tú des fruto, y te va a dar poder de pedir para darte. Lo que no podemos hacer es seguir con la espalda vuelta hacia Dios y pedir lo que a nosotros se nos antoja. Cuando te llama Dios tienes que hacer como Samuel (1 Samuel 3:10) decir: “Habla Señor que tu siervo escucha”.
Cuando Dios te llama lo hace tocando a la puerta de tu corazón. Tu puedes mostrar indiferencia, hacer como que no escuchaste, y endurecer tu corazón. Por eso la Biblia advierte una y otra vez acerca de no endurecerlo.
Hebreos
3:7-8
Por lo cual, como dice el Espíritu Santo: Si oyereis
hoy su voz, No endurezcáis vuestros corazones, Como en la
provocación, en el día de la tentación en el desierto.
La Frialdad o el Calor
Sabemos que el tiempo de la tribulación probablemente está cerca. Antes de que las cosas se pongan feas de verdad en el mundo, Jesús va a venir por la verdadera Iglesia para guardarla de esos males. Pero eso va a ser por la que tiene un corazón para Él, para los que han guardado la palabra de su paciencia (Apocalipsis 3:10).
Existen tres tipos de sensaciones que se pueden tener en la vida cristiana, estos 3 tipos se sienten en el corazón. Dice en Apocalipsis 3:15-16:
Yo conozco tus obras, que ni eres frío ni caliente. ¡Ojalá fueses frío o caliente! Pero por cuanto eres tibio, y no frío ni caliente, te vomitaré de mi boca.
Se puede estar frío, caliente o tibio. Decimos que se tiene un corazón frío cuando no estamos bien con Dios, un corazón caliente cuando se está muy bien con Dios. El corazón tibio es cuando estás ahí, como en medio. Ni estás del todo bien ni estás del todo mal. ¿Por qué entonces dice Jesús que es mejor Frío o Caliente que Tibio?. Se supone que debería ser mejor estar un poquito con Dios que totalmente apartado ¿no? En ese caso debería ser mejor estar tibio que estar frío.
Pero no es así. Porque hay una gran diferencia entre el tibio y los otros dos. El frío y el caliente tienen un corazón de carne, un corazón que siente. Pero el tibio tiene un corazón de piedra.
Si metes a un corazón en una cámara frigorífica, le va a dar frío. Si pones al corazón dentro de un horno le va a dar calor. Pero si el corazón es de piedra endurecida, no va a sentir ni frío ni calor, y eso tiene un nombre: estar tibio.
El Frío te acerca a Dios, la Tibieza no
Cuando estás frío te sientes mal. Sientes que la alabanza no te dice nada, que la palabra de Dios no te hace arder el corazón. Que no sientes amor por nadie. Sabes que lo que haces no está de acuerdo con el llamado que Dios te dió porque recuerda Juan 15:16, Él te llamó para dar fruto. Y te sientes mal por ello. Sientes frío en definitiva.
Esa misma frialdad te está impulsando a buscar de Dios. A que tengas temor y te plantees que tienes que poner de tu parte para responder, para volver al camino que Dios te dijo. A decirte que eso que estás viviendo no es normal. Que hay que buscar el calor.
Pero si estás en esa misma situación en que la alabanza no te dice nada, que te mueves mientras piensas en los deberes que tienes que hacer. Que escuchas la palabra y piensas “a ver cuando va a acabarse esto”, charlas un poco con la gente te ríes y te vas y no te sientes cómo que algo está mal, entonces estás tibio. Y eso sí que es un problema.
Estás tibio cuando estás duro de corazón. Cuando ves que estás haciendo cosas mal y ni siquiera te da frío, sino que te lo tomas a la ligera.
El Espíritu Santo tiene un fruto que es en parte paz. Pero la falsa paz de “estoy bien, soy salvo” que no acompañada de Amor, que no lleva Gozo en las cosas de Dios, que no da Mansedumbre sino que hace que me incomode y enfade a la mínima ocasión, no es de Dios, no es del Espíritu Santo. Es un engaño de Satanás y el te va a decir “Estás bien, tienes paz y eso es un fruto del Espíritu Santo”.
No, la paz de Dios es totalmente distinta. Es una Paz que sobrepasa todo entendimiento. Es una paz en medio de la tormenta.
Tenemos que procurar el tener todos los frutos del Espíritu Santo, para estar bien calientes. En realidad el que está caliente es el que siempre tiene frío.
Saúl y David: Tibieza, Frío y Calor
Saúl fue el primer rey que tuvo Israel. E hizo cosas buenas para Dios, sobre todo al principio. Pero Saúl era tibio. Tenía un corazón endurecido que no reconocía los errores sino que se creía hacer lo correcto.
1
Samuel 15:18-20
18 Y Jehová te envió en misión y dijo:
Ve, destruye a los pecadores de Amalec, y hazles guerra hasta que los
acabes. 19 ¿Por qué, pues, no has oído la voz de Jehová, sino que
vuelto al botín has hecho lo malo ante los ojos de Jehová? 20 Y
Saúl respondió a Samuel: Antes bien he obedecido la voz de Jehová,
y fui a la misión que Jehová me envió, y he traído a Agag rey de
Amalec, y he destruido a los amalecitas.
Sin embargo, el Rey David era muy distinto. El siempre estaba caliente como podemos ver en el Salmo 27 o frío como en el Salmo 51:1-12.
Caer y Levantarse
Cristo es la única salida que tienes. Así hay que decirlo a la gente. Nadie te va a salvar sino Cristo. El es el que llama, tú eres el que se vuelve y le sigue. cada día de tu vida es bueno examinarse y decir ¿de verdad le estoy siguiendo o sólo estoy haciendo tibiamente mi vida?.
Si te caes, te levantas. El problema no es caerse y pecar, el problema es no levantarse. O endurecer el corazón y decir “ni siquiera me he caído”.
Hemos de orar a Dios para ver si de verdad estamos siguiéndole y buscándole.
***
Dios protege, el diablo ataca
Jesús estuvo predicando unos 3 años, y su predicación levantaba odio entre los fariseos. Vemos en las escrituras que varias veces le quisieron echar mano, sin embargo siempre se escapó de sus manos hasta el día que fue prendido en el huerto de los olivos.
Tenemos el pasaje en Lucas 22:53
53 Habiendo estado con vosotros cada día en el templo, no extendisteis las manos contra mí; mas esta es vuestra hora, y la potestad de las tinieblas.
Jesús les dice que le habían podido echar mano porque era su hora, era la hora del poder de las tinieblas. Del poder del mal, del Diablo. Mientras, aún cuando había estado a plena luz del día, nadie lo pudo tocar porque Dios lo protegía. Lo mismo vemos en la historia de Job:
Job
1:8-11
8 Y Jehová dijo a Satanás: ¿No has considerado a mi
siervo Job, que no hay otro como él en la tierra, varón perfecto y
recto, temeroso de Dios y apartado del mal? 9 Respondiendo Satanás
a Jehová, dijo: ¿Acaso teme Job a Dios de balde? 10 ¿No le has
cercado alrededor a él y a su casa y a todo lo que tiene? Al trabajo
de sus manos has dado bendición; por tanto, sus bienes han aumentado
sobre la tierra. 11 Pero extiende ahora tu mano y toca todo lo que
tiene, y verás si no blasfema contra ti en tu misma presencia
Dios siempre protege tu vida mientras que el Diablo intenta destruirla.
La Tentación de algo que gusta
En los dos casos anteriores, fueron desgracias las que cayeron sobre Jesús y sobre Job. Le pasaron cosas malas sin estar motivadas por algo que ellos hicieron. Eso supuso una prueba de fe para ellos, la de seguir creyendo en Dios aunque las cosas les fueran mal.
Normalmente nosotros oramos a Dios para que nos proteja de cosas como esa. Oramos para que nos vaya bien, para que no nos venga la ruina encima, para no tener enfermedades. Hacemos bien, porque Dios es el que protege y si no fuera por eso el Diablo nos destruiría ahí mismo con este tipo de cosas.
Pero el objetivo primordial del Diablo no es que tú sufras por la enfermedad o por la ruina o por los palos que te den. El objetivo del Diablo es que te alejes de Dios.
Imagina que vas por un camino y yo quiero sacarte de él. Hay dos formas en que puedo hacerlo: puedo ponerte espinos, obstáculos, baches etc. para que te hagas daño y te salgas del camino, o puedo poner algo que te guste fuera del camino para que tu mismo te salgas buscándolo.
Eso es lo que el Diablo quiere: hacerte salir del camino. Y aunque en muchas ocasiones y si se le permite va a utilizar la enfermedad o la desgracia, normalmente va a utilizar la tentación de algo que nos gusta para que hacernos salir del camino.
La mayoría de los ataques del Diablo son por tentación. Mostrándonos algo aparentemente más apetecible que Dios. Un amor prohibido, la pereza, el orgullo de impedir que te menosprecien, el tabaco, el alcohol, la droga o lo que sea.
Una vez que con las tentaciones el Diablo te saca del camino, él sabe que puede hacerte daño y aún así te mantendrás fuera del camino, porque estás enganchado.
Proverbios
23:29-35
29 ¿Para quién será el ay? ¿Para quién el
dolor? ¿Para quién las rencillas?
¿Para quién las quejas?
¿Para quién las heridas en balde?
¿Para quién lo amoratado de
los ojos?
30 Para los que se detienen mucho en el vino,
Para
los que van buscando la mistura.
31 No mires al vino cuando rojea,
Cuando resplandece su color en la copa.
Se entra
suavemente;
32 Mas al fin como serpiente morderá,
Y como
áspid dará dolor.
33 Tus ojos mirarán cosas extrañas,
Y tu
corazón hablará perversidades.
34 Serás como el que yace en
medio del mar,
O como el que está en la punta de un
mastelero.
35 Y dirás: Me hirieron, mas no me dolió;
Me
azotaron, mas no lo sentí;
Cuando despertare, aún lo volveré a
buscar.
Aunque estos versículos hablan del vino, la droga, la lujuria, los amoríos ilícitos, el orgullo, todos estos pecados siguen el mismo patrón. Los ojos desean porque miras demasiado y al final lo que creías que te iba a producir placer te produce daño, estás en la cuerda floja enganchado y no quieres ver el daño, sino escapar de la realidad y del dolor que sientes tomando más de lo mismo.
Sabemos que esa caída nos hizo daño, pero aún así lo volvemos a buscar.
Tentación y Prueba
Hemos visto que el Diablo nos trata de sacar del camino de dos formas, mediante enfermedades y desgracias o mediante tentaciones. En realidad ambas cosas son pruebas. De hecho, la Biblia cuando habla de tentación o habla de poner a prueba utiliza la misma palabra en el Griego (peirasmos).
Podríamos ver cada tentación como un examen de fidelidad a Dios, para ver si te mantienes con Él. De la misma forma, cuando tienes un sufrimiento por alguna otra cosa, también es una prueba para ver si sigues fiel a Dios.
Es inevitable que las pruebas de fe vengan sobre nosotros. Todo el mundo sufre las tentaciones y las desgracias, sin embargo Jesús nos enseña a orar para que Dios no nos meta en pruebas.
Mateo 6:13: “Y no nos metas en tentación...”
Dios permite muchas pruebas porque no oramos para que nos sean quitadas. Jesús mismo oró para que le fueran quitadas. Sabemos muy bien evitar la ruina, la enfermedad, el que nos metan en la cárcel o el que nos hagan injusticia. Eso está muy bien porque nos estamos quitando pruebas de encima, pero sin embargo no somos tan diligentes alejándonos de las tentaciones.
Seguimos mirando el vino, como en el proverbio. Seguimos yendo a sitios que no nos conviene, hablando con gente que no nos conviene y que nos hace caer en ira, o en lujuria, o en otros pecados.
Gálatas
6:1
Hermanos, si alguno fuere sorprendido en alguna falta,
vosotros que sois espirituales, restauradle con espíritu de
mansedumbre, considerándote a ti mismo, no sea que tú también seas
tentado.
Hay que cuidarse, no ya de soportar la tentación. Sino de ni siquiera ser tentado. Cuando estás tentado ya estás en una lucha, es mejor evitar incluso la lucha.
Jesús también tuvo tentaciones, para que no podamos decir que Dios no sabe lo que es sentirse tentado (Hebreos 2:18, Hebreos 4:15)
El Resultado no informa a Dios, sino a nosotros
Las tentaciones pues son como exámenes que el Diablo te pone para que los pierdas y te alejes de Dios. Pero Dios no tienta a nadie:
Santiago
1:13
Cuando alguno es tentado, no diga que es tentado de parte
de Dios; porque Dios no puede ser tentado por el mal, ni él tienta a
nadie;
Dios no te pone los exámenes, porque los exámenes se ponen para saber si alguien tiene la bastante fidelidad. Tu puedes ser el estudiante más listo del mundo y saberlo, pero el profesor necesita poner un examen para saberlo.
Dios no necesita poner pruebas porque el ya sabe el resultado. Lo conoce mejor que nosotros mismos, pero el las permite para que nosotros y el Diablo podamos conocer el resultado.
Básicamente la tentación va a acabar produciendo en nosotros el conocimiento de que por nosotros mismos siempre vamos a caer si Dios no nos ayuda. De que no podemos confiar en nosotros mismos para decir “yo no caeré”. Es de humildad saber que somos débiles, por eso hemos de orar para pedir que no vengan pruebas.
Pero a la vez, si una prueba viene sobre nosotros, la Biblia enseña a dar gloria a Dios porque viene:
Santiago
1:2-3
2 Hermanos míos, tened por sumo gozo cuando os
halléis en diversas pruebas, 3 sabiendo que la prueba de vuestra fe
produce paciencia.
Si Dios permite una prueba es por algo. Porque al superar las pruebas, crecemos. Y aunque lo más cómodo para nosotros es ni siquiera sufrir las tentaciones, el conseguir pasarlas tiene una recompensa de vida que nos acerca más a Dios. Superamos nuestra carne y eso lleva a que nos acerquemos más a Él.
Pidamos al Señor que no nos meta en pruebas porque somos débiles, Pero luchemos la buena batalla cuando estemos en ella.
***
Romanos
8:31-39
31 ¿Qué diremos frente a esto? Si Dios está de
nuestra parte, ¿quién puede estar en contra nuestra?32 El que no
escatimó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos
nosotros, ¿cómo no habrá de darnos generosamente, junto con él,
todas las cosas?33 ¿Quién acusará a los que Dios ha escogido? Dios
es el que justifica.34 ¿Quién condenará? Cristo Jesús es el que
murió, e incluso *resucitó, y está a la *derecha de Dios e
intercede por nosotros.35 ¿Quién nos apartará del amor de Cristo?
¿La tribulación, o la angustia, la persecución, el hambre, la
indigencia, el peligro, o la violencia?36 Así está escrito: «Por
tu causa siempre nos llevan a la muerte;¡nos tratan como a ovejas
para el matadero!» 37 Sin embargo, en todo esto somos más que
vencedores por medio de aquel que nos amó. 38 Por lo cual estoy
seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados,
ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir, 39 ni lo alto, ni lo
profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de
Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro.
La Recompensa: Tenemos una recompensa, que son todas las cosas. Dios no se guardó ni a su hijo para tí, así que ¿como no habrá de darte todas las cosas?. Vida eterna, un cuerpo renovado e incorruptible. Un cuerpo sin tendencia al pecado como el que ahora tienes. Sentirte bien, estar en el Cielo. Esa es la recompensa. Sin nadie que te acuse, porque el Diablo no va a estar allí.
Los vencedores: Tenemos también unos vencedores. No sólo vencedores, sino más que vencedores, que somos nosotros. Y lo somos por medio de aquel que nos amó. Gracias a Cristo es que hay una posibilidad de victoria. ¿Qué identifica a los vencedores aquí?. No son los que prosperan, no son los que son muy buenos. No son ni siquiera los que cantan y saltan mucho y dan palmas. La victoria, que es lo que marca a un vencedor es no separarse del Amor de Dios.
Cuando estás pegado al Amor, cuando caminas con Dios, cuando estás en comunión con Dios. Estás unido a él y eres vencedor y más que vencedor. Cuando estás apartado de Dios, y caminas por ahí, aún si ni siquiera haces algo malo sino que en tu vida Dios ni se te pasa por la cabeza, estás separado de Él. No eres más que vencedor ni vencedor.
Lo que se vence: Si ser vencedor es no separarse del Amor de Dios ¿qué es lo que tenemos que vencer?. Es simple. Tenemos que vencer todas las cosas que nos separan de Dios. En eso consiste la victoria. En que a pesar de que haya dificultades, tribulaciones, angustias, se te parta la pierna, tengas hambre o sufras violencia te mantengas pegado a Dios. Las dificultades van a querer separarte de Dios, el pecado va a intentar separarte de Dios. Las tentaciones van a intentar separarte de Dios. Todo esto orquestado por un viejo conocido que es el Diablo para separarte de Dios.
El Diablo Zarandea
La lucha no es contra carne ni contra sangre en definitiva. Es contra poderes y principados (Efesios 6:12). Y el Diablo es fuerte. No es Dios, pero si que tiene poder. Y si eres cristiano e hijo de Dios va a por tí. Está en guerra constante y no está de broma, no está jugando sino que quiere destruirte completamente.
Bombardea con pensamientos para que caigas y te apartes, enviándote problemas y calamidades para que te preguntes ¿dónde está Dios?. El se va a meter por toda grieta para atacar y no está jugando sino que está en una guerra seria con un odio asesino, intentando llevarse todas las almas que pueda.
El diablo te zarandea y lo hace con fuerza. Para que caigas. Para que te apartes, para llevarte lejos de Dios. Ese es el único objetivo. A tí te corresponde luchar para no apartarte.
Lucas
22:31-32
31 Dijo también el Señor: Simón, Simón, he
aquí Satanás os ha pedido para zarandearos como a trigo; 32 pero yo
he rogado por ti, que tu fe no falte; y tú, una vez vuelto, confirma
a tus hermanos.
Es interesantísimo. Satanás no tiene más poder sobre tí que el que Dios le permite. Tiene que pedir permiso para poder meter buena caña a una persona. Dios, en ocasiones, no te evita el zarandeo, no te evita la lucha, sino que te da la suficiente fuerza para enfrentarla “yo he rogado por tí para que tu fe no falte”. A Pedro le faltó esa fe y negó a Cristo tres veces pero luego se arrepintió y volvió. Esa fuerza para seguir es la que Dios da, para volver aún después de haber caído.
A nosotros nos gustaría que Dios nos evitara la prueba, pero no funciona así la cosa. Tu puedes orar para pedir que se te evite la prueba, estás en tu derecho. Pero Dios es fiel en permitirla si es necesaria.
Igual le pasó a Job. Satanás pidió permiso para perjudicarle y Dios se lo permitió hasta cierto punto (Job 2:4-8).
¿Cuál es nuestra parte ante el zarandeo de Satanás? Vencer.
En Apocalipsis 2 y 3 tenemos unos mensajes muy interesantes que Jesús en persona da a las iglesias. Son interesantes porque todos ellos son dirigidos a iglesias de creyentes, no a gente que nunca ha escuchado el evangelio. A cada una les amonesta con una cosa: a unas porque se han enfriado. A otras porque hay pecado dentro de ellas. Pero el mensaje que les deja a todas ellas al final tiene mucho parecido:
Sí leemos Apocalipsis 2:7. Apocalipsis 2:17 y Apocalipsis 2:26, el mensaje es clarísimo. Hay que vencer frente a Satanás.
Apocalipsis
2:10-11
10 No temas en nada lo que vas a padecer. He aquí,
el diablo echará a algunos de vosotros en la cárcel, para que seáis
probados, y tendréis tribulación por diez días. Sé fiel hasta la
muerte, y yo te daré la corona de la vida. 11 El que tiene oído,
oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias. El que venciere, no
sufrirá daño de la segunda muerte.
En lugar de decir a las Iglesias, no os preocupéis...yo estoy aquí para salvaros para prosperaros y que no sufráis daño alguno. ¿Qué les dice Jesús? Que serán probados. Echados en la cárcel diez días. Eso es duro ¿cómo puede el Señor permitir esto?
Para el bien mayor. Para fortalecer el carácter. Para que haya una victoria. Les dice “Se fiel hasta la muerte”. Esto te dice Jesús: quédate conmigo aunque sea duro. Quédate conmigo aunque duela. Quédate conmigo aunque sufras y yo te daré la corona de vida. No sufrirás la segunda muerte.
Vencer en el Ahora
La victoria no se gana el día que comienzas a caminar en Cristo. La victoria no es una cosa que ganas una vez porque en su día hiciste algo muy bueno y predicaste a las naciones. Tampoco la victoria se pierde porque hayas sido un asesino un idólatra o un adúltero.
La victoria es en el aquí y en el ahora. No es cuando te quedes desocupado, no es cuando el trabajo te deje. Es ahora que tienes que decidirte a no apartar tu mente del Señor. En este momento. No valen las victorias de ayer ni las que sueñas mañana.
Ahora mismo en la mente de cada uno hay una lucha. Ahora mismo puedes tener victoria. Ahora mismo en tu cabeza estás pensando en algún pecado o hábito oculto. Ahora mismo puedes hacer el esfuerzo de perdonar a esa persona que te hirió. Ahora mismo puedes tomar una decisión de leer la palabra para acercarte más a Dios. Ahora puedes decidir ayudar de tu bolsillo aunque te duela a ese amigo que te pidió prestado..Cada batalla se gana en el ahora.
Probablemente, ahora mismo el diablo te está diciendo ¿cómo lo vas a hacer ahora? Déjalo para mañana. No lo escuches, ¡Ten fe!, pégate a Dios.
No importa si ayer le fallaste, no importa si ayer caíste, nada de eso importa. Ese es el poder que Dios te da, hazlo ahora. Arrepiéntete en el corazón y abraza la salvación que Dios te ofrece y no te sueltes. No te sueltes.
Manteniéndolo Simple
Tienes que vencer sobre ese pecado que te ata. Que te separa de Dios, ahora. En este día de hoy porque cada día tiene su preocupación.
Hay muchos tipos de tentaciones. Hay muchas maneras en que en tu mente puede venir el pensamiento de apartarte de Dios. Pero prácticamente todos los dilemas que te surgen en la cabeza se pueden reducir a una respuesta simple: Sí o No.
El engañador va a buscar derrotarte intentando que le des vueltas al asunto en la cabeza. Demasiadas vueltas. Y no es ni siquiera razonamiento sino convencerte de que te lo vas a pasar bien, o de que tu te lo mereces o de que son tus derechos o de que tú lo vales. Y si le das cabida a razonar mucho sobre el pecado potencial, es muchísimo más fácil que caigas.
Hay que tener claro que tu tienes que vencer en cada situación porque las promesas de Dios son para el que vence.
Ejemplo
A1:
Vienes cansado del trabajo todo el día. No te ha dado
tiempo ni de orar ni de estar un ratito con Dios. Pero aún te queda
una hora o así para acostarte. Y a la mente te viene una pregunta
¿será que pongo la tele un rato y veo una película?
Y ahora empiezas a dialogar en tu mente: “La palabra de Dios me va a edificar más...pero es que me da pereza leer. Y ahora están dando un programa de chistes muy bueno. Necesito divertirme, relajarme. Pero por otra parte la palabra de Dios es descanso...pero es que no me dan ganas de leer ni de orar, que narices, no hay que ser religioso. Me lo he ganado. Voy a ver la tele.”.
Ejemplo
A2: manteniéndolo simple
Tan pronto como piensas: “¿Será
que pongo la tele un rato y veo una película?” respondes No.
“¿Será que leo un ratito la Biblia y oro?” Sí. Victoria
automática. Te mantuviste pegado al Señor.
Igual de fulminante, rápida y simple debería ser la respuesta a otras preguntas:
¿Ayudo a ese pobre? Sí.
¿Será que me veo esa película que sé que va a tener escenas no recomendables? No
Tengo mucho dolor por la traición que me hicieron ¿será que me bebo esta botella de alcohol? No
Mantenlo simple: Sabes que está mal, sabes por la palabra que está mal, te han enseñado que está mal y el Espíritu Santo con su voz desde dentro te dice que está mal. Dí No, y termina la discusión en ese punto.
En la guerra un soldado no duda. Dispara sin miramientos. Haz tu lo mismo y dispara al diablo y vence. No me voy a apartar del Señor, No voy a cometer ese pecado. No voy a ir por ese camino.
Porque si dices sí, igual no pasa nada en el momento. Pero tu carácter se hizo un poco peor. Y cuando vuelva a ti una situación similar, vas a caer de nuevo. Es cierto que luego vuelves al Señor y te arrepientes pero el carácter sigue sin formarse. Cada falla es una derrota. Y esas derrotas te pueden llevar lejos del Señor.
Sé más que vencedor. No le des ninguna rendija al Diablo.
La Compañía Adecuada: los Hermanos
En esta lucha contra poderes y principados, en esta lucha por mantenernos pegados al Señor, por aferrarnos a Él tenemos todo en contra. El diablo, el mundo, nuestra propia carne que es corrupta y quiere pecar. Pero tenemos dos cosas a favor que son determinantes.
Una es Dios. La Biblia dice que uno no puede ser tentado más allá de lo que puede soportar y que Dios es fiel para darte una salida. Si tu aguantas. Si tu resistes, si tu de veras quieres vencer sobre el pecado, sobre la ira, sobre el cigarrillo sobre la adicción al juego, sobre la falta de perdón, tienes que esforzarte con la mente puesta en no apartarte de Dios.
Cuando te esfuerzas, Dios es fiel. La ayuda viene. Te sientes fortalecido, te llegan las alas de águila. Tanto que muchas veces vuelves a caer por orgullo.
La segunda cosa a favor son los hermanos de la Iglesia. Porque el mundo no puede entender tu lucha. El mundo no puede entender que tu luches por no beber, por mantener los ojos quietos, por evitar la envidia. Pero tus hermanos de la Iglesia sí. Da mucha alegría ver la cara de un hermano, porque es un compañero en esta batalla.
Las tentaciones y los problemas que tengas pueden parecerte muy especiales. Puedes creer que tu lucha es muy especial, pero en realidad son siempre las 7 o 8 mismas cosas: Orgullo, Ira, Pereza, Lujuria, Gula...todos, todos pasamos por lo mismo. Y podemos hablar de ello. Podemos apoyarnos los unos a los otros. Podemos orar los unos por los otros. No estamos solos en esta lucha.
Un Cristiano puede acabarse viendo solo por necesidad. Porque viva en un sitio apartado donde no hay otros, o en un barco, u otro caso especial. Dios tiene misericordia de él. Le va a ayudar de forma especial y le va a dar una Gracia adicional para suplir la falta de hermanos.
Pero para la mayoría, nos hacen faltan los hermanos. Nos hace falta congregarnos. Soportar a otros sus cargas. Escucharlos y que nos escuchen. Compartir la pasión que nos une.
El Pegamento: el Perdón
Y también es necesario aprender a soportar las heridas y a perdonar. El perdón es algo que se ha de regalar a todo el mundo, pero la Biblia habla específicamente de los hermanos.
Mateo
18:21-22
21 Entonces se le acercó Pedro y le dijo: Señor,
¿cuántas veces perdonaré a mi hermano que peque contra mí? ¿Hasta
siete? 22 Jesús le dijo: No te digo hasta siete, sino aun hasta
setenta veces siete.
Dice “mi hermano”. Lo que mantiene a un grupo de gente unida no es la perfección con la que se tratan. Es el no guardar rencor. Porque por mucho que nos amemos, por mucho que nos lo pasemos bien, por mucho que seamos respetuosos, al final siempre va a surgir esas riñas tontas esas peleas o ese tú me dijiste, o tú no me llamaste o tú no te acordaste.
Lo único que puede tapar eso es el perdón. El perdón es el pegamento que mantiene unidos a los hermanos. Haz como antes decía, mantenlo simple: ¿Será que debo perdonar? Sí. No son necesarios más razonamientos.
Despójate un poco de tus derechos y pégate al hermano. ¿Discutirían los soldados de un ejército unos con otros mientras están en plena guerra?
En guerra estamos y no es contra carne ni sangre. La victoria es la salvación. Ocupémonos en ella con temor y con temblor, apoyando los unos a los otros y orando los unos por los otros.
***
Vayamos en esta ocasión a Juan 1:9-12
9 Aquella luz verdadera, que alumbra a todo hombre, venía a este mundo. 10 En el mundo estaba, y el mundo por él fue hecho; pero el mundo no le conoció. 11 A lo suyo vino, y los suyos no le recibieron. 12 Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios;
La luz verdadera, que es la de Dios, alumbra a todos los hombres. Todos tienen oportunidad de conocer a Dios porque como dice el apóstol Pablo (Romanos 1:18-22), está claro que lo que nos rodea fue hecho por alguien superior. En realidad, para convencerse de que el mundo y todo lo que contiene se hizo solo, hay que hacer un esfuerzo mental y ponerse a inventar teorías, perderse en absurdos razonamientos. Es bastante más natural pensar que lo hizo alguien.
Así pues Jesús viene al mundo, un mundo que estaba hecho por Él mismo. Pero no le conocieron. Y no le recibieron. Pero a los que sí le recibieron, fueron hechos hijos de Dios.
Esos son los cristianos, y por eso es necesario recibir a Cristo. Pero lo que veremos hoy es que esta posibilidad de recibir nos llega de rebote. Jesús llega a nosotros porque los Judíos, a quienes fue primero, no le recibieron. Y no lo recibieron porque no lo conocieron.
El Pan de los Hijos
Para ver esto, veamos un pasaje en Mateo.
Mateo
15:21-28
21 Saliendo Jesús de allí, se fue a la región
de Tiro y de Sidón. 22 Y he aquí una mujer cananea que había
salido de aquella región clamaba, diciéndole: ¡Señor, Hijo de
David, ten misericordia de mí! Mi hija es gravemente atormentada por
un demonio.23 Pero Jesús no le respondió palabra. Entonces
acercándose sus discípulos, le rogaron, diciendo: Despídela, pues
da voces tras nosotros. 24 Él respondiendo, dijo: No soy enviado
sino a las ovejas perdidas de la casa de Israel.
Jesús estaba en la región de Tiro y de Sidón, probablemente a descansar de tantas multitudes y de tanta presión política. El era judío y estaba en un país extranjero.¿Por qué no presta atención Jesús a esta mujer? Porque no era Israelita. No era Judía, sino cananea. O al menos ese parece el motivo a primera vista.
¿Quiere esto decir que Dios solamente quiere a los judíos? No. El plan de Dios siempre fue para todo el mundo, pero la idea siempre fue llenar al pueblo de Israel en primer lugar. Pero él fue a los suyos y los suyos no lo recibieron.
Además lo que hace Jesús es probar a esta mujer para ver hasta donde llega su fe.
Vemos que muchas veces Jesús cura a la gente en las escrituras sin hacerse de rogar. De hecho también había curado al sirviente de un centurión Romano. El hecho no es que Jesús no quisiese a los que no eran Judíos sino que aquí quiere mostrar dos cosas:
1)Demostrar como Él fue enviado PRIMERO a los Israelitas, porque para ellos era la promesa del Mesías.
2)Demostrar como ha de ser una fe verdadera. Esta mujer cananea, aún no conociendo casi la Biblia, tenía una verdadera fe.
La Fe verdadera está puesta en el sitio adecuado: En Jesús.
La fe verdadera sabe que lo que pedimos a Dios, en realidad no nos lo merecemos. Por eso pide las cosas no como un derecho, sino como misericordia. Vemos en el versículo 22 como la mujer se enfoca en Jesús y además utiliza un tratamiento de reverencia (Señor, hijo de David).
La Fe verdadera es Humilde.
25 Entonces ella vino y se postró ante él, diciendo: ¡Señor, socórreme! 26 Respondiendo él, dijo: No está bien tomar el pan de los hijos, y echarlo a los perrillos. 27 Y ella dijo: Sí, Señor; pero aun los perrillos comen de las migajas que caen de la mesa de sus amos.
28 Entonces respondiendo Jesús, dijo: Oh mujer, grande es tu fe; hágase contigo como quieres. Y su hija fue sanada desde aquella hora.
La mujer se muestra humilde, hasta Jesús la llama “perrillo” y ella lo acepta. No le dice “¿Tú que clase de Dios eres humillándome así?, ¡tengo mi dignidad!” sino que lo acepta y aún siendo humilde, es astuta y dice “pero los perrillos también reciben”. Por eso finalmente Jesús le dice “Grande es tu fe”
Pero el tema es que esta mujer fue considerada un perrillo porque no pertenecía al pueblo de Israel. Nosotros tampoco lo somos. ¿Por qué somos hijos de Dios ahora y no perrillos? Porque el vino a los suyos, y los suyos no le recibieron (Juan 1:11) ¿por qué no lo recibieron? Porque no lo conocieron. Y no lo conocieron porque estaban ciegos.
Hay otra parábola que ilustra también este aspecto:
Mateo
22:1-12
1 Respondiendo Jesús, les volvió a hablar en
parábolas, diciendo:2 El reino de los cielos es semejante a un rey
que hizo fiesta de bodas a su hijo; 3 y envió a sus siervos a llamar
a los convidados a las bodas; mas éstos no quisieron venir.
El Rey es Dios, el hijo es Jesús. Los invitados o convidados, primeramente son el pueblo de Israel. Pero ¿qué hacen ellos? No reciben la invitación. Fijaos que se está invitando no a trabajar, sino a algo bueno. Pero no quieren ir.
4 Volvió a enviar otros siervos, diciendo: Decid a los convidados: He aquí, he preparado mi comida; mis toros y animales engordados han sido muertos, y todo está dispuesto; venid a las bodas. 5 Mas ellos, sin hacer caso, se fueron, uno a su labranza, y otro a sus negocios; 6 y otros, tomando a los siervos, los afrentaron y los mataron.
Se les sigue invitando. Se da oportunidad no solamente una vez, sino varias. Pero ellos no quieren acudir a lo que Dios les ofrece, porque están en sus cosas del mundo. Incluso se atreven a maltratar y a matar a los enviados de Dios.
7 Al oírlo el rey, se enojó; y enviando sus ejércitos, destruyó a aquellos homicidas, y quemó su ciudad.
Esto les sucedió a los Judíos literalmente. No quisieron recibir a Jesús, y lo mataron como homicidas. Y su ciudad, Jerusalén, fue totalmente destruida por los romanos en el año 70. Continuemos leyendo los versículos:
8 Entonces dijo a sus siervos: Las bodas a la verdad están preparadas; mas los que fueron convidados no eran dignos. 9 Id, pues, a las salidas de los caminos, y llamad a las bodas a cuantos halléis.
10 Y saliendo los siervos por los caminos, juntaron a todos los que hallaron, juntamente malos y buenos; y las bodas fueron llenas de convidados.
Al no recibir la invitación los que eran convidados en un principio, se invitó a más gente. A todos los que querían ir, en definitiva. Juntamente los buenos y los malos.
Porque para recibir a Cristo, lo que hace falta es una cosa: querer recibirlo. Querer estar en con Él en su banquete. No importa lo bueno o malo que hayas sido. Pero tienes que de verdad ir por Amor a Él.
11 Y entró el rey para ver a los convidados, y vio allí a un hombre que no estaba vestido de boda. 12 Y le dijo: Amigo, ¿cómo entraste aquí, sin estar vestido de boda? Mas él enmudeció.13 Entonces el rey dijo a los que servían: Atadle de pies y manos, y echadle en las tinieblas de afuera; allí será el lloro y el crujir de dientes.
Este último versículo es interesantísimo, y tiene un punto muy importante. Echan fuera a uno de los invitados porque no llevaba el vestido de boda.
Si tu mejor amigo o tu mejor amiga te invita a una boda, no vas en chándal o vestido con el pijama. Y esto es así porque la imagen que estás dando si vas en chándal es que no tienes ningún respeto ni reverencia por tu amigo, sino que vas a la boda solamente a hartarte de comer gratis. A Dios tampoco le gusta que vayas a Él solamente para llenarte y comer gratis.
Si vas al banquete que te ofrece Jesús, tienes que ir con Amor a Él y con respeto por lo que Él hizo, respetando esa invitación que Él te ofrece. No puedes venir a Jesús simplemente porque estar en el Cielo va a ser muy rico, o porque te va a regalar un coche, o porque en la reunión tienen buena música. Tienes que ir porque verdaderamente lo Amas, porque esa invitación que te hizo cuando no la merecías, te hizo amarlo. Y ese amor ha de ser desbordante de tal forma que llene a los demás, amando a los hermanos.
Lectura en varios Niveles
Así pues, esta parábola nos enseña en un primer nivel como la invitación de Cristo para ser salvos viene en cierto modo de rebote. Llega a los que no somos judíos porque los judíos no la recibieron (aunque si existió y existe una minoría de judíos creyentes).
En un segundo nivel, también puede verse que “muchos son los llamados y poco los elegidos”. Nosotros podemos llevar la invitación de Cristo a las personas y evangelizar. Y habrá muchos que no la quieran recibir (como los invitados a las bodas en la parábola leída anteriormente). Es bueno en este caso insistir una o dos veces, pero si aún así la persona no responde, no tenemos que agotarnos con ella. Hay mucha gente para invitar.
En Mateo 22:3-4 dice que el Rey envió y luego reenvió las invitaciones. Sí que es bueno reintentar, pero si no hay respuesta, se invita a otros.
Habrá personas que al escuchar la invitación, reconozcan al Dios verdadero. Dios les abrirá los ojos y el corazón y entonces lo recibirán.
En un tercer nivel, para los que somos ya hijos de Dios, Él tiene un banquete al que nos invita cada día. Cada día Él quiere llenarnos con su presencia. Tú puedes cada día aceptar la invitación de, llenarte de su Espíritu, llenarte de su palabra y de su amor...o puedes elegir excusas y dedicarte a otras cosas.
Puedes comer ese pan que el te da cada día y que Jesús nos enseña a pedir, o puedes dejar que el pan se lo coma otro. La comida de Dios es su presencia, pero también es hacer su voluntad
Juan
4:34
Jesús les dijo: Mi comida es que haga la voluntad del
que me envió, y que acabe su obra.
Si Dios te da la oportunidad de servir en algo, te está ofreciendo comida. Porque si sirves vas a llenarte y vas a crecer espiritualmente. Si no sirves ¿qué pasa? Pues simplemente ese trabajo lo hará otro. La invitación pasa a otra persona y esa es la que será alimentada y recibirá la bendición.
Dad y recibiréis. Recibir es dar, y dar es recibir. Y para poder recibir, tienes que querer recibir. No hacer como hizo gran parte del pueblo Judío en la época de Jesús.
El viene a los suyos cada día, no seamos personas que no le reciben.
***
El Ejemplo de Moisés
Números
12:3
A propósito, Moisés era muy humilde, más humilde
que cualquier otro sobre la tierra.
Moisés es uno de los más grandes hombres del Antiguo Testamento. Sin embargo la historia en la Biblia nos cuenta como no tenía nada demasiado especial o que fuera de destacar. Era muy melancólico y con frecuencia se desesperaba por tener que cargar con el pueblo, también era tartamudo y sin embargo se tuvo que presentar ante el faraón. Sin embargo aquí vemos una cualidad fundamental de su persona y es que era humilde.
Nosotros hoy día gustamos de que cualquier cosa que hacemos se vea para poder presumir o incluso para que la gente nos mire con agrado.
Moisés sin embargo nunca presumió de lo que había hecho, nunca echó en cara su autoridad al pueblo que le seguía. A veces se enfadaba, o decía ¿por qué a mí? pero es que la gente con la que le tocó trabajar era en verdad difícil de soportar. Decían cosas como:
-¿Por qué no nos dejastes en Egipto? allí teníamos variedad de comida.
-¿Por qué nos has traido aquí a morir en el desierto?
-Moisés ya no volverá, hagamos un becerro de oro.
Y así muchas cosas más. A Moisés le correspondía juzgar al pueblo cada día, hasta que le dijeron que podía preparar a otros para juzgar en su lugar. Los melancólicos se suelen cargar con la responsabilidad ellos solos y les cuesta pedir Ayuda. Además Moisés subió y bajó varias veces el Sinaí con una edad avanzada y sin embargo nunca se engrandeció a sí mismo por toda esta obra que hizo.
Sigamos leyendo de la Biblia un poco más:
Números
12:6-8
6 el Señor les dijo: «Escuchen lo que voy a
decirles: »Cuando un profeta del Señor se levanta entre ustedes, yo
le hablo en visiones y me revelo a él en sueños. 7 Pero esto no
ocurre así con mi siervo Moisés, porque en toda mi casa él es mi
hombre de confianza. 8 Con él hablo cara a cara, claramente y sin
enigmas. Él contempla la imagen del Señor. ¿Cómo se atreven a
murmurar contra mi siervo Moisés?»
El que tiene un amigo famoso presume de él. Si hay algo de poder presumir y enorgullecerse es de tener a Dios por amigo y hablar con Él cara a cara, pero Moisés en cambio era humilde.
Aquí vemos que alguien estaba murmurando a las espaldas de Moisés. El pueblo era guiado por Moisés junto con su hermano Aaron que era el jefe de los sacerdotes por así decirlo. La Biblia nos dice que en un determinado momento Moisés tomó por esposa a una mujer Egipcia, y al parecer de ahí es que venía la murmuración. (Números 12:1, Números 12:2). ¿Qué culpa tenía esa mujer? ¿Cómo podían olvidar lo mucho que ya había hecho Moisés? Sin embargo estas personas lo olvidaron.
La murmuración viene muchas veces por algo que se toma como pie para atacar por ahí. Las personas somos así y nos agarramos a una falta para desprestigiar a una persona entera, olvidándonos de cualquier otra cosa buena que ya pueda haber hecho y tirarla abajo. En este caso Moisés ni siquiera había hecho nada malo: en esos tiempos era normal tener varias esposas y no sucedía nada. Pero probablemente se trataba de un tema de racismo, ya que su mujer era Egipcia.
Centrándonos en la humildad, si recorremos la Biblia, podemos ver que todos los hombres y mujeres con los que Dios ha tratado y hablado eran personas humildes. No eran personas presuntuosas ni presumidas.
Noé era un hombre humilde, Abraham también, Jacob, José, Moisés...todos ellos eran personas humildes. De igual forma observamos esa virtud en las mujeres de la Biblia: Esther, Rut, María...
El rey David solía decir al Señor: ¿Quién soy yo para que de mí te acuerdes? Mostrando su humildad a pesar de ser uno de los reyes más poderosos del mundo Antiguo.
El rey Salomón, muy rico y poderoso, le pidió al Señor: soy sólo un muchacho y no sé como comportarme (1 Reyes 3:7).
Creo que si Dios hablaba con Moisés directamente era por su humildad. Si seguimos leyendo el pasaje en Números 12, vemos que Moisés ni siquiera abrió su boca para defenderse sino que fue Dios quien lo defendió de los que le estaban acusando. Las personas defensivas suelen ser orgullosas, pero no era este el caso de Moisés.
Dios te hizo para Él
"Dios nos hizo para Él, y nuestro corazón estará inquieto hasta que descanse en Él."
Agustín de Hipona.
Imaginemos un pintor que pinta un cuadro. ¿Qué hace si no le gusta el cuadro? pues probablemente lo tira. ¿Por qué? porque el cuadro lo ha hecho para Él mismo. Imaginemos al mismo pintor que pinta otro cuadro y tampoco le gusta, pero alguien, probablemente un amigo, le dice "regálamelo que a mí si me gusta" en este caso el pintor, en lugar de tirarlo, lo regala. De todas formas el pintor lo hizo para él mismo, solo que en este caso le agrada regalarlo a su amigo.
De la misma forma Dios nos creó para Él y solamente para Él. El objetivo principal de Dios al crearte no es que tuvieses una buena vida, ni que fueses feliz, ni que tuvieses una autoestima alta. Dios no quiere ser solamente alguien a quien acudes si tienes un problema y una vez resuelto, te alejas sigues viviendo tu vida como si tal cosa.
El te creó para sí mismo. Para poder amarte, porque Dios es amor. ¿Por qué tenemos hijos? para poder amarlos. El amor de Dios te va a hacer feliz, y te va a dar una buena vida y hasta te va a dar estima (estima en Cristo), pero el propósito primero y primordial no es que tu tengas todas esas cosas sino que tengas a Dios.
Y comprender eso es algo que te va a llenar de humildad. Nada de lo que te rodea está hecho para nosotros porque seamos muy importantes. Todo lo que tenemos es por Amor de Dios. Absolutamente todo. Toda esta historia se trata de Dios y no de los hombres.
Jesús decía:
Yo sólo
digo lo que el Padre me ha dicho a mí.
Yo sólo hago lo que el
Padre me ha dicho que haga.
Hagasé tu voluntad y no la mía.
Hemos visto que el mayor regalo que Dios puede hacer es darse a sí mismo. El quiere tenerte en sus brazos, quiere amarte, el quiere derretirte de Amor cuando tú lo contemples. Porque tú eres suyo, te hizo para Él.
Con quien habita Dios
Dios te ha hecho para Él y para que Dios pueda estar contigo, la humildad es necesaria. Miremos un momento un versículo.
Isaías
57:15
Porque lo dice el excelso y sublime, el que vive para
siempre, cuyo *nombre es *santo: «Yo habito en un lugar santo y
sublime, pero también con el contrito y humilde de espíritu, para
reanimar el espíritu de los humildes y alentar el *corazón de los
quebrantados.
Dios habita en un lugar alto y sublime. Claro está que ese es el Cielo, pero ¿dónde habita también? con el contrito y con el humilde de espíritu. Además dice que reanima el espíritu de los humildes y les da aliento. El que es orgulloso recibe el aliento de sí mismo, pero el que es humilde recibe aliento de Dios.
En el mundo se valora mucho ser alguien, tener una carrera o tener estudios, o tener dinero para poder sentirse uno orgulloso y tener la autoestima alta. Pero Dios lo que quiere es que seas humilde, más que tú seas un gran personaje. Dios no quiere tanto que estés seguro de tí mismo sino que quiere que estés seguro de Él.
En definitiva se trata de menguar para que crezca Él. El orgulloso está lleno de sí mismo y no cabe nadie más, es como una copa llena en la que no puedes meter más vino.
Y habrá quien diga: vale yo menguo para que crezca Dios, pero yo no me dejo de nadie ni que nadie me diga nada. Yo me someto a Dios pero no me someto a nadie más. Eso también es orgullo.
No hace falta someterse a los demás y ponerse de rodillas. Hay que ser humilde que es distinto. No creer que uno lo sabe todo y que lo que te digan lo demás no vale un pimiento. Cuando surge un conflicto o una discusión muchas veces se aprende más si dejas a un lado tu orgullo, te paras y piensas ¿seré yo que estoy equivocado?. Incluso a veces es la otra persona la que se ha equivocado pero ¿merece la pena pelearse o perder una amistad por seguir en tu postura?¿merece la pena perder una familia?.
No se trata de dejarse pisotear de los demás, se trata de que formas parte de algo más grande. Una familia que es la Iglesia.
***
Los cristianos tenemos un libro guía, que es como un manual de instrucciones y ese es la Biblia. La Biblia, aunque está compilada como un solo libro, realmente se compone de otros libros más pequeños. En total 66 libros que se dividen en dos grandes grupos: 39 libros en el Antiguo Testamento y 27 libros en el Nuevo Testamento.
Estos libros no fueron todos escritos al mismo tiempo, sino que se reparten entre cientos de años. Desde el 1.450 antes de Cristo los más antiguos hasta el año 70-90 después de Cristo. Esto significa más de 1.500 años entre los primeros libros y los últimos. Los no creyentes no ven ningún sentido a poner la confianza en lo que para ellos es un libro de fantasía, dicen que fue escrito por personas humanas y que lo que la Biblia dice no tiene por qué ser verdad.
¿Por qué es cierta la Biblia?
La pregunta es bastante lógica. Y tiene bastantes respuestas:
La Biblia es cierta porque en multitud de ocasiones cuando la lees se recibe orientación para la vida, te habla de lo que te está pasando o qué es lo que debes hacer. Es cierta porque te disciplina y te sacude con la verdad en la cara de tal forma a veces que hasta te hace llorar.
También la Biblia predice cosas que terminaron pasando después de ser escritas. Esto indica que es un libro profético y con poder. Predicciones sobre la historia de Israel por ejemplo, como el resurgir de su nación en 1947..
Pero sobre muchas otras cosas lo que da testimonio que la Biblia es cierta es la persona de Jesucristo.
La Figura de Jesús en la Biblia
Hoy día practicamente ningún historiador niega que Jesús existió. Eso lo podemos dar por hecho. Además de esto sucede que hay cientos de profecías en la Biblia sobre donde iba a nacer Jesús, cómo iba a ser su ministerio y como iba a morir. Si encontramos que hay partes de un libro que están escritas hace 3500 años y nos dan datos de algo que ocurrió hace 2000 años, tenemos muy fuertes razones para pensar que lo que dice el libro es cierto y no una fantasía.
Jeremías
23:5
»Vienen días —afirma el Señor—,en que de la
simiente de David haré surgir un vástago justo; él reinará con
sabiduría en el país, y practicará el derecho y la justicia.
Esto fue escrito 560 años antes de que naciese Jesús. Y ¿de quién está hablando? de Jesús. También habla la Biblia, antes de que sucediese, del lugar donde Jesús iba a nacer:
Miqueas
5:2
Pero de ti, Belén Efrata, pequeña entre los clanes de
Judá, saldrá el que gobernará a Israel; sus orígenes se remontan
hasta la antigüedad, hasta tiempos inmemoriales.
Esto fué escrito 700 años antes de Cristo. Sólo en un versículo nos dice que Jesús iba a nacer en Belén, que gobernaría (o sea que sería rey) y que sus orígenes se remontan hasta tiempos inmemoriales. Que no lo supiesen ver las personas en aquel tiempo resulta ya bastante extraño, pero nosotros podemos ver claramente como estas palabras se referían a Él.
Zacarías
9:9
¡Alégrate mucho, hija de *Sión! ¡Grita de alegría,
hija de Jerusalén! Mira, tu rey viene hacia ti, justo, salvador y
humilde. Viene montado en un asno, en un pollino, cría de asna.
Esta otra fue escrita 520 años antes de que Cristo naciera. Así toda la Biblia está centrada en torno a Jesús, estos pasajes son claros pero hay muchos más. Hay muchas historias de muchos personajes en la Biblia (Abraham, Noé, Jacob...) y en muchos de ellos podemos ver reflejos, pinceladas de la vida de Jesús.
Jesús en la Historia de José
Uno de los personajes que más reflejan la vida de Jesús es José. José era uno de doce hermanos, hijo de Jacob.
Desde el principio vemos que José era odiado por lo que decía:
Génesis
37:5-8
5 Cierto día José tuvo un sueño y, cuando se lo
contó a sus hermanos, éstos le tuvieron más odio todavía,6 pues
les dijo:
—Préstenme atención, que les voy a contar lo que he soñado.7 Resulta que estábamos todos nosotros en el campo atando gavillas. De pronto, mi gavilla se levantó y quedó erguida, mientras que las de ustedes se juntaron alrededor de la mía y le hicieron reverencias.
8 Sus hermanos replicaron:
—¿De veras crees que vas a reinar sobre nosotros, y que nos vas a someter?
Y lo odiaron aún más por los sueños que él les contaba.
De igual forma, cuando Jesús formuló su naturaleza inmortal, también buscaron matarle.
Juan
8:58-59
58 —Ciertamente les aseguro que, antes de que
Abraham naciera, ¡yo soy!
59 Entonces los judíos tomaron piedras para arrojárselas, pero Jesús se escondió y salió inadvertido del templo
Siguiendo con la historia de José, sus hermanos le tomaron tanto odio que lo vendieron a los mercaderes por 20 monedas de plata (Gen 37:28) mientras que Jesús fue vendido por 30 monedas de plata (Mateo 26:15). Después de que lo vendieran los mercaderes de esclavos volvieron a vender a José a un Egipcio, Putifar, y este comenzó a prosperar. Sin embargo la mujer de Putifar lo tentó y aunque José superó la prueba y no cayó en la tentación, lo metieron en la cárcel con acusaciones falsas.
De igual forma Jesús superó las tentaciones y en pago a sus acciones fue puesto en la cruz.
Pero ahí no acaba la historia. En la cárcel José conoció al copero del faraón y le interpretó un sueño. Luego el faraón le pidió que le interpretara otro sueño (acerca de las 7 vacas gordas y las 7 flacas) y como José lo hizo bien el faraón lo puso al frente de Egipto. Así José pasó de ser un pobre muchacho vendido por sus hermanos a ser un hombre con gran autoridad y poder:
Génesis
41:41-42
41 Así que el faraón le informó a José: —Mira,
yo te pongo a cargo de todo el territorio de Egipto.