Excerpt for Aprendiendo a fracasar: cómo identificar y solucionar la causa de tus fracasos by Víctor De Miután, available in its entirety at Smashwords

Aprendiendo a Fracasar

La neurosis de fracaso: causas, efectos y soluciones.

Por Víctor De Miután

Publicado por / Published by LeDiableCréations - Primera edición - Versión 1.0

Smashwords Edition

Copyright 2012 Víctor De Miután

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Índice

Introducción

Qué es la neurosis de fracaso

Efectos y síntomas

Causas

Soluciones

- Solución general: confrontación

- Solución parcial: expresar la rabia

- Solución parcial: PNL, repetición positiva

- Solución individual: resolución simbólica

Notas finales

Introducción

Si hay algo en lo que me puedo considerar un experto de verdad, más allá de mi experiencia y formación, es en fracasar. Mi historial de fracasos es ancho y amplio, con fracasos en casi todos los campos: en los negocios, en los estudios, en las relaciones, en el amor, en la familia... he pasado por fracasos pequeños y grandes, ligeros y profundos, que se veían venir e inesperados. Fracasos de todos los colores y formas.

Podría hacer un currículum vitae de mis fracasos, superados o vigentes, por campo vital:

* * *

-- Currículum de Fracasos de Víctor De Miután --

Fracasos intelectuales:

- Dejé una carrera de ciencias en el cuarto año de carrera para irme a una de artes...

- ...y dejé la de artes en el segundo año de carrera.

- Tenía una media de Excelente durante el bachillerato hasta el último curso, en que suspendí todo y tuve que repetir.

- Solía abandonar muchos libros a un capítulo o dos del final.

Fracasos emocionales:

- He compartido mi vida con 7 mujeres diferentes. A todas las acabé dejando excepto a una. Sólo otra ha sido capaz de entenderme y querer seguir conmigo.

- Una vez fui infiel y lo oculté durante mucho tiempo.

- Nunca tuve una relación cercana ni con mi hermano ni con mi padre. Mi padre murió sin que le hubiera dicho nunca 'te quiero'.

- De pequeño, mentía compulsivamente.

- De adolescente, no era capaz de confiar en mis amigos.

- La relación con uno de mis mejores amigos se rompió cuando éste traicionó mi confianza, pagando conmigo sus propios problemas de relación, en un momento en el que trabajaba para él.

- He sido adicto al tabaco y la marihuana.

- No era capaz de apreciar mis cualidades ni darme autoestima.

Fracasos sexuales:

- Muy pocas veces en mi vida me sentí satisfecho sexualmente, por muchas cosas nuevas que probara.

- Casi todas las parejas que escogía tenían problemas sexuales de un tipo u otro.

- De adolescente, no tenía clara mi orientación sexual.

- Perdí la virginidad a los 21, mucho más tarde que el resto de mis amigos.

Fracasos creativos:

- Jamás me sentía satisfecho por ninguna de mis expresiones artísticas.

- Me sometía a un autojuicio constante que me llevaba a la parálisis creativa.

- He sido perfeccionista hasta la extenuación, dando muy pocas veces algo por realmente acabado.

- He comenzado literalmente decenas de proyectos y sólo era capaz de finalizar unos pocos.

- Hasta edad bien avanzada, negaba mis inquietudes artísticas.

Fracasos materiales:

- Cerré varios negocios, todos por causas diferentes.

- Perdí mi apartamento y me embargaron las cuentas del banco.

- Toda mi vida el dinero fue escaso, ha estado presente sólo por temporadas y me sentí no merecedor de tenerlo.

* * *

Muchos de estos fracasos fueron superados en su día, total o parcialmente, y sólo las consecuencias de un par siguen dándome algún problema de vez en cuando hoy en día. De fracaso en fracaso aprendí algunas cosas: unas eran obviedades, otras tópicos que se revelaban como verdaderos, a veces por sorpresa; casi todas llegaron como consejos de amigos y familiares o las encontré escritas en alguna parte: que lamentarse es inútil, cualquier problema tiene solución, todo es cuestión de actitud, yo soy el único responsable de mi vida...

Todas estas cosas que aprendía durante el camino me ayudaban de una forma u otra a superar cada situación. Pero, sin embargo, continuaba fracasando. Era obvio entonces que la raiz de mis fracasos debía encontrarse en otra parte, que no era cosa de no haber aprendido a lidiar con cada uno de los aspectos de mi vida, sino que debía haber algo en común, algo que me hacía fracasar en cualquier caso. Siguiendo el lema del Nosce Te Ipsum, empecé a estudiarme e investigar en mi y en los demás las diversas causas de fracaso. Y encontré un único factor en común: casi todos los fracasos se debían a que, antes de empezar a hacer algo, había una sensación más o menos inconsciente de "no poder" hacer lo que se quería hacer.

¿De dónde salía ese "no puedo"? Años más tarde después de empezar a investigarme, encontré tres palabras que describían perfectamente lo que me sucedía: neurosis de fracaso.

Me ví retratado en las descripciones de los efectos de la neurosis de fracaso: empiezas mil cosas y acabas muy pocas, tienes baja autoestima, sentimientos de culpabilidad irracionales, tendencia al autosabotaje inconsciente, problemas de relación... y sobre todo, sufres porque te das cuenta de ello. Te ves fracasar y a la vez te ves incapaz de tener éxito, pero no pierdes las ganas de seguir intentándolo, encadenando así fracaso tras fracaso. En el camino aprendes muchísimas cosas, pero por mucho que aprendas descubres cada vez nuevas formas de fracasar que no esperabas... porque en el fondo es lo que sabes que va a pasar. es decir, hay una parte inconsciente de ti que desea fracasar.

En mi vida he llevado a cabo muchas acciones, grandes y pequeñas, intentando solucionar ese "no puedo" irracional, que en el fondo no es más que el mismo miedo a fracasar, bajo diferentes formas: casi siempre, rabia y dolor reprimidos. Por todo ello, me gustaría compartir en este libro todo lo que he aprendido sobre la neurosis de fracaso, tanto de los textos que he estudiado como de mi propia experiencia. Así, aquí encontrarás todo lo que sé de primera mano de esta neurosis: qué es, de donde viene, sus efectos, sus causas y las soluciones que he encontrado, probado y aplicado, con éxito y sin él.

Todo ello me ha sido útil para dejar atrás la gran mayoría de fracasos de mi currículum: si este texto le es útil a alguien más, los habré convertido en triunfos. Porque, al fin y al cabo, triunfar no es más que aprender a fracasar.

Espero de todo corazón que este texto te ayude a ayudarte, igual que me ha ayudado a mí.

Tarragona, Enero de 2012

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Qué es la neurosis de fracaso

Una neurosis es un trastorno del comportamiento en la que quién la padece es consciente de su estado y desea curarse. Esta conciencia de 'estar mal' y no saber cómo solucionarlo produce un sufrimiento de forma continua, que muchas veces incapacita para hacer lo que se desea.

La neurosis de fracaso se caracteriza por el fracaso continuo en aquello que se desea hacer, o bien por la incapacidad de mantener aquello que se ha conseguido. Quien sufre una neurosis de fracaso, casi invariablemente se autosabotea inconscientemente para no conseguir aquello que, a la vez, desea. Así, las personas que lo sufren se suelen sentir divididas: por una parte, pueden saber qué quieren hacer y sentirse incapaces de conseguirlo (o al contrario, saber qué no quieren hacer y ser incapaces de dejar de hacerlo) y por otra parte, pueden simplemente sentir que nada les llena, sin ni siquiera saber qué desean, empezando mil cosas sin acabar nunca ninguna (o no empezar ninguna, haciendo siempre mil planes para comenzar). En resumen, la neurosis de fracaso se caracteriza como una incapacidad para llevar a buen fin los propios deseos, una incapacidad para realizarse como individuo pleno y feliz identificando y consiguiendo las propias metas.

Podemos encontrar la raiz de la neurosis de fracaso en la educación, activa o pasiva, recibida por nuestros padres. Si de alguna manera se nos inculca que debemos ser como nuestros padres, esa educación se convierte en una carga al negarnos libertad de acción y decisión: si al niño se le enseña de una forma u otra que debe seguir los pasos de los padres, no superarlos, que su nacimiento fue una carga, que no se le deseó, que los decepcionó al no ser o hacer lo que ellos querían, etc., es muy posible que ese niño sufra de adulto una neurosis de fracaso, sintiendo por una parte sus propios deseos de realización y por otra parte la prohibición explícita o implícita de sus padres de no realizarse: en resumen, sintiéndose dividido entre sus propios deseos y los de su familia. El mensaje básico recibido en su educación es “No es bueno que seas tú mismo”

Para solucionar esa división interna, el adulto fracasa: intenta llevar a cabo sus propias acciones, y por fidelidad a la educación recibida no lo consigue (o si lo consigue, es sólo con gran esfuerzo y para volver a fracasar más tarde). Quién sufre una neurosis de fracaso se niega continuamente la satisfacción. Esto puede ser la raiz de sentimientos de vergüenza, culpabilidad, excesiva autocrítica, perfeccionismo inhabilitante, complejo de inferioridad, baja autoestima, frustación crónica, autodecepción, angustia, etc.

En la base de cualquier neurosis de fracaso se encuentran sentimientos reprimidos. Estos sentimientos suelen ser una gran mayoría de veces rabia o dolor no expresados, que tienen su origen en el hecho de 'desobedecer' la educación recibida.

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Efectos y síntomas

El síntoma básico de la neurosis de fracaso es la incapacidad para realizarse y sentirse satisfecho. Puede mostrarse como una serie de fracasos recurrentes, dependencia de los demás, falta de identidad, miedos infundados, conflictos en las relaciones, etc.; es decir, en todo tipo de formas que impliquen un fracaso en conseguir o mantener algo que se desea.

Como 'fracaso' podemos entender casi infinitas cosas, ya que las acciones y comportamientos para fracasar pueden ser diferentes para cada individuo; a veces mostrarse obvias y otras de formas más sutiles. Así, es útil dividir los fracasos en cinco tipos diferentes según el campo vital en que aparezcan:

• Fracasos intelectuales: no sentirse 'suficientemente inteligente', fracasar en los estudios, incapacidad para resolver problemas, no saber expresarse, autocrítica represora, problemas de identidad, desvalorización...

• Fracasos emocionales: incapacidad para comenzar o mantener relaciones satisfactorias y llevarlas a buen puerto, tanto amorosas como sociales; fobias incapacitantes, ansiedad y angustia inhabilitantes, sentimientos irracionales de culpa o vergüenza, adicciones, rabias reprimidas...

• Fracasos creativos: incapacidad de expresión creativa, mediocridad, dificultades para enseñar, frustración permanente, autoexigencia de perfección...

• Fracasos sexuales: impotencia, frigidez, anorgasmia, esterilidad psicosomática, insatisfacción crónica, dificultades para identificar o aceptar la propia identidad sexual, adicción al sexo...

• Fracasos materiales: incapacidad para ganar el propio sustento, dependencia económica, imposibilidad de acabar lo que se empieza, falta de concentración en una sola actividad, no poder trabajar con placer...

Podemos ver la neurosis de fracaso como un castigo autoinflingido por no seguir las instrucciones vitales transmitidas por los padres. Así, en cada uno de los campos anteriores la neurosis se expresa de una forma diferente, pero en todos presenta un denominador común: la negación del placer de ser o hacer lo que uno realmente quiere, por encima de la educación recibida. De forma inconsciente, nos negamos ese placer al sentir que lo tenemos prohibido: si lo consiguiéramos, estaríamos incumpliendo las normas familiares. La parte de nosotros que es aquel niño que recibió las órdenes se niega a ello, ya que incumplir la propia educación es el equivalente inconsciente a traicionar a la familia y por lo tanto, en un nivel simbólico e irracional, a ser abandonado por quien nos da el sustento y morir. Desde este punto de vista, podemos considerar también la neurosis de fracaso como un deseo de ser adulto (independiente) y a la vez mantenerse niño (dependiente), explicando así la sensación de división interna de quién la sufre.

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Causas

Podemos investigar las causas de la neurosis de fracaso desde un punto de vista genealógico, definiendo los valores transmitidos (en este caso, prohibiciones o limitaciones) de padres a hijos. En general, se pueden identificar dos tipos de padres propensos a que sus hijos desarrollen neurosis de fracaso, muchas veces por haberla padecido ellos mismos:

1. Madre posesiva

Una madre posesiva es un tipo de madre infantilizadora, que imposibilita al niño convertirse en adulto cuando llega el momento. Suelen ser mujeres con problemas de relación con los hombres, lo que hace que consideren a sus hijos como exclusivamente propios, excluyendo al padre (de forma activa o pasiva) de la relación filial. Ese sentimiento de 'posesión' del hijo o hija les provoca una sensación abrumadora de pérdida cuando éste se hace adulto. Así, consciente o inconscientemente una madre posesiva trata de mantener en la infancia a sus hijos durante toda la vida, utilizando diferentes tácticas: culpabilizándolo, inmiscuyéndose excesivamente en sus relaciones personales y amorosas, monitorizando sus actividades mediante el chantaje emocional, negándose a dejarlo crecer (por ejemplo, manteniendo comportamientos infantiles con él o ella hasta edad avanzada, viéndolo siempre como un niño). Estos comportamientos castran la libertad de decisión de los hijos, que se verán crecer dependientes y dentro de los límites impuestos por la visión del mundo de la madre. Al intentar superar estos límites muchas veces se verán abocados a la neurosis de fracaso, divididos entre el deseo de ser ellos mismos y por lo tanto crecer como adultos, y las órdenes inconscientes de ser siempre niños para conservar el amor de la madre.

2. Padre dominante

Un padre dominante también es un tipo de padre posesivo, que se sitúa en una posición de superioridad respecto a sus hijos, y que muchas veces ha tenido a su vez un padre igualmente dominante, posesivo, lejano o ausente. Suele atender sus propias necesidades, deseos y sentimientos, despreciando o desvalorizando los de sus hijos, tomando las decisiones de forma unilateral sin escuchar a otros. En muchos casos suele ver a sus hijos como una amenaza o un competidor; en otros, como un instrumento para su propia realización. En todo caso, un padre dominante es incapaz de ponerse al nivel de sus hijos, y por lo tanto, de comunicarse efectivamente con ellos para transmitirles valores sanos que los ayuden a crecer como adultos. Mantener la posición de superioridad implica un esfuerzo continuo, que el padre posesivo resuelve menospreciando sistemáticamente a sus hijos, no escuchándolos, imponiendo su voluntad sin posibilidad de discusión, ahogando cualquier intento de expresión o crecimiento, etc. Es un padre rígido que sitúa unos límites bien definidos a la comunicación. En estos casos, muy probablemente los hijos crecerán tomando como suyos los valores transmitidos, sintiéndose no merecedores de cariño, autodespreciándose, con dificultades de comunicación... Posiblemente desarrollen una neurosis de fracaso al tenerse que enfrentar por un lado a los límites de identidad impuestos por el padre y por otra a los propios deseos de realización más allá de esos límites.

De forma más específica, podemos identificar seis valores concretos que al ser transmitidos de forma activa o pasiva en la educación de los hijos pueden provocar una neurosis de fracaso. Según el individuo, pueden aparecer uno, varios o todos los valores combinados, haciendo la neurosis más o menos trabajosa de solucionarse:

1. Ser una carga

Si el hijo o la hija han crecido escuchando cómo su llegada al mundo representó un problema (“naciste en mal momento”, “te engendramos por accidente”, “tuvimos que buscarnos otro trabajo / mudarnos de casa / dejar de hacer lo que queríamos hacer”, “ya éramos muchos en casa”, “tuvimos que casarnos y no queríamos”, etc.), en su vida adulta más o menos inconscientemente sentirá que no tiene derecho a existir. El valor adquirido con esta educación es 'no he sido deseado, soy un problema', y por lo tanto, 'no tengo derecho a realizarme ni conseguir lo que quiero'. Muchas veces este valor provoca un sentimiento irracional de intensa culpabilidad, sin justificación alguna.

2. Frustar a los padres

En este caso, los padres transmiten al niño que no fue lo que ellos querían que fuera (“queríamos un niño / una niña y naciste niña / niño”, “yo quería que te parecieras a mí y te pareces a él/ella”, “eras muy revoltoso / muy callado / muy malo / muy ...”, “queríamos que fueras médico y quisiste ser artista [o cualquier otra cosa diferente a la que querían]”, etc.). Inconscientemente inculcan al niño que, al no haber sido lo que ellos querían que fuera, no se merece su amor. Al crecer, el hijo o hija probablemente sentirá falta de autoestima o sentimientos de culpa o rabia irracionales. En estos casos, la neurosis aparece como la expresión de un fracaso fundamental: el de no haber sido lo que los padres querían que fuera. Los padres le hacen saber de una frustración injusta, que el hijo toma como válida y condicionante para obtener el amor de los padres. Así, crecerá sin sentirse querido y con la sensación de no ser suficientemente bueno como para realizarse, lo que alimentará la neurosis de fracaso.

3. Traicionar las creencias familiares

En casi todas las familias existe una identidad grupal, un conjunto de creencias (morales, espirituales, sociales, religiosas, políticas...) que definen la identidad de la familia y por lo tanto constituyen los límites de lo bueno y lo malo, de “lo que se puede” y lo que no. Si el hijo al crecer no sigue estas directrices familiares (“somos católicos y tú eres ateo”, “somos de derechas y tú eres de izquierdas”, “somos pobres y tú quieres ser rico”, “somos muy espirituales y tú sólo piensas en comer”, etc.), probablemente sus padres lo repudien consciente o insconscientemente, lo que lo hará sentir expulsado del clan familiar. Nuevamente esto conduce a una culpabilidad inconsciente, que le hará sentir también de manera más o menos inconsciente que merece fracasar al no haber seguido los valores familiares.


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