Excerpt for El Poder de las Palabras by Richard Hays, available in its entirety at Smashwords





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Citas bíblicas tomadas de la versión Reina-Valera 1960, a menos que se indique lo contrario. Ninguna parte de este libro puede ser usada o reproducida de manera alguna sin la previa autorización por escrito del autor; excepto en caso de pequeños fragmentos para otros libros, artículos y revisiones.



Primera edición, 2008

Segunda impresión, 2009


Impreso en México



Edición

Brenda Edith Lara Salinas


Edición y diseño de interiores

Lic. Laura Catalina González


Diseño de portada

D.G. Jesse Méndez


















CONTENIDO



Introducción


Capítulo 1

El poder de las palabras y

la naturaleza de Dios


Capítulo 2

El poder de nuestra lengua


Capítulo 3

El poder de nuestro testimonio


Capítulo 4

El poder de crear nuestro futuro


Capítulo 5

El poder de guardar silencio


Capítulo 6

La fuente de nuestras palabras





















INTRODUCCIÓN

El poder de las palabras es un tema de impacto en especial a la luz de la naturaleza de Dios en nosotros.


Para poder entender cómo la naturaleza de Dios llega a habitar en nuestro interior hay que comprender qué es la salvación.


He visualizado la salvación como un paquete que consta de tres elementos. El primer aspecto de la salvación es lo que llamo estar exento de pecado. Es cuando Dios nos perdona y literalmente se lleva a cabo un intercambio: nuestros pecados por la santidad de Jesús.


El segundo elemento de la salvación es la muerte de la carnalidad y el egoísmo del ser humano. Cuando Jesús estuvo en el calvario, sufrió durante el proceso de su crucifixión y de su ejecución y fue ahí que la carnalidad y egoísmo de la humanidad murió juntamente con Él. En español la palabra pecado suele describirse también con la palabra iniquidad. Pecado tiende a referirse a nuestros hechos e iniquidad a nuestro ser; y por esto decimos que nuestra carnalidad y egoísmo se traspasa a Jesús en un acto de fe. Así como en Levítico se traspasaba el pecado al animal que iba a ser sacrificado, de igual modo nuestros pecados, nuestra carnalidad y egoísmo se traspasan a Jesús, pero la diferencia es que la naturaleza que está en Él, la naturaleza de Dios mismo también es traspasada a nosotros. Es imperativo entender este punto de la naturaleza de Dios en nosotros porque es un patrón a seguir en cómo Dios habla y que nosotros podemos y debemos hablar como Él.


Lo que Dios habla es por quien Él es, Sus palabras y los efectos de ellas son resultado de quién es. Si verdaderamente tenemos Su naturaleza en nosotros, todo puede cambiar y ahí es donde vemos el poder que tiene lo que hablamos o declaramos con nuestros labios.


El tercer aspecto de la salvación es una ofrenda de paz. Debido al pecado de la humanidad Dios está distanciado de los seres humanos, pero a causa de Jesús y su sacrificio nuestros pecados son quitados, y ahora tenemos la santidad de Jesús, nuestra carnalidad y egoísmo son puestas en Él y Su naturaleza está ahora en nosotros y debido a esta nueva condición estamos en paz con Dios, somos como Él y nuestro estado delante de la ley de Dios es que somos justos y perfectos.


La ofrenda de paz siempre está en el contexto de pacto. Una promesa compromete el carácter, mas un pacto compromete la vida o la existencia.


La razón por que la ofrenda de paz es tan trascendente, es porque estamos haciendo un pacto con Dios, porque estamos sin pecado y tenemos Su naturaleza, no hay nada que nos impida hacer pacto en Él. Cerramos el pacto por fe y por medio de nuestras palabras; con el corazón se cree, pero con la boca se confiesa. Por eso nuestro hablar es tan importante, porque le creemos a Dios y Él creerá lo que le digamos.


Ahora las palabras comienzan a tomar una perspectiva muy poderosa, en especial cuando entendemos que la Biblia está escrita para personas que tienen la naturaleza de Dios y piensan como Él piensa; es decir, para nosotros.








































Capítulo 1

El poder de las palabras Y la naturaleza de dios


En la creación cuando Dios habló, todo cambió. El proceso que Dios utiliza para cambiar el desorden y la oscuridad consta de dos factores importantes: El Espíritu y la Palabra. Así lo hace también en nuestras vidas, el cambio que necesitamos sólo va a venir cuando empecemos a hablar palabras correctas basadas en el espíritu que habita en nuestro corazón. Si tenemos la naturaleza de Dios, entonces nuestras palabras expresarán Su naturaleza, expresarán quién es Dios.


La naturaleza de Dios es creativa. Dios es creador y creativo; antes que Él hablara no existía nada y un momento después el vasto universo fue formado, Dios habló y existió. El espíritu creador y creativo, el espíritu de lograr, de fructificar, de gobernar, de conquistar, de multiplicar es lo que se necesita para expresar el aspecto creativo de Dios.


Además de esta dimensión creativa de Dios, hay otra dimensión que gira alrededor de rectitud, justicia, santidad, perfección, excelencia, disciplina y celo. En nosotros no sólo habita el aspecto creativo de Dios, sino también el de rectitud y orden. Es la naturaleza de Dios en nosotros la que hace que nos sintamos ofendidos con la mentira o que no nos apetezca estar en lugares que no convienen. Recordamos cuando Jesús entró al templo y vio a mucha gente poderosa que abusaba de los pobres y al pueblo de Dios impidiendo que se acercaran los gentiles. Fue entonces que hubo celo en el corazón de Jesús a causa de Su naturaleza, rectitud y justicia y comenzó a limpiar y a poner orden. Esta dimensión de excelencia, justicia, disciplina y celo está en el corazón de Dios.


Esta tremenda dimensión se ve reflejada también en el Universo. A través de potentes telescopios la ciencia ha llegado a la conclusión de que el Universo todavía sigue en desarrollo y expansión. Dios sigue expresando su aspecto creativo pero a la misma vez podemos señalar esta grandiosa dimensión de orden y perfección. Necesitamos entender todo lo que hay dentro de nosotros, todo lo que es posible dentro y a través de nosotros porque así es como es Dios.


Una tercera dimensión de Dios es Su misericordia. Él tiene misericordia de nosotros y por eso nos perdona; es por esta dimensión de Su naturaleza que Él es santo y recto. El amor crea límites; por ejemplo, los padres imponen límites a sus hijos, no con el fin de castigarlos o hacerlos sufrir sino para protegerlos. De la misma manera, esta dimensión de amor, misericordia y bendición de Dios es infinita pero a la vez requiere límites para que no abusemos de ella.


Esta dimensión expresa el aspecto paternal de Dios, es decir, Dios es padre en todos los sentidos; une a Su familia a aquel que se encuentra solo. Nacemos dentro de una familia natural pero este pequeño núcleo es limitado, por lo que necesitamos ser promovidos a la familia de Dios. Necesito que mis hijos sean traspasados a la familia de Dios para que no sólo mis recursos, sino también los de Él, estén a su alcance.


El Nuevo Testamento es la revelación máxima de quién es Dios y la palabra que se utiliza para describirlo es: Padre. Dios está poniendo esta dimensión de parentesco dentro de la Iglesia para que seamos padres y madres a nuestra sociedad y a sus líderes.


Recapitulando, la naturaleza de Dios se expresa en tres dimensiones:


1. Dimensión creativa.

2. Dimensión de rectitud y justicia.

3. Dimensión de familia.


Adán poseía estas tres dimensiones. En Génesis 1, Dios habla en el Círculo de la Deidad y dice: Hagamos al hombre a nuestra imagen en todo el sentido creativo; hagamos al hombre a nuestra semejanza en todo el sentido de rectitud, justicia, orden y excelencia de Dios y en el aspecto de amor, misericordia y paternalismo. Es por esta razón que Dios le dice a Adán: Fructifica, multiplícate, llena la tierra, sojuzga, o en otras palabras, vence cualquier resistencia que impida el cumplimiento de tu propósito y destino, y enseñorea. Además, le dice que tenga dominio sobre la tierra, el cielo y el mar. ¡Qué pensamientos tan grandes! Sólo Dios pone estas metas en el hombre.


Salmos 8:5-6 habla sobre cómo Dios hizo al ser humano: “Lo has hecho poco menor que los ángeles y lo coronaste de gloria y de honra. Lo hiciste señorear sobre las obras de tus manos; todo lo pusiste debajo de sus pies”.1 Otra versión dice: “Pues lo hiciste poco menos que un dios,y lo coronaste de gloria y de honra: lo entronizaste sobre la obra de tus manos, todo lo sometiste a su dominio” (NVI). Salmos 82:6 “Yo dije: Vosotros sois dioses, y todos vosotros hijos del Altísimo”. “Yo y el Padre uno somos” fue la respuesta que Jesús les dio a los fariseos cuando le preguntaron quién era; esta es la perspectiva bajo la cual fuimos creados, con este propósito y destino.


Los judíos no podían entender cómo Cristo se podía comparar con Dios mismo, entonces Jesús les dice en Juan 10:34 “¿No está escrito en vuestra ley: Yo dije, dioses sois?” Somos dioses en el sentido que la naturaleza de Dios está en nosotros; toda la dimensión creativa, de rectitud y de misericordia ha sido puesta en cada creyente. Todos hemos recibido esta misma naturaleza o herencia; sin embargo, una cosa es tenerla y otra entenderla. Frecuentemente nuestro problema es que no entendemos el significado de la obra de Jesús y lo que nos ha sido dado. Si entiendes puedes actuar por iniciativa propia y obtener los resultados por haber entendido pero si no entiendes y de todas formas obedeces, tendrás los mismos resultados.


En Mateo 8:5-13 un centurión se acerca a Jesús y le dice que si Él dice la palabra, su siervo será sanado. La palabra es creativa, así que si hablas habrá resultados. El centurión entendía el poder de hablar en la naturaleza de Dios.


La meta de Dios es que haya revelación y entendimiento para dar a conocer Su Palabra. María no era cualquier persona, era virgen y justa por sencilla fe. El mismo Espíritu Santo le engendró un hijo, por lo que la sangre derramada de Jesús no es cualquier sangre, es la de Dios mismo y a través de ella [de la sangre de Jesús] hay redención y expiación. Todo ha sido dado mas no todo está poseído, es decir que todo lo que necesito para ser diferente como ser humano ya me fue dado; ahora sólo necesito tomarlo en mi entendimiento y/o actuar en obediencia pero ya es mío.


Cuando Jesús murió, uno de los soldados le abrió el costado con una lanza y salió agua y sangre. El agua simboliza el espíritu, nacer de nuevo. Juan 3:3 dice que no podemos ver ni entrar al reino de Dios a menos que nazcamos de nuevo. El agua simboliza la restauración de nuestra naturaleza en las tres dimensiones que hemos mencionado. Dios ha restaurado Su naturaleza y así como es vital el agua para la tierra, que cuando llega a ella todo reverdece, todo comienza a cobrar vida, la sed comienza a ser saciada, las raíces comienzan a ensancharse; de la misma manera son nuestras palabras para la formación de nuestro presente y futuro, palabras habladas conforme a la naturaleza de Dios que nos fue traspasada cuando nacimos de nuevo.


Nada crece sin agua, lo mismo sucede en lo espiritual, nada crece sin estas palabras; como Dios es, habla y crea. La Biblia describe al creyente como un manantial. Un manantial tiene su fuente en las aguas profundas de la tierra; el agua llega a ser tanta que sobresale o rebosa. Los creyentes somos como un manantial del cual rebosa la naturaleza y las palabras de Jesús. Cristo dice en Juan 7:38 que el que en Él crea de su interior correrán ríos de agua viva. Lo opuesto a ser manantial es ser una cisterna, cuya función es sólo contener el agua pero carece de fuente. No queremos ser llamados cisternas, personas que no tienen una fuente, sino manantiales de la naturaleza y palabras de Jesús.


Así como la lluvia produce una respuesta en la tierra, nuestro manantial produce un cambio. Si hemos entendido lo que es nacer de nuevo entonces nuestras palabras, basadas en la naturaleza de Dios, producen que nuestros esquemas y paradigmas cambien, así como nuestro futuro. Sin embargo, Dios planea ir más allá. Isaías 55:12 habla sobre el tipo de resultado que producen las palabras. “…los montes y los collados levantarán canción delante de vosotros…” Los montes y collados simbolizan autoridades y líderes; la Iglesia será el monte entre los montes provocando que personas de alto nivel o líderes importantes en la sociedad den honra a Dios abiertamente, permitiendo que sea Dios quien gobierne. Isaías 61:3 nos describe como árboles de justicia porque nuestras palabras tienen el poder de afectar al liderazgo y a la gente en general produciendo un pueblo fructífero y bendecido.


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