MACRODOWNLOAD
por
Hank Ware
SMASHWORDS EDITION
PUBLISHED BY:
Colección Púlpito on Smashwords
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MacroDownload
Copyright © 2012 Carlos Gómez
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This is a work of fiction. Names, characters, places, brands, media, and incidents are either the product of the author's imagination or are used fictitiously. The author acknowledges the trademarked status and trademark owners of various products referenced in this work of fiction, which have been used without permission. The publication/use of these trademarks is not authorized, associated with, or sponsored by the trademark owners.
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La presente novela es una obra de ficción. Los nombres, personajes, lugares y sucesos en él descritos son producto de la imaginación del autor. Cualquier semejanza con la realidad es pura coincidencia.
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MACRODOWNLOAD
Era viernes noche en un suburbio americano. En su habitación, un joven machacaba con frenesí el teclado de su ordenador. Estaba en un momento de éxtasis repleto de inspiración. De repente todo se le había iluminado en la cabeza. Había encontrado la solución para mejorar el código fuente de su nuevo programa. Cómo había podido estar tan ciego, pensaba.
Un mensaje en su bandeja de entrada llamó su atención, pero no lo abrió hasta acabar con la depuración del algoritmo. Tenía que aprovechar el momento. Una vez acabado contemplaba el código con orgullo. Tendría que testearlos antes pero estaba convencido que por fin estaba completo. Había creado un programa que revolucionaría el mundo. Una vez bajado a la tierra ya podía atender el mensaje.
Desplegó la ventana. El remitente era un tal BlackHorse, no lo conocía de nada pero no le extraño porque era habitual recibir mensajes de desconocidos. Su fama le precedía.
El mensaje era un escueto: ¿Hola, Phoenix?
BlackHorse esperaba al otro lado una respuesta. Era algo más que una pregunta, quería tener una conversación.
>Hola, BlackHorse. ¿Qué quieres?
>Orfeo me ha hablado del programa MacroDownload. Me ha dicho que tú podrías conseguirme una copia.
>Ja, ja. Orfeo no ha podido estarse callado. Típico de él.
>Sí, ya le conoces. ¿De qué va el programa?
>Es un programa de inteligencia artificial que mejora la búsqueda de contenidos en la red. Con este programa podrás leer, escuchar y encontrar las cosas incluso antes de saber que lo querías hacer. Mediante la información que, inconscientemente dejas cuando navegas por la red o la música que escuchas en tu mp3 o los videos que ves en tu smartphone el programa rastrea la red proporcionándote toda la información, música, películas, lecturas que se ajustan a tu perfil. Te ahorra mucho tiempo y decepciones. Además se va adaptando a tus cambios de gusto.
>Pero eso te puede hacer de oro si lo vendes.
>Sí. Pero toda la información que recoge es privada. Sólo se almacenará en una nube y nadie tendrá acceso a ella. No quiero que nos ordeñen como a ganado, ni manipulen nuestros gustos. Es la democratización de la cultura.
>Suena bien. ¿Me puedes conseguir el programa?
>Tranquilo, tío. No tan deprisa. El programa no es freeware, es dudeware.
>Dudeware, ¿Y eso qué es?
>Nos lo pasamos entre colegas. Necesitas una invitación para conseguirlo.
>¿Invitación?
>Sí, pídele una a Orfeo. Pero aún está en fase beta. Falta el testeo. Así que tendrás que esperar.
>Yo puedo testearlo si me pasas el programa.
Empezaba a molestarle la insistencia de BlackHorse, a fin de cuentas no le conocía de nada y Orfeo fanfarroneaba con demasiada ligereza.
En ese momento saltó una alarma del ordenador. Le estaban rastreando.
>Cabrón, es una trampa.
>Danos el programa si no quieres acabar como tu amigo.
Apagó el ordenador rápidamente. ¿Qué había querido decir con: “acabar como tu amigo”?
Phoenix, el afamado hacker de la red, era ahora David, un asustado adolescente americano. ¿Qué podía hacer? Tomó la mochila, puso dentro un portátil, un disco duro y sus lápices usb. Salió por la ventana y descendió por el bajante hasta la calle. Estaba todo muy oscuro. Se montó en su bici y comenzó a pedalear camino de la casa de Jennifer, conocida en el ciberespacio como Vitch. Llegó frente a su porche y se paró al otro lado de la calle. No había luz en la casa. Sacó su celular y le llamó.
-¿Sabes que hora es, David?
-¡Hola Jennifer! Hay problemas. Sal a la calle, tenemos que hablar. Estoy frente a tu casa.
Jennifer colgó el teléfono malhumorada. Estaba dormida en la cama y no tenía ningunas ganas de levantarse. Se vistió y salió por la ventana, dejándola cuidadosamente abierta para poder regresar por ella. En su jardín le esperaba Phoenix, agazapado entre los arbustos.
-¿Qué quieres, David? No son horas para molestar, estaba en la cama. ¿Más te vale que sea importante?
- Es algo gordo. Alguien se ha enterado de la existencia de MacroDownload y quiere hacerse con el programa. Han intentado entrar en mi ordenador y han dicho que algo le ha pasado a Cameron. Le he estado llamando pero no me contesta, ni en el móvil ni en su casa.
- ¿Quién crees que es? ¿El FBI? ¿Alguna empresa informática?
- No lo sé. Puede que el FBI, Widow o Appli. Todas o ninguna. Había alguien que se hacía llamar BlackHorse. ¿Te suena de algo?
- No, de nada.
El sonido de una sirena le alarmó escondiéndose entre los arbustos. Una ambulancia pasó de largo junto a ellos. En ese momento se dieron cuenta que una misteriosa furgoneta negra estaba aparcada frente a la casa de Jennifer.
- Los móviles. Tenemos que apagarlos. Pueden localizarnos con la señal- le advirtió Jennifer a David.- Vayamos por la parte trasera para despistar a los de la furgoneta negra.
En el callejón trasero no había nadie. Con los móviles apagados y sin fisgones podían trazar algún plan con más tranquilidad.
- Debemos ir a casa de Cameron. Igual ahí podemos averiguar algo.
Decididos fueron hasta la casa de su amigo por las calles traseras. Estaba a unas pocas manzanas de ahí. Se pararon unos metros antes de llegar a su manzana. Aparcados enfrente de la casa había unas furgonetas negras, como la que habían visto frente a la casa de Jennifer, y varios coches. Salieron de la casa gente trajeada acompañados de trabajadores vestidos con monos azules y se montaron en los vehículos. Sólo quedó un coche gris en la puerta.
Aprovechando que había menos intrusos se acercaron cautelosamente hasta la habitación de Cameron. Miraron por la ventana y le vieron sentado en una silla acompañado por dos hombres trajeados, uno de ellos llevaba una pistola bajo la chaqueta. Estaban presionándole para que hablara, como si Cameron necesitara ayuda para contarlo todo. El hombre de la pistola le dio un bofetón y después salieron de la habitación. David golpeó el cristal con la mano llamando a su amigo. Este les vio y se acercó a la ventana.
-¡David! ¡Jennifer! Iros de aquí. Es una trampa.
Antes de que pudieran hacer nada tenían a dos hombres detrás de ellos apuntándoles con un arma.
- Les tenemos, jefe.
La puerta de la habitación se abrió y entró el hombre de la pistola. Se acercó a la ventana y la abrió.
- Metedlos por aquí.
Los dos hombres agarraron a los jóvenes y los introdujeron en la casa por la ventana.
- Así que tú eres Phoenix. Yo soy BlackHorse. Sinceramente, es un placer conocerte. Pero vayamos a los negocios: El programa.
- No lo tengo.
- Sí lo tienes. No saldrías sin él. ¡La mochila! – ordenó el hombre que se hacía llamar BlackHorse a sus matones.
Estos arrancaron las mochilas de los dos jóvenes y se las dieron al jefe. Este las abrió y vació su contenido encima de la cama. Rebuscó entre las cosas y eligió de entre todo un lápiz usb verde.
- Está aquí ¿verdad?
- No. Ahí no está.- contestó nervioso intentando mostrarse calmado
- Por supuesto que sí.
Se dirigió a un ordenador portátil que estaba encima del escritorio y lo introdujo en la clavija. Se desplegó una pantalla solicitando una contraseña.
- La contraseña.
-¡Nunca!
- Chaval, deja de ver películas. Esto es el mundo real- le dijo mientras se abrió la chaqueta mostrando su pistola.- No tengo ningún escrúpulo en utilizarla.
- Si me matas nunca tendrás la contraseña.
- Ahora pienso que has visto pocas películas. No la utilizaré contigo, sino con ella.
Agarró a Jennifer por le cuello y la tiró al suelo. Sacó el arma apuntándole a la cabeza.
- No creas que quiero hacerlo. Este traje me costó muy caro y no quiero mancharlo.
- Está bien, está bien.
David se dirigió al ordenador y tecleó una palabra. Acto seguido la pantalla se apagó así como la electricidad de toda la casa. La luz volvió al momento.
-¿Qué has hecho, pequeño mocoso?
- He activado la autodestrucción del programa. No quiero que caiga en malas manos. Lo diseñé para mejorarnos la vida no para convertirnos en esclavos consumistas. Veo que no estamos preparados para ello.
- Me lo vas a pagar. Todo este montaje no me ha salido gratis y había mucho dinero en juego.
Tiró a la chica al suelo y apuntó a David. Ya no había vuelta atrás, estaba perdido. Sonó el disparo y pudo ver como se le acercaba la bala a la sien. Es mi fin, pensó.
Todo se oscureció. Vio aparecer una pequeña luz. Una luz al final del túnel. Fue creciendo hasta que inundó todo. Entonces pudo leer unas letras que ponían: Game Over. ¿Game Over?
David se quitó las gafas de realidad virtual. Estaba sudando y tenía el pulso acelerado.
Todo había sido un juego. Un juego demasiado real, demasiado intenso. Tomó el disco del juego y lo miró. Se llamaba MacroDownload. Demasiado real, demasiado intenso, pensó y lo tiró a la papelera.
A la mañana siguiente, Cameron se encontró un disco en el suelo. Lo recogió y leyó unas letras que ponían: MacroDownload.
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