Los 12 FILOS
TERCERA PARTE
EL ÚLTIMO FILO
REVOLUCIÓN
By
K.S. Girtab
SMASHWORDS EDITION
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PUBLISHED BY:
K.S. Girtab on Smashwords
Los 12 FILOS Tercera Parte
Copyright © 2010 by K.S. Girtab
Book Cover: Galería de Albion Europe ApS
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This book is a work of fiction and any resemblance to persons, living or dead, or places, events or locales is purely coincidental. The characters are productions of the author’s imagination and used fictitiously.
TABLA DE CONTENIDOS
INDICE
EL ÚLTIMO FILO / REVOLUCIÓN
Capítulo 3 FILO número doce: Lilith
Capítulo 5 El comunicado de la Ciudadela
Capítulo 6 Posición en el conflicto de La Legión y El Círculo
Capítulo 10 Antes de la batalla
Capítulo 12 Desenlace y reencuentro
Capítulo 13 El fin de una leyenda
Capítulo 14 Nuevo FILO número dos: Heimdall
Capítulo 15 Conclusiones y partida
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Los 12 FILOS
TERCERA PARTE
*****
LA NIÑA DE LA CASA
Argento Riazor estaba postrado ante la cama de su esposa, después de una larga enfermedad finalmente había fallecido, en su implacable contienda contra la muerte había sido vencida, pero Lady Riazor no fue la única que perdió la batalla, su esposo la acompañó en el suplicio y en la derrota, había buscado por todos los medios de curarla, hizo traer a los mejores especialistas del mundo, tenía la vana esperanza de salvarla junto con la criatura que llevaba dentro, pero al final no hubo nada más que hacer, su esposa murio al dar a luz a su tercer hijo, ninguno sobrevivió.
El Tesorero del Distrito Comercial estaba deshecho, esperaba con ilusión a ese tercer hijo. Su primer vástago, un varón, fue sacrificado en un hecho lamentable, la muerte de su primogénico acompañaba a ese poderoso hombre en todo momento, su corazón jamás se recuperó de esa pérdida, después nació su sagundo bebé, una hermosa niña a quien pusiéron Christina, pero la esperanza del patriarca del Clan Riazor era tener un heredero varón, alguien que continuara su linaje.
El segundo embarazo de su esposa fue de alto riesgo y estuvo a un paso de la muerte, Argento Riazor la trató con todos los cuidados y finalmente un año y meses después resultó nuevamente embarazada, los pronósticos eran optimistas y resulto que esperaba a un varón, pero al final de su embarazo todo se complicó y ambos perdieron la vida.
Christina tenía dos años cuando su madre murió junto con su hermano menor, su padre por el dolor de la pérdida la desatendió por completo, a partir de entonces ella siempre se sintió muy sola...
La residencia principal de Christina estaba en el Distrito Comercial, aunque su padre viajaba mucho ella se quedaba en casa al cuidado del ama de llaves, Maggie, su vida era tranquila, no tenía muchas amigas porque casi no salía de su hogar, pero a los tres años de edad su vida cambió, a su casa llegaron un hombre y su pequeño hijo, un niño de su edad que era muy tímido y se ocultaba detrás de los pantalones de su padre.
"Señor Sargás, le presento a mi hija y heredera de todo lo que tengo, se llama Christina."
El hombre se agachó para saludar a Christina. "Hola princesa, mi nombre es Mirkos Sargás y estoy aquí para servirte."
Argento Riazor le señaló al pequeño que estaba detrás de Mirkos. "Mira Christina, ese niño es su hijo, se llama Lesath Crossifixio y vino para ser educado aquí, espero que lo hagas sentir como en su casa."
Christina esbozó una sonrisa, le gustó el niño, pensó que con él en la residencia ya no estaría tan sola. "¡Hola Lesath!"
El niño apenas la observaba de reojo, tenía la mirada baja, sintió un extraño escalofrío cuando esa niña le habló, pensó que era la criatura más bella que jamás había visto, sintió pena, no estaba acostumbrado a tratar con otros infantes, con voz apenas audible le responió: "Me llamo Cross."
Su padre lo golpeó. "¡Cállate niño! Que te llamé como quiera."
"Me gusta el nombre de Cross, entonces llámame Chris."
El infante en un principio se quedó callado, pero sintió la mirada hostil de su padre, en cambio, él seguía con la mirada en el suelo. "Hola Chris."
"¿Cuántos años tienes?"
"Tres."
La niña tomó su mano. "¡Yo también! Vamos a ser buenos amigos."
Cross no respondió, agarró su maleta y siguió a su padre, pero por alguna razón por primera vez en su vida se sintió feliz, fue un sentimiento que le agradó. Por su parte, Christina estaba contenta, por fin había en la casa alguien con quien jugar, ese niño era callado pero se veía simpático.
Después de dos semanas Christina estaba decepcionada, Cross no jugaba con ella, todo el día se la pasaba con tutores estudiando y aprendiendo técnicas de combate, su padre le había prohibido terminantemente que lo interrumpiera en sus lecciones. Un día vio a Cross comiendo viendo el lago de su casa.
"¿Es bonito verdad?"
Cross tardó en contestar, la niña lo intimidaba. "Si, mucho."
"¿Quieres jugar conmigo?"
Cross jugaba con su comida, evitaba ver a Christina, pensaba que si la veía mucho ella se enfadaría y nunca más le volvería a hablar. "No se si pueda."
"Ahora no estas entrenando ni estudiando... ¿Verdad?"
"No, me dan una hora para comer."
"¡Entonces en esa hora puedes hacer lo que quieras!"
"No se…"
"Yo soy la dueña de esta casa y digo que en tu hora de comida puedes hacer lo que quieras."
Cross se rindió, no podía negarle nada a esa niña, daba lo mismo que le pidiera jugar juntos o que se enterrara un cuchillo, él sin pensarlo lo haría. "Bueno, entonces si quiero jugar contigo."
Al final de ese día Christina estaba muy emocionada, Cross era muy divertido y no le daba miedo nada, pero lástima que su tiempo para jugar fue muy corto, lo llamaron cuando estaban en lo mejor, pero al día siguiente lo buscaría a la hora de la comida y continuarían su juego en donde se quedaron, se fue a dormir feliz. Al día siguiente fue a buscar a Cross, cuando este la vio se iluminó su rostro.
"¿Vamos a jugar otra vez?"
"Si, continuaremos en donde nos quedamos."
Se hizo costumbre la hora de la comida, Christina realmente disfrutaba jugar con Cross, él siempre estaba dispuesto a hacer lo que fuera, no como los otros niños que conocía que eran odiosos, de hecho, prefería jugar con Cross que con sus amigas.
Pasó un año y Christina no sólo comía con Cross, también entrenaba con él en las tardes, el profesor Tokugawa se lo permitía siempre y cuando no lo distrajera, Cross se había vuelto su mejor amigo en todo el mundo, le diría a su papá que no lo hiciera trabajar tanto y lo dejara jugar más con ella. Al buscar a su padre se encontró con su guardaespaldas particular.
"Hola Lothar. ¿Está mi papa en su estudio?"
"Si princesa."
"Gracias, entonces voy a hablar con él."
"Ahora está ocupado, pero si quieres yo te llamo cuando se desocupe."
"Está bien, es que quiero pedirle que no haga trabajar tanto a Cross, quiero que le de más tiempo libre para jugar conmigo."
Lothar cargó a la niña y la llevó al jardín. "Mira princesa… ¿Puedes guardar un secreto?"
"Si. ¡Cuéntame!"
"Aunque Cross no es un sirviente y tu papá lo trata como uno más de la familia, no lo es, ese niño fue traído aquí para ser entrenado, si le pides a tu papá lo que me dijiste te prohibirá que juegues con él y no quieres eso... ¿Verdad?"
"No, yo no quiero que me prohíban jugar con Cross."
"Entonces mejor no digas nada y que todo siga igual. ¿Está bien?"
"Si Lothar."
Christina estaba decepcionada, pero Lothar nunca le había mentido, ya había tenido razón una vez que le dijo que no desobedeciera a su padre y lo hizo, el resultado fue que su papá la castigó por un mes, sabía que su padre enojado era capaz de prohibirle jugar con Cross, por ahora no le diría nada, pero buscaría el momento adecuado.
Todo siguió igual, Christina continuaba jugando con Cross en las comidas y entrenaba con él en las tardes, su padre estaba viajando mucho y no se había presentado la oportunidad de hablar con él, sus esperanzas de comentarle sus pretensiones se diluyeron a los seis años, fecha en que se volvió a casar su padre, estaban presentes los hijos de las familias más influyentes de todo Boleria, Christina quería presentarle a sus amigos a Cross.
"Papá... ¿Puedo invitar a Cross a la fiesta?"
"No hija, él esta entrenando."
"Pero es domingo."
"Sabes que entrena todos los días."
"Pero es sólo esta vez."
"No Christina."
"Entonces ya no quiero ir a la fiesta, odio a Janette y a sus hijos."
"Mira hija, vas a ir a la fiesta y vas a atender a los niños de los invitados. ¿Entendiste? Y ya no quiero que juegues con Cross, lo distraes de sus obligaciones."
Al escuchar a su padre, Christina vio el error que había cometido, Lothar se lo había advertido, lo único que le quedó fue suplicar. "No, perdóname papá, ya no lo vuelvo a hacer, ya no te voy a pedir nada, solo déjame jugar con Cross."
"He dicho que no."
"Desde que se murió mi mamá siempre estoy aquí encerrada, no tengo a nadie con quien jugar, sólo Cross y es un ratito, por favor, no me quites eso."
"Ahora jugarás con los hijos de tu nueva madre, Janette."
"¡No! ¡Ella no es mi madre! Sólo es tu esposa, además, no soporto a sus hijos, Thitus es un abusivo y Meirelle me odia, no quiero que regresen a la casa, Craig me caía bien pero dicen sus hermanos que se perdió, por favor, déjame jugar con Cross."
El llanto de Christina era realmente sentimental, Argento Riazor tuvo que ceder. "Está bien, pero recuerda: no lo molestes mientras entrena... ¿Entendiste?"
"Si papi, gracias, te quiero mucho."
Riazor abrazó a su hija y la cargó de regreso a la mansión, ese mismo día por la noche Christina se escapó a ver a Cross. "¿Estas dormido?"
"No, muchas felicidades Chris."
"¿Te acordaste?"
"¡Claro que sí! ¡Es tu cumpleaños! ¿Cómo se me iba a olvidar?"
"Por la boda de mi papá se les olvidó a casi todos, menos a Bastián, a Lothar y a Maggie. Son los únicos que me quieren. Y claro, tú también. Perdóname por no comer contigo."
"No te preocupes, era la boda de tu papá y tenías que estar en tu fiesta."
"La fiesta estuvo aburrida, si tú no estás no es lo mismo, pero te traje un pedazo de pastel."
"Gracias. ¿Lo compartimos?"
"No, yo ya comí mucho, ese es para ti solito."
"Que rico, oye Chris, yo también te tengo un regalo…"
"¿En serio? ¿Que es? ¡Dámelo ya!"
"Espera a que me termine mi pastel."
"No. ¡Dámelo ya!"
"Bueno, es muy sencillo y no está bien hecho, pero lo hice para ti."
Cross le dio una cadena de oro con tres pequeños cilindros de metal que corrían alrededor de la misma, cada uno tenía un número, I, II y III. "Dice mi padre que esta cadena era de mi mamá, como no tengo nada es mi pertenencia más valiosa y quiero que tú la tengas, los cilindros yo los hice, son tres porque representan los tres años que llevo de conocerte."
"¡Que bonita! Es el mejor regalo que me han hecho en toda mi vida, te prometo que va a ser mi tesoro más valioso y siempre lo voy a guardar."
"Señorita Christina. ¿Que hace aquí?"
Cross vio la cara de terror de Christina.
"Mirkos, sólo le traje un poco de pastel a Cross…"
"Vamos con su padre, no debería estar aquí."
Chistina empezó a llorar. "No, por favor Mirkos, con mi papa no, me va a castigar…"
"Lo siento, pero no tengo otra opción."
Cross tomó a su padre del brazo con firmeza, debido a su entrenamiento tenia una fuerza más allá de lo normal, estaba lastimando a Mirkos. "Por favor padre, déjala ir, es su cumpleaños, yo le rogué que me trajera pastel, es mi culpa."
Al escuchar esto Christina iba a decir algo, no iba a permitir que Cross se echara la culpa por algo que ella hizo. "No, Mirkos yo…"
"Vete Christina, yo hablo con mi padre."
"Está bien, gracias Mirkos, buenas noches."
Cuando Christina se fue, Mirkos se libró del apretón de Cross y lo golpeó con el puño cerrado en el rostro. "Idiota. ¿No te das cuenta que nos pueden correr por eso?"
"¿Por qué? Ella es la hija del dueño y puede hacer lo que quiera."
"No seas imbécil, porque es la hija del dueño no puede relacionarse contigo, aunque no hagas trabajo de sirviente así es como te ven en esa casa, como gente de segunda, sólo te están entrenando para que en un futuro les sirvas, que no se te olvide."
"No padre."
"Ahora ya sabes que hacer."
Cross se quitó la camisa y puso las manos contra la pared, su padre lo azotaba con un fuete, ya no lo golpeaba con los puños porque a Cross no le hacía nada, sus maestros lo maltrataban más, pero había aprendido que su amistad con Christina no estaba permitida, de ahora en adelante sería mas cuidadoso.
Mientras Mirkos castigaba con saña a su hijo, pensó en lo que iba a hacer, tenía la intención de hablar con Riazor al día siguiente, pero tuvo una mejor idea, Christina era la hija del patrón, quizá algún día le serviría la amistad con Cross, decidió callar.
Cuando Christina llegó a su habitación estaba realmente espantada, tomó el regalo de Cross y lo guardó, se acostó pero no pudo dormir. Al día siguiente fue a comer con Cross como siempre.
"¿Cómo te fue?"
"¡Bien, pero que carita tienes!"
"Es que no pude dormir."
"No te preocupes, mi padre no dirá nada."
"¿En serio?"
"Si, en serio."
"Que bien… ¿A que vamos a jugar?"
"Hoy no vamos a jugar, nos vamos a recostar a ver el lago y tú vas a descansar."
"Me parece bien."
Christina jugaba con una pequeña cicatriz que tenía en el brazo, Cross le preguntó – "¿Todavía te duele?"
"No, ya no."
La cicatriz era producto de una pelea con Meirelle, un año antes de la boda, Janette Azzán se había ido a vivir con Riazor a su casa del Distrito Comercial con sus hijos, a Meirelle le gustaba Cross, pero él sólo hablaba con Christina, eso enfurecía a la hija de Janette quien siempre molestaba a Cross ante la mirada divertida de su madre, Cross jamás se defendía ni contestaba a sus insultos, simplemente la ignoraba, situación que enfurecía más a la niña, generalmente lo hacía cuando no estaba Christina, ella siempre defendía a Cross y su padrastro era muy estricto en lo tocante a molestar a su discípulo.
En una ocasión Meirelle golpeó a Cross con una piedra y éste sangró, Christina la vio y la golpeó en el rostro, entonces, Meirelle la atacó, la hija de Janette tenía la sangre, fuerza y educación de un guerrero, lastimó a Christina, Cross quiso intervenir pero el guardaespaldas de Janette se lo impidió, un enorme guerrero con un casco de gladiador que le cubría la mitad de la cara.
Lothar llegó a tiempo para contener a Meirelle y golpear al guardaespaldas de Janette, al enterarse Riazor de la agresión envió a su hijastra a estudiar a la capital, antes, ya había enviado a Thitus al Cinturón del edificio principal de la Ciudadela y aún no encontraban a Craig. De golpe se habían librado de esos niños que eran su pesadilla.
"Me acuerdo cuando te golpeó Meirelle, te abrió todo el brazo."
"Yo casi no recuerdo nada, mejor, lo bueno es que ya no vive aquí. Me alegro que Mirkos no dijera nada de lo de ayer, si mi papá se hubiera enterado me habría prohibido volver a hablarte y yo no quiero que eso suceda."
"No te preocupes, eso nunca va a pasar, yo no lo permitiré."
A partir de ese momento ambos supieron que debían ser más cuidadosos con su amistad, pero al fin y al cabo eran sólo unos niños, en una ocasión estaban muy entretenidos en un juego cuando escucharon el sonido en los altavoces que utilizaban los maestros para llamar a Cross a clases.
"Ya me voy, mañana seguimos."
"Espera Cross, no te vayas, vamos a jugar otro rato."
"Pero es que ya me están llamando…"
"Sólo un ratito."
Cross observó a Christina, no podía negarse a algo que ella le pidiéra. "Está bien."
El ratito se convirtió en tres horas de juego, Cross perdió la noción del tiempo, cuando regresó, su profesor ya lo estaba esperando.
"¿Por que la tardanza?"
"Perdón, es que no escuché la campana."
"¿Y por eso te extraviaste tres horas? ¿Donde estabas?"
Cross no lo podía creer, el tiempo había volado, él pensaba que no habían sido más de veinte minutos pero habían sido tres horas. "Me quedé dormido."
"No debes faltar a tus entrenamientos muchacho, no sólo pones en peligro tu estancia y la de tu padre aquí, también peligra el empleo de todos tus maestros."
"No, yo… Lo siento maestro, acepto el castigo que me imponga, no tengo disculpa, le aseguro que no volverá a suceder."
"Está bien, vamos a entrenar."
"¡Eso no!" Quien hablaba era la señora de la casa. "Aquí no se tolera la indisciplina."
"Lady Janette." El profesor la saludó. "El chico aprendió su lección, ahora debe entrenar."
"Con razón es un desobligado, sus maestros no tienen disciplina."
"Usted no va a decirme como entrenar a mi estudiante, cualquier reclamación que me la haga Lord Riazor."
"Cuidado con como me habla profesor, soy mujer pero tengo quien me defienda." Su guardaespaldas dio un paso al frente.
El maestro no temía al protector de Lady Janette, pero no podía retarlo, ella era la esposa de su empleador. "Si la ofendí le ruego me disculpe, ahora me retiraré con mi alumno."
"El joven Lesath no irá a ninguna parte, faltó a sus entrenamientos por jugar con mi hija, ahora tendrá que responder por su falta ante mi esposo."
Al escuchar eso Cross sintió miedo de que por su culpa fueran a castigar a Christina, jamás pensó en lo que le sucedería a él, corrió hacia Lady Janette y la tomó por el vestido. "¡No, por favor!"
Cross no pudo decir más, el guardaespaldas de Lady Janette lo golpeó en la cabeza, perdió el sentido.
"¿Christina?"
"Hola Lothar. ¿Que paso? ¿Por que estás tan serio?"
"Tu padre quiere verte, ven conmigo." Christinansiguió a Lothar, mientras caminaban el guardaespaldas le advirtió: "Por favor, si estimas y quieres seguir jugando con Cross, veas lo que veas no digas nada. Acepta tu castigo y cúmplelo. ¿Ok?"
Christina, sintió un miedo profundo. "¿Que pasó?"
"Creo que lo sabes, pero tu padre te lo dirá."
Cuando Christina llegó al patio con Lothar sintió que el corazón se le salía, Cross con la mitad del rostro hinchado estaba de pie junto al lago con la cabeza agachada. Argento Riazor le habló a su hija: "Christina, quiero que veas esto."
La hija de Riazor guardó silencio, el dueño de la casa le habló con autoridad a su pequeño amigo. "Cross, has defraudado mi confianza, yo te he dado cuanto tienes y tú me pagas con desprecio hacia lo que te ofrezco, eso no lo puedo perdonar, tú y tu padre tomen sus pertenencias y váyanse de mi casa."
"Disculpe señor Riazor, no pretendía insultarle, ni mi padre ni la señorita Christina tienen que ver con mi comportamiento, si quiere que me vaya así lo haré, pero déjeme irme yo solo, si me da una nueva oportunidad aceptaré mi castigo y le aseguro que no lo volveré a decepcionar."
"Profesores... ¿Que tal es Cross en sus estudios?"
"Poco más que un genio, sería un verdadero desperdicio el dejarlo ir, terminará muerto o como un delincuente, sería una lástima teniendo tanto potencial."
"¿Y en sus ejercicios de combate?"
"El niño es una máquina, soporta rutinas de ejercicios que no aguantaría un adolescente acostumbrado a ejercitarse, tiene mucho futuro."
"Yo no doy segundas oportunidades, pero al parecer tus profesores que fueron los ofendidos si la dan, espero que la aproveches."
"Si señor, gracias maestros." El muchacho notó que su profesor de lucha no se encontraba entre sus maestros, temió que por su culpa lo hubieran corrido pero no dijo nada, su situación en ese momento era crítica."
Cross se disponía a retirarse cuando Lady Janette intervino. "Argento... ¿Lo dejarás irse así como así?"
"Sus maestros que fueron los ofendidos lo han perdonado, él dijo que no volvería a suceder, yo le creo."
"Pero debe saber que contigo no se juega. Sólo así aprenderá su lección."
"¿Que sugiéres?"
"Nada drástico. Sólo unos azotes, así tu hija aprenderá a obedecerte también."
"No." Gritó Christina. "No le pegues. Por favor papá."
Lady Janette observó a su esposo. "Eres muy blando con ella, por eso hace lo que quiere."
Argento Riazor era una persona a la que no le gustaba que se cuestionara su autoridad, le habló directamente a Cross. "Se te dará un castigo de veinte azotes."
"Si señor."
Unos sirvientes le quitaron la camisa a Cross y lo amarraron a un poste, Christina no soportó ver así a su amigo y empezó a llorar. Riazor le habló a su guardaespaldas: "Lothar... ¿Puedes por favor?"
"De ninguna manera."
"¿Que?"
"Yo no voy a azotar a un niño y menos a este chico."
"Pero que demonios…"
Cross se encontraba nervioso y estresado, estaba seguro que habían despedido a su maestro de lucha, no quería que el señor Riazor corriera también a Lothar por su culpa. "Por favor Lothar, castígame, me lo merezco, es mejor que estar en la calle, ayúdame y azótame, yo aguanto…"
"Lo siento Cross, pero no lo haré."
"Entonces Cross se irá." Dijo con una sonrisa burlona la esposa del dueño de la residencia.
"No se preocupe Lady Janette, yo me llevo al niño."
Argento Riazor vio con furia a su esposa, después le habló a su protector. "Espera Lothar, me disculpo contigo, yo sé que no eres mi empleado, alguien más lo hará."
"Lo azotará Tellus, mi guardaespaldas." Lady Janette sonreía triunfante, ver a Lothar azotar a Cross era bueno, pero que lo hiciera Tellus era todavía mejor.
"¡No!" Gritó Lothar "El no… Yo lo haré."
Argento Riazor mostraba señales de estar cansado, quería salir de eso lo antes posible. "Lo siento Lothar, esto no es un juego, adelante Tellus."
El guardaespaldas de Lady Janette se encargó de dar los azotes, Christina se puso a gritar desde el primero que recibió Cross.
"Uno."
"Noooo ¡Ya no le pegues! ¡Déjalo!"
"Dos, tres, cuatro…"
"¡Que lo dejes te digo! ¡Pégame a mi, ya no le peguen a el! ¡Es un niño!"
"Cinco, seis, siete, ocho…"
"¡Te odio, te odio, ya déjalo!"
"Nueve, diez, once, doce…"
Lothar le gritó a Maggie. "¡Ya vio suficiente, llévate a la niña!"
Maggie se levantó de inmediato, ni siquiera volteó a ver a su patrón tomó a Christina y se la llevó, la niña estaba sufriendo una crisis nerviosa.
"¡No!" Gritó Lady Janette, se puso enfrente del ama de llaves impidiéndole avanzar. "Por eso la niña es muy blanda, la consienten demasiado, que vea."
Christina seguía implorando, aunque por el llanto apenas se le entendía. "Por favor, que lo deje Maggie, dile que ya no le pegue, que lo deje en paz, que me peguen a mi, yo tuve la culpa."
"Señor, la niña se ve mal" El ama de llaves suplicaba con lágrimas en los ojos.
"Está bien Maggie, llévatela."
Janette se opuso "Pero Argento…"
El señor de la casa le gritó furioso a su esposa. Estaba arrepentido del castigo, se había dejado manipular por ella y ahora no podía echarse para atrás, el castigo debía cumplirse. "¡Cállate! ¡Jamás te atrevas a cuestionar mis órdenes! Llévate a mi hija Maggie."
El ama de llaves se metió a toda prisa con la hija del patrón, sufría tanto como ella el castigo de Cross, lo quería como si fuera su hijo. Afuera, Tellus continuaba con el castigo.
"Trece, catorce, quince, dieciséis..."
Lothar le había susurrado a Cross que en cuanto ya no aguantara el dolor abandonara su cuerpo y se desmayara, le había enseñado esa técnica cuando lo curaban por sus heridas de combate, pero Cross aguantaba, se resistía a ceder, todavía cuando Christina lo vio a los ojos antes de que entrar a la casa él le sonrió.
"Diecisiete, dieciocho…"
Tellus se estaba ensañando, no pudo evitar hacer una mueca de satisfacción, Lothar estaba en el límite se llevó la mano a la espada y encendió su energía elemental, Argento Riazor le puso una mano en el hombro. "Tranquilo Lothar."
"Diecinueve y veinte."
"Ya basta Tellus." Argento Riazor observó satisfecho que increíblemente a pesar de la brutalidad de los azotes, Cross seguía consiente. "Bien muchacho, aguantaste como un hombre, no te preocupes, no te quedará marca." Inmediatamente buscó con la mirada a su chofer. "Bastián, llévalo al hospital. Y tú Lothar, tranquilízate, ve a algún lugar y tómate un trago."
"Ningún trago Señor Riazor, ese cabrón se ensañó con el muchacho."
"Así hago yo las cosas le respondió el señor de la casa."
"Y yo las hago de manera distinta pero consigo el mismo resultado, te recomiendo que le busques un nuevo guardaespaldas a tu esposa, porque este hijo de puta no va a amanecer vivo…"
Tellus volteó amenazante, aceptaba el reto de Lothar, tenían cuentas pendientes, Lady Janette intervino. "¿Qué sucede aquí Argento? Él sólo hizo lo que le ordenaste, calma a tu perro o Tellus lo matará."
"Que así sea." Respondió Lothar. "Sé lo que es ese esbirro, si yo gano no pasa nada, si pierdo muero, además, tengo curiosidad, dicen que cuando muere la sombra el zombi sufre…"
"Eso es un insulto Argento, si tú no me defiendes lo haré yo misma…"
"Ya, tranquilos todos, que Tellus y Lothar arreglen su problema, tú no intervendrás. ¿De acuerdo?"
Janette sonrió. "Lothar no es rival para Tellus."
"Adelante Lothar, terminen rápido con esto y cuidado con dañar mi casa."
Los guerreros se trasladaron a la zona de entrenamiento, Lady Janette estaba segura de la victoria de su guardaespaldas pero Riazor sabía que se equivocaba, aunque ciertamente Tellus era más poderoso que Lothar, éste pertenecía a la élite más exclusiva de los guerreros de Arcadia, era un estratega nato, sabía como aprovechar sus habilidades al máximo y como sacar ventaja de ellas ante rivales más fuertes, en su vida había vencido a muchos tipos que se consideraban mejores, la pelea estaba pareja.
La batalla comenzó, Lothar utilizaba su espada y Tellus un báculo, el combate era de viento contra tierra, después de media hora de combate la pelea seguía pareja, se notaba la superioridad del poder de Tellus, pero no lo imponía como era debido, Lothar era mejor guerrero, ambos decidieron utilizar su técnica más poderosa, Tellus lanzó una colisión de tierra que destrozaría a Lothar, el guardaespaldas de Riazor por su parte lanzó el siguiente nivel de su viento cortante, su técnica más poderosa y definitiva.
Los poderes de ambos guerreros chocaron como dos trenes, sin embargo, contra la técnica de Lothar no había defensa alguna, era la fusión de dos fuerzas elementales, viento y metal, acabó con la técnica de Tellus arrasando también con el guerrero, el guardaespaldas de Lady Janette se cubrió pero no le bastó, la furia de Lothar era demasiada, los cortes al cuerpo del guerrero de tierra se contaban por miles, estos fueron mortales, el verdugo perdió cuando uno de los cortes le rebanó la garganta, al final, sólo quedó una masa amorfa en lo que antes fue un cuerpo. Después, Lothar se retiró sin decir palabra alguna, Riazor le preguntó: "¿A donde vas Lothar?"
"Primero a ver a tu hija, después con Cross."
Cuando Lothar pasó al lado de Lady Janette ésta sangraba por los ojos, la nariz y la boca. En su rostro se notaba que el dolor era insoportable. Lothar le preguntó en tono burlón: "¿Dolió? Eso pasa cuando se practica la brujería."
"Te juro que pagarás con tu vida por eso." Lady Janette apenas podía hablar por el dolor físico que sentía, en comparación con eso lo de Cross había sido una caricia, cuando el vencedor se fue le reclamó a su esposo. "¿Estás satisfecho ahora?"
"Te dije que Lothar era otro nivel de guerrero pero no me hiciste caso, contra combatientes de su tipo tu magia no funciona, tú te lo buscaste."
Cuando Lothar llegó con Christina, la niña ya había sido sedada, pero se negaba a dormir. "¿Como esta Cross?"
"Va a estar bien, pero me pidió que te dijera que descansaras, si tú no duermes bien él no va a estar tranquilo y Cross necesita reposo."
"Está bien, dormiré."
"Buenas noches princesa."
Al ver a Lothar marcharse Chistina empezó a llorar otra vez. "¿Le puedes decir que lo siento? No quiero que me odie, todo fue mi culpa…"
"No te preocupes, él nunca podría odiarte, ahora duerme."
"¿Me pasas esa cajita?"
"Aquí la tienes."
Christina sacó la cadena que le dio Cross, la abrazó y se durmió.
"¿Donde estoy?" Cross recién se estaba despertando y no ubicaba el lugar en el que estaba.
Lothar no se había despegado de su lado. "En el hospital amigo, llevas una semana aquí."
"¿Una semana?"
"Si, las lesiones eran graves y tuviste que pasar por cirugía, te hicieron varias operaciones."
"¿Y Chris?"
"Ella está bien, pero lo que hiciste es muy peligroso, debes cortar esa amistad."
"Eso es imposible, prefiero que me maten a latigazos a dejar de jugar con Chris."
"No digas eso."
"Pero es cierto, falté a clases por jugar con Chris, el castigo valió la pena."
"Cross, quiero que me jures que eso no se va a volver a repetir."
"No te preocupes maestro, hasta yo sé que a la próxima me lanzan a la calle y no me puedo arriesgar a eso."
"Eres algo especial muchacho."
Cross sonrió, en ese momento Argento Riazor estaba entrando en la habitación del hospital.
"¿Como estás Cross?"
"Bien señor Riazor."
"Espero que no estés molesto conmigo."
"Claro que no, me lo merecía, le prometo que no volveré a faltar a ninguna clase."
"Así me gusta muchacho, que seas responsable."
"Al contrario, gracias por la oportunidad."
"Bueno, ya tuviste tus vacaciones, mañana te dan de alta y regresarás a los entrenamientos."
"Si señor."
"Y en cuanto al profesor de lucha ahora tendrás a otro, Tellus mató al maestro Ruble."
"¿Qué? ¿El profesor de lucha está muerto?"
"Así es, murió defendiéndote, Tellus se excedió en eso y en tu castigo, pero no te preocupes, Lothar le dio su merecido…"
Cross volteó a ver a Lothar sorprendido.
"Así es Cross, Lothar destrozó a Tellus por lo que te hizo, lo cortó parte por parte."
El niño notó que su maestro estaba apretando los puños. "Me alegro, el maestro de lucha no merecía morir, todo fue mi culpa, además, si alguien se atreviera a ponerle una mano encima a Lothar yo también lo destazaría miembro por miembro."
Lothar sonrió, en serio quería a ese niño. "Gracias Cross, pero lo que hice no estuvo bien."
"Lo sé maestro, pero cuando lastiman a las personas que queremos no podemos contenernos, todos deben saber lo que les espera si se atreven a lastimar a nuestra gente."
Riazor ya se había salido, Lothar pensó que no había logrado su objetivo, abrazó al muchacho y pensó que Tokugawa tenía mucha influencia en ese chico.
"A propósito Lothar… ¿A que te referías cuando te negaste a azotarme? Lady Janette dijo que me correría y tú le respondiste que me llevarías contigo."
"A eso muchacho, de ninguna manera te dejaría en la calle, tengo mucho dinero y te llevaría conmigo, mi familia es tan rica y poderosa como los Riazor, pero no te preocupes, eres más valioso para Argento de lo que te imaginas, él nunca te correría, hasta los azotes fueron una prueba."
"¿Y Christina? ¿Fue castigada?"
"Ya lo verás cuando regreses…"
Cuando Cross regresó a sus entrenamientos Christina ya no estaba, le dijeron que se había ido de viaje con su padre. Argento Riazor se había llevado a su hija al extranjero, tenía que resolver unos asuntos y pensó que sería bueno alejarla un tiempo de Cross y de Janette, los acompañó un tutor para que no perdiera sus clases. Lady Janette se molestó y se fue a la casa de su familia al estado de Riazor. Cuando se la llevaron, Christina hizo toda una escena, no se quería ir, pero al final tuvo que aceptar su situación, estuvieron fuera de Boleria por once meses, después, fueron a Levit en donde estarían un año.
"Papá. ¿Cuando vamos a regresar a casa?"
"Por fin me hablas, ya llevabas un año sin dirigirme la palabra."
"Si quieres no lo hago."
"No, está bien hija, es muy duro para mi soportar tu silencio, pero lo respeto."
"Es que lo que hiciste no es justo."
"Ya me disculpé por eso Christina, tú también debes respetar mis decisiones."
"Está bien. ¿Cuando regresamos?"
"¿Por qué quieres regresar? ¿Acaso no te has divertido?"
Christina mintió. "No es eso, por supuesto que me he divertido, pero extraño Arcadia."
"Yo también hija, pero me acaban de nombrar emisario en el estado de Levit y tendremos que estar un año por allá, pero no te preocupes, tendrás a muchos amigos para jugar."
Christina calló, había aprendido a no mostrar sus inquietudes a su padre y menos si se trataba de Cross, lo había extrañado mucho, seguía en contacto con Maggie y hacía que ella le contara todos los días que hacía Cross.
"Ayy niña, ya te dije que hace de lo siempre, entrenar y estudiar. ¿No te aburres que siempre te digo lo mismo?"
"No, no me aburro, quiero que me des más detalles, si le creció el cabello, como se ve, si los maestros no lo lastiman, si se lo pasa bien."
"¡Christina! Yo no tengo tiempo para esas cosas, no puedo estar atrás de Cross todo el tiempo, te diré sólo lo que veo y si no te gusta lo siento."
"Está bien Maggie, no te enojes, ya me voy, sólo dile a Cross que lo extraño y que espero regresar pronto."
"Si niña."
Maggie nunca le dijo nada a Cross, había visto sufrir mucho a ese muchacho cuando Christina se fue y no quería darle falsas esperanzas, ahora se veía tranquilo, ya había aceptado que su amiga se había ido…
El año que estuvieron en Levit, se le hizo una eternidad a Christina, se habían establecido como huéspedes en un castillo perteneciente a uno de los hombres mas poderosos de ese estado: Neil Rush, quien era el Comandante Supremo de las fuerzas militares de Levit, tenía ocho hijos, Christina no soportaba a ninguno, las tres niñas le tenían envidia porque era mas bonita que ellas y todos le prestaban más atención a ella, los niños, como todos los demás que conocía eran unos cretinos, a su vez los hijos del anfitrión tampoco soportaban a Christina, era demasiado traviesa y frecuentemente los metía en problemas, al final siempre los castigaban a ellos porque nadie les creía que esa “niñita tan linda” hiciera tales travesuras, pero lo que en realidad no soportaban era que todo el tiempo se la pasara hablando de ese tal Cross.
A finales del año en Levit sucedió un hecho lamentable que marcaría la vida de Christina para siempre, los Riazor fueron invitados a cazar a los bosques del estado, eran famosos en esa época por las distintas especies que podían atrapar, era una fiesta que se celebraba entre los nobles, cada año en esa temporada pasaban una semana cazando en el bosque en una gigantesca cabaña de campo del Comandante Supremo. Todos los niños tenían una casita acondicionada para ellos, había un bérserker de tiempo completo vigilando que siempre estuvieran en zona segura.
Hacia el final de la semana un chico les estaba contando una leyenda a todos los demás: "Dicen que en el lago del bosque vive un monstruo que si lo ves a los ojos y no te acobardas te concede un deseo…"
"Eso no es cierto." dijo Jaan, hijo del Comandante Supremo de las fuerzas de Levit.
"Si lo es, pero nadie se atreve a ir, dicen que el monstruo es enorme y da mucho miedo."
"Pues yo no lo creo."
Jaan contaba con dieciséis años de edad, era el primogénito y atormentaba siempre a Christina, por lo que esta aprovechó la situación. "Si no crees que sea cierto... ¿Por que no vas y lo compruebas?"
"No tengo porque hacerlo."
"Si tienes miedo no tienes más que decirlo y todos sabremos que eres una niñita."
"Yo no soy una niñita."
"Entonces pruébalo y ve al lago."
Jaan, estaba furioso, esa mocosa lo estaba haciendo ver como un cobarde y él había caído en su trampa. "Podría ir pero el bérserker, no nos va a permitir salir."
"Yo se cómo burlarlo."
"No es cierto."
"¿Que te parece si te digo como lo burlas? En caso de que lo logres vas al lago y nos traes una de las flores que crecen ahí, así sabremos si realmente fuiste o no. ¿Te parece bien, miedosito?"
Jaan estaba atrapado, todos los demás niños estaban al pendiente de su reacción, de hecho, por supuesto que tenía miedo, pero su odio hacia Christina era mayor y lo estaba ridiculizando enfrente de todos…
"Está bien, iré, pero no voy a traer ninguna flor, alguien tiene que ir conmigo para asegurarse de que sí llegué al lago. ¿Quien viene?"
"Todos guardaron silencio."
"En vista de que nadie se ofrece... ¿Que te parece si vienes tú Christina? Al fin y al cabo sabes burlar al bérserker y te voy a necesitar para regresar aquí."
Ante la sorpresa de Jaan, la niña aceptó de inmediato y en total calma. "Está bien, te acompaño."
Todos estaban sorprendidos, una chiquilla se acercó a Christina. "¿No te da miedo?"
"No, y te aseguro que ese cobarde no va a llegar al lago."
Todos se echaron a reír, las demás niñas estaban incontrolables, decían que su representante era más valiente que ellos, Jaan se estaba controlando para no golpear a Christina, pero ya estaba fraguando un plan…
"Esta bien, manos a la obra, Frank, tu vienes con nosotros."
"¿Pero yo porque?"
"Por si hay que pelear con el monstruo alguien tiene que proteger a Christina y traerla a salvo."
Todos se quedaron callados, estaban equivocados, Jaan si era valiente y no temía enfrentarse al monstruo, además, dejaría protegida a Christina si había problemas…
Frank era hermano de Jaan, tenía un año menos que él y estaba realmente asustado, no quería ir, pero le temía más a su hermano mayor, el monstruo era una posibilidad, la paliza que le daría Jaan si no lo acompañaba era segura.
"No seas así Jaan, yo no quiero ir."
"Cállate, tengo un plan."
"¿Cual?"
"No vamos a ir al río, iremos a otro lado y ahí nos desharemos de esa molesta niña."
"Pero… ¿Y su papá?"
"¿Que puede hacer su papá? Nadie es más poderoso que nuestro padre, es el Comandante Supremo, todos le temen, diremos que fue un accidente, además, todos están de testigos que la de la idea fue Christina, nosotros sólo la acompañamos para asegurarnos de que estaba bien."
Frank sonrió, estaba de acuerdo con la idea, odiaba a Christina por otras razones, desde que llegó le encantó esa niña, era muy bonita y la llenó de atenciones, pero ella lo despreció en todo momento, ahora pagaría por tratarlo así.
Salieron por la parte trasera de la casa, Christina ya era toda una experta para escabullirse, Cross le había enseñado para que pudiera ir a verlo sin que se dieran cuenta, si podía engañar a Lothar y a su madrastra que no haría con ese bérserker, el escape fue todo un éxito, en el fondo ambos chicos esperaban ser sorprendidos por el guardián y que los regresaran a la casa, nada pasaría, dirían que era un juego, pero esa condenada niña era astuta, ni modo, ella misma había sellado su destino. Los tres niños empezaron a caminar por el bosque. "Esperen, este es el camino al lago."
"No, ese es peligroso de noche, hay muchos animales salvajes, iremos por aquí."
"Pero ayer nos fuimos…"
"Ya te dije que por ahí es peligroso, yo vengo aquí todos los años, síguenos y no te pongas necia."
Christina, los siguió pero tenía un mal presentimiento, después de unos minutos de camino, ya no quiso seguir andando. "Nos estamos alejando del lago."
"No es cierto, ya te dije que este camino es más seguro."
En ese momento su sexto sentido le dijo a Christina que su vida corría peligro. "Ya no quiero ir, regresemos."
"¿Que? ¿Te da miedo?"
"El lago no, ustedes si."
"¿Quien es la miedosita ahora?"
"Soy yo, regresemos."
"No niñita, no vamos a regresar."
"Entonces regresaré yo sola."
"De ninguna manera... ¡Frank detenla!"
Cristina no pudo escapar, empezó a gritar pero nadie la escuchaba, Jaan sacó un cuchillo. "Te voy a cortar como un animal." En eso, el rostro de Jaan se llenó de terror, no creía lo que estaba viendo… "¡Frank, suéltala y huye, ten cuidado!"
Al día siguiente cuando el bérserker fue a despertar a los niños los miró extrañado. "Niños, ya despierten, en una hora es el paseo en bote." Todos los niños estaban serios y tenían aspecto de no haber dormido. "¿Que sucede aquí?" Los niños le contaron lo que había sucedido. "¡Maldición! Esperen aquí."
El bérserker, salió corriendo, sabía que su vida dependía del bienestar de esos infantes, para colmo no eran cualquier niño, se trataba de los hijos del Comandante Supremo y la otra niña era la hija del emisario de Arcadia. ¡Esto podría desatar un conflicto entre los estados! Llamó a todas las fuerzas militares y les explicó la situación, inmediatamente se pusieron en movilización.
"¿Que es lo que sucede Capitán?"
"Hay tres niños perdidos Comandante Supremo."
"Que mal, búsquelos inmediatamente, esa es la prioridad."
"Si señor, ya tengo movilizadas a todas las fuerzas."
"Hay que avisar a los padres. ¿Quienes son los chicos?"
El Capitán tragó saliva. "Sus hijos mayores y la hija del emisario."
El rostro del Comandante Supremo, cambió de color, tomó al capitán de las solapas. "¿Mis hijos? ¿La hija del emisario? ¡Es usted un imbécil! Esto puede ocasionar una guerra. Usted era el responsable de esas criaturas Capitán, considérese despedido y despojado de su rango, y más le vale por su vida que los niños estén bien."
"Si señor."
El alboroto no se podía ocultar. "¿Que pasa Comandante?"
"No le voy a mentir Lord Riazor, su hija y dos de mis hijos están desaparecidos."
"¿Que sucedió?"
"Al parecer ayer en un juego se retaron mutuamente para ir al lago, se fueron aproximadamente a las diez de la noche, no han regresado."
"Lothar."
"Estoy en eso."
El guardaespaldas de Riazor se fue de inmediato a buscar a Christina. "Comandante... ¿Quienes de sus hijos son los que salieron con mi niña?"
"Los dos mayores Lord Riazor, conocen este bosque como la palma de su mano, su hija está segura con ellos."
"Así lo espero Comandante, le recuerdo que mi hija tiene ocho años de edad, no está como para andar jugando a “retarse” con muchachos que le doblan la edad."
"Después hablamos de eso, lo importante ahora es localizarlos…"
Lothar salió por su cuenta, era un experto rastreador, varios soldados lo siguieron, el guardia de Riazor era una leyenda, hasta en otros Estados conocían su fama y fue él precisamente quien encontró a los chicos, estaban ambos tirados con sus cuerpos completamente destrozados, Lothar estaba preocupado, pero el hecho de que Christina no estuviera ahí le daba una esperanza. "Cubran esos cuerpos y regresen."
"Si señor." Los soldados hicieron lo que Lothar les indicó, ahora se sentían estúpidos por haberlo seguido, su fama le precedía, estaban seguros de que él los encontraría, los soldados pensaban regresar triunfantes con los niños… Pero estaban muertos. ¡Y de que manera! Conocían el carácter de su Comandante Supremo, esperaban no ser el receptáculo de su furia, envolvieron los cuerpos y muy lentamente se encaminaron al campamento.
Lothar estaba desesperado, estaba peinando la zona pero no podía pensar con claridad, ya no recordaba si había pasado por determinados lugares, su búsqueda era infructuosa, sin saber que hacer empezó a llamar a gritos a la menor. "¡Christina!"
Después de varios minutos de gritar finalmente obtuvo una respuesta. ¡"Aquí estoy!"
El guerrero volteó, a su espalda estaba Christina totalmente cubierta de sangre. La abrazó. "¿Estás bien? ¿No estás herida?"
"No lo sé."
Lothar la revisó, en ese momento parecía estar bien, pero no recordaba nada de lo sucedido, cuando llegaron al campamento la escena era terrible, el Comandante Supremo y Argento Riazor estaban a punto de llegar a los golpes.
"¡Papá!"
Riazor volteó, vio a Christina y corrió hacia ella "¿Como esta mi hija Lothar?"
"Bien, aunque no recuerda nada…"
"¡Arréstenlos!"
Era el Comandante Supremo quien hablaba, no entendía por que sus hijos estaban destrozados y esa niña seguía viva y al parecer ilesa. Lothar se preparó para el combate, sabía que de esa no saldría, pero su objetivo no era salir vivo, era crear una ruta de escape para su cliente y su hija. Argento Riazor estaba totalmente tranquilo, con voz pausada pero enérgica encaró a Neil Rush.
"Espere Comandante, no sea tonto, la decisión que tome aquí no sólo le va a afectar a usted, puede terminar en la aniquilación total de su Estado, no se deje llevar por sus instintos, piense con la razón, aquí hay varios bérserkers a su servicio, pero todos han sido entrenados y han salido de nuestra academia militar, le sugiero que no ponga a prueba sus prioridades de fidelidad, lo vamos a acompañar al edificio de gobierno, ahí estaremos mientras se realizan las investigaciones pertinentes, pero no no iremos como prisioneros y tampoco vamos a ser despojados de nuestras armas, ni mi guardia particular, ni yo. ¿Entendido?"
"Entendido. Soldados, escolten a nuestros visitantes al palacio de gobierno, yo los alcanzo después, tengo un asunto pendiente."
Una vez que se retiró el Emisario de Arcadia y sus acompañantes, el Comandante Supremo fue a ver al bérserker encargado del cuidado de los niños, estaba atado y de rodillas en el centro del campo. "Esto es tu responsabilidad."
"Lo sé Comandante Supremo y acepto mi castigo, sólo le pido que por favor mis hijos no vean mi ejecución."
"Está equivocado Capitán, su muerte no va a calmar mi dolor, sólo un dolor igual puede emparejar las cosas."
El Capitán inmediatamente supo a que se refería, volteó a ver a sus hijos, eran tres, tenían tres, cuatro y seis años de edad; los había llevado al campamento para que se divirtieran, pasaba muy poco tiempo con ellos. "No, a ellos no... ¡Que alguien me ayude!"
"Observa maldito, sufre lo que yo estoy sufriendo."
Llevaron a los niños a una jaula. "No, por favor, así no, ellos no tienen ninguna culpa."
"Así murieron mis hijos, así morirán los tuyos."
El Capitán trató de atacar pero fue sometido con ganchos de metal que traspasaron sus brazos y lo inutilizaron, una niña vestida con atuendo militar que manejaba energía pura inhibió su poder elemental. El encargado de vigilar la cabaña de los niños vio a sus hijos por última vez, los tres estaban llorando y gritándole que los ayudara, soltaron a los perros salvajes, estaban entrenados para despellejar a sus víctimas, los usaban para auxiliarlos a cazar, destrozaron a los niños.
El bérserker y su esposa fueron obligados a ver como los perros salvajes mutilaban y devoraban a sus hijos, después, el Comandante Supremo ordenó que los soldados se divirtieran con la esposa y la botaran en lo profundo del bosque, al bérserker lo torturarían pero no lo matarían, si se les pasaba la mano los verdugos ocuparían su lugar, el Comandante Supremo iba a mantener vivo a ese desgraciado para que sufriera lo más posible.
Una semana después, en el Edificio de Gobierno del Estado de Levit. Argento Riazor, el Comandante Supremo de las fuerzas armadas y el Gobernador de Levit, conversaban acerca de lo sucedido.
"Tranquilos señores, lleguemos a un acuerdo."
"¿Cual acuerdo? Perdí a dos de mis hijos, a mi primogénito entre ellos porque su hija los retó a salir en la noche."
"Sus hijos eran lo suficientemente grandecitos para dejarse llevar por lo que decía una pequeña niña. ¿No cree Comandante?"
"Si, pero esa “pequeña niña” no tiene nada de inocente, violó la seguridad de la vigilancia para que escaparan, exijo una satisfacción."
"En eso tiene razón el señor Neil Rush emisario, aunque los hijos del Comandante fueron al bosque por su voluntad, lo hicieron bajo coerción psicológica de su hija, todos los niños lo corroboraron y fue ella quien los sacó de la casa infantil burlando la seguridad de un bérserker salido de su academia y recomendado por ustedes para nuestro servicio."
"¿Y que tipo de satisfacción pretende Comandante?"
"Perdí a dos hijos, merezco por lo menos ser resarcido con uno, lo que pretendo es que me de la mano de su hija en matrimonio para quien ahora es mi hijo mayor, con eso uniríamos nuestros lazos y yo estaría ganando una hija."
"Eso es imposible."
"No veo otra salida Lord Riazor, quiero evitar de cualquier forma un conflicto."
"Miren señores, voy a hablar claro, Arcadia está preparada para la guerra, si eso es lo que quieren barreremos con todo el estado."
"Cálmese Lord Riazor. Le recuerdo quienes son los verdaderos gobernantes de este estado: la familia Yaotl, yo sólo soy un provisional, ellos pesan tanto como los Riazor, o quizá más…"
"No, escúchenme bien ustedes, en éste momento Michel Yaotl padre no gobierna éste lugar. Está enfermo y su hijo tiene otras preocupaciones. Además, él fue expulsado por los De Grieff de Arcadia, ese es un secreto a voces, ya no tienen tanto poder como antaño. ¿Por qué? No lo sé ni me interesa. Eso sin contar el hecho de que ninguna de las cuatro grandes familias puede ir en contra de las resoluciones que se toman en Arcadia o en Ishtar. Yo a pesar de sólo tener un puesto administrativo en mi estado tengo más influencia que ustedes en la Capital y no olviden que también tengo influencia en el estado de Riazor, mi pueblo natal que es gobernado por mi hermano, quien por cierto adora a su ahijada. Ishtar no hará nada, dependen de Arcadia para la protección del país, créanme que cuando digo aniquilación total es que ni las bacterias van a sobrevivir…"
Esta vez habló el Comandante Supremo, con voz conciliadora. "Está bien Lord Riazor, ya estableció su punto y lo acepto, olvide la satisfacción, en algo tiene razón y es que mis hijos eran mayores y debieron actuar con mas prudencia, eso lo sé, pero el dolor me ciega, lo del enlace matrimonial se lo iba a proponer de todas formas antes de que pasara esta desgracia, uniría a nuestros pueblos y nuestros nietos nos harían olvidar esta desgracia, no me de una respuesta ahora, tómese el tiempo que considere necesario, yo sabré esperar."
"Siendo así las cosas, agradezco su consideración y su muestra de amistad, le prometo que pensaré seriamente en su proposición y aprovecho esta oportunidad para darle mí mas sentido pésame por lo sucedido a sus hijos".
"Le agradezco sus palabras, aunque no lo pareciere en su momento estoy feliz de que en esta desgracia su hija haya salvado la vida, el dolor que siento no se lo deseo a nadie…"
Ambos hombres se estrecharon la mano y Argento Riazor se retiró, le comunicaría a Christina que por fin irían a casa. Ya a solas el Gobernador de Levit platicaba con Neil Rush.
"Me sorprende su cambio Comandante Supremo. ¿Cree que Riazor cumplirá?"
"No me cabe duda Gobernador, ese cabrón sólo blufeaba con lo del exterminio, pero lo realmente cierto es que los Riazor y los Yaotl son aliados históricos y tienen pactos sagrados de apoyo, si tomamos en cuenta que Argento Riazor es actualmente el patriarca de su familia las cabezas que rodarían en este conflicto son las nuestras. Pero lo que ese infeliz no sabe es que también tenemos una fuerza armada de respeto, nuestra fuerza militar es tan grande como la de ellos y ya tenemos nuestra propia academia militar, todo en secreto, pero necesitamos a la chica, algún día será la heredera de los Riazor y entonces seremos el estado más poderoso del país, trasladaremos la Capital a Levit, la muerte de mis dos hijos no será en vano, sus nombres serán recordados como los que hicieron posible el surgimiento del estado más fuerte de Boleria".
Dos días después.
Argento Ruazor regresaba en avión al estado de Arcadia, utilizaba el avión particular de su familia, bebía despreocupadamente mientras platicaba con su guardaespaldas. "¿Como está Christina?"
"Dormida, aun está muy afectada. ¿Que fue lo que sucedió allá, Lord Riazor? El Comandante Supremo estaba decidido a tomar venganza con nosotros, pero cuando nos fuimos parecía su mejor amigo…"
"Política Lothar, todo no es más que política, a propósito, gracias por traer a mi hija de vuelta sana y salva."
"Es mi deber protegerlos."
"Lo sé, pero de todos modos lo agradezco."
Argento Riazor ya no confiaba en Lothar cuando se trataba de Cross o de Christina, prefirió omitirle a su hombre de confianza el trato ofrecido por el Comandante Supremo. Por supuesto que no confiaba en Rush, todavía sonreía cuando pensaba en las palabras de ese hombre: “el dolor que siento no se lo deseo a nadie”, imbécil, todo mundo supo cómo castigó al bérserker a cargo de los niños. Ese hombre realmente era cruel, pero había unas cosas que debía considerar, hasta no valorarlas tomaría su decisión.
SENTIMIENTOS
Cuando Christina llegó a la residencia Riazor de vuelta del Estado de Levit, fue un miércoles por la mañana, Cross estaba estudiando y la vio pasar, había crecido y se veía preciosa, con el libro de estudios enfrente de su rostro la siguió con la mirada, seguramente ya lo había olvidado, de repente Christina giró su rostro hacia él y le sonrió, Cross sintió que su corazón se aceleraba, después volteó y vio al maestro Tokugawa saludando, se había hecho falsas ilusiones, no le había sonreído a él, lo había hecho a su maestro.
A la hora de la comida Cross se apresuro a ir a comer al lago, no lo había hecho desde que Christina se había ido, posiblemente se daría una vuelta para saludarlo, pero no llegó, Cross se fue desilusionado a seguir con su rutina, al término de la misma estaba terriblemente adolorido, ese día había estado desconcentrado y sus profesores le habían dado una paliza, no le importó, llegó a su habitación, se despojo de su playera y observó que ya no tenía bálsamo para las heridas, pensó descansar así pero estaba demasiado magullado para dormir, necesitaba aliviar sus músculos, decidió ir a pedirle más ungüento al ama de llaves. "¿Maggie?"
"¿Que pasó Cross?"
"¿Tendrás más ungüento? Ya se me acabó el que me diste."
"No, pero ahora te lo preparo y te lo llevo, mira nada más como estás mi niño, ahorita yo te ayudo a untártelo."
"Gracias."
Cross regresó a su habitación, se puso a repasar sus estudios en lo que llegaba Maggie, pero no tenía cabeza para nada, sólo pensaba en la hija de Riazor, en cuanto llegara el ama de llaves le pediría que le contara todo lo que sabía, aunque Christina ya lo hubiera olvidado el no lo haría, le interesaba todo lo que estuviera relacionado con ella, todo el tiempo le preguntaba por Chris, sin embargo, Maggie siempre respondía que no sabía, pero ahora sin duda algo debía de saber, estuvo toda la tarde con su única amiga."
Cross estaba inmerso en sus pensamientos cuando tocaron a la puerta. "Pásale Maggie. ¿Me puedes untar tu bálsamo en la espalda? Es donde más me duele."En cuanto el joven aprendiz de guerrero sintió que le untaban el bálsamo, inmediatamente sacó a relucir el tema del arribo de su amiga. "Maggie... Por fin llegó Chris."
"Lo sé." En cuanto escuchó esa voz, Cross supo inmediatamente que no era Maggie, volteó de inmediato. Habló con un susurro: "Chris…"
"Hola Cross. ¿Como has estado?"
"Bien."
"¿Y que me cuentas? ¿Que has hecho?"
"Nada."
"¿Que no te alegras de verme?"
"Si."
"¿Y entonces?"
Cross se quedó mudo, sólo podía hablar con monosílabas, no podía creer lo que veía, Christina sí se acordaba de el. Christina lo veía sonriente. "¿Ni siquiera me vas a dar un abrazo después de dos años"?
Cross abrazó a su amiga, la única que había tenido, lo hizo tímidamente, apenas si la tocó, en cambio Christina lo abrazó fuertemente, Cross sintió que nunca en su vida había sido más feliz que en ese momento. "Creí que te habías olvidado de mí."
"Eso nunca, siempre te mandaba saludos con Maggie."
"No me dijo nada."
"¿Nada? ¡Voy a hablar muy seriamente con ella!"