
MAKING OFF
DE
SILLMAREM
Gabriel Guerrero Gómez

ÍNDICE
Introducción……………..……………………………………………4
1. EDUCACIÓN…...….……………………………..…………………………..5
2. VACIO DE PODER………………………………………………….………10
3. RAVALIONE…………………………………………….………….……..12
4. ZASARS (PARTE I)………..….………………………….…………….......15
5. ZASARS (PARTE II)………..…………………………….……………........19
6. REPERCUSIONES…………………………………….………………….25
7. LA GRAN MADRE ITSO…………………………….………………..........28
8. REBECCA…….………………………………………….………………….34
9. EL RECUERDO……….………………………………….…………………37
10. LA CEREMONIA ITSO……………………………….…………………...41
11. SHOCK………………………………………………….………………...43
Biografía del autor……………………………………………………………46
Bibliografía de la Saga de Sillmarem………………………………………….47

Definición del término Making off: El término anglosajón Making off se suele traducir en los reportajes cinematográficos como: “Como se hizo”…
Aludiendo al rodaje de escenas en una película, el montaje, banda sonora, decorados, efectos especiales etc. Se ha decidido usar este término para mostrar el funcionamiento creativo de la saga de Sillmarem, de la forma más sencilla y entretenida posible para el lector. Con pequeñas anotaciones sobre los personajes, conversaciones, perfiles psicológicos y demás contenidos que conforman un universo literario de estas características.
Este libro contiene una selección de capítulos desechados de los diferentes manuscritos que conforman la Saga. Se han escogido bien ya sea por el interés de sus contenidos como la variedad de motivos y criterios por los que en un momento determinado el autor los ha decidido excluir de su publicación final, especificándose en algunos casos al comienzo de cada capítulo, las razones de cada decisión. Es un ejemplo de cómo se puede llegar a crear, pulir o borrar, una escena, un diálogo, un carácter o una línea argumental de la trama, en cada historia. Los errores, cuando se aprende de ellos pueden propiciar a su vez interesantes aciertos, como la vida misma.
Simplemente disfrutadlo
Gabriel Guerrero Gómez

MAKING OFF DE SILLMAREM I.
Nota: Capítulo desechado. En ocasiones la creación de un capítulo puede ser divertido, aunque el resultado final no vaya acorde con la ubicación espacio—temporal de la trama, hay que tener en cuenta que la historia de Sillmarem se desarrolla en un futuro muy remoto y se juzgó por lo tanto que el baile del vals de los protagonistas aunque divertido estaba fuera de lugar, pese a que el Conde es un auténtico melómano y apasionado de la música clásica de la vieja Terra—Mater. La escena también se sale del perfil psicológico de ambos personajes. Escena eliminada de Sillmarem libro III.
P.D: Y sí, es cierto, lo autores pueden estar tan locos como el que más.
(Disfrutadlo).
1. Educación.
–Heme aquí presta a cumplir vuestros deseos Sire —murmuró Itsake, inclinando ligeramente la cabeza. Itsake observó a su alrededor un tanto extrañada. Fijó su mirada, en unas hermosas y luminosas lámparas de cristal, a un chasquido de los dedos del Conde, habían brotado de la nada, iluminando aquel espacioso y elegante salón, con cortinas tapizadas de hermosos bordados de oro y plata.
Los amplios ventanales redondos, con marcos dorados, se abrieron automáticamente dejando apenas entrever, los hermosos y coloridos rosales de sus jardines predilectos, cuyos jazmines despertaban en el olfato de Itsake aromáticas ensoñaciones. Diminutos colibrís, danzaban majestuosamente de flor en flor, con su acrobática y vivaz habilidad para sostenerse en el aire.
— ¿Qué significa esto mi señor?...no entiendo…
La estancia, se rodeó de más candelabros, maderas, alfombras, jarrones, floreros, esculturas y biombos. Grandes espejos reflejaban el melancólico brillo, de radiantes lámparas de araña, cuadros con bucólicas escenas campestres y de caza.
— ¡Música maestro! —gritó el Conde exultante, materializándose al instante en un extremo de la sala, un reluciente piano de cola, con su apuesto ejecutante, tocando el claro de luna de Beethoven. Itsake enmudeció aturdida.
–Qué diablos…
—Empezaremos con el vals del emperador (nunca mejor dicho), para terminar con una de mis piezas predilectas, el vals de la laguna de Venecia. El Conde, al ver el efecto que ejercía aquel decorado sobre Itsake, rompió a reír: —Si vas a ocupar un lugar, de tan alto rango en la corte a mi lado, es fundamental completar tu educación.
— ¿Mi educación?, no creo que… y… ¿para qué? —preguntó Itsake extrañada.
—Yo haré de tu…Tutor particular.
— ¿Tutor?
—Tu mentor, querida aprenderás a desenvolverte frente a las más refinadas damas del Imperio como pez en el agua —aseguró el Conde tomándola simpáticamente de la mano.
—Pero yo no necesito, ni quiero…esto —murmuró Itsake haciendo un supremo esfuerzo, por dominar su volcánico carácter, en lo que a su independencia se refería.
—Chssst, silencio…querida es necesario —observó el Conde con traviesa sonrisa.
—Si fuera por mí, de buena gana haría picadillo a esas emperifolladas damas de la corte Imperial —siseó Itsake, despertando la hilaridad de su señor.
—De eso no me cabe la menor duda, paciencia, paciencia, cada cosa a su tiempo —le sugirió el Conde, anticipando su diversión con su atlética y sensual Itsake.
—Esto no me gusta nada —refunfuñó Itsake haciendo amago por marchare y escaparse de la mano del Conde, que la retuvo con firmeza.
—Oh vamos, vamos querida compostura, actúa como una consorte Imperial, la más extraordinaria de las que jamás existieron, eso te lo puedo asegurar —le aseguró el Conde besándole con galantería la mano. Itsake no pudo evitar detenerse, ante la irresistible personalidad de su señor.
–Eres tan hermosa como…letal.
— ¿Y cómo debo comportarme? —preguntó Itsake desafiante.
—Con porte, dignidad, elegancia y aristocrática armonía, cual cisne blanco sobre las bruñidas superficies, de un hermoso lago —recitó el Conde.
—Creo que voy a vomitar soltó Itsake, con el ceño fruncido —el Conde soltó una carcajada.
—Eso después querida, después…si te place pero ahora no. Bien hoy empezaremos por algo sencillo…un vals de Johann Strauss. ¡Que comience el baile! —ordenó el Conde.
Itsake miró atónita, observando como una orquesta de baile, sustituía la elegante y estilizada silueta del pianista, en tanto bellas damas con sus distinguidos caballeros, los circundaban bailando al compas, de las notas.
–Contigo haré de la realidad un sueño y de los sueños una incomparable realidad —a una sola orden del Conde aquel vacio y espacioso salón, se había cubierto con multitud de parejas que bailaban en perfecta sincronía, las distintas piezas musicales ejecutadas por los músicos. Por supuesto, sabía que aquello era solo una realidad holográfica, una ilusión de luz tridimensional excepcionalmente lograda. Aunque no por esto mismo menos hermosa y abrumadora. La perfección de hasta los más insignificantes detalles, despertaron (muy a su pesar) la admiración de Itsake.
Esplendidos uniformes de gala, con sus medallas, galones y charreteras. Los abanicos, joyas, diademas, collares y tiaras de sus damas, sus inmaculados guantes de baile y libretitas de tapa nacarada, dispuestas para anotar el baile con tal o cual apuesto caballero. Mayordomos, ofreciendo sendos refrescos con una suave inclinación. Súbitamente un elegante vestido de gala brotó alrededor de Itsake.
— ¿Qué demonios? Esto parece lo que los humanos llamáis magia…
—La magia de la tecnología, querida.
—Comprendo.
—Querida ya empiezas a ser una dama del Imperio —dijo el Conde. Un discreto dispositivo, hábilmente camuflado en la pulsera del Conde, emitía la señal, que desplegaba el holograma con el vestido Itsake, tras previamente haber escaneado, sus medidas anatómicas exactas. Itsake tardo unos segundos en percatarse de la jugada del Conde.
—…Y además mi consorte acompañante —añadió el Conde disfrutando como un niño grande con su juguete nuevo.
—Me siento ridícula, mi señor —confesó Itsake, esforzándose por superar su torpeza, al seguir los pasos de baile ejecutados por su señor.
—Vamos, vamos Itsake., no forcejees con mi mano, déjate llevar.
— ¡Yo no me dejo llevar por nadie!, ¡ni si quiera por vos.
—Entre los antiguos en una pareja de baile, era el hombre el que tenía el mando —explicó el Conde tomando aire, con mucha paciencia.
— ¡Primitivas criaturas! —farfulló Itsake. Arrancando una carcajada al Conde.
— ¡Yo soy una Homofel!, no me someto ante nada ni ante nadie, ni si quiera ante vos.
—Lo sé, y también eres mi pareja de baile, Itsake. Cuidado así muy bien
—advirtió el Conde corrigiendo con suavidad, la excesiva rigidez de sus hombros.
— ¡Estúpidos humanos!
—Costumbres nada más, Itsake.
— ¡Estúpidas costumbres!
—Es solo un baile.
— ¡Estúpido baile! Odio bailar me siento ridícula —se quejó la esbelta Homofel, esforzándose lo mejor que podía por seguir los rítmicos pasos y giros del Conde el cual loco de alegría, tarareaba la estrofa de turno con especial deleite.
El Conde observaba con ojos brillantes como Itsake, (su Itsake), con el ceño fruncido, contaba en silencio los pasos de baile a seguir, enseñados con anterioridad por su señor. Un sentimiento parecido al cariño y al afecto cobró forma en el interior del Conde casi inconscientemente. La independencia y autenticidad de aquella criatura le fascinaba hasta lo más profundo de su ser, despertando sentimientos largo tiempo olvidados. Peculiar escena era contemplar a la atlética y aguerrida Homofel, seguir con tanta torpeza como encanto, la delicada danza elegida por el Conde, el cual disfrutaba más y más de las reacciones de su pupila. Itsake con el rabillo del ojo, observaba al resto de parejas, la posición de sus manos, hombros, cuellos o el compas.
–Esto es demasiado complicado —se quejó.
—En absoluto querida, puedes hacerlo y lo harás. No te desanimes lo estás haciendo muy bien —Itsake gruño malhumorada.
—Oh vamos, vamos, no gruñas te quita encanto, querida.
— ¡Queréis convertirme en esas insípidas y debiluchas damas de corte que solo saben intrigar y cotillear! —le reprochó Itsake con convicción.
—Eso no podría suceder jamás —aseguró el Conde con tono rotundo, como de alguien que sabía muy bien de que hablaba, un experto en la materia.
— ¿Por qué?
—Porque posees algo de lo que ellas carecen.
— ¿El qué?
—Integridad Itsake, integridad. Tu presentación en sociedad es fundamental para mis planes. Debes adaptarte y aprender las costumbres del Imperio — Itsake observó a una pareja acercarse, otra representación holográfica elaborada al detalle. No pudo evitar la tentación y trató de tocarlos, atravesando la pareja y terminando por cortar el aire con su mano. Sus ojos se posaron perplejos en los del Conde.
—El poder de las ilusiones, nunca las subestimes Itsake.
—Entiendo, os noto pensativo ¿Qué pensáis? —preguntó Itsake mirándole con singular fijeza.
—Ya te lo has ganado, en nuestra intimidad compartida, puedes tutearme y llamarme Alexander —concedió el Conde casi sin percatarse, mirando los ojos de Itsake. Su mano acarició su rubio flequillo con delicadeza.
—Alexander… Itsake susurró el nombre como saboreando la sonoridad de cada letra. El Conde sin poder ni querer evitarlo la atrajo hacia si besándola con pasión. Itsake instintivamente le correspondió abrazándole compulsivamente con fuerza y ardor. Hacía años que nadie llamaba así al Conde, aquel nombre pronunciado por Itsake despertó nostálgicos recuerdos en la mente del señor de Ekatón, su memoria, días felices. Su madre la antigua señora de Ekatón, la única mujer en la que había confiado en su vida. Hacía de ello tanto, tanto tiempo. Con el elixir el tiempo ya no volvería a ser un problema para él, nunca más. “¿Podré volver a amar de nuevo?” Se preguntó a sí mismo el Conde, mientras cogía en brazos a Itsake dirigiéndose a sus aposentos, conociendo perfectamente la respuesta.

MAKING OFF DE SILLMAREM II.
2. Vacío de poder.
“El poder y sus múltiples fuentes se perpetuán de padres a hijos, eliminando de una manera directa o indirecta cualquier posible competencia o amenaza para su fragmentación, por pequeña que esta sea, comenzando por la libertad de pensamiento”.
(El mantenimiento de los privilegios ya heredados).
Conde Alexander Von Hassler.
Nota: Capítulo desestimado de Sillmarem Libro III por ser completamente innecesario para el desarrollo de la trama.
—Sí, mi Señor.
—Ello incluye por supuesto a los familiares de los Delphinasills.
—Por supuesto.
—Pero sin prisas, los eliminaremos lentamente de uno en uno, que los Delphinasills reciban tales noticias con el suficiente espacio de tiempo, para que el dolor haga su trabajo, en sus mentes y en sus espíritus.
—Descuidad mi señor, así será.
—Divide y vencerás. Una máxima muy, muy antigua y útil y actual para mis propósitos —recitó el Conde, no era la primera vez que la mencionaba y la aplicaba en sus planes.
Itsake giró la cabeza comprobando como las negras panteras dientes de sable del Conde, devoraban con deleite la carne de la Walkiria. Se preguntaba si el Conde no le haría lo mismo a ella cuando dejara de serle útil. De ser así, él también le acompañaría al infierno para siempre. Pensó fugazmente.
Un flasback cobró forma en el pensamiento del Conde, de la negociación con los generales de sector de Rebecca, antes de su victoria sobre los Sillmarem, adueñándose no solo del elixir si no del Imperio, no mucho tiempo atrás:
—…Derecho de parentesco, y en el caso de que mi sobrino sufriera una muerte prematura (los dioses no lo quieran) me vería obligado a asumir el mando del Imperio —dijo el Conde con mucha seriedad.
— Sillmarem permanece oculto, no se puede conquistar lo que no se ve
—le había dicho otro General desafiante—. No basta con poseer un gran ejército.
—Ya no, yo poseo las claves y rutas de acceso al planeta —les mostró el Conde observando como el estupor recorría los duros semblantes de los generales, sus gestos eran de lo más elocuentes.
—Recapacitad, si Sillmarem cae, el resto de civilizaciones lo harán, la Interfederación, los sistemas fronterizos, Invenio, Septem, los uniremos a todos bajo una única bandera, la del Imperio, someteremos al resto de civilizaciones conocidas, tendréis concesiones por repartir, sistemas planetarios enteros para gobernar, riquezas, títulos y liderazgo en la conquista de Sill, les forzaremos previamente a sacar la mayoría de sus tropas del planeta, de hecho esto ya ha sido logrado —recalcó el Conde.
—Se dirigen hacía Ravalione para proteger a Rebecca —resaltó Mesala.
—Dando un golpe de estado en Ravalione, y manteniendo bajo nuestra custodia a Rebecca y al príncipe Umasis, con sus ejércitos fuera, y las defensas de ocultación al descubierto, Sillmarem será una presa fácil y caerá como fruta madura, cuando sus tropas lleguen a Ákila no encontraran a…nadie — explicó el Conde.
— ¿Y qué pedís a cambio de tanta generosidad? —preguntó otro General.
—Un pequeño gesto de lealtad por vuestra parte, más concretamente me permitiréis acceder a la custodia de Rebecca y el príncipe Umasis dejándolo bajo el cuidado de una de mis guerreras escogidas por mí, solo habréis de dejarle vía libre en el palacio y enfrentaros a las tropas de Sill en su momento, se verán obligados a regresar para socorrer su amado planeta, el resto será solo una invitación para la victoria, nuestra victoria —especificó el Conde. Y así había sido. El Imperio le pertenecía por completo, el elixir su preciado elixir fluía por sus venas, Sillmarem estaba en las últimas, su única amenaza era la existencia de los Delphinasills, después nada se interpondría en su camino. Nada.
—Krysstallus—Nova será la llave de nuestra victoria, todas las civilizaciones culparan a los Sillmarem, deshaciéndonos de esta última amenaza, el resto caerán con suma facilidad —Susurró el Conde con complacencia. Un frío escalofrió recorrió el cuerpo de Mesala ante la mirada de locura que pareció brindarle su señor. Se preguntó quién podría detenerle si este perdía el control la respuesta no le causo ningún alivio: Nadie…

MAKING OFF DE SILLMAREM III.
3. Ravalione
Nota: Extracto innecesario para el desarrollo del argumento, del libro Sillmarem III. No aporta nada nuevo. El matiz de las corruptelas de la corte, está fuera de lugar y los diálogos entre el Conde e Itsake son superfluos, el trato con la nobleza imperial es irrelevante para el desarrollo de la historia. Se evaluó la posibilidad de una posible coronación oficial del Conde, desechándose al final por otras opciones.
Simplemente disfrutadlo.
En el planeta Ákila, dentro del palacio de Ravalione, capital del Imperio, Itsake de soslayo, miraba con secreto desprecio, las dos damas de honor escogidas por el Conde: —Es por tu seguridad —le había justificado su señor con aire divertido.
– ¡Yo me valgo y me sobro para mi seguridad y la vuestra juntas! La rabia contenida de Itsake, no hacía otra cosa más que alentar la malicia, del señor de Ekatón.
—De eso estoy seguro, pero debemos guardar la etiqueta de la corte, durante un tiempo al menos, querida compórtate como una alta dama Imperial.