PROPUESTA
por un mundo mejor
Josef Carel
Copyright ® Josef Carel - ISBN 9788490091036
A modo de introducción 6
Capítulo 1 - Inicio 7
¿Qué más amig@?
El pecado primordial
Consum(o)ismo
Abolir diferencias
¿Vivir en comunidad?
Comunidades Intencionales(*)
Comunidad Twin Oaks – un caso particular
Agricultura comunitaria
Sencillos principios
Ruptura
Lo pequeño es hermoso
Autoengaño
La alianza definitiva
El hombre common
Principios, Yo-tu, Yo-ello
Para qué vivir
¿Podríamos vivir sin violencia?
¿Hacer justicia o resolver conflictos?
Simplemente así
Una ética diferente
Capítulo 2 – realidades 144
Insípida ley
En nombre de la eficiencia
Doblen campanas, doblen
Una evasión eventual
Confesión
Por los senderos del mundo
Un día en la vida del ejecutivo JotaCé
La ansiedad ya no viene
Urbanismo y tecnología
Planeta en quiebra
¿Inoperancia o intereses?
Colapso: porque unas sociedades perduran y otras desaparecen
Medioambiente, colapso de sociedades y soluciones
Humanidad miserable
Elogio de la locura
Diario de una pesada carga
Deshumanización
Suenan las campanas
Violencia – definición(*)
Un oxidado tren
Una mosca en el café
La gaviota cibernética
El llanto de una madre
Convivir
Una estúpida historia
Emilio o De la educación
Democracia, diplomacia, falacia
A plena voz
De pronto, una furiosa tormenta
Una inocente aventura
Laberinto
Una madre y la sociedad, sorda ciega y muda (*)
Mi amigo, un pequeño ratero
Tormentosa Venganza
Y llegó la oscuridad
Capítulo 3 – imágenes 238
Imagino
Figura fugaz
El usuario requerido
La estupidez humana
Cuando llega el momento
Un espejo dialéctico
Gracias por la atención dispensada
El ente supremo
Mandrágora
Advertencias de un paranoico
Estirpe
Cuadros de una exposición
Aquí estoy, parado y absorto
Un mundo feliz
Juicio Vertiginoso
La propuesta de Martin Buber
Capítulo 4 – epilogo 270
Resumiendo
Bibliografía y Citas
El autor
A modo de introducción
Este libro se gestó decenas de años atrás, un día en el que los rayos del sol dieron de pleno en mis ojos y aturdieron la visión del mundo. Eran días de guerra, toda una novedad para una persona joven que nunca había vivido algo similar y entonces sin saber distinguir entre tragedia e ilusión óptica escribí: “Punto y coma, final de una oración, principio de otra más. Quedan las huellas, el rastro de los pies marcado al caminar, el espasmo de una lucha que no fue tiempo ni paz. Solo significa la impotencia de seguir batallando. La falta de sentido. El cansancio brutal. La desesperanza. Nada tiene ya importancia; no hay motivo.
Los hijos, lo que una vez fue la esperanza a través del fruto del amor, se convierte en la trágica consecuencia de la desilusión y deja creer que todo fue como una pompa de jabón y no hay fuerza de voluntad para darle algún significado de realidad.
Hoy, mucho tiempo después, tan desesperado como entonces pretendo descubrir que todo podría ser diferente y que tan solo dependería de la propia voluntad de los humanos para que los rayos del sol no intimiden más.
Los textos de este libro son diferentes unos de otros y no siguen una cadencia única, pero hay un hilo muy fino que entreteje una intrincada maraña con un mensaje bien claro y definido.
Josef Carel, Junio 2011
Capítulo 1 - Inicio
“...las ideas primigenias...las molestias, cuestionamientos sin respuesta...enigmáticos pensamientos...dolores y punzadas que estallaban e inundaban el alma sufriente...pero alguna vez una sonrisa de un niño al pasar o la cara ajada de un anciano...que ya lo vio todo y que tal vez lo olvidó...mucha gente que necesita que les recuerden quienes son, de donde vienen y adonde van...”
¿Qué más amig@?
¿Qué más puedo decir, amig@? ¿Cómo puedo resumir todo? ¿Cuánto más podría continuar?
¡Si es que todas las letras están talladas en piedra a sangre y fuego! ¡Si es que todo ya está dicho, desde siempre!
He leído muchos escritos, hasta la bibliografía recomendada. Dialogué con filósofos e intelectuales. Discurrí con poetas y escritores. Discutí con sacerdotes y religiosos. Me ofusqué frente a políticos e ideólogos. Me enfrasqué en bruscos encuentros públicos.
¿Qué más, amig@?
He recorrido estepas y sabanas. Atravesado desiertos. Escalado montañas y sus picos. Navegado por todos los mares, ríos y lagunas. Sumergido en selvas y bosques. Penetré en hondas cavernas. Trepé a altos árboles para ver a lo lejos. Me encaramé sobre gibas, corcovas y lomos animales. Monté extraños vehículos. Volé a todas las alturas imaginables hasta que el sol derritió mis alas. En el espacio sideral me aturdió el silencio y la oscuridad infinita.
¿Adónde más, amig@?
He llegado a todos los pueblos y aldeas, caminado por calles de barro y piedra. Encontré sabios ancianos, les honré y pedí consejo. En las grandes ciudades, divagué con borrachos y prostitutas en oscuros bares. Escuché muy atento sus desventuras. Lloré sus desgracias y busqué aprender. Agentes de policía me aprehendieron e investigaron. Llegué a los más encumbrados jueces y les inquirí. No quisieron responder o no sabían. Cavé fosos bajo la tierra, examiné las hormigas, gusanos y lombrices y aprendí de sus vidas. Vi también desde abajo, las raíces de la vida natural. Me acerqué a todos los animales del reino. Aprendí sus lenguajes y documenté sus mensajes. En cavernas y cuevas, descifré mensajes de antepasados.
¿Cuánto más, amig@?
He llevado ciegos de sus manos, para indicarles el camino. Hablé a gritos hasta que mi garganta se secó con los sordos. Rogué y supliqué comprensión a los incrédulos. Busqué transar con los más fanáticos. Prometí premios y regalos. Arranqué mi piel y cubrí la inclemencia de los indigentes. Expuse mis más cálidas y amistosas sonrisas ante los arrogantes.
Solo propuse amor y sin odios, atención sin desaprensión. Sugerí ser solidario, callar y prestar atención. No buscar razón ni justicia, solo comprensión. No ambicionar, compartir. Modestia, honestidad, decoro. Respeto a todo nivel, sin jerarquías, sin excelencias. Recomendé el dialogo mutuo, múltiple y constante. La contemplación como método. El trabajo solo por necesidad. Otorgar el máximo respeto a la naturaleza, rememorar siempre su caridad y resguardar de ella.
¿Qué más, amig@?
¿Predicar desde una cruz? ¿Condenar infieles? ¿Prometer paraísos? ¿Revoluciones? ¿Progreso infinito? ¿Alegrías sin fin? ¿Erradicar tristezas? ¿Vida eterna? ¿Mocedad y riqueza? ¿Gozos sin fin?
No sé amig@, ya todo fue prometido hace añares. Se iniciaron multitud de credos, creencias, dogmas e ideologías. Al fin quedaron la inercia, fragmentos del tiempo y algunas costumbres que nada intimidan, ni siquiera las palabras talladas a sangre y fuego.
¿Qué más puedo decir, amig@?
El pecado primordial
En este documento nos sumergimos en los acontecimientos que llevaron a la humanidad a su estado actual, y que desde nuestro punto de vista, contienen todos los elementos para amenazar seriamente su existencia. No pretendemos que sea este un estricto estudio científico, pero no obstante, los hechos y acontecimientos que aquí analizamos y de los cuales deducimos, como así también los modelos que damos a nuestro cometido a la perfección. Queremos demostrar de manera fehaciente que está en el ser humano la elección de la calidad de su vida, la de quienes le rodean y la del mundo terrenal en el que mora. Con esto se quiere demostrar que la historia anterior, tanto como lo actual, no es cuestión de fuerza mayor y no tiene orígenes divinos incuestionables. Por supuesto que la definición de “ser humano” se refiere no exclusivamente a la persona individual, sino a todo el conjunto social al cual pertenece. De ahí que nos proponemos demostrar que el marco o sistema ético - moral dentro del cual la persona nace, crece y se desarrolla es el que marca las pautas de la conducta conjunta de sus miembros. Pero de esto se desprende también, que es la calidad de los “valores humanos” los que determinan el valor del tal sistema ético-moral que, repetimos, define la conducta humana, para bien o para mal. Podríamos denominar a este proceso, determinismo, pero como no creemos en absoluto que tenga relación con lo divino ni con lo natural preestablecido, preferimos que sea, en cambio, un paradigma determinante. Por el contrario, estamos convencidos de que la naturaleza y toda la creación existe por fuerza propia y le corresponde al ser humano adaptarse a ellos, a fin de lograr una existencia armónica. La pretensión, utilizada hasta el cansancio, de que se puede y hasta se debe adaptar la naturaleza a las necesidades humanas, constituye el punto clave del pecado primordial, como le denominamos. La arrogancia del hombre de considerar su capacidad de servirse de su imaginación y ver más lejos en el tiempo que cualquier otra especie viviente, como prueba de su superioridad, le dio la sensación que todo el universo había sido creado para él y estaba a su servicio. La soberbia del hombre fue entonces capaz de crear formas que corroborasen tales prerrogativas, como ser las divinidades bajo las cuales, había sido diseñado, “a semejanza e imagen”.
Los acontecimientos de la historia del hombre contemporáneo comprueban sin dudas lo que estamos afirmando y pese a todo, en las circunstancias actuales resulta ser muy engorroso el tratar de develar tales aberraciones. En parte por incredulidad en cuanto a las deducciones lógicas de las propuestas, pero en una inmensa dimensión por el miedo íntimo y esencial de los individuos a confrontarse con cambios en sus vidas. Esto es producto también de la reluciente soledad en la que la mayoría de las personas viven. Escondidos detrás de puertas de acero y encerrados con varios candados, cerrojos y pestillos, los hombres apenas si atinan a cumplir con los designios estipulados: Ganarse el sustento, preservar la salud, divertirse y cuidar a sus descendientes, hijos y en general hacer todo lo factible y lo que esté a sus alcances para subsistir. La mediocridad ha alcanzado, así parece ser, su máxima expresión en la época moderna, pues esta puso al servicio del hombre, medios tecnológicos que hacen casi innecesario el asomarse al mundo externo real. Todo se puede hacer cómodamente, y esto es lo más importante, sin requerir ningún compromiso personal, desde la diminuta sala de estar, simplemente apretando los botones del comando central. En los términos de este tipo virtual de vida la persona humana ha sido despojada de una de sus más importantes características, la capacidad de contemplar y discernir. El sistema reinante ha dotado al hombre moderno de una inmensidad de posibilidades virtuales, que le ahorran la necesidad de inquirir o de construir con su propio esfuerzo. Todo está hecho y solo necesita elegir, pero resulta ser que también en este rubro se adivina de antemano cual va a ser su predilección, aquello que fija “la mano invisible”. A esta altura, consideramos indispensable hacer hincapié sobre lo antedicho en cuanto a la soledad del ser humano. Si, efectivamente, las personas están desligadas de fuertes lazos con otras personas y solo puede confiar en sí mismo para casi todo. No obstante el concepto de familia existe aún, pero debemos reconocer que este ha disminuido tanto en su tamaño como en la medida del compromiso de los miembros entre sí en cuanto al principio de apoyo mutuo. Si consideramos, por ejemplo, la medida de seguridad económica y hasta física bajo las cuales vive el individuo actual, podremos comprender fácilmente hasta donde esto se redujo. No es ningún secreto, que para poder sustentarse económicamente, la pequeña familia reducida a la pareja y sus hijos, debe depender de sus propios esfuerzos, lo cual de por si no es un impedimento. Recordemos no obstante, que el futuro económico del individuo y de su pequeña familia, esta librado a su propio riesgo en el mundo del trabajo flexible, que está supeditado a los caprichos de mercados inestables y empresas más cambiantes aún. Así, atentos a Zygmunt Bauman y su “Modernismo Liquido”: “La sospecha de que nada de lo que ya ha sido probado y conseguido es inmune a la decadencia ni ofrece garantía de duración es, sin embargo, la proverbial mosca en la sopa. Las pérdidas equilibran las ganancias. La vida está condenada a navegar entre dos aguas, y ningún marinero puede jactarse de haber encontrado un itinerario seguro ni libre de riesgos”. Pero entonces debemos preguntarnos ¿qué pasa cuando cunden las dificultades? ¿A quién o a quienes pueden acceder aquellas solitarias personas? Por lo general, solo quedan los parientes o amistades más cercanas, que a su vez, también están limitados en sus poderes o sufren de dificultades similares. La tendencia general, por ende, es la del colapso personal aunque paralelamente queda la opción de las instituciones públicas, que a pesar de que sus “responsabilidades” son las de otorgar ayuda, se encuentran sumergidos, la mayor parte de las veces, en procedimientos burocráticos, que en el mejor de los casos, dejan en sus clientes necesitados, la sensación de ser meros objetos.
No es de extrañar entonces, que la época actual que vive el mundo moderno occidental no sea era de revoluciones. Por el contrario ahora reina casi absolutamente y sin objeciones, el conformismo. Más bien, la persona media pareciera muy contrariado de que le molesten cuando alguien osa señalarles, la costra negra bajo sus uñas. Entonces con un pequeño pincel las cubre de color y esconde la desgracia.
Claro que la ceguera no es general y están aquellos que: “miran al cielo aunque estén, como todos los demás, con los pies hundidos en el barro”, al decir de Oscar Wilde quien también señaló: “Lo menos frecuente en este mundo es vivir. La mayoría de la gente existe, eso es todo”. Pese a ello hay quienes observan la realidad de nuestro mundo con creciente preocupación e inquietud, pero incluso estos excelentes, cuando llega el momento de la verdad, solo adoptan posiciones intermedias irreverentes e inocuas. Por lo general se trata de buscar remiendos para telas que se deshacen. Así por ejemplo, el aclamado sistema de la democracia representativa, pretende ser el propio supervisor de los representantes, cuando se corrompen, pero no admiten que los exagerados poderes que aquellos logran detentar son propios del sistema. Entonces, el así llamado ciudadano, aquel que se esconde detrás de mil puertas y que está programado para ser servil, aunque aparenta vivir en una libertad virtual, se desprende de sus propias responsabilidades que pone a disposición de aquellos que dicen representarle. Sabemos ya que los “representantes” gozan de periodos de amplia libertad de acción e inmunidad, durante las cuales logran llevar a la práctica sus cometidos.
En muchos casos los periodos de “servicio” de estos representantes se repite de una cadencia a otra, a veces hasta el fin de sus días, convirtiéndose en “profesionales de la política”. Por otra parte y como ya afirmamos, la atomización y fragmentación del grupo humano, conduce al individuo a una típica conducta de átomo casi libre, que paradójicamente se halla atado con fuerza a una órbita específica.
Lo más extraño del momento actual es que los pocos discernimientos y críticas de algunos notables, son oportunamente aprovechados por el sistema para sus egoístas finalidades. Pongamos como ejemplo, la acción de los “Movimientos Verdes” que abogan por el consumo de productos más sanos para las personas. Lejos de que las sociedades adopten modos de vida más modestos y pasar a reducir en general el consumo masivo, los industriales en dichas sociedades, han adoptado “modelos de producción verde” que pretenden emular el mundo natural. La mayor parte de las veces se trata de actitudes ridículas, algo así como endulzar el café con edulcorantes de menor valor calórico, para luego engullir un buen trozo de tarta de chocolate, para nada dietético. Lo más absurdo de todo este ditirambo industrial, es que ese tipo de actitudes recibe el mote de “Vida Sana”. Podría denominarse esto “puro cinismo”, pero resulta ser que en este término también hay un error, pues tiene un significado mucho más puro del que se conoce comúnmente. Según la enciclopedia los cínicos: “Reinterpretaron la doctrina socrática considerando que la civilización y su forma de vida era un mal y que la felicidad venía dada siguiendo una vida simple y acorde con la naturaleza. El hombre llevaba en sí mismo ya los elementos para ser feliz y conquistar su autonomía era de hecho el verdadero bien” (Wikipedia). Indudablemente, la economía industrializada no concuerda de ninguna manera con este concepto “cínico” de la “vida simple y acorde con la naturaleza”.
En otro aspecto, quizás mucho más serio y pero igualmente perjudicial, es que el ser humano también ha perdido su capacidad de sensibilizarse frente a los hechos de terrible injusticia que son ya corrientes y asiduos en nuestro mundo. Incluso cuando se trata de cosas que ocurren frente a sus narices, a su paso por las veredas de su ciudad o en la esquina de su barrio, las personas se hacen a un lado evitando todo lo posible tomar parte activa de los hechos. Por supuesto que desde la pantalla de la TV, no hay riesgos de ser increpados y además, muy rápidamente los tristes hechos son cubiertos por otras imágenes y sonidos, menos comprometedores. Sin dudas que, el mismo proceso actúa cuando se trata de hechos que suceden “muy lejos de uno”. Entonces la persona espectadora sabe que se trata de “asuntos ajenos” y que “nuestro gobierno va a tomar las medidas del caso, para asegurar la provisión de las materias primas que necesitamos”. Por ejemplo cuando peligran las previsiones energéticas; no importa entonces cuánta sangre humana corra por los campos petroleros, las minas de metales y minerales. No importa tampoco que la basura y los desperdicios tóxicos que producimos a raudales, cubran los ríos y dañen las aguas que otros, en aquellos lugares lejanos, habrían de beber. Máxime habremos de hacer una pequeña donación a la institución verde de turno, para tranquilizar nuestras conciencias. De todas maneras siempre podemos cambiar de canal, ver alguna telenovela intrascendente o alguna “reality” que no nos comprometa. De aquí, no va a nacer ninguna revolución.
La sumisión del ser humano
En la década de los 60, se llevaron a cabo en Estados Unidos, varios experimentos destinados a descubrir las razones que pudieron llevar a simples personas, a plegarse masivamente a hechos criminales aberrantes, producidos contra una parte especifica de la población y dirigidos por las autoridades oficiales de ciertos países y sus sociedades. Visiblemente influenciados por los tremendos acontecimientos mundiales ocurridos hasta tan solo 15 años antes, estudiosos de las ciencias sociales y psicológicas, buscaban alguna explicación a los hechos. Un cuestionamiento clave surcaba las mentes de dichos intelectuales, ¿lo ocurrido en el Holocausto de los judíos en particular, había sido como resultado de las características de una nación especifica o podría ocurrirle a cualquier pueblo o nación? Las aseveraciones de la filósofa judeo-alemana Hannah Arendt en su libro-artículo periodístico que trataba de “La banalidad del mal”, daba mucho que pensar, como así también otras conocidas acciones de violencia contra partes de la sociedad mundial que conformaban conocidas naciones, también servían de modelos empíricos a aquellos científicos.
Los experimentos llevados a cabo por el psicólogo Stanley Milgram de la Universidad de Yale a partir del año 1961 y publicados en 1963, pretendían responder específicamente a los motivos que llevaron al criminal de guerra Adolf Eichmann a actuar contra los judíos de Europa según las órdenes impartidas por sus jefes. Para ello, Milgram ideó un método experimental, mediante el cual unas personas, debían someter a duros castigos físicos, por medio de corrientes eléctricas cada vez más elevadas, a otros sujetos. Todos los participantes actuaban bajo las ordenes específicas de los supervisores que habían sido munidos de la autoridad pertinente. Es de destacar que todos los que infligían los castigos, eran personas jóvenes y demostradas como gente moralmente normativa. Durante el experimento, los participantes recibían órdenes de ir aumentando la potencia de las descargas eléctricas, aun cuando los sujetos castigados emitían gritos y quejas cada vez más violentas y desesperantes. El experimento demostró, según palabras del propio investigador, que: “La férrea autoridad se impuso a los fuertes imperativos morales de los sujetos (participantes) de lastimar a otros y, con los gritos de las víctimas sonando en los oídos de los participantes, la autoridad subyugaba con mayor frecuencia. La extrema buena voluntad de los adultos de aceptar casi cualquier requerimiento ordenado por la autoridad constituye el principal descubrimiento del estudio”. Es de destacar que el experimento se repitió desde entonces, incontables veces en distintas partes del mundo, aunque con algunas variantes. En la absoluta mayoría de los casos el aberrante y sumiso comportamiento de los participantes fue similar.
Durante la primera semana del mes de Abril de 1967, el profesor de Historia de una escuela secundaria de Palo Alto, California, Ron Jones, llevó a cabo un experimento que pretendía demostrar: “que incluso las sociedades libres y abiertas no son inmunes al atractivo de ideologías autoritarias y dictatoriales”. Para ello, el profesor Jones creó un Movimiento que llamó “La tercera Ola”, que según sus explicaciones a los alumnos, eliminaría todo tipo de democracia. Así Jones inició una serie de órdenes disciplinarias que los alumnos debían acatar sin chistar, aumentando los niveles de disciplina cada vez más. Además el Movimiento fue equipado con una serie de símbolos, como ser saludo particular, himno, vestimenta y por supuesto, reglas de comportamiento. Todo a fin de unificar y otorgar al grupo con una identidad propia y creciente. Otro aspecto del experimento, fue que ciertos alumnos fueron designados para cumplir cargos disciplinarios, por parte del profesor Jones, que en este caso representaba a la autoridad máxima. Ya al tercer día del experimento, el maestro se vio sumamente sorprendido, ante todo por las mejoras académicas de los miembros de la “Tercera Ola”, que ya sumaban más de 200 alumnos. Incluso descubrió que algunos de estos estaban dispuestos a denunciar a otros porque “no cumplían con todas las órdenes”. Pero al cuarto día, cuando Jones vio que el experimento se estaba yendo fuera de control, puso final a los hechos. El profesor de historia explicó a sus alumnos qué es lo que venía a indicar dicho experimento en referencia al Fascismo y en particular sobre la Alemania Nazi. En esa oportunidad Jones les proyectó a sus alumnos una película sobre el Holocausto. Los alumnos percibieron entonces lo que había ocurrido en el experimento, pues se vieron reflejados en los hechos que la película relataba. No obstante, Ron Jones fue muy criticado, en especial por muchos de sus colegas y al fin tuvo que abandonar el ejercicio de la profesión que amaba, la enseñanza.
Experimentos similares se llevaron a cabo muchas veces más y con diversas variantes, como ser “La cárcel de Stanford”, llevado a cabo en la Universidad homónima, en el cual unos estudiantes actuaban como presos y carceleros. Pero el experimento tuvo que ser cancelado luego de unos días, porque se “les iba de las manos” a sus productores.
Los experimentos mencionados se relacionan casi directamente con hechos acontecidos a fin de explicar las actitudes de los individuos que actuaron, por lo general, bajo rígidas autoridades políticas. Pero si retornamos a la conclusión fundamental de las investigaciones, por la cual, bajo circunstancias de presión grupal, “se tiende a adoptar el modelo dictado por el grupo”, y siendo entonces que la moral de la persona individual es la moral del grupo, lo único que se necesita es “crear las reglas y normas pertinentes”. Este axioma en cuanto a la sociedad humana no es nuevo y así lo entendieron desde siempre los estudiosos de las sociedades y de la psicología del individuo. Pero creemos necesario insistir en esto, pues consideramos que también la gran mayoría de los actos de violencia de los cuales somos testigos a diario, están fundamentados en modelos similares. Para simplificar las ecuaciones, aseguramos que una persona violenta porta consigo una carga ética y moral que lo concibe “normalmente” como violento. Podría tratarse, por ejemplo, de un individuo ya adulto, que desde niño, vivió en un ambiente violento, tanto en el entorno familiar como en el medio en el cual desarrolló sus “cualidades” violentas.
En este caso las pautas éticas y morales, son la “norma” en dicha sociedad y, como señalamos, el individuo no puede dejar de “adaptarse al modelo dictado por el grupo”. Claro que el mecanismo es similar tanto si se trata de grupos y sociedades grandes o pequeñas y tanto si las bases morales están dictadas por religiones o filosofías específicas. Por lo general, los principios teológicos de las religiones, esconden sofisticadamente las reglas morales que estimulan al fin, actos de violencia. Pongamos como ejemplo el caso de los infieles, heréticos, ateístas, idolatras, paganos, etcétera. Pero amén de ello, consideramos que la “falta de marcos éticos-morales” o la “debilidad de los existentes”, conducen a su vez a que los individuos se acoplen instintivamente a lo que existe y que puede contenerlos. Esto a fin de “no quedar solos y apartados”. Los casos típicos son los de alumnos en colegios y escuelas, especialmente en aquellos establecimientos donde cientos de niños y jóvenes activan bajo la tutela de pocos adultos o donde en general no se ejercen disciplinas que impongan rígidas normas de conducta. En cuanto a las instituciones escolares de dura línea es ya un caso diferente en los cuales se cohíben expresiones libres e independientes de los pupilos y a ello nos oponemos seriamente. Por otra parte, no hay dudas de que en la sociedad moderna actual, los marcos ético-morales son sumamente débiles. Es el caso de los alienados grupos familiares que “...escondidos y encerrados detrás de puertas de acero...” no pueden contener a sus jóvenes crías, que indefectiblemente pasan a pertenecer, por lo menos parcialmente, a otros grupos de referencia cuyas reglas ético-morales, son muchas veces de dudosa calidad. Muchos de estos son las “barras” o “bandas” que acogen entonces a aquellos extraviados, y que imponen pautas de conducta acorde con las normas estipuladas por el propio grupo. Muchas veces se forjan en ellos, líderes carismáticos que imponen rígidas reglas a sus miembros y otras tantas veces se convierten en violentas bandas conformadas por gente definitivamente débiles por no estar contenidos en un medio que refuerce su personalidad. Desde un punto de vista contrapuesto, la debilidad de valores humanos verdaderos que identifica a las sociedades modernas, es explotada con óptimos resultados por el sistema comercial capitalista. Este, haciendo uso y alarde de sofisticadas publicidades, aprovecha las truncadas necesidades de la gente para “venderles lo que necesitan”: autoestima, calidez, aprecio o en general todo lo que significa ausencia de valores. El mensaje consciente y subconsciente del vendedor al comprador es que en la acción de la compra “hay una compensación personal más allá del valor intrínseco del producto”. “Se cuestiona la hipótesis de que el comportamiento del ser humano en su faceta de comprador de productos anunciados sea lógico racional, puesto que la realidad nos demuestra que el factor emocional es, en numerosas ocasiones, más resoluto que el racional” (Wikipedia).
No creemos que sean necesarios más elementos para comprobar nuestras aseveraciones de que las personas en general son sumamente maleables y de ahí la imperiosa necesidad de crear marcos y sistemas en los cuales reinen normas morales y éticas adecuadas, que estén basadas en valores tales como: sabiduría, prudencia, sensibilidad, apertura, tolerancia. Además creemos imprescindible desarrollar un gran sentido de la crítica, la auto critica, responsabilidad para con el “otro” y discernimiento entre lo verdadero y lo falso.
Consideramos importante, no aceptar jamás ninguna aseveración, sin reflexión y sin ser recapacitada. El conocimiento profundo puede ser lo único que prevenga a todo ser humano sobre la veracidad de algo y en particular en cuanto a las doctrinas de moda. Debemos insistir y emular el sabio dicho de Sócrates: “Solo sé que no sé nada” y seguir machacando y aprendiendo sin fin. Abogamos entonces por sociedades que otorguen a sus miembros normas y guías que conduzcan al individuo a desarrollar plenamente sus capacidades de discernimiento y sus cualidades personales.
Pero amén de ello, no debemos olvidar uno de los aspectos más críticos, ética y moralmente, que fue olvidado por muchos milenios y que se refiere a la terrible situación de la mujer en la sociedad. Durante miles de años e incluso hasta nuestros días, en amplias partes de la sociedad humana, el 50% de las personas que conforman la humanidad son brutalmente discriminadas. No solo que padecen del escarnio y del rechazo, sino que la mujer ha sido reducida a un estado de mero objeto y que está a disposición del hombre de turno que la domine. Este estado de cosas se denomina: Paternalismo. Como veremos más adelante, rechazamos absolutamente el concepto de que esta cultura ha sido fruto de la naturaleza misma, pues creemos que en ella tal diferencia ética simplemente, no existe. Desde los inicios de la historia, quienes la han escrito no estaban interesados en esa verdad.
Los tiempos olvidados
Los progresos en las ciencias sociales como en la arqueología, nos están permitiendo corroborar por primera vez lo que ya se sabía instintivamente por conjeturas y estimaciones. Mucho antes de la Historia Moderna y de la Antigua, conocidas como las civilizaciones clásicas, existieron otras sociedades y culturas, entre cuyas características no estaba el dominio absoluto del varón sobre las mujeres, como aquellas que les siguieron. En dichas sociedades, de acuerdo con los nuevos testimonios, la mujer gozaba de una posición igualitaria a la del hombre.
Hace unos 4000 a 7000 años antes de la nueva era, según todas las evidencias, existía una Europa cuyas ciudades y poblados no solo que “no estaban rodeadas de portentosas murallas defensivas, ni tampoco estaban construidas sobre cerros altos y escarpados, sino que estaban ubicados en hermosos entornos de buena tierra y agua, y por la disponibilidad de campos de pastoreo”. Esta frase es una cita de uno de los libros que publicó la arqueóloga y científica, Marija Gimbutas, basados en sus trabajos de investigación que llevó a cabo en muchas partes de Europa a partir de 1946 y durante casi toda su vida activa hasta 1994. Gimbutas demostró fehacientemente, que los pobladores anteriores a Grecia y Roma, no fueron simples “bárbaros”, como muchos historiadores clásicos pretendieron, sino que por el contrario, pertenecían a sociedades progresistas, tal vez más aún que las posteriores. Una de las principales obras de Gimbutas, siendo académica en la Universidad de California, fue “Las Diosas y Dioses de la Europa Antigua”, (Gimbutas, 1982) en la cual cataloga y analiza cientos de hallazgos arqueológicos en un área que se extiende aproximadamente, desde el Mar Egeo y el Adriático hacia el norte, hasta Checoslovaquia, el sur de Polonia y Ucrania Occidental.
“Durante dos milenios de estabilidad agrícola, su bienestar material había ido mejorando gradualmente gracias a su eficiencia creciente para explotar los fértiles valles de los ríos”, afirma Gimbutas. Según esta, aquellos pueblos cultivaban una gran cantidad de productos agrícolas y hasta criaban todos los animales domésticos de la actualidad, excepto el caballo. Desarrollaron técnicas de alfarería y del tallado en piedra y hueso y hasta incluso la metalurgia del cobre. No faltaba tampoco el comercio por medio de barcos a vela, que datan del milenio VI (A.C.) y que se pueden observar en imágenes grabadas en cerámicas. Pero como ya mencionamos, brillan por su ausencia, las pesadas fortificaciones y las armas que caracterizaron a las civilizaciones posteriores. Se entiende entonces que aquellas sociedades antiguas, eran esencialmente pacíficas. Tampoco se han encontrado vestigios de daños causados por las guerras, como ser incendios y destrucciones tan típicos de las eras siguientes.
En cuanto a la vida diaria, el testimonio arqueológico indica que el predominio masculino no era la norma, ni tampoco el matriarcado. “Se manifiesta una división del trabajo entre ambos sexos, pero sin una superioridad de uno sobre otro”, escribe Gimbutas, quien además agrega como dato significativo, que en los cementerios antiguos no había ninguna diferencia en el equipamiento de las tumbas de hombres y mujeres, lo cual es un indicativo más de que se trataba de sociedades igualitarias. El compendio de hallazgos de la arqueóloga incluye unas 30.000 figurillas miniaturas provenientes de más de 3.000 excavaciones y que proporcionan información elocuente sobre la vida diaria de sus habitantes. Pero hay un tema que es más que importante en cuanto a estas figurillas: la presencia constante de imágenes femeninas y en especial: la Diosa Madre. Esto nos lleva a una de las civilizaciones antiguas más conocidas y visitadas en la actualidad, la de la Isla de Creta, en la cual se desarrolló a partir del Neolítico, la civilización Minoica. Es aquí en particular, en donde en las obras de arte, se hace notoria la ausencia de temas bélicos, sin imágenes de “nobles guerreros” o escenas de batallas. Tampoco hay huellas de “heroicos conquistadores” arrastrando a sus cautivos encadenados ni otras evidencias de esclavitud. En agudo contraste con los clásicos invasores masculino-dominantes, es una evidencia histórica particular, en estas sociedades adoradoras de la Diosa Madre, la ausencia de pomposas tumbas de caudillos ni tampoco trazas de poderosos gobernantes que erigiendo enormes monumentos, acarrean consigo al sacrificio y a la muerte a millares de seres humanos más débiles. Nos referimos entre otros casos, a las tan adoradas como inútiles Pirámides de Egipto y muchas “obras” similares. Como relata la investigadora Riane Eisler en su libro “El cáliz y la espada” (Eisler, p. 1987) “En el arte neolítico, ni la Diosa ni su hijo consorte portan los emblemas que hemos aprendido a asociar con el poder – lanzas, espadas o relámpagos, los símbolos de un soberano y/o deidad terrenal que se hace obedecer a través de la muerte y mutilación. Aún más, es impactante en el arte de este período la carencia de la imaginería gobernante/gobernado, amo/súbdito, tan característica de las sociedades dominadoras. Lo que si encontramos por doquier – en templos y casas, en pinturas murales, en la decoración de vasos, en esculturas, estatuillas de greda y bajorrelieves – es un rico despliegue de símbolos de la naturaleza. Estos, asociados con el culto de la Diosa, atestiguan el temor y admiración por la belleza y misterio de la vida”. En general, las evidencias arqueológicas, señalan que la deidad de una Diosa-Madre es venerada por la mayoría de los pueblos de la época, basado seguramente en la particularidad de la mujer, siendo ella quién biológicamente otorga la vida. Vendría a ser esto una especie de mezcla de politeísmo y monoteísmo, aunque de ninguna manera adquiere las particularidades del absolutismo del Dios Padre masculino. La Diosa tiene diferentes nombres y hasta características dispares en los diversos pueblos. En algunos casos, había más de una Diosa-Madre que eran adoradas de la misma manera. Muchos de estos símbolos paganos se pueden encontrar hasta nuestros días en ciertas tradiciones cristianas.
Lamentablemente, muchos estudiosos, adeptos a la teoría de que siempre tiene que existir la división dicotómica entre dominantes y dominados, trataron de explicar que dichas sociedades antiguas de las Diosas femeninas, tenían que ser por fuerza, matrilineales y Matriarcados. Pero las evidencias en estas civilizaciones antiguas se refieren no a una dominación específica de alguno sobre otro sino de una civilización que vive en armonía entre todas las partes naturales de la sociedad. Pero esto no parece ser claramente aceptado como una posibilidad por parte de los historiadores y estudiosos acostumbrados a pensamientos monolíticos. En palabras de Riane Eisler:“...hay unos cuantos que intentan desacreditar o de algún modo redefinir el fenómeno cretense, para hacerlo calzar con aquellos prejuicios generalmente aceptados tales como que la antigüedad era de índole guerrera y (a excepción de los hebreos) menos evolucionada espiritualmente que nosotros, la gran mayoría de los eruditos y ciertamente quienes han hecho algún extenso trabajo de terreno en la isla, parecen incapaces de contener su admiración e incluso asombro, al describir sus hallazgos”. Pero amén de las características equitativas entre hombres y mujeres, parece ser que en Creta se desarrolló una sociedad en donde también reinaba “la más completa aceptación de la gracia de vivir que el mundo haya conocido” (citado por R. Eisler de “El origen de los Dioses: Las maravillas de Creta y Micenas” de J. Hawkes) y por lo demás una distribución equitativa de la riqueza: “El estándar de vida – aun de los campesinos – al parecer era alto...Ninguno de los hogares encontrados hasta ahora sugiere la existencia de condiciones muy pobres de vida”. En cuanto a la forma de gobierno, parece ser que era centralizada en varios palacios cretenses. “Pero aquí la centralización no acarreó consigo un gobierno autocrático, ni impuso la utilización de avanzadas tecnologías solo para beneficio de un minoría poderosa, o ese tipo de explotación y brutalización de las masas tan llamativas en otras civilizaciones de la época” - según resume Eisler quien cita también a Nicolas Platon en su “Creta”: “Todos los centros urbanos tenían sistemas perfectos de desagüe, instalaciones sanitarias y comodidades domesticas” - y además - “no cabe duda que en la Creta minoica se llevaron a cabo grandes obras públicas, pagadas con los tesoros reales. Aunque hasta ahora sólo se han despejado unos pocos restos, estos han sido reveladores: viaductos, caminos pavimentados, puestos de vigilancia, refugios viales, cañerías de agua, fuentes, estanques, etc. Hay evidencia de obras de irrigación a gran escala, con canales para llevar y distribuir agua”. Y continua describiendo Platon (citado por R. Eisler): “Toda la vida estaba impregnada por una ardiente fe en la diosa Naturaleza, fuente de toda creación y armonía. Esto condujo a un amor a la paz, horror a la tiranía y respeto por las leyes. Aun entre las clases gobernantes parece haberse desconocido la ambición personal; en ninguna parte encontramos el nombre de un autor adosado a una obra de arte ni un registro de las hazañas de un gobernante”.
Pese a lo antedicho respecto a las sociedades del Neolítico, anteriores al periodo de la Historia Clásica con sus civilizaciones tan ponderadas por los historiadores, se sumaron a ellos pensadores occidentales que buscaban una explicación al “progreso” de estas últimas civilizaciones. Entre ellos, surgieron los materialistas que relacionando el adelanto social con la tecnología, creyeron ver en ello la raíz de la evolución de las sociedades. Uno de los más destacados fue el Antropólogo de clara tendencia “materialista”, Lewis Henry Morgan (1818-1881), quien en un destacado libro escribió: “Las últimas investigaciones con respecto a las condiciones iniciales de la raza humana, tienden a la conclusión que la humanidad comenzó su carrera desde lo más bajo de la escala y elaboró su camino hacia arriba desde la barbarie a la civilización a través de una lenta acumulación de conocimiento experimental”. Más aun, Morgan consideró una serie de parámetros elementales relacionados con el progreso lineal de las sociedades humanas, además de los inventos y descubrimientos tecnológicos, como ser: “Subsistencia, Gobierno, Lenguaje, Familia, Religión, Vida de hogar, Arquitectura y Propiedad”. Pero en ninguna parte menciona este autor las características culturales de aquellas civilizaciones en situación de progreso y en particular sus posiciones y acciones con respecto al pacifismo y la vida armónica con la naturaleza. Parece ser que esos aspectos no pueden ser considerados como “progreso”. Como contraposición al concepto materialista que considera la evolución humana, la conocida Antropóloga Ruth F. Benedict (Benedict, 1934), destacó en sus estudios la íntima relación entre el individuo y la cultura a la que está asociado en su vida diaria: “...toda cultura es un total integrado y que posee su propia configuración. A su turno, cada individuo en tal configuración cultural porta las características de tal cultura y se conduce de acuerdo a tales pautas”.
Pero retornando a los acontecimientos con aquellas civilizaciones pacificas de la “Europa Antigua”, según Marija Gimbutas y el relato sobre la civilización Minoica en Creta según R. Eisler, encontramos que: “...es importante enfatizar que Creta no fue una sociedad ideal o una utopía, sino una sociedad humana real, con problemas e imperfecciones. Fue una sociedad que se desarrolló milenios atrás, cuando aún no existía nada parecido a la ciencia como la conocemos ahora, cuando todavía los procesos de la naturaleza generalmente se explicaban – y trataban – a través de creencias animosas y ritos propiciatorios”. Y aclara la autora al respecto de los ritos de esta sociedad, en sus notas (cap. 3 – 24): “Como aún es usual en la mayoría de las religiones del mundo, estos ritos minoicos a menudo tomaban la forma de ofrendas rituales tales como flores, frutas, vino o granos. En contraste con hallazgos posteriores en Mesopotamia y Egipto de sacrificios humanos masivos y aparentemente rutinarios (por ej., el entierro de un faraón junto con su séquito de cortesanos y esclavos), el único hallazgo de un sacrificio ritual en Creta...parece haber representado, en palabras de Joseph Alsop, ´una medida desesperada para evitar lo que debe haber parecido el fin del mundo´. De hecho, para los protagonistas del drama recientemente revelado por los arqueólogos, lo era. Los remezones de un colosal terremoto hicieron que se derrumbara el techo (interrumpiendo lo que parece haber sido un sacerdote apuñalando a un mancebo), matándolos a ambos. (Joseph Alsop, ´Una perspectiva histórica´ en el National Geographic 159)”.
Nuevamente, lo que pretendemos demostrar y que sigue en este documento una línea constante, es el concepto ético que adoptamos de pacifismo, vida armónica con la naturaleza y entre los miembros de cada comunidad, sin jerarquías ni autoritarismo. Creemos que todos estos valores están dados por la configuración de cada cultura en particular y que sus propios miembros eligieron y conformaron. Según parece y así lo asumimos, tal elección no tiene necesariamente relación con un estado específico de “progreso” material y/o tecnológico de las sociedades. Las comunidades de la “Europa Antigua” según Gimbutas no habían llegado al alto nivel de vida de la Civilización Minoica en Creta y sin embargo en ambas se practicaban pautas culturales similares en cuanto a paz y armonía.
El final y el comienzo de todo
La historia universal parece contabilizarse por millones de años y la existencia de los humanos por decenas de miles, pero luego vienen las denominadas civilizaciones que se computan por miles de años. De aquí entonces, que la historia de los humanos es apenas un pequeñísimo punto en la enorme consecución universal. Por ende, consideramos que los periodos de existencia de una civilización u otra, si fueron extensos o cortos, no tiene mayor importancia para nuestro caso, en el que pretendemos demostrar la realidad de la existencia de sociedades que fueron intrínsecamente pacíficas y que en ellas no hubo dominio masculino sobre sus co-participantes femeninos. Insistimos a su vez, que los estudiosos modernos de las sociedades humanas antiguas, estaban imbuidos de prejuicios y preconceptos y por ello acomodaron las conclusiones a las metodologías por ellos utilizadas. A raíz de ello es que somos testigos aun en nuestros días, de definiciones que consideramos erróneas, como ser: “Hasta el inicio de la colonización europea, en el siglo XV, una gran parte del planeta estaba ocupado por “grupos humanos que no pertenecían a ningún estado”. Muchas sociedades tribales se transformaron en estados cuando fueron amenazados, o recibieron la influencia de estados ya constituidos. Algunas "tribus", como por ejemplo los Casitas de Babilonia o los Manchuria de China, consiguen conquistar a estados muy desarrollados y, posteriormente, se integraron dentro de sus estructuras. Es, pues, el desarrollo de la agricultura el que crea las condiciones necesarias para hacer posible la emergencia de sociedades complejas, llamadas "civilizaciones", la formación de estados y la aparición de mercados. Y, de manera paralela, el desarrollo de la tecnología permitió al hombre ejercer un control de la naturaleza y desarrollar sistemas de transporte y redes de comunicación” (Wikipedia). Es decir que lo que se aprecia es solo aquello que estaría relacionado con la civilización europea, como símbolo de progreso y bajo la tutela de un estado organizado políticamente, al mismo estilo. Así mismo es comúnmente aceptado el concepto de un desarrollo cronológico del progreso humano, lo cual rechazaría toda propuesta de sociedades “progresistas” que existieron en tiempos previos a nuestra actual civilización Indo Europea.
Lamentablemente, y seguramente bajo similares preconceptos, no tuvieron la misma repercusión las amplias investigaciones de estudiosos como Marija Gimbutas, con respecto a las sociedades de su “Europa Antigua”, los descubrimientos en cuanto a la civilización Minoica en la Isla de Creta o del asentamiento poblacional de Catal Huyuk en Anatolia de la actual Turquía, entre otros.
De todas maneras hay evidencias que aquellas sociedades paulatinamente llegaron a su fin, cuando terminaron sucumbiendo frente al poder arrasador de las culturas del Patriarcado, por el cual todo pasó a estar bajo el dominio de la masculinidad. Pero aclaremos, no se trata de una simple posición de una parte del género humano con respecto al otro, sino más bien de un cambio conceptual profundo. Viene al caso la definición del concepto de masculinidad: “En la cultura humana, la masculinidad es el reflejo de la actividad hormonal que genera actitudes y cualidades viriles secundarias que no dejan lugar a dudas sobre la definición del género. La masculinidad se ve reflejada en actitudes corporales y de expresión oral que lo hacen denotarse del resto de su género como un macho dominante, exitoso y sexualmente aceptable. Estas señales tienen la aceptación de la mujer que busca ser receptora del legado genético del macho” (Wikipedia). En lo antedicho, el término que mejor define con respecto a nuestros enunciados, se refiere a las “cualidades viriles” del género masculino, y la relación con el “vigor” que estos ostentan y que significa: “Fuerza o actividad notable de las cosas animadas o inanimadas. Viveza o eficacia de las acciones en la ejecución de las cosas. Fuerza de obligar en las leyes u ordenanzas” (Real Academia Española). Es decir, sin más, el dominio por la fuerza, pero que además parece tácitamente entendido que: “esas señales de ´macho dominante` es aceptado y hasta bienvenido por la mujer `dominada` y que por supuesto allí se explican expresamente por ser parte de la “actividad hormonal” del macho.
Creemos también que existe otro error conceptual en cuanto a aquellas sociedades comúnmente denominadas “primitivas”, tal como se refleja en la definición etimológica del término, “Patriarcado”: “Organización social primitiva en que la autoridad es ejercida por un varón jefe de cada familia, extendiéndose este poder a los parientes aun lejanos de un mismo linaje” (RAE). Decimos “error”, pues como hemos visto en cuanto a las civilizaciones del Neolítico que estudiamos anteriormente, que pese a pertenecer a épocas anteriores a la Historia Moderna, no cabrían para nada en el esquema de Patriarcado, como oficialmente se define, ni tampoco al concepto de “organización social primitiva”.
Marija Gimbutas, imaginó la “Hipótesis de los Kurganes”, refiriéndose a pueblos predecesores de la cultura Indo Europea, que provenientes de las estepas punticas del lejano noreste europeo, se extendieron por la fuerza, arrasando entre otras, a las civilizaciones pacíficas, desarmadas y desprovistas de murallas defensoras de la “Europa Antigua”. Por su lado la progresista cultura Minoica, vencida por los Aqueos, un pueblo centro-europeo que impuso paulatinamente su cultura guerrera a la civilización Minoica.
El modelo imperialista
Aproximadamente 3000 años antes de la nueva era, da comienzo el dominio masivo de las entidades paternalistas en forma de portentosos Imperios que impusieron diferentes normas de conducta entre los humanos. Estas estuvieron entonces dedicadas a saciar sus ambiciones expansionistas, con la intención de lograr el dominio y el poder sobre otros pueblos. El instrumento fundamental de estas entidades fue la guerra y por ella sucumbían todos los otros valores humanos. La definición del filósofo francés Joseph de Maitre, es más que significativa: "La guerra es divina en la gloria misteriosa que le rodea y en el atractivo no menos explicable que nos lleva hacia ella. La guerra es divina por la manera como se produce independientemente de la voluntad de los que luchan. La guerra es divina en sus resultados que escapan absolutamente a la razón". O la definición del filósofo del romanticismo alemán, Hegel quien casi santificó el significado de la guerra: “la guerra es bella, buena, santa y fecunda; crea la moralidad de los pueblos y es indispensable para el mantenimiento de su salud moral. Es en la guerra donde el Estado se acerca más a su ideal porque es entonces cuando la vida y los bienes de los ciudadanos están más estrechamente subordinados a la conservación de la entidad común”. No es de extrañar entonces que después de miles de años desde que rigen tales normas de conducta humana se siga pensando como Richard Holmes, que: “la guerra es una experiencia universal que comparten todos los países y todas las culturas”. Es decir, que a ojos de nuestra civilización moderna, aparentemente nunca existió otra forma de relación humana que la guerra, con toda la muerte y la destrucción que trae aparejado.
Lamentablemente, la lista de Imperios a lo largo de la Historia Clásica humana y hasta nuestros días es sumamente extensa:
Los grandes imperios antiguos:
A partir del III Milenio antes de Cristo surgieron grandes civilizaciones, creadoras de imperios territorial y orgánicamente más vastos cada vez. Los principales núcleos de civilización fueron:
* Antigua China, * Antigua India, * Antiguo Egipto, * Antiguo Perú, * Mesopotamia, * Haiti, * Europa Occidental, * Hebreos y Fenicios, * Asiria y Caldea, * Antigua Grecia, * Etruria, * Celtas
Imperios de Eurasia:
Hacia finales del primer milenio A.C., por una serie de circunstancias, todas las regiones civilizadas de Eurasia se unificaron en varios imperios:
* Imperio Persa, * Reinos Helenísticos, * Imperio Romano, * Partos y Sasánidas, * Bactria y Kushan, * Imperio Han, *
Edad media en Eurasia:
En general las grandes culturas (Imperios) de la época fueron:
* Europa Occidental, * Imperio Bizantino, * Rusia,
Mundo Musulmán, * India medieval, * China medieval, * Japón
medieval, * Turcos y Mongoles, * Indochina e Insulandia
África de los europeos:
Reinos e imperios africanos:
* Malí, * Songhai, * Kush, * Axum, * Zimbabwe
Mesoamérica y el Mundo Andino:
* Los Olmecas, *Cultura Maya y de Teotihuacán,
* Imperio Tolteca, * Monte Albán, * Imperio Inca, * Los Quechuas
La lista definitivamente no es completa ni detallada y cabría, tal vez, entrar en las peripecias guerreras de cada uno de dichos Imperios y culturas. En otro aspecto y de acuerdo con muchos historiadores y pensadores modernos, los desplazamientos de los pueblos, con sus guerreros a la cabeza, sirvieron como método de intercambio cultural. Según aquellos estudiosos, se puede resumir la Historia Humana como: “una sucesión gradual de descubrimientos y de nuevos inventos, como por desarrollos muy acelerados ligados a cambios de paradigma y a periodos revolucionarios, que finalmente hacen posible la evolución material y espiritual de la humanidad” (Wikipedia).
Por supuesto que, dicho con sarcasmo, los “cambios de paradigmas” se refieren a las influencias de los conquistadores de turno que impusieron con el poder de las armas, tal “evolución material y espiritual de la humanidad”.
En este sentido, creemos que no hay ejemplo más paradigmático y significativo para nuestra tesis, que el Imperio Romano, pues resume en su historia todo lo que los tipos de sociedades paternalistas significan. Pero además, porque un gran número de intelectuales de la historia moderna, la han tomado como modelo denominándola, “Civilización”, y asociando a esta con Grecia, a fin de definir las bases del modernismo. Pero no nos podemos dejar engañar, Roma fue y significó todo lo más aberrante del despojo humano y de la explotación del hombre por el hombre. Veamos algunas definiciones fundacionales:” Roma se fundó el día 11 antes de las calendas de mayo, sería el 21 de abril de 753 a. C. Fundada Roma, ya comenzó a guerrear contra sus vecinos, esta vez por conseguir mujeres, a las que raptaron durante unos juegos en los que invitaron a todos los pueblos Vecinos” (www.monografias.com, Roma). O por ejemplo la definición del término, “Imperialismo”, que según la Enciclopedia Británica: “es la política cuya finalidad es la conquista y dominación de territorios y a las gentes que los pueblan y que se oponen a dicha dominación”. Más grave aún, que algunos estudiosos insinúan, es que los hechos de las conquistas, llevan siempre aparejado la sensación de que esto: “no se podría nunca llevar a cabo y más aún resguardar por largo tiempo, sin la participación activa de los propios pueblos bajo la dominación de los conquistadores” (Robert López, El nacimiento de Europa). Esta definición nos lleva de inmediato a una asociación de ideas, según la cual y refiriéndose a los casos de mujeres bajo dominación masculina, se alega muchas veces que: “no sería posible sin la colaboración expresa de las propias mujeres” o como citamos anteriormente, “pareciera ser que estas aceptan plácidamente tal dominación”. No es para nada un desatino recordar que en las sociedades en las cuales domina el género masculino, la parte femenina está obligada a la sumisión ante sus hombres. Así, por ejemplo, la mayoría de las religiones conocidas encubren sus propuestas maniqueas, otorgando al hombre las funciones políticas públicas y a la mujer lo privado en el hogar, al cual debe recluirse por propia voluntad.
Roma se dedica entonces a la guerra y a la conquista y el heroísmo de sus guerreros sigue siendo aún en nuestros días tan aclamado: “aquellos hombres que combaten contra todos sus vecinos año tras año son la simiente de una raza de titanes que conquistará el mundo conocido paseando sus estandartes por tres continentes desde Escocia a Arabia, desde Gibraltar hasta Crimea” (www.monografías.com, Roma). La soberbia de los historiadores no tiene a veces límites, al ensalzar de manera desproporcionada los alcances de este tipo de imperialismo: “En sus años juveniles llegó la autoridad de Roma hasta los límites más remotos del mundo civilizado y hasta más allá aún, al anexarse a sí misma las tierras bárbaras más fértiles y menos decadentes. En los años de su mayoría de edad, el gobierno romano, se encerró dentro de fronteras fortificadas para defenderse de ataques por parte de nómades y semi – nómades, de los bárbaros del norte y del sud, que venían de las tierras de pastoreo y de bosques o de los desiertos donde el olivo nunca florecía. En el oriente estaba el Imperio Persa, más débil y menos sofisticado, gobernado por los mismos principios, pero que hay que respetar mientras. Más lejos aún estaba la muralla China, que se defendía de sus propios bárbaros. Explica así Robert López en su libro “El nacimiento de Europa” y resume: “Esos tres orgullosos estados, Roma, Persia y China, constituían una continua cadena, desde el Océano Atlántico y hasta el Océano Pacifico, y cada uno a su turno tomó la función de organizar a los pueblos cultos y de frenar a los pueblos salvajes” (Lopez, 1965).
Así, sin más ni más los intelectuales de la cultura occidental hacen una disección de la Historia Universal, adjudicando automáticamente el papel de “progresistas” a los pueblos dominadores y de “salvajes y bárbaros” a los que vencidos y vejados debieron someterse ante la conquista brutal de aquellas “nuevas culturas”.
Otro historiador importante de la Europa Moderna, atribuye a Roma características culturales avanzadas: “los romanos lograron el poder de la autoridad, mayor aún que lo que Atenas y Esparta pudieron ambicionar y esto fue por ser guerreros de coraje y de sabiduría disciplinada, que se conformaban con poco, de carácter sagaz e inteligentes, vivían vida familiar sana, fieles a las leyes y al orden, por su naturaleza y sus maneras y fieles a las tradiciones de sus ancestros”. H.A.L. Fisher, continua con más adulaciones al férreo carácter que dominaba en la Roma pre – imperial y nos recuerda con gran satisfacción la manera pacífica por la cual se resolvieron los diferendos entre Patricios y Plebeyos, que dominaron el área política romana durante más de 200 años. Y no obstante: “Uno a uno fueron obligados los oponentes a Roma en Italia a reconocer su fuerza y poder aceptando al fin su dominio…ya en el tercer siglo A.C. dominaba Roma a todos los pueblos de Italia” (Fisher, 1935). Al fin, es claro y sabido por todos en la actualidad, la historia de las “cultas” conquistas romanas y como se convirtió, definitivamente, en el Imperio “donde nunca se pone el sol”, dicho que significaba su enorme magnitud.
Adorando al Supremo Patriarca
Más de 1000 años antes de la nueva era, un pequeño pueblo que había sucumbido ante el Imperio Egipcio, los hijos de Abraham, prometían ya su absoluto respeto a una sola figura e imagen transcendental, a un único Dios, que poseía características de ente superior. Esa imagen estaba por encima de todo ser viviente y se le consideraba el creador de todo lo existente en el cosmos. Era un ente todopoderoso, omnipotente. Era la representación del Supremo Patriarca Masculino que poseía toda la perfección y el absolutismo del Universo por entero. Era indiscutible. Era un Dios terrible, que podía someter a sus infieles enemigos o a los incautos, a los más terribles castigos y tormentos. En su momento fue magnánimo con el pueblo hebreo que lo concibió por primera vez, cuando “con brazo fuerte” les salvó del oprobio de la esclavitud a la que habían sido sometidos por el Faraón egipcio. Pero por otra parte, cuando en el período de 40 años de consolidación como pueblo en el Sinaí, una parte de ellos decepcionados por las duras condiciones del desierto, decidieron orar a un becerro de oro, fueron castigados duramente. Moisés, el profeta y auto designado hacedor de los designios del todo poderoso, mandó a su hermano Arón con la ayuda de los sacerdotes Levitas, a matar a unos 3.000 de aquellos infieles. Eso para demostrar claramente al resto del pueblo “a quien había que rendir pleitesía”. Desde entonces tanto en el judaísmo, como en las religiones que le siguieron, el Cristianismo y el Islam, rige el miedo visceral como método de asegurar la sumisión de los fieles. Pero aun había que reiterar que dicha divinidad tenía identidad masculina, y con este fin se usaron medios aparentemente más sofisticados, aunque mucho más crueles a largo plazo. Se creó entonces el mito del Pecado Original, cuando la mujer Eva, que había sido creada de una costilla del cuerpo del hombre, pasó a ser desde entonces parte inseparable de este, pero además ella le seduce a pecar, desobedeciendo claramente las órdenes del todopoderoso. Lo que en otras circunstancias, podría ser tan solo un simple y fatuo cuento de ignorantes, pasó a ocupar un lugar preponderante en las bases teológicas de todas las religiones monoteístas. Desde entonces y a través de los miles de años transcurridos, el género femenino carga con un fatal estereotipo. ¿Con qué tipo de alimaña no fue comparada? ¿Qué perverso apodo no se utilizó para describirla? ¿A qué tipo de vejaciones no fue sometida? ¿Cuánta impureza representa su presencia? Aquellos espeluznantes estereotipos sirvieron sobre todo para alejar a la mujer, desde entonces, y en algunos lugares del mundo hasta nuestros días, de la parte pública y política de la sociedad.