Excerpt for EL GRAN CAÑÓN: Una Ventana en El Tiempo by Stewart Aitchison, available in its entirety at Smashwords

EL GRAN CAÑÓN

Una Ventana en El Tiempo



by

Stewart Aitchison


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SIERRA PRESS

Smashwords Spanish Edition

Copyright 2012 Sierra Press


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Smashwords Edition License Notes

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DEDICATORIA

A Ann y Kate


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RECONOCIMIENTOS

Gracias a Jeff Nicholas, Laura Bucknall y al personal de Sierra Press por sugerir y organizar este proyecto. Aprecio mucho la fina edición de Rose Houk, la verificación de los hechos de Ellis Richard, a todos los amigos que amablemente revisaron el manuscrito y a Late for the Train por proveerme asistencia con cafeína. Todo error remanente es estrictamente mío.


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TABLA DE CONTENIDOS


EL GRAN CAÑÓN

Parque Nacional del Gran Cañón

Arquitectura

Vías Férreas Del Gran Cañón

LA ORILLA SUR

Grand Canyon Village

Hermit Road

Ruta Desert View Drive

Geología: Un Viaje Sedimentario

LA ORILLA NORTE

Orilla Norte

Zonas De Vida

El Cuento De Las Dos Ardillas

DEBAJO DE LA ORILLA

Explorando A Pie Las Montañas Invertidas

Clima

Nombres De Los Lugares

EL RÍO

El Río Colorado

John Wesley Powell

Historia Humana: De Las Sandalias A Las Vibrams

GUÍAS DE CAMPO

Flores Silvestres

Mamíferos

Reptiles y Anfibios

Pájaros

FUENTES E INFORMACIÓN

SOBRE EL AUTOR

SOBRE SIERRA PRESS


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EL GRAN CAÑÓN

El silbido del vapor del tren perforaba el cielo azul. Yo me mecía suavemente en mi asiento mientras el tren se dirigía hacia el norte. Estábamos viajando a una velocidad civilizada, suficientemente rápida para saber que nos tomaría solamente otra hora para llegar al Gran Cañón pero lo bastante lenta como para disfrutar del paisaje. No muy lejos de la estación Williams, las vías dejaron atrás los volcanes extintos y los conos de ceniza y descendieron levemente en una llanura de arbustos de chamizo costilla de vaca y de crisantemos de mal olor. Divisé una pequeña manada de antílopes americanos berrendos y luego un par de vaqueros persiguiendo ganado flaco. Pronto fuimos ingresando en un bosque pigmeo de juníperos y pinos de piñón alfombrado con artemisas. Un viejo folleto promocional de la Santa Fe Railroad mencionaba este lugar como la Selva Negra. Pero aún no había signos del Gran Cañón.

A medida que la cuesta se hacía más empinada, el tren disminuía la velocidad casi hasta paso de caminata. Los altos pinos ponderosa reemplazaron al bosque diminuto. Un venado cola negra y su cervatillo se dirigían hacia el interior del bosque. Pasamos por una cabaña donde dos pequeños niños y un perro de pelaje rizado nos saludaron amablemente. Las vías se curvaron hacia la derecha y casi se doblaron de regreso sobre sí mismas. El tren paró y luego retrocedió hacia otra sección de la vía. Habíamos hecho una vuelta en forma de Y para llegar a la Grand Canyon Railroad Station, una de las tres estaciones de tren construidas de troncos de árboles que quedan en los Estados Unidos. Pero ¿dónde estaba el tan anunciado Gran Cañón?

Desembarqué, caminé pasando la estación y seguí el camino que subía a la colina. Ahí se erigía el glorioso Hotel El Tovar, construido para rivalizar con los grandes hoteles turísticos de Europa. Frente al hotel, hacia mi derecha, estaba la nada ostentosa Hopi House, una réplica de la centenaria villa de Oraibi. Parecía que había llegado al comienzo del siglo pasado en vez de los inicios del actual, pero la ropa de la gente y los vehículos eran de la época equivocada. Mis pasos me llevaron más allá de los edificios históricos y súbitamente me encontré parado en el borde del mayor de todos los cañones.

Yo estaba en la orilla del mundo. No había nada mas que espacio y rocas desnudas delante de mí. Acantillado s bañados de dorado descendían hasta una pendientes roja que llevaba a salientes bermellón y a más peñascos. Mas abajo había otra pared vertical de matices color de rosa, que en algunos lugares parecía esculpida en huecos profundos. A este precipicio seguía otra inclinación larga, de color gris verdoso y que se nivelaba suavemente en un amplio saliente. La saliente llevaba al borde de una oscura y amedrentante garganta, que como una prisión oculta al Río Colorado.

Al principio me pareció como un yermo vacío sin vida, hogar solamente del viento y del brillo del sol del atardecer. Pero luego noté los pequeños árboles a lo largo de la orilla y los puntos oscuros de los arbustos que crecen dentro del Cañón. Vencejos de garganta blanca pasaban en picada, dando vueltas y riendo. Montados en una térmica, varios zopilotes cabeza roja se balanceaban sobre alas sostenidas por diedros. Aquí la vida es frágil pero tenaz.

Aún después de más de cuatro décadas, sigo teniendo esa emoción de niño como de mariposas en el estómago cuando voy al Gran Cañón. Lo observo fijando brevemente la mirada, luego desvío los ojos, parpadeó una o dos veces y espío nuevamente el cañón, nunca tengo la certeza de que realmente existe. Desde mi primera visita como niño, supe que tenía que explorar este lugar magnífico, tratar de entenderlo de alguna manera. Fui afortunado al vivir en la cercana Flagstaff. Podía pasar los fines de semana y las vacaciones haciendo caminatas por los senderos del Cañón, desenmarañando su topografía. Y más tarde, como un biólogo de campo, luché para desentrañar la compleja red de vida del Cañón.

He descubierto que no hay forma de abarcar completamente el lugar; es demasiado grande; su escala está totalmente fuera de proporción con nuestras vidas diarias; sus paredes de colores tumultuosos demasiado estrafalarias; su intrincado paisaje, demasiado extraño. Uno puede aprender las estadísticas: 277 millas de longitud del río, con un promedio de una milla de profundidad, de media a dieciocho millas de ancho, cubriendo más de un millón de acres, un tercio de la historia geológica de la tierra en exposición, un lugar declarado Patrimonio de la Humanidad por las Naciones Unidas. Uno puede intentar capturar el Cañón en película o en pintura o con palabras, pero no es suficiente para describir en todo su alcance la realidad de un lugar con sus múltiples características y lugares secretos.

Para uno de los primeros exploradores, John Wesley Powell, el Cañón era el “Gran Desconocido”. Después de su heroico viaje de descenso por el Río Colorado en 1869, él insistió: “No se puede ver el Gran Cañón de una sola mirada”. Otro geólogo, Clarence Dutton estuvo de acuerdo: “No es algo a ser comprendido en un día o una semana, ni en un mes. Debe habitárselo y estudiárselo y el estudio debe abarcar la lenta adquisición del significado y el espíritu de ese paisaje maravilloso”.

Aún cien años después, el Gran Cañón nos presenta múltiples misterios: enigmáticas estatuillas hechas con ramitas encontradas en cuevas de difícil acceso, ríos que brotan de la tierra, un extraño manantial travertino, reverenciado como lugar de emergencia de los humanos, jardines élficos de un tenue color verde con mímulos rojos, columbinas, y orquídeas “flor de avispa” asediadas por el desierto azotado por el sol, un puente de madera prehistórico que va hacia ningún lugar o a todos lados, rumores de minúsculos caballos, ciudades fantasma, ocultos hornos holandeses de oro, fósiles marinos en piedra caliza de agua dulce, mariposas que no se encuentran en otro lugar en el mundo, la explosión de vida del Cambriano. Un enredo de crucigramas, desde lo absurdo hasta lo profundo, yace dentro de un laberinto de cañadas. Y el Gran Cañón es el señuelo que nos incita a entrar.

Suena el silbato del tren. Hora de partir. Pero volveré.



PARQUE NACIONAL DEL GRAN CAÑÓN

Millones de personas han visto alguna parte del Gran Cañón, usualmente desde las rutas pavimentadas a lo largo de las orillas sur o norte. Decenas de miles han visto el Cañón desde el nivel del río, mientras que atravesaban valientemente los rápidos. Algunos desafían sus caminos empinados. Pero pocos conocen íntimamente el Cañón en su totalidad. Lugares como el Cañón Malgosa, el Cañón Big Point, el Cañón Willow, Boysag Point y Yumtheska Mesa son solo unos pocos de los espléndidos lugares solitarios y desconocidos.

El Gran Cañón, como característica topográfica, se extiende desde Lees Ferry hasta los acantillados Grand Wash y está ubicado en la porción sur de una provincia fisiográfica conocida como Meseta de Colorado (“Colorado Plateau”). La Meseta de Colorado cubre el noroeste de Nuevo México, Colorado occidental, la mayor parte del este y sur de Utah y el norte de Arizona. Esta región está compuesta principalmente por rocas sedimentarias depositadas en capas horizontales, las cuales han sido levantadas en un promedio de una milla por encima del nivel del mar. Esas capas de roca han sido esculpidas por el Río Colorado y su multitud de tributarios formando un laberinto de cañones. No hay otro lugar en la tierra siquiera parecido al país de las maravillas geológicas que constituye la Meseta de Colorado.

Aunque el Gran Cañón, a pesar de su tamaño, es una única entidad física, no es una isla ecológica. Un grupo diverso de agencias, cada una con su propia agenda y usualmente compuestas por departamentos con distintas metas, administran el Cañón y sus tierras limítrofes. Varias secciones del Cañón caen bajo la jurisdicción del Servicio de Parques Nacionales, como el Área de Recreación Nacional Glen Canyon, el Parque Nacional del Gran Cañón y el Área de Recreación Nacional del Lago Mead; tres reservaciones indias: de los Navajo, de los Havasupai y de los Hualapai; el Servicio Forestal de los Estados Unidos; la Oficina de Administración de Tierras como así también los gobiernos estatales y locales

Quizás, la última directiva de administración del Cañón fue proclamada por el presidente Theodore Roosevelt, cerca de un siglo atrás: “Lo que pueden hacer es mantenerlo para sus hijos, para los hijos de sus hijos y para todos los que les procedan”. Obviamente, los desafíos para proteger el Gran Cañón son desalentadores por su complejidad. El grupo conservacionista Grand Canyon Trust, con base en Flagstaff, Arizona está intentando difundir la conciencia sobre la fragilidad de lo que ellos llaman el área de Greater Grand Canyon. Las metas del Trust para la región incluyen la protección de su vida silvestre, el mantenimiento y restablecimiento de la salud de los ecosistemas, la creación y promoción del uso y el desarrollo humano ambientalmente sostenible y la construcción de una fuerte participación a favor de la conservación. Ciertamente no es una tarea sencilla.


ARQUITECTURA

Mientras que las paredes del Gran Cañón registran la larga historia de la tierra, los edificios registran la más reciente historia de los pioneros. El edificio más antiguo en pie en Grand Canyon Village, sobre la Orilla Sur es la cabaña de Buckey O’Neill. William Owen “Buckey” O’Neill fue un autor, minero, político, sheriff y juez. Como la mayoría de los pioneros del Gran Cañón, O’Neill fue atraído por la posibilidad de descubrir minerales valiosos. En la década de los 1890 construyó esta cabaña de troncos que se convertiría más tarde en parte del alojamiento Bright Angel Lodge.

Una vez que arribaron las vías del tren a la orilla sur, en 1901, la Santa Fe Railroad and Fred Harvey Company comenzaron a proveer alojamiento para los turistas. En 1904 el arquitecto de Chicago, Charles F. Whittlesey fue comisionado para diseñar un hotel en la orilla. Combinó las cualidades de un “chalet suizo con una villa noruega” en el majestuoso El Tovar Hotel. El hotel, construido de pino de Oregon, fue terminado al año siguiente. Ninguna de las ochenta habitaciones para huéspedes tenía un baño privado, pero el hotel se jactaba de tener electricidad, provista por un generador de vapor. Con un costo de $250,000, El Tovar fue considerado “probablemente la casa de troncos más cara en su construcción y equipamiento de América”.

También en 1904, la Fred Harvey Company contrató a Mary Jane Colter, una de las primeras arquitectas de los Estados Unidos, para diseñar una casa india frente al hotel. Colter quería una estructura que representara la historia del área y decidió modelar su edificio siguiendo la antigua villa Hopi de Oraibi. La Hopi House se convirtió en cuartel vivo de los artesanos Hopi y un almacén donde la Harvey Company vendía artes y artesanías hechas por los indios y otros recuerdos. Los navajos vivían en “hogans” cercanos, sus tradicionales casas de troncos y barro.

En 1935, Colter rediseñó el Bright Angel Lodge. Las rocas que daban marco al hogar de leños de diez pies de alto en el History Room del alojamiento provienen de varias capas de roca dentro del Cañón, colocadas en orden geológico desde arriba hacia abajo. Para la apertura del alojamiento, Colter decoró el salón principal con veinticinco sombreros de famosos habitantes del oeste, incluyendo uno de los sombreros de Pancho Villa.

Los hermanos Kolb, Ellsworth y Emery, fueron fotógrafos que arribaron a la Orilla Sur poco después del comienzo del siglo. En 1904, construyeron un pequeño edificio precariamente posado sobre el borde del Cañón. En las dos décadas siguientes, los Kolbs agregaron su estudio hasta que erigieron un edificio de varios pisos, que servía de negocio y residencia en la cabecera del sendero Bright Angel. Cada mañana el tren mula en descenso haría una pausa para que los Kolb tomaran imágenes de los que paseaban. Las imágenes impresas estarían listas cuando ascendieran.


LA VÍA FÉRREA DEL GRAN CAÑÓN

El Ingeniero Robert Brewster Stanton soñaba con construir una vía de ferrocarril a lo largo del Río Colorado a través del Gran Cañón. Su estudio del nivel del río de 1889 al 90 probó que podría construirse una línea de rieles para transportar minerales al mercado, pero no consiguió respaldo financiero.

Seis años antes, en 1883, las compañías Atlantic & Pacific y la Atchison, Topeka & Santa Fe Railroad unieron sus fuerzas para completar una línea a través del norte de Arizona, siguiendo el paralelo treinta y cinco, una ruta originalmente estudiada para un camino de vagones en la década de 1850. Solo tres meses después de que las cuadrillas de trabajadores de A&P alcanzaran Peach Springs, veinte millas al sur del Río Colorado, Julius y Cecilia Farlee estuvieron listos para transportar los pasajeros del tren por un camino irregular y polvoriento hasta su hotel construido a nuevo a lo largo de Diamond Creek, el primer hotel en o cercano al Gran Cañón.

El emprendedor Buckey O’Neill convenció a una compañía de minería para que construyera una línea dentada desde Williams hasta su mina de cobre en Anita, al sur del Cañón. Cuando las minas cerraron, la línea de ferrocarril entró en bancarrota pero la Santa Fe Railway la compró y terminó de colocar las vías hacia la orilla sur. El congreso había autorizado a Indian Gardens dentro del Cañón como terminal, pero esa sección nunca fue construida.

El 17 de septiembre de 1901, los veintidós residentes de Grand Canyon Village observaron cómo rodaba el primer tren hasta detenerse, arrastrado por la locomotora 282, hasta una parada en la orilla. Ahora, en vez de un día o dos de andar a empellones o codazos sobre una plataforma tosca por entre $15 y $20, uno podía viajar al cañón en el relativo confort del tren, en tres horas, por solamente $4.

Irónica y fatídicamente, la Santa Fe Railway patrocinó la primera aventura en automóvil hasta la Orilla sur. El 6 de enero de 1902, se esperaba que un Toledo Locomobile impulsado por vapor completara el viaje desde Flagstaff en menos de cuatro horas. Pero después de fallar treinta millas antes de la meta y ya con dos días de retraso, tuvo que ser remolcado por mulas por el resto del camino a Grandview Point.

Después de la Segunda Guerra Mundial, los americanos comenzaron a visitar el Cañón en un número siempre creciente, en su mayoría manejando sus propios automóviles. El número de pasajeros disminuyó y en 1968 el último tren dejó el Cañón con menos de 200 pasajeros a bordo. Por dos décadas, las vías abandonadas se oxidaron, los durmientes se pudrieron y árboles y arbustos crecieron entre las vías. Entonces Max Biegert, un hombre de negocios, decidió reabrir la línea. En 1989, ochenta y ocho años después de la fecha del primer tren hacia la orilla sur, una antigua máquina a vapor, arrastrando coches de pasajeros fue saludada por miles de personas en el Grand Canyon Depot.


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LA ORILLA SUR

Cerca de cinco millones de personas por año llegan por las dos estaciones de entrada de la Orilla Sur y buscan espacio para estacionar. En unos pocos años, los planes anuncian que habrá una nueva área de estacionamiento fuera de las fronteras del parque y un transporte liviano de rieles para llevar rápidamente los turistas hasta la orilla. Pero hasta entonces, es posible que se necesite un poco de paciencia para enfrentar la aglomeración de visitantes de verano.

Una sugerencia: estacione su automóvil y tome el West Rim Shuttle gratuito. Descienda y camine entre los puntos panorámicos nombrados. Descubrirá que muchas personas ni siquiera caminan una corta distancia desde sus automóviles. Encuentre una ladera confortable para sentarse o para apoyarse contra ella, no demasiado cerca del borde y simplemente empápese con la escena. Escuche el yan, yan, yan de un trepatroncos de pecho blanco, el gron de un brilloso cuervo negro, la canción de ágiles escalas descendentes del reyezuelo del Cañón y los secretos murmurados por el viento a través de los pinos. Aspire la escencia de vainilla de los ponderosa y el acre olor de la artemisia y sienta el potente sol del desierto en su espalda (recuerde llevar pantalla solar y sombrero). Deje que sus pensamientos viajen a la deriva a través del Cañón junto con las nubes. Contemple el juego de sombras a través de los acantiillados y las salientes.

Al atardecer, regrese a Grand Canyon Village y camine por el Sendero Bright Angel la corta distancia hasta el túnel cortado a través del acantillado de piedra caliza. Apenas pasado el túnel, mire hacia su izquierda. Bajo una gran saliente hay cerca de una docena de pictografías de criaturas con cornamentas, formas humanas y geométricas. Mucho tiempo antes de que este fuera un sendero para caminatas, unos doscientos o quizás unos dos mil años atrás, un Havasupai o alguien de los Pueblos Ancestrales (Anasazi) se encaramó hasta allí para pintar esas figuras. Su fina realización sugiere que tenían como propósito ser algo más que garabatos.


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