Excerpt for En el barrio de los mangos by Leonel Menéndez, available in its entirety at Smashwords

EN EL BARRIO DE LOS MANGOS

Leonel Menéndez Álvarez

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Copyright Leonel Menéndez, 2009



First Edition

Published by Leonel Menéndez at Smashwords

ISBN: 978-1-936886-64-7



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MANGO: Árbol originario de la India, se cultiva actualmente en varios países tropicales y de mucha popularidad en Cuba. Alcanza hasta 15 metros de altura y tiene el tronco negruzco y la copa grande y densa. Sus hojas son lanceoladas, coriáceas, verdes obscuras y relucientes; las flores pequeñas y amarillentas se agrupan en panículos. Su corteza tiene aplicaciones medicinales.

El fruto, llamado también mango es una drupa ovoide o algo arriñonado de color amarillo rojizo, con la cáscara delgada y la pulpa jugosa y aromática.

Existen numerosas variedades distintas, sobre todo por la calidad de sus frutos. Algunas personas son alérgicas al Mango, que les produce una especie de sarpullido sobre los labios.

(Enciclopedia Salvat)



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Índice:

Gracias

Prólogo

Prefacio

En el Barrio de Los Mangos

Volar como Matías Pérez

Las casas de Buena Vista

Barbarita Ciclón

La casa de la Galleguita

Maria Ester y yo

Macho, el vecino de enfrente

Mis primos y yo

El tío Tatá y sus gallos finos

La foca, la rana y el caballo

Arroz frito

Mi hermanito el espía

Pobrecito Leonelito

La quincalla de Elia

Los viernes por las tardes

La paloma blanca

Los dos mundos

La viejita de los cien gatos

La China Wong

Los pechos y caderas

La primera comunión

La Faraona del barrio

El cuadro de Jesús

Como en las películas

El pelotero de la esquina

El caracol y el mar

Las chancletas de Elvita

Aceite de coco

La boda de Pituka la Bella

Los quince de La Galleguita

El novio de La Galleguita

La luna y yo

Mamá inteligente

La bicicleta nueva

De azul y morado

Uno, dos, tres, cuatro

El jardín de la jutía

La tristeza más grande

Sencillamente, Cuqui

Las cuatro hermanas de Oriente

Los bailes de Montserrat

El CDR, el G2, la UMAP, la FAR y el SMO

Y la tierra no se lo tragó

Las tres palmas reales

La fiesta de San Juan

Cuando llegue a Estados Unidos



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Gracias:

A mis padres por todas sus enseñanzas, sus sacrificios y por habernos traído a mi hermano y a mí a Estados Unidos para que pudiéramos leer y escribir lo que nos diera la gana. A los medios para publicar este libro. A mi buen amigo, el dramaturgo Raúl de Cárdenas por todo su apoyo y por editar mi oxidado Español. A mi familia allá en Cuba y aquí, por todos esos recuerdos. A todos aquellos en el Barrio de Los Mangos que de alguna manera u otra motivaron mi imaginación y especialmente a mi compañero de muchos años Robert S. Brady por diseñar la cubierta de este libro.



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Los libros consuelan, calman, preparan, enriquecen y redimen.

José Martí



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Prólogo

Aprendí a leer y a escribir desde muy temprana edad. Mi madre fue mi primera maestra. Más adelante adquirí el dominio del lenguaje en forma natural, en la calle, en la universidad de la vida. He leído mucho, pero esta vida no alcanza para leerlo todo. He vivido mucho y he escrito bastante, más por afición que por profesión, para desahogar el alma y los pensamientos y poner en papel lo que he vivido.

Cuando yo pienso sobre mi vida, ha sido una vida dividida:

Desde mi niñez hasta mi adolescencia viví allá, en la ciudad de los puentes y ríos, Matanzas, Cuba; en un barrio cuyo nombre no aparece en ninguna enciclopedia.



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El Barrio de Los Mangos”

Es como uno de esos lugares que no existen, que no se pueden encontrar en un atlas, igual que los cuentos de hadas. Yo considero que podemos viajar a través de nuestra imaginación por el mundo de Oz, por las playas de Gulliver, montarnos en la alfombra mágica de Aladino hasta encontrar el castillo de La Bella Durmiente y de allí seguir volando con Pedro Pan hasta llegar al País de las Maravillas de Alicia y después perdernos en un bosque como Caperucita Roja, seguir las migajas de pan y así hallar la casa de Hansel y Gretel y defender a Blanca Nieves de la madrastra bruja.

Los mapas de nuestras infancias y los recuerdos de los sitios “soñados” pueden ser más fuertes que cualquier cosa real en este mundo. Así son también los recuerdos de mi infancia, recuerdos raptados, llenos de nostalgia y siento que conozco sus secretos mejor que nadie, pero no entiendo si son realidad, ficción o desvarío. Por eso empecé a escribir estos recuerdos antes que desaparezcan de mi mente, algo de historia, algo de verdad, algo de ensayo, algo de memoria y algo de ficción para proteger a los inocentes y llevarlos a que conozcan mi mundo de niñez, en medio de una nueva Revolución y de muchos cambios.

Algunas de estas historias pude recuperar cuando regresé a Cuba en 1979 a ver a mi familia y sobre todo a mi abuela Pepa a la cual extrañaba enormemente. Mi buen amigo Miguelito las había guardado junto a otro cuaderno de poemas y canciones que yo había escrito, con la esperanza de vernos algún día en Estados Unidos y poder leerlas juntos. Él murió en un accidente de motocicletas allá en Cuba meses después de mi primer y último viaje de visita a la isla.

Continué escribiendo estas memorias en un mes de Octubre, no recuerdo el año.



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Prefacio

Está entrando el invierno seco de California, abro mi refrigerador y veo el último mango de los que compré hace unos días a un precio exorbitante. Lo corto, le quito la cáscara y me lo como en un momento de éxtasis, mi fruta favorita.

Yo vengo del “Barrio de Los Mangos” y por eso mis padres me trajeron a Estados Unidos para que pudiera comer mangos, aún fuera de temporada, en medio mes de octubre, sin que importe pagarlos a dólar cada uno y sin tener que compartirlos con nadie.



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#1

“EN EL BARRIO DE LOS MANGOS”

Yo vivo en Salamanca entre Buena Vista y Guachinango, donde empieza El Barrio de Los Mangos. Yo no sé porque le pusieron ese nombre, el árbol de mangos más cercano está allá en el fondo del Valle Yumurí. Yo le pregunto a mi mamá y tampoco me sabe decir. Una de las vecinas dice que los mangos se acabaron por la pobreza que hay. Yo busco y busco pero yo no veo ningún árbol, sólo nubes y cielo.

Lo que más sobra en el Barrio de Los Mangos es cielo, nubes y tres palmas allá a los lejos en el Cañaveral de Salomé y cuando el viento las mueve yo sé que me están saludando. El cielo de vez en cuando nos da un aguacero y mi amiguito Julito el Negro, el hijo de la lavandera me pregunta:

“¿Tú sabes por qué el cielo cambia de colores?”

“Mi mamá dice que cuando es azul es para que se puedan ver las nubes y así cuando se mueven se convierten en animales flotantes de circos. Y cuando se pone gris es que Papá Dios está bravo con nosotros y nos manda truenos, relámpagos y ciclones”

Yo identifico a alguna de las nubes y Julito me pregunta:

“¿Y aquella que no tiene forma, quién es?”

Yo sin saber que decirle le digo que “Es Papá Dios”

¿Cómo sabes que es Dios?, me pregunta.

Porque no tiene forma y mi mamá dice que él es así de simple, está en todas partes y a veces no sabes que está allí. Puede ser del tamaño de nosotros o puede ser un gigante, o puede ser hombre o mujer y vigila todos nuestros pasos. No vive necesariamente en el cielo, ni en las iglesias. Él es la naturaleza, está en los cañaverales, en las palmas, en los valles y en los animales.

Y si no crees lo que dice mi mamá, también lo dice Lola la Santera:

“Olorum no lo vemos y él nos está siempre mirando”

“Y con Lola no se juega”, agregó Julito.

“Mira, ves aquella mariposa que viene volando, esa también es Dios, lo que se disfrazó para Los Carnavales que ya se acercan y por eso sus alas tienen tantos colores”, yo le contesté.

Y Julito dice, “¿Pero dónde están los mangos?”

“Yo no sé, ¿habrá que preguntarle a Dios?”, le dije dudoso.

“Pero si dicen los revolucionarios que Dios ya no existe”, contestó Julito en forma de burla.

Y pensé en silencio:

Con razón no hay mangos en El Barrio de Los Mangos, Papá Dios se enojó con todos nosotros”.



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#2

VOLAR COMO MATIAS PEREZ”

A mí me gusta contar historias, historias que creo en mi cabeza. Te voy a contar una de un niño que se sentía como que era de otro planeta. La historia que escribió fue paso a paso, con aquellos zapatos viejos que adentro tenían herraduras de metal para mis pies planos, y tenían las suelas gastadas, pero paso a paso se llega a Roma, según me dice mi abuela Pepa. Y yo sé que algún día conoceré a Roma.

Nosotros no siempre vivimos en el Barrio de Los Mangos. Antes de eso vivíamos en la Calle Medio, a solo una cuadra de mis abuelos, pero desde que mi padre empezó a trabajar en la Fábrica de la Rayonera, allá frente de la bahía de Matanzas, pudimos dejar la casa de madera por una de mampostería en el Barrio de Los Mangos.

Era un barrio nuevo, con calles de tierra y lo único que habían echado era las aceras y cada vez que llovía la calle se llenaba de charcos que parecían lagos. Aún así, esta casa nueva aunque de mampostería, no es de mis favoritas. A mí las que me gustan están en la calle Buena Vista, haciendo esquina con Salamanca, de dos y tres pisos. Con razón están en esa calle, desde ellas puedes ver toda la ciudad y la bahía con sus barcos y por eso nombraron la calle con ese nombre, “Buena Vista”.

Yo sé esto porque Raulito, el hijo del abogado, que es compañerito mío en la escuela Anexa vive en una de ellas y desde su balcón se ve toda la ciudad y las puestas de sol más lindas.

Esas casas no son tan grandes como la que tiene mi tía Nena en Lawton, allá en La Habana, pero tienen la mejor vista que ninguna otra en el mundo entero. En la casa nueva, la única vista que tiene es que al final de la calle está el Cañaveral de Salomé, un moreno que tiene un genio tremendo, y cuando le robamos sus cañas o los racimos de mamoncillos, nos echa los perros y después del susto me dan pesadillas.

Yo todo esto lo pongo en papel y hoja, así los ladridos de perros, los fantasmas y brujas desaparecen de mi mente.

Uno de estos días voy agarrar mis libros y mis notas y desapareceré como Matías Pérez, en un globo de aire. Y cuando los vecinos se pregunten, que le pasó a Leonelito, que desapareció con sus libros, sus papeles y sus zapatos rotos, yo ya estaré muy lejos por allá por Estados Unidos, pero esto es mi gran secreto. Los vecinos no sabrán que me iré, como lo hizo mi tío Angelito, pero yo regresaré un día para que vean lo que escribí sobre el Barrio de Los Mangos.



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#3

LAS CASAS DE BUENAVISTA”

Las personas que viven en la loma de Buena Vista, con sus casas de tres pisos y muchos balcones, duermen tan alto, tan alto, pero tan alto, que pueden tocar las estrellas, y se olvidan de mirar a los que pasamos por sus aceras y vivimos tan cerca de la tierra con las ratas, las cucarachas, las bibijaguas y las hormigas.

Yo conozco algunas de esas personas porque sus hijos van conmigo a “La Anexa”, ellos por ricos, yo por inteligente. Los ricos ya se están yendo del país y los inteligentes los están siguiendo.

Según mi mamá, la razón que me admitieron a La Anexa fue porque no tuve que pasar el kindergarten y me pasaron al primer grado con sólo cinco años porque sabía sumar, restar y multiplicar las tablas del 2, del 5 y del número 10 que ella me había enseñado. Además que sabía firmar mi nombre completo.

Mi mamá me dice que si sigo utilizando mi inteligencia y termino una carrera podré vivir en cualquiera de las casas en Buena Vista. Yo sé que algún día tendré una casa como la de ellos, pero no me olvidaré que vine de la tierra. Los que pasen por debajo de mi balcón, aún siendo indigentes los invitaré a cenar y a pasar la noche, y los pondré en el cuarto más cercano a los cielos para que sepan como es que se duerme entre las estrellas, y con la luna cuidándoles como me cuida mi mamá.

Y cuando me visiten mis amigos y sientan los ronquidos de ellos y me pregunten:

“¿Tienes guayabitos en la azotea?”

“¡Guayabitos, no!, sólo indigentes, pero ya no tienen que dormir entre las ratas, las cucarachas, las hormigas y la tierra caliente por el sol”, les diré con una sonrisa,

“Están protegidos por un cuartel de estrellas y una luna por capitán”



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BARBARITA, CICLON”

Barbarita tiene muchos hijos, pero no es culpa de ella. Dicen que de tener tantos se volvió loca. Son un total de 13 y como ella no tiene marido y son muchos mocosos la volvieron aún más loca. Eso es lo que dice Lola, la santera de la cuadra.

Otros dicen que se volvió loca por que todos los hombres la dejan, ya que con esa creche de muchachos malcriados quién le va aguantar el paquete. Ella se la pasa llora y llora por las esquinas quejándose de tantos pañales que tiene que lavar y que nunca tiene un quilo para darles de comer.

Nadie los invita porque acaban con la quinta y con los mangos, no saben portarse bien y rompen los jarrones finos y adornos que deberían estar en museos, como los adornos en las casas de los ricos de Buena Vista. También abusan de los animales. Los perros de sólo verlos salen corriendo y los gatos se suben a los tejados cuando marchan calle abajo en camino a la escuela. De los 13 hijos sólo cinco van a la escuela y entre todos ellos sólo tienen una hermana, la cual no puede ir a la escuela porque tiene que ayudar a Barbarita con los demás mocosos y con los trajines de la casa.

Yo he visto que cuando los hijos de Barbarita se suben a algún árbol, son tantos que los pocos árboles que quedan se cansan de tanto peso y tanta brincadera en ellos que deciden por partirse en medio. Por eso no tenemos árboles de mangos en el barrio, por culpa de los hijos de Barbarita.

Cuando uno de los hijos de Barbarita se lanzó de uno de los techos de las casas de tres pisos en Buena Vista durante uno de los ciclones, pensando que iba a volar como Superman, cayó en la acera como papa rellena cuando la tiras por un balcón.

Por eso, cuando pasa Barbarita por tu ventana, nunca le puedes decir:

¡Barbarita, Ciclón!

Entonces sí que se vuelve loca y nos mienta la madre a todos los muchachos del Barrio de Los Mangos y levantándose su saya nos enseña entre sus piernas y nos dice:

“Ciclón, éste que ya ha parido a 13”



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#5

LA CASA DE LA GALLEGUITA”

Todos la llamamos así, “La Galleguita”, y nadie sabe su verdadero nombre. Pero yo no entiendo, así deberían llamar a mi madre que su papá era español y no a ella que es mulata. Pero en el barrio dicen que su abuelo por parte de padre era un gallego que se casó con su abuela, una morena que era la criada antes de ser la esposa. A mí todo esas cosas de los adultos me confunden, primero criada y después esposa, ¿quién los entiende?

La casa donde vive ella es la única de madera en el Barrio de Los Mangos. Cuando las personas mayores entran en ella, tienen que tener cuidado de no pegarse en la cabeza al pasar por la puerta. La casa es como si estuviera enterrada en el suelo, la acera está más alta, y tienes que bajar para entrar en ella. El piso es de tierra, pero yo tampoco entiendo eso, ya que brilla, yo nunca he visto que la tierra brille tanto. Tiene techo de guano, como los bohíos del campo, a veces las abejas entran y empiezan hacer panales entre los guanos y hay que sacarlas con humo.

El otro abuelito de ella, tiene panales de abeja en el fondo del patio y vende la miel en botellas y hace también velas de la cera, a mí me gusta verlo como hace las velas porque huelen muy rico. El también tiene el árbol más grande de mamoncillos de toda la vecindad, aún más grande que los de Salomé. Ese fue el árbol que utilizamos La Galleguita y yo para el concurso de Tarzán y Juana, ella me ganó por ser año y medio mayor que yo, aunque se rompió el brazo. Ya después de eso no nos tiramos nunca más del árbol porque nuestros padres nos prohibieron jugar juntos por las travesuras que se nos ocurrían.

Ahora yo practico desde el techo de mi casa, con una sábana como Superman, pero como yo no tengo la “S” esto impide que pueda volar y mi mamá me regaña ya que no quiere que me pase igual que al hijo de Barbarita Ciclón y caiga como papa rellena aplastado en la acera.

Cuando la mamá de La Galleguita la llama a gritos para que venga a comer se oye por todo el Barrio de Los Mangos y la casa retumba como si fuese a caerse, y allá del cañaveral de Salomé sale La Galleguita con la “bemba estirá”, llena de polvo, con su perro que tiene un ojo azul y el otro negro.

¡Ah!, Pero que olor más rico sale de entre las maderas y el techo de la casa, a todos en el barrio nos da hambre y la boca se nos hace agua, lo cual enfurece a mi mamá porque yo acostumbro a enterrar mi comida en los búcaros de rosas plásticas que tiene en la sala encima del televisor.



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#6

MARIA ESTER Y YO”

A mí me gusta la nueva vecina que se mudó al lado de casa porque me deja jugar con sus muñecas, pero hay días que está bien sangrona.


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