Excerpt for Micro relatos de acción funky by Néstor Fausto, available in its entirety at Smashwords

MICRO RELATOS DE ACCIÓN FUNKY



Colección PÚLPito




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Micro relatos de acción funky

Copyright © 2012 Carlos Gómez

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La presente novela es una obra de ficción. Los nombres, personajes, lugares y sucesos en él descritos son producto de la imaginación del autor. Cualquier semejanza con la realidad es pura coincidencia.


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MICRO RELATOS DE ACCIÓN FUNKY




ATRACO A LAS CINCO


El plan del robo ha sido meticulosamente trazado y debe seguirse con precisión milimétrica. Uno y Dos entrarán en el banco a las 4h55 pm, cinco minutos antes del cierre, disfrazados con caretas de animales; encañonarán al personal, les amenazarán con las armas e inmovilizarán al guarda de seguridad. En ese momento, Tres y Cuatro, dispondrán de tres o cuatro minutos para llenar los sacos con dinero. Pasado ese tiempo deberéis salir rápidamente del banco y montaros en el coche de Cinco, que estará en la puerta esperando. Cero, que soy yo, os esperaré en el sitio que previamente hemos acordado.

-¿Dónde está Cinco con el coche?

-Quedamos mañana a la misma hora.


*******



PERSECUCIÓN EN LA AUTOPISTA POR DAVID & ROBIN


Un Ford Mustang plateado zigzagueaba entre los coches a gran velocidad. Los policías David Robinson y Robin Davidson esperaban pacientemente desde su escondite a que algún vehículo rebasase el límite de velocidad. La tarde había sido muy floja y apenas sí habían conseguido para un café.

Entonces, una flecha plateada pasó junto a ellos levantando una gran polvareda. Un acelerón en el coche patrulla dio el pistoletazo de salida a una gloriosa persecución por la autopista. Era hora punta, haciendo la conducción muy peligrosa pero por una buen multa todo merecía la pena.

Con un estilo temerario, David y Robin consiguieron situarse detrás del Mustang plateado.

-Tóma la matricula, Robin- sugirió Robinson.

-De acuerdo David- respondió Davidson.

David o Robin informó a la central de la persecución dando el número de matrícula del Ford Mustang plateado.

Desde la comisaría, la sensual voz de Jenni Jennison les comunicó que perseguían a un conocido ladrón de bancos.

-Es un peligroso delincuente apodado “El Cinco”. Tened cuidado, es experto en fugas.

David, o tal vez Robin, sonrió maliciosamente mientras se ponía sus guantes de competición mientras Robin, o tal vez David, sujetaba el volante.

El Ford Mustang conducía con habilidad sorteando con elegancia los obstáculos de la carretera, no así el coche patrulla que, con la sirena puesta, echaba a todo el que tuviera por delante con maniobras peligrosas. Habían conseguido alcanzarle. Unos golpes le avisaron de que la lucha iba a comenzar y sería a destrucción total del coche. Pero entonces, bendita suerte del atracador, los policías tuvieron un percance inesperado.

-¡Maldición, Robin!- dijo Robinson.

-¿Qué pasa David?- preguntó Davidson.

-Nos quedamos sin rosquillas.


*******



ESCUCHAS PANDILLERAS


Transcripción judicial de una conversación grabada a una banda de pandilleros.

-Qué pasa tío.

-Hey, colega. ¿Cuánto tiempo?

-Sí, por lo menos desde ayer. ¿Tienes lo mio?

-¿El qué?

-Lo mío, ya sabes tío. Lo mio, lo mio.

-¿Ladillas?

-¿Dónde?

-¿Que si lo tuyo son ladillas?

-Más bien peladillas. ¿Tienes, tío? ¿Tienes?

-¿Ladillas?

-No, peladillas. ¿Tienes ladillas?

-No y no.

-No y no ¿qué?

-¿Qué de qué?

-Oye, tío, no te pases. No te pases que me caliento.

-No te calientes que si tienes ladillas no te puedes arrimar.

-Yo no me arrimo a las que tienen ladillas, sólo a los que tienen peladillas.

-Si las tuvieras peladillas no tendrías ladillas.

-¿Quién tiene ladillas?

-Tú.

-¿Dónde? ¡Quitámelas, quitámelas!

-¿Las peladillas?

-No las ladillas.

-Eso mejor pídeselo a unas guarrillas.

-Ellas tendrán las suyas propias.

-¿Peladillas?

-No, ladillas.

-¿Dónde? ¡Quitámelas, quitámelas!

-¿Las peladillas?

-No las ladillas.

-Eso mejor pídeselo a unas guarrillas.

-Ellas tendrán las suyas propias.

-¿Peladillas?

-No, ladillas.

-¿Dónde? ¡Quitámelas, quitámelas!


La conversación entró en un bucle y hubo que reiniciar el sistema,... judicial.


*******



DISCO INFERNO


Entró en la discoteca con sus pantalones de campana y su pelo afro. Buscó con la mirada al hombre vestido de poliester con el sombrero de plumas. Esa era la única pista que tenía. Le había costado mucho conseguir esa información. Chuck, el soplón del barrio, había estado muy esquivo y tuvo que ablandarle un poco antes de que aceptara los billetes.

Caminó a ritmo funky hasta el centro de la pista, moviendo las caderas junto a una preciosa mulata.

Tras sus grandes gafas de lentejuelas miraba atento tras alguien con plumas. Las vio junto a la barra. Disimuladamente se acercó a él. Era un hombre grande al que era mejor no enfrentarse, pero él no se asustaba con nada, y menos con una bolsa llena de dinero de premio. Pidió un whisky.

-Deja la botella, nena.

Bebió el vaso de un trago, agarró la botella y la estrelló contra la cabeza del hombre de las plumas que tenía a su lado. Con un rápido gesto sacó su mechero y lo encendió, amenazándole con él.

-Quieto o te prendo fuego.

Esa frase calmó a su rival que le miraba enfurecido dispuesto a golpearle en cuanto bajara la guardia.

-¿Qué quieres pimpollo?

-Quiero la pasta del atraco. ¿Dónde está? Deprisa, no tengo todo el día.

-No hubo atraco, Cinco no se presentó.

Sorprendido, bajó la mirada pensativo dejando descubierto su mentón donde recibió un puñetazo que le hizo besar el suelo. El mechero salió volando cayendo sobre un charco de alcohol sobre la barra que prendió rápidamente quemando la ropa de poliester de los que estaban a su alrededor. El pánico, mezclado con la ropa inflamable, convirtió aquello en una auténtica "Disco Inferno". Distraído apagándose las mangas de la chaqueta no pudo ver como el hombre de la pluma se escapaba; había salido del armario, la discoteca Armario.


*******



EL REGRESO DE LA RING MACHINE BAND

La ciudad había amanecido empapelada con carteles que anunciaban el próximo, y único, concierto de la “Ring machine band”. La reunificación no fue dificil ofreciéndoles lo único con lo que se puede convencer a unas ex-estrellas drogadictas y ahogadas en deudas. Estaban acabados pero eran los “Ring machine band”; diez años después de su tremendo éxito “Sergeant Salt” seguían teniendo tirón. Las entradas se habían acabado en pocas horas, en la reventa su precio se había multiplicado por diez, era el espectáculo del año y nadie que se jacte de ser importante iba a faltar a esa fiesta.

Yo no tenía entrada, ni iba a pagar una burrada por ver a unos viejos decrépitos acabados,... si podía verlos gratis. Sólo tenía que conseguir una y sabía a quien tenía que acudir.

El Serpiente me esperaba en un callejón trasero junto al estadio donde se iba a celebrar el concierto. Le llamábamos Serpiente porque era un rastrero y confiar en él era como jugar a la ruleta, sólo que esta estaba siempre trucada. Sabía que me la iba a jugar pero esperaba jugársela antes yo a él.

-Así que quieres una entrada para ver a los “Ring machine band”, pues eso te va a costar caro.

-Quiero entrar en los camerinos y tú me lo vas a conseguir, gratis.

-Estas loco. Eso no lo puedo hacer.

-Por supuesto que sí. Sólo necesitas el incentivo adecuado.

Saqué de mi cartera dos boletos y se los mostré sin dejar que los tocara.

-¡Dos entradas para la Superbowl!

-Exacto, así que ya sabes lo que tienes que hacer.

-Espera un momento, ahora vuelvo.

Desapareció del callejón girando la esquina hacia el estadio. No me fiaba de él, así que me escondí entre unos cubos de basura. Hice bien porque volvió con uno de los gorilas de la banda. Era una masa de más de dos metros lleno de músculos y rostro de simio que me buscaba con malas intenciones.

-Estaba aquí hace un momento. ¡Búscale! Tiene entradas para la Superbowl.

Me deslicé a hurtadillas saliendo del callejón sin que me vieran. Mi plan había funcionado, en la puerta trasera por donde entraban los artistas no había nadie vigilando. Entré sin problemas y pude disfrutar del concierto, aunque tuve que disfrazarme un poco para que el portero que me buscaba como loco no me reconociera.

Respecto a las entradas de la Superbowl eran falsas, si te fijabas bien podías ver que eran de 1987 y yo no pienso esperar diez años para ir a verlo.


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