Excerpt for De las profecías bíblicas al fin del mundo de 2012 by Soliman El-Azir, available in its entirety at Smashwords

De las profecías bíblicas al fin del mundo de 2012.

Estudio sobre la pervivencia de las profecías apocalípticas.

Soliman El-Azir (Soliman.ElAzir@gmail.com).

Vino luego cerca de donde yo estaba; y con su venida me asombré, y me postré sobre mi rostro. Pero él me dijo: Entiende, hijo de hombre, porque la visión es para el tiempo del fin.

Libro de Daniel 8:17 (ed. Reina Valera 1960)

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¿Puede ser que el cometa destructor anunciado por los mayas, Nostradamus y el Apocalipsis, sea un planeta oculto en los límites del sistema solar?

Spencer Carter: Nostradamus Maya 2012: Mas alla de la profecia maya del apocalipsis.

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"El laboratorio LHC tiene un 75% de probabilidad de extinguir la Tierra

Diario ADN, edición del 2 de abril de 2008.



1.Introducción.

1.1.El fin está cerca.

En el momento de escribir estas líneas (marzo de 2011), en Japón los ingenieros trabajan para controlar la situación en la central nuclear de Fukushima. Las últimas noticias en la mañana del 16 de marzo son alarmantes: el edificio de contención no parece aguantar y se teme la fusión del núcleo seguida por una fuga radiactiva de grandes proporciones. Ante esta situación Günter Oettinger, el comisario europeo de energía, aseguraba el 15 de marzo que la situación es apocalíptica1. No cabe duda de que la situación es enormemente preocupante, y que la probabilidad de una fuga que ponga en peligro la salud de las personas es cada vez mayor. Sin embargo, a juzgar por la definición de la palabra apocalíptico en nuestro diccionario, de creer la declaración del comisario estaríamos al borde de unexterminio o devastación2. Oettinger no hace sino manifestar los miedos de una población que recuerda desastres pasados como el de Chernóbil de 1986, aunque numerosos expertos insistan en que no pueden compararse3. Hay que recordar que el recuento de muertos debidos al terremoto y maremoto posterior hasta el 16 de marzo de 2011 a las 10:00 arrojaba la cifra de 3.700 personas, mientras que el accidente de la central nuclear no había producido ninguna víctima. Visto así, el término apocalíptico parece como mínimo excesivo.

Al margen del catastrofismo y la falta de rigor científico a la que nos tienen acostumbrados los medios de comunicación, resulta innegable que el mundo está lleno de peligros tanto reales como imaginarios. Uno podría pensar que un mayor conocimiento del mundo debería tranquilizarnos, pero no es así. Hoy día sabemos mucho más que hace 2000 años acerca del sistema solar, de la dinámica de las radiaciones solares, de los virus, los movimientos tectónicos o de los recursos naturales. Pero este conocimiento no hace sino introducir miedos nuevos que se añaden a miedos más clásicos como puede ser la vieja cólera divina por nuestros pecados. La mayor parte de los habitantes del planeta viven en un mundo que no entienden, ajenos a los movimientos político-económicos, a los avances tecnológicos, científicos y médicos. Resulta por tanto natural sentir miedo. Miedo a una serie de fuerzas desconocidas y a unos peligros cuya magnitud escapa a la imaginación. Resulta incluso natural que, ante lo desconocido, surjan miedos más pintorescos como una invasión extraterrestre o la Tercera Guerra Mundial orquestada por los Illuminati.

Como se verá más adelante, muchos de los peligros que nos acechan son muy reales. Hay millones de objetos que vagan por el espacio que podrían impactar contra la Tierra, la posibilidad de que se cree espontáneamente un agujero negro es real, e incluso (¿por qué no?) podría ser que un demiurgo cansado del ruido de los humanos decidiera enviarnos un enorme diluvio. No es objetivo de este trabajo estudiar las posibilidades de que el mundo acabe en un momento cercano, sino estudiar la forma que toman estos relatos apocalípticos, intentando hacer ver que aun hoy cuando se habla de los peligros del Gran Colisionador de Hadrones se sigue un relato mítico que no dista mucho del Apocalipsis de Juan.

1.2.El fin del mundo como mito.

Al estudio o ciencia de las últimas cosas se le llama escatología, que proviene del griego eskhaton o final. Las escatologías toman básicamente dos formas, como espero que se vea a lo largo del trabajo. La primera es la mítica, y se basa en una concepción cíclica del tiempo. En este sistema de ideas, existe la creencia de que el tiempo se desgasta de alguna manera, por lo que era responsabilidad del hombre regenerarlo. Para ayudar en esta regeneración, los hombres tienen que llevar a cabo determinados ritos, tales como los que documenta Eliade4. Sin embargo, estos esfuerzos por la regeneración son necesariamene imperfectos, por lo que la calidad del tiempo se degrada hasta finalmente dar paso al final, al caos; o bien a un cambio de era, a una renovación traumática. Una consecuencia lógica de esta concepción del mundo es que el fin (es decir el momento en que el mundo se sume en el caos) es algo que sucede de modo periódico y el hombre puede hacer algo para evitarlo o al menos retrasarlo.

La segunda forma es una escatología histórica que se basa en la concepción lineal del tiempo judeo-cristiana. En éstas últimas, existe un final ya marcado en el tiempo, al que inevitablemente se llegará. El hombre no puede hacer nada por evitarlo. Lo único que puede hacer el hombre es conocer el momento exacto y sobre todo salvarse, ser uno de los elegidos antes de que llegue ese momento fatídico. Muchos de los relatos del fin en realidad mezclan las dos concepciones. La profecía de 2012 es claramente histórica, pero a la vez habla de una regeneración, de una transición de la conciencia que cambiará el mundo, que pondrá de nuevo la cuenta a cero. En el lado opuesto, el Mahabharata hindú habla de la contínua regeneración y es un ejemplo claro de tiempo cíclico, sin embargo también se enumeran las diferentes eras cada una de mayor decadencia que la precedente.

1.3.Los diferentes fines del mundo.

Así pues, podemos encontrar escatologías que anuncian el fin del mundo en una cantidad enorme de culturas, tiempos y lugares. La sensación de que el tiempo se corrompe, de que en un tiempo pasado las cosas fueron mejores lleva acompañando a la humanidad desde que tenemos registros conocidos. En las tablillas sumerias se pueden leer los lamentos que hablan de que el mundo está ya gastado, que la juventud ha perdido el respeto o que la corrupción ha pasado a ser generalizada. Existen textos egipcios de alrededor del 1800 a.C.5 que cuentan cómo el orden de las cosas se ha pervertido tanto que no puede significar sino el fin de la civilización conocida, siendo señales del fin del mundo6. El patrón es común a todas las culturas: el hombre ha descuidado a los dioses y sus mandatos, ha degenerado, es malvado e irrespetuoso. Incluso en las profecías modernas (por ejemplo la del Planeta Nibiru asociada con el 2012) la culpa cae sobre los humanos por haber contaminado el aire y la tierra, como si esto pudiera influir en la llegada de un planeta que alteraría el campo gravitacional terrestre.

Cuando se trata de fines del mundo hay donde elegir, desde Escandinavia, Persia, los Hopi o la misma Roma. Según la mitología nórdica, el Ragnarök llegará para acabar con el universo cuando la Serpiente del Mundo haya devorado ya las raíces del árbol mítico Yggdrasil. Cuando eso suceda, el dios Loki se liberará de sus ataduras, llamando a un ejército terrible de monstruos y hombres muertos. Entonces se producirá una lucha entre los dioses liderados por Odín y los demonios que comanda Loki, destruyendo el mundo en su lucha. Sin embargo, dos humanos sobrevivirán comenzando una nueva era más justa cuando de las aguas emerja una tierra verde destinada a un nuevo comienzo. Según el antiguo zoroastrismo persa, la Tierra sufrirá la colisión de un cometa, que provocará que el metal fundido cubra por completo su superficie. De este modo se producirá el juicio, ya que los buenos podrán caminar si ningún daño por encima de la lava, mientras que los malvados serán abrasados por sus pecados. De esta hecatombe surgirá un hombre virgen y santo llamado Saoshyant, que vencerá al mal convirtiendo el mundo en un paraíso sin dolor ni muerte. La tribu de los Hopi, en Arizona, tiene una escatología que resultó asombrosamente cercana a la realidad. Según sus mitos, habían de llegar unos hombres blancos que se apropiarán de la tierra valiéndose de truenos portátiles. Las serpientes de metal y los ríos de piedra inundarían el planeta, mientras los mares estarían contaminados y pedazos de cielo han caído a la Tierra. Entonces habría una Gran Guerra que acabaría con casi toda la humanidad. Cuando todo parezca perdido, el Hermano Blanco, Pahana, regresaría de las estrellas a donde fué hace miles de años convirtiendo el mundo en un paraíso. Como puede suponerse, este mito ha hecho las delicias de los que andan buscando civilizaciones perdidas o influencias extraterrestres. También en Roma encontramos los mismos miedos, ya que vivieron durante toda su historia con el miedo de su propio final que le había sido profetizado a Rómulo, con cálculos y episodios muy similares a los que se pueden encontrar hoy en día7. La lista es interminable, se podrían llenar libros enteros con este tipo de mitos del fin, todos ellos muy similares vengan de China o Japón, de África, de la antigua Grecia, de Polinesia o de Alaska.

En las religiones mayoritarias la situación no es diferente. El Islam alerta del juicio final descrito en el Corán, cuando el mundo será destruido en su totalidad, los muertos se levantarán de sus tumbas yendo a Infierno o Paraíso según sus pecados. Algo muy similar describe la escatología cristiana. Desde sus comienzos, el cristianismo ha vivido con la inminencia de la segunda venida de Cristo, algo que según los primeros evangelistas era algo que tenía que suceder en un momento muy cercano. Mateo escribía Yo os aseguro: entre los aquí presentes hay algunos que no gustarán la muerte hasta que vean al Hijo del hombre venir en su Reino.8, una frase que ha supuesto un tremendo dolor de cabeza para aquellos teólogos cristianos que han tenido que reinterpretarla, casi siempre con la ayuda del mismo evangelista cuando dice "ese día o esa hora, nadie la conoce"9. El cristianismo primitivo heredó muchos rasgos del mesianismo judío, viviendo constantemente a la espera de un evento como la Parusía que salvaría a los hombres elegidos y provocaría un cambio de ciclo hacia un mundo utópico. El mismo papa San Clemente I, en el año 90, predijo que el fin del mundo iba a ocurrir en cualquier momento10. En el caso judío los anuncios apocalípticos se limitan al destino del pueblo de Israel, aunque este apocalipsis es muy similar a su heredero cristiano. En el budismo, el retorno de Maitreya iniciaría un paraíso en la Tierra gobernado por la paz y la felicidad. La pralaya védica anuncia que el fuego Samvartaka destruirá el mundo por completo, mientras una lluvia caerá durante doce años seguidos sumergiendo toda la tierra. Para los hindúes, a la guerra entre las fuerzas del bien y el mal seguirá un mundo nuevo bajo el reinado de Yudhisthira o Pariksit11.

Paradójicamente, aunque aún se habla equivocadamente del pánico generado alrededor del año 1000, en realidad se trata de una visión muy deformada heredera de la historiografía del siglo XIX. El hecho es que, si hubo algún acontecimiento o anuncio del fin del mundo, se trató de fenómenos locales que desde luego no incluyó el abandono de cosechas en toda Europa, actos de penitencia generalizados ni el regalo de los bienes que se relatan aún en algunos manuales. Hubo, es cierto, algunos fenónemos que estos autores tomaron como generales: una epidemia en 997 de origen desconocido llamada "mal de los ardientes", hubo cosechas malas continuadas que provocaron hambre. Existen evidencias de que había quien creía que alrededor del 1000 o del 1033 (mil años tras la muerte de Cristo) la venida del Anticristo era inminente12. Abbon de Fleury hizo notar que la Anunciación y el Viernes Santo coincidirían en 992, lo que no sucedía desde el siglo I, y afirmó que era una señal del fin de los tiempos. Obviamente, todo ello pasó sin mayores consecuencias ni terrores generalizados, si bien es cierto que alrededor del año 1000 se unía la evidencia de una Iglesia socavada por la corrupción, hambrunas recurrentes y herejías que para muchos significaba que el fin estaba cerca, pero sin que ello supusiera abandonar todos los bienes y entregarse a la penitencia.

Actualmente el catolicismo prefiere mantener en el terreno de la indefinición la veracidad de este fin del mundo y del momento en que ha de producirse, pero muchas otras religiones cristianas o afines no han resistido la tentación. De hecho, el catolicismo afirma que el Reino Celeste anunciado se encuentra ya sobre la Tierra, puesto que la Iglesia ha sido fundada13. En el otro extremo es notorio el caso de los Testigos de Jehová, que desde su fundación ha profetizado el fin del mundo no menos de una docena de veces (1874, 1878, 1881, 1910, 1914, 1918, 1925, 1941, 1975, 1984, 1994, 1999 y 2008)14, aunque los diferentes grupos adventistas no les van a la zaga con anuncios repetidos desde 1845, algunos con consecuencias bastante nefastas como el suceso producido por los milleritas en lo que se conoce como The Great Disappointment15 que se verá más adelante. El mensaje "arrepentíos, el fin está cerca" es también un tópico común entre los diferentes predicadores evangélicos, algunos con menor y otros con mayor definición o exactitud a la hora de predecir ese supuesto final.

1.4.Los profetas apocalípticos.

A lo largo de este trabajo se mencionará un gran número de profetas tanto antiguos como modernos. No es objetivo de este trabajo ningún análisis serio sobre la psicología del profeta, aunque parece claro que muchos de los personajes más o menos extravagantes que nos anuncian el inminente fin tienen como objetivo la venta de libros, de documentales, y en general montar un lucrativo negocio basado en el miedo. Se trata sin duda de una figura muy antigua, pero el oficio de profeta aun siendo considerablemente antiguo sigue practicándose y teniendo un público fiel. Sin entrar en hacer una relación exhaustiva, puede constatarse que el número de profetas de las diferentes religiones es enorme. Desde los profetas bíblicos, islámicos, mormones, bahaístas, hasta la enorme lista (se verán unos ejemplos más adelante) de diferentes personas que sin estar adscritas a ninguna religión concreta han anunciado el fin de los tiempos basándose en los elementos más pintorescos. Si antes bastaba afirmar estar bajo una revelación divina, subirse a una palestra y advertir a quien quisiera escuchar; hoy en día el negocio de la profecía se basa o bien en el desciframiento de un supuesto saber ancestral de alguna civilización antigua (casi siempre fuentes bíblicas, mayas o egipcias), en los restos dejados por alguna visita extraterrestre pasada o actual o bien en teorías pseudocientíficas acerca del movimiento de los planetas, del estado del clima o de las consecuencias de la acción del hombre. Es obvio que existe una enorme diferencia entre el científico que registra las diferentes temperaturas en el casquete polar comparándolas con años pasados, con el profeta que sin ninguna base real afirma que el calentamiento global pondrá fin a nuestra civilización.

Conviene recordar que un profeta apocalíptico, al menos hasta la fecha, sólo puede estar en dos situaciones: o bien habla de un fin futuro o bien ha fallado en su predicción. El reguero de profecías fallidas y de profetas que erraron es tan enorme y antiguo que sorprende que aún pueda haber quien les escuche. Sorprendentemente, estos fallos en las predicciones no parecen alterar excesivamente ni las pretensiones de infalibilidad de los profetas ni tampoco la credulidad de los que compran sus libros o ven sus documentales. Una explicación de este extraño comportamiento la aportó el psicólogo Leon Festinger16 con su teoría disonancia cognitiva, que demuestra que un creyente usa mecanismos psicológicos para rechazar las evidencias de su error, lo que explicaría por qué los Testigos de Jehová o los seguidores de los diferentes pastores evangélicos apocalípticos siguen creyendo sus profecías aunque fallen una y otra vez. La evidencia nos dice que, a pesar de lo que afirman sus defensores, existen profecías bíblicas incumplidas (como por ejemplo la destrucción de Tiro profetizada por Ezequiel). El tercer secreto de Fátima, tan celosamente custodiado por la Iglesia y que tenía que suponer una revolución mundial pasó sin mayores consecuencias. Nostradamus, el profeta que parece haber hecho mayor fortuna en la imaginería popular, anunció que en el año 1999 nuestra civilización llegaría a su fin17. Pero todo eso no parece afectar las ansias humanas por conocer la historia de su propio fin, porque la creencia popular es que ninguna profecía bíblica ha errado y que Nostradamus es un profeta revelado con un 100% de acierto (como puede constatarse con una sencilla consulta en Internet).

1.5.La situación actual. El fin del mundo de 2012.

Como ya se ha dicho, muchas de las profecías han tenido o tienen que ver con el supuesto conocimiento de antiguas culturas acerca del momento real del fin del mundo o de un cambio de era. Hebreos, mayas, aztecas, egipcios, vikingos, persas y en general cualquier antigua cultura es utilizada como excusa para anunciar un fin del mundo que inevitablemente debe tener lugar en el futuro, olvidando interesadamente profecías que ya deberían haberse cumplido y no lo han hecho. Estas profecías suelen basarse, como las apocalíticas cristianas, en determinadas señales o más recientemente en supuestos hechos científicos por lo general mal interpretados. Curiosamente, un gran número de estas profecías se basan en las dimensiones, disposición o incluso estructura interna de las pirámides de Gizeh, como si los faraones hubieran codificado una gran cantidad de información en lo que no son sino monumentos funerarios. De nuevo, los sucesivos errores de estos profetas no han alterado en nada la proliferación de lo que se ha venido en llamar piramidiotas18.

En el momento de escribir estas líneas, el apocalipsis anunciado mas popular es el fin del mundo anunciado por los mayas a finales de 2012. Se pueden encontrar varios libros, una película, algunos documentales y una enorme cantidad de páginas en Internet que hablan de ello como un hecho irrefutable. En ellos, se justifica con una gran cantidad de datos las causas de los cataclismos que supuestamente acabarían con la Tierra: actividad solar, descubrimiento de nuevos planetas, choques de asteroides, calentamiento global, carrera tecnológica y otros que no hacen sino trasladar miedos atávicos. Sin embargo, el punto de partida es que los mayas previeron este fin y prepararon el calendario a tal efecto, lo que no ha sido atestiguado por ninguna fuente fidedigna19. Así, entre el 21 y el 23 de diciembre de 2012, la cuenta larga cambiará su primer dígito poniéndose en 13.0.0.0.0 marcando supuestamente el fin de los tiempos20. Otros aseguran que no se trata tanto de un fin del mundo como de un cambio de ciclo que no tiene necesariamente por qué acabar con la raza humana, y que permitirían al hombre acceder a un nuevo grado de conciencia, sea eso lo que sea. En cualquier caso, la difusión de información acerca de un supuesto Planeta X o Nibiru en el cinturón de Kuiper, que podría ser el detonante de este fin catastrófico, ha conseguido tal difusión gracias sobre todo a canales como Internet que ha obligado a la NASA a aclarar que no tiene ninguna base21.

Los componentes de esta profecía de 2012 en realidad no distan mucho de los clásicos judíos y cristianos, aunque la voluntad divina ha sido sustituida por los movimientos o la actividad de los astros. Como dato curioso, si realmente diéramos crédito a las tradiciones centroamericanas, el mundo habría llegado a su fin ya varias veces, debido a cataclismos entre los que tenemos eclipses solares perpetuos, inundaciones, ataques de infinidad de jaguares famélicos, monstruos en forma de araña o esqueletos vivientes. El motivo por el cual se da credibilidad a una profecía y a otra parece por tanto arbitrario y sobre todo interesado. Pero más adelante me ocuparé más en profundidad de esta profecía.

2.Qué es una profecía apocalíptica.

2.1.Las fuentes de la profecía.

Existe una ingente cantidad de literatura acerca del origen del fenómeno profético, pero todos los autores coinciden en que este origen habría que buscarlo en la figura del chamán. El chamán22 es un personaje que ha sido designado o elegido para tener una serie de habilidades entre las que está la percepción o viaje del mundo invisible donde viven los espíritus o los dioses. Todo esto lo consigue gracias a una serie de técnicas extáticas que pueden ir desde la ingesta de sustancias alucinógenas23 a la privación de alimentos o el auto-exilio. Durante este estado alterado de la consciencia, el chamán se pone en contacto con la esfera sagrada, expande el orden natural de las cosas y suspende el tiempo, de modo que es capaz de percibir (más que ver) todo aquello que ha pasado y todo lo que pasará en cualquier punto del mundo. Así definido, la pitia del Oráculo de Delfos o los profetas del Antiguo Testamento tienen claros rasgos chamánicos; ambos entran en contacto con una esfera sagrada gracias a un proceso extático, ambos transmiten un mensaje que necesariamente está velado, que necesita de interpretación.

Resulta evidente la diferencia entre estos antiguos chamanes y los modernos. Aunque aún subsistan los personajes revelados (algunos por medios tan primitivos como un éxtasis producido por las drogas), el iluminado moderno ha sustituido la capacidad de contactar con un plano sagrado por un conocimiento privilegiado de la ciencia o del universo que nos rodea. El iluminado moderno justifica sus visiones en base a cálculos complejos, a movimientos planetarios, a teorías físicas, a descubrimientos arqueológicos, o al estudio concienzudo de la palabra revelada en la Biblia. Poco importa que los cálculos de trayectorias celestes no se presenten o sean burdas bromas a la matemática seria24, que las supuestas teorías físicas sean en realidad producto de la ignorancia25 o que los descubrimientos arqueológicos sean inexistentes26, lo que importa en realidad es el uso de un lenguaje científico que marchamo de respetabilidad a la narrativa de la visión revelada.


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