Autor
David Ernesto Panamá Sandoval.
Aventura en El Valle de Los Elefantes II
Copyright © Derecho de Autor: 29 - 2006 por
808.543
p187a Panamá Sandoval, David Ernesto 1950 -
Valle de los Elefantes / David Ernesto Panamá Sandoval
siv ll. Oscar Cornejo
1a. ed. - San Salvador, El Salvador.: [s.n.], 2009.
8 p. : il.; (varia según formato)
Las aventuras de Pepito, Pelota y Pelotilla; v. 2)
ISBN 978-99923-78-86-1
1. Cuentos infantiles. 2. Literatura infantil. 3. Narrativa Salvadoreña. II Título.
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A mis hijas, nietos, niños y jóvenes futuro de nuestro universo.
A mis amigos escritores, que han contribuido a mejorar esta obra, a Carlos Castillo por su aporte a la comprensión del valor de la creatividad y del derecho que nos asiste para defenderlo, y a Oscar Cornejo un artista que interpreta y contribuye con las imágenes de esta obra y comparte el sueño de valer por lo que creamos.
Por la mañana del día 7 de diciembre, fecha en que la población de Guatemala se prepara para celebrar la ¨ Quema del Diablo 1; la prensa local confirmaba el hurto de una reliquia maya en un museo en Inglaterra: la Calavera Negra2. A esa temprana hora un fuerte temblor sacudió la ciudad, y despertó a su gente, que asustada, salió en pijama a la calle.
Mientras tanto Pepito, Pelota y Pelotilla, ajenos a los acontecimientos, se dedicaban al estudio de las diferentes especies de plantas y animales en las densas y altas montañas de los Cuchumatanes, centro de las tierras mayas. Envueltos en ese húmedo y salvaje mundo, llevaban acampando ya diez días; los vehículos se encontraban a dos días de camino y únicamente tenían contacto con la civilización por medio de telefonía satelital cada día antes de la cena.
Los descubrimientos de nuevas variedades de plantas eran halagadores; distinto era en el caso del reino animal, en donde algunas especies como el ocelote, el mono aullador, la nutria, la iguana verde y la boa, eran cada vez más difíciles de observar. Cuarenta y ocho horas más estarían allí antes de regresar a la ciudad capital, para entregar al museo de Ciencias Naturales el trabajo realizado.
El tiempo en la montaña rodeados de ese ecosistema, les hacía olvidar el bullicio y la polución de la ciudad, proporcionándoles una tranquilidad que hacía mucho tiempo no disfrutaban, además, para ellos convivir con la naturaleza era el pasatiempo favorito.
Caía la tarde las quemas de basura en toda la ciudad habían creado una espesa nube, que unida al cielo encapotado de ese día impedía ver la puesta del sol; eran pasadas las cinco de la tarde pero estaba tan oscuro como a las siete de la noche.
Horas antes de su fuga y de burlar la vigilancia de Leluch, su nana de crianza, Fernanda había discutido con su padre por teléfono, pues él no deseaba que salieran y se expusieran a los fuegos descontrolados que la gente hacía. Por el vecindario las tres niñas, guiadas por la mayor, envueltas en nubes de humo y mal olor, caminaban sin rumbo.
Faltaba un cuarto para las seis; media hora había pasado desde que salieron de casa, cuando decidieron volver. Los fuegos y los estallidos de cohetes se daban por todas partes. Las tres avanzaban tomadas de la mano, en fila india, tosiendo en medio de todo lo que a su alrededor se quemaba.
La más pequeña Nicole, lloraba, tenía miedo, nunca antes había presenciado el desorden reinante durante la quema del diablo. La mayor, molesta, le pedía que dejara de llorar y Marcela, con lagrimas en los ojos, guardaba su miedo por temor de enojar más a Fernanda.
Se encontraban a pocos pasos de su casa cuando en medio de la calle explotó un barril con basura, que lanzó una enorme llama hacia el cielo; con el fuerte estallido volaron por lo alto toda clase de desperdicios, cenizas y papeles quemándose que arrastrados por el viento, cayeron sobre ellas; el miedo aumentó y las tres gritaron asustadas... pero un nuevo estallido ahogo su clamor.
Antes de que les pasara el susto, una camioneta de color negro se detuvo y tres figuras vendadas de pies a cabeza bajaron y avanzaron hacia ellas en medio de la humareda; no pudieron escapar, las capturaron y subieron a la camioneta. Pidieron auxilio, pero el tronar de cohetes y bombas, no dejó escuchar sus voces, y en medio de la humareda desaparecieron.
En casa la nana, se dio cuenta de la ausencia de las niñas y fue a buscarlas. Pasaban quince minutos de las siete, caminaba por la misma acera por donde minutos antes regresaban las pequeñas, y tirado en la calle encontró el conejo de peluche de la menor; angustiada corrió a casa para informar de la ausencia de las niñas a su papá.

Una vez oculto el sol, la fogata iluminó el campamento. Xihuitl viejo amigo de la familia, cuyo nombre significa ˙˙cometa˙˙, preparaba los alimentos. Pelota en su tienda, activaba el teléfono satelital... eran las siete y treinta.
Transcurridos treinta segundos, se dejó escuchar el intermitente sonido del teléfono. Pelota, pulsó el teclado y en la pantalla apareció la imagen de Kyoto.
- Hola,¿cómo estás Kyoto?,aquí todos bien pero lamentando que pronto debemos regresar.
- Hola Pelota, me alegro que se encuentren bien... aquí con problemas, me temo que deberán regresar mañana.
- ¿Problemas?, ¿Mañana?
-Si, hemos confirmado que la Hermandad de La Calavera Negra, grupo que esclaviza a menores, se ha llevado a tres niñas y es precisamente en esta época del año que ellos inician la preparación de sus víctimas. Según mis cálculos, tenemos solo 30 horas para rescatarlas, si no lo logramos, su memoria será borrada; se olvidaran de quienes son y de sus padres y obedecerán solo a la hermandad.
-¿Quiénes han sido las víctimas?
- Las tres hijas de nuestro amigo Miztli,3 de seis, nueve y doce años.
Pepito y Pelotilla, se habían acercado a la tienda de campaña donde Pelota sostenía la conversación con Kyoto.
Pelota, repitió: -Las tres hijas de nuestro amigo Puma han sido raptadas por la Hermandad de La Calavera Negra y contamos sólo con 30 horas para rescatarlas. Pepito y Pelotilla, cruzaron miradas y en sus rostros se notó la preocupación.
- Si para las doce de la noche de mañana no las hemos liberado, será demasiado tarde.
Pepito, Pelota, y Pelotilla, quedaron en silencio... Sabían que la Hermandad de La Calavera Negra, tiempo atrás sembró el miedo, esclavizó niños, destruyó sus vidas y la de sus familias. Una vez a su servicio, los niños se dedican a separar a otros menores de sus familias y llevarlos a servir a la hermandad. Muchos sufrieron en aquellos tristes años, la separación de hijos, hermanos, sobrinos y nietos hasta que fueran derrotados por los padres de los tres amigos.
- Esto si que no me lo esperaba-,dijo Pelotilla. La historia indica que los miembros de esta hermandad son violentos, y que su círculo es tan cerrado que es difícil encontrarlos y vencerlos.
- Combatirlos es como pelear con muertos vivos, agregó Pelota.
Terminaron de cenar y cada uno se dirigió a prepararse para el arduo trabajo que les esperaba en las próximas horas y luego se retiraron a descansar.
Más tarde sólo la luz de la fogata rompía la oscuridad en la montaña, se escuchaban a lo lejos muchos animales en su hábitat natural, el rugido del leopardo, se distinguía del mono aullador que también sacudía las ramas de los árboles; el croar de las ranas, los grillos, las cigarras, las luciérnagas y los mosquitos, complementaban el ambiente del lugar; el cielo podía verse sin nubes y estrellado. Tantas estrellas en el cielo le parecieron a Pelotilla de buena suerte para la misión que les esperaba.
Entrada la madrugada, el cielo se cubrió de nubes y una suave pero constante lluvia no cesó de caer hasta el amanecer.
Antes del alba y bajo la llovizna Xihuitl,4 preparaba el suculento desayuno cuyo aroma despertó a Pelota. Este se encargó de despertar a Pepito y a Pelotilla.
Xihuitl, una vez terminada su tarea, tomó una cacerola y una cuchara y las hizo sonar... Tan, Tan, Tan, Tan, ¡A comer ya está servido!, anunció.
Pepito, Pelota y Pelotilla, salieron de sus tiendas y se dirigieron a saborear los huevos, frijoles y plátanos; la comida transcurrió en silencio; se adivinaba la preocupación en sus rostros.
Una vez desmontadas las tiendas y todo empacado tomaron sus mochilas y emprendieron la marcha hacia el claro en la montaña, en donde el helicóptero los recogería. La senda a seguir era nueva, por ello el avance era lento, debían abrirse paso machete en mano.
El sol se hacía presente, las hojas brillaban perladas por la lluvia. Con el transcurrir del tiempo el sol calentaba y aumentaba la humedad, lo que hacía más incómodo el avance de nuestros amigos, cuyas ropas estaban empapadas por el sudor y el agua de lluvia. Poco a poco abrían camino hacia el punto de encuentro. La brújula era consultada a menudo para asegurarse de ir en la dirección correcta, pues la luz del sol no siempre penetraba la densa selva.
- Ya casi estamos allí.
Pelotilla, observó su reloj, había transcurrido hora y media, desde que abandonaron el campamento. Encendió el teléfono satelital y envió las coordenadas de su ubicación final al helicóptero que venía en camino. Instantes después se dejó oír la turbina del helicóptero que se acercaba; ellos aceleraron el paso y de pronto se encontraron frente a un claro en la selva y con el cielo despejado; instantes después el helicóptero bajó lentamente, agitando con sus aspas el follaje de los árboles. El reloj marcaba las siete de la mañana.
Los tres se dirigieron hacia el helicóptero, que sin apagar el motor, esperó a que estuvieran a bordo y despegó. En el interior de la aeronave el capitán Prudencio, les comunicó que aguardaba sus instrucciones, pues Kyoto les enviaba un sobre que contenía información actualizada sobre el paradero de las niñas.
El documento, contenía el símbolo de La Calavera Negra y confirmaba que las menores serían iniciadas como ofrenda a los dioses del mundo bajo la tierra; conocidos como el de los dioses de Xibalbá5. El informe de laboratorio, realizado por Kyoto indicaba que los rastros de tierra encontrados provenían del municipio de Palín, un poblado situado entre la capital y la ciudad de Escuintla y hacia allá dirigió el vuelo Prudencio. El reporte además detallaba que uno de los sospechosos interrogados, repetía que las víctimas serían llevadas al Valle de los Elefantes.
- Esto me parece desconcertante. No alcanzo a entender esto del Valle de los Elefantes, el único elefante en Guatemala está en el zoológico, argumentó Pelotilla.
- Sí, la información es confusa, contestó Pelota.
- Por lo menos la muestra de tierra define un área de búsqueda: Palín, pero aún así, el municipio es muy grande y no tenemos mucho tiempo, intervino Pepito.
Al acercarse a la zona, Prudencio decidió volar sobre la vieja carretera, a Pelotilla le pareció algo poco usual, pues hacía la ruta más larga, pero permaneció en silencio y al observar el paisaje, por su mente cruzaron imágenes que hacía mucho tiempo no recordaba.
De pronto, le pareció ver algo... - Prudencio, tengo una corazonada; vuelva a volar sobre la vieja carretera, creo haber visto algo que nos puede ayudar.
Giró el helicóptero y voló sobre el tramo de carretera conocido como ˙˙El cañón de Palín˙˙ por sus fuertes vientos.
No habían avanzado mucho cuando Pelotilla señalando a ambos lados de la carretera preguntó. - ¿Qué es lo que ven?
-¿Adónde, a que te refieres?, preguntó Pepito.
-¡Espera, mira, mira el perfil de las montañas!, dijo Pelota.
-¡Eso, a eso me refería!, asintió Pelotilla.
- Esos perfiles parecen cabezas de elefantes a ambos lados de la carretera.
Volaban rumbo sur y giraron de nuevo hacia el norte.