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El secreto en el amor de Allah



Osman Nuri Topbas



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Istanbul 2009 / 1430 H

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Translator: Abu Bakr Gallego

Editor: Gabriel Fouad Hadad




El secreto en el amor de Allah



Edita:

Ediciones Erkam

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Traductor: Abu Bakr Gallego

Editor: Gabriel Fouad Haddad



Índice

Sobre el autor

Prefacio

El secreto en el amor de Allah

El Hombre Perfecto

Mantenerse firme en el camino de Allah

Frecuentar la compañía de los hombres nobles y auténticos

Sinceridad con Allah

Temor y Esperanza

Negligencia

Beatificación de la muerte

Rizq (la provisión )

Luz y Oscuridad

Excelencia (Ihsān) y Vigilancia (Murāqabah)

La Realidad del Ser humano

Desprendimiento (Ithār)

Islam vivifica al Ser Humano

El Significado del Buen Comportamiento en el Tasawwuf

Amor (Mahabbah)

Entrevista con Osman Nuri Topbas sobre el Tasawwuf

Notas al pie






Sobre el autor

Osman Nuri Topbas nació en 1942 en Erenkoy, un barrio de Estambul, Turquía, de la unión de Musa Topbas y Fátima Feride Hanim, hija de H. Fahri Kigili. Comenzó sus estudios primarios en la Escuela Erenkoy Zihni Pasha, y en 1953 ingresó en el Instituto Imam Hatip, una de las instituciones líderes en el campo de la enseñanza, que contaba con profesores de la talla de M. Celaleddin Okteno Mahir Iz y Nureddin Topcu. Durante este tiempo, estudió bajo la supervisión de M. Zekai Konrapa, Yaman Dede (Abdulkadir Keceouglu) Ahmet Davutoglu, Mahmud Bayram y Alí Rizâ Sagman. Así mismo, frecuentó al famoso poeta y pensador Necip Fazil y sus tertulias de amigos. A menudo asistía a sus charlas y seguía las directrices ideológicas marcadas en su revista Buyuk Dogu, convirtiéndose en un ardiente seguidor de sus ideas. Tanto Osman como su tío Abidin Topbas se graduaron en 1960.

Después de su graduación, Topbas se dedicó –durante un tiempo- al comercio y a la industria. En 1962 fue llamado al servicio militar y trasladado a Tillo, Surt, donde ejerció como oficial enseñante. Le encantaba enseñar y relacionarse con la gente durante su periodo militar.

Una vez completado el servicio militar, Topbas volvió a ocuparse de los negocios que había emprendido con anterioridad, si bien nunca abanonó los estudios ni la filantropía. Fue un miembro activo de Ilim Yayma Cemiyeti (Asociación para la Divulgación del Conocimiento). Su oficina operaba como una verdadera organización de caridad. Desde ella se otorgaban becas de estudio y se atendían las necesidades de los pobres. Así mismo, se encargaba de los servicios de caridad de su familia. Continuó esta actividad bajo el patronato de la Fundación Hudâyi desde su creación en 1985. Trabajó activamente no sólo en su establecimiento, sino también en la expansión de sus servicios a los estudiantes de países vecinos.

Topbas comenzó a escribir a principios de los 90 como resultado de su interés por los estudios religiosos y la poesía. Entre sus obras publicadas en Estambul podemos destacar las siguientes:

1. Bir Testi Su (1996), traducido al inglés como Tears of the Heart.

2. Rahmet Esintileri (1997), traducido al inglés como Prophet of Mercy.

3. Nebiler Silsilesi I-IV (1997-1998).

4. Tarihten Gunumuze Ibret Isiklari (1999).

5. Abide Sahsiyetleri ve Mussesleriyle Osmanli (1999).

6. Islam Iman Ibadet (2000), traducido al inglés como Islam: Spirit and Form.

7. Muhabbetteki Sir (2001). El presente libro es su traducción del turco al español basada en la edición de 2001.

8. Imandan Ihsana Tasavvuf (2002).

9. Vakif-Infak-Hizmet (2002).

10. Son Nefes (2003).

Los libros de Topbas han sido traducidos a varias lenguas. Ha compartido sus puntos de vista a través de seminarios, charlas y conferencias en muy diversos países.

Está casado y tiene cuatro hijos



Prefacio



Las alabanzas a Allah, el Altísimo, que nos ha bendecido –a sus pobres siervos- con el gozo y la paz de la fe verdadera. Las bendiciones y la paz sobre el Orgullo del universo, el Profeta Muhammad, quien ha guiado a la humanidad de la oscuridad a la inagotable luz de la Verdad.

Allah Todopoderoso ha otorgado a la existencia un secreto sin igual: La ha creado del amor. Por ello, hay decadencia allí donde no existe el amor, y manifestaciones de perfección allí donde el amor existe. Así lo explicó Rumi Mathnawi:

Allah susurra un secreto en el oído de una nube, y lágrimas de agua fluyen de sus ojos como si cayeran de un cesto. Susurra un secreto en el oído de una rosa y ésta se embellece con colores y fragancias. Susurra un secreto a una piedra y ésta se transforma en brillante cornalina. Susurra un secreto al ser humano y exalta a aquellos que lo protegen por toda la eternidad.

Ese secreto es el secreto del amor. Por ello, la única forma para el ser humano de alcanzar la complacencia de Allah Todopoderoso y la intercesión del Profeta (que Allah le bendiga y le de la paz) –y consecuentemente lograr la salvación en este mundo y en el otro- es descubrir una simple verdad escondida en el interior del secreto del amor. Aquellos que conocen esta verdad y son obedientes a sus preceptos, experimentan una intensa emoción y regocijo en sus corazones, como el tronco que se estremeció y lloró de amor por el Profeta (que Allah le bendiga y le de la paz). Esto es así porque vivir a ese nivel de amor eleva al ser humano al estado de perfección y al cenit de la creación. Más aún, nos lleva al camino recto.

Sin embargo, para mantenernos en el camino recto necesitamos la compañía de los auténticos creyentes. Esta compañía es la que construye la balanza entre alma y cuerpo hasta que el alma-sultán prevalece sobre el cuerpo-esclavo. El corazón –el lugar donde aparece la manifestación divina- logra así la tranquilidad y la liberación ya que ahora es capaz de alcanzar la Verdad.

El siervo progresa en el camino de la perfección espiritual enfrentándose a las pruebas que Allah le ha preparado. En cada estadio del viaje a la eternidad, él ó ella reciben el trato que se merecen según su sinceridad. La clave para alcanzar la gracia de Allah y Su misericordia es cabalgar entre el temor y la esperanza –una munición fundamental para ganar la batalla contra la ambición y la envidia y lograr la paz interior. El siervo que ha alcanzado este estadio permanecerá alerta contra el peligro de la despreocupación y adorará a su Señor con vigilante devoción. Al observar nuestro ego más bajo, reforzamos a nuestro corazón en su esfuerzo por controlar la ira.

Así, los que pueden ser “verdaderos luchadores” como en el dicho del Profeta (sobre él las bendiciones y la paz) 1 comprenden la sabiduría divina más allá de la vida y de la muerte. No almacenan placeres temporales en este mundo. Simplemente intentan hacer el bien y llevar una vida adornada con el conocimiento, la comprensión, el servicio y la adoración, ya que una vida así llena el corazón con el amor por la Verdad, y el siervo experimenta la serenidad y belleza de la muerte. Él ó ella contemplan la muerte como la reunión con el Amado y ansiosamente la esperan.

El creyente trabaja durante el día para conseguir su provisión lícitamente, y obtiene alimento espiritual a través de sus oraciones en medio de la noche. Es por ello que los creyentes no van detrás de la provisión con mundana ansiedad. Sus almas son como nubes esparciendo misericordia a su alrededor. Se convierten en fuentes de serenidad y bendiciones para su comunidad, y sus familias viven en el Paraíso ya en este tierra.

En este mundo lleno de pruebas, donde la luz y la oscuridad luchan sin tregua, aquellos que han crecido en este Paraíso siempre toman el partido de la verdad –el camino mostrado a través de las órdenes divinas. Extasiados, cumplen con sus obligaciones hacia el Sagrado Qur’an, y leen el silencioso libro del universo para encontrar su sabiduría, sus misterios y sus verdades. De esta forma, se convierten en espejos que reflejan la prosperidad y serenidad espirituales que sobre ellos se derraman. Este eminente estado es el estado de ser un Qur’an vivo. Sin duda que todos los esfuerzos –desde la batalla de Badr hasta las batallas libradas por nuestros ancestros Otomanos- están encaminados a alcanzar y proteger este grandioso estado.

De todo esto vamos a hablar en este humilde libro que he titulado “Desde el Jardín del Corazón: El Secreto en el Amor de Allah.”

¡Ojalá que nuestro Señor nos otorgue manifestaciones de prosperidad y espiritualidad! ¡Ojalá que Allah nos regale con el éxtasis de la fe! ¡Que Él ilumine nuestros corazones con la luz del Qur’an y haga surgir fuentes de sabiduría en nuestra percepción! ¡Que nuestro Señor nos bendiga con Su amor, misericordia y compasión!


¡Amin!




El Secreto en el Amor de Allah



Uno de los más prominentes atributos del tesoro escondido mencionado en el dicho “Era un tesoro escondido. Quise ser conocido y creé la creación,” es la gracia absoluta. Allah Todopoderoso no quiso que esta misteriosa, infinita e imperceptible gracia quedase oculta y por ello creó la creación.

Una pequeña gota de Su infinito amor fue concedida a este universo y a este planeta. Por ello, esta tierra se elevó por encima de otras creaciones; Allah también creó al ser humano, el más honorable de las criaturas de la tierra.

Allah, que creó a todas las criaturas con amor, las hizo un signo de su artesanía y perfección. La existencia del ser humano, como una obra de arte, se ha convertido en la perfecta manifestación del amor y la dulzura, ya que el objetivo de crear este mundo no era simplemente el de adornarlo con verdes prados, valles, vastos desiertos y montañas, sino crear al ser humano –fuente del amor y la quintaesencia de la creación. Por esa razón, el honor del hombre radica en no olvidar este hecho transcendental.

Más aún, dado que la razón que subyace a la creación es el amor, el atributo del amor está presente, como una inclinación natural, en todas las criaturas. Incluso el que el escorpión cargue con sus crías a la espalda es el resultado de este amor.

Esta inclinación hacia el amor alcanza su culmen en el ser humano, el más honorable de las criaturas. Sin embargo, en este mundo lleno de pruebas y tribulaciones, el hombre obtendrá su recompensa por este amor acorde al valor de lo que ama. Esto significa que el corazón humano, creado con la capacidad de un amor infinito, sólo puede alcanzar la perfección si quien lo posee dirige su tendencia a amar hacia Allah. Este amor no le será de ningún beneficio si lo dirige hacia objetivos inferiores o baldíos, pues de esa forma la vida se tornará desilusión y amargura. En otras palabras, sólo cuando el hombre dirija su devoción a Allah y a aquellos que Él ama, adquirirá la bendición de esa tendencia suya al amor, al tiempo que ascenderá espiritualmente según el grado de su devoción.

Sin duda alguna, las pruebas divinas que el hombre tiene que pasar dependen de cómo dirija su amor. Es por esta regla por la que Allah pone en la naturaleza humana tendencias negativas así como tendencias positivas. Así mismo, Allah ha otorgado al hombre la gracia de compartir tres de Sus grandes atributos: 1) existencia absoluta, 2) gracia absoluta y 3) bondad absoluta; pero al mismo tiempo le ha provisto con los atributos contrarios: 1) no-existencia absoluta, 2) desgracia y fealdad absolutas y 3) maldad absoluta. En este contexto dice el Qur’an: “Y le inspiró (al nafs, ego) [con la consciencia de] lo que es erróneo y lo que es correcto para él.” (Shams, 91:8)

Estos son los dos polos diametralmente opuestos hacia los que el ser humano es atraído a lo largo de su vida. Por lo tanto, debemos entender que la mayor desgracia que le puede ocurrir al hombre es que prevalezca su inclinación hacia el polo negativo. Los que se inclinan hacia este polo están tan ciegos que sólo se admiran a sí mismos y a sus acciones. Esta es una gran debilidad. Y es esta despreocupación la que impide que el ser humano se de cuenta de todo su potencial. Así mismo, es la más dañina de las enfermedades producida por una arrogancia que le aleja del poder divino.

El verdadero significado del dicho sufi “¡Muere antes de que te llegue la muerte!” es el de que uno debería evitar por todos los medios caer en la trampa de adquirir malos hábitos que nos empujen hacia el polo negativo, y escapar del torbellino de la naturaleza. Sin embargo, el método para conseguirlo no pasa por asesinar al ego (nafs) sino por controlarlo. Rūmī explica este punto de la siguiente manera:

Si el agua permanece debajo del barco, se convierte en un punto de apoyo. Sin embargo, si lo llena lo destruirá. De la misma manera, el fuego mueve el barco. El fuego dentro de las calderas hace que el barco se mueva, pero si sale fuera y se expande hará que el barco arda.

Por lo tanto, un siervo se acerca a su Señor en la medida en la que va borrando los efectos de sus hábitos negativos. La única forma de lograrlo es dirigiendo su amor hacia Allah en la medida de la capacidad de su corazón. Sin embargo, muchos son los peligros que acechan cuando dirigimos nuestro amor hacia Allah. En un momento determinado, nuestro corazón puede arder como si estuviera electrificado por un cable de alta tensión. Esto puede destruir a la persona. La manifestación de Allah a Musa (sobre él la paz) es un buen ejemplo de ello.

Musa (sobre él la paz) tuvo un encuentro con el Kalām o palabra atributo de Allah en el Monte Sinín. Perdió el conocimiento debido al intenso amor y la atracción espiritual que sintió a lo largo de la divina conversación más allá de la percepción humana –sin letras o palabras. Después, ardientemente solicitó ver a Allah. Pero Allah le respondió: “¡No puedes verme!” Cuando siguió insistiendo, Allah le ordenó que fijase la mirada en la montaña. Ésta se pulverizó cuando Allah le envió un reflejo de Su luz. Tras este terrorífico acontecimiento, Musa (sobre él la paz) se desmayó y, al volver más tarde en sí, pidió a Allahque le perdonase.

Como nos ha mostrado el ejemplo anterior, el amor necesita estar graduado. Hacen falta ciertas prácticas para desarrollar la habilidad que nos permita experimentar el amor divino. Ésta necesita un entrenamiento gradual consistente en ir rodeándose de la espiritualidad de los amigos de Allah, y alejándose de la autoridad de uno mismo. El corazón sólo puede incrementar su innata tendencia al amor a través de esta práctica, de forma que se purifique y pierda sus hábitos negativos. Sólo entonces, como un pulido espejo, habrá obtenido la capacidad espiritual de convertirse en un reflector del amor divino.

El amor de la madre, del padre, de la esposa, del marido y de los hijos, así como las oportunidades que nos llegan tanto materiales como espirituales, son todo favores de Allah a Sus siervos en Su infinita misericordia. Pero todo este amor debería ser un medio para llegar a Allah. No son sino señales en el camino de Allah. Nuestros corazones no deberían ser esclavos de ese amor, pues aquellos que están enamorados de la Belleza Absoluta no se enamoran de fragmentos, y quien así lo haga quedará privado totalmente de Ella. En otras palabras, aquellos que se enamoren del mundo no conocerán el amor de Allah. Rumi lo expresó perfectamente en esta estrofa:

Aquellos que se enamoran de este mundo son como cazadores que disparan a las sombras;

¿Cómo podría una sombra ser su trofeo?

Un insensato intenta cazar la sombra de un pájaro;

incluso el pájaro en su rama lo mira desconcertado.

Toda persona consciente que piensa en su fin puede fácilmente comprender que el objetivo de la creación es limitar nuestra complacencia en las diversiones mundanas y dirigir nuestro amor a Allah. La gracia Absoluta es la gracia de Allah. Todo lo bello que contemplamos con admiración no es sino reflejo de Su belleza.

El amor de Layla y Maynun es un magnífico ejemplo de este hecho. Si el corazón de Maynun hubiese permanecido apegado a Layla, ésta se habría convertido en su ídolo. Sin embargo, Layla simplemente jugó un papel temporal para Maynun, apartándola éste de su lado cuando su corazón se elevó hasta que su objetivo pasó a ser el amor divino. Si bien Maynun comenzó su viaje dirigiendo su corazón hacia Layla, enseguida comprendió la superioridad de dirigirlo hacia Allah.

El amor sólo es aceptado cuando su objetivo es verdadero. Este amor no se convierte en mansión, cuartel general y última destinación para el corazón, pues acabaría en desilusión y lamento. Solamente cuando se ha liberado de esa tentación puede el corazón seguir su viaje con las bendiciones adquiridas de ese amor como si fuera de una tierra fértil. El peligro aquí estriba en volvernos hacia aquellos que no están preparados para recibir este amor. Todavía peor es quedarnos apegados a ellos. Si Maynun se hubiera asfixiado en su encaprichamiento por Layla sin poder desapegarse de ella, su amor habría sido inútil. Habría desaparecido en el amor efímero como tantos otros Maynuns.

Allah Todopoderoso, no abandonó al profeta Yusuf (sobre él la paz) cargado con la luz de la profecía cuando fue arrojado al pozo por sus hermanos. Un viajero sediento echó el cubo pensando que hallaría un poco de agua con la que saciar su sed. Cuando Yusuf (sobre él la paz) salió del pozo dentro del cubo, el atónito viajero se olvidó de su sed. Se sintió atraído y atemorizado por la excelsa belleza de aquel joven. Sin embargo, no logró ir más allá de esa percepción material, y se le escaparon los destellos espirituales que emanaban de aquella belleza. Prefirió la exigua ganancia de vender aquel tesoro a un vil precio y no lograr así la unión divina –igual que le hubiera ocurrido a Maynun de haberse quedado apegado a Layla.

Para el viajero que tiró la cuerda con la esperanza de sacar agua con la que saciar su sed, fue imperdonable que ante la visión de la belleza de Yusuf (sobre él la paz) no se olvidase del agua. Debería haber abandonado todos sus asuntos mundanos ante la manifestación del amor divino centelleando como los rayos del sol a través de una lente. Fue una auténtica pena que se dejase engañar por el brillo de la ganancia efímera y mundana que esperaba sacar a costa de Yusuf (sobre él la paz). De esta forma perdió la gran oportunidad que se le había presentado.

Lo que estamos tratando de explicar aquí es el camino ideal para comprender el más grande amor y la afección más duradera. Ir pasando por diferentes grados de amor sin quedarse apegado a uno de ellos es una tarea imposible para la mayoría de la gente ordinaria. Aquellos que alcanzan la perfección son los que externamente se dirigen hacia ese objetivo con su libre voluntad, e internamente son dirigidos por la fuerza de su propio destino. Estos son los que pueden alcanzar diferentes estadios avanzados siguiendo muy diferentes caminos, todos ellos conducentes a Allah según la medida en la que Allah les otorgue Su guía. El resultado final es el regreso a Allah –fanā´fi Allah (aniquilación en Allah) –como el río desaparece en el mar. La última destinación es baqā bi-Allah (morar con Allah). 2

Uno debería saber que los límites de la razón son finitos. Todo lo que sobrepasa estos límites, es locura. No obstante, la capacidad del corazón es infinita. El más alto grado de serenidad se logra aniquilándose en Allah y morando eternamente con Allah. Rumi expresó con inmensa belleza cómo ardía en amor divino en su estación de fanā´fi Allah y de baqā bi-Allah, y de cómo ese fuego dentro de su corazón no puede extinguirse incluso con la muerte:

¡Abre mi tumba después de mi muerte y ve como asciende el humo que sale de mi mortaja! Es esta jaula corporal la que nos hace sentir temor ante la muerte. Cuando rompas la concha del cuerpo verás que la muerte es como un collar de perlas.

Uno de los atributos más importantes de los amigos de Allah es el de consumirse en el amor divino. Rūmī partió en búsqueda de los verdaderos amantes que ardían en amor, de ahí estas sublimes palabras. Así expresó este deseo:

Necesito un amante en quien grandes tumultos surjan de su incendio interior; y que con el fuego de su corazón, incluso los fuegos se conviertan en cenizas.

Hay dos clases de amor: real y metafórico.

Amor, apego y devoción por cualquier criatura en el universo “que no sea Allah” (mā siwā Allāh)es un amor metafórico, mientras que el amor y la inclinación por el Señor del universo, es amor verdadero, real.

Aquellos que han pulido sus corazones con el verdadero amor por el Señor, pueden ver reflejada la belleza en ellos mismos en todo momento, y ser testigos de uno de los signos de poder de Allah. En otras palabras, van a descubrir en el interior de su naturaleza la realidad de ahsani taqwīm (el modelo más excelso). Para ellos no hay colores u olores metafóricos que nos atraigan con su belleza y exquisitez, sino algo que supera a lo más real, pues han alcanzado el conocimiento de Allah. Han abandonado los ornamentos exteriores y alcanzado la Realidad. En ella disfrutan de la eternidad divina.

El gran velo que se interpone entre Allah y Sus siervos no marca una distancia física como la que podría haber entre el cielo y la tierra. Este velo es la sensación de una existencia separada del Creador. Por ello, Allah ha dicho “Cuando insuflé en su interior un espíritu Mío” y recuerda el ser humano la esencia que ha recibido de Su presencia. También se ha dicho: “Soy el secreto del ser humano, y el ser humano es mi secreto.”

De ahí que los tesoros divinos y los secretos son para el ser humano. Allah Todopoderoso, desea manifestar Su existencia sublime en el sagrado marco del ser humano. “Soy el secreto del hombre” contiene la buena nueva de un atributo compartido. Si esta esencia y esta buena nueva pueden llevar al creyente a la perfección del amor, entonces el corazón comienza su viaje hacia los secretos del universo divino. Ahora, la realidad de todos los objetos, los secretos llamados “ser humano” y “universo”, así como los secretos del universo divino, aparecen de forma clara. En ese momento, el siervo recibe el impulso de un corazón sólido y fuerte.

Cuando el siervo ha alcanzado esta madurez, el velo de la negligencia entre él y Allah se va levantando lentamente. Ahora el siervo puede entender el significado de “Muere antes de morir.” El mundo y su amor finito, su belleza temporal y transitoria, se desvanecen en el viento. El alma percibe el inmenso placer de aproximarse a su Creador.

Es importante saber que el único torrente de misericordia y afecto que puede llevarnos hasta el océano del amor de Allah es el Profeta Muhammad (que Allah le bendiga y le de la paz). El amor por Muhammad (que Allah le bendiga y le de la paz) significa el amor por Allah el Altísimo. Obedecerle significa obedecer a Allah; y rebelarse contra él significa rebelarse contra Allah. Por ello, la honorable existencia del Profeta Muhammad (que Allah le bendiga y le de la paz) constituye un lugar de amor y un refugio para la humanidad. Los que "Conocen" (‘ārifun) saben que la razón por la que Allah creó este mundo fue por amor a Muhammad. Por ello, el universo entero está dedicado a la luz de su existencia.

Por esta razón, el amor por el Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le de la paz) está protegido de los peligros que encierra el engañoso amor por otras criaturas (mā siwā). Por lo tanto, es un imperativo amar al Profeta (sobre él las bendiciones y la paz) con todo el corazón. En su desesperación durante el funeral del Profeta (que Allah le bendiga y le de la paz), Fátima (que Allah este satisfecho con ella) se convirtió en uno de los mejores ejemplos de este amor:

Honrando el Profeta al Otro Mundo, me ha llegado esta inmensa calamidad, que de haberle llegado a la oscuridad, su color habría mudado. (Ibn al-Jawzi, al-Wafa)

La más bella y significante manifestación del amor por el Profeta (que Allah le bendiga y le de la paz) radica en obedecerle. El principio “el amante debería amar todo aquello que ama el amado” significa que es necesario obedecer al Profeta (que Allah le bendiga y le de la paz). Este amor constituye la piedra angular del amor por Allah. Cualquier otro amor queda invalidado en el camino del Qur’an y de la Sunnah. La única forma de alcanzar el amor divino es amando al Profeta Muhammad.

El amor por el Profeta (que Allah le bendiga y le de la paz) corresponde al grado más elevado al que puede llegar un ser humano en su camino hacia el amor de Allah. Allah ha puesto límites a las capacidades humanas incluyendo su percepción e inteligencia. Sin embargo, Su divina esencia sobrepasa todos los límites.

El amor por Allah necesita del amor por la luz de Muhammad (Nūr Muhammadi), por su honorable existencia, por los amigos de Allah, y después por toda criatura estimada por Allah según sus méritos. Un círculo de amor inclinado hacia Allah es un torrente de misericordia para las almas. Cualquier amor fuera de este círculo debilita la lógica que prevalece en el amor. Por lo tanto, hay enormes bendiciones en el amor por el Profeta (sobre él las bendiciones y la paz) y por la gente de Allah (Ahl Allāh). El remordimiento les espera a los que les odian, tanto en este mundo como en el otro.

Los corazones de los amigos de Allah son como la madre-perla. Producen perlas mayores que gotas de lluvia en abril. Pueden hacer que los corazones inmaduros se conviertan en grandes perlas con la ayuda de Allah. Todo lo que necesita el buscador es percibir la gota de lluvia en esta perla. En el comentario del Mathnawī se dice:

Allah susurra un secreto en el oído de una nube, y lágrimas de agua fluyen de sus ojos como si cayeran de un cesto. Susurra un secreto en el oído de una rosa y ésta se embellece con colores y fragancias. Susurra un secreto a una piedra y ésta se transforma en brillante cornalina. En virtud de Su gracia derrama agua de la nube, embellece a la rosa y da valor a la piedra.

Susurra un secreto al ser humano y exalta a aquellos que lo protegen por toda la eternidad. Reciben inspiración del mundo divino, y estos cuerpos alcanzan el secreto de aproximarse a Allah –rescatados del cuerpo.

A través de la historia, profetas y mensajeros, al recibir este secreto, se convirtieron en portadores de la luz que alcanza la perfección a través de Su amor.

¡Que Allah nos conceda el gran favor de Su afecto, del afecto de Su amado Profeta y de Sus santos! ¡Que Allah no se lleve nuestras vidas hasta que hayamos realizado suficientes buenas obras como para asegurarnos un lugar conveniente en la Otra Vida, y hayamos iluminado nuestros corazones con resplandecientes manifestaciones de Su amor!

¡Que Allah llene nuestros corazones con misericordia!


¡Amin!




El Hombre Perfecto



El hombre fue creado por Allah de la mejor manera (ahsani taqwīm) y por ello, el hombre es la esencia de todos los seres. Es la única criatura que ha tomado atributos de Allah y, como Él, ha reunido en su ser los opuestos. De ahí que haya sido designado como el más honorable de la creación.

El ser humano no sólo está equipado con un potencial interior positivo que le permite mejorar su altura moral, sino también con deseos negativos que le hacen caer en los abismos más bajos de la inmoralidad. En este contexto, a lo largo de su vida, el ser humano contempla un vehemente conflicto entre ambos polos. Este micro conflicto es en realidad un reflejo del micro-cosmos del ser humano, y del conflicto general del universo. El verdadero coraje, el que hace de una persona un ser humano decente, reside en la habilidad para obtener un resultado positivo de este conflicto interior y preservar nuestra moralidad innata.

De ahí que el término “hombre perfecto” (insan kāmil) sea normalmente dado a aquellos que han protegido y guardado los aspectos divinos de su naturaleza. Estos individuos hacen alarde de una extraordinaria delicadeza y sinceridad, siendo la avanzadilla y el resumen del libro del universo, el estadio en el que se revela la esencia de la creación.

Incluso el cuerpo de un hombre perfecto refleja la pureza de su corazón debido a el excepcional control que ejerce sobre sus órganos. Su corazón se ha convertido en la morada del amor divino y en el magnífico palacio del conocimiento de Allah (ma’rifat Allāh). Por ello, el corazón del hombre perfecto, en cierto sentido, se transforma en la propia casa de Allah Todopoderoso (bayt Allāh).

Resulta extremadamente difícil explicar y analizar debidamente qué es un hombre perfecto. Shaykh Sa’dī dijo: “El corazón es el locus donde Allah se revela.”

Las palabras del hombre perfecto esconden secretos significados espirituales, y sus acciones reflejan perfección porque se han beneficiado del clima espiritual del noble Profeta (que Allah le bendiga y le de la paz). Su corazón se ha convertido en el locus de la belleza, ya que alcanzar la Verdad (Haqq) y convertirse en el representante de Allah Todopoderoso (Khalifat Allāh) sólo es posible para el que posee un corazón firme y fuerte.

El hombre perfecto abarca la verdadera esencia de la fórmula: “Shari’ah (ley religiosa) es mi palabra, tarīqah (camino) es mi acción, y haqīqah (realidad) es mi estado.” Uno de los Profetas relató que Allah dijo: “Ni los cielos ni la tierra pueden contenerme, pero el corazón de Mi siervo piadoso Me contiene.” 3

El hombre perfecto es el que ha perdido su propia voluntad debido a su amor por Allah,como las mariposas de noche han perdido su rumbo y sólo se mueven alrededor de la luz. Allah es su vista y su oído. Todo lo que se le ha predestinado al hombre perfecto, es ahora la más bella posibilidad. Ve sin cesar con la visión divina; su amor por este mundo se ha extinguido y todas las ganancias temporales han perdido su significado para él.

El hombre perfecto se encuentra en el estado de observar y saborear la belleza divina, el singular orden del cosmos. El propio universo y los acontecimientos que en él tienen lugar le enseñan incesantemente. Su consciencia le hace percibirse claramente como un humilde creyente que siente su insignificancia y debilidad a la hora de soportar la revelación divina. Esta es la razón por la cual, en la mayoría de los casos, Allah Todopoderoso acepta las súplicas del hombre perfecto y no las rechaza. Su modestia y sinceridad le impiden pedir nada en sus plegarias para su propio provecho. La semilla de la misericordia moldea su carácter y su corazón se preocupa por todas las criaturas. Está completamente consciente de que el universo funciona de forma perfecta rodeado de la sabiduría divina (hikmah). La gerencia divina del universo es la mejor para nosotros.

Un día, Sunbul Sinan Efendi preguntó a sus discípulos: “¿Si recayera sobre vosotros la administración del universo, que haríais?” Ante una pregunta tan poco usual, los discípulos se mostraron dubitativos a la hora de responder. Uno dijo: “No dejaría a un solo incrédulo sobre la tierra.” Otro dijo: “Eliminaría todo mal de la faz de la tierra.” Algunos sugirieron castigar a los borrachos. Uno de los discípulos, que escuchaba en silencio, atrajo la atención del Sheij. “¡Oh hijo mío! ¿Que harías tú?” -le preguntó.

Humildemente, el discípulo respondió: “¡Oh Sheij! Esta pregunta parece implicar –que Allah me perdone- que hay algunas deficiencias o imperfecciones en la administración de la creación. ¿Cómo osaría –con mi limitado intelecto- sugerir una opción diferente a la que existe?"

Después de escuchar tan sabia respuesta, el Sheij dijo: “El asunto queda zanjado; hemos encontrado el quid de la cuestión.”

Tras aquel sabio diálogo entre el maestro y el discípulo, éste fue conocido con el nombre de Merkez Efendi. Al final, su verdadero nombre, Musa Muslihiddin, fue olvidado y hasta hoy es recordando con el nombre de Merkez (“Centro”).

Dado que el hombre perfecto está siempre consciente del amor de Allah, no hay ocasión para que acudan las tentaciones a su corazón. Su ser es el centro de atracción espiritual, la gente se siente naturalmente inclinada a amarle y respetarle sin que esto signifique que la arrogancia y el orgullo vayan a apoderarse de su personalidad.

Siempre está consciente de la presencia de Allah Todopoderoso –incluso cuando se encuentra entre la gente- lo que le hace obedecer Sus órdenes en todo momento, dándoles una importancia central en su actuación diaria (ta’zim li-amr Allā) y mostrando una sincera compasión y afecto por todas las criaturas (shafaqah li-khalaq Allāh). Su amor abarca a toda la creación. Si bien es cierto que su inmensa misericordia le hace albergar pena por los malhechores y los tiranos en su corazón, no por ello siente simpatía por ellos. Las únicas posesiones mundanas que requiere son las necesarias para servir a los pobres y a los menesterosos.

El hombre perfecto se dedica exclusivamente a aumentar su conocimiento de Allah y a estar cada vez más próximo a Él, siguiendo el dicho: “El ser humano es Mi secreto y Yo soy el secreto del ser humano.” El hombre perfecto es ahora un siervo ajeno a los problemas de este mundo.

En una historia se cuenta que Isa (sobre él la paz) se encontró con una persona cuyo cuerpo estaba cubierto de rosetones y todo él se hallaba cubierto en sudor. A pesar de ello, repetía una y otra vez:

“¡Oh Señor mío! Gracias infinitas te doy por haberme librado de las agonías que infliges a otra gente.”

Con la idea de probar su verdadera madurez espiritual y su nivel de consciencia, Isa (sobre él la paz) le preguntó: “¡Oh hombre! ¿De qué agonías te ha librado Allah?”

El hombre respondió: “¡Oh Espíritu de Allah! La mayor de las agonías y de las enfermedades es la ignorancia de la Verdad. Las alabanzas a Allah por haberme librado de ella. Sabe que vivo en un constante gozo por el perdón que Allah me ha concedido. Ningún bien terrenal puede ser comparado a esta gracia divina."

El hombre perfecto aprehende este mundo con el conocimiento de que todo ha de perecer y de que él estará con su Señor en un constante estado de beatitud.

El único objetivo para el hombre perfecto es actuar de forma que Allah esté satisfecho de él. En este camino, la comida dulce o amarga es lo mismo para él, de la misma forma que es igual el frío o el calor, la abundancia o la escasez, la riqueza o la pobreza; todo es relativo en la visión interna del hombre perfecto.

El hombre perfecto deambula por este mundo como un extranjero. De hecho, el mundo entero no significa para él sino un castillo de arena. Sin embargo, el hombre perfecto es la criatura más concernida por el sufrimiento de sus semejantes. No hay nada que los hombres le pidan que –en la medida de sus posibilidades- no se lo otorgue. Muestra una extraordinaria modestia en todos los asuntos que trata y adora al Creador de la mejor manera posible.

El ser humano debe dar a su Señor los derechos que Le corresponden, como la adoración y el agradecimiento constantes. También tiene obligaciones con respecto a su familia y a sí mismo. El hombre perfecto mantiene un exacto equilibrio entre todas esas obligaciones.

El hombre perfecto es un alma delicada y sutil. Siempre mantiene sus promesas y nunca rompe su palabra. Jamás hará daño a otro para obtener un provecho personal. Siempre se muestra justo con sus semejantes y con Allah Todopoderoso.

Incluso aquello que va contra su propio interés no logra causarle pena. Si quien le ha ofendido es una persona a quien solía ayudar, seguirá ofreciéndole su ayuda a pesar del vil comportamiento del otro, ya que el hombre perfecto imita -en lo posible- el comportamiento de Allah buscando Su complacencia. Por ello, su comportamiento siempre está acorde con el Qur’an y la Sunnah. ¿Acaso no sostiene Allah a todas las criaturas, incluso a aquellas que son ignorantes y viven en una continua desobediencia?

El primero de los Califas guiados, Abū Bakr (que Allah esté satisfecho de él), solía ayudar económicamente a un hombre llamado Mistah bin Uthāthah. A pesar de ello, fue uno de los principales instigadores en el caso de la difamación (ifk) contra ‘A’isha, esposa del Profeta (que Allah le bendiga y le de la paz) e hija del propio Abū Bakr. Cuando éste se enteró de la vil conducta de su protegido, juró que nunca más le ayudaría. La familia de Mistah vivió momentos de angustia, pues Abū Bakr era su único sustento. Fue entonces cuando Allah Todopoderoso, en su infinita compasión incluso hacia aquellos que actúan contra Sus preceptos, reveló las siguientes ayaah:

Y que no juren, los que de vosotros tengan de sobra y estén holgados, dejar de dar a los parientes, a los pobres y a los que hayan emigrado en el camino de Allah; sino que perdonen y lo pasen por alto. ¿No os gusta que Allah os perdone a vosotros? Allah es perdonador y compasivo. (Nur, 24:22)

No hagáis de Allah un pretexto que os impida hacer el bien, porque lo hayáis jurado por Él, temedle y poned paz entre los hombres. Allah es quien oye y quien sabe (Baqara, 2:224)

Después de que se revelase esta ayah, Abū Bakr (que Allah esté satisfecho de él) dijo: “Claro que me gusta que Allah me perdone.” Después pagó una compensación por haber roto su juramento y continuó ayudando a la familia de Mistah, a pesar de haber difamado injustamente a su hija y esposa del Profeta, ‘A’isha (que Allah esté satisfecho de ella). Aquí tenemos un elevado ejemplo de lo que acabamos de decir, pues el mérito y la perfección del iman de Abū Bakr (que Allah esté satisfecho con él) eran en verdad inigualables.

El hombre perfecto gasta tantísimo para el contento de Allah en el lugar y tiempo adecuados, que mucha gente puede pensar que se trata de una extravagancia. Y si no es el lugar y el tiempo adecuados gasta tan poco que la gente puede pensar que se trata de una persona avara y tacaña. Y sin embargo, él sólo vive para la Verdad. En la siguiente ayah del Qur’an, Allah ordena:

Y da a los parientes próximos lo que les corresponde así como a los mendigos y al hijo del camino, pero no malgastes en derrochar. Verdaderamente los derrochadores son hermanos de los demonios, y el shaitan es ingrato con tu Señor. (Isrā’, 17:26-27)


Y no tengas el puño cerrado, asfixiándote, ni lo abras del todo, pues te quedarías reprobado y desnudo. (Isrā’, 17:29)

‘Umar b. ‘Abd al-Azīz, quien comprendió esta ayah muy bien, distribuyó gran parte de su riqueza entre los huérfanos y necesitados. Se convirtió en un modelo de dirigente político por el trato que dispensaba a sus súbditos, y la gente rica siguió su ejemplo de forma que en poco tiempo no quedaron pobres ni menesterosos en su vasto territorio. También dio un ejemplo a su tiempo y a la posteridad contra el lujo extravagante viviendo en una jaima en vez de en un palacio.

El nafs del hombre perfecto siempre está bajo control. No se ceba en los defectos y deficiencias de los demás. No se interesa por los secretos de la otra gente ni intenta desvelarlos. El hombre perfecto emula uno de los grandes atributos de Allah -“El que cubre los defectos” (sattā al-‘uyūb).

Llevando una vida de contento sin correr tras los placeres mundanos, el hombre perfecto vive en una elevada estación que todos envidian. Incluso al mundo se le ha ordenado que le obedezca. En un hadiz leemos:

A quien se preocupe por la otra vida, Allah le hará rico de corazón, le dará orden y fuerza en sus acciones, y el mundo estará sometido a él. Pero a quienes sólo se preocupan de este mundo, Allah colocará su pobreza delante de sus ojos y le convertirá en vagabundo. Sólo recibirá lo que se le haya asignado para él en este mundo. (Tirmidhi)

El hombre perfecto ha logrado un carácter tan equilibrado, que no se enfada con nadie si no es por Allah. Practica la máxima divina:

Esos que dan en los momentos de desahogo y en los de estrechez, refrenan la ira y perdonan a los hombres. Allah ama a los que hacen el bien. (Âl-‘Imrān, 3:134)

Ya’far al-Sādiq, practicando la esencia de esta ayah, perdonó a su sirviente que derramó comida sobre su ropa, y le reprendió con dulzura. Al-Hasan al-Basrī solía perdonar a los que hablaban mal de él, y les educaba enviándoles regalos.

El hombre perfecto se encuentra siempre en un estado de amabilidad y adoración. Sus respiraciones son glorificaciones a Allah (tasbih). Sus palabras esparcen perlas de sabiduría. Sus ojos son fuentes de iluminación (fayd) y amor (mahabba). Hace que la gente recuerde a Allah con su sola presencia. Aquellos que asisten a sus fraternales círculos conocen el éxtasis de entrar en contacto con su gozosa conversación. A cada uno de los asistentes, y según su grado de madurez, le otorga sublimes regalos espirituales. Es el intérprete de la Verdad para los que están ansiosos por recibir misterios divinos.

Allah Todopoderoso ama a quienes han alcanzado una tal conducta, y hace que también sus semejantes les amen. A su vez, éstos se encargarán de guiar a los que buscan el camino de Allah con sinceridad y benevolencia. Está dispuesto a sacrificarse a sí mismo con tal de poder rescatar a otros de la terrible oscuridad en la que nos sumerge el ego (nafs), y llevarles a la luz celestial. El Profeta (que Allah le bendiga y le de la paz), quien sufrió más que nadie en esta tarea, dijo: “Aquellos que soportan las más duras pruebas son los Profetas, después aquellos que más se les parecen” (Tirmidhi).

El hombre perfecto es un tesoro de secretos divinos. Sólo aquellos que están familiarizados con los secretos divinos son capaces de apreciar su perfección, ya que un hombre perfecto no es –en su apariencia- diferente de los demás. Sin embargo, es una persona cuya alma ha sido perfeccionada por Allah. Representa el secreto de “el más excelso molde” (ahsani taqwīm). Es una mina de luz, un diamante atado a la cadena de la gente de bien desde el tiempo del Profeta hasta nuestros días. La herencia de Khidir, quien tuvo acceso al conocimiento divino (ladunnī), le honra.

El alma del hombre perfecto no perecerá cuando sea enterrado bajo la tierra. El producto de su alma sobrevivirá para siempre. Hombres del rango de Shāh-i Naqshband, al-Gazālī, Maulānā Rūmīy Adabali siguen sirviendo a la humanidad también hoy. Su trabajo no se ha interrumpido. Viven con nosotros y continuarán viviendo con nosotros después de nuestra muerte.

El encuentro con Allah raramente ocurre con la ayuda del poder o el capital de la reputación; más bien es el resultado de una vida espiritual. Por ello, Allah Todopoderoso provee al hombre perfecto con la felicidad de los dos mundos, protegiéndole del miedo y la tristeza en este y en el otro. Nos dice:

¿Y no es cierto que los amigos de Allah no tendrán nada que temer ni se entristecerán? (Yunus, 10:62)

Si observamos la historia de la dignidad humana, veremos siempre en pie a los hombres perfectos. Ha sido su incesante guía la que ha hecho que, aquellos que finalmente estaban llamados a conquistar el mundo, tomaran el poder. A este respecto, los primeros tres siglos del imperio otomano están llenos de hombres perfectos como Sheij Adabali y otros, todos procedentes de esta misma bendita cadena. Llenaron su entorno con la guía y las bendiciones más abundantes. Dirigieron su comunidad hacia un mundo espiritual. Uno de los más ejemplares sultanes otomanos fue Yavuz Selim. A pesar de su inmenso poder, prefirió servir al Islam y a los amigos de Allah, antes que convertirse en un rey. Mencionó a este respecto lo siguiente en uno de sus poemas:

Ser el conquistador del mundo es una lucha sin sentido,

Ser el siervo de un walí (un amigo de Allah) está por encima de todo.

Pedimos a Allah que nos de –pobres y débiles como somos- el mismo celo y amor que otorgó al Sultán Yavuz. Pedimos a Allah en nuestro salah por el hombre perfecto y gran walí Sultán al-Ârifin, Mahmud Sami Ramazanoglu (que su alma sea santificada), cuya benevolencia espiritual nos ha sido de un gran provecho. También le pedimos a Allah salud y muchos años de guía para el sucesor de este gran walí, Musa Topbas Efendi. 4




Mantenerse firme en el camino de Allah



Istiqāmah (mantenerse firme) literalmente significa “continuo progreso sin temor hacia un objetivo.” En la terminología sufi se corresponde con “la habilidad de preservar nuestra inocencia y pureza naturales (el estado en el que fuimos creados) sin daño ni destrucción.”

Como resultado de la protección de la vida espiritual del corazón, el nafs (ego inferior) alcanza adab (buen carácter) ya que el corazón se acerca a la espiritualidad hasta conseguir akhlāq Muhammadiyyah (el carácter de Muhammad, que Allah le bendiga y le de la paz). Los secretos empiezan a resultar algo evidente. Allah Todopoderoso se convierte en el objetivo de todos los objetivos; mā siwā o todo aquello diferente de Allah pierde su significado, entrando el creyente en un estado en el que el ó ella pueden alcanzar la divina presencia.

Para enfatizar lo difícil que resulta alcanzar este estado, el Profeta (que Allah le bendiga y le de la paz) –a pesar de que él es el sine qua non de la creación, una misericordia para todos los mundos, así como el mejor ejemplo de perfección moral- fue advertido por Allah con las siguientes palabras: “Así, pues, mantente firme (en el camino recto) como se te ha ordenado.” (Hūd, 11:112)

En verdad que el Profeta (que Allah le bendiga y le de la paz) sintiendo el enorme peso que había recaído sobre él al tener que anunciar el divino mensaje, dijo: “La surah de Hūd me hizo más viejo.” Los Compañeros le preguntaron: “¡Oh Mensajero de Allah! ¿Es la historia de los profetas lo que te ha hecho envejecer?” El Profeta (que Allah le bendiga y le de la paz) respondió: “Fue la ayah que dice, “Así, pues, mantente firme (en el camino recto) como se te ha ordenado” (Hūd, 11:112).Después de que fuese revelada esta ayah aparecieron algunas canas en el cabello del Profeta (que Allah le bendiga y le de la paz) que hasta entonces se había mantenido como un chorro negro de pelo sin ningún trazo blanquecino. Algunos comentadores explican esta ayah de la siguiente manera:

¡Oh Profeta! Debes ser un modelo de corrección actuando siempre en acuerdo con la moral y los principios coránicos de forma que no haya ninguna duda con respecto a ti. Que no te importen las palabras que pronuncian los hipócritas y los paganos; déjaselos a Allah. Actúa con corrección tanto en tus asuntos privados como en los públicos como se te ha ordenado, y no te desvíes del camino recto. No importa lo difícil que pueda resultarte el mantenerte en el camino recto, que no te abrumen los obstáculos a la hora de poner en práctica esta orden. Tu Señor es tu Soporte.

A este respecto, Abd Allāh b. ‘Abbās dijo: “Ninguna otra orden pesó más sobre los hombros del Profeta (que Allah le bendiga y le de la paz) que esta ayah del Qur’an.

Por otra parte, esta ayah se dirige a todos los musulmanes en la persona de Muhammad (que Allah le bendiga y le de la paz). Así, pues, lo que hizo envejecer al Profeta (que Allah le bendiga y le de la paz) fue su preocupación por su comunidad (ummah), ya que esta orden va dirigida a todos. Su correcta posición fue confirmada en la siguiente ayah:

En verdad que eres uno de los mensajeros, en un camino recto. (Yasin, 36:3-4)

Por lo tanto, no hay otro camino para aproximarse a Allah que mantenerse en el camino recto. Y no hay una orden más difícil de cumplir que la de mantenerse en el camino recto. La más alta estación para un musulmán es la de asegurarse de que está siguiendo el camino recto en todas las acciones. Es debido a su enorme dificultad por lo que esta orden ha sido inscrita en la Surah al-Fātihah en forma de oración. La repetición en cada salah de la frase “guíanos al camino recto” (Fātihah, 1:6) por todos los Musulmanes docenas de veces al día, ilustra claramente la dificultad que encierra el mantenerse siempre en el camino recto.

El camino recto al que se refiere el Qur’an es el camino de Allah, el camino adecuado, el libro de Allah, la creencia y lo relacionado con la creencia, Islam y Sharī’ah,el camino del Profeta Muhammad (que Allah le bendiga y le de la paz) y sus Compañeros, el camino de los nobles y de los mártires, el camino de la felicidad en este mundo y en el otro, el camino al Paraíso.

Así, pues, el camino recto es el camino de los elegidos que han sido bendecidos por Allah. En primer lugar están los Profetas, después los más sinceros, los mártires y los nobles. También los que les siguieron son gente del camino recto. El camino recto es el camino que lleva al creyente a Allah. Allah Todopoderoso ha dicho: “El camino de Allah, a quien pertenece todo lo que hay en los cielos y en la tierra. ¿Acaso no vuelven todos los asuntos a Allah?” (Shūrā, 42:53)

Mantenerse en el camino recto sólo es posible adorando y sirviendo a Allah: “Es Allah mi Señor y tu Señor: así pues adoradle. Este es un camino recto.” (Âl ‘Imrān, 3:51) “A todo aquel que se mantenga firme en Allah se le mostrará un camino recto.” (Âl ‘Imrān, 3:101).

El camino recto esta definido en la Surah An’ām de la siguiente manera:

Di: Venid que os declare lo que vuestro Señor os ha prohibido: Que no asociéis nada con Él, que hagáis el bien a vuestros padres y no matéis a vuestros hijos por temor a la miseria. Nosotros os proveemos a vosotros y a ellos, no os acerquéis a las faltas graves ni externa ni internamente y no matéis a quien Allah ha hecho inviolable excepto por derecho. Esto es lo que se os encomienda para que tal vez razonéis.

No os acerquéis a la riqueza del huérfano, si no es con lo que más le beneficie, hasta que no alcance la madurez. Y cumplid la medida y el peso con equidad. A nadie le obligamos sino en la medida de su capacidad. Y cuando habléis, sed justos, aunque se trate de un pariente próximo.

Y cumplid el compromiso con Allah. Eso es lo que se os encomienda para que tal vez recordéis.

Este es mi camino recto ¡Seguidlo! Y no sigáis los caminos diversos, pues ello os separaría y os apartaría de Su camino. (An’ām, 6:151-153)

El hombre no puede alcanzar el camino recto debidamente a no ser que él o ella prefieran el amor a Allah (mahabbat Allāh) por encima del amor a cualquier otra cosa. Para alcanzar esta estación, el hombre necesita conocer a Allah como Allah se merece ser conocido. Así, pues, se puede decir que el camino recto es ma’rifat Allāh (conocimiento de Allah). Ya que todo aquel que alcanza este conocimiento y organiza su vida acorde con él, escapa de los malos hábitos de su naturaleza y de las artimañas de shaitan. El corazón de la persona en este estadio es recompensado con bendiciones espirituales. El o ella abren una ventana a los mundos del espíritu; y el universo entero se convierte en un gran libro lleno de sabiduría.

Abu Sa’id al-Kharrāz, uno de los hombres de ma’rifah, vio a shaitan en un sueño y trató de golpearle con su bastón. Iblis le dijo: “¡Oh Abu Sa’id! No me da miedo tu bastón, pues tu bastón es visible. A lo que temo es a la radiante luz del sol del conocimiento espiritual que se eleva por encima de los cielos de los corazones de los ‘ārifs (conocedores) y abrasan y destruyen todos los mā siwā.”

En el camino sufi, los esfuerzos que hace un murid (discípulo) son en vano si no se inscriben dentro de un comportamiento correcto (es decir, sigue el camino recto). Cualquier práctica que realice no le reportará ningún provecho. Esa es la razón por la cual mantenerse firme en el camino de Allah es reconocido como el mayor de los milagros. Según otra definición del término, el “camino recto” significa actuar siempre con moderación en cualquier circunstancia, alejándose de los extremos (como gastar demasiado o demasiado poco), y perseverar en el camino recto, obedeciendo las órdenes divinas tal y como nos han sido ordenadas.

El Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le de la paz) ordenó a los creyentes que actuasen con moderación. Debemos saber que el Profeta (que Allah le bendiga y le de la paz) vivió toda su vida siguiendo esta norma, dentro de los límites del ser humano, para mostrarse como referencia a los demás. Su vida es el mejor ejemplo de adoración a Allah, de respeto a los derechos de los miembros de su familia, y del resto de los aspectos resultantes de la relación social y su interacción. El Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le de la paz) dio a todos estos actos su lugar preciso y los presentó debidamente, ordenados y regidos, a su ummah. Comenzar el camino siguiendo las enseñanzas del Profeta (que Allah le bendiga y le de la paz) realizando algunas obligaciones y descuidando otras de forma extrema, es comenzar el camino de una forma inaceptable. Debemos organizar nuestra vidas siguiendo las directrices marcadas por el Profeta (que Allah le bendiga y le de la paz), no siguiendo nuestros deseos subjetivos.

El gran maestro sufi ‘Abd al-Khāliq Ghuyduwānī explica este punto de forma clara. Una vez le preguntaron, “¿Deberíamos hacer lo que nuestro nafs desea o deberíamos hacer aquello que le disgusta?” El Sheij contestó: “Es difícil distinguir entre estas dos opciones. El nafs normalmente engaña al hombre con sus deseos, ya sean divinos o satánicos. Por ello, es suficiente con cumplir las órdenes de Allah y alejarnos de realizar aquello que nos prohíbe. Esta es la verdadera sumisión.” Allah ha dicho:

Di: Este es mi camino. Llamo a (la adoración) de Allah basado en un cierto conocimiento, tanto yo como los que me siguen. Y ¡Gloria a Allah! Yo no soy de los que asocian. (Yusuf, 12:108)

En las diferentes épocas de ignorancia, que la humanidad ha atravesado, en las que la gente era esclava del poder material y de los deseos del nafs, unos pocos hombres excepcionalmente piadosos fueron encargados de llevar la profecía al resto de sus semejantes. Estos hombres singulares, que fueron modelos para sus comunidades, tenían encargadas tres tareas: 1) Recitar las ayaah de Allah y anunciarlas, 2) Enseñar el libro y la sabiduría, 3) Purificar su naturaleza, es decir, guiar a la gente de forma apropiada (istiqāmah).

Comenzando con Adam (que la paz sea sobre él), esta sagrada cadena de la profecía alcanzó la máxima madurez con el Profeta Muhammad (que Allah le bendiga y le de la paz). El camino recto o istiqāmah es una colección de ‘amal sālih o buenas obras.

Para que una acción sea considerada ‘amal sālih tiene que cumplir dos condiciones:

1. Ta’zīm li-amr Allāh -obedecer las órdenes de Allah de forma correcta y con humildad.

2. Shafaqat li-khalaq Allā -amar, mostrar afecto y ser generoso con todas las criaturas por amor a su Creador.

En otras palabras, la posición correcta es amar al Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le de la paz) e imitar, en la medida de lo posible, sus cualidades morales y su comportamiento; vivir en acuerdo con la guía espiritual del Qur’an y la Sunnah; alejarse de los placeres mundanos, y desvelar los secretos de la adoración, la sumisión y el conocimiento. Todo ello resulta necesario para todo aquel que quiera mantener su mundo interior bajo control y reconocer, así, lo verdadero y lo correcto en cada circunstancia que se le presente en la vida. Realizar actos por otro motivo que por el de satisfacer a Allah significa hipocresía y por ello mismo quedan invalidados ante Él. Vemos cuan peligrosa es esta actitud. Por ello debemos esforzarnos en vivir para Allah.

Incluso ‘Umar b. al-Khattāb (que Allah esté satisfecho de él) estuvo siempre preocupado por preservar la sinceridad y corrección en todas sus acciones. Cuando llegó al poder, dijo:

“¡Oh gente! Si me desviase del camino de Allah y cayese en las acciones erróneas, ¿qué haríais?”

Un beduino se levantó y dijo:

“¡Oh Califa! No te preocupes, si te inclinas al mal, te enderezaremos con nuestras espadas.”

Satisfecho con la respuesta, el Califa ‘Umar dio graciasa Allah:

“¡Todas las alabanzas son para Ti, oh mi Señor! Me has bendecido con una comunidad que me devolvería al camino recto si me desviase de él.”

El Profeta (que Allah le bendiga y le de la paz) informó sólo a Hudhayfa de los que tenían el sello de la hipocresía en sus corazones para proteger a la ummah musulmana. ‘Umar se enteró de ello y un día le preguntó a Hudhayfa:

“¡Oh Hudhayfa! Por el amor de Allah, dime, ¿está en mí el signo de la hipocresía?”

Hudhayfa le respondió:

“¡Oh Califa! Te puedo garantizar que tu corazón no tiene el menor signo de hipocresía, pero no me preguntes por otros.”

Al-Hasan al-Basrī dijo una vez a su discípulo Tāwūs, profesor de la ciencia del hadiz:

“¡Oh Tāwūs! Si te sientes orgulloso de ser profesor de hadiz, abandona este trabajo.”

Al-Ghazāī, cuando enseñaba a más de trescientos estudiantes, sintió este mismo peligro:

“¿Busco la complacencia de Allah al enseñar a estos mis discípulos, o corro el peligro de caer en las garras del deseo de fama?”


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