Lily
una novela en espanol
LM DeWalt
ireadiwrite Publishing
2010
ireadiwrite Edición Publicadora
Copyright 2010 LM DeWalt
Derechos reservados. Ninguna parte de este libro podrá ser usado o reproducido de ninguna manera sin permiso en escrito del autor con excepción a cuotas breves escritas en artículos y resumes.
Está edición publicada por ireadiwrite Publicadores con aseguración de LM DeWalt, contacto en ldewalt@ptd.net
Publicación ireadiwrite- www.ireadiwrite.com
Primera edición electrónica publicada por Publicación ireadiwrite
Lily: Una Novela en Español
ISBN 978-1-926760-43-8
Smashwords Edition
Publicado en Canada con distribución internacional
Este es un trabajo de ficción. Los nombres, los personajes, lugares e incidentes son el producto de la imaginación del autor o son usados ficticiamente y cualquier parecido a personas reales, vivas o muertas, lugares de negocio, eventos, o locaciones es pura coincidencia.
Diseño de Portada: Michelle Halket
Fotógrafo: Aloysius Dragovits
Modelo: Daniella Juhasz
Este libro es dedicado a mi mejor amigo, mi cocinero, mi asistente personal, mi apoyo moral, mi esposo. Este libro no hubiera sido posible sin tu apoyo constante y tu fe en mi y en Lily.
UNO
Pumpum, pumpum, pumpum. Sonó y sonó como una canción irritante que uno quiere que termine ya.
Si ser vampiro fuera tan romántico, emocionante, y perfecto como en las películas, seria feliz. Pero no lo soy. Me refiero a mi misma como una persona de pura costumbre. Soy nada como una persona. Para ser considerada persona, uno tiene que ser humano. Yo no lo soy. Uno tiene que comer comida. Yo no como. Uno tiene que dormir. Yo no duermo. Uno tiene que tener un corazón que late. Yo no lo tengo.
“¡Suficiente lastima!” dije mientras camine de la ventana a mi cómoda. “Esta es tu vida. ¡Acostúmbrate!” Me di cuenta mientras abrí el primer cajón que dije todo esto en voz alta. Y… ¡que importa! No había nadie quien me escuche. Si no hablo sola en voz alta, pueda ser que me olvide cómo usar la voz. Eso seria extraño.
Era tiempo de vestirme y salir. Lo que sea para saciar esta sed ardiente. De todas maneras, no aguantaba los sonidos que pasaban por las paredes tan delgadas. Se me hacía agua la boca.
Mirándome en el espejo del baño, decidí salir con el pelo suelto. Era un buen sitio para esconderme de mirones. Que importa si parezco una loca escondida detrás de un velo de cabello. Eso es asunto mío. Y además, mis ojos marrones parecían casi negros, anunciando mi sed. Necesito encargarme de eso, rápido.
Antes de salir de mi departamento, agarré mi chaqueta negra de cuero que estaba en la espalda de una silla. No se si la usaba de costumbre o solo por apariencia, como nunca siento el frío... Era buena actriz, haciendo las cosas, porque es lo que la gente espera, pero la mayoría del tiempo ni traté porque no valía la pena tratar de ser humana. No se equivoquen, era humana en una vez. Pero cuando pase la mayoría del tiempo sola, no importaba.
Bajando las escaleras, no deje de mirar los buzones. Los nombres de mis vecinos pegados con cuidado en la parte de abajo de cada uno. Había cuatro. Clara Warren, la anciana al frente de mi departamento; mi nombre, Samantha y Paul Worthington, y Jack Collins. Todos estuvieron acá antes que yo y estarían acá mucho después que yo, como siempre. Podía imaginarlos llamándome “la mujer que se fue”.
Tan pronto agarré la manija de la puerta para salir al aire freso de la noche, la puerta se abrió y entraron Jack y su perro. El perro se sacudió antes de darse cuenta que yo estaba parada allí. Como siempre, él soltó un gruñido de la espalda de su garganta. La piel al dorso de su cuello estuvo de pie directamente. Jack apretó la cuerda del perro y me miró con vergüenza. El perro siguió gruñendo y oliendo. Me quede inmóvil.
“Lo siento tanto. No sé lo que le pasa. ¡Perro tonto! Por lo general le gustan todos.” Jack miró de acá para allá entre el perro y mis pies mientras habló.
“Está bien. Él no hace ningún daño. Sólo es protector.” Manteniendo mis ojos en el perro, intenté no hacer cualquier movimiento repentino.
“Vámonos, perro tonto. Deje a la señora agradable en paz.” Él se metió por delante de mí y alrededor del lado del pasamano. Se apresuró por el pasillo, pero echó un vistazo atrás con una mirada compungida.
Giré la perilla y salí del edificio lo mas rápido que pude sin parecer un monstruo. Si yo me moviera demasiado lento, él podría tomarlo como una invitación para hablarme y esto es algo que no quise ahora mismo. No quise saber nada personal sobre la gente en el edificio. No quise oír sus pensamientos. Además, saciar mi sed era más importante.
Caminando por la calle sin un destino particular en mente, miré las casas recostadas a lo largo de jardines perfectos o escondidas detrás de vallados e imaginé lo que sería vivir en una. ¿Qué sería tener a un marido, niños, y un trabajo? ¿Qué sería cenar con una familia en una mesa con mantel fresco y tapetes individuales en vez de en algún callejón oscuro? Dejé a aquellas visiones traspasar mi mente cuando mis pies me llevaron a la vuelta de la esquina y en dirección del Bar de Joe. La barra de la esquina estaría llena de posibilidades esta noche, a pesar de la temperatura frígida.
Alcancé la puerta mientras alguien salía y ella la mantuvo abierta para mí. Evitando sus ojos, le agradecí cuando pasé. Sentí que su cuerpo tenso y sabía que ella sintió algo de mí aunque ella no lo realizara. Así es como la mayoría de gente reacciona a mi presencia. Guardan su distancia pero nunca realmente saben por qué. Esto es un mecanismo de defensa interno con el que son equipados, aunque sus mentes estén demasiado cerradas para darse cuenta.
Mirando alrededor el cuarto lleno de humo, noté que habían unas cuantas mesas desocupadas y elige una en la esquina trasera. La mesa temblaba aunque había un paquete de fósforos bajo una de las piernas. El cenicero todavía estaba lleno y había una servilleta arrugada a su lado. ¡Ah, bien! No era un sitio elegante pero estaba mejor, ocultada detrás de una nube de humo. Además, si yo fuera a alimentarme esta noche… este era el mejor lugar, además de la comisaría, para conseguir la clase de comida que deseaba.
“¿Qué puedo traerle?” La camarera, una rubia menudita con ojos azules y el cabello amarrado, agarró el cenicero y la servilleta usada cuando me miró. Sus ojos llenos de preguntas que sus labios rechazaron preguntar. Afortunado para mí que ella despidió sus pensamientos como locos. No quise lo que estaba en su mente esta noche. Sería una distracción y mientras la mayor parte de mis días es algo qué disfruto para pasar las horas, esta noche, necesité algo diferente.
“Un vaso de vino blanco, por favor.” Mantuve la mirada sobre la mesa.
“¿Quisiera un menú?”
“No, gracias. Sólo un vaso de vino blanco,” repetí como si ella habría olvidado en los últimos dos segundos. A veces pienso que subestimo el potencial de la mente humana.
“Claro.” Ella se llevó la basura.
En mis años de frecuentar barras oscuras, humeantes, descubrí que el vino blanco es la cosa más fácil de pretender beber. Yo podría verterlo en una planta o bajo la mesa antes de que alguien notara que había un charco. Esto era también un olor del que mejor dicho disfruté. El licor fuerte tenía un olor dominante, medicinal, que era molesto a mi sentido superdesarrollado del olor. La cerveza me recordó al día después de una fiesta de club estudiantil masculino con su añejo aroma, y 'no nos atreveríamos a trapear el suelo'. El vino blanco tenía un olor floreado, suave.
Ella puso el vaso y el cenicero limpio delante de mí y dio vuelta para regresar a la barra. No tenía ningún deseo de gastar un segundo más a mi lado. Era aparente, por la mirada en su cara, que ella no tuvo ni idea por qué no podía ser amigable hacia mí. No, que ella fuera grosera, por cualquier medio, sólo el mínimo.
Sentada con los dedos alrededor del vaso, dejé que mi mente comience a abrir y buscar los pensamientos de otros. Era algo que aprendí a controlar durante los años, escuchando cuando quise y apagándolo cuando no. El único tiempo que no tenía ningún control de ello era cuando estuve en períodos largos sin alimentación. Los pensamientos de la gente se derramaban a mi mente y no había nada que podría hacer para pararlo, excepto comer. No eran sólo pensamientos que yo podría oír pero también conversaciones susurradas. A veces era difícil distinguir lo que fue pensado y lo que fue dicho sin ver labios moverse. No, que tuviera que estar demasiado cerca. Mi vista era increíble.
La pareja sentada al final de la barra le decía al barman, que resultó ser Joe mismo, sobre la nueva película de vampiros que vieron. El hombre dijo que era demasiado obscura. La mujer dijo que a ella le encanto y piensa que los vampiros son atractivos y que lamenta que no fueran verdaderos. A ella le encantaría tener su poder, lucir como ellos, y tener su atracción sexual. Por supuesto, las películas distinguen a vampiros por ser seres muy sexuales con calidades sobrehumanas. Cuando el hombre le habló al camarero sobre otras películas de horror, los pensamientos de la mujer eran sobre sus deseos. Yo lamentaba que yo no tuviera una excusa para dirigirme a ella sobre eso. ¡No es como si yo podría acercarme a ella y decir, 'Perdóneme, yo escuchaba a escondidas sus pensamientos y pienso que usted no podía equivocarse más!'. Ella pensaría que yo era una loca. Lo único que yo pude hacer es reírme.
Mirando a mí alrededor, concentré mi energía en otros pensamientos. Cuando miré las personas sentadas, era difícil no hacer caso de los sonidos ensordecedores de sus corazones y la sangre corriendo por sus venas. Mi boca se aguo y mi garganta ardió. Al principio, no noté nada fuera de común. Nada interesante. Nada condenando a alguien a la muerte inevitable que esperó.
“¿Le puedo ofrecer algo más?” Brinqué, asustada cuando la camarera se paró al lado mío, hojeando la copa de vino llena. Me concentraba tanto en todos los demás que no oí su llegada.
“No. Esto está bien gracias.... creo que no tengo mucha sed,” dije sin mirarla. Contemplé mi vaso para que ella no pudiera ver el pánico en mi cara. ¡Caramba! Había sido distraída y no sintonizada en el cuadro entero. Podría ser peligroso. No era a menudo que alguien era capaz de acercarse sin que me de cuenta.
“Bien... si usted cambia de opinión, me avisa. Soy Lori.” Ahora ella tenía un nombre.
“Lo haré,” contesté, recogiendo el vaso para mostrarle que estaba a punto de tomar un sorbo y acabar con su preocupación. Por supuesto, no lo haría.
“Puedo llevarme el cenicero... creo que usted no fuma. Usted es uno de pocos que veo aquí quién no fuma. Todos los demás... ¡Dios mío!” Dejó de hablar y enfocó sus ojos bien abiertos hacia la entrada. Mi curiosidad alcanzó su punto máximo. Una figura grande y pesada acababa de entrar. A primera vista, lo fijé como un camionero. Muchos camioneros se pararon aquí en camino a Washington, probablemente dirigido a Alaska. Él tenía la panza típica de uno que bebe mucha cerveza, su pelo canoso metido bajo una gorra de béisbol sucia y su barba descuidada.
“¿Algo ocurre?” Le pregunté a Lori sin quitar mi mirada del hombre. Su mano derecha estaba en la mesa tambaleante para el apoyo.
“¡Dios mío! ¡Dios mío! ¡El es mi ex! ¿Cómo me encontró? Tengo que irme. Le diré a Joe que estoy enferma. Me tengo que ir.” El color se fue de su cara cuando retrocedió.
Mis ojos volvieron al hombre, que tomaba un asiento en la barra. Yo quería... no... tenia que entrar en su cabeza cuanto antes. Cerré todo lo demás en el cuarto por el momento y me concentré. Después de escuchar durante unos minutos, sabía. Quise a ese hombre.
Busque a Lori y noté a Joe que señalaba hacia algunas mesas, mientras otra camarera miraba. Lori era segura. Lori siempre sería segura.
Quise que el hombre en la barra viniera a mí. Esto era más fácil de esa manera. Sentí menos culpa si esto fuera su opción. Pensé en él sentándose conmigo, riéndose, mi mano en su rodilla bajo la mesa, dejando la barra juntos, lo invite en mi mente. Él dio vuelta y exploró el cuarto. Una mujer estaba sentada sola, pero leía un menú. Entonces, sus ojos alcanzaron mi cara. Él se dio la vuelta por un segundo. Después de un respiro profundo, me miro otra vez y se paró. Sonreí. Él recogió su vaso sin mirar y todas sus doscientos o más libras caminaron hacia mí sin vacilar. Yo tenía mi pesca del día. Era demasiado fácil.
Cuando empujé su cuerpo que apenas respiraba lejos de mí en su camión, pensé en Lori. Ella trataría probablemente de correr otra vez. Después de todo, él había venido aquí, a Olympia, Washington. Ella no sabía que era sólo un presentimiento que ella estaba aquí. Él no sabía que ella trabajaba en el Bar de Joe. Era sólo una coincidencia. Él dejó de conducir porque tuvo hambre y quiso una cerveza. Sólo que, yo tuve hambre también.
Miré su cuerpo sin vida tanto con satisfacción como con repugnancia. La repugnancia porque las mujeres podrían amar a alguien tan vil como él, porque alguien como él podría lograr esconder algo así. Y Lori lo amó realmente de su propio modo. Ella le tuvo miedo pero lo amó. Miré las heridas en su cuello. Me encantaría abandonarlas allí como una señal de triunfo, como una firma en una obra de arte, pero esto causaría el caos. Imagine los titulares de noticias. VAMPIROS EN OLYMPIA. ¡De eso nada!
Hora de cubrir mi rastro. Asegurándome que ya no respiraba, me mordí la punta de la lengua hasta que probé sangre. Agarré su cuello frío y froté la sangre de mi boca sobre las heridas diminutas. En segundos las heridas se cerraron como si no hubieran estado allí en lo absoluto. La sangre de vampiro trabaja maravillas. Es bueno que no existiéramos o los científicos podrían tratar de embotellarla. Imagine las cosas que podrían curar. Él pareció que estaba dormido. Si no lo hubiera matado yo misma, yo habría pensado que dormía. Incluso si realizaron una autopsia todo lo que encontrarían era que perdió sangre. Sin una explicación posible en cuanto a cómo la sangre salió de su cuerpo, ellos no tendrían ninguna otra opción, sólo suponer que él murió 'de causas naturales'. Pobrecito. Y a una edad tan joven. 'Qué basura,' dije en voz alta cuando baje del camión, mi apetito y conciencia totalmente satisfechos.
La gente sostuvo una cierta fascinación para mí. El tipo criminal, como Frank Carver, insensible, egoísta, e ignorante, no tenía ningún uso para esos. Este animal había rogado por su vida. ¿Debería realmente haber escuchado a su mente cuándo recordó como mató al niño aún no nacido de Lori después de empujarla por las escaleras aún otra vez? ¡Dios él fue delicioso!
Cuando él había tomado su último respiro, lo miré y sonreí. “Esto es para Lori.” había susurrado. Sus ojos se pusieron amplios con el miedo entonces rodaron para atrás en su cabeza. La había vengado y ella ni si quiera sabía mi nombre.
DOS
Mientras cambiaba de canal a canal, me di cuenta lo aburrida que estaba. Tal vez era tiempo de mudarme. Un nuevo lugar para vivir, nueva dirección, nuevas caras, nuevos pensamientos, nuevos criminales pero no importa como se disfraza. Mi vida era la misma, sola, aburrida. Vida no. Mi vida paró en 1938. Existencia es la palabra. Podría hacer una lista en mi computadora de las ciudades más nubladas en el país, tal vez en el mundo, cerrar los ojos y señalar a un país. Sin hacer investigación sobre la actividad criminal y los delitos, se parecería a una aventura.
Aventura no era algo que mi existencia tenía, al menos ya no. Era una aventura al principio, cuando me hizo lo que soy condenada a ser para toda la eternidad. La única diferencia que no estaba sola entonces, al menos por un rato, un corto tiempo en el cual conocí el amor... o eso pensé. Sacudí el pensamiento de mi mente tan pronto como apareció, sacudiendo mi cabeza como si el pensamiento se caería. Ahora no era el tiempo para pensar en él.
Tal vez debería comenzar a escribir otra vez. Cuando era niña, amé historias asustadizas. Las historias sobre vampiros eran las más intrigantes. Ellos parecieron mágicos. Leí todo lo que podría encontrar sobre ellos, de la ficción como Drácula de Bram Stoker a cuentos de leyendas y mitos en los periódicos o revistas. Hasta traté de escribir mis propias historias hasta que mis notas sufrieron y mis padres acabaron con eso.
Durante mi adolescencia, pase la mayoría de mi tiempo en casa. Como única hija, era mi responsabilidad el cuidado de la casa y cocinar mientras mis padres trabajaban en su tienda. Una vez que el trabajo de casa fue hecho y mi tarea terminada, iba a mi cuarto, cerraba con llave la puerta, y escribía. Inventaba toda clase de mundos donde los vampiros vivían felices infinitamente. Ya que supuestamente no escribía, escondía los cuentos bajo un entarimado suelto debajo mi cama.
Mis fantasías eran siempre las mismas. Un hermoso vampiro atravesó mi ventana por la noche. Él anduvo al lado de mi cama para decirme que él había estado mirándome durante mucho tiempo, amándome de distancia, y no podía alejarse más. Tuvo que ser ahora, durante esta noche, que me hice suyo y me afilié a él por toda la eternidad. Entonces se arrodillaría y me abrasaría. Me miraría a los ojos y rozaría sus labios contra los míos antes de moverse a mi cuello. Nos iríamos volando por la ventana juntos, conmigo en sus brazos, y viviríamos felices para siempre.
En mis sueños, nunca imaginé los detalles entre sus labios tocando mi cuello y nosotros viviendo felices para siempre. Nunca pensé en 'el después' tampoco. Tal vez si lo hubiera pensado, no estaría donde estoy hoy. Si hubiera contemplado lo que es ser un vampiro, no me habría hecho uno. No es que tuve una opción en este asunto. Era lo que era y no había nada romántico o mágico sobre ello.
Oí a mis padres que hablaban, en su dormitorio, con la puerta cerrada, una noche. “No es normal que una muchacha su edad esté en casa todo el tiempo,” dijo mi madre.
“No es normal que una muchacha su edad no tenga ningún pretendiente tampoco. ¿Y has notado que ella no tiene ni una amiga íntima?” mi padre contestó.
“No se, John. Ella es un poco tímida pero parece bastante feliz. ¿Qué pasó con aquella muchacha, Elizabeth?” mi madre dijo. “Ya ni la menciona. Es como si nunca existió.”
¿Qué pasó con Elizabeth? Buena pregunta. Elizabeth, una muchacha de la escuela con quien tenía algo en común, se aburrió de mí.
“¿Qué piensas del muchacho nuevo? ¡Pienso que él es guapo!” Elizabeth confesó, excitada, una tarde cuando anduvimos a casa juntas.
“Pienso que él está bien, aunque, no lo mordería,” contesté, pateando a piedras mientras caminaba.
“¿Qué diablos significa eso?” Se paró y me miro con furia. Era la primera vez que veía cólera en sus ojos.
“Quiero decir que si yo fuera un vampiro, yo no lo haría uno. ¿Qué más?” Contesté encogiendo los hombros.
“¿Eso es todo lo que piensas? ¿Vampiros? ¡Hay más en la vida que vampiros! Sí, eso era una diversión para escribir cuentos pero éste es el mundo real, Lily. ¡Los vampiros no son real!” Ella comenzó a andar otra vez, no, pisar fuerte es mejor dicho, y tuve que correr para alcanzarla. “¿Cuál es la diferencia?. Él te miraba a ti de todos modos. Todos te miran a ti. ¡Ni que te importe!”
“No lo noté. ¿Todavía vienes?” pregunté, mirando al suelo para que no vea que mi cara estaba roja.
“Recién recordé… tengo que planchar ropa para mi madre. Nos vemos mañana,” me dijo adiós con la mano y se marcho en dirección contraria.
Fue la última vez que Elizabeth y yo nos hablamos además del cortés, la charla requerida cuando uno pasa todos los días juntos en la escuela. No tuvimos nada más en común. Ella tenía muchachos y yo tenía mi mundo construido. No se equivoque. Yo podría tener muchachos. Los muchachos me miraron aunque fuera siempre otra la que me indicó esto. Yo era una muchacha bonita. Era lo que unos llamarían menuda. Los muchachos me miraron, pero nunca se acercaron. Yo sabía profundamente que no tenía algo malo. Pensé que ellos sintieron que no les tenía ningún interés. Esto no importó. Yo tenía mi escritura. Yo tenía mis sueños de hacerme un vampiro, tal vez hasta un escritor, cualquiera viniera primero.
Cuando cumplí dieciocho, mis padres comenzaron a mandarme a citas con hombres jóvenes que ellos pensaron conveniente. Concedí salir con estos jóvenes, deseando no rechazar nada a mis padres, pero nunca ascendió a nada. La mayoría fueron solo una vez. Un par de ellos me invitó una segunda salida, pero se rindieron cuando vieron que no tenía ningún interés. No que tratara de ser grosera. Escuché sus charlas y jactancias. Cuando ellos trataron de hacerme preguntas sobre mí, comencé a hablar de mi escritura. Ahí es cuando ellos consiguieron aquella mirada en sus ojos. Aquella mirada que dijo que ellos quisieron correr lo más rápido posible de la muchacha loca, con la imaginación salvaje.
Brinqué cuando el control remoto cayó al suelo. Estuve tan absorbida en mis pensamientos, otra vez, que no oí a alguien acercándose a mi puerta hasta que el golpe suave me asusto. ¿Quién podría ser? Nadie toca mi puerta. Me quede inmóvil y escuché. Tal vez si no hago caso se van. Ninguna posibilidad. Oí tres golpes más fuertes.
Jale la puerta entreabierta para mirar al intruso. Clara, pequeña y frágil, estaba parada allí con una mirada de dolor en la cara.
“¿Sí?” Dije mirando el suelo. En los dos años que había vivido aquí ella nunca dijo nada además de un saludo cuando pasamos en el pasillo.
“¿Eres Lily, verdad?” ella contestó con su dulce voz de abuelita.
“Sí. ¿Está usted bien?” Miré el suelo y sus pies. Sus pantuflas rosadas parecieron demasiado grandes para ella. También parecieron muy viejos. Evitar mirar los ojos de la gente me hizo notar muchos artículos de calzado.
“Estoy bien, querida. Sólo dolor de mi artritis. No se si puedo con las escaleras. Quería saber si puede ser amable y alcanzarme mi correo. Espero una carta de mi nieto. Él está en Irak. Estoy preocupada por él, mi Tommy, un muchacho tan dulce.” Trató de mirarme a la cara. Mi pelo colgó delante. Lo último que quise hacer era asustarla. No, que fuera demasiado obvio, al menos bajo luces artificiales. Mi piel parecería un demasiado pálida tal vez, pero bastante normal.
“Claro... déjeme ponerme los zapatos. Pasare por la llave,” dije, asumiendo que la llave estaba en su departamento ya que ella sostuvo solamente un bastón.
“Muy bien querida. Tome su tiempo.” Ella retrocedió y me dio la oportunidad de cerrar la puerta.
Encontré el buzón con su nombre y metí la llave en la cerradura. Recuperé muchos catálogos y sobres que llenaron el buzón. Debe haber pasado mucho tiempo desde que vino a vaciarlo. Debería tener alguien para ayudarle. Cerraba con llave el buzón cuando oí el tintineo de llaves en el pasillo. Dios mío. Debe ser Jack. Quise escaparme, antes de que él tuviera una posibilidad para dirigirse a mí, pero por supuesto, la llave se atracó. Mi fuerza no importó. Si la jalaba, la posibilidad era que yo rasgara la fila entera de buzones de la pared. Sería peor. Esto requería técnica, no fuerza.
“Déjame darte una mano con eso... me pasa todo el tiempo,” dijo Jack y arrojo la mano hacia la llave. No me dio oportunidad para mover mi mano antes de que él la alcanzara. Tan pronto como su piel caliente tocó la mía, brinqué y me tambaleé hacia atrás. ¿Lo sintió él? ¿Qué hago ahora?
Alcé la vista a tiempo para verlo frotar las puntas de sus dedos. Estaba detrás de él así que no podía ver mi cara. Sacudió su cabeza. Nah. Debo haber tocado el metal… no es posible… tan fría…tiene que haber sido el metal. No quise oír sus pensamientos. No quise saber dónde él había estado y lo que él había hecho; era su negocio.
“Ves… si sólo zangolotea la llave un poco así,” Él lo maniobró de un lado al otro mientras la tiró, “debe salir.”
“Gracias,” susurré cuando dejó caer la llave en mi mano. Él debe pensar que soy una tímida. No quise saber lo que él pensó. No importa. Era mas seguro para él así.
“Oye, Lily. Hemos vivido aquí mucho tiempo y me doy cuenta que no te conozco. Perdón por eso. Vivo en mi propio mundo.” Ahora él miró el suelo. Imagino que dejé de respirar cuando dijo esto. No, que yo tuviera que respirar a menudo pero era algo que mi cuerpo hizo automáticamente. Tuve miedo de lo que venía después.
“Que te parece si vienes a comer mañana por la noche. Me han dicho que hago lasaña muy buena…a menos que no te guste comida italiana.” Me echó una ojeada con su cara todavía apuntada al suelo, sus mejillas tomaron un color rosado apetitoso.
“A tu perro no le gusto. ¿Recuerdas?”
“Ah sí. No sé lo que le pasa a él. Tal vez podríamos salir, en cambio,” sugirió, todavía esperanzador. Tal vez yo podría conducirlo en una dirección diferente y se olvidaría de todo esto.
“¿Cuál es su nombre, de todos modos?” pregunté evitando sus ojos todavía.
“Su nombre…uh…vas a pensar que es extraño pero su nombre es Perro Tonto.”
“¿Ése es realmente su nombre? ¿Cómo le pusiste eso?” Pregunté, tratando de conducir la conversación a algún otro lugar pero también un poco curiosa.
“Cuando lo traje a casa de la libra él estuvo tan excitado en el carro. Lo puse en el asiento de atrás pero él fue determinado en sentarse adelante. Él siguió intentando. Seguí parándolo. Entonces, oí su respiración por mi oído y cuando miré hacia atrás, su cabeza estaba atracada entre el cabezal y el asiento. Él jadeaba con la lengua afuera. ¡Era tan gracioso! Tuve que tirar sobre y… como la llave… menear su cabeza. La primera cosa que lo llamé fue el Perro Tonto y ha sido Perro Tonto desde entonces.” Sus ojos me encontraron cuando alcé la vista. Él pareció a un tipo normal que invita a una muchacha normal a salir. Ningún miedo en su cara.
“Es bastante gracioso,” dije y miré hacia sus pies. Estaba sin zapatos, solo calcetines blancos y muy limpios.
“¿Y, que te parece?” preguntó tratando todavía de mirarme a la cara. Pensé un momento. Nada. No podía inventar ni una razón en cuanto a por qué no podía cenar con él. Yo no podía decirle que no cómo o qué tenia que trabajar porque aunque no lo hiciera, tendría que contestar preguntas sobre dónde y cuándo. Nada para decirle, excepto…
“Uh… creo que está bien,” susurré por un terrón en mi garganta. No era probablemente la respuesta excitada que él esperaba pero él debería estar feliz que no era un NO. ¿Por qué no era un no? ¿Por qué mis labios no podían formar esa pequeña palabra tan simple? Si tuviera alguna idea de lo que yo era, él estuviera feliz si le dijera que no.
“Paso por ti a las siete,” dijo con una risa orgullosa. ¿Estaba orgulloso de que había dicho u orgulloso de que hizo una broma?
“Está bien. Nos vemos entonces,” Dije cuando arranqué los pasos. No le di una posibilidad para decir algo más. No sé lo que él podría haber dicho que lo habría hecho peor. Era bastante malo.
Toque en la puerta de Clara y se abrió. Clara estaba sentada en su mesa de comedor y me llamó sin alzar la vista. “¿Algo del extranjero?” preguntó.
“Creo que sí. Tal vez éste.” Le di el montón con el sobre pequeño encima, el sobre con todos los sellos coloridos. Era pequeño, pero muy grueso. En el sobre había palabras subrayadas. NO DOBLAR.
“Deben haber fotos. Él es tan guapo. Déjeme mostrarle. Él estará en casa pronto. Es de su edad.” Ella hurgó para abrir el sobre pero sus dedos doblados no lo permitirían.
“Démelo… déjeme ayudar,” dije cuando tomé el sobre de sus manos, cuidadosa para no tocarla. Lo abrí y se lo devolví. No quise mirar las fotos, no quise saber nada personal sobre ella, pero entonces murmuré una excusa de tener algo en el horno y di vuelta para marcharme.
“Otro día entonces. Aquí está algo por su molestia. Usted es muy amable. Es difícil encontrar gente como usted ahora en día.” Ella sostuvo una bolsita de galletas de chocolate para mí.
“Usted no tenía que hacer esto, pero gracias.” Tomé la bolsita.
Tan pronto estaba segura en mi propio departamento, puse la bolsita en la mesa de la sala, me recosté, y la contemplé. ¿Qué había hecho? Había tratado de mantener a esta gente a la distancia y de repente…pum... dos en un día. ¿Cómo podría ser tan descuidada? No había ninguna razón lógica para abrir la puerta excepto mi propio aburrimiento y curiosidad. Primero, la señora que piensa que soy agradable y luego el tipo abajo que sonríe probablemente porque tiene una cita mañana por la noche.
¿Sobre mañana... qué voy a hacer? ¿Cómo puedo salir de esto? Tal vez si le digo que me enfermé. No, solo retrasaría las cosas. Estaba acostumbrada a tener comida enfrente de mí y pretender comer, hasta había ingerido comida una vez y nada pasó. Lo hice porque un hombre insistió que pruebe un pedazo de su churrasco. Mejor churrasco no había existido antes y sólo tuve que probarlo. Me lo puse en la boca, mastiqué, e ingerí. Nada pasó salvo que se atracó en mi garganta. Tuve que ir al baño para sacarlo. No fue mucho dilema. Podría poner mi farsa habitual delante de Jack. Eso no era el problema. El problema era que esto no podía tener ninguna clase del final feliz.
Además del hecho que yo estaba mejor sola y no quise ser íntima con la gente que vivió alrededor mío y el hecho que nunca entretuve la idea de el cómo algo además de un vecino, era el hecho que él era humano. Él era humano y yo no. Los vampiros y la gente no se mezclan... nunca.
No puedo creer que dijo sí. Qué idiota soy. ¿Por qué esperé tanto tiempo? ¿De qué tuve miedo? Sus pensamientos inundaron mi mente antes de que tuviera la posibilidad de reaccionar. Yo estaba ocupada pensando cosas similares. ¿Por qué dije sí? ¿Qué hago ahora? Incluso, si había posibilidad mínima que yo tenía cualquier interés romántico hacia Jack, aunque no lo tenía, esto nunca podría ascender a nada. Nunca podría tocarlo. Nunca podría besarlo. Él notaría lo frío que era mi piel. Él sentiría mi aliento frío. Y aun si logramos pasar todo eso sin un dilema grande, nunca podríamos hacer lo que las parejas humanas hacen. Era inadmisible.
Me eché en el sofá y empujé botones en el control remoto sin mirar la pantalla de televisión. No importa cuánto intenté, yo no podía dejar de pensar en todo. ¿Y si él quisiera ir para un picnic en el parque durante un día soleado, hermoso? Una rareza en esta ciudad, pero pasó a veces. Eso es una salida típica para una pareja nueva. Elijo los sitios donde vivo debido a su falta de días soleados. El sol no mata a un vampiro, al contrario de la creencia popular. Nos hace realmente, sin embargo, monstruos, directamente de una película de terror con bajo presupuesto. Cuando la luz del sol golpea nuestra piel ya pálida, refleja la luz y nos hace parecer más pálidos que blanco. Tampoco es demasiado cómodo para nuestros ojos. La gente se preocupa entonces porque piensan que estamos enfermos. He salido en la luz del sol cuando no podía evitarlo. Esto es posible debido al milagro de cosméticos comprados en sombras más oscuras. Los cuellos altos y los pantalones largos son prácticos también. Así sólo tengo que preocuparme por mi cara y manos.
Era inútil, pensar así. Esto no importó cuánto racionalicé cualquier situación posible. No había manera de que algo podría suceder con Jack. Le debí esto. Lamento que él no supiera que él debería tomar las advertencias del Perro Tonto. Estaba completamente claro que el perro lo protegía, a mí al menos.
Entonces sabía lo que yo debía hacer y lo que tenía que hacer mañana. Tenía que dar una gran actuación.
***
Temprano en la tarde, después de gastar horas innumerables jugando un juego de vídeo, decidí que había sufrido lo suficiente tratando de mantener la mente clara. Tuve que encontrar un modo de salir del compromiso que había hecho, sin hacerle daño a sus sentimientos. Agarré mi chaqueta y la colgué sobre mi hombro antes de abrir la puerta. Un paseo me haría bien.
Había un parque a unas cuadras. donde me gustaba sentarme en una banca con una taza de café y mirar a la gente. Por supuesto no bebí el café, esto era sólo uno de mis accesorios. Otra cosa de que disfruté era pretender a leer el periódico. La gente pareció alejarse si veían que tenía un objetivo. En el parque, hice lo que no haría en ningún lugar donde viví. Escuché pensamientos. Esto no pareció entrometido porque esta gente era desconocida y esperé nunca mas verlas. Entonces me di permiso de hacer todo lo que quise en un lugar público. Después de todo, la mayor parte de mi comida me vino de esa manera.
Compré un café con leche ese día, sólo por algo diferente. La taza pareció un baño caliente tan pronto envolví mis dedos helados a su alrededor. Cuando pase por la puerta de la tienda, noté que la gente que me pasaba en la calle llevaba chaquetas puestas. Bien. Hacía frío hoy. Demasiado frío para que la gente ande por la ciudad en mangas cortas. Dejé mi taza en el filo de la ventana y metí los brazos en la chaqueta, recogí mi taza, y metí la mano izquierda en el bolsillo. Sentí papel. ¿Qué podría ser? Dejé a posibilidades traspasar mi mente. Era pequeño, un poco más grueso que un pedazo normal de papel…Mmm. Después de jugar con ello por unos momentos, paré y lo saqué. Un boleto del cine, uno que había olvidado de colocar en mi caja de recuerdos. Ahora, con el misterio solucionado, me pregunté que patético era que jugué a estos juegos.
Encontré una banca que no estaba cubierta de periódicos viejos, mojados. Estiré las piernas y miré alrededor, pero no vi a nadie. No era suficiente tarde para que la gente pasé por aquí en camino a casa del trabajo. Tomé la tapa del café y olí. El café tenía un aroma atractivo. También disfruté del vapor que salía de la taza al aire. Me entretenía ver cuanto tiempo hasta que no podía verlo más. No importa que bien olió el café, esto no era un olor apetitoso, sólo una invitación. El olor invitó la conversación y la amistad. La sangre tenía un olor apetitoso. Era un olor que hizo agua mi boca y mi corazón muerto parecía que podría comenzar a latir otra vez en cualquier momento.
Me quede en el mismo sitio por media hora, contemplando los árboles, mirando dos ardillas perseguir el uno al otro, antes de que el primer humano apareciera. Oí su latido del corazón antes de verla. Ella casi corría porque tenía un perro que la jalaba. Ella luchó para mantenerse al paso impaciente del perro, que colgaba en la cuerda. Yo podría imaginar lo que pasaría si el perro viera las ardillas. Arrastraría a la pobre mujer pobre a través de la tierra fangosa. No podía guardar la risa que esta imagen creó en mi mente. Cuando ellos se acercaron, la oí. Allí. Ella es otra vez. La mujer sola… demasiado frío para quedarse quieta como ella… nunca se mueve. En ese momento, recordé que la gente espera algún tipo de movimiento con regularidad asi que recogí mi taza y la traje a mis labios. Aspiré el aroma y la regrese a la banca. Esta mujer me había visto antes pero no la recordé. Yo podría haber recordado el perro al menos.
“¡Para!... ¡Siéntate!... ¿Cuál es tu problema?” El perro trató de arrojarse hacia mí. Estaba parado en las piernas traseras y jalando la cuerda. El pelo de su cuello se erizó mientras el gemía, tratando de acercarse. Yo no podía tener un perro. Ellos sabían que algo era diferente sobre mí, sabían que había algo peligroso.
¿Yo debería decir algo… se dio cuenta? No puedo. Ella me asusta. Sólo me alejaré. No se dio cuenta… siempre en su propia cabeza o algo. Ella logró conseguir control de su perro y voltio en dirección contraria.
Wow!... Eso fue divertido. ¡Tal vez podría divertirme así más a menudo, entrar a una tienda de mascotas y disfrutar del espectáculo - o mejor, el zoológico! Pensaba en todas clases de situaciones graciosas con animales, cuando miré mi reloj. Era cercano. En menos de dos horas él tocaría a mi puerta y yo estaba sin excusas. Demasiado tarde, ahora.
TRES
Salí de la ducha y me envolví en una toalla. Fui al espejo y cuando borré la niebla, noté que mi mano temblaba. ¿Qué me pasaba? ¿Podría estar nerviosa? Si yo actúe así, yo podría imaginar cómo se sentía él. Sería divertido escuchar su nerviosismo pero no sería justo. En cambio, pensé en mí y cómo me sentía. No tuve ni idea por qué sentí esto. Yo no le tenía ningún interés romántico, por lo tanto, ninguna necesidad de impresionarlo. La única razón que podría imaginar era que yo así fuera de práctica con estas salidas - no que este era una cita romántica.
Había pasado mucho tiempo desde que tuve cualquier tipo de conversación profunda o significativa con alguien, humano o vampiro. Todas aquellas cosas humanas, como la complacencia en postres dulces, llorar por películas tristes, escuchar chismes jugosos, no importaron más. ¿Cómo podrían importarle a otro? No podía imaginar las preguntas que él haría. Él me había visto entrar y salir de este edificio durante los dos años pasados, siempre sola. La última persona que entró en este departamento fue el hombre que conectó mi cable e Internet. Nunca había invitado a nadie, tampoco alguien había pedido entrada. Tengo estándares de las cuales estoy orgullosa, a pesar de lo que soy - ordenada, rápida, y sobre todo, discreta. Yo estaba nerviosa sólo sobre preguntas a las que no tenía respuestas.
Después de secar y arreglarme el pelo, fui a mi cómoda y miré mi ropa. Nunca dijo dónde íbamos, así que no estaba segura qué ponerme. Elegí un par de pantalones de pana negra y un suéter negro, más o menos elegante, por si acaso. Miré en el espejo y pensé en la imagen que los otros verían. Demasiado sombrío. ¡Qué típico de los muertos llevar puesto todo negro! Me quité el suéter. Miré todo de nuevo y me puse el suéter otra vez. Fui a mi caja de joyería, saqué un collar, y me lo puse, cerrando el broche. Regresé al espejo. Oí que golpeaba el suelo antes de que percibiera que se había caído. Cuando me agaché para recogerlo, vi un pedazo de papel bajo la silla. Era el boleto del cine que había planeado guardar en mi caja de recuerdos. Debió haberse caído de mi chaqueta cuando la tiré sobre la espalda de la silla cuando corrí a prepararme.
Metí el brazo bajo el sofá. Ajustando mis dedos alrededor de la caja, jalé. Quité la tapa sin prestarle mucha atención. Sólo quise colocar el boleto dentro y volver a guardar la caja. Cuando fui a poner el boleto al lado donde todos los otros estaban, me di cuenta que no estaban allí. ¡Ah no! Caja incorrecta. Saqué la caja que contuvo recuerdos que no quise ver o pensar en ellos jamás. Estos recuerdos dolían demasiado, todavía, después de tantos años. Esta caja era todo que yo tenia de él. Cerré de golpe la tapa con tanta fuerza que pedazos de plástico volaron. No me preocupé. Le di un empujón bajo el sofá y, en mi cólera tiré el boleto en la basura.
¿Por qué era tan estúpida? ¿Por qué guardaba lo que causaba tanto dolor? Él se fue. Tenía que sacar ese recuerdo de mi cabeza. Había gastado demasiado tiempo en él y él no lo valió. Tenía otras preocupaciones en este momento, entonces volví a concentrarme en eso.
No iba a preocuparme del color que llevaba puesto. Si resultara preguntarme cual era mi color favorito le podría decir, “¿no es obvio?” Me miré en el espejo una vez más, feliz que no era cierto que los vampiros no tienen reflexión, y arreglé el pelo que me colgaba en la frente y decidí que ya estaba lista.
Quise oírlo acercarse a mi puerta. No me gustó ser sorprendida y esto pasó demasiado últimamente. No me estaba concentrando bien en mis alrededores. Estaba dejando que mi aburrimiento me controle y dejando volar a mi mente. Miré el reloj y noté que todavía tenía diez minutos antes de la hora en que quedamos pero oí algo, una llave girando en una cerradura, pasos suaves en la escalera, el latido rápido de corazón acompañado por inhalación rápida de aire. Él trataba de calmarse. ¿Qué significa esto? ¿Él no quiso estar conmigo sólo por pura soledad? ¿Él quiere lo qué yo no podría ser capaz de darle? Temí esto.
“Hola. Sé que estoy temprano. Espero que esté bien.” Sonrió cuando abrí la puerta.
“Sí. Está bien. Sólo déjame agarrar mi chaqueta… ah, y mi cartera. Ya salgo,” dije cuando cerré la puerta y volví con una chaqueta y una cartera vacía. No tenia la costumbre de usar una cartera pero tenia una para ocasiones 'especiales'.
“Que rápido,” dijo con una sonrisa y se arrimo para dejarme bajar la escalera primero. Debo acordarme de no moverme a mi velocidad normal.
“Lugar pequeño,” contesté, mirando mis pies mientras caminé, como si tuviera miedo a caerme. Rompería la escalera antes de hacerme cualquier daño.
“¿Y…Cuál es tu comida favorita?” preguntó, apurándose a abrirme la puerta. Así que, todavía existían caballeros en este mundo.
“Ah, no sé. Como de todo. Cualquier lugar que escojas está bien.”
“Sólo quise asegurarme que no eras vegetariana.”
No pude aguantarme la risa. Nada podría ser más lejos de la verdad.
“Definitivamente no soy eso,” contesté, alzando la vista a su cara por primera vez esta noche. Él sonreía y por alguna razón esto me ayudó a relajarme. Su latido del corazón pareció haber calmado un poco también. “Como te dije, como casi todo.”
“Bueno. Tengo un lugar en mente. Es nuevo así que no he estado allí aún pero un par de tipos en el trabajo dicen que es bueno. No es lejos. Mi carro solo está al frente.”
Nunca noté lo que él condujo. Las veces que me había sentado en la ventana y lo había visto entrar del trabajo nunca lo vi salir de un carro. Ahora él me llevo a un vehículo grande, cuadrado. Recuerdo que éstos se llamaban carros familiares, pero éste era un poco diferente, más alto. Nunca presté mucha atención a carros. Sólo manejé cundo quería irme lejos. El resto del tiempo caminé o corrí. Así era más rápido. Yo no era capáz de volar como algunos vampiros.
Él abrió mi puerta y esperó para cerrarla antes que yo vaya a su lado. Podía ver su sonrisa cuando pasó delante del carro. Sacudí mi cabeza, avergonzada de lo que hacía, sin embargo de alguna manera aliviada que lo hacía. Intuí que no era bueno pasar tanto tiempo sola. Tal vez un amigo no era una idea tan mala. Él arranco el motor tan pronto se sentó y luego me echó un vistazo antes de poner el carro en paseo. No quiero ser maleducado… no puedo descuidar pero. Tal vez yo... no, es su opción, mejor... Yo oía sus pensamientos sin intentar y esto me frustró, pero en aquel momento, me percaté que yo no me había puesto el cinturón de seguridad. Olvidé que no sabía que yo no podía morir en un accidente automovilístico.
Un chasquido fuerte de la hebilla y fue obvio el alivio en su cara. Sólo entonces empezó a manejar. Alcanzó la mano hasta la visera y sacó un CD, sin mirarlo, y lo metió en el tocador. Música suave comenzó y él contuvo el volumen a un ruido de fondo razonable. No lo que había esperado, música clásica. Miré de frente mientras manejó. No sabia que decir así que esperé que el comience a hablar pero él parecía más confundido que nada. Su latido del corazón era tan fuerte que no podía oír la música muy bien. Tenia que decir algo. Este enfurecía.
“¿Estas bien?” Era mejor que nada.
“Ah, sí… perdón. Sólo pensando. No estoy acostumbrado a tener alguien en el carro conmigo,” sobre todo alguien que luce como tú… Él miró de frente otra vez, sus dedos apretando el volante.
“Está bien. Sé lo que quieres decir,” dije y luego me obligué a voltear la cara y sonreírle… solo un poco de sonrisa para calmarlo. Pareció funcionar. Los músculos en sus manos se relajaron.
“¿Y, qué haces?”
“Nada ahora mismo. Estoy entre empleos.” Mordía mi labio cuando dije esto. Espere que no empuje el tema. Yo no había fabricado ninguna historia para mi carencia de empleo. Nadie se había molestado alguna vez en preguntar. La gente no me preguntó sobre algo personal. La mayor parte de mis relaciones habían sido superficiales. Yo no podía decirle a nadie que todavía vivía del dinero de culpa de alguien más. Tampoco podría decirles que gané algunos de mis ingresos de los criminales que cacé. Lo consideré pago para mantener las calles limpias.
“Creo que me volvería loco si yo no trabajara. ¿Qué haría? No sé como lo haces. Estamos aquí. Nada de tráfico esta noche.”
Él deslizó el carro entre un jeep y un camión. Tenía su puerta abierta antes de apagar el motor. Alcancé la manija y luego paré, recordando que a él le gusta hacerlo. Él era un caballero. Me recosté y esperé. Que lenta es la gente.
Él sostuvo la puerta abierta para mí en el restaurante y hasta esperó a que me siente antes de que él tomara su asiento. Era impresionante. Ya no se ven modales así. La camarera vino antes de que tuviéramos una posibilidad para preocuparnos en hablar.
“¿Qué puedo conseguirle para beber?” preguntó. Ella no echó ni un vistazo hacia nosotros. Era alguien a quien que a no gustaba su trabajo. No tuve ni idea que pedir. Yo mordía mi labio y miré a Jack. Él esperaba que yo pida primero, por supuesto, pero vio que yo no sabía y pidió un té con hielo.
“Lo mismo para mi, por favor.” La camarera dirigió los ojos hacia mí como de repente había una segunda persona que apareció del mismo aire. ¿Qué pasa con ella? ¿Algo raro con su voz… que extraño…qué pasa con sus ojos? Té con hielo… creo... él dijo... si, lo mismo... ¡Caramba! Jack se sienta allí como que todo es normal. Pero la camarera, ella se da cuenta.
Ella se alejó y la olvidé. Miré el menú. Debería pedir la cosa más barata, entonces él no desperdiciaría dinero. La mayor parte de la comida iba en mi cartera vacía, de todos modos, tan pronto él mirara a otro sitio o se levantara para hacer una cosa humana, como usar el baño. Aunque esto podría ofenderlo. Podría pensar que yo asumía que él no podía pagar más. Qué cosa tan compleja era salir con un hombre. Con razón no lo extrañaba. Bueno. Tal sólo esta vez podría escuchar a su mente.
Todavía no puedo creer que aceptó. ¡No puedo creer que está sentada aquí conmigo…wow! Es tan hermosa. ¿Por qué no es casada? Seguro debería ser casada ya… yo habría...
Ok. Eso no ayudaba nada. Esto es lo que pasa por hacer trampa. Me di cuenta que todo el tiempo que pensaba no me miraba. Él todavía tenía los ojos en el menú. No era nada lo que quise oír.
“Oigo que tienen pizza excelente aquí. No la clase de pizza grasienta pero más gourmet. ¿Quieres compartir una?” Él dejó el menú y me miró con esperanza.
“Me parece bueno. Todo menos anchoas...” Cerré mi menú y lo dejé. No, que yo tuviera cualquier idea a que supieron las anchoas. Nunca las probé cuando era humana pero esto sonó como cosa de decir. Como dicen en las películas. ¿Alguien come anchoas? Dudoso. ¿Cómo iba a meter pedazos de pizza en mi cartera? Yo no había pensado esto muy bien.
Él pidió una pizza de margarita y dos ensaladas. La camarera preguntó que tipo de salsa nos gustaría, todavía mirándome. Qué tipo de drogas estará usando… con sus ojos así… hmm. Yo sabía que el aceite y el vinagre habían sido mis favoritos así que pedí esto. Aquel era fácil pero la camarera alteraba mis nervios. ¡Tal vez mis ojos parecieron salvajes porque tenía hambre y me la comería en cualquier minuto! Era un pensamiento divertido. Me imaginé aventándome sobre ella, mi pelo volando salvaje. En su prisa de escaparse, ella tropezó, casi dejando caer los menús. Me alegré de que hubiera visto esa imagen. Esto debe enseñarle una lección de no pegar su nariz donde no pertenece. Yo no sabía que me había reído en voz alta hasta que Jack interrumpió mis pensamientos.
“¿Qué es tan gracioso?” él preguntó todavía mirando a la camarera mientras ella empujó la puerta de cocina.
“¿No viste que casi se cayó? Sí. Fue un poco cruel… reírme así.” Yo no podía parar. Después de todo, yo había causado su pánico pero él no sabía.
“No noté,” dijo él y tomó un sorbo de su bebida. Estaba demasiado ocupado admirándote. Eres impresionante cuándo sonríes… tus ojos brillan… deseo poder hacerte sonreír… tal vez un día… “¿Cuanto tiempo has vivido sola?”
“Unos cuantos años. No pensé que me guste al principio pero ahora… me encanta.” Podía recordar come se sintió tener sus manos sobre mí cuerpo, frías pero exigentes, como él poseyó cada pulgada de mi cuerpo. Él lo hizo tan rara vez que lo deseé siempre. ¿Podría alguna vez sentir esto otra vez? La memoria se evaporó cuando Jack aclaró su garganta.
“¿Entonces… no estas en alguna clase de relación a larga distancia, verdad?” preguntó. Era muy directo. Debo darle el crédito por esto.
“Para nada. No soy muy buena con las relaciones.” Coloqué mis manos en la mesa y comencé a jugar con mi servilleta. No tuve que mentir sobre esto tampoco. Mis relaciones mortales habían sido breves. Mis relaciones inmortales habían sido sólo complicadas. Me aburría con la gente. El único para quien alguna vez tenía sentimientos verdaderos se aburrió de mí. Ninguna advertencia en absoluto. Ni una noción. Ni una idea.
“Bueno… Te encuentro fascinante. ¿Sabías que eres muy misteriosa?” dijo él y comenzó a jugar con su servilleta. La gente hizo ésto cuando se sentían inseguros. Aprendí a imitar esas acciones, sólo esta vez, yo era la que lo comenzó. Era como montar una bicicleta, supongo. Una vez que uno comienza a relacionarse con la gente, no importa cuanto tiempo ha sido, todos esos pequeños caprichos vuelven. Estar alrededor de otros vampiros era mucho más fácil. Estar alrededor de la gente, eso era un desafío. Me gustó el desafío.
“Nunca pensé de mi así. Sólo tímida, creo. Yo siempre fui tranquila.” Otro trozo de verdad. Dirigirse a él era fácil. No vacilé hasta antes de hablar… hasta que…
“Estoy curioso… ¿alguna vez pensaste en mí?” Ahora él jugaba con su cuchara. Como pensé… bien directo.
Aclaré una garganta que no lo necesitaba. Ninguna idea que decir. ¿Debería intentar la honestidad? ¿Qué hizo la gente en una situación como ésta? Piensa… piensa…
“¿Me he preguntado por qué vives solo?” Esto debería funcionar. Nada que leer en esto. Conteste una pregunta con una pregunta.
“Me divorcié hace como dos años y medio. Nunca lo intente después de eso. Estaba demasiado enojado y yo sabía que yo podría sacar mi cólera con cualquier mujer.”
La camarera vino con nuestra pizza. La puso en la mesa con manos inestables y puso un plato delante de nosotros. No se molestó en mirarme esta vez. No se molestó ni en pensar. Tan pronto confirmó que no necesitamos algo más, se escapó. Jack puso una tajada sobre mi plato antes de servirse.
“Se ve buena. Espero que tengas hambre. Es bastante grande.” Él recogió su tenedor y cuchillo y comenzó a cortar su tajada. Era un alivio. Pedazos de pizza eran más fáciles de esconder en una cartera que una tajada entera. La salsa sería bastante sucia sin tratar de doblar y meter una tajada entera. Seguí el ejemplo. Él notó que no recogí mis cubiertos hasta que él lo hizo.
“Demasiado caliente para recogerla.” Pareció tratar de hacerme sentirme más relajada. Aprecié esto. Yo sería una señorita y tomaría sólo una tajada. Yo sabía que a una señorita no le gustaba dejar a un hombre verla comer. Me alegré de esto, regla tonta, pero buena para mí.
¿Así que divorciado? ¿Qué responde uno?
“Que pena oír sobre tu divorcio.”
“¡¿Bromeas?! Es la mejor cosa que hice. El mejor regalo que podría haberme dado.”
“¿Verdad?”
“Me casé muy joven… recién salido de la secundaria. Fue un error.” Él pareció triste.
“¿Por qué lo hiciste entonces?” Pregunté. Era demasiado tarde. Era demasiado avanzado de mí pero no pareció oponerse.
“Creo que pensé que era lo mejor que pudiera hacer. Un problema de valor a mi mismo pienso. De todos modos, nos distanciamos y realizamos que no tuvimos nada en común. Estuve casado y ella todavía salía con otros hombres. Eso no funcionó para mí.” Sonrió cuando recordó por qué no estaba triste sobre esto. “¿Alguna vez has estado casada?”
Era un pensamiento divertidísimo. ¿En lo próspero y en lo adverso…en la salud y la enfermedad… hasta que la muerte nos separe? ¡Por favor! “No.”
“Estoy seguro que no es porque nadie te lo pidió. No puedo imaginar eso.”
“Verdad… nadie lo hizo. Sólo tengo diecinueve años. ¿Pensó que era mayor?”
“Pareces más madura que diecinueve.” Se metió un pedazo de pizza en la boca, tomando su tiempo para masticar.
“Yo siempre fui así. Nací vieja… pienso.” Gracioso. Si él sólo supiera mi verdadera edad. Sí, Jack, solo tengo noventa. Es todo el Oil de Olay que uso.
Tan pronto se fue para usar el baño, como sabía que lo haría, después de todo, él era humano, puse un puñado de pizza en mi cartera. Nadie miraba. Exploré el cuarto y comencé a recoger pensamientos.
Espero que ella no quiera postre… no veo las horas de llevarla a casa…
¿Se supone que esto es comida? No vale el precio…
Como me gustaría no tener que trabajar esta noche…
Si como más seguro explotaré…
Jack volvió a la mesa y sonrió. Yo no podía hacer nada más que sonreírle. Era fácil con él. Yo me sentía cada momento más relajada con él. No se si debería preguntar ahora… estoy empujando mi suerte… vale la pena…
Escuchar al resto de la gente para distraerme estaba bien. Escuchar a Jack, un no grande, entonces lo esperé a encontrar el coraje para preguntarme lo que quiso preguntar. No podía imaginar lo que causaría tanta vacilación.
“Pensaba ya que todavía es temprano… tal vez podríamos…” Tomó un trago de su té. “podríamos ver una película… digo… al menos que tengas despertar temprano o algo.”
Eso es todo lo que era. Suspiré con alivio y dije “Seguro. Me parece bueno.” Dije sí sin pensar. ¿Cómo podría haber hecho esto? Un cine oscuro con un hombre mortal era una mala idea. Los hombres tenían expectativas en la oscuridad. Algo tan simple e inocente como agarrarnos de manos no podía pasar conmigo. Tan pronto como él sintió mi piel helada, él estaría aterrorizado. ¿Qué hice ahora? Sin pánico… eso es. Todo había salido bien hasta ahora…
“¿Estás lista? Están dando la nueva película de vampiros en el centro comercial. Se supone que es excelente, si te gustan vampiros.”
“Seguro. Me gustan vampiros.” Agarré mi cartera cuando la camarera puso el cambio en la mesa. Otra vez, ella evitó mis ojos. Que gracioso que me llevaría a una película de vampiros. Si supiera… se sentaría directamente al lado de uno. Un verdadero vampiro. Estaba curiosa de ver como esta película sería de todos modos. Mereció el riesgo sólo para conseguir una buena risa.
Había comenzado a llover mientras estábamos dentro y todo estaba mojado. En las luces del aparcamiento, todo centelleó. Parecía surrealista… justo como esta tarde entera resultaba ser. Guardé el paso con él aunque fuera difícil. La gente era tan lenta. Una de las luces en el aparcamiento hacía un ruido horrible. No podía esperar meterme al carro donde las ventanas no podrían dejar pasar el sonido. El único sonido al que tuve que escuchar entonces era su corazón de redoble. Yo tomaría esto sobre el zumbido de la luz en cualquier momento.
Viajamos en silencio por un rato. Era un silencio cómodo aunque me miró y sonrió de vez en cuando. Yo estaba curiosa por saber lo que pensaba, pero no me metí. Esto era una calidad que la mayoría de inmortales poseían pero pocos aprendían a controlar. La opción de ser intruso era completamente personal.
Cuando llegamos al centro comercial, manejó por unos minutos buscando donde estacionarse. No había nada disponible cerca del teatro y había comenzado a llover otra vez.