
Civilization
Of
Virtues
- 2 –
By
Osman Nuri Topbas
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Civilización
De
Virtudes
- 2 –
Osman Nûri Topbas
© Ediciones Erkam 2010 / 1431 H
Edita:
Editorial Erkam
İkitelli Organize Sanayi Bölgesi
Turgut Özal Cad. No: 117 Kat: 2 / C
Basaksehir, Estambul – Turquía
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Índice
Segunda Parte
El Carácter Islámico Y La Disposición Del Corazón
1. El amor
a. Muhabbetullah (el amor por Allah)
b. El amor por el Mensajero de Allah (s.a.v.)
c. El amor por los hermanos Musulmanes
d. El amor por todas las criaturas
2. Temor y esperanza
3. Tazim (reverencia)
4. Honrar la confianza y mantener las promesas
5. Sadaqat (lealtad y devoción)
6. Aceptar la condición de cada uno
7. Tawakkul y sumisión
8. Ihsan y el estado de alerta
9. Tawadhu’ (humildad)
10. Hilm y musamaha (gentileza y tolerancia)
11. Tener buena opinión
12. Generosidad y desinterés
13. Kanaat e istigna (satisfacción y liberación de la necesidad)
14. Abstenerse de lo mundano
15. Paciencia y fortaleza
16. Hamd (alabanza) y shukur (gratitud)
17. Shayaa’ (coraje)
18. Istiqamah (rectitud)
19. Agradecimiento y lealtad
20. Castidad y pudor
21. Fatanah (inteligencia) y firasah (discernimiento)
22. La purificación del corazón y del nafs
El amor hace que la vida sea placentera, tranquila y dichosa, y la pasta de la existencia fue amasada con su levadura. La capacidad de amar es uno de los favores más grandes que nuestro Señor ha otorgado a Sus siervos. Por esa misma razón, debemos dirigir nuestro amor a los corazones que han entendido la realidad de la amistad. Es, sin duda alguna, una gran pérdida malgastar ese gran favor en los deseos pasajeros de esta vida. ¿Cuál puede ser el valor de un corazón que se ha endurecido tanto que ya no necesita el Amor Divino?
Yalaluddin Rumi da el siguiente ejemplo para los que malgastan su capital de amor en criaturas ordinarias, y carecen del amor de Allah:
“Los que ofrecen sus corazones a este mundo son como los cazadores de sombras. ¿Cómo puede alguien apropiarse de una sombra? Un cazador insensato pensaba que la sombra de un pájaro era el pájaro, e intentó cogerla. Incluso el pájaro, sentado en una rama, se sorprendía de tal estupidez.”
Nuestro objetivo final es la reunión con Allah. Olvidarlo y estar obsesionado con cosas pasajeras, como las propiedades y la riqueza, los hijos, la posición social y la familia, daña tremendamente el corazón. El poeta lo ha expresado de la siguiente manera:
“Quita de tus labios todo lo que no sea Allah para que se pueda manifestar la verdad.
El Sultán no entrará en el palacio hasta que éste no tenga la estructura perfecta.”
La victoria de Maynun en su viaje hacia Allah estriba en el hecho de haber abandonado su obsesión por Laila. En otras palabras, Laila no fue para él el último eslabón de su amor. Su amor dejó de ser metafórico y se volvió real –el amor por Allah. Por supuesto, es un camino arduo en el que muchos fallan. Laila representa una gran variedad de conceptos: el sexo opuesto, las propiedades, el estatus social. Estos amores, los llamados “amores metafóricos”, deberían ser como puentes o trampolines hacia el Amor Verdadero.
a. Muhabbetullah (El amor por Allah)
El hombre ve al objeto de su amor en el grado en el que éste se merece este amor. Por esa razón, el corazón humano puede alcanzar el estado más perfecto del amor solamente cuando dirige esta inclinación natural suya hacia Allah Todopoderoso –que es el único Ser merecedor del Amor Verdadero, Él mismo la Fuente de todo amor:
Allah es Quien creó todas las cosas, Quien favorece a los seres con la provisión, Quien protege y cuida de ellos, el Poseedor de la Perfección y del Poder.
Allah es Quien ama a sus siervos profundamente. Creó a Adam en el Cielo en el mejor molde y con especial cuidado. Desea que sus siervos entren en el Paraíso. La respuesta al amor solamente puede ser amor.
Ha facilitado a Su siervo la vuelta hacia Él y el camino hacia el amor por Él.
Es el único maestro de este mundo y del Más Allá.
Al final, el hombre entrará en la Presencia Más Sublime de Allah y no tendrá otro refugio ni otro protector que Él. ¡Y qué buen refugio y qué buen Protector es Allah, el Señor de los Mundos!
Además de todos estos favores, Allah ha hecho que seamos de la comunidad del Profeta Muhammad (s.a.v.)[1], a quien ama grandemente, y nos ha dado el libro más perfecto –el Noble Qur’an. Nuestra deuda, pues, con Allah es infinita. Es nuestra obligación, como siervos Suyos dirigir nuestro amor hacia Él.
El amor, sin duda alguna, se manifestará de diferente manera en cada uno de los amantes de Allah. Así, Rumi se convirtió en la fuente de significados y sabiduría que fluían de sus labios como perlas de gran valor desde el profundo océano de su discurso y del amor que ardía en su pecho. Hallay Manssur fue favorecido con la reunión Divina en la eternidad y su aniquilación en el Amado. Durante años Bahauddin Naqshibend se ocupaba de los animales heridos, de la limpieza de las calles y de cuidar a los enfermos cuyo estado ahuyentaba a los demás. De esta manera se dedicó por entero al servicio de Allah y se convirtió en un océano de Su conocimiento y un medio a disposición de Su poder.
Sus métodos eran diferentes pero la calidad de sus corazones era la misma –estaban llenos de amor y pasión por Allah. Allah Todopoderoso envía a Sus siervos justos a toda la humanidad. Cada uno de ellos es objeto de diferentes manifestaciones, pero todos ellos son como flores exóticas adornadas con el conocimiento y el amor por Allah.
El creyente que ama a Allah debe ser consciente de que de hecho no posee nada. El amor necesita de sacrificio y por eso no compagina con el apego. Es decir, el que ama debe estar dispuesto a sacrificarlo todo por el Amado. El amor estimula la tendencia natural del corazón a dar, tanto material como espiritualmente, cosa que ocurre según la intensidad del amor y puede tomar la forma de sacrificio tan extremo como es dar la vida por el amado.
Felices aquellos que ponen el amor por Allah y Su Mensajero (s.a.v.)por encima de todo lo demás, y no se dejan engañar por las flores artificiales de los jardines salvajes, llenos de hierba mala.
Escenas de virtud
Sin duda alguna el Profeta Muhammad (s.a.v.)es el modelo a seguir en cuanto al amor por Allah. Muy a menudo repetía la siguiente súplica del Profeta Daud (.a.s.):
‘Allahumma inni as’aluka hubbika wa hubba man yuhibbuka wa’l ‘ameleellezi yubellighunni hubbaka. Allahumma’j’al hubbaka ahabba ilayya min nafsii wa ahliy wa minal maa’il baarid’
“¡Oh Allah! Te pido Tu amor, el amor de todos los que Te aman, y los actos que me permitan alcanzar Tu amor. ¡Oh Allah! Haz que mi amor por Ti me sea más querido que yo mismo, mi familia, mi propiedad y el agua fresca.” (Tirmidhi, Deawat, 72/3490)
Otra de sus súplicas era:
“¡Oh Allah! Concédeme Tu amor y el amor de aquél cuyo amor consideres beneficioso. ¡Oh Allah! Que las bendiciones que me has otorgado y que amo tanto, me den fuerza para amarte y realizar los actos que sean de Tu agrado. ¡Oh Allah! Qué todo lo que Te he pedido, y no me ha sido concedido, sea para mí un medio de volverme hacia Ti en total obediencia y de ocupar mi mente con lo que Tú amas.” (Tirmidhi, Deawat, 73/3491)
Es de sobra conocido que el amante nunca deja de hablar del objeto de su amor ni de pensar en él. El Profeta (s.a.v.)recordaba a Allah en cada momento y Le suplicaba a cada paso que daba, reflexionaba sobre Sus atributos, sobre Su poder y Sus manifestaciones, así como sobre los favores que le había otorgado. Suplicaba cuando iba a algún sitio y cuando volvía de él, cuando se sentaba y cuando se levantaba, cuando empezaba hacer algo y cuando lo terminaba. Estas súplicas eran tan numerosas que les resultaba difícil a sus Compañeros memorizarlas todas, por eso le pidieron al Profeta (s.a.v.)que les ayudase, enseñándoles súplicas breves y concisas.
El siguiente relato nos enseña cómo podemos alcanzar el amor por nuestro Señor y merecer Su beneplácito:
Un día, los Compañeros le preguntaros al Mensajero de Allah (s.a.v.):
“Vemos a dos creyentes, uno en estado de reverencia profunda (jushu), y el otro carente de él. ¿Cuál es la razón de que haya esta diferencia?”
El Mensajero de Allah (s.a.v.)contestó:
“El creyente que ha probado el placer de la fe tendrá ese estado. El otro, no.”
“En ese caso, ¿cómo se puede alcanzar el placer de la fe?”
Contestó:
“Se puede alcanzar siendo leal en el amor por Allah.”
Entonces los Compañeros le preguntaron:
“¿Y cómo se puede tener amor por Allah?”
Contestó:
“Se obtiene por medio del amor al Mensajero de Allah. Por eso debéis buscar el placer de Allah y de Su Mensajero en el amor por Allah y Su Mensajero.” (Senderusi, Kashf-i Ilahi,II,651; Halebi, Mawsuatu al-Ahadiz, VI, 492/16010)
El Profeta (s.a.v.)pasó su vida entera amando y adorando a Allah el Más Elevado. Esperaba el momento de la reunión con su Señor con la saudade de quien añora su noche de bodas. Su esposa Aisha c[2] nos ha transmitido:
“En los últimos momentos de su vida, el Mensajero de Allah apoyaba su bendita cabeza en mi pecho, y yo estaba suplicando:
‘¡Señor de todos los mundos! Cura su enfermedad. Eres el verdadero médico y el único que cura.’
Y el Profeta estaba diciendo:
‘No. ¡Oh Allah! Reúneme con el Más Grande de los Amigos (refik’i a’la). ¡Oh Allah! Perdóname. Concédeme Tú misericordia. Reúneme con el Más Grande de los Amigos.’” (Ahmad, VI, 108, 231)
En otra narración, Aisha c dijo:
“Cuando estaba bien de salud, el Profeta (s.a.v.)solía decir:
‘Ningún Profeta abandonó esta vida sin haber visto su estación en el Más Allá. Entonces se le ofrecía la elección entre quedarse en este mundo o tomar su estación.’
Cuando enfermó y estaba a punto de morir, apoyó su cabeza sobre mi pecho y se desmayó. Cuando volvió en sí, miró al techo y dijo:
‘¡Oh Allah! El Más Grande de los Amigos.’
Entonces dije:
‘El Mensajero de Allah no nos prefiere a nosotros.’
Me di cuenta que sus palabras eran la señal de que lo que nos decía cuando se encontraba con buena salud se hacía ahora realidad.” (Bujari, Magazi, 84; Ahmad, VI, 89).
La siguiente conversación entre el Ángel de la Muerte y el Profeta (s.a.v.), que tuvo lugar en los últimos instantes de su vida, nos muestra aún más claramente hasta que punto amaba a Allah. El Ángel de la Muerte le pidió permiso para entrar. Se encontraba allí también Yibril u,[3] quien le dijo al Profeta (s.a.v.):
“¡Oh Ahmad! Es el Ángel de la Muerte. Está aquí y pide tu permiso para entrar. No se lo ha pedido a nadie hasta ahora, y no se lo pedirá a nadie después de ti. Déjale entrar.”
El Ángel de la Muerte entró y se puso al lado del Profeta (s.a.v.). Le dijo:
“¡Oh Mensajero de Allah! ¡Oh Ahmad! Allah el Más Elevado me ha enviado y me ha ordenado obedecerte en todo. Si me ordenas tomar tu vida, lo haré. Pero si me ordenas lo contrario, la mantendrás.”
“¿Lo harás de verdad?”
En ese momento Yibril u dijo:
“¡Oh Ahmad! Allah el Más Elevado te echa de menos.”
Entonces el Profeta (s.a.v.)dijo:
“Lo que está junto a Allah es mejor y más duradero. ¡Oh Ángel de la Muerte! Ven y haz lo que se te ha ordenado. Toma mi nafs.” (Ibn Sa’d, II, 259; Haisami, IX, 34-35; Balazuri, Ansabu al-Ashraf, Egipto 1959, I, 565)
Las vidas de los demás Profetas nos ofrecen asimismo muchos ejemplos del gran amor que sintieron por Allah. Mencionemos algunos de ellos:
Allah el Más Elevado le concedió a Ibrahim u rebaños de ovejas en gran abundancia. Una vez apareció allí Yibril u en forma de un ser humano y le preguntó:
“¿De quién son estos rebaños? ¿Me venderás uno?”
Ibrahim (r.a) contestó:
“Estos rebaños le pertenecen a mi Señor. Yo los tengo en depósito. Si mencionas a Allah una vez, puedes coger la tercera parte; si Le mencionas tres veces, puedes cogerlos todos.”
Yibril (r.a) mencionó a Allah tres veces de la siguiente manera:
“Subbuhun Quddusun Rabbunaa wa Rabbu’l malaaikati wa al ruhi.” (Nuestro Señor, y el Señor del Espíritu y de los nobles ángeles es libre de cualquier fallo, puro y por encima de cualquier deficiencia.)
Ibrahim (r.a) le dijo:
“Cógelos. Son tuyos.”
Le dijo Yibril (r.a):
“Soy un ángel, no un ser humano. No los puedo coger.”
Le respondió Ibrahim (r.a):
“Eres un ángel y yo soy el Amigo de Allah. No es propio que coja lo que he dado.”
Al final Ibrahim (r.a) vendió todos los rebaños. Compró propiedades y las donó a los pobres y los necesitados.
Ibrahim (r.a) fue puesto a prueba con su vida, su hijo y su propiedad. En cada instante mostró una gran sumisión y amor. Era la cima de la obediencia; era Jalil al-Allah –el Amigo de Allah.
La siguiente historia muestra el gran amor por Allah de uno de los Compañeros del Profeta Muhammad (s.a.v.):
El Mensajero de Allah (s.a.v.)le envió una vez como comandante de una expedición. Este Compañero dirigía la salah en comunidad y cada vez que lo hacía terminaba recitando del Qur’an la surah Ijlas. Cuando la expedición volvió a Medina, algunos de los Compañeros le comentaron este hecho al Mensajero de Allah (s.a.v.). Éste les dijo:
“Preguntadle por qué lo hacía.”
Cuando se lo preguntaron, les dijo:
“Esta surah es sobre los atributos del Más Misericordioso. Por eso la amo y la recito tanto.”
Cuando el Profeta (s.a.v.)tuvo noticia de sus palabras, dijo:
“Decidle que Allah también le ama a él.” (Bujari, Tawhid, I)
Mientras Ammar ibn Yasir caminaba por la orilla del Eufrates con la intención de unirse a una expedición, expresaba de la siguiente manera su amor por Allah:
“¡Oh Allah! Si supiera que ibas a estar más complacido conmigo si me tirase de aquella montaña, no dudaría en hacerlo. Si supiera que ibas a estar más complacido conmigo si me lanzase a las llamas, lo haría inmediatamente. ¡Oh Señor! Si supiera que ibas a estar más complacido conmigo si me lanzase al mar y me ahogase en él, ahora mismo me arrojaría a él. ¡Oh Allah! Voy a luchar solamente para ganarme Tu complacencia. Te pido que me protejas de todo mal. Te suplico solamente a Ti.” (Ibn Sa’d, III, 258)
Abdullah ibn Umar (r.a) era un Compañero muy destacado del Profeta Muhammad (s.a.v.). Era rico pero nunca acumulaba la riqueza sino que la distribuía entre los pobres y apartaba lo que iba a gastar en el camino de Allah. Liberaba a los esclavos con buena disposición, especialmente a los que solían hacer la salah. Uno de sus amigos le advirtió de que algunos de ellos venían a la mezquita no tanto por Allah sino con la esperanza de ser liberados. Abdullah (r.a) contestó de manera que refleja claramente cómo su amor por Allah llenaba su corazón:
“Estamos dispuestos a ser engañados por los que nos engañan utilizando a Allah.” (Ibn Asir, Usdu’l Gabe, III, 343)
Fudail ibn Iyadh era un hombre de conocimiento muy virtuoso que lloraba cuando se mencionaba el nombre de Allah. También fue un transmisor de ahadiz muy veraz. Se encontró una vez con Shi’vane Hatun, una mujer que había abandonado los placeres mundanos y se dedicaba a la adoración, llorando por amor y temor de Allah. Le dijo Fudail:
“Suplica por mí.”
Shi’vane le dio la siguiente respuesta:
“¡Oh Fudail! ¿Acaso tu cercanía con Allah no hace que tus súplicas sean contestadas y por eso me pides que suplique por ti?”
Al oír estas palabras Fudail perdió el control y rompió a llorar. (Ibn Yawzi, Sifatu as-Sahaba, IV, 56)
Antes de su ejecución, Hallay Mansur hizo la siguiente súplica que muestra el grado de amor que sentía por Allah:
“¡Oh Allah! Tus siervos se han reunido hoy para matarme debido a lo cerca que están de Ti y a su devoción por el din. Por favor, perdónales, ya que si les hubieses desvelado los secretos que me has desvelado a mí, tendrían de mí otra opinión. Si me hubieses velado las cosas que les has velado a ellos, no los hubiese podido desvelar, como hice. ¡Oh Señor! Perdónales, porque son el medio de mi unificación contigo.”
Nos han transmitido los que fueron testigos del estado espiritual de Hallay en el momento de su ejecución que sheytan vino y le dijo:
“Dijiste ‘ana’, yo, y yo dije ‘ana’, yo. ¿Cómo es posible que la misma palabra que ambos pronunciamos haya sido para ti una fuente de bendiciones y para mí la razón de estar maldito?”
Hallay respondió:
“Al decir ‘yo’, te declaraste superior a Adam y mostraste tu arrogancia. Cuando yo dije ana al-Haqq, me perdí en Allah. El orgullo que se afianza a sí mismo es la indicación del Fuego. Mientras que desprenderse de uno mismo y perderse en Allah es la expresión de la nada que somos. Por ello, para mí es la misericordia y para ti la perdición.”[4]
Se ha transmitido que Hallay le dijo a Ibrahim ibn Fatik cuando éste le visitó: “¡Oh hijo! Algunos piensan que he caído en kufur y otros que soy un creyente virtuoso. Los que me declaran hereje me son más queridos y son más queridos para Allah que los que dicen que son un bendito.”
Cuando le preguntaron por qué, respondió:
“Los que dicen que soy un bendito lo hacen debido a su buena opinión de mí, mientras que los que piensan que soy un kafir, lo dicen debido a su devoción por el din. El que muestra devoción por su din complace más a Allah que el que meramente tiene buena opinión.”
Rumi expresó, de esta bellísima manera, que el amor por Allah que ardía en su corazón, su aniquilación en Allah, fana fillah, su eternidad con Allah, baka billah, y el fuego de su corazón, ni su muerte podría extinguirlos:
“Después de mi muerte, abrid mi tumba y mirad el humo que se eleva de mi mortaja –es el fuego que arde dentro de mí. La muerte aterra a este cuerpo que es como una jaula. Una vez abierto con ‘amor’, como si fuera una ostra, veréis que la muerte se parece a una perla.”
Una de las características más importante de los amigos de Allah es su ardiente amor por Allah. Rumi buscaba a aquellos verdaderos amantes que pasaban la vida entera en el estado del amor Divino, estado que él expresó en las palabras que hemos citado. Habló de este deseo suyo de la siguiente manera:
“Estoy buscando a un amante que pueda incendiar el Día del Juicio con las llamas que lleva dentro, y convertir el fuego en las cenizas con el ardor de su corazón.”
Una vez le preguntaron a Maruf Karhi:
“¡Oh Maruf! ¿Qué es lo que te hace pasar tanto tiempo en estado de adoración?”
Maruf no decía nada. Su amigo insistió:
“¿Es porque te acuerdas de la muerte?”
Esta vez, Maruf contestó:
“¿A qué te refieres cuando dices ‘la muerte’?”
“Me refiero a pensar en la tumba y en la esfera intermedia.”
“¿A qué llamas ‘la tumba’?
Su amigo continuó:
“Al temor al Fuego del Infierno o a la esperanza del Paraíso.”
Entonces Maruf contestó lo siguiente:
“¿Qué son todas estas cosas? Allah Todopoderoso, Quien sostiene en Su mano a todas ellas, es Señor tan Exaltado que si tuvieras verdaderamente amor profundo y ardor por Él, te olvidarías de todo eso que has mencionado.” (Babanzade Ahmad Naim, “Islam Ahlakinin Esaslari, Estambul,” 1963, p. 66)
El siguiente relato referente a Maynun invita a reflexionar sobre el estado de los que alcanzaron un constante amor por Allah:
“Un día Maynun cayó enfermo a causa de su separación con Laila. Vino el medico y le dijo:
‘La única solución es la sangría.’
Tomó el bisturí y cuando se disponía a hacer el corte, Maynun exclamó:
‘¡No, doctor! Tome sus honorarios y váyase. Si me muero, ¿qué importa? ¿Qué importa la pérdida de este cuerpo desgastado?’
El médico, asombrado, le preguntó:
‘No tienes miedo a los leones del desierto y, sin embargo, te aterra el bisturí.’
Contestó Maynun:
‘No temo al bisturí. Todo el mundo sabe que mi aguante es más firme que una roca. No temo a nada y no tengo nada en este mundo. Si mi cuerpo no tuviera la oportunidad de sentir el dolor, no descansaría. Las heridas son cura para mi amor; por ello, iría corriendo para que me hiriesen. Pero mi cuerpo está lleno de Laila; dentro de mí no hay nada más. Este cuerpo mío, que es como la madre perla, contiene dentro todas las características de esa perla. Entonces, oh doctor, temo que si me hace una sangría con su bisturí, le haga daño a Laila, porque los siervos especiales de Allah saben que no hay diferencia entre Laila y yo.’”
Años más tarde Laila y Maynun se encontraron, pero Maynun no le hizo el menor caso. Le dijo Laila:
‘¿No fue por mí por quien te fuiste al desierto?’
Le contestó Maynun:
‘La sombra relativa llamada Laila se ha desvanecido y ha desaparecido.’”
Hubo un tiempo en el que Laila lo fue todo en la vida de Maynun, pero de hecho era solamente un etapa en su viaje hacia el amor Divino. Una vez que encontró su lugar en la esfera del amor Divino y la verdad de lo que había estado buscando, el papel de Laila en su vida dejó de existir. Laila, a la que el Mathnawi menciona en sus historias, es el símbolo de la pasión que se transforma en el amor Divino, y de una persona que llega a perderse en Allah. En otras palabras, Laila es el amor que hace que el corazón enloquezca y se destruya la voluntad. Por ello, si el amor que empieza con Laila encuentra paz en Allah, se convierte en algo realmente valioso.
Maynun fue al desierto por Laila y por su pasión por ella. Una vez acarició y besó los ojos de un perro que parecía enfermo. Alguien que lo vio, le dijo disgustado:
“¡Oh Maynun insensato! ¿Qué locura es esa? ¿Por qué abrazas y besas a ese animal?”
Maynun contestó:
“No eres más que una apariencia. Eres una forma y un cuerpo, desde la cabeza hasta los pies, ¿cómo puedes entender lo que hago? Entra dentro, mira adentro; es decir, ahonda en la esfera de mi espíritu y míralo con mis ojos. ¿Conoces la virtud de este perro? Hay un secreto Divino en él que tú no has alcanzado a distinguir. Allah ha escondido dentro de su corazón el tesoro del amor y de la lealtad que siente por su dueño. Mira, de todos lo pueblos, ha elegido el pueblo de Laila para establecer su hogar, y se ha convertido en el guarda de este pueblo. No lo subestimes. Mira su celo. Es el Kitmir bendito de mi corazón.[5] Es el compañero de mi felicidad y de mi aflicción. No cambiaría uno pelo suyo por un león. Fíjate en su corazón, en su espíritu, en su perspicacia –para que puedas darte cuenta de su virtud. Incluso la tierra que pisa me es querida porque ha elegido el pueblo de Laila para vivir.”
Un corazón que arde por amor a Allah ama a todas Sus criaturas. Todo lo que le recuerda a Allah representa para él, según el grado de aproximación que tenga, una joya preciosa.
Uno de los amigos de Allah ha relatado la siguiente historia –el fruto del amor por Allah:
“Caminaba por una tierra desolada y vasta cuando vi a un pastor en medio de un extrañísimo escenario. Estaba haciendo la salah, profundamente respetuoso, mientras los lobos cuidaban de sus ovejas. Estaba asombrado. Esperé, y cuando hubo terminado le pregunté:
‘¡Oh pastor! ¿Cómo es posible que los lobos no muestren ninguna animosidad, ni se muestran agresivos, y que estén tan llenos de paz y amor?’
El pastor, con la cara radiante que reflejaba sus postraciones ante Allah, contestó:
‘¡Oh viajero! El misterio de la amistad entre esos lobos y las ovejas está en su verdadero dueño, y también en el dueño de los pastores. Es el misterio del amor.’”
El amante sacrifica todo por su amado. El siguiente suceso relatado por Molla Yami es un ejemplo de ello:
“Había una vez un hombre joven en el círculo de nuestro Maestro, Mawlana Sadeddin Kashgari, que era siempre el primero en la práctica del ascetismo, de la reclusión y del amor por Allah. Pero, al igual que yo, se quedó prendado de una mujer y en un desafortunado instante, trasladó el tesoro que llevaba acumulado en su corazón hacia ella. Compró una valiosa joya, de oro y diamantes, la colocó en el camino que sabía que tomaría su amor, y se escondió con la intención de vigilar para que nadie más la tocase. Se imaginaba que la mujer que amaba pasaría por allí, vería el regalo y lo cogería, sin saber quien se lo había ofrecido. Cuando me enteré de ello le dije:
‘¡Qué cosa tan extraña! Pones esa joya, que tanto esfuerzo te ha costado conseguir, en su camino. Pero incluso si pasa por allí, la ve y la coge, nunca sabrá de quién es ni por qué se la ha regalado. Al menos, haz algo para que sepa que es de tu parte.’
El joven, con lágrimas en los ojos, contestó:
‘¡Pero qué dices! ¿Acaso piensas que no sé que lo que voy a hacer es una insensatez? No espero nada a cambio. No quiero que sienta ninguna obligación hacia mí por ese regalo.’
Me estremeció su respuesta. Si un amor común hacia un ser humano es capaz de tal profundidad, delicadeza y altruismo, entonces qué experiencias más extraordinarias tendrán los que hayan alcanzado ‘el amor por Su Esencia’.”
El Profeta Muhammad (s.a.v.)dijo:
“Allah es bello y ama la belleza.” (Muslim, Iman, 147)
Por lo tanto, Allah, que es el Poseedor de toda la belleza que vemos a nuestro alrededor, también es la fuente del amor verdadero. Él es al-Wadud.[6] Este nombre sagrado significa ‘el que ama mucho’ y también ‘el que es amado mucho’[7] Por esa razón es obligación del creyente ser la puerta de la misericordia que impregna los corazones con el amor Divino. Si el creyente no sitúa el amor que siente por su Señor, muhabbetullah, por encima de todo lo que no sea Allah, al que ama y al que se siente unido, entonces no se puede decir que haya alcanzado completamente sirat al-mustaqim –el Camino Recto.
Allah Todopoderoso ha dicho en el Qur’an:
“Hay hombres que suplen a Allah con otros a los que aman como se ama a Allah; pero el amor por Allah de los que creen es más fuerte.” (Al-Baqarah, 2:165)
Que este estado es crucial para el creyente, queda claro en esta otra ayah:
“Di: Si vuestros padres, hijos, hermanos, esposas, vuestro clan familiar, los bienes que habéis obtenido, el negocio cuya falta de beneficio teméis, las moradas que os satisfacen, os son más queridos que Allah, Su Mensajero y el yihad en Su camino… esperad hasta que Allah llegue con Su orden. Allah no guía a gente descarriada.” (Al-Tawba, 9:24)
Para llegar a este nivel de muhabbetullah, el amor por Allah, es necesario reconocer a Allah en el corazón, es decir, ser objeto de las manifestaciones de Su asma al-husna –Sus Nombres Más Bellos. El recuerdo de Allah, dhikr, es un medio de avanzar hacia muhabbetullah, pero la intensidad de este avance será proporcional a la calidad del dhikr, es decir al grado en el que lo sienta el corazón.
El Profeta Muhammad (s.a.v.)dijo:
“La señal de que alguien ama a Allah es que ama el dhikr.” (Suyuti, II, 52)
Para progresar en la dirección de muhabbetullah es importante que el corazón esté preparado y sea digno de recibirla. Esto se puede conseguir por medio del amor hacia lo humano, ya que actúa como preparación del corazón y es útil mientras se mantiene dentro de los límites. Por ello se llama ‘el amor metafórico’, como es el caso del amor hacia la familia.
Progresar en este camino y alcanzar el nivel de muhabbetullah equivale, como nos lo enseña Islam, a cumplir con el objetivo de la creación del ser humano y a ganarse la complacencia de Allah, es decir ser wasil ilallah –un medio de Allah; y el factor más importante aquí es el amor. Los demás actos son manifestaciones de este amor.
El creyente que alcanza marifetullah y muhabbetullah se aleja del mal que le susurra su propio nafs y de las maquinaciones del sheytan, deseando solamente complacer a Allah. Las páginas del libro del universo se abrirán ante él y tendrá amistad con toda la creación; es decir, adquirirá la habilidad de ver la creación con los ‘ojos’ del Creador, observando con discernimiento la sabiduría Divina y el flujo de los secretos a través del universo. Después de haber realizado, con máxima atención, las obligaciones del siervo de Allah que Él ha establecido, intentará aumentar los actos de adoración con los supererogatorios por la necesidad que nace del amor y del ardor del corazón; los realizará de manera perfecta, con gran reverencia y dedicación. Abandonará, asimismo, los placeres mundanos y encontrará en ello el secreto del verdadero placer de la fe.
b. El amor por el Mensajero de Allah (s.a.v.)
Qué Allah conceda al Maestro de ambos mundos, Muhammad Mustafa (s.a.v.), la paz y Sus bendiciones.
Qué Allah conceda al Mensajero para los hombres y los yin (s.a.v.)la paz y Sus bendiciones.
Qué Allah conceda al Guía de las dos ciudades sagradas, Muhammad Mustafa (s.a.v.), la paz y Sus bendiciones.
Qué Allah conceda al abuelo de Hasan y Husein, Muhammad Mustafa (s.a.v.)la paz y Sus bendiciones.
Los estados del amor humano pueden alcanzar su cima en el amor por el Mensajero de Allah (s.a.v.). Ningún otro hombre es más digno que él de tal amor. Es así porque:
-La existencia de toda la creación se debe al amor de Allah el Más Elevado por el Profeta (s.a.v.).
-El Mensajero de Allah (s.a.v.)es un medio tanto para los seres humanos como para los yin para llegar a la verdad y, de esta manera, salvarse del dolor eterno del Más Allá.
-A través del corazón puro del Profeta (s.a.v.)Allah el Más Elevado ha transmitido las bendiciones del Qur’an y del Islam a Sus siervos.
-Por el bien de su comunidad el Profeta (s.a.v.)sufrió aflicciones y pruebas a las que ningún otro ser humano había sido expuesto antes de él.
-Sintió una profunda compasión por los creyentes; fue un océano de bondad. Se preocupaba profundamente por su comunidad y sufría cuando su comunidad sufría cualquier contratiempo.
-Fue un modelo de siervo.
-Allah el Más Elevado juró por su vida, le ‘amruka –juro por tu vida, caso único entre los Profetas. De esta manera llamó la atención de la comunidad musulmana al excelente ejemplo que fue su vida.
-Allah el Más Elevado hizo de la obediencia a su Noble Amado condición para Su propio amor y perdón. Dice en el Qur’an:
“Di: Si amáis a Allah, seguidme, que Allah os amará y perdonará vuestras faltas. Allah es Perdonador y Compasivo.” (Al-Imran, 3:31)
-El amor por el Mensajero de Allah (s.a.v.)es un medio de salvación del castigo Divino. Allah Todopoderoso ha dicho:
“Pero Allah no los castigaría mientras que tú estuvieras entre ellos ni tampoco tendría por qué castigarlos mientras pidieran perdón.” (Al-Anfal, 8:33)
-Y lo más importante de todo, Allah Todopoderoso le ama y le otorga el favor de llamarle habibullah, ‘Mi amado’. Qué gran honor, entonces, es poder amar al Amado de Allah. Debemos grabar en nuestros corazones este nombre sutil del hombre sin par. Debemos mandarle nuestros saludos y bendiciones para que nuestros corazones se merezcan recibir su extraordinario valor. No obstante, hay que tener en cuenta que nuestro objetivo final no es el amor por el Profeta en sí mismo. El único Ser hacia el que el hombre debe dirigir su amor es Allah el Más Elevado –el Creador de todo, y el amor por Su Profeta (s.a.v.)es el medio más importante que tenemos para guiarnos hacia el conocimiento y el amor por Él.
Escenas de virtud
Los Compañeros sentían una gran devoción por el Mensajero de Allah (s.a.v.), y le prestaban una profunda atención que surgía de su amor por él. Le obedecían en todo, incluso en las indicaciones más insignificantes, diciendo la frase que se utilizaba cuando uno quería mostrarle a alguien su absoluto respeto: “Qué mi madre, mi padre, mi propiedad y mi vida sean tu rescate, oh Mensajero de Allah.” El mero hecho de tocar su piel les causaba una gran satisfacción:
“Mirad, con estas dos manos mías hice el pacto con el Mensajero de Allah.” (Ibn Sa’d, IV, 306; Haisami, VIII, 42)
Veamos el ejemplo de Abu Asm As-Shami:
Vino al Noble Profeta (s.a.v.)como un enviado. Había aprendido los principios del Islam y los iba a transmitir ahora a su tribu. Para ratificarlo, estrechó la mano del Profeta (s.a.v.), y se debió de sentir tan conmovido que se prometió a sí mismo no estrechar la mano de nadie más en su vida. Y así lo hizo. (Ibn Hayar, Al-Isabe, IV, 7)
El grado del amor por el Mensajero de Allah (s.a.v.)fue tan grande que las mujeres solían recriminar a sus hijos si pasaban mucho tiempo sin estar en su compañía. La madre de Huzaifa (r.a) se enfadó mucho con él por haber pasado un largo periodo sin visitarle al Profeta (s.a.v.). Huzaifa nos transmitió lo siguiente:
“Un día mi madre me preguntó:
‘¿Cuándo fue la última vez que viste al Profeta?’
‘No le he visto desde hace unos cuantos días.’
Mi madre se enfadó muchísimo conmigo y me recriminó una y otra vez. Le dije:
‘Querida madre, no te enfades. Iré directamente a verle ahora mismo, haré la salah de ‘isha con él, y le pediré que suplique perdón por mí y por ti.’” (Tirmidhi, Manakib, 378; Ahmad, V, 391-2)
Yabala, el hermano de Zaid ibn Hariz, habló así de la devoción de los Compañeros hacia el Profeta (s.a.v.):
“Fui a ver al Profeta y le dije:
‘Oh Mensajero de Allah, deja que mi hermano Zaid se venga conmigo.’[8]
Él me respondió:
‘Aquí está tu hermano. Si quiere volver contigo, no se lo prohibiré.’
No obstante, Zaid no quiso y dijo: ‘Oh Mensajero de Allah, no pondría a nadie por encima de ti.’
Más tarde supe que su actitud era más correcta que la mía.” (Tirmidhi, Manakib, 39/3815)
Después del pacto de Aqaba, Mus’ab, que era un jefe de tribu, visitó la casa del Mensajero de Allah (s.a.v.)antes de ir a la suya. Trajo la noticia de que mucha gente de Medina estaba aceptando el Islam. El Mensajero de Allah (s.a.v.)se puso muy contento al oírlo.
Cuando la madre de Mus’ab, que era pagana todavía, se enteró de que su hijo había visitado primero al Profeta (s.a.v.), se enfadó enormemente. Mus’ab le dijo:
“No iría a nadie antes que al Profeta. Mientras esté vivo, no daré a nadie la prioridad sobre él.”
Después de pedirle permiso al Profeta (s.a.v.), fue a ver a su madre y la invitó al Islam. (Ibn Sa’d, III, 119)
Mientras Abu Bakr (r.a) y el Profeta (s.a.v.)se dirigían a la cueva Thaur, durante su emigración a Medina, su Compañero a veces iba delante del Profeta (s.a.v.)y a veces detrás de él. El Mensajero de Allah (s.a.v.)le preguntó:
“Oh Abu Bakr, ¿por qué lo haces?”
“Oh Mensajero de Allah, cuando pienso que tus enemigos te puedan atacar de frente, me pongo delante; y cuando pienso que pueden atacarte por detrás, me pongo detrás tuya.”
Cuando alcanzaron la cueva, Abu Bakr (r.a) dijo:
“¡Oh Mensajero de Allah! Espera aquí mientras yo limpio la cueva.”
Entró en la cueva y empezó a limpiarla. Tocaba las paredes con las manos para ver donde había agujeros. Siempre cuando encontraba uno, lo tapaba con un trozo de tela que rasgaba de su túnica. Finalmente, cuando ya no le quedaba tela, vio un agujero más. Lo cerró con su talón, y dijo (s.a.v.):
“Puedes entrar, oh Mensajero de Allah.”
Por la mañana, el Mensajero de Allah vio que Abu Bakr (r.a) no llevaba nada en la parte superior del cuerpo, y le preguntó asombrado:
“¿Dónde están tus ropas, oh Abu Bakr?”
Le dijo lo que había pasado la noche anterior y el Profeta (s.a.v.), conmovido por la actitud de su Compañero, elevó los brazos y suplicó por él.[9]
Cuando los Quraish de Mekka, que les estaban persiguiendo, alcanzaron la entrada de la cueva, Abu Bakr as-Siddiq estaba nervioso y le dijo al Mensajero de Allah (s.a.v.):
“Si me matan, no tiene ninguna importancia ya que sólo me atañe a mí. Pero si algo te pasase a ti, toda la comunidad quedaría afectada.”
El Profeta (s.a.v.)ofrecía la salah, mientras Abu Bakr (r.a) vigilaba. Dijo:
“Los de Mekka te están buscando. Por Allah que no me preocupo por mí, pero temo que te hagan daño a ti.”
El Noble Profeta (s.a.v.)entonces le dijo:
“¡Oh Abu Bakr! No te preocupes. Es cierto que Allah está con nosotros.” (Ibn Kathir, al-Bidaya, III, 223-4; Diyarbekri, Tarihu’ al-hamis, Beirut ts., I, 328-0)
Mientras estaban en la cueva, el Mensajero de Allah (s.a.v.)apoyó su cabeza en la rodilla de Abu Bakr (r.a) y se durmió. Abu Bakr (r.a) tapaba con su talón el agujero que había quedado abierto. Tenía razón cuando temía que algún daño pudiera acaecerles por el hecho de estar allí, ya que fue mordido por una culebra que intentaba entrar en la cueva. A pesar del dolor no se movió para no despertar al Mensajero de Allah (s.a.v.). No pudo evitar, sin embargo, que algunas lágrimas cayesen de sus ojos y humedeciesen la cara del Profeta (s.a.v.). Éste se despertó y preguntó:
“¿Qué ocurre, oh Abu Bakr? ¿Qué ha pasado?”
Su Compañero le aseguraba que no era nada importante, pero ante la insistencia del Profeta (s.a.v.)no tuvo otro remedio que contarle lo sucedido:
“Qué mi padre y mi madre sean tu rescate, oh Mensajero de Allah. Una culebra me ha mordido.”
El Mensajero de Allah (s.a.v.)escupió un poco de saliva sobre el lugar afectado y el efecto del mordisco desapareció como si nunca hubiese existido y, con él, el dolor. Años más tarde, después del fallecimiento del Mensajero de Allah (s.a.v.), el veneno se activó y fue la causa de la muerte de Abu Bakr (r.a). Murió mártir defendiendo la vida de su amado Compañero. (Baihaki, Dalail an-Nubuwwa wa Ma’rifeti Ahwali Sahibi as-Shariyya, ta’lik:Abdulmu’ti Kal’aci, Beirut, 1985, II, 477; IbnKathir, al-Bidaya, III, 223)
Cuando Umar (r.a) oyó una vez que alguien estaba diciendo que él era superior a Abu Bakr (r.a) como Califa, dijo:
“Por Allah, solamente esa noche en la vida de Abu Bakr es superior a toda la dinastía de Umar. Cuando el Mensajero de Allah (s.a.v.)salió de su casa y se dirigió a la cueva, fue Abu Bakr quien estaba con él.” (Hakim, III, 7/4268)
Bara relata cómo deseaba su padre escuchar cualquier relato sobre el Mensajero de Allah (s.a.v.):
“Abu Bakr al-Siddiq compró una silla de montar a mi padre por tres dirhams y le dijo:
‘Dile a Bara que la lleve a mi casa.’
Mi padre le dijo:
‘Primero, dinos cómo el Mensajero de Allah (s.a.v.)emigró de Mekka a Medina.’
Entonces Abu Bakr relató el viaje de los dos con todo detalle.” (Bujari, Ashabu an-Nabi, 2; Ahmad, 1,2)
Cuando el ejército musulmán había tomado posiciones en Badr, Sa’d ibn Muadh pronunció el siguiente discurso que refleja su amor por el Mensajero de Allah (s.a.v.)y su atención a cualquier orden que viniera de él:
“¡Oh Mensajero de Allah! Deja que hagamos para ti sombra y que tus animales pasten cerca de ti. Después lucharemos. Si Allah nos da la victoria, ¡qué hermoso será! Si ocurre lo contrario, entonces podrás montar y volver a nuestros hermanos. ¡Oh Profeta de Allah! Ellos te aman lo mismo que nosotros. Si hubiesen sabido que se iba a librar esta batalla, no se habrían quedado atrás. Allah te protegerá por medio de ellos; lucharán en tu camino.”
El Profeta (s.a.v.)alabó a Sa’d y suplicó por él. Sa’d tomó su espada y montó guardia a la entrada del puesto con sombra que le habían preparado al Profeta (s.a.v.).
Abdurrahman ibn Auf (r.a) relata el siguiente suceso que muestra que los Compañeros, tanto los jóvenes como los mayores, amaban al Profeta (s.a.v.)profundamente:
“El día de la batalla de Badr miré a mi izquierda y a mi derecha. Vi que estaba detrás de dos jóvenes de los Ansar. No me agradó aquella situación ya que me hubiera gustado estar entre gente más experimentada. Uno de ellos me preguntó, tomando la precaución de que no le oyese su compañero:
‘¡Oh tío! ¿Reconocerías a Abu Yahl si le vieses?’
Le contesté:
‘Sí. ¿Y qué harías con él?’
El joven dijo:
‘Por lo que he oído maldijo al Mensajero de Allah. Juro por Allah que tiene poder sobre toda mi existencia que si le viese, no le dejaría hasta que uno de los dos cayese muerto.’
Sus palabras me asombraron. El otro joven dijo lo mismo. Entonces me sentí feliz de estar entre ellos dos. Unos momentos más tarde vi a Abu Yahl en el campo de batalla, y les dije:
‘Mirad, allí está la persona por la que estabais preguntando.’
Estos dos jóvenes inmediatamente fueron corriendo hacia él, y le apuñalaron con sus espadas. Eran Muadh ibn Afra y Muadh ibn Amr.” (Bujari, Megazi, 10; Muslim, Yihad, 42)
El Mensajero de Allah (s.a.v.)quedó herido en la batalla de Uhud. Dijo:
“Allah el Más Elevado está muy enojado con la tribu que ha herido el rostro de Su Mensajero.”
Sa’d bin Abi Waqqas dijo:
“Por Allah, cuando oí estas palabras sentí un gran deseo de matar al que le había herido, un deseo tan grande como nunca antes había sentido. Resultó que fue mi hermano, Utba ibn Abi Waqqas.”
Aquél día Sa’d, conmovido por el amor que sentía por el Mensajero de Allah (s.a.v.), buscaba entre las filas enemigas a su hermano e hizo grandes esfuerzos para matarle, pero cada vez que lo intentaba el Mensajero de Allah (s.a.v.)se lo impedía.
Talha ibn Ubeidullah (r.a) ha relatado:“Cuando los Compañeros se dispersaron en la batalla de Uhud, los paganos reforzaron su ataque y rodearon al Mensajero de Allah por todos los lados. No sabía cómo defenderle, ni desde qué posición –si desde el frente o desde detrás, desde la derecha o desde la izquierda. Levanté mi espada y arremetí contra ellos, una vez desde el frente, y otra desde detrás hasta que finalmente se dispersaron.” (Wakidi, I, 254)
En otro momento de la misma batalla, uno de los mejores arqueros del ejército enemigo, Malik ibn Zuhair, apuntó al Mensajero de Allah (s.a.v.). Talha ibn Ubeidullah (r.a) se dio cuenta de la situación, extendió su mano hacia la flecha y quedó herido en los dedos. (Ibn Sa’d, III, 217)
Algunos Compañeros de los Ansar y los Muhayirun rodearon al Mensajero de Allah (s.a.v.), al que amaban más que a sus vidas, y juraron morir martirizados por él:
“Qué mi cara sea protección para la tuya, y mi cuerpo para tu cuerpo. Qué Allah te de siempre la paz. Nunca te abandonaremos, oh Mensajero de Allah.”
Y lucharon hasta el final. (Ibn Sa’d, II, 46; Wakidi, I, 240)
Abu Talha (r.a) era un gran arquero. El día de la batalla de Uhud rompió dos o tres de sus arcos. El Mensajero de Allah (s.a.v.)decía a todos los que pasaban cerca con la aljaba llena de flechas: “Dejadlas al lado de Abu Talha.”
El Profeta (s.a.v.)asomaba la cabeza para ver a las fuerzas paganas desde detrás de él. Entonces Abu Talha le dijo:
“¡Oh Mensajero de Allah! Qué mi padre y mi madre sean tu rescate. No levantes la cabeza; te podría alcanzar alguna flecha. Deja que yo sea tu escudo y que lo que apuntan contra ti, me llegue a mí.” (Bujari, Megazi, 18)
Qatada ibn Numan (r.a) se situaba delante del Profeta (s.a.v.)para protegerle y disparaba flechas hasta que su arco se dobló. Al final le alcanzó una flecha que le dio en el ojo; éste saltó fuera y cayó a la mejilla. Cuando el Mensajero de Allah (s.a.v.)vio su estado, sus ojos se llenaros de lágrimas. Tomó el ojo de Qatada en su mano y lo colocó en la cuenca. Más tarde, este ojo era más bello que el otro y Qatada veía mejor con él.
Umm Umara c participó en la batalla de Uhud y, armada con su arco, tomó parte activa en la protección del Profeta (s.a.v.).
A la vuelta a Medina después de la batalla, el Profeta (s.a.v.)dijo:
“Durante la batalla, siempre cuando miraba a mi alrededor, veía a Umm Umara luchando a mi lado.” (Ibn Hayar, Al-Isaba, IV, 479)
En varias ocasiones más, el Profeta (s.a.v.)le felicitó por esa misma actitud. También suplicó por ella. Una vez le dijo Umm Umara:
“Oh Mensajero de Allah, suplica para que pueda ser tu vecina en el Paraíso.”
Entonces dijo:
“¡Oh Allah! Haz de ella mi vecina y amiga en el Paraíso.”
Después, Umm Umara dijo:
“Cualquier desgracia que me ocurra a partir de ahora en este mundo, no tiene importancia.” (Wakidi, I, 273; Ibn Sa’d, VIII, 415)
Durante la batalla de Uhud un grupo de creyentes oyó el rumor de que el Profeta (s.a.v.)había sido martirizado. Aquello produjo en ellos una gran confusión y desesperación. Anas ibn Nadr (r.a) les gritó:
“¿Qué importancia tiene si vosotros estáis vivos? Luchad como él y morid como los mártires.”
Y se lanzó hacia los enemigos, y luchó hasta que cayó muerto, después de haber recibido más de ochenta heridas. (Ahmad, III, 253; Ibn Hisham, III, 31)
Cuando la batalla hubo terminado, el Profeta (s.a.v.)envió a uno de sus Compañeros para buscar a Sa’d ibn Rabi y averiguar si estaba vivo o muerto. Todos sus esfuerzos por encontrarle resultaron vanos. Como último recurso, llamó en la dirección donde estaban los heridos y martirizados:
“¡Oh Sa’d! ¡Me ha enviado el Mensajero de Allah para ver si estas entre los vivos o entre los muertos!”
En ese momento Sa’d estaba expirando su último aliento, y no tenía fuerzas para contestarle. No obstante, al oír que el Profeta (s.a.v.)estaba preocupado por él, reunió las últimas fuerzas que le quedaban y logró decir:
“Estoy entre los muertos.”
Estaba claro que se estaba muriendo. El Compañero fue hacia él. Estaba tendido en el suelo, su cuerpo prácticamente destrozado por las heridas. El Compañero que le estaba buscando logró oír las palabras que mostraban el amor sin límite de Sa’d por el Profeta (s.a.v.):
“Por Allah, teníais que haber luchado mientras los ojos fueran capaces de ver, pero habéis fallado en proteger al Profeta (s.a.v.), y no tendréis cómo excusaros ante Allah.” (Muwatta, Yihad, 41; Hakim, III, 221/4906; Ibn Hisham, III, 47)
Las mujeres de Medina salieron de la ciudad con la esperanza de obtener algunas noticias de la batalla, entre ellas Aisha c. Cuando llegó al lugar llamado Harra, se encontró con Hind bint Amr, una virtuosa mujer. Hind había cargado los cuerpos sin vida de su marido, Amr ibn Yamih, su hijo Hallad, y su hermano Abdullah, en el camello y se dirigía hacia la ciudad. Aisha le preguntó:
“¿Qué noticias hay?”
Hind le dio la siguiente respuesta:
“¡Buenas noticias! El Profeta está vivo. Mientras él esté vivo, lo demás no cuenta.” (Wakidi, I, 265; Ibn Hayar, Fath al-Bari, Daral Fikr, ts., III, 216; Ibn Abdiller, al-Istiab, Cairo, ts., III, 1168)
Una escena más de Uhud:
El día de la batalla de Uhud Medina estaba agitada por la noticia de que el Profeta (s.a.v.)había muerto. Por todas partes se oían lamentos y gritos. Sumaira Atún, de los Ansar, recibió la noticia de que sus dos hijos, su padre, su marido y su hermano habían sido martirizados, pero no se desesperó sino que estaba ansiosa por esa otra noticia. Seguía preguntando sin cesar:
“¿Qué le ha pasado al Mensajero de Allah?”
Finalmente, los Compañeros le dieron la siguiente noticia:
“Alabado sea Allah, está bien. Está vivo, no te preocupes.”
Sumaira dijo:
“No me quedaré tranquila hasta que no le vea.”
Cuando le vio, se dirigió hacia él inmediatamente y sosteniendo el borde de su túnica, dijo:
“Qué mi madre y mi padre sean tu rescate, oh Mensajero de Allah. Mientras estés vivo, nada más importa.” (Wakidi, I, 292; Haisami, VI, 115)
Tal fue el amor que sentían por el Mensajero de Allah (s.a.v.)estos creyentes, dispuestos a sacrificarlo todo por él, y que, por la fuerza de este amor, se convirtieron en ejemplos excepcionales de virtud.
Un día el Mensajero de Allah (s.a.v.)fue a visitar a los caídos en la batalla de Uhud. Indicando sus tumbas, dijo:
“Soy testigo de su fe y de su lealtad.”
Abu Bakr (r.a) dijo:
“¡Oh Mensajero de Allah! ¿Acaso no somos sus hermanos? Tal como ellos, nosotros también hemos aceptado Islam. Tal como ellos, nosotros también hemos participado en el yihad.”
El Profeta (s.a.v.)contestó:
“Lo que dices es verdad, pero no sé que innovaciones vais a introducir cuando yo me vaya.”
Abu Bakr (s.a.v.), que no podía ni pensar en una posible separación, sintió una gran angustia ante esa eventualidad y le preguntó:
“¿Quieres decir que estaré vivo después de que te hayas ido, oh Mensajero de Allah?” (Muwatta, Yihad, 32)
El Mensajero de Allah (s.a.v.)solía enviar a las tribus de los alrededores instructores que les enseñaban los principios del Islam. Las tribus de los Adal y los Kare le hicieron saber que necesitaban instructores y partió hacia ellos un grupo de diez personas. En el camino fueron objeto de una emboscada. Ocho fueron capturados vivos. Más tarde Zaid ibn Dasina y Jubaib fueron entregados a los politeístas de Mekka, quienes los mataron. Antes de morir, Abu Sufian le preguntó a Jubaib (r.a):
“¿No te gustaría que Muhammad estuviera en tu lugar para que pudieras irte con tu familia?”
Jubaib le miró con despreció y le contestó:
“No te preocupes por mi familia. En cuanto al Profeta –no permitiría que para librarme le hiciera daño una espina.”
Abu Sufian, sumamente asombrado, dijo:
“¡Es increíble! Nunca he visto a nadie amar a una persona tanto como los Compañeros de Muhammad le aman a él.” (Wakidi, I, 360; Ibn Sa’d, II, 56)
Antes de morir Jubaib (r.a) deseaba ardientemente poder enviarle al Profeta (s.a.v.)el saludo de paz. Pero, ¿cómo hacerlo? Miró al cielo y suplicó:
“¡Oh Allah! No hay nadie aquí que pueda llevarle mis saludos de paz al Mensajero, así que Te ruego que lo hagas Tú.”
En este momento el Mensajero de Allah estaba sentado con sus Compañeros en Medina, y de repente dijo: ‘wa alaihi salam’ (y paz sobre él). Al oírlo sus Compañeros preguntaron sorprendidos:
“¡Oh Mensajero de Allah! ¿A quién le respondes?”
“Respondo al saludo de paz de mi hermano Jubab. Me lo trajo Yibril.”
El amor de los Compañeros por el Profeta (s.a.v.)fue tan grande que a veces no lograban reconciliarse con la idea de compartirlo entre todos ellos. Ka’b ibn Uyra (r.a) ha relatado el siguiente suceso:
“Un día estábamos sentados en la mezquita –se habían reunido algunos de los Ansar, unos cuantos de los Muhayirun, y otros tantos de la tribu de los Hashim. Empezamos a preguntarnos a quién de nosotros amaba más el Profeta. Los Ansar dijimos:
‘Creímos en el Mensajero de Allah, le seguimos, hemos luchado contra sus enemigos. Por eso es a nosotros a quien ama más.’
Nuestros hermanos Muhayirun dijeron:
‘Nosotros hemos emigrado por Allah y Su Mensajero. Hemos dejado nuestras familias e hijos, nuestras propiedades. También hemos luchado con él. Así que es a nosotros a quien debe amarnos más.’
Y nuestros hermanos los Hashim dijeron:
‘Somos parientes del Profeta, y hemos luchado en las mismas batallas que vosotros. Es a nosotros a quien más ama.’
Entonces se nos acercó el Mensajero de Allah (s.a.v.)y dijo:
‘¿Qué estabais diciendo? He visto que estabais discutiendo sobre algo.’
Le repetimos lo que habíamos dicho, entonces el Mensajero de Allah dijo a cada grupo:
‘Tenéis razón. ¿Quién podría negarlo?’
Y añadió:
‘¿Queréis que os diga mi opinión?’
‘Por supuesto, oh Mensajero de Allah, qué nuestros padres y madres sean tu rescate.’
Dijo:
‘¡Oh los Ansar! Soy vuestro hermano.’
Éstos contestaron, felices, ‘Allahu Akbar’ (Allah es el Más Grande).
‘¡Oh los Muhayirun! Soy uno de vosotros.’
Contestaron, felices, ‘Allahu Akbar’. ‘Por el Señor de la Ka’aba, es nuestro.’
A los Hashim les dijo:
‘¡Oh los Hashim! En cuanto a vosotros, sois míos y yo soy vuestro.’
Contestaron, felices: ‘Por el Señor de la Ka’aba, es nuestro.’
De esta manera todos quedamos contentos y satisfechos con lo que había dicho el Mensajero de Allah.” (Haisami, X, 14)
Amar lo que el Profeta (s.a.v.)amaba era para sus Compañeros un gran placer. Anas (r.a) ha transmitido:
“Un sastre le invitó una vez al Profeta a comer a su casa; yo le acompañaba. Nuestro anfitrión nos había ofrecido pan de cebada, sopa de calabaza y carne seca. Vi como el Profeta comía trozos de calabaza de varios lados del cuenco. Desde entonces me encanta la calabaza.” (Bujari, At’ime, 33, Buyu’ 30; Muslim, Ashriba 144; Muwatta, Nikah, 51).
Amar lo que le gusta al amado es la señal más indicativa del amor que uno siente por él.
El siguiente relato nos muestra la profundidad del amor de Abu Bakr (r.a) por el Profeta (s.a.v.):
El día de la conquista de Mekka Abu Bakr (r.a) trajo a su padre anciano y ciego a donde estaba el Mensajero de Allah (s.a.v.)con la esperanza de que aceptase Islam. Cuando el Mensajero de Allah (s.a.v.)le vio, dijo:
“¡Oh Abu Bakr! ¿Por qué le has traído desde tan lejos? Dada su avanzada edad, ha debido ser muy penoso para él.”
Abu Bakr (r.a) contestó:
“Le he traído porque espero que Allah le recompense.”
Cuando Abu Quhafa, su padre, extendió su mano hacía el Profeta (s.a.v.)para sellar el pacto con él, Abu Bakr (r.a) no se pudo contener y se echó a llorar. Cuando el Profeta (s.a.v.)le preguntó por qué estaba llorando, contestó:
“¡Oh Mensajero de Allah! Ojala esta mano que ahora está estrechando la tuya fuera la de tu tío Abu Talib. Qué feliz te haría, pues le amaste mucho y deseaste ardientemente que tuviera fe.” (Haisami, VI, 174; Ibn Sa’d, V, 451)
Cuando el Profeta (s.a.v.)fue al hayy, paró por el camino en varios lugares para la salah en comunidad. Más tarde, los Musulmanes construyeron en todos esos lugares mezquitas en señal de su lealtad y amor, y para que se mantuviese el recuerdo de aquellos hechos para siempre. (Ibn Sa’d, II, 173)
Los Compañeros tenían una fe inquebrantable en la bendición que provenía de todo lo que había estado en contacto con el Profeta (s.a.v.). Durante el Hayy de la Despedida, cuando el Profeta (s.a.v.)se estaba afeitando la cabeza, Jalid ibn Walid (r.a) le dijo:
“¡Oh Mensajero de Allah! Dame algo de tu pelo, pero solamente a mí, qué mi padre y mi madre sean tu rescate.”
Cuando recibió el pelo, frotó con él sus párpados y luego lo colocó en la parte delantera de su gorro. Su bendición le hizo invencible en el campo de batalla. Jalid comentó al respecto:
“Allí donde voy con este gorro, la conquista está asegurada.” (Wakidi,III, 1108; Ibn Esir, Usdu al-Gabe, II, 111)
Un mujer le regaló al Profeta (s.a.v.)una túnica que había tejido ella misma. El Profeta (s.a.v.)necesitaba justo algo así. La llevaba puesta cuando fue a ver a sus Compañeros. Uno de ellos le dijo:
“¡Qué túnica tan bella, oh Mensajero de Allah! ¡Cuánto me gustaría tenerla!”
El Profeta (s.a.v.)le contestó que la iba a tener. Cuando llegó a casa, se la quitó, la dobló y se la envió a este Compañero. Los otros Compañeros le dijeron:
“Lo que has hecho no está bien. El Mensajero de Allah la necesitaba, y tú se la pediste sabiendo que nunca niega nada de lo que se le pide.”
Éste contestó:
“Por Allah, no se la pedí para llevarla, sino para que fuese mi mortaja.”
Y la túnica fue la mortaja de aquel hombre. (Bujari, Yanaiz 28, Buyu 31, Libas 18)
Sahl ibn Sa’d (r.a) ha transmitido un relato que muestra que incluso los niños pequeños sentían un inmenso amor por el Mensajero de Allah (s.a.v.):
Una vez le trajeron al Profeta (s.a.v.)una bebida de la que tomó un sorbo. A su derecha estaba sentado un niño y a su izquierda algunos de los Compañeros. Cuando el Profeta (s.a.v.)ofrecía algo estando en grupo, empezaba por los que tenía a su derecha, así que se dirigió al niño y le dijo:
“¿Me permites ofrecer esta bebida primero a los mayores?”
El niño le respondió de manera que sorprendió a los que estaban con él, y que es una lección para todos nosotros:
“¡Oh Mensajero de Allah! Nunca permitiría que alguien cogiese algo que tú mismo me has ofrecido.”
Entonces el Profeta (s.a.v.)le ofreció al niño la bebida. (Bujari, Ashriba 19)
Cuando llegó la hora del Mensajero de Allah (s.a.v.), la tristeza de los Compañeros, que le amaban más que a sus propias vidas, fue indescriptible. Anas ibn Malik (r.a) ha transmitido:“
Cuando la enfermedad del Mensajero de Allah empeoró, su hija Fátima le dijo:
‘¡Oh padre! ¡Cuánto sufres!’
El Mensajero de Allah contestó:
‘Hija mía, después de hoy tu padre no va a sufrir más.’
Cuando murió, Fátima exclamó:
‘¡Oh padre querido! No hay nadie más cercano al Señor que tú.
¡Oh padre querido! Has aceptado la invitación del Señor.