Excerpt for Noches + Días by Hugo Roca Joglar, available in its entirety at Smashwords

Noches + Días



por

Hugo Roca



SMASHWORDS EDITION



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PUBLISHED BY:

Lvcida on Smashwords

ed. Baba Tornskin


Noches + Días

ISBN: 978-1-4523-4811-7

Copyright © 2010 by Hugo Roca, Baba Tornskin



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Noches + Días




Estoy en un cuarto, mi cuarto. Nada se mueve, todo esta en silencio. Mi cuarto se ha convertido en un inframundo; aislándome de la realidad, ocultándome de Ella. Este cuarto guarda todos mis recuerdos: fotos, discos, libros, partituras, olores, manchas, adornos, muebles, y mi cama. Mi cama roja y caliente, con su vientre rojo y rojos muslos; mi cama es un amanecer escarlata. Estoy en mi cuarto, varado en esta cama, encerrado, pasando las noches y sus días; afuera, el mundo puede quedarse con sus problemas, con Ella. Y por algún tiempo, así ha sido mi vida.

Ha esto he llegado, en esto me he convertido. Y pensar que todo empezó con la primera forma de amar. La primera forma de amar que es la música del océano, donde las olas se arremolinan besándose, y después, ese suave silencio que parece existir fuera del tiempo hasta que las olas se desploman y azotan sobre la playa. Un compás perfecto, siempre los mismos sonidos pero siempre una música diferente. Y otra vez estoy pensando en Ella.

Doy vueltas en mi cama y mi mirada descansa en mi escritorio. Desde aquí puedo ver un póster que muestra una masa de colores brotando de diversos instrumentos; Handel, Música para los Reales Fuegos Artificiales. Ese fue al concierto al que la lleve, esa fue la música con la que por primera vez la bese. Lara, ella me dijo que se llamaba Lara. Ella me había visto en la escuela, y había escuchado mis palabras. Ella se intereso en mi, y dijo, “me llamo Lara. Es verdad que eres músico? Es verdad que solo te interesa la música de compositores muertos? Ah, y porque los acordes de un compositor suenan diferente a los de otro compositor? Cual es la diferencia entre el sonido de un compositor y el sonido de su voz? Porque los sonidos significan? Porque hablamos con música?”

Y así, en ese instante, sin ningún aviso o advertencia, caí por ella. Ella se interesaba por mí; pero yo no la escuchaba, no le respondía. Porque? Alguna vez haz notado como en el momento que un recital llega a ese breve silencio antes de clímax alguien siempre esta listo para toser o estornudar? Bien, bajo esa misma lógica, yo decidí evadirla, sabiendo que terminaría encontrándomela en los momentos mas importantes. Y sin duda, el plan resulto. Ni bien acababa de salir de la escuela que me la encontraba esperando el camión, o nos encontrábamos en la sección de música sinfónica, o buscando los programas de los próximos recitales. Entre mas la evadía mas veces me la encontraba. Poco a poco la marea de las noches y sus días perdieron solidez y se convirtieron en una gran masa que no estaba delineada por partituras. Mi realidad se transformo en el escenario de una opera; las flores sin duda tenían que estar pintadas, la ropa de las personas no podían ser otra cosa que disfraces, y sus conversaciones habían sido ensayadas por largas horas en alguna oscura habitación.

Un buen día me encontré a Lara frente a una de esas casas con grandes ventanas y puertas blancas. Y esta vez no la ignore. “Cual es la mejor manera de escuchar música?” ella me pregunto. Comenzamos a caminar juntos y dije, “la mejor... es cerrar tus ojos y abrir tu mente. Quitarte la ropa, desnudarte de ideas y preconcepciones, dejar que una tempestad de música arranque tu piel, tus músculos hasta que el sonido mismo erosione tus huesos,” y ella se rió. Ella siempre reía. “No me crees?” le dije. “Voy de camino a un concierto de Handel, porque no vienes y escuchas al maestro y sus fuegos pirotécnicos? El relámpago de Mozart; la simpleza de Beethoven?” Y ella se rió, diferente.

En menos de diez minutos llegamos a la sala de conciertos. Era una sala adornada con vieja madera tallada, ángeles con sus grandes alas doradas ya dilapidadas, y un derruido fresco mostrando la transfiguración de Cristo. Nos sentamos y escuchamos el silencio por algunos minutos. Cuando el concierto finalmente comenzó, sentimos el fuego de los trombones, la sangre de los violines, el viento del coro arrancando nuestra piel, nuestras identidades, dejando nuestras almas desnudas, voladas sobre un océano gris... pero una duda abrió mis ojos y la visión se esfumo en menos de un segundo. Volteé a mi lado y vi a Lara, sus ojos cerrados todavía, y después de un breve silencio, la bese, le gusto; nos hicimos novios.

La primera forma de amar es la música del océano. Nuestras voces y risas eran apenas audibles en la marejada de esa gran sinfonía; minúsculas pero indispensables. Esa era la música que escuchaba en Handel, Corelli, Scarlatti. Ellos eran compositores nobles que después de haberse sometido a un brutal oleaje de infiernos y paraísos comprendieron el misterio de su existencia. Ellos lograron componer su música en una oceánica tranquilidad para luego tocarla con el instrumento de sus vidas. Ser un instrumento perfectamente afinado; el órgano divino, la guitarra en llamas, una aguja rasguñando su cabeza de diamante sobre los surcos de la realidad. Y bajo esa música Lara y yo, yo y Lara, juntos navegando la primera forma de amar; un amor musicalmente fundado en el sótano de una iglesia Europea de 1713. Y por algún tiempo, todo fue bueno.

Después, sin aviso, Lara se fue.

Doy otra vuelta en mi cama y mis ojos pasean por las cuatro paredes de mi cuarto. Escucho los pasos de mi madre. Una puerta se cierra, otra se abre y rechina, debe de ser la puerta de la cocina. Puedo escuchar cada sonido de la casa. Alguien jala el escusado, el lavabo, un torrente de agua llora por las tuberías. Silencio. Mi realidad esta hecha de sonidos, música.

Fue en uno de esos días sin solidez, después de un largo beso y sin ningún aviso, que Lara comenzó a llorar. La calme e hice lo que pude para confortarla y la lleve a dormir. Ya entrada la noche, Lara se despertó gritando y llorando. Como dijo me que se llamaba su padre? Lara tenia la necesidad de olvidar, y yo de crear Verdad. Su pasado le reclamaba el presente; mi presente gritaba por un futuro. Si la primera forma de amar suena como el océano, la segunda forma de amar suena como una fuga de agua. Lara quería regresar a sus raíces, a su niñez. Pero para mi, la verdad y mi futuro solo podían existir amándola: yo y Lara, Lara y yo, juntos navegando, besándonos y riendo al ritmo de la marea. La calme e hice lo que pude hacer y al fin nos dormimos. Y así, en una de esas noches sin solidez, sin ningún aviso, me desperté solo en mi cuarto, de la misma manera como me he despertado ya incontables veces. Solo en mi cama escarlata.

Al ver todos los recuerdos que guarda mi cuarto puedo hilar algunos datos y razonar que ella vio algo que yo no vi. Sus lagrimas y gritos... lógicamente solo podían pertenecer a una realidad situada después de Bach. Un lugar donde ella podía bailar con otras personas que la acariciaran diferente. Credo. Credo compuesto por Bach mientras agonizaba ciego; muerte seca.

No puedo contar cuantas noches y días he estado aquí, desde hace cuanto que en esta oscuridad me adentre todavía mas en la música. Después de Handel y Bach... Schubert, Beethoven, Dvorak. Tal vez ahí podía ser posible mantener la primera forma de amar. Donde? La novena de Dvorak anunciaba un posible fin a mi naufragio; agudas rocas se levantaban en el horizonte.

Sigo dando vueltas en mi cama y me levanto. Paso mi mano sobre las cuatro paredes de mi cuarto. Muevo mis partituras de un lado del escritorio al otro. Entre las partituras puedo ver un Lied que compuse después de que Lara me dejo. La tomo entre mis manos y hago algunas correcciones:

Solo, solo, solo, solo,

Porque me dejaste de amar

Cuando te necesitaba mas?

Fuego y hielo en el cielo invernal,

Dos personas que ya no se amaran,

Se van, se va;

Te dejan de amar cuando las necesitas más.

Ya no subiremos más,

Estábamos en la cima de una ola,

Y lo único visible era el horizonte,

Dividiendo el cielo del océano.

El viento soplaba frió y borraba

Las crestas de las olas...

Pero ya no subimos mas,

Este es el breve silencio antes de caer.

Hay una masa de recuerdos

Agolpándose en mi mente;

El pasado es el presente.

Y estoy perdido en un océano de memorias,

Tratando de no ahogarme.

Es mi cama una balsa,

O el patíbulo?

Nadie me hará justicia,

Y solo queda

El suicido.


Nunca he podido hacer que los versos rimen. Trato una vez mas de hacer correcciones, pero un sonido me interrumpe. Son pasos en las escaleras, en el pasillo. Crescendo, el sonido llega hasta mi puerta, mi madre me llama a cenar y yo me niego. Es ya una rutina, este debate. Mi madre actúa una derrota y yo guardo silencio. En seguida escucho los pasos alejarse de mi puerta, en el pasillo y luego en las escaleras: diminuendo. Tchaikovsky, como muchos compositores, usaba crescendo y diminuendo y así preparar a su audiencia antes de las partes más importantes de sus composiciones. Sensible. Mi realidad es música.

Regreso a la partitura del Lied, y comienzo a escribir multitudes de líneas y notas. La segunda forma de amar; cruel y tormentosa es el sonido de una fuga de agua. Trato de delinear, darle solidez y certidumbre a la masa de borrosos sentimientos que inundan mi mente. Pero, el persistente sonido del agua detrás de mi partitura se rehúsa a ser capturado entre notas. Escribo en el Leid multitudes de líneas y notas negras, escritas con el mas negro odio. Mi bolígrafo surca el papel con la furia de un cuchillo, deteniéndose momentáneamente para rellenar las octavas, cuartas y dieciseisavos con negra crueldad. Las notas quedan tan encimadas y miserables que pareciere que cada una grita y maldice a su creador. Finalmente, la partitura queda abarrotada de notas hasta que la pagina se convierte en un bloque negro.

Ha esto me he reducido. Y ahora que? Otra vez escucho pasos en las escaleras... en el pasillo... alguien toca a la puerta con una cadencia de Liszt. Es mi madre, y esta ves su voz suena mas determinada, cruje cada ves que llega a los extremos de su registro. Es una voz que habla mas de lo que dice; de noches demasiado largas, de respuestas demasiado forzadas. Se que debo amarla, pero solo puedo sentir odio. Porque? Abro la puerta y se forma un breve silencio antes de la inevitable caída. Me muevo un poco. Me siento nerviosamente en mi cama. Mi madre entra y camina cuidadosamente a través del desorden de mi cuarto. No nos volteamos a ver. Que quiere? Respuestas? Finalmente mi madre dice, “Oye no crees que ha hecho mucho calor hoy, hijo?”

“Si, sin duda, sin duda, demasiado calor.”

No decimos nada mas. El teléfono suena y mi madre se va a contestarlo. Solo en mi cuarto. Me acuesto en la cama, y sin ningún aviso, razón, motivo, de la nada, mi corazón salta fuera de mi pecho y corre, al parecer huyendo de la catástrofe de mi alma. Lo comienzo a perseguir alrededor de mi cuarto tirando fotos, libros, discos, partituras, creando mas manchas, mezclando mas olores y rompiendo adornos. Pero sin importar que tan cerca estoy de capturarlo, mi corazón siempre escapa al momento justo. Finalmente, mi corazón corre hacia la puerta, y con un diminuendo de plop-plop-plops se va por el pasillo, baja las escaleras, cruza frente a mi madre, y sale por la puerta principal. Y yo, detrás, veo a mi madre sonriendo.

“Ayuda, ayuda!” yo digo.

“No! A todos se nos sale, duele un rato pero mas duele volver a encontrarlo. Cambia hijo, cambia!” ella me responde.

Pero yo no quiero cambiar, yo quiero seguir amando como antes, como al principio. Y debo, tengo que tomar una decisión. Cuando tu corazón escapa puedes ir tras el, o vivir para siempre de mentiras. Tengo que correr y buscar mi corazón. Salgo a la calle y corro a través de calles grises, jardines grises, y banquetas grises hasta que paso una de esas casas con grandes ventanas y puertas blancas. Y es frente a esa puerta donde encuentro a mi corazón, seco y arrugado como una pasa escarlata. Lo tomo y sostengo con gran cariño y delicadeza, esta frío y tieso. No lloro; imposible llorar sin corazón. Le dijo, “no te vayas, corazón, prefiero una furiosa tormenta a un indiferente vacío.”

Escucho una risa, y por un momento creo que es mi corazón, pero esta risa la he escuchado antes, incluso antes de nacer. Es Lara, asomándose por su balcón. Sin duda esta lúgubre serenata ha movido su curiosidad hasta el balcón. No digo nada y ella dice, “Puedes llevarte esa cosa, no lo necesitamos ya. Entiende, he crecido y tu deberías de crecer también.” No digo nada, solo guardo “esa cosa” en mi bolsa y me voy.

Esta debe de ser la tercera forma de amar, amor por miedo a ser herido, amar por miedo a estar solo. La tercera forma de amar suena como a... como a... un pantano, el débil murmullo de un pantano donde fuegos fatuos bailan mientras las ranas lloran.

No muy lejos de ese pantano hay un cementerio; una anciana es la veladora. Bailarina de profesión, ella mantiene un escenario entre las tumbas. Ahí, frente a su funesta audiencia, ella encarna la música con su baile. No son pocas las veces que ella rompe el monótono gemido de sus días y noches con una tormenta de sentimientos. Es en esas ocasiones que, con antorcha en mano, aúlla incendiarios gritos y amenaza con quemar las noches y sus días, exiliando a todas las personas al silencio de la tumba. La anciana, intoxicada en el delirio de su frenesí, exige una sociedad razonable que siga los grandes ideales del arte y la ciencia. Exige que las personas aprendan un buen oficio y sean respetables. Si tan solo estas personas se quedaran en un solo lugar y sin hacer tanto ruido.


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