Esta es la historia de una niña y un espantapájaros.
Sus vidas se unieron cuando los dos compartían un mismo presente. Joana (así se llamaba la niña) vivía en las afueras de un pequeño pueblo, en una cabaña vieja con su madre y dos hermanos más pequeños.
Apenas comían, pues eran muy pobres, y Joana siempre se quedaba sola porque su madre debía ir al pueblo a trabajar y traer comida.
Un día, cansada de estar aburrida, salió a dar un paseo por el campo.
Después de andar un rato se sentó en una roca a descansar mientras miraba a un espantapájaros que estaba cerca.
-“Niña, ¡estás triste!, éste le dijo.
-“¡No puede ser!, ¡un espantapájaros que habla!”, dijo Joana asustada.
-“No tengas miedo, aprendí a hablar cuando todavía no era un muñeco de paja... ¡Me llamo Chatolan!... ¿y tú?”
-“Jo, Jo, Joa-na...UF!”
-“Joana, ¿quieres ayudarme a volver a mi casa?...¿podrías?
Pero, dime: ¿porqué estás triste?”
Joana le explicó cómo vivía y lo sola que se encontraba sin amigos.
-“¿Cómo puedo ayudarte a regresar a tu casa?, y, ¿dónde vives?”, dijo por fin.
-“Yo era un joven Rey que vivía detrás de la ventana del cielo.”
-“¿Ventana del cieloooooo...???”, preguntó Joana.
-“Sí, eso que vosotros llamáis Luna, es una ventana redonda que está en el cielo, y mi reino está detrás de ella.”
-“Estás un poco loco, ¿verdad?”
-“Si me ayudas puedo darte un tesoro de oro y piedras
preciosas, tu familia podrá ser feliz; además, mañana es la noche de San Juan y me utilizarán de monigote en la hoguera, porque ya no les soy útil a los campesinos.”
-“¿Qué tengo que hacer?”, dijo Joana.
-“Constrúyeme un corazón grande de alambre y paja, y ven al anochecer.”
Joana regresó al cabo de unas horas:
-“¿Qué hago?”
-“Colócame el corazón en la espalda.”
-“¡¿Cómooo?!, ¿en la espalda?”, contestó asombrada.
-“Sí, por favor”, dijo Chatolan.
Cuando lo tuvo sobre la espalda, el corazón se agrietó por la mitad y se convirtió en dos ligeras alas que empezaron a aletear.
Chatolan cojió a la niña por la cintura y ascendió volando hacia la ventana del cielo.
-“Eh!, ¿dónde me llevas?, vamos a caernos, bájame!, tengo miedo!”.
-“No te preocupes, Joana, te llevaré a mi reino y allí serás feliz”
Volaron y volaron hasta que cruzaron los límites de la ventana del cielo.
Y llegaron a un lugar donde los ríos de agua cruzaban el cielo por encima de la tierra y los peces saltaban en el aire, y los árboles, las plantas, las rocas... todas esas maravillas permanecían flotando entre las brisas.
-“¡Pero aquí no hay nada sobre la tierra, todas las cosas están en el cielo!.”
-“Bueno, donde tú vives es lo mismo pero al revés”, dijo Chatolan, “además así no se mancha el suelo y no tenemos que pasar la escoba, ja, ja, ja”, reía Chatolan doblan do la cintura, al mismo tiempo se asombraba porque ni él ni su mundo sabían reír.
-“¡Cálmate, hombre!, no es tan gracioso”
-“Mira!, ¿ves ese castillo flotante? Es mi reino.”
-“Sí, ya lo veo...¡Qué grande es!”
Y también vio que cuándo cruzaron la ventana del cielo se desprendía la paja del cuerpo de Chatolan y en su lugar aparecía la piel de un ser humano como ella, se estaba transformando en un chico.
Cuando llegaron a la entrada del castillo todos los que allí vivían salieron a recibirlos asombrados.
-“¡Nuestro Rey ha regresado!, ¡ha vuelto!”, decían todos sus habitantes. “¡Oh, nues tro Rey!, hemos estado esperando mucho tiempo... desde que te caíste por la ventana del cielo”, decían sus consejeros de palacio.
-“He podido volver gracias a Joana”, todos miraron a la niña.
Se celebró una gran fiesta de bienvenida en el castillo.Mientras, con su mano cojida a la de Joana, Chatolan paseaba para enseñarle todas las cosas maravillosas de su reino. Joana se sentía feliz por primera vez en su vida junto a Chatolan y pensó que quizás él le pediría que se quedara a vivir en su reino, puesto que ella no era tan niña para el joven Rey de ojos oscuros y oceánicos.
-“Aquí tienes este pequeño cofre de oro y piedras preciosas que te prometí, Joana; ahora podrás ayudar a tu familia y vivir sin dificultades”.
-“Gracias,Chatolan, qué brillantes tan grandes y bonitos... pero ahora me encuentro extraña, muy cansada. Iré a dormir”, dijo Joana bostezando.
Joana guardó el cofre bajo el colchón y se echó sobre él porque se encontraba mal, apenas podía moverse. Se dio cuenta de que estaba cambiando su piel por paja.
Joana muy asustada se levantó y abrió la puerta del balcón, un fuerte viento se la llevó al cielo, se había convertido en un espantapájaros de paja, y flotaba junto a las demás cosas como una estrella solitaria.
A la mañana siguiente, Chatolan fue a despertar a Joana, pero ella ya no estaba en su habitación; preguntó a los sirvientes si alguno de ellos la había visto, pero todos negaron con la cabeza. El cofre tampoco estaba a la vista, entonces Chatolan pensó que Joana se había marchado a su casa con su familia al otro lado de la Ventana del Cielo.
-“¿Se ha ido sin despedirse?”, se preguntó Chatolan.
Pero poco a poco fué pasando el tiempo y Chatolan fué ocupándose de los asuntos de palacio otra vez, pero no era feliz, echaba de menos a su amiga Joana... la chica humana que le regaló un corazón de alambre y paja. Ahora él tenía una cabeza que soñaba y un corazón que sentía; mientras paseaba por los jardines de palacio.
Los consejeros, después de hablar un rato, dijeron:
-“Tenemos que hacer algo, el Rey está comportándose de forma extraña, siempre está ausente y solo, quizás pasó mucho tiempo con los humanos y ahora piensa como ellos.
Tiene que casarse y formar una familia, de esa manera tendremos un heredero en el reino.”
Así que Días más tarde vinieron de todos los lugares del reino las más bellas mujeres, algunas cantaban canciones, otras tocaban música, cantaban historias para alegrar al Rey.
Pero un día todo cambió; mientras Chatolan caminaba por su reino con sus consejeros, del cielo cayó una gota de agua, que le dio en la cara, resbaló por su mejilla y mojó sus labios; Chatolan se detuvo de pronto:
-“¡Qué extraño!, tiene sabor salado...¡Oh!, ¡¡¡sólo puede ser una lágrima!!!”, gritó Chatolan.
Chatolan tuvo un presentimiento de alegría y salió corriendo. Sus consejeros creían que se había vuelto loco, no entendían qué era lo que le podía haber sucedido al Rey.
Entonces,Chatolan subió a la torre más alta del Castillo y desde allí vio a la pobre Joana flotando en el cielo convertida en un espantapájaros de paja.
-“Joana!,”(gritó el Rey)...”¿puedes oírme?”
Pero ella estaba en un lugar muy alto junto a varias estatuas de piedra y sólo podía verlo, no así escucharlo hablar, aunque comprendió que pronto la rescataría y dejó de llorar.
El Rey Chatolan reunió a los sabios, hombres de ciencia y consejeros, pero ninguno sabía que hacer para salvar a la niña de las alturas (que así fue llamada desde entonces).
-“Nadie puede salir del espacio que ocupa en el cielo.”
Decían los sabios.
-“No podemos construir una escalera tan alta porque no
tenemos madera suficiente para ello.” Decían los hombres de ciencia.
-“No podemos dejarte ir a buscar a la niña de las alturas;
puedes caerte otra vez por la ventana del cielo y volveríamos a perder a nuestro Rey.” Dijeron los consejeros.
Chatolan caminaba de un lugar a otro de palacio preocupado y sin saber que hacer, ahora era peor, se encontraba prisionero en su propio palacio. Entonces recordó que cerca de su reino, en la montaña flotante, vivía Amaranta “la vieja loca pompas de jabón”. Pompas que ella hacía para cazar pájaros en el aire y comérselos.
Cuando se hizo de noche Chatolan se marchó por una ventana de palacio para escapar de la vigilancia de los guardianes que estaban tras las puertas, y se dirigió a la montaña flotante donde vivía Amaranta.
Entró en una cueva profunda y oscura y de pronto escuchó un rujido tenebroso, tenía enfrente un animal monstruoso y grande atado a una cadena que vigilaba una puerta; Chatolan corrió hacia la pared de la cueva y subió por ella, mientras el feroz animal corría tras él, ahullando de forma horrible.