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La Energía de las 12 Piedras



Joseph Jaim Zonana



PUBLISHED BY Joseph Jaim Zonana



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COPYRIGHT 2011 Joseph Jaim Zonana





Chapter 1: Cartas de respaldo

Con el fin de no ofender a nadie las cartas se acomodaron en orden alfabético



Carta del Rabino Amram Anidjar Shlit´a

Comunidad Maguen David México

13 de Sivan 5770

Quisiera felicitar a mi amigo Joseph Jaim Zonana Slit´´a, primeramente por sus obras pasadas, las cuales, sin lugar a dudas ilustran e iluminan nuestra mente con conocimientos y nuestra alma con palabras puras.

Además quisiera felicitarlo especialmente por esta nueva obra “La energía de las 12 piedras” un libro que seguramente será de mucha ayuda para comprender que las piedras son baterías naturales que el Creador colocó a nuestro alrededor con el fin de que las usemos.

Es de gran beneficio el hecho de que estos conocimientos sean transmitidos por medio de la perspectiva de nuestra sagrada Torá y nuestra milenaria tradición, sin necesidad de pastorear en otros campos buscando por fuera aquella sabiduría singular que ha caracterizado a nuestro pueblo en el transcurso de la historia.

Que el Eterno bendiga al autor para que pueda escribir y publicar muchos libros más y lo ilumine para iluminar a los demás por siempre, Amen.

Con la bendición de la Torá:

Amram Anidjar



Carta de bendición del Rabino Abraham Shabot Shelit’a.

Rosh Mosdot Kéter Torá.



10 de Sivan 5770.

Quiero felicitar al Moré Joseph Jaim Zonana, ya que con mucho esfuerzo ha podido encontrar dentro de nuestras sagradas escrituras varios mensajes acerca de la “energía de las 12 piedras” que se encontraban engarzadas en el Joshen del Kohen Gadol.

Estoy seguro que estos escritos serán de mucho beneficio para todas aquellas personas que deseen encontrar en la Torá un valioso y eficaz amuleto, sin olvidar que la energía más poderosa del universo es la que se genera al estudiar nuestra sagrada Torá.

Le deseo nuevamente al autor un sinnúmero de satisfacciones y éxitos tanto en lo material como en lo espiritual.



Rab: Abraham Shabot



Comunidad Sefaradi México

27/Sivan 5770



El Rabino Joseph Jaim Zonana tuvo la amabilidad de presentar ante mí el libro “La Energía de las Doce Piedras”; dichas piedras estaban incrustada en el Joshen sobre un chaleco que tenía el Cohen Gadol, lo tenía puesto sobre su pecho. En ellas se interpretaba el destino del pueblo de Israel.

Uno de los grandes sabios de los rabinos de Turquía en su libro “Meam Loez” habla ampliamente de estos valores únicos en nuestro pueblo. El Todopoderoso lo bendiga y siga con este gran entusiasmo transmitiendo a nuestro pueblo esta parte mística y muy desconocida para muchos.

De todo corazón reciba un fuerte jazak ubaruj y tenga mucha hatzlajá en toda obra de sus manos.

Abraham Palt.



Rabino Abraham Tobal Shlit´a

Rabino y Dayán (Juez) principal de la comunidad Monte Sinai México

México, D.F., 13 de mayo de 2010

Rosh Jódesh Siván 5770

Cuando el Rabino Joseph Jaim Zonana, Shlit’a, se acercó a mí para pedirme una carta de respaldo para su nuevo libro, La energía de las 12 piedras, me encontré en un gran dilema, por un lado, porque lo conozco personalmente y conozco sus obras anteriores, y sé que sus palabras están apegadas a los lineamientos de la Torá; pero, por otro lado, ante tanta confusión que hay respecto de la energía, los amuletos y todas esas cosas, no quiero que se cause más desconcierto en estas cuestiones, ni que la gente abandone, Dios no lo quiera, la ley judía y piense que lo principal en nuestra religión son los ojitos, el hilo rojo, el Shébe y todas esas cosas.

Sin embargo, después de platicar con él sobre estos asuntos y revisar algunos fragmentos de esta sublime obra, me di cuenta de que este libro está lleno de enseñanzas y que, lejos de hacer ver a la gente que debe cargar consigo un amuleto y que esas piedras, por arte de magia, van a salvarlos de todos sus problemas y les cumplirán todos sus antojos y caprichos, claramente nos enseña que es Dios Quien todo lo da, y que esas piedras tan sólo transmiten la energía que el Eterno nos manda, actuando aquellas como un canal de comunicación. Las piedras tan sólo son un símbolo que “recuerda” a Dios y hace resaltar ante Él las buenas acciones de nuestros sagrados Patriarcas.

Además, gracias a este maravilloso libro, podemos ver la grandeza del Eterno y vislumbrar cómo todo en el universo se encuentra estrechamente relacionado, desde las grandes galaxias hasta las más pequeñas piedras y cristales.

No cabe duda de que el Rabino Joseph Jaim Zonana, Shlit’a, tiene profundos conocimientos y gran capacidad para averiguar y extraer de la mina de tesoros que constituye la Torá los más preciosos diamantes y piedras preciosas, para ponerlas a disposición de todo público.

Que el Todopoderoso lo bendiga a él y a sus seres queridos, y que le dé la oportunidad de seguir transmitiendo este invaluable mensaje a miles y millones de personas. Amén.

Rabino Abraham Tobal



Carta de bendición del Rabino Asher Zríhen Shlit´a.

Le deseo muchas bendiciones y felicitaciones al Rabino Joseph Jaim Zonana, Shelit´´a, por la publicación de este su sexto libro en español de ética, filosofía y pensamientos acerca de un tan importante y profundo tema como lo es el de la energía de las piedras del Joshen.

Dios quiera que tenga mucha aceptación entre todo tipo de público al igual o aún mucho más que sus libros anteriores.



“Dios estuvo con Joseph, y (por lo tanto) fue un hombre exitoso.” (Bereshit 39:2).

Con la bendición de la Torá:

Rabí Asher Zríhen.

Kolel Midrash LeTorá.

Carta de bendición del Rabino David Shwekey Shelit’a.

ROSH MOSDÓT ARAM ZOBÁ

He apreciado algunos escritos del nuevo libro que está por editar el preciado Abrej Joseph Jaim Zonana, Esta vez se trata de un libro acerca de las piedras que se encontraban engarzadas sobre el Joshen del Kohen Gadol.

Está claro que este tema es de suma importancia y trascendencia aún en nuestros días, pues el mensaje que estas piedras nos pueden transmitir nos ayudará a iluminar diferentes facetas de nuestras vidas.

Este libro contiene basta información basada en las enseñanzas de nuestros sabios y anécdotas de los mismos patriarcas de nuestro pueblo. Las ideas y explicaciones contenidas en estos escritos vale mucho la pena analizar y asimilar.

Que sea la voluntad del Creador, bendito sea Su nombre, ayudar al autor para que pueda seguirse superando en sus estudios de Torá y en propagar sus conocimientos ayudando a mucha gente, que sus manantiales broten hacia fuera y sea merecedor de editar otros muchos importantes libros para con ellos ameritar a los demás, y que tenga mucha salud, éxito y alegría tanto en lo material como en lo espiritual.

Quien escribe en honor a la Torá y los que la estudian

David Shwekey

Kolel Aram Zobá

México.

Rab Mijael Peretz Shelit´a.

15 de Shebat 5770

El Rabino Joseph Jaim Zonana Shelit´´a no deja de sorprendernos con libros que salen a la luz constantemente. El no cesa de publicar, expandir y difundir la Torá y sus enseñanzas éticas y morales entre aquellos que buscan la superación espiritual.

En este, su sexto libro, acerca de “La energía de las piedras del Joshen” expone un profundo mensaje con una gran claridad, un mensaje capaz de reforzar nuestra fe mediante descubrimientos impresionantes acerca de la energía de las piedras del Joshen.

Por medio de este libro, el autor llega al corazón de cada uno de los lectores y lo hace despertar a la reflexión sobre la grandeza de Dios, para comprender su existencia con mayor claridad.

Que el Dios de su padre lo apoye para que pueda seguir desbordando sus manantiales de sabiduría hacia el exterior compartiendo así su Torá y su temor a Hashem dentro del pueblo de Israel.

Con mis mejores bendiciones



Mijael Peretz



Rabino Sergio Slomianski

Comunidad Ashkenazi de México

26 de Sivan de 5770.

México D.F. 8 de junio del 2010.

Me da gran alegría y satisfacción el poder recibir al apreciado Rab. Joseph Jaim Zonana, con su nueva obra “La energía de las 12 piedras”, que no tengo duda deleitará y enriquecerá a los lectores, puesto que analiza la relación que existe entre los astros del cielo y las piedras de la tierra, desde la perspectiva de nuestra preciada Torá. Escrito en forma estructurada y amena, ésta obra podrá inspirar a quienes la lean a apegarse a una vida de mayor elevación espiritual.

No tengo más que desearle al autor que siga superándose y beneficiando a los lectores como lo ha hecho hasta ahora con sus obras anteriores. Pedimos que Dios lo colme de bendiciones a él y a su apreciable familia, tanto en el ámbito material como en el espiritual, esperando tener el mérito de ver la anhelada llega del Mashiaj, prontamente en nuestros días.

Con la bendición de la Torá.

Rab. Sergio Slomianski



Rab. Shelomó Tawil, Shlit”a.

Rabino principal de la comunidad Maguén David México.

10 de Sivan 5770.

Es un honor y un placer que una vez más se haya acercado a mí el Rabino Joseph Jaim Zonana N”I, con un nuevo libro en sus manos, un libro en el que pone al alcance de todos un tema tan profundo y místico como lo es la energía de las 12 piedras.

Lo que se hizo fue un excelente trabajo con grandes mensajes y un muy valioso contenido para reforzar nuestra fe y nuestros conocimientos acerca de la energía que el Eterno nos hace llegar.

Con mucha delicadeza el autor expone profundos conceptos para ser entendidos con facilidad y así llegar directamente al intelecto, a la razón y al corazón de todos sus lectores.

Ya nos ha deleitado anteriormente con sus otros libros, “Contigo la vida es linda”, “Tus palabras traerán mi calma”, “No sólo se ama con el corazón”, “Destapa lo oculto”, “Una probadita de las estrellas”, y ahora nos alegra con tan importantes enseñanzas que seguramente nos ayudarán a conocer más de cerca el Joshen del Kohen Gadol y la energía de cada una de las piedras que portaba.

Que El Eterno lo colme de dicha y felicidad, Berajá y Hatzlajá, Najat y Shalvá Ad Mea Veesrim Shaná, para que continúe alumbrando al mundo con sus conocimientos y sabiduría.

Veycará Deoraitá Lemaan Talmíd Jajám:



Shelomó Tawil.



Carta del Rabino Yaacob Idi Shelit’a.

Erev Shabuot 5770.



No hay palabras para alabar a Hashem Itbaraj por darnos la dicha de que el Rabino Joseph Jaim Zonana Shelit’a sea parte de nuestra familia.

Nuevamente es un honor para mí escribir unas líneas acerca de esta maravillosa obra que entre otras cosas nos enseña el profundo significado de las piedras del pectoral y su místico mensaje.

Cabe destacar que el saber acerca de las piedras del Joshen y las vestimentas del sumo sacerdotes es de vital importancia en nuestros tiempos, ya que de ese modo nos estamos preparando de algún modo para recibir al Mashiaj que se encuentra ya muy cerca.

Recomiendo ampliamente a todos ustedes que tengan en sus hogares este importante libro que seguramente los llenará de energía positiva, y bendigo al autor para que siga creciendo en el camino de la Torá y de las Mitzvot.



Tu Abuelo: Jacobo Idi.

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Chapter 2: Introducción



Hace unos años, Dios me dio la oportunidad de escribir un libro sobre el conocimiento contenido en la Biblia, es decir, la Torá, en cuanto a la astrología y los signos del zodiaco, el cual titulé Una probadita de las estrellas. Mientras realizaba la investigación para esa obra, me di cuenta de que había una estrecha conexión entre los astros y los materiales que se encuentran en la Tierra. Dado que uno de los principales conceptos de la astrología es que cada signo del zodiaco tiene una “piedra de la suerte”, al principio, ingenuamente, pensé que eso era sólo un truco publicitario para vender joyas o ilusionar a las personas con falsas esperanzas, y para hacerles creer que una simple piedra posee una energía sobrenatural, la cual les permite curarse de algún padecimiento, tener suerte y ganar dinero, o encontrar el amor. Incluso llegué a pensar que depositar nuestra confianza en esas cosas constituía un grave pecado, equiparable al de la idolatría, ya que, como es bien sabido, creer en cualquier otra fuerza o poder distinto del de Dios no es más que un acto idólatra. Hasta el mero hecho de pensar que Dios otorgó poder a un ángel o a un astro para que realicen alguna tarea por sí solos representa un inexcusable acto de idolatría, como aclara el libro Biur Halajá sobre la primera regla de nuestro código de leyes el Shulján Aruj, al igual que lo hacen muchos otros grandes sabios en sus libros acerca de la unidad de Dios.

Al inicio, todo esto me mantuvo al margen de tales asuntos, pues tenía la idea, como a muchos en la actualidad se nos enseña, que creer en la influencia de los astros y de las piedras de la suerte está terminantemente prohibido por nuestra sagrada Torá. No obstante, después de analizar de forma objetiva y detallada todos estos conceptos, descubrí que, de hecho, es la misma Torá la que nos enseña todas estas cosas y que tales creencias no contradicen en absoluto la unicidad de Dios, como demostraré más adelante.

Cuando estudié acerca de los signos del zodiaco en la Torá, entendí que cada uno de ellos recibe la influencia de uno de los siete astros, pero también comprendí que estos astros no poseen energía por sí mismos —pues no son otra cosa que simples piedras gigantescas— y que es Dios Quien envía al mundo diversas energías y vibraciones, por medio de aquellas rocas. Entonces, resulta que los astros no son sino “ventanas” a través de las cuales el Todopoderoso hace llegar al mundo Su energía. De tal modo, cuando, digamos, una guerra tiene que llegar al mundo, Dios manda esa energía destructiva por medio del planeta Marte, el favor y la justicia a través de Júpiter, la sabiduría mediante Mercurio, la muerte con Saturno, etc. Es decir, cada astro es un “cable”, un “canal” por el que Dios envía algo a este mundo. Y si así está determinado que ocurra en el Cielo, ¿por qué no puede suceder lo mismo en la Tierra?

Fue un día en que, mientras hacía tiempo en espera de que comenzara mi clase de la noche, me puse a leer la versión en español de una obra judía clásica titulada Meam Loez, en la cual, respecto a la creación de los planetas, encontré lo siguiente:

Correspondiendo a los siete cuerpos astronómicos que brillan en el cielo, existen siete metales que brillan en la Tierra: plata, mercurio, cobre, oro, hierro, plomo y estaño (Shevilé Emuná 2:3). Cada uno de estos metales está influenciado por el planeta que le corresponde. La plata es influenciada por la Luna, el mercurio por Mercurio, el cobre por Venus, el oro por el Sol, el hierro por Júpiter, el plomo por Saturno y el estaño por Marte. Todas las innumerables sustancias que se encuentran en la Tierra corresponden al sinfín de estrellas que se ven en el cielo (Meam Loez, Bereshit, Explicación de lo creado el día miércoles).

Esta cita me inspiró a indagar más. Si ya había escrito sobre las piedras del espacio exterior —las estrellas—, ¿por qué no averiguar un poco respecto a las piedras que se encuentran aquí, en la Tierra? Recordé entonces que la Torá pone gran énfasis en las piedras que estaban engarzadas en el pectoral (Jóshen) del Kohén Gadol (el Sumo Sacerdote que oficiaba en el Sagrado Templo en Jerusalem), y que este maravilloso artefacto decorado con esas joyas también poseía significados místicos y poderes extraordinarios. Por tanto, allí comencé mi investigación, para cuyo término Dios mandó a muchas personas que me asesoraron y me guiaron a fin de encontrar valiosa información al respecto, como el Rabino Nissim Urfali y el doctor Gabriel Nehmad, entre otros. A ellos agradezco profundamente por las ideas que me dieron y las fuentes que me proporcionaron.

Estoy seguro de que hay aún mucho más que hablar sobre las piedras de la suerte y espero encontrar todavía más información. No obstante, por el momento es mi humilde deseo que este libro ofrezca a los lectores de toda filiación religiosa y filosófica un panorama (aunque ciertamente incompleto) más amplio del que poseían antes de leerlo, a fin de entender, en primer lugar, la grandeza de Dios, y que, luego, podamos comprender cómo todo en este universo se halla en extremo relacionado. Y que nos demos cuenta, de una vez por todas y para siempre, de que no hay ser alguno como Dios, Creador, Recreador y Supervisor del Cielo y de la Tierra.

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Chapter 3: Las piedras y la idolatría

Uno de los principios de la fe judía es creer en la unidad de Dios; en otras palabras, que Dios es la causa de todo lo que existe y que es uno, como lo menciona el Ramjal (Rabenu Moshé Jayim Luzzato):

Dios debe ser absolutamente uno. Es imposible que exista más de un ser cuya existencia sea intrínsecamente imperativa. Sólo un Ser puede existir con esta Esencia necesariamente perfecta y, en consecuencia, la única razón por la cual todas las demás cosas tienen la posibilidad de existir es que Dios desea que existan. Por tanto, todas las otras cosas dependen de Él, y no tienen existencia intrínseca (Derej Hashem, Cap. 1).

La Torá nos enseña esta regla al decir: “Escucha, oh Israel, el Eterno es nuestro Dios, el Eterno es Uno” (Devarim 6:4). Además, creer en esta realidad constituye el primero y el segundo de los Diez Mandamientos, como está escrito: “Yo soy Dios tu Dios” y “No tendrás otros dioses” (Shemot 20:2-3).

Este principio implica la terminante prohibición de atribuir poder a cualquier otra cosa, objeto o idea externa a Dios, así como pensar que Dios ha dado a alguna criatura —incluyendo a los ángeles— la facultad de llevar a cabo alguna función por propia iniciativa. Igualmente, todo esto es parte de la prohibición de no tener otros dioses. Además, en muchos versículos de la Torá y muchos pasajes del Talmud se critica y se tacha de idólatra a todo el que confía en las piedras o en la madera.

En consecuencia, resulta fundamental comprender el motivo por el que está permitido creer en los amuletos, los signos del zodiaco o las piedras de la suerte.

La respuesta es muy sencilla: si vemos tal prohibición desde otra perspectiva, es decir, si en lugar de creer en el poder de estos elementos, depositamos nuestra confianza en que el Todopoderoso es la fuente de toda la energía en el Universo y que, debido a Su inmensa sabiduría, fue dispuesto enviar a nuestro mundo cierta cantidad de energía por medio de ellos, entonces estamos pensando de la manera correcta y somos capaces de usarlos sin caer en el pecado de idolatría. Sin embargo, cometemos idolatría aun sin creer en los amuletos, los astros o las piedras de la suerte si no aplicamos la regla de que no hay ningún otro poder, que el de Dios.

Por ejemplo, al tomar una medicina, con sólo pensar que es la sustancia contenida en ella —la dichosa “sustancia activa”— la que nos cura, estamos atribuyéndole un poder, el de curar, y esto también cae dentro de la prohibición mencionada arriba.

De la misma manera, si intentamos realizar cierto negocio y logramos el éxito, es decir, una sustanciosa ganancia, y decimos para nuestros adentros que fue nuestra gran sabiduría la que nos hizo obtener esa riqueza, estamos cometiendo idolatría, ya que estamos atribuyéndonos el poder de haber conseguido algo y rechazamos que la idea para lograrlo nos la mandó Dios, así como la energía para llevarla a la práctica, la voluntad de comprar la mercancía e infinidad de detalles que nos permitieron entrar en posesión de tal ganancia. Si pensamos bien en ello, todo puede llegar a ser idolatría si lo enfocamos de manera equivocada, si olvidamos que detrás de todo está Dios.

Y para ilustrarlo mejor, me gustaría citar textualmente las palabras de Simón Chocrón registradas en su libro Yo Creo, que habla sobre los fundamentos de la fe de acuerdo con el Rambam:

Si observamos el universo que nos rodea, veremos que los fenómenos se repiten en la naturaleza una y otra vez. Por ejemplo, al soltar un objeto, éste cae al suelo; al introducir un líquido en el congelador, se convierte en hielo. Igualmente ocurre a nivel orgánico: un enfermo de anginas, por ejemplo, al tomar el antibiótico se cura. ¿Cuál es la causa de estos fenómenos?

La respuesta que seguramente escucharemos será: “Muy sencillo, estas son simplemente leyes naturales; la ley de gravitación es la causa de que los objetos caigan; la ley de solidificación de los líquidos causa que se solidifiquen; y el antibiótico tiene la propiedad de combatir los microbios del cuerpo”.

Si preguntamos ahora al creyente cómo observa los fenómenos naturales, su respuesta será, posiblemente: “Yo creo que el Creador lo hizo todo y, como parte de Su creación, creó las leyes de la naturaleza, que son las que rigen los fenómenos del universo”. Si preguntamos a la misma persona: “¿Y cómo defines el milagro?”, seguramente responderá: “En raras ocasiones, en virtud de una necesidad particular o para alguien que tenga méritos extraordinarios, Dios interviene en la naturaleza para alterar sus leyes y producir un milagro, es decir, un fenómeno inexplicable según las leyes naturales”.

Tales respuestas contradicen la definición autentica de la unidad de Dios, cuya idea intentaremos comprender mediante la siguiente comparación:

Un anciano quería adiestrar a su perro para que le trajera un bastón cada vez que lo necesitara. Para esto utilizó la conocida táctica de dar un premio al animal cada vez que cumpliera su labor. Cuando el perro le obedecía y le llevaba el bastón, el anciano le arrojaba un trozo de carne, hasta que consiguió acostumbrarlo. Podemos imaginar qué pensaba el perro, al cabo de un tiempo: “Cada vez que voy por el bastón recibo automáticamente un trozo de carne”. Pero, en realidad, el perro se equivoca, porque la verdadera razón de que le sea proporcionada la carne no es el hecho de ir a buscar el bastón, sino la decisión voluntaria de su amo. Es decir, cada vez que el perro va a buscar el bastón, el anciano puede decidir darle la carne o no. El hecho de que el perro reciba la carne sólo significa que el anciano decide dársela.

En un error similar puede incurrir el hombre al observar los fenómenos naturales. Cuando ve que todo objeto cae siempre al suelo, que al plantar una semilla crece una planta, que al tomar una pastilla la enfermedad desaparece, o cualquier otro acto de la naturaleza, ello le induce a creer que estos fenómenos ocurren así obligatoriamente, sin depender de otro factor. Este error es parecido al del perro: “piensa” que cada vez que lleva el bastón recibe un trozo de carne, porque hay una “ley natural” que causa este fenómeno.

Realmente, la verdadera y última causa de todos los fenómenos naturales es el Creador, como dice el Tikuné HaZohar: “Tú eres la causa de las causas”. El hecho de que los fenómenos se repitan una y otra vez significa simplemente que Dios quiere que éstos ocurran cada vez de la misma manera (tal como el anciano decide cada vez lanzar carne a su perro). Por consiguiente, a las preguntas de por qué los objetos caen cuando los soltamos, por qué las plantas crecen cuando plantamos unas semillas, etc., contestaremos: porque el Creador lo dicta. Así lo escribe el profesor Leo Levy, físico judío contemporáneo: Las leyes naturales no son más que la expresión de la voluntad del Creador; la piedra cae cada vez porque Dios quiere que caiga cada una de esas veces…

(“Judaísmo y ciencia”, Yo Creo, pág. 24)

Así, creer que una simple piedra o un astro tienen energía propia es una completa equivocación, pero también lo es creer que el aceite es combustible, que una medicina puede curar nuestros malestares, que un árbol crece sólo porque sembramos una semilla, que las cosas caen por su propio peso, etcétera.

Por otro lado, si aceptamos que cada vez que tomamos una medicina es Dios quien decide curarnos, o cada vez que encendemos un material combustible es Dios el que decide que eso suceda, etc., entonces debemos también creer que al tomar una piedra en nuestras manos será Dios quien decida mandarnos salud o dinero o alegría. Las piedras, los astros y los amuletos no son diferentes de las otras cosas de la naturaleza. Así como el Eterno estipuló otras leyes naturales, también estableció que, por medio de todo lo que existe, sucedan los fenómenos.

Esto me recuerda lo ocurrido a Moshé, precisamente con una piedra. Dijo Dios a Moshé: “Y hablarás con la roca (para que de ella salga agua)”. Moshé reunió a todo el pueblo alrededor de la roca y le habló, esperando que saliera de ella el vital líquido por el cual el pueblo estaba clamando. Moshé habló a la piedra, pero no salió nada. Luego de varios intentos infructuosos, por la desesperación que sintió en ese momento, Moshé golpeó la piedra con su cayado y de inmediato el agua comenzó a salir a chorros, y sació la sed de todo el Pueblo de Israel. Podríamos pensar que éste fue un acto heroico, pero después Dios reclamó a Moshé y lo castigó severamente, “Por no haber confiado en Mí”, dice el versículo.

¿Cuál fue la falta de Moshé? ¿Solamente golpear a una piedra en lugar de hablarle? ¿Fue eso motivo suficiente para que Dios se enojara tanto con él? ¿Qué más daba? A fin de cuentas, el agua salió.

Sin embargo, explican nuestros Sabios que, si Moshé hubiese sólo hablado a la piedra, habría sido notorio que el agua brotaba por voluntad de Dios, pero al golpearla con su cayado, el pueblo cometió la equivocación de pensar que fue la “varita mágica” de Moshé la que hizo salir el agua, y no la voluntad de Dios.

Esto puede entenderse también de la siguiente manera: debido a que Moshé golpeó la piedra, eso hizo pensar al pueblo que era la piedra la que daba el agua y no la voluntad del Todopoderoso. Por eso Él reclamó a Moshé justamente con esas duras palabras: “Por no creer en Mí y no santificar Mi nombre”, es decir, “Serás castigado por haberte enfadado con la piedra, pensando que era ella la que daba el agua y no Yo, y también serás castigado por hacer que el pueblo pensara eso”.

El mensaje que Moshé debía transmitir al pueblo era: “No es la piedra la que da el agua, sino la voluntad del Creador”.

Lo mismo hay que decir acerca de las piedras de la suerte. A pesar de que por ellas fluye energía enviada por Dios, no son ellas por sí solas las que generan tales vibraciones energéticas; es la voluntad del Creador la que les da tal cualidad. Por tanto, debo establecer, de manera categórica: No es la piedra la que da la energía, sino la voluntad del Creador.

Quien ha ordenado a las piedras que nos ayuden, Él, Bendito Sea, mandará para nosotros toda clase de bendiciones. Amén.



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Chapter 4: El Jóshen


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