Este es el primer libro de nuestro tiempo para predicar ‘el Evangelio por agua y el Espíritu’ de acuerdo con las Sagradas Escrituras.
Estoy seguro que la mayoría de ustedes no está familiarizado con el evangelio de nacer de nuevo por agua y el Espíritu. Por eso traté de poner mucho énfasis en el evangelio del bautismo de Jesu-cristo y de Su Cruz en todos los sermones. Si no existiera el bautismo de Jesús, Su Cruz no nos hubiera servido para nada. Esta es la razón por la cual he enfatizado su bautismo de forma reiterada. Mi propósito es exponérselos claramente. Hasta que ustedes sean bendecidos con el evangelio por el agua (el bautismo de Jesús) y el Espíritu, quisiera reiterárse-los. Deseo con entusiasmo que todos ustedes confíen en el evangelio de su bautismo y en la Cruz para que sean salvos de pecado. Y estoy seguro que estos sermones pueden ayudarles a nacer de nuevo.

¿ REALMENTE HAS NACIDO DE NUEVO POR AGUA Y EL ESPÍRITU?
Smashwords Edition
Derechos de Autor 2002 por la The New Life Mission
Reservados todos los derechos.
Ninguna parte de esta publicación puede ser reproducida, almacenada en un sistema o transmitida en alguna forma o por algunos propósitos-electrónico, mecánico, fotocopia, grabación o de otro modo- sin el permiso previo escrito del publicador y los propietarios de los derechos de Autor.
La Sagrada Escritura usada en este libro es de la Versión Reina-Valera.
Gracias
Qusieramos ofrecer una oración de gratitud al Señor por darnos las palabras de salvación y bendecirnos con el evangelio de ser nacidos de nuevo por agua y el Espíritu.
Gracias también a todos los siervos de Dios, incluyendo Rev. Juan Kyunghwan Shin y la hermana Lee Sangmin, quienes ofrecieron servicios incalculables en la publicación de este libro; a Sra. Soojin Kim por traducirlo en castellano; a los hermanos y hermanas en la compañía de publicación Hephzibah. Todos ellos han trabajado mucho para este libro. Gracias a todos ustedes de nuevo.
Espero y ruego que este libro y las cintas de cassette puedan ayudar a muchas almas para nacer de nuevo y quiero dar mi agradecimiento sincero de nuevo a todos los que trabajaron con nosotros.
Espero sinceramente que nuestro Señor nos permita dar a conocer a todo el mundo el evangelio del nuevo nacimiento por agua y el Espíritu a través de los que confían en Jesús.
Con confianza inmortal, doy gracias al Señor.
PAUL C. JONG

Prólogo
Tenemos que ser nacidos de nuevo por el agua y el Espíritu.
Dios, cuando Él creó el cielo y la tierra al principio del tiempo, también creó las Palabras eternas, el Reino del Cielo y el infierno. Y Él creó al hombre a Su propia imagen. Pero como el primer hombre, Adán, cometió pecado ante Dios, el ser humano tiene que morir. “Y de la misma manera que está reservado a los hombres el morir una sola vez, y después de esto el juicio”(Hebreos 9, 27).
La muerte de nuestra carne es un camino hacia la vida eterna. El que sea sin pecado va a entrar al mundo eterno del Cielo y gozar para siempre de la alegría de ser un hijo de Dios, mientras los pecadores van a ser lanzados al “lago de fuego y azufre”(Apocalipsis 20, 10) y van a ser atormentados día y noche por los siglos de los siglos.
Entonces todos los hombres tienen que nacer de nuevo. Tenemos que nacer de nuevo a través de nuestra confianza, ser redimidos y ser justos. Sólo después podemos entrar en el Reino eterno de Dios. La Biblia dice:
“De cierto te digo, que el que no nace de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios.” (Juan 3, 5). “El nacer de nuevo de agua y del Espíritu” es la única manera en que podemos entrar en el Reino de Dios.
Entonces, ¿qué es este ‘agua’ y ‘el Espíritu’ que nos permiten nacer de nuevo? El ‘agua’ en la Biblia es ‘el bautismo de Jesús’.
¿Por qué fue Jesús, quien es Dios, bautizado por Juan el Bautista? ¿Para mostrar Su humildad? ¿Para proclamarse Él mismo como Mesías? No, no fue por eso.
Cuando Jesús fue bautizado por Juan el Bautista a través de “la imposición de las manos”(Levítico 16, 21), esto fue “la justicia de uno” (Romanos 5, 18) que quitó todos los pecados del ser humano.
En el Antiguo Testamento, Dios dio a Israel la Ley misericordiosa de redención, entonces en el Día de la Expiación todos los pecados de Israel de ese año podían ser expiados a través del sumo sacerdote Aarón al poner sus manos en la cabeza del ‘macho cabrio expiatorio’ y pasar todos los pecados al macho cabrio expiatorio.
Esta fue la palabra de revelación que predijo el sacrificio de expiación eterna que vendría en el futuro. Esto reveló la verdad de que todos los pecados del ser humano se pasan una vez a Jesús quien vino en carne de hombre de acuerdo con la voluntad del Padre. Él fue bautizado por Juan el Bautista quien fue descendiente de Aarón y el representante de todo ser humano. Cuando Jesús fue bautizado, Él dijo, “Permítelo ahora, porque así conviene que cumplamos toda justicia.” (Mateo 3, 15).
Aquí, ‘porque’ significa que al poner las dos manos, todos los pecados del ser humano fueron pasados a Jesús, entonces la justicia fue cumplida para todo ser humano. Aquí la palabra ‘justicia’ es ‘dikaiosune’ en griego, y su significado es “para ser justo en carácter o actos con la implicación de ser justo o apropiado.” Jesús ha cumplido la justicia para todo ser humano a través de Su bautismo justa y apropiadamente. Como Jesús se llevó todos los pecados de los hombres mediante Su bautismo, al día siguiente Juan el Bautista testificó: “He ahí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo” (Juan 1, 29). Con todos los pecados del mundo en sus hombros, Jesús andaba hacia la Cruz y Él tomó el juicio para todos los pecados por Sí mismo a través de su bautismo. Él murió en la Cruz, diciendo “consumado está” (Juan 19, 30.) Él tomó todos los pecados por Sí mismo y recibió el juicio final para todos.
El bautismo de Jesús es el prototipo de salvación
Entonces, sin tener la ‘confianza en el bautismo de Jesús’ no podemos ser salvados. Por eso el apóstol Pedro declaró el agua de Su bautismo como “El bautismo que corresponde a esto ahora nos salva” (1 Pedro 3, 21).
Hoy en día, mucha gente quien confía en Jesús no confía en el bautismo de Jesús, el ‘agua’, y sólo confía en Su muerte en la Cruz. ¿Pero esto puede salvar a los pecadores? ¿Podemos ser expiados teniendo confianza sólo en la sangre de Jesús? ¿Esto puede darnos la salvación?
No. No podemos ser expiados ante Dios confiando sólo en la muerte de Jesús en la Cruz. Cuando el pueblo de Israel ofreció el sacrificio de expiación en la época del Antiguo Testamento, matar la ofrenda de pecado no podía ser válido sin poner las dos manos en la cabeza del sacrificado. En otras palabras, si ellos hubieran ofrecido el sacrificio sin poner sus pecados en la cabeza del sacrificado, esto no podría haber ser válido. Entonces confiar en la Cruz de Jesús sin confiar en Su bautismo sería incorrecto e inapropiado. Por eso, el apóstol Pedro dijo: “El bautismo que corresponde a esto ahora nos salva por la resurrección de Jesucristo.” (1 Pedro 3, 21).
Así como el pueblo que no confió en las muchas ‘aguas’ (el diluvio) durante el tiempo de Noé, fue destruido, ahora las personas que no confían en el agua, el bautismo de Jesús, van a ser destruidas sin duda.
La confianza completa que nos lleva a la verdadera salvación es la confianza en “Éste es Jesucristo, que vino mediante agua y sangre” (1 Juan 5, 6). Tenemos que confiar en el bautismo y en la Cruz de Jesucristo.
Por eso el apóstol Juan dijo que la confianza correcta es la de confiar en “el testimonio del Espíritu, el agua y la sangre” (1 Juan 5, 8). Por eso la confianza correcta es “Jesús es Dios mismo y Él vino en persona por el Espíritu a través del cuerpo de la virgen María y Él quitó todos los pecados del mundo por ser bautizado en el río Jordán por Juan el Bautista, el representante de todo ser humano. Y el tomó todos los pecados de las personas en la Cruz y Él recibió el juicio por todos ellos” Entonces el Evangelio no puede ser completado sin ‘el bautismo de Jesús’, ‘el agua’ y aunque confiemos bien en Jesús, no podemos alcanzar la salvación eterna sin esto.
El fondo histórico que expulsó el Evangelio verdadero de la Iglesia
¿Por qué, hoy en día, ‘el evangelio del bautismo de Jesús’ ha sido tan poco conocido y el Evangelio falso se ha extendido por todas las partes del mundo?
Después de la resurección de Jesús y la subida al Cielo, los apóstoles predicaron el ‘Evangelio por agua y la sangre’. Si leemos con cuidado el Nuevo Testamento, podemos ver que no sólo los autores de la Biblia, sino todos los apóstoles y los trabajadores de la Iglesia Cristiana temprana incluyendo los apóstoles Pablo, Pedro, y Juan han predicado de manera clara ‘el Evangelio por el agua y la sangre.’
Entretanto, el diablo ha estado tramando después del comienzo para alterar el Evangelio y para quitar el poder de vida de la Iglesia. Desde el tiempo del Edicto de Milán de 313 D.C., la Iglesia Cristiana cayó en la trampa del diablo. Los poderes políticos del Imperio Romano, en lugar de reconocer el cristianismo como la religión del Estado, la utilizaron para obtener estabilidad política. Al especificar que ‘alguna persona que entró en la iglesia debía ser bautizada’, el Imperio Romano podía unir a diversos pueblos de sus varias colonias.
Esto fue el resultado de las circunstancias que causaron la predicación de los apóstoles para que sea reemplazada como la base del entrenamiento religioso. Por esto, ‘el Evangelio de acuerdo con la Biblia’, ‘el Evangelio del agua y el Espíritu’-que se nos da “en poder, en el Espíritu Santo y en plena certidumbre” (1 Tesalonicenses 1, 5)- desaparecieron juntos. Como el diablo lo planeó, el evangelio falso que no permite a nadie nacer de nuevo ha prosperado en todas partes del mundo.
Durante los mil años posteriores al Edicto de Milán, las épocas oscuras del cristianismo sofocaron al mundo europeo entero. Aunque una serie de nuevos movimientos de reforma habían ocurrido en muchas naciones, instando al pueblo a volver a ‘las Palabras, la Gracia y la fe’, nadie podía encontrar el Evangelio verdadero, ‘el Evangelio por el agua y la sangre’.
Este Evangelio verdadero ha sido mantenido vivo en las manos de quienes seguían las palabras desde la época de los Apóstoles. Y como un chorro que ha desaparecido dentro de la tierra, apareció de nuevo en los llanos, eso saldrá de nuevo en el último día para proclamarse en todas partes del mundo.
Este es el primer libro en el mundo para predicar el Evangelio del bautismo de Jesús como está escrito en la Biblia
Este es el primer libro en el mundo que predica el evangelio de bautismo y la sangre de Jesús como está escrito en la Sagrada Escritura; el Evangelio nos dice que Él quitó todos nuestros pecados mediante su bautismo y tomó el juicio para todos nuestros pecados en la Cruz. Estoy seguro de que no hay un libro que predique ‘el Evangelio del agua y la sangre’ de manera más clara y con más confianza que este libro.
En estos días, cuando todos pueden encontrarse a través de Internet, he tratado de encontrar a amigos que prediquen el Evangelio como está escrito en la Biblia, que sepan y prediquen con confianza el secreto del bautismo de Jesús. He fracasado hasta ahora. Por eso he decidido publicar este ‘Libro del Evangelio’ en español.
El contenido de este libro ha sido seleccionado desde sermones publicados a través de los artículos del ‘Libro del Evangelio’ que está circulando con regularidad en Corea.
Cuando la inundación cubre todo el mundo, el agua abunda en todas partes del mundo, pero no hay nada para beber. En la misma manera, hay muchos ‘servidores de Dios’ que predican el evangelio falso pero no hay nadie que nos dé la vida verdadera.
La mujer samaritana que bebió en el pozo de Jacob todos los días no podía satisfacer su sed espiritual pero cuando ella bebió el agua de Jesús, ella adquirió la salvación para siempre y satisfizo su sed inmediatamente y para siempre.
El agua de Jesús es abundante en su libro. Quienquiera que beba desde su libro va a ser salvado de su pecado para siempre. Él no va ser atrapado de nuevo por su pecado, pero el agua viva va a satisfacer la sed espiritual de otras personas alrededor de ella.
Permítanos ser los trabajadores de Dios, los reparadores de la brecha
Estamos viviendo en una época cercana al fin del mundo. Este es el tiempo en que todos los pecados del ser humano andan desbordantes requiriendo el juicio justo de Dios. Los científicos descubrieron la queja sintetizada genéticamente, ‘Dolly’, como ejemplo y la gente está lista para aceptar genéticamente la reproducción del ser humano.
Estamos estableciendo otra torre de Babel en el final de los tiempos. Cuando los hombres lo trataron, Dios los destruyó al confundir sus lenguas. Ahora sin la gracia de Dios, las Siete Grandes Tribulaciones y el juicio eterno van a afectar a los que no han sido nacidos de nuevo.
Por ello ruego y les insto a ustedes a leer este libro con cuidado. Ruego que ustedes sean ‘nacidos de nuevo por el agua y el Espíritu’. Este libro predica de manera precisa el Evangelio como está escrito en la Biblia. Por ello dice: “Si vosotros permanecéis en mi palabra, seréis verdaderamente mis discípulos; y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres” (Juan 8, 31-32). Tal vez ustedes puedan saber las palabras verdaderas a través de este libro y van a ser libres de pecado y muerte. Tal vez ustedes vayan a ser expiados y ganar vida permanente en Él.
Permítanos hacer el trabajo del Padre juntos para salvar las almas de Su pueblo al predicar el ‘Evangelio por el agua y la sangre’. Espero con sinceridad que el Evangelio verdadero vaya a ser predicado en varias partes y tal vez vamos a trabajar juntos para dedicarnos a reparar las brechas en confianza con las palabras verdaderas.
“Y los tuyos edificarán las ruinas antiguas; los cimientos de muchas generaciones levantarás, y serás llamado reparador de portillos, restaurador de calzadas para poblados” (Isaías 58, 12).
Muchos de ustedes no están familiarizados con el Evangelio de ‘ser nacido de nuevo con agua y el Espíritu’. Por ello voy a poner gran énfasis en el Evangelio del bautismo de Jesús y Su Cruz en todos los sermones.
Si no existiera el bautismo de Jesús, Su Cruz no tendría ningún significado para todos nosotros. Hay razones por las cuales he enfatizado Su bautismo de manera reiterada.
Mi propósito es aclararselo a ustedes. Hasta que todos sean bendecidos con el Evangelio por el agua (el bautismo de Jesús) y el Espíritu, voy a repetirlo:
Espero arduamente que todos ustedes lleguen a confiar en el Evangelio de Su bautismo y la sangre a fin de ser salvos del pecado. Y estoy seguro de que estos sermones van a ayudarlos a ser ‘nacidos de nuevo.’
Contenidos
Parte Una — Sermones
1. Primero Tenemos Que Saber acerca de Nuestros Pecados para Ser Redimidos (Marcos 7:8-9, 20-23)
2. Los Hombres Han Nacido Pecadores (Marcos 7:20-23)
3. ¿Si Hacemos las Cosas por la Ley, Esto Puede Salvarnos? (Lucas 10:25-30)
4. La Redención Eterna (Juan 8:1-12)
5. El Bautismo de Jesús y la Expiación de los Pecados (Mateo 3:13-17)
6. Jesucristo Vino por Agua, Sangre, y el Espíritu (1 Juan 5:1-12)
7. El Bautismo de Jesús es el Prototipo de la Salvación para los Pecadores (1 Pedro 3:20-22)
8. El Evangelio de la Expiación Abundante (Juan 13:1-17)
Parte Dos — Apéndice
Sermón 1
Primero Tenemos Que
Saber acerca de Nuestros
Pecados para Ser Redimidos

Primero tenemos que saber
acerca de nuestros pecados
para ser redimidos
< Marcos 7, 8-9 >
“Dejando el mandamiento de Dios, os aferráis a la tradición de los hombres: como los lavamientos de jarros y vasos de beber; y hacéis otras muchas cosas semejantes. Les decía también: ¡Qué bien dejáis a un lado el mandamiento de Dios, para conservar vuestra tradición!”
< Marcos 7, 20-23 >
“Y decía: Lo que sale del hombre, eso contamina al hombre. Porque de adentro, del corazón de los hombres salen las maquinaciones perversas, las fornicaciones, hurtos, asesinatos, adulterios, avaricias, maldades, el engaño, la desvergüenza, envidia, maledicencia, arrogancia, estupidez; todas estas maldades salen de adentro y contaminan al hombre”
Primero quisiera definir el pecado. Hay pecados definidos por Dios y hay pecados definidos por los hombres. La palabra pecado, en griego, significa «perder la marca». Esto significa no hacer lo justo. Esto es el pecado, no seguir correctamente las órdenes de Dios. Primero vamos a ver los pecados definidos por los hombres.
¿Qué es pecado?
Desobedecer las
órdenes de Dios.
Medimos nuestros pecados de acuerdo con nuestro conocimiento . La medida humana del pecado depende de su procedencia social, estado mental, circunstancias y conciencia.
Esto es juzgado por cada individuo. Entonces la acción misma puede ser considerada o no como un pecado dependiendo del estándar de cada persona. Por eso Dios nos ha dado 613 artículos de la Ley para ser usados como un estándar para el juicio.
El diagrama siguiente ilustra el pecado del hombre.
Ley de Dios
Conciencia de hombre
moralidad, normas sociales.
ley nacional, ley civil
Entonces no debemos establecer nuestro estándar sobre nuestra conciencia.
El pecado de nuestra conciencia no está de acuerdo con lo que Dios ha definido como pecado. Por eso no debemos escuchar a nuestra conciencia, más bien debemos basar nuestras acciones en el mandamiento de Dios.
Cada uno de nosotros tiene una idea propia de qué es el pecado. Algunos lo consideran como defectos y otros lo consideran como actitudes deformadas. Por ejemplo, en Corea, la gente cubre las tumbas de sus padres con hierbas y considera su deber cortar las hierbas y atender las tumbas hasta que ellos mismos mueran.
Pero en caso de una tribu primitiva en Papua Nueva Guinea, ellos honran a sus padres muertos al compartir el cuerpo entre los miembros de la familia y lo comen (no estoy seguro si ellos lo cocinan o no antes de comer). Esto es para prevenir que el cuerpo sea comido por los insectos. Estas costumbres demuestran que los conceptos humanos de pecado son muy variados.
La Biblia nos dice que el pecado es desobedecer las órdenes de Dios.
“Dejando el mandamiento de Dios, os aferráis a la tradición de los hombres: como los lavamientos de jarros y vasos de beber; y hacéis otras muchas cosas semejantes. Les decía también: ¡Qué bien dejáis a un lado el mandamiento de Dios, para conservar vuestra tradición!” (Marcos 7, 8-9)
A Dios no le importa cómo la gente ve el mundo exterior. Él ve el fondo de nuestro corazón.
El criterio propio es un pecado ante Dios.
¿Cuál es el pecado más serio?
El no hacer caso de las
palabras de Dios
Permítame decir qué es un pecado ante Dios. Esto significa fracasar viviendo por su voluntad. Esto no es confiar en Sus Palabras. Dios dijo que esto es el pecado de vivir como los fariseos que rechazaron el mandamiento de Dios y pusieron más importancia en su lectura tradicional. Y Jesús considera a los fariseos como unos hipócritas.
“¿En qué Dios crees? ¿Realmente Me respetas? ¿Ostentas Mi nombre pero de veras Me honras?” La gente sólo ve la apariencia exterior y no hace caso de las palabras de Dios. Esto es un pecado ante Él. El pecado más serio es no hacer caso de Sus palabras. ¿Se dan cuenta de esto? Esto es el pecado de todos los pecados.
Nuestras debilidades son sólo defectos, meras transgresiones. Los errores y las culpas que cometemos por nuestra imperfección no son pecados fundamentales sino son defectos. Dios distingue entre pecado y defecto. Entonces los que no hacen caso de Sus Palabras son pecadores aunque ellos no tengan defectos. Ellos son grandes pecadores ante Dios. Por eso Jesús reprendió a los fariseos.
En el Pentateuco, de Génesis a Deuteronomio, están los mandamientos que nos indican qué tenemos que hacer o no. Estas son las palabras de Dios, Sus mandamientos. No podemos seguirlos al 100%, o no somos capaces de cumplir todos, pero ante todo debemos reconocerlos como Sus mandamientos. Él nos los dio desde el principio y debemos aceptarlos como tal.
“En el principio creó Dios los cielos y la tierra“. Después Él dijo “Sea la luz; y fue la luz“. Él creó todo. Y Él estableció la Ley.
“Y el Verbo se hizo carne, y habitó entre nosotros, y el Verbo era Dios“. (Juan 1, 1; 1, 14) ¿Cómo se manifiesta Dios ante nosotros? Él se nos manifiesta a través de Sus mandamientos. Dios es el Verbo y Él se muestra mediante Sus mandamientos. Dios es el Espíritu. Y ¿cómo denominamos la Biblia? La llamamos la Palabra de Dios.
Se dice “Dejando el mandamiento de Dios, os aferráis a la tradición de los hombres“. Hay 613 artículos de Su Ley. Haz esto pero no hagas eso, respeta a tus padres… etc.
En el Levítico se dice que las mujeres deben hacer así y los hombres deben hacer así y qué tienen que hacer cuando un animal doméstico caiga en una zanja… Hay 613 artículos, Su Ley.
Pero como estos no son las palabras de un ser humano, debemos pensarlos de manera repetida. Debemos obedecer a Dios y aunque no somos capaces de cumplir toda su Ley, debemos reconocerlos al menos.
¿Hay alguna palabra de Dios que no es justa? Los fariseos dejaron a un lado los mandamientos de Dios. Ellos pusieron la tradición de los hombres por encima de Sus mandamientos. Las palabras de sus mayores tuvieron más importancia que las palabras de Dios. La situación era así cuando Jesús nació. Jesús se enfadó cuando la gente no hizo caso de las palabras de Dios.
Dios nos ha dado 613 artículos de la Ley para enseñarnos que Él es la Verdad, Él es nuestro Dios, cuáles son nuestros pecados ante Él y para mostrarnos Su Santidad. Entonces, porque todos nosotros somos pecadores ante Él, debemos confiar en Jesús quien fue enviado a nosotros por Dios debido a Su amor para con nosotros y debemos vivir confiados.
Los que dejan a un lado sus palabras y los que no confían son pecadores. Los que no son capaces de cumplir Sus palabras son pecadores también, pero es un pecado más grave dejar a un lado Sus palabras. Ellos son los que van a entrar en el infierno. No confiar en Él es un pecado ante Él.
La razón por la cual Dios nos dio la Ley
¿Por qué Dios nos dio la Ley?
Para que nos diésemos cuenta de nuestros
pecados y del castigo por ellos.
¿Cuál es la razón por la cual Dios nos dio la Ley? Para darnos cuenta de nuestros pecados y para volver a Sus Brazos. El nos dio 613 artículos de la Ley para que podamos darnos cuenta de nuestros pecados y ser redimidos a través de Jesús. Esta es la razón por la cual Dios nos dio la Ley.
Se dice en Romanos 3, 20: “por medio de la ley es el conocimiento del pecado“. Por ello sabemos que la razón por la cual Dios nos dio la Ley no es para obligarnos a vivir en esta.
Entonces, ¿cuál es el conocimiento que podemos recibir de la Ley? Es que somos tan débiles para obedecer la Ley de manera completa y somos pecadores ante Él. Y ¿qué nos enseñan los 613 artículos de Su Ley? Nos damos cuenta de nuestros defectos y nuestra incapacidad para vivir con Su Ley. Nos damos cuenta de que nosotros, creación de Dios, somos seres impotentes. Reconocemos que somos pecadores ante Él, y debemos entrar en el infierno de acuerdo con Su Ley.
Cuando nos damos cuenta de nuestros pecados y también nuestra impotencia, ¿qué hacemos? ¿Tratamos de hacernos seres completos? No. Lo que tenemos que hacer es admitir que somos pecadores, confiar en Jesús, ser redimidos a través de Su salvación por el agua y el Espíritu y darle gracias a Él.
La razón por la cual Él nos dio la Ley es para hacernos reconocer nuestros pecados y el castigo por estos pecados, y que por ello sepamos que no podríamos ser salvados del infierno sin Jesús. Si confiamos en Jesús como nuestro Salvador, vamos a ser redimidos. Él nos dio la Ley para salvarnos.
Él nos dio la Ley para salvarnos de los pecados. Él nos dio la Ley y envió a Jesús para salvarnos. Él envió Su propio Hijo para quitar nuestros pecados a través de Su bautismo. Y podemos ser salvos al confiar en Él.
Debemos darnos cuenta de que somos pecadores sin esperanza y debemos confiar en Jesús, entonces podemos ser libres de pecado, ser Sus hijos y volver a la gloria de Dios.
Somos pecadores sin remedio que debemos creer en Jesús para ser salvados del pecado, convertirse en Sus hijos y volver a la gloria de Dios.
Debemos entender Su Palabra. Todos los principios son de Él. También debemos empezar con Sus Palabras y entender la verdad de la redención a través de Su Palabra. Debemos pensar y juzgar mediante Su Palabra. Esto es la fe justa y verdadera.
¿Qué hay en el corazón de un hombre?
¿Qué debemos hacer ante Dios?
Debemos admitir nuestros pecados
y rogar la salvación de Dios.
La fe debe iniciarse con Sus palabras y debemos confiar en Dios a través de Sus palabras. Si no, vamos a caer en la falacia. Esto sería la fe falsa.
Cuando los fariseos y los escribas vieron a los discípulos de Jesús comiendo pan sin haberse lavado las manos, ellos no hubiesen podido reprobarlos si ellos los hubieran visto a través de las palabras de Dios. La Palabra nos dice que cualquier cosa que entre en una persona desde el mundo exterior no puede contaminarla porque esto va a entrar en su estómago y no en su corazón y posteriormente sale.
Como se dice en Marcos 7, 20-23: “Y decía: Lo que sale del hombre, eso contamina al hombre. Porque de adentro, del corazón de los hombres salen las maquinaciones perversas, las fornicaciones, hurtos, asesinatos, adulterios, avaricias, maldades, el engaño, la desvergüenza, envidia, maledicencia, arrogancia, estupidez; todas estas maldades salen de adentro y contaminan al hombre“. Él ha dicho que los hombres son pecadores, pues nacen con pecados.
¿Entienden qué significa esto? Todos somos descendientes de Adán. No podemos ver la verdad, pues no aceptamos ni confiamos en todas Sus palabras. ¿Qué hay en el corazón del hombre?
Vamos a ver Marcos 7, 21-22: “Porque de adentro, del corazón de los hombres salen las maquinaciones perversas, las fornicaciones, hurtos, asesinatos, adulterios, avaricias, maldades, el engaño, la desvergüenza, envidia, maledicencia, arrogancia, estupidez“. Todo esto sale del corazón de hombre y lo contamina, a él y a otras personas.
Esto está escrito en Salmos: “Cuando veo tus cielos, obra de tus dedos, la luna y las estrellas que tú formaste, digo: ¿Qué es el hombre, para que de él te acuerdes, y el hijo del hombre, para que cuides de él?”. (Salmos 8, 3-4).
¿Por qué Él nos visita? Él nos visita porque Él nos ama. Él nos creó, nos amó y tuvo misericordia de nuestros pecados. Él quitó todos nuestros pecados y nos hizo Su pueblo. “¡Oh Jehová, Señor nuestro, cuán glorioso es tu nombre en toda la tierra, cielos!”. El Rey David cantó en el Antiguo Testamento cuando él se dio cuenta de que Dios sería el Salvador de los pecadores.
Y en el Nuevo Testamento, el apóstol Pablo dijo lo mismo. Esto es una cosa asombrosa que nosotros, creaciones de Dios, podamos ser Sus hijos. Esto puede solo puede cumplirse a través de Su compasión por nosotros. Este es el amor de Dios.
Tratar de vivir de manera completa por la ley de Dios es desafiarlo. Y esto es también una idea que sale de nuestra ignorancia. No es justo vivir fuera de Su amor en vez de tratar de cumplir la Ley y rogarle. Esta es la voluntad de Dios, que debemos darnos cuenta de que somos pecadores a través de la Ley y confiamos en la redención por el agua y la sangre (el Espíritu).
Su Palabra está escrita en Marcos 7, 20-23: “Y decía: Lo que sale del hombre, eso contamina al hombre. Porque de adentro, del corazón de los hombres salen las maquinaciones perversas, las fornicaciones, hurtos, asesinatos, adulterios, avaricias, maldades, el engaño, la desvergüenza, envidia, maledicencia, arrogancia, estupidez; todas estas maldades salen de adentro y contaminan al hombre“.
Jesús dijo que lo que sale del hombre, de los pecadores, contamina al hombre. La comida que Dios nos da no puede contaminar al hombre. Todas las creaciones son limpias pero solo las cosas que salen de dentro del hombre, nuestros pecados nos contaminan. Todos somos descendientes de Adán. ¿Entonces, cómo nacimos? Nacimos con 12 tipos de pecados. ¿Esto es correcto?
¿Entonces podemos vivir sin pecados? Vamos a continuar cometiendo pecados, pues nacimos con pecados. ¿Podemos dejar de cometer pecados sólo porque conocemos la Ley? ¿Podemos vivir con los mandamientos? No.
Cuanto más lo intentemos, más difícil será. Debemos darnos cuenta de nuestra limitación y abandonarnos. Entonces, con humildad, podemos aceptar el bautismo y la sangre de Jesús que nos salva.
Todos los 613 artículos de la Ley son correctos y justos. Pero los hombres son pecadores desde que ellos fueron concebidos en el útero de su madre. Cuando nos damos cuenta que la Ley de Dios es correcta pero que nacemos siendo pecadores, que no podemos ser justos por nosotros mismos, también reconocemos que necesitamos la compasión de Dios y la salvación con la redención de Jesús mediante el agua, la sangre y el Espíritu. Cuando reconocemos nuestras limitaciones, que no podemos ser justos por nosotros mismos y vamos al infierno por nuestros pecados, debemos contar con la redención de Jesús.
Entonces podemos ser liberados. Debemos saber que no se puede actuar bien ante Dios por nosotros mismos. Por eso debemos admitir ante Dios que somos pecadores y que estamos destinados a ir al infierno y podemos rogar por Su compasión. “Dios, por favor sálvame de mis pecados y ten piedad de mí“.
Vemos el ruego de David como palabras escritas de Dios. “Así que eres justo cuando sentencias, e irreprochable cuando juzgas“ (Salmos 51, 4).
Él supo que él fue una masa de pecados que fue tan maligno para ser echado al infierno pero él lo admitió ante Dios. “Si Usted me llama un pecador, soy un pecador; Si me considera como una persona justa, soy justo; Si Usted me salva, voy a ser salvado; y si Usted me envía al infierno, voy a entrar al infierno“.
Esta es la fe correcta. Este es el camino para ser salvos. Esto muestra cómo debemos ser si esperamos estar listos para confiar en la redención de Jesús.
Debemos saber exactamente cuáles son nuestros pecados
Como todos somos descendientes de Adán, tenemos codicia en nuestro corazón. Pero, ¿qué nos dice Dios? Él nos dice que no cometamos adulterio. Podemos matar en nuestro corazón, pero ¿qué nos dice Dios? Él nos prohíbe matar. Todos nosotros desafiamos a nuestros padres en nuestro corazón, pero Él nos dice que debemos honrar a nuestros padres. Debemos darnos cuenta de que todas Sus Palabras son correctas y buenas y que todos nosotros tenemos pecados en nuestro corazón.
¿Soy justo o no? Entonces, ¿qué debemos hacer ante Dios? Debemos admitir que somos masas de pecado, pecadores sin esperanza. No es justo pensar en que fuimos justos ayer porque hicimos una buena acción y hoy somos pecadores porque cometemos pecados. Hagamos lo que hagamos, somos pecadores. Esta es la razón por la cual debemos ser redimidos a través del bautismo de Jesús.
No somos pecadores debido a nuestras acciones: cometer adulterio, homicidio, robos… sino que somos pecadores porque nacemos pecadores. Nacimos con 12 tipos de pecados. Como somos pecadores nacidos a los ojos de Dios, no podemos ser buenos por nosotros mismos.
Nacimos con el espíritu lleno de pecados tales como homicidio, robos, etc…. Entonces, ¿cómo podemos ser justos? No podemos ser justos ante Dios por nosotros mismos. Si reclamamos que somos justos, esto es hipocresía. Jesús llamó a los fariseos y escribas «escribas y fariseos hipócritas». Los hombres nacen pecadores. Ellos cometen pecados ante Dios durante toda su vida.
Alguna persona reclama que ella nunca ha peleado, ni golpeado a nadie, ni ha robado ni siquiera un fideo de alguna persona en toda su vida, está mintiendo porque los hombres nacen pecadores. Esa persona es mentirosa, pecadora e hipócrita. Así es cómo Dios lo ve.
Ustedes han nacidos pecadores. Aunque usted no cometa ninguna acción de pecado, va a ir al infierno. Aunque usted generalmente cumpla la Ley y la mayoría de los mandamientos, continúa siendo pecador destinado a ir al infierno.
Entonces, ¿qué debemos hacer ante tal destino? Debemos pedir Su compasión y depender de Él para ser salvados de nuestros pecados. Si Él no nos salva, iremos al infierno. Este es nuestro destino.
Los que aceptan Su Palabra también admiten que ellos son verdaderos pecadores. Y ellos también saben que ellos son justos. Entonces, ellos saben que dejar a un lado Su Palabra sin reconocer Su Palabra es un pecado. Los que aceptan Su Palabra son justos aunque antes ellos fueran pecadores antes. Ellos son nacidos de nuevo por Su Palabra y reciben Su gracia. Ellos son los más benditos.
Los que traten de ser redimidos a través de sus obras son todavía pecadores
¿Quienes son todavía pecadores aunque
ahora ellos confíen en Jesús?
Los que traten de ser redimidos
a través de sus obras
Vamos a ver Gálatas 3, 10 y 11: “Porque todos los que dependen de las obras de la ley están bajo maldición, pues escrito está: Maldito todo aquel que no permanezca en todas las cosas escritas en el libro de la ley, para hacerlas. Y que por la ley ninguno se justifica para con Dios, es evidente, porque: El justo por la fe vivirá“.
Se dice que «maldito todo aquel que no permanezca en todas las cosas escritas en el libro de la ley». Los que confían en Jesús pero tratan de ser justificados por sus obras son malditos. ¿Dónde están los que están tratando de ser justificados por sus obras? Ellos están bajo la maldición de Dios.
¿Por qué Dios nos dio la Ley? Él nos dio la Ley para que reconozcamos nuestros pecados (Romanos 3:20). Debemos reconocer que somos pecadores completos y estamos destinados a ir al infierno.
Por eso lo que usted tiene que hacer es confiar en el bautismo de Jesús, el Hijo de Dios, y nacer de nuevo por agua y el Espíritu. Entonces, usted va a ser salvado de sus pecados, será justo, tendrá vida eterna e irá al cielo. Tenga fe en su corazón.
El pecado más soberbio en el mundo
¿Cuál es el pecado más soberbio
en el mundo?
Tratar de vivir por la Ley.
Somos benditos por tener fe en Su bendición. Él decidió salvar a los que tienen fe en Su Palabra. Pero hoy en día, entre los que confían, hay muchos que tratan de vivir por Su Ley. La mayoría de los cristianos son así. Es bueno que ellos traten de vivir por Su Ley, pero ¿cómo es esto posible?
Debemos darnos cuenta de cuán estúpido es tratar de vivir por Su Ley. Cuanto más lo intentamos, más difícil se hace. Él dice: “la fe viene del oír; y el oír, por medio de la palabra de Dios“. Necesitamos abandonar nuestra soberbia a fin de ser salvados.
Debemos abandonar nuestro propio estándar para ser salvos
¿Qué debemos hacer para ser salvos?
Debemos abandonar nuestro
propio estándar
¿Cómo pueden ser salvados los hombres? Al darse cuenta de que ellos mismos son pecadores. Hay muchos que no han sido redimidos porque ellos no pueden abandonar su fe incorrecta y sus esfuerzos.
Dios dice que los que viven pendientes del cumplimiento de la Ley están sujetos a la maldición. Los que confían que ellos podrían ser justos gradualmente porque ellos continúan confiando en Jesús. Y tratando de vivir por la Ley están sujetos a la maldición. Ellos confían en Dios pero ellos todavía piensan que ellos deben vivir de acuerdo con la Ley para ser salvos.
Queridos amigos, ¿podemos ser justos a través de nuestras obras durante la vida en este mundo? Podemos ser justos sólo por confiar en la Palabra de Jesús y podemos ser redimidos. Sólo por tener fe en el bautismo de Jesús, Su sangre, y Jesús siendo Dios, podemos ser redimidos.
Esta es la razón por la cual Dios ha preparado la ley de la fe para nosotros como una manera de ser justos. La redención por el agua y el Espíritu no radica en las obras de los hombres sino en la fe de confiar en la Palabra de Dios. Y Dios nos entrega la fe. Así es cómo Dios lo planeó y cómo Él lo ha realizado.
¿Por qué los que confiaron en Jesús no fueron redimidos?
Porque ellos no aceptaron la palabra de la redención por agua y el Espíritu. Pero nosotros, quienes somos imperfectos, hemos sido redimidos por nuestra fe en la Palabra de Dios.
Si dos personas están trabajando en un molino, el que es dejado a un lado va a continuar trabajando aunque el otro sea el escogido. El que es dejado a un lado es uno que no ha sido redimido y tiene que continuar tratando de ser liberado. ¿Por qué hay uno que es dejado a un lado y otro que es escogido?
Porque uno escuchaba y confiaba en la Palabra de Dios. El otro que trabajaba mucho para cumplir la Ley al final fue enviado al infierno. Si una persona trata de desafiar a Dios por tratar de cumplir la Ley, él seguramente va a ser enviado al infierno.
Esta es la razón por la cual debemos ser redimidos por la fe en el agua y el Espíritu.
“Porque todos los que dependen de las obras de la ley están bajo maldición, pues escrito está: ‘Maldito todo aquel que no permanezca en todas las cosas escritas en el libro de la ley, para hacerlas.’”. “Y que por la ley ninguno se justifica para con Dios, es evidente, porque: El justo por la fe vivirá” (Gálatas 3, 10-11, Romanos 1, 17).
No confiar en la Palabra de Dios es un pecado ante Dios. Y también es un pecado dejar a un lado la Palabra de Dios de acuerdo con los estándares propios. El ser humano no puede vivir por Su Ley porque nacemos pecadores. Y continuamos cometiendo pecados en toda nuestra vida.
Debemos darnos cuenta de que somos de carne y no podemos dejar de cometer pecados.
Un hombre es como un cubo grande de estiércol. Si tratamos de transportarlo, acabaremos por derramar el contenido en el camino. Nosotros somos así. Nosotros continuamos derramando en dondequiera que vayamos. ¿Pueden imaginarlo?
¿Todavía están tratando de mostrar que ustedes son santos? Si pueden verse claramente a sí mismos, dejen de tratar de ser santos y confíen en el agua y la sangre de Jesús.
Necesitamos abandonar nuestra obstinación y aceptar que somos pecadores ante Dios. Entonces debemos volver a Su Palabra y saber cómo Él nos salvó con el agua y el Espíritu.
Sermón 2
Los Hombres Han Nacido
Pecadores

Los hombres han
nacido pecadores
< Marcos 7, 20-23 >
“Y decía: Lo que sale del hombre, eso contamina al hombre. Porque de adentro, del corazón de los hombres salen las maquinaciones perversas, las fornicaciones, hurtos, asesinatos, adulterios, avaricias, maldades, el engaño, la desvergüenza, envidia, maledicencia, arrogancia, estupidez; todas estas maldades salen de adentro y contaminan al hombre”.
Los hombres están confundidos y viven en sus propias ilusiones
¿Quién tiene más posibilidad
de ser salvado?
El que piensa en sí mismo como
el peor pecador del mundo.
Antes de entrar en materia, quisiera preguntarles a ustedes.
¿Qué piensan de sí mismos? ¿Piensan que son muy buenos o muy malos? ¿Qué piensan?
Todas las personas viven de sus propias ilusiones. Probablemente ustedes no son tan malos ni tan buenos como piensan.
Entonces, en su opinión ¿quién puede traer una mejor vida de confianza? ¿Serán los que piensan en sí mismos como buenos o los que piensan en sí mismos como malos?
Son los últimos. Ellos tienen más posibilidad de ser redimidos. ¿Los que han cometido más pecados o los que han cometido sólo unos pocos pecados? Los que han cometido más pecados tienen más posibilidad de ser redimidos porque ellos se reconocen a sí mismos como pecadores. Ellos pueden aceptar bien la redención preparada para ellos por Jesús.
Cuando nos vemos a nosotros mismos, podemos entender que somos masas de pecados. ¿Qué es el hombre? Los Hombres son una «raza de perversos» en Isaías 59. Esto significa que hay todo tipo de iniquidades en el corazón de una persona. Por eso una persona es una masa de pecados. Pero si la definimos como una masa de pecados, muchos van a estar en desacuerdo. Definir a las personas como una «raza de perversos» es una definición correcta. Si nos vemos con honradez, podemos llegar a la conclusión de que somos maliciosos. Los que son honestos consigo mismos deben llegar a esta conclusión.
Pero no hay muchas personas que admiten que ellos son una masa de pecados. Muchos viven cómodamente porque ellos no se consideran como pecadores. Porque somos maliciosos, hemos establecido civilización llena de pecados. Debemos estar avergonzados por nuestros pecados. Pero hay muchos que no están avergonzados consigo mismos.
Pero su conciencia lo sabe. Todas las personas tienen una conciencia que les dice: “Esto es vergonzoso”. Adán y Eva se ocultaron en los árboles después de cometer pecado. Hoy en día muchos pecadores se ocultan debajo de nuestra vil cultura, nuestra cultura de pecados. Ellos se ocultan entre sus amigos pecadores para escapar del juicio de Dios.
Las personas son engañadas por sus ilusiones. Ellos se consideran a sí mismos más santos que otros. Ellos lloran escandalosamente, diciendo: “¿Cómo una persona puede hacer tales cosas? ¿Cómo un hijo puede hacer eso a sus padres?” Ellos mismos piensan que ellos no podrían hacer tales cosas.
Queridos amigos, es muy difícil saber la índole de las personas. Si realmente queremos saber cómo somos nosotros, primero debemos redimirnos. Para esto se tardará mucho tiempo, y hay muchos entre nosotros que no podrán entenderlo hasta el día de su muerte.
Conózcase a sí mismo
¿Cómo vive una persona que no
se conoce a sí misma?
Vive tratando de ocultarse
a sí misma
De vez en cuando vemos a una persona, sentimos que no se conoce a sí misma. Sócrates dijo: “conózcase a sí mismo”. Algunas personas no saben qué hay en su corazón. Asesinatos, hurtos, avaricias, maledicencia, arrogancia….
El hombre que no se conoce a sí mismo tiene el veneno de una serpiente en su corazón pero habla sobre las bondades. Esto se debe a que él no sabe que él fue un pecador desde su nacimiento.
Hay muchos en el mundo que no saben cómo se deben ver a sí mismos. Ellos han sido engañados por sí mismos y están viviendo bajo sus ilusiones. Ellos se envían a sí mismos al infierno. Ellos van a ir al infierno debido a sus propios engaños.
Los hombres derraman pecados de manera continua durante toda su vida
¿Por qué van a ir al infierno?
Porque no se conocen
a sí mismos.
Vamos a ver Mateo 7,21-23: “Porque de adentro, del corazón de los hombres salen las maquinaciones perversas, las fornicaciones, hurtos, asesinatos, adulterios, avaricias, maldades, el engaño, la desvergüenza, envidia, maledicencia, arrogancia, estupidez; todas estas maldades salen de adentro y contaminan al hombre”. El corazón del hombre está lleno de malos pensamientos desde el día en que es concebido.
Supongamos que el corazón del hombre es un vaso y está lleno hasta el borde con líquido sucio, o sea, nuestros pecados. ¿Qué va a ocurrir si ese hombre se mueve adelante y atrás? Por supuesto, el líquido sucio (pecado) va a desbordarse. Moviendo de aquí a allá, eso se derramará de forma repetida.
Nosotros, las masas de pecados, estamos viviendo así. Estamos derramando pecados dondequiera que vamos. Vamos cometiendo pecados a lo largo de toda nuestra vida pues somos masas de pecados.
El problema es que no reconocemos que somos masas de pecados y somos semillas de pecado. Somos masas de pecados y tenemos pecados en nuestro corazón desde el día en que nacemos.
Esta masa de pecado está lista para desbordarse. El hombre de pecado es que él piensa que él no está lleno de pecados inherentemente sino que otros alrededor de él le guían a cometerlos, entonces esto no es culpa suya.
Entonces, cuando él actúa con pecado, piensa que todo lo que tiene que hacer es lavarlo. Él lo hace hasta que los pecados se desbordan, y se dice a sí mismo que estos realmente no son culpa suya. Estamos haciéndolo de manera repetida.
Cuando el vaso está lleno de pecados, esto va a continuar desbordándose. Es inútil limpiarlo alrededor. Aunque limpiemos alrededor con nuestra moral, esto es inútil porque tenemos un vaso lleno de pecados.
Las personas nacen tan llenas de pecados que su corazón nunca puede vaciarse aunque siempre se desborde de manera continúa. Entonces continuamos cometiendo pecados en toda nuestra vida.
Mientras que un hombre no reconozca que él es una masa de pecados, él continúa tratando de ocultarse a sí mismo. El pecado está en el corazón del hombre y no desaparece sólo por limpiar a su alrededor. Cuando derramamos un poco de pecado, lo limpiado con un trapo, y cuando ocurre otra vez, lo limpiamos con la fregona…después con una toalla y después con una alfombra… Seguimos esperando que al limpiar la suciedad derramada, estaremos limpios, pero el pecado sigue derramándose una y otra vez.
En su opinión, ¿cuánto tiempo va a continuar esto? Esto continúa hasta el día de su muerte. El hombre actúa con pecados hasta que el muere. Esta es la razón por la cual debemos confiar en Jesús para ser redimidos, y para ser redimidos nos debemos conocer a nosotros mismos.
¿Quién puede recibir el amor de Jesús
con agradecimiento?
Los pecadores que admiten que ellos
han cometido muchos males
Supongamos que haya dos personas como dos vasos llenos de algunos líquidos sucios. Ambos vasos están llenos de pecados. Uno se ve a sí mismo y dice, “O, soy una persona tan llena de pecados”. Y después, él va a buscar a alguna persona que pueda ayudarle.
Pero la otra persona piensa que él no es tan malo. Él no puede ver la masa de pecados en sí mismo y piensa que él no es tan malicioso. Durante toda su vida, él continúa limpiando líquidos desbordados. Limpia un lado, y luego el otro lado, y rápidamente al otro lado…
Hay muchas personas que viven con cuidado durante toda su vida para que sus pecados no se desborden. Pero como ellos tienen todavía pecados en su corazón, ¿para qué sirve esto? Aunque ellos tienen cuidado, no pueden acercarse al cielo. «Tener cuidado» sólo puede entregarles al infierno.
Queridos amigos, «tener cuidado» sólo puede entregarles al infierno. Cuando ellos tienen cuidado, sus pecados no son tan desbordantes. Pero ellos son todavía pecadores disfrazados.
¿Qué hay en el corazón del hombre? ¿Pecados? ¿Inmoralidad? Sí. ¿Malos pensamientos? Sí. ¿Hay robos? Sí. ¿Soberbia? Sí.
No podemos evitar admitir que somos masas de pecado, sobre toco cuando nos vemos actuar en pecado y maldad sin que nadie nos haya enseñado a hacerlo.
Esto no es tan evidente cuando somos jóvenes. ¿Pero cómo es cuando tenemos más edad? Cuando vamos a la escuela superior, colegio, etc… Vamos a reconocer qué tenemos en nuestro corazón. ¿Vale? Y es imposible ocultarlo. Continuamos derramándolo. Después, nos arrepentimos. “No debemos hacerlo”. Pero no podemos cambiar. ¿Por qué? Porque cada uno de nosotros nacimos como una masa de pecados.
No podemos estar limpios solo por tener cuidado. Lo que necesitamos es saber que somos una masa nacida de pecados a fin de ser redimidos completamente. Sólo los pecadores que aceptan con agradecimiento la redención preparada por Jesús pueden ser salvados.
Pero los que piensan: “No he cometido muchas culpas,” “No he cometido muchos pecados” no confían en que Jesús quitó sus pecados, y ellos van a ir al infierno. Debemos reconocer que tenemos esta masa de pecados en nosotros mismos. Nacimos con ella.
Si usted piensa que «no ha cometido muchos pecados, y podría ser redimido con estos pocos pecados», ¿puede ser libre de pecados después? Nunca.
Los que pueden ser redimidos se conocen a sí mismos como una masa de pecados. Y ellos confían en que Jesús quitó todos sus pecados al ser bautizado en el río Jordán y que Él los disolvió en la Cruz.
Si somos redimidos o no, todos tenemos una ilusión. Somos masas de pecados. Es lo que somos. Podemos redimirlos sólo cuando confiemos en que Jesús quitó todos nuestros pecados.
Dios no redimió a los que tenían «pocos pecados»
¿Quién es el que engaña
al Señor?
El que pide perdón por los
pecados diarios.
Dios no redimió a los que tenían «pocos pecados». Dios ni siquiera ve a los que dicen: “Dios, tengo unos pocos pecados” Pero escucha a los que dicen: “Dios, soy una masa de pecados. Voy a ir al infierno. Por favor sálvame”. Los pecadores completos que dicen: “Dios, puedo ser salvado sólo cuando Tú me salves. No puedo rogar nada más debido a mi arrepentimiento, pues sólo continuo cometiendo pecados de nuevo. Por favor sálvame”.
Dios salva a los que dependen completamente de Él. Pero los ruegos de arrepentimiento nunca pueden librarnos de pecados. “Dios, por favor ten piedad de mí y sálvame de pecados”. Los que ruegan así van a ser salvados. Ellos confían en la redención de Dios, el bautismo de Jesús por Juan el Bautista. Ellos van a ser salvados.
Dios solo salva a los que reconocer ser masas de pecados, una raza de obradores de iniquidad. El que dice: «Solo he cometido este pecado pequeñísimo. Por favor, perdóname», todavía son pecadores, y Dios no los puede salvar. Dios solo salva a los que admiten que son masas de pecado.
En Isaías 59:1-2 está escrito: “He aquí que no se ha acortado la mano de Jehová para salvar, ni se ha endurecido su oído para oír; pero vuestras iniquidades han hecho separación entre vosotros y vuestro Dios, y vuestros pecados han hecho ocultar de vosotros su rostro para no escucharos”.
Como el hombre es una masa nacida de pecados, Dios no puede verlo con gusto. No porque Su mano sea corta, o Su oído se haya deteriorado, o porque no pueda escucharnos cuando le pedimos perdón.
Dios nos dice: “Vuestras iniquidades han hecho separación entre vosotros y vuestro Dios, y vuestros pecados han hecho ocultar de vosotros su rostro para no escucharos”. Como tenemos tantos pecados en nuestro corazón, no podemos entrar al cielo aunque las puertas están abiertas.
Si una persona, una masa de pecados, pidiera perdón siempre que cometiese pecados, Dios tendría «matar» a Su Hijo de manera repetida. Dios no lo quiere hacer. Entonces Él dice: “No me vengas todos los días con tus pecados. Te envié Mi Hijo para redimirte de todos tus pecados. Todo lo que tienes que hacer es entender cómo El quitó tus pecados y ver si esto es la verdad. Entonces, entiende en el Evangelio de redención para ser salvo. Este es el gran amor que tengo para ti, mi creación”.
Esto es lo que Él nos dice: “confia en Mi Hijo y se redimido. Yo, tu Dios, envié a Mi propio Hijo para expiar todos tus pecados e iniquidades. Confía en Mi Hijo y se salvo”.
Los que no se consideran a sí mismos como unas masas de pecados sólo piden perdón por sus propios pecados pequeños. Ellos vienen ante Él sin saber la cantidad terrible de sus pecados y ruegan, “Por favor perdona esta pequeño pecado. No voy a repetirlo nunca”.
Ellos están también tratando de engañarle. Cometemos los pecados de manera continua hasta que morimos. Ellos van a continuar pidiendo perdón hasta el último día de su muerte porque no podemos dejar de pecar hasta que morimos.
Ser perdonado por un pecado pequeño no sirve de nada, pues cometemos pecados todos los días de nuestra vida hasta que morimos. Entonces la única manera de que podamos estar libres de pecados es pasar todos nuestros pecados a Jesús.
¿Qué es el hombre?
Una masa de pecados.
La Biblia enumera los pecados del hombre. En Isaías 59, 3-8 se dice: “Porque vuestras manos están contaminadas de sangre, y vuestros dedos de iniquidad: vuestros labios pronuncian mentira, y vuestra lengua habla maldad. No hay quien litigue con justicia, ni quien defienda su causa con lealtad; confían en vanidad, y hablan mentiras; conciben maldades, y dan a luz iniquidad. Incuban huevos de áspides, y tejen telas de arañas; el que come de sus huevos, muere; y si los aplastan, salen víboras. Sus telas no servirán para vestir, ni de sus tejidos serán cubiertos; sus obras son obras de iniquidad, y actos de violencia hay en sus manos. Sus pies corren al mal, se apresuran para derramar la sangre inocente; sus pensamientos son pensamientos de iniquidad; desolación y destrucción hay en sus caminos. No conocen el camino de paz, ni hay justicia en sus pasos; sus veredas son torcidas; cualquiera que por ellas va, no conoce paz”.
Los dedos del hombre están contaminados con iniquidades y ellos trabajan para el diablo en toda su vida. Todo lo que ellos hacen es maligno. Y sus lenguas «pronuncian mentira». Todo lo que sale de sus bocas son mentiras.
“Cuando habla mentira, de lo suyo habla; porque es mentiroso, y padre de la mentira” (Juan 8, 44). Los que no son nacidos de nuevo dicen: “Voy a hablarle la verdad… Lo que estoy hablando es la verdad”. Sin embargo ellos son mentirosos. Esto está escrito así: “Cuando habla mentira, de lo suyo habla; porque es mentiroso, y padre de la mentira”.
El hombre confía en palabras vacías y habla mentiras. El hombre engendra perversidades y da a luz la maldad. El hombre incuba huevos de áspides y teje telas de arañas. Dios dice: “El que come de sus huevos, muere; y si los aplastan, salen víboras”. Dios dice que hay huevos de víbora en su corazón. ¡Huevos de víbora! Hay diablo en su corazón. Sea redimido por confiar en el evangelio por agua y la sangre.
Dondequiera que empiezo a hablar de Dios, hay algunas personas que me dicen: “Oh, amigo. Por favor no me hable de Dios. Dondequiera que trato de hacer algo, los pecados se me desbordan. Por eso no puedo progresar sin derramar pecados en todas las partes. No puedo dejar de hacerlo. Estoy tan lleno de pecados. Entonces no me hable de Dios”.
Estas personas saben seguramente que ellos son una masa de pecados pero ellos no conocen el Evangelio que pueda salvarlos. Los que se consideran a sí mismos como masas de pecados pueden ser salvados.
De hecho, todos son así. Todos están derramando sus pecados. Estos están desbordándose porque las personas son una masa de pecados. La manera para salvar a alguna persona así es a través del poder de Dios. ¿No es muy asombroso? Los que derraman pecados dondequiera que ellos estén en mal humor, alegres, cómodos… pueden ser salvados sólo a través de nuestro Señor Jesús. Jesús vino a salvar a estas personas.
Él ha expiado de manera completa nuestros pecados. Admita que es una masa de pecados y sea salvado.
Sermón 3
¿Si Hacemos las Cosas por
la Ley, Esto Puede
Salvarnos?

¿Si hacemos las cosas por
la ley, esto puede
salvarnos?
< Lucas 10, 25-30 >
“Y he aquí que un intérprete de la ley se levantó dijo, para probarle: Maestro, ¿qué he de hacer para heredar la vida eterna? Él le dijo: ¿Qué está escrito en la ley? ¿Cómo lees? Aquél, respondiendo, dijo: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con todas tus fuerzas, y con toda tu mente; y a tu prójimo como a ti mismo. Y le dijo: Bien has respondido; haz esto y vivirás. Pero él, queriendo justificarse a sí mismo, dijo a Jesús: ¿Y quién es mi prójimo? Respondiendo Jesús, dijo: Un hombre descendía de Jerusalén a Jericó y cayó en manos de ladrones, los cuales le despojaron; e hiriéndole, se fueron, dejándole medio muerto”.
¿Cuál es el problema más
grande del hombre?
El vive con muchas ilusiones
mal tomadas.
Lucas 10, 28 dice: «Haz esto y vivirás».
Las personas viven con muchas ilusiones mal tomadas. Eso se debe a que ellos son especialmente vulnerables a este respecto. Ellos se ven como inteligentes pero pueden ser engañados con facilidad y son inconscientes de su aspecto malicioso. Nacemos sin conocernos a nosotros mismos pero estamos viviendo como si nos conociéramos. Como las personas no se conocen a sí mismas, la Biblia nos dice que somos pecadores.
Las personas hablan sobre la existencia de sus propios pecados. Y ocasionalmente, parece que las personas son incapaces de hacer buenas cosas y están tan inclinadas a caracterizarse a sí mismas como buenas. Quieren ostentar y mostrar sus buenas obras. Dicen que son pecadoras pero actúan como si fueran tan buenas.
Ellos no saben que no son «buenos» ni tienen la capacidad de hacer cosas buenas pero tratan de engañar a otros y de vez en cuando aun se engañan a sí mismos. “No podemos ser maliciosos completamente. Hay algo bueno en nuestro corazón”.
Entonces ellos miran a otros y se dicen a sí mismos: “Ojalá no lo hubiera hecho. Sería mucho mejor si él no lo hubiera hecho. El habría sido mucho mejor si hubiera hablado en esta manera. Pienso que sería mejor rogar al Evangelio en tal manera. El fue redimido antes que yo, entonces pienso que él debe actuar como una persona que ha sido redimida. Fue redimida recientemente, pero si aprendo más, lo voy a hacer mucho mejor que lo que hizo él”.
Ellos están afilando sus cuchillos en su corazón. “Solo tiene que esperar. Va a ver que no soy como usted. Entonces, ¿piensa que usted es superior a mí? Solo tiene que esperar. Esto está escrito en la Biblia, que los últimos serían los primeros. Sé que esto se aplica a mí. Espere y voy a mostrarlo”. Las personas se engañan a sí mismas.