Vienen por ti:
Cuentos espantosos que gritan por ser leídos
por
O. Penn-Coughin
Traducción de
Nemesio
Crisóstomo
Published by You Come Too Publishing at Smashwords
Copyright © 2011 You Come Too Publishing
You Come Too Publishing
*
*****
*
*

Texto e ilustraciones Copyright © 2011 O. Penn-Coughin
*
*****
*
*
Para el fantasma joven de mi viejo
*
*****
*
*
Lápida de contenidos
La muerte deliciosa de Jay Panblanco
No te olvides de tirar de la cadena
*
*****
*
*
La meta aquí es provocar la piel de gallina (como se dice en hawaiano, holandés, chino y español) y hacerte reír, pensar, temblar y gritar. Los cuentos en este libro pueden ser leídos en el horror silencioso de tu propia mente o en voz alta.
Varias de las historias tienen instrucciones para como mejor relatarlas frente a un grupo. Por supuesto, algunas terminan con un grito. A veces es una buena idea hacer una pausa como si el cuento se ha acabado… y luego largar un chillido inesperado. Claro que uno puede gritar al principio o en el medio sin razón. En otras ocasiones el grito puede venir de alguien en el público (acordado de antemano o no) y causar una mayor sorpresa.
Algunos de mis cuentos favoritos de esta colección mejoran con el uso de un acento. Es genial hacerse pasar por a un pirata, un sureño ladrón de tumbas, una pionera muerta, un cazador francocanadiense de otro siglo o un hincha irlandés de fútbol. Claro, no es esencial usar estos acentos pero sí ayudan a crear cierto ambiente. Y no tengas miedo de sonar tonto. Todo es parte del espectáculo.
Finalmente, no te olvides de bajar las luces y leer lentamente y en una voz baja, poco más que un susurro, hasta que sea tiempo de… ¡Gritar!
O. Penn-Coughin
*
*****
*
*
Vienen por ti:
Cuentos espantosos que gritan por ser leídos
por
O. Penn-Coughin
*
*****
*
*
*
*****
*
*
—El Cuco viene por los niños que no les hacen caso a sus padres —Juan le decía a Johnny, dándole un beso a su hijo—. El Cuco viene por los niños que no se van a dormir a una hora decente. Se fuerte, mi niño. Se bueno.
Este era el mismo cuento que su padre le había contado a Juan cuando él era niño. Miles y miles de chicos se iban a la cama cada noche con el cuento del Cuco. Pero acá en los Estados Unidos de América uno no debía contarles esas cosas a los niños. Los consejeros y psicólogos decían que no era saludable. Y la esposa de Juan concurría.
—Juan, por favor para de contarle ese cuento del cuckoo —ella le decía en inglés—. No quiero que Johnny tenga pesadillas.
—Sí, mi amor —Juan decía.
Juan quería a su hijo muchísimo y no quería que él sea un nene de mamá, a mama’s boy. Él sabía que el mundo a veces era un lugar frío y duro y que Johnny tendría que aprender cómo ser fuerte y duro también. Juan quería que él sea fuerte, fuerte por dentro. Pero Juan estaba perdiendo la batalla.
Johnny no era fuerte. Él era blando y fofo y empalagoso por dentro. Él era un llorón de primera. Siempre llorándole a su mamá por cualquier cosita.
—El Cuco vive en ese agujero en la pared —Juan le contó a Johnny la próxima noche—. Él espera a los niños malos y los agarra. Se fuerte, mi niño. Se bueno.
En unos minutos, Johnny estaba golpeando a la puerta de sus padres.
—Papá me dijo que el cuckoo me va a agarrar —Johnny lloraba—. Él dijo que iba a salir de un agujero en la pared.
—Pobrecito —su mamá decía mientras abrazaba a Johnny y le daba una mirada negra a Juan—. El buen tonto de tu padre va a tapar ese agujero y el cuckoo no podrá agarrarte.
En la mañana Juan agarró su espátula de masilla, mezcló una pasta, y cubrió el hoyo pequeño en la pared. Luego pintó sobre el área hasta que nadie se podría haber dado cuenta que jamás hubiera existido un agujero.
—El agujero ya no está —Juan le dijo a Johnny esa noche—. Pero el Cuco sigue ahí. Se fuerte, mi niño. Se bueno.
—No, tú dijiste que el cuckoo vive en el hoyo y el hoyo ya no está —Johnny dijo—. Bye-bye, cuckoo.
—Ten cuidado con lo que dices —Juan aconsejó—. La única forma de mantener el Cuco lejos es siendo fuerte, siendo bueno.
—El cuckoo ya se fue —Johnny dijo saltando y bailando en la cama—. El cuckoo go bye-bye. El cuckoo ya se fue.
Esa noche Johnny escuchó un ruido apagado viniendo de adentro de la pared donde había estado el agujero.
—Vengo por ti, niño malo —una voz dijo.
Golpes y arañazos y arañazos y golpes se podían oír mientras polvo y yeso y yeso y polvo caían de la pared.
Johnny tenían demasiado miedo para mirar, demasiado miedo para llorar, demasiado miedo hasta para orinarse en la cama.
—No me gustan los niños mimados —la voz dijo, ahora libre de la pared—. Tendrías que haber hecho caso a tu papá. Pero es demasiado tarde ahora.
—O, ¿sabes lo que tampoco me gusta? —la voz susurró en la oreja aterrorizada de Johnny—. Realmente no me gusta cuando me llaman cuckoo. Mi nombre es ¡El Cuco!