
Susurros de Amor
Angélica Pérez Ortiz
Copyright 2011 Angélica Pérez Ortiz
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Tabla de Contenido
Caminando en los Pasos de Cristo
Susurros de Amor
El susurro es una muestra de secrecía entre dos personas que se quieren y se estiman pero que sobretodo confían el uno en el otro. Susurramos cuando queremos que solo alguien en particular nos escuche, porque las palabras que saldrán de nuestras bocas en esos momentos van únicamente dirigidas a esa persona. Susurros de Amor es una colección de 20 ensayos dirigidos al alma humana. Ensayos para el crecimiento cristiano y el crecimiento como ser humano.
Lee y escudriña estos ensayos como susurros dirigidos únicamente hacia a ti, para refrescar tu alma y llenarte de amor, paz, esperanza y nuevas fuerzas. Fueron escritos por una joven enamorada de Dios y ese amor la ha llevado a intentar fervientemente contagiar a otros del amor que Dios le ha dado en su corazón.
Algunos de los ensayos que encontraras aquí han sido publicados por la autora previamente en su blog Voz de Amor.
Angélica Pérez Ortiz, autora y editora de la colección, tiene diecisiete años de edad y lleva escribiendo de reflexiones desde sus doce años, edad en la cual se enamoró de Jesús. Todo el material escrito en el libro es de su autoría.
Actualmente reside en la bella isla de Puerto Rico en el cálido Mar Caribe. Disfruta de leer, escribir ensayos, cuentos y poesías, hace pantomimas y dibujos a lápiz. En sus temas exalta la creación de Dios y exhorta a las personas a cambiar para bien.
**Espero que estos ensayos sean de bendición para tu vida y recuerda que nada llena nuestros corazones ni nos acerca más a Dios que la oración y la comunicación directa con él.
Dios te bendiga, Angélica Pérez Ortiz

Bajo un Nuevo Reinado
Siendo muy joven aún decidió enlistarse en la marina de los Estados Unidos en tiempos de la Segunda Guerra Mundial. Sus padres muy orgullosos le apoyaron en tal decisión pues era para ellos un orgullo tener un hijo que perteneciera al gran ejército de los Estados Unidos de América. Ese día su mamá fue la que lo llevó a la base, despidiéndose de él en la entrada se fue alejando en su lujoso auto. Una vez el joven entró se le entregó la ropa que estaría usando de ese momento como marino y lo que serían sus nuevas pertenencias.
No muy lejos de la salida aún, su madre se percató que no le había dejado mucho dinero para posibles gastos así que decidió volver a la entrada. Sin embargo, el marino que se encontraba en guardia le impidió el paso. La madre se bajó del auto y distinguiendo su hijo a lo lejos se acercó a la entrada para pasar sin embargo el marino la detuvo.
La mujer en desesperación le decía, “¡Pero él es mi hijo!”
A lo que el marino cordial y tranquilamente respondió, “Si Señora, pero él le pertenece al Tío Sam ahora. Es un marino.”
Cuando decidimos creer en Jesús y nos convertimos en sus seguidores. Pasamos a estar bajo su protección y cuidado. Él responderá por nosotros ante el Padre y nosotros le rendiremos cuentas a Él de igual forma por nuestras acciones.
“De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas.” 2Corintios 5:17
Lo que antes solía tener cierta importancia para nosotros pasa a ser algo irrelevante y lo que verdaderamente importa es servirle y agradarle a Él, ser criaturas nuevas. Comenzamos a tener una mirada diferente y a valorar las cosas de manera espiritual más que terrenal.
El rey de nuestros corazones era el afán del mundo, la vida cotidiana y lo que pensábamos que era lo correcto y lo que brindaba felicidad y plenitud de vida. Luego de ser lavados por su preciosa sangre, somos ovejas de su prado, somos unos de sus pequeñitos. Una vez entregamos nuestros corazones a Cristo, Él se convierte en el dueño y Señor de ellos. Él es quien nos cuidará y guardará y quién velará por nosotros en nuestro caminar diario a su lado.
Así nos lo confirma cuando nos dice en Isaías 43: 1-2, “Ahora, así dice Jehová, Creador tuyo, oh Jacob, y Formador tuyo, oh Israel: No temas, porque yo te redimí; te puse nombre, mío eres tú. Cuando pases por las aguas, yo estaré contigo; y si por los ríos, no te anegarán. Cuando pases por el fuego, no te quemarás, ni la llama arderá en ti.”
Así como ese joven dejó de ser el hijo de una familia adinerada para convertirse en el marino de los Estados Unidos ante los ojos de aquel guardia, así mismo nosotros dejamos de ser un simple pecador para convertirnos en nuevas criaturas lavadas con la sangre del Cordero Inmolado ante los ojos de Dios.
Inspirado en el devocional: “Under New Orders/Bajo Nuevas Órdenes”. Escrito originalmente por: Dave Egner para el devocionario: Our Daily Bread.
Bástate de su Gracia
“Y para que la grandeza de las revelaciones no me exaltase desmedidamente, me fue dado un aguijón en mi carne, un mensajero de Satanás que me abofetee, para que no me enaltezca sobremanera; respecto a lo cual tres veces he rogado al Señor, que lo quite de mí. Y me ha dicho: Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad.”
Segunda Corintios 12: 7- 9
Una debilidad en el mundo espiritual y emocional es algo en lo cual caemos con facilidad, una cosa o persona que consideramos más fuerte que nosotros y que tiene el poder de no permitirnos actuar con claridad. Todos tenemos justo al lado, es más, dentro de nosotros existe una debilidad con la cual peleamos día a día.
Pablo la describe como un aguijón, un mensajero del maligno que nos abofetea cada vez que puede, que quiere y que se lo permitimos. Este mensajero nos atormenta constantemente recordándonos que aunque seamos Hijos de Dios, seguimos siendo débiles ante el deseo de la carne. Sin embargo, Dios nos ha dado herramientas para combatir esta debilidad que como seres humanos todos enfrentamos.
Podemos irnos en ayuno y oración, y rogar por la liberación de este aguijón. ¡Qué alivio tan grande sería ese! Por cada debilidad que nos ataque, un tiempo de ayuno y oración para que sea apartada de nosotros. Sin embargo, Dios nos dice: “Bástate en mi gracia, porque mi poder se perfecciona en la debilidad.” La realidad es que cuando más débiles estamos es cuando más buscamos de Dios, por lo tanto es cuando más le permitimos que obre en nuestras vidas. Es por ello que en los momentos de debilidad Dios nos deja ver que con su gracia podemos enfrentar y derrotar la misma.
Normalmente pensamos que este verso nos indica que no importa cuánto pequemos porque con su gracia y amor perdonador nos basta. ¿Por qué pensar así? ¿Acaso Dios no es todopoderoso? ¡Su gracia y amor son suficientes para prevenirnos de cometer el pecado, de caer en la tentación! Dios no quiere que nos bastemos de su gracia simplemente para que cuando pequemos nos sintamos perdonados, ¡No! El quiere que te hagas dueño de su gracia y que la uses para fortalecerte y NO rendir ante la debilidad, al contrario, fortalecerte y reconocer que aun cuando somos débiles, ‘todo lo podemos en Cristo que nos fortalece.’
Cuando nos bastamos de la gracia de Dios, y nos declaramos débiles sin su gracia y amor recibimos la fuerza divina para pelear contra la tentación, fortalecemos lo que una vez fue nuestra debilidad y somos capaces de continuar hacia adelante, dispuestos a fortalecer otras áreas y crecer en otros campos.
Caminando en los Pasos de Cristo
Salmos 32:8 "Te haré entender, y te enseñaré el camino que debes andar, sobre tí fijaré mis ojos."
Cuando tenemos problemas solemos agarrarnos de la mano de Jesús y no soltarla, es como un niño que está agarrado de la mano de su mamá y no la suelta hasta llegar a un lugar seguro. Sin embargo una vez pone pie en ese lugar seguro, comienza a explorar y se suelta de la mano de su mamá para jugar con otros niños o con un juguete.
¿Acaso nosotros no hacemos lo mismo? Cometemos el error de comenzar a ver esos "juguetes" y cosas que nos llaman la atención y nos soltamos de la mano de Jesús para irnos a explorar. Entonces, la ayuda y la protección que necesitábamos de parte de Jesús ya no la necesitamos.
Si queremos vivir una vida como cristianos y caminar con Jesucristo de nuestro lado debemos hacerlo en todo momento, aún cuando esas cosas que parecen tan interesantes nos llamen la atención. No es malo explorar y conocer cosas nuevas, el problema está en decaer constantemente y dejar a Jesús en segundo plano por otras cosas que no son realmente importantes en nuestra vida ni futuro espiritual y como ser humano.
Debemos ser cuidadosos con esto, puede parecer que el camino que Jesús lleva no es el más atractivo pero es el que nos traerá gozo que no acaba, paz, luz, sabiduría y toda buena dádiva. Todos pasamos por caminos difíciles y senderos llenos de dolor, TODOS, el cambio está en que el cristiano tiene las herramientas para sobrepasar ese dolor y ver el crecimiento que el mismo puede traer a su vida.
Santiago 1: 17 dice: “Toda buena dádiva y todo don perfecto desciende de lo alto, del Padre de las luces en el cual no hay mudanza, ni sombra de variación.” Las cosas que nos suceden en la vida no ocurren por cuenta de Dios, el no es quien las provoca. Cuando nos vienen “tormentas” a nuestras vidas son situaciones en las que Jesús estará a nuestro lado para levantarnos, ayudarnos a atravesar los obstáculos y salir adelante. Estos momentos son los que él aprovecha para ayudarnos a crecer y ver el beneficio del la lucha.
Salmos 25:8b- 9 “Por tanto él enseñará a los pecadores el camino. Encaminará a los humildes por el juicio, y enseñará a los mansos su carrera.” No permitamos que las tentaciones y las distracciones nos alejen del camino correcto y tampoco nos desanimemos por los obstáculos y pruebas que podemos encontrar en el camino, siempre habrán obstáculos que sobrellevar sin importar qué religión llevemos.
¿Creo en Él o le Creo a Él?
“Pon toda tu confianza en Dios y no en lo mucho que sabes. Toma en cuenta a Dios en todas tus acciones, y él te ayudará en todo.” Proverbios 3: 5-6
Creer: Tener confianza en una persona. Tener por cierto, aceptar algo como verdad.
Creer en Dios y creerle a Dios. Hay una pequeña diferencia entre la una y la otra. Creer en Dios es creer en su existencia, en que existe un ser sobrenatural y todopoderoso. Creerle A Dios, es tener esa plena confianza en Él, la certeza de poder contar con Él para lo que sea necesario. Es como las definiciones mismas de creer, una cosa es dar algo por cierto y otra muy diferente es confiar en algo o alguien.
Muchos decimos, “Si yo creo en Dios” pensando que estamos afirmando el hecho de que nuestra fe esta cimentada en nuestro Dios. Otros decimos, “Yo le creo a Dios” con los mismos pensamientos. Sin embargo, en ocasiones cuando decimos “Yo le creo a Dios o Yo creo en Dios” no tenemos el corazón en nuestras palabras.
Me explico, decimos que le creemos a Él pero cuando viene la oportunidad para demostrar esa plena confianza vemos que esa confianza no existe enteramente dentro de nosotros. Por naturaleza tendemos a alterarnos y asustarnos cuando momentos donde debemos confiar llegan a nuestras vidas. Cuando viene la lucha y el temor a irrumpir nuestra paz comenzamos a darle cabida a la duda en nuestras vidas.
En lugar de creer en la eternas promesas de Dios para nuestras vidas, creemos en lo que vemos y muchas veces lo que vemos nos causa dolor y desesperación. Entonces en momentos como este es cuando Dios se pregunta en versos como Isaías 46: 5 “¿A quién me asemejaréis, me igualaréis o me compararéis para que seamos semejantes?”
La sola idea de vernos dudar duele al corazón de Dios. Su mirada, su corazón y espíritu siempre están enfocados en el cuidado de sus pequeños, en protegernos y guiarnos por sus caminos y sendas de amor, donde estamos destinados a crecer en espíritu y carácter. Esto nos lo confirma en su palabra…
Jeremías 29: 11 “Porque yo sé los planes que tengo para vosotros –declara el Señor– planes de bienestar y no de calamidad, para daros un futuro y una esperanza.”
Romanos 8:28 “Sabemos que Dios va preparando todo para el bien de los que le aman…”
Jehová nos da una palabra y nosotros gozosos la recibimos y nos regocijamos porque Él ha decidido hablar a nuestras vidas. Lo que sucede es que cuando comenzamos a pasar por procesos dolorosos y de temor dejamos de creer en esa palabra y muchas veces en su existencia. Sin embargo, el creerle a Él nos hará crecer para recibir a plenitud del cumplimiento de su palabra en nuestras vidas.
Isaías 43: 1-3 “Mas ahora, así dice el Señor tu Creador, oh Jacob, y el que te formó, oh Israel: No temas, porque yo te he redimido, te he llamado por tu nombre; mío eres tú. Cuando pases por las aguas, yo estaré contigo, y si por los ríos, no te anegarán; cuando pases por el fuego, no te quemarás, ni la llama te abrasará. Porque yo soy el Señor tu Dios…”
“Echa tu pan sobre las aguas; porque después de muchos días lo hallarás. Reparte a siete, y aún a ocho; porque no sabes el mal que vendrá sobre la tierra.”
Eclesiastés 11: 1-2
Mayordomía, a veces la palabra cansa y a veces no reflexionamos en ella, a veces evadimos el tema de tantas veces que lo hemos oído y otras simplemente debemos reconocer que no la ponemos en práctica como se debe. Usualmente la asociamos a los diezmos y ofrendas, al tiempo dedicado a Dios y a la obra... pero más allá de ello, hay una mayordomía que posiblemente no hayas escuchado mucho.
“Echa tu pan sobre las aguas...” Que te parece si lo ves como si Dios te pidiera que usemos los talentos que él nos ha dado, que echemos nuestro "pan" en las aguas, que lo multipliquemos y perfeccionemos de manera tal que una vez nuestros talentos hayan llegado a su máximo esplendor (“después de muchos días lo hallarás...”) sean usados para bendecir, para impactar las vidas de otros y disfrutar de ellos con todo lo bueno que podamos hacer. (“Reparte a siete, y aun a ocho...”)
Una característica del pan es que al caer al agua se esponja y se vuelve más grande y si te lo comes en ese estado te sentirás mas lleno al comértelo. El agua para nuestros talentos será la práctica y el aprender a usarlos para hacer el bien, al terminar no solo nos sentiremos más plenos sino también más preparados para utilizarlos para lo mejor.
Si utilizamos nuestros talentos para hacer bien seremos instrumentos de bendición, no solo para los demás sino para nosotros mismos. El propósito de tener un talento especial en una o más áreas no es para que lo guardemos y los escodamos sino para que logremos cosas grandes y maravillosas con ellos.
Nunca permitas que nada ni nadie te impida desarrollar tus talentos al máximo y hacer el bien con ellos. ¡No hay talento que no valga la pena! Y esto es parte de nuestra buena mayordomía como cristianos y seres humanos, proteger y perfeccionar nuestros talentos.
Enciende tu Luz
Mateo 2:2 “¿Donde está el rey de los judíos, que ha nacido? Porque su estrella hemos visto en el oriente y venimos a adorarle.”
Cuando Jesús nació,
una estrella como ninguna otra iluminó el cielo. La palabra nos
comenta sobre tres magos del oriente que cuando divisaron la estrella
en el cielo inmediatamente lograron identificarle con la profecía
del salvador del mundo. Entonces, emprendieron su travesía desde sus
hogares, hasta Belén en busca del niño Dios que había encendido
una luz en el cielo de Jerusalén.
“¿Dónde está el rey
de los judíos, que ha nacido?” Preguntaban los magos del oriente
ansiosos por una respuesta. La luz que brillaba era tan y tan
especial que no cabía duda alguna; ¡Esa era la estrella de Jesús!
“Vosotros sois la luz del mundo…” (Mateo 5:14) Si,
somos la luz del mundo. Cuando Jesús nació, su luz visito esta
Tierra que por mucho tiempo había sido reinada bajo tinieblas. Jesús
comenzó a esparcir su luz y alumbrar todo corazón dispuesto a ser
restaurado con su amor y perdón. Preparó a sus discípulos para que
fueran esa luz cuando El partiera a reunirse con el Padre.
Eso
se ha convertido en una cadena, una hermosa cadena de amor,
restauración y luz que lucha para alumbrar este mundo lleno de
maldad. Cuando aceptamos a Jesús, cuando aceptamos su llamado en
nuestros corazones, nos comprometemos a ser una luz.
“Así
alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras
buenas obras, y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos.”
Mateo 5:16
Estamos llamados a encender la luz de Jesús en
nuestros corazones y alumbrar el camino que dirige a las ovejas
perdidas hacia la redención en Cristo. ¡Que nuestra luz alumbre tan
fuerte como la del niño Emanuel! Su luz permitió a los magos
encontrar el camino para alabarle y reconocerle como Rey.
Nos
ha otorgado esa misma luz, para que alumbremos el camino a los
perdidos. No la escondas, no la apagues en tu corazón. Para esparcir
esa luz debemos estar llenos de amor y muchos deseos de alumbrar, no
mires si la persona merece ser alumbrada o no o si están
aprovechando la luz que les ofreces o no. Busca que tu corazón este
fijo en alumbrar y en inspirar amor, paz y esperanza en la vida de
los demás. Esa es tu meta, la meta propuesta por Dios; ¡Enciende tu
luz!
La Esencia de tus Frutos
“Tenía mi amado una viña en una ladera fértil. La había cercado y despedregado y plantado de vides escogidas; había edificado en medio de ella una torre, y hecho también en ella un lagar; y esperaba que diese uvas, y dio uvas silvestres. Ahora, pues, vecinos de Jerusalén y varones de Judá, juzgad ahora entre mí y mi viña. ¿Qué más se podía hacer a mi viña, que yo no haya hecho en ella? ¿Cómo, esperando yo que diese uvas, ha dado uvas silvestres?” Isaías 5:1-4
Así como este hombre hizo con esa viña hace Dios con nosotros. Él nos planta gentilmente en un terreno fresco y fértil, nos da los mejores tratos y nos mantiene en el mejor estado posible. Todo esto lo hace esperando que el fruto de nuestras obras sea uno puro y digno de todas las bendiciones y milagros que ha hecho en nuestra vida. Es como un campo de entrenamiento, fase tras fase nos va preparando con herramientas y fortalezas. Sin embargo, en el momento de la cosecha, nosotros le recibimos con frutos silvestres y en lugar de dar lo mejor de nosotros, damos lo que podemos o consideramos bueno.
No estoy hablando de dinero, ni de cuánto tiempo dedicas a trabajar en la iglesia o de cuántas vidas has logrado convertir para Cristo. Estoy hablando de nuestra esencia como personas. El fruto de una planta es su esencia, es lo mejor que tiene para dar y su razón de existencia. Nuestra esencia como seres humanos, nuestra personalidad y forma de ser serán nuestro fruto, lo que nosotros hemos aprendido a dar a consecuencia de lo que hemos recibido de parte de Dios.
“Toda buena dádiva y todo don perfecto viene de lo alto, del Padre de las Luces” Santiago 1:17
Por ende todo lo que viene de parte de nuestro Dios es para bien en nuestras vidas, para nutrirnos. Concentrarnos en ese “fertilizante celestial” que recibimos a nuestras vidas es, no solo nuestro deber sino también la manera de sobrevivir ante la maldad de este mundo. Al recordar el amor y la naturaleza protectora de Dios seremos capaces de sobrellevar y corromper el mal cuando intente atacarnos, como resultado, tendremos una esencia digna del tratamiento recibido y lograremos dar frutos de alta calidad.
Él conoce nuestros corazones, de manera que conoce lo que queremos y no queremos hacer y de todas formas, nos permite escoger confiando en que escogeremos lo mejor. Escoger lo mejor, es también, hacer lo mejor. Hacer cosas de bien no solo para beneficio de los que amamos pero sino también para el de los que nos rodean, forman parte de lo que debe ser nuestra esencia como cristianos e hijos de Dios.
El recibir un entrenamiento para dar frutos de excelencia en medio de tanto árbol podrido y terminar dando un fruto de igual o peor calidad es ser hipócritas. “Por sus frutos los conoceréis…” Solo aquellos que luchemos por mantener una relación con Dios y tener un alma y una esencia enteramente buena y pura serán los que darán frutos de calidad.
Dios conoce tu calidad, Él, y solo él es quien necesita estar satisfecho con tus frutos. Asegúrate de dar lo mejor que tengas para dar. Tus frutos son el resultado de tu crecimiento, y van dirigidos a la gran responsabilidad de alimentar a las almas hambrientas de la palabra de salvación espiritual. ¿Qué estamos esperando? Es tiempo de dar frutos dignos del tratamiento recibido. ¡Ha llegado la hora de la cosecha! ¿Qué vas a dar?
Escuchar la Voz de Dios
“Y vendrán sobre ti todas estas bendiciones, y te alcanzarán, si oyeres la voz de Jehová tu Dios...” Deuteronomio 28 1-4
Preparando una dinámica decidí agrupar varias sillas en desorden enfrente del salón de clases, luego pedí un voluntario. La idea era que esta persona cerrara sus ojos y escuchara únicamente mi voz siguiendo cada una de mis direcciones en plena confianza. Antes de preguntar por voluntarios, hablé con una amiga para que mientras yo le hablara al voluntario ella le diera direcciones incorrectas y tratara de distraerlo.
Una vez comienza la dinámica permití que el joven voluntario chocara con una silla, de repente, su expresión facial decía: “¿Me dijiste que confiara y ahora me dejas chocar contra una silla?” Pero eso era necesario para las siguientes directrices. Le ordené que moviera la silla a su izquierda, así lo hizo sucesivamente hasta que pedí que parara y abriera sus ojos. Para su sorpresa se encontraba frente a un amigo quien le regaló una alegre sonrisa junto a los demás compañeros. El joven expresó la incertidumbre y la desconfianza que sintió al seguir mis direcciones luego del primer accidente con la silla.
¿Lo pueden ver? En la dinámica mi voz representaba la voz de Dios, y la de mi compañera era la voz distractora, la voz del enemigo. El joven voluntario puede ser cualquiera de nosotros y todas las sillas que tuvo que mover, arrastrar y levantar representa los obstáculos de nuestra vida diaria. Dios nos afirma en su palabra que al escuchar su voz tendremos la dirección necesaria para seguir, recibiremos bendición en abundancia y seremos plenos en TODO. También nos afirma, que para aquellos que le aman, todo les viene para bien…aun cuando esto se vea malo o doloroso.
Sin embargo, a medida que vayamos escuchando la hermosa voz de Dios, el permitirá que tropecemos con una que otra silla o pupitre. ¿Por qué? No es que Dios sea un cruel maestro que quiere vernos sufrir en medio de nuestro crecimiento y aprendizaje.
Es precisamente porque nos ama en sobremanera, que nos permite tropezar en ciertas ocasiones, para que seamos capaces de crecer y aprender de las caídas. El no es quien crea los tropezones, pero si quien los permite para aprovechar el crecimiento que estos puedan traer.
Muchas veces he oído decir que nada fácil dura, sin embargo lo que se adquiere con dificultad perdura. Podremos sentir dolores de crecimiento, tropezones fuertes con sillas de madera o quizás cemento, pero luego de cada tropezón recibiremos una enorme enseñanza, una bendición que permanecerá para siempre.
El enemigo, no sabe cuál es el camino que Dios tiene trazado para ti, mucho menos conoce sus planes. Lo que él sí sabe, es que Dios tiene un propósito único en tu vida, que te tiene separada una bendición hermosa al final de la meta. El conoce nuestras debilidades. Así como Dios quiere desarrollar en nosotros la capacidad confiar en Él. Este enemigo desea distraernos, fomentar la inseguridad en nosotros y tapar nuestros oídos a la voz de Dios.
Esta noche, día, tarde, mañana propongámonos a oír únicamente la voz de Dios, no demos espacio para la voz de los hombres, no dejemos tiempo ni prestemos nuestros oídos para la voz del enemigo, descartemos del canal auditivo toda voz y pensamiento que no venga de parte de Dios. Escuchemos su voz y dirijamos nuestros pasos de acuerdo a las direcciones que nos sean dadas…lluvia de bendiciones descenderá en nuestras vidas y la sombra de Dios y su protección morará con nosotros por todos los días.
Expresa tu Fe
Hace un año leí un libro que me parecía muy interesante al principio pero que luego cambio mi perspectiva de la vida cristiana por completo. Se llama “Locos por Jesús”, relata historias de fervientes seguidores de Cristo que terminaron como mártires por su fe.
En las historias y relatos que he leído, las personas que viven estas experiencias las aprovechan para hablar de la salvación a sus verdugos, compañeros de celdas, perseguidores y a veces a sus propias familias que le dan la espalda. Ahora... ¿podría uno de nosotros decirle “Dios te ama y yo también” a un enmascarado que te azota y golpea hasta que quedas inconsciente?
Verdaderamente aquellos que vivimos en países con libertad de expresión somos abundantemente bendecidos. A veces, nos cohibimos de nuestra fe ante nuestros familiares, compañeros de trabajo y amistades. Tal vez sí, experimentamos un poco de persecución, pues muchos rechazan nuestra Fe Cristiana, y hasta repudian al los cristianos ¿pero qué hacemos nosotros? Muchas veces silenciamos la voz de Dios dentro de nosotros por no enfrentar una barrera que es mucho más débil que la que otros hermanos enfrentan en otros países.
Hoy te invito a expresar tu fe, no niegues a Dios, no hay persona o cosa en el mundo que valga lo suficiente como para negar a tu Rey. ¿Qué vas a hacer con la palabra de salvación dentro de ti, guardarla o esparcirla como Dios te pide que lo hagas?
Recordemos que Dios ha llenado nuestros corazones de amor y que hemos sido llamados a traer paz, no siempre tendremos que hablar para demostrar estas verdades en nuestras vidas. Lo importante es dejarle saber a quienes nos rodean quién es la verdadera luz de este mundo.
“Para afilar el hierro, la lima; para ser mejor persona, el amigo.”
Proverbios 27:17 (Biblia Traducción al Lenguaje Actual)
Para ser mejor persona...el amigo... ¿Qué clase de amigo serán esos que nos hacen mejores personas? ¿Qué amigo o amiga podría yo tener que me haga ser cada día un ser humano diferente y no solo diferente sino que también mejor?
La respuesta es simple pero la práctica no siempre lo es, la respuesta está en escoger amigos hechos de lima. Los amigos “lima” son aquellos que traen consigo los elementos necesarios para cambiarte de manera positiva y dejar en ti las huellas de una lima que supo afilar el carácter de un buen pedazo de hierro.
Otras versiones de la Biblia dicen "Hierro afila al hierro así mismo el hombre a otro hombre..." Como sabes, el hierro es un material intensamente duro y prácticamente imposible de corromper, sin embargo cuando se intenta afilar con otro de su misma calidad, sede. Al mantener la fricción correcta entre el hierro y la lima u otro pedazo de hierro, el mismo sede ante la fricción y se deja moldear o moldea.
Nuestros amigos deben ser limas y pedazos de hierros en nuestras vidas, así como nosotros en las de ellos. La fricción será ese contacto continuo donde ambos seden para ser cambiados, mejorados o aprender del otro. Amigos de esta calidad enseñan a sonreír, a tomar las cosas paso a paso, a ver la vida de formas y colores diferentes y a entender muchas cosas.
Los amigos nunca somos perfectos, siempre fallamos y la mayor parte del tiempo “metemos la pata” con nuestros comentarios, acciones u opiniones. Pero somos uno de los tesoros más valiosos que cualquier persona pueda tener. Por lo tanto debemos encargarnos de ser tesoros útiles y positivos.
Para tener una amistad que “afile” tu alma y te enseñe a trabajar con la diversidad que tenemos como personas aquí en la tierra, tenemos a nuestros amados y completamente imperfectos amigos. Bellos ángeles que cayeron del cielo, así como tus caíste para ellos. Esta en tus manos decidir como afilaran tu alma y carácter y también el valorarlos.
Un amigo es como un hermano, un amigo puede ir de la mano en el más oscuro de los caminos, mientras que otro solo servirá para ir charlando en el más aburrido de ellos, muchos estarán en los más grandes logros, mientras que como joyas preciosas, otros aparecerán cuando caves por ellos en una cueva lejana y oculta. Los amigos son una variedad inmensa pero siguen siendo pedazos de hierro que tú puedes moldear y que debes permitir, te moldeen de manera positiva.
Inmensamente Agradecida
Bendice, alma mía, a Jehová, Y bendiga todo mi ser su santo nombre. Bendice, alma mía, a Jehová, Y no olvides ninguno de sus beneficios. Él es quien perdona todas tus iniquidades, El que sana todas tus dolencias; El que rescata del hoyo tu vida, El que te corona de favores y misericordias; El que sacia de bien tu boca De modo que te rejuvenezcas como el águila. Salmo 103: 1-5
No vivo en la mejor de las casas, la mayoría de sus paredes necesitan arreglo y sus cuartos un “extreme make-over”. Tengo solo un auto y dentro de poco es probable que tenga que comprar uno nuevo (Ja! ¿Con que dinero?). Son tantas cosas. Hay noches donde pienso que son la última, que la mañana siguiente mi familia se topará con la sorpresa de un cuerpo frío y unos ojos perdidos en el techo de mi habitación. Si pudiera, hace mucho habría dicho las mentiras adecuadas y actuado de la manera correcta para ser mantenida por el gobierno, no estaría pasando por ninguna de las necesidades que vivo.
Hay veces que siento en mí el deseo de acongojarme, de acuclillarme y comenzar a gemir en mi interior ‘Oh que vida tan dolorosa es la mía, ¿porque me ha tocado vivir así, que hecho yo para merecerla?’
La verdad es que he sido ignorante cuando pienso así, más bien, ‘¿Que he hecho para merecer un techo, porque tengo una madre amorosa y protectora cuando en ocasiones le fallo, como es que tengo este llamado siendo una vil pecadora?’
Cuando tengo deseos de quejarme, de dejarlo todo a un lado y simplemente aceptar esa cómoda posición de víctima, para la cual parezco tener todas las cualidades, siento en mí una fortaleza que me levanta y me hace ver la verdadera realidad. Me deja saber que soy AFORTUNADA, ¿Por qué?
Conozco la verdad, Cristo es mi salvador y me ha limpiado de todo pecado, vivo bajo su redención y en la última hora veré su luz, recibiré la bella corona de la vida. ¿Cuántos en este mundo están lejos de esta verdad, a cuantos habré yo de contarle acerca de esto a través de mi llamado? ¿Cómo lo haré acongojada en una esquina?
¡He sido sanada por su toque! En mi corazón ha habido espacio para raíces de amargura, pecados e iniquidades, que sólo Dios ha podido quitar. Mientras tanto hay miles de corazones vagando por ahí sin saber que existe alguien que los puede sanar, sin querer ser tocados por ese toque especial. ¿Cómo puedo yo acongojarme, si El ha sanado mi ser de toda dolencia?
Me levanto todos los días por que El así lo permite, me cuida y me protege de sombra de muerte y del hoyo de la vida, del agujero oscuro. ¿Por qué habré de acongojarme, si El me ha librado de la misma muerte?
Su gracia y su misericordia cubren mi vida, mi familia, mi casa. ¡Oh sin yo pedirlo a Él le ha parecido protegerme con entrañable amor! Aún cuando continuamente mi corazón y mi ser le fallan a Él le place protegerme de todo. ¿Qué razón tengo yo, para desvanecer, si El guarda todos mis pasos?
Sus bienes y sus frutos de paz llenan mi alma, rejuvenecen mi espíritu, son estos los que en momentos en los que creo desfallecer me levantan. Cuando ya me quiero rendir están sembrados dentro de mi ser y son los que me fortalecen para levantar mi vuelo en medio de vientos recios y tempestades. ¿Si Él es quien me fortalece porque tengo yo que desplomarme, sabiendo que llegaran fuerzas nuevas?
Cuando veo todo lo que El hace y hará, lo que ha hecho y que ha prometido hacer, me doy cuenta de lo grande que es su amor, lo bello que es conmigo y lo misericordioso que se muestra delante de mí. Entonces reconozco que en lugar de lamentarme, solo puedo dar gracias, en vez de preguntarme porque, debo preguntarme como. ¿Cómo podría yo pagarle tanto amor? La respuesta siempre llega, siempre es, con un corazón humilde y AGRADECIDO, un corazón contrito y humillado, un corazón de sierva.
Lo que tengo es gracias a Él, gracias a su bondad, su amor, su misericordia, su paz. Por esto, antes de dar gracias por lo que ha hecho conmigo, le doy gracias por quien es, por ser como es, por ser El ÚNICO, El TODOPODEROSO, El REY DE MI VIDA. Si no fuera por como EL ES, no podría dar gracias por lo que EL HACE.
Jueces
No juzguéis, para que no seáis juzgados. Porque con el juicio con que juzgáis, seréis juzgados, y con la medida con que medís, os será medido. Mateo 7: 1-2
Hace poco me senté a escuchar una canción de una artista popular, era una canción hablándole a todos aquellos que tenían una autoestima baja y habían sido constantemente rechazados por la sociedad. En mi opinión, tenía un mensaje positivo y alentador. La artista alentaba con su letra a sus oyentes para que dejaran atrás todo tipo de rencores y procuraran crecer como seres humanos, amándose por quienes son y no por quienes los demás desean que sean o los juzgan de ser.
Al rato llegue a leer un artículo que criticaba el video y la lirica de la canción debido a que contenía una palabra soez y en el video se presentaba una escena de una joven intentando suicidarse. Entiendo que la artista si pudo utilizar otra palabra –lo cual hizo más tarde en una versión actualizada– y que en el video las escenas pudieron haber sido un poco más moderadas. Sin embargo, mi enfoque con esta reflexión va hacia nuestro incesante deseo de juzgar y señalar lo que fulano hizo bien y lo que mengano hizo mal. Lamentablemente tendemos a ver más lo malo o lo feo de las cosas en lugar de ver las verdaderas buenas intenciones que hay detrás de ellas.
Esta canta-autora escribió una letra positiva, lamentablemente utilizó una palabra que no todos usan o gustan de oír. Pero sus intenciones fueron positivas y buenas, quería dejarle saber a todos esos jóvenes que se encuentran luchando con depresión y baja autoestima lo mucho que valen. Lo que me duele y me choca es nuestra capacidad para juzgar todo. Esta artista comenzó un movimiento, quizás -de acuerdo a tu opinión o la mía- pudo haberlo hecho mejor pero en lugar de juzgar (Cosa que Dios nos pide que NO hagamos) deberíamos movernos y también hacer una diferencia.
A veces no las pasamos juzgando y reprochando todo lo que los demás hacen, sean cristianos o no. Pero no tomamos un minuto de nuestro tiempo para ver qué nosotros hacemos que sea de provecho para esta sociedad y que represente la naturaleza amorosa y perdonadora del Dios que profesamos.
En lugar de concentrarnos en quién lo hizo bien y cómo lo hizo, debemos enfocarnos en actuar de acuerdo a la naturaleza de Dios y representar un ejemplo vivo y eficaz de lo que es el amor y el perdón de Dios en la vida de un ser humano. Olvidémonos de decidir si el otro irá al cielo o al infierno y preocupémonos por cumplir la preciosa obra para la cual fuimos llamados.
Comencemos a hacer una diferencia y llevar la verdadera perspectiva de lo que es ser Hijos de Dios y representantes de Cristo en este mundo.
La generación de este siglo nos necesita, pero no con dedos señaladores y miradas que juzguen si no con corazones dispuestos a amar, brazos abiertos para sanar y miradas llenas de amor para aceptar la diversidad que existe en cada persona. ¿Acaso Dios no te ha aceptado como eres?
La Cáscara de Guineo
Era un día lleno de victoria para la joven que iba ganando esta pequeña carrera, estaba airosa, llena de felicidad mezclada con adrenalina. Era la primera de muchos en la recta final. De lejos podía sentir la victoria y ver esa singular franja roja que le dejaba saber que estaba llegando a la meta. Pero para su desgracia uno de los competidores más fuertes dejó caer una cáscara de guineo al suelo justo al frente de ella.
El resbalón fue doloroso y el sentir como esa estampida humana pasaba alrededor de ella sin divisar la situación era completamente frustrante. Lejos de su primer lugar, olvidada a tan solo metros de su meta, llena de dolor y frustración y con una rodilla lastimada esta chica no supo más que llorar. El equipo de primeros auxilios le ayudó a levantarse, le curaron de sus heridas, le revisaron su rodilla y el coordinador decidió otorgarle la medalla de superación.
La joven estaba muy triste pero no renunció a su sueño de ganar el primer lugar se recuperó e inmediatamente volvió a tomar su ritmo deportivo lista para la próxima carrera. En nuestra vida espiritual solemos caer en tentaciones, estamos constantemente siendo atacados por este competidor fuerte que es nuestro enemigo, es seguro que tiene un bolso lleno de cáscaras de guineo para que resbales.
Si caemos en pecado o tentaciones no debemos renunciar o pensar que hemos perdido la hermosa relación que teníamos con Dios. Estos son pensamientos totalmente erróneos y que deben ser desechados. Debemos en cambio arrepentirnos y desechar el pecado de nuestras vidas, alejarnos de lo malo y buscar hacer lo bueno. Volver a tomar nuestro ritmo espiritual y prepararnos para la próxima carrera.
Si la joven se hubiese quedado tirada en el suelo, llorando y gimiendo no hubiese a resuelto nada. Sus heridas se infectarían y su rodilla seguramente se debilitaría más. Eso le hubiese costado más tiempo de recuperación y por ende más práctica para volver a empezar de nuevo en vez de continuar donde se había quedado. La diferencia es que tomó la mano del quien le ayudaba se levantó con nuevas fuerzas y dispuesta a romper barreras.
Cuando tu competidor fuerte te tire la cáscara de guineo que te hace resbalar solo recuerda que si no te levantas la herida se infectará y tus fuerzas de esfumarán. Levántate si te has caído, afronta tu dolor recupérate con Jesucristo y continúa tu camino hacia el lugar más preciado que es nuestra meta en Cristo. Él te estará esperando con tu corona en sus brazos, él conoce tu corazón, tus esfuerzos y deseos de servir. Recuerda que el está caminando a tu lado. Esa es la mano amiga que te levanta después de la caída.
Filipenses 3: 13-14
“Hermanos, yo mismo no pretendo haberlo ya alcanzado; pero una cosa hago: olvidando ciertamente lo queda atrás, y extendiéndome a lo que está delante, prosigo a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús.”
Receta para Coexistir
Una Dosis de Independencia y Otra de Dependencia
Hace unos días pasó un cliente por el negocio de la familia. Un señor con un rostro triste a primera instancia parecía que era una persona amargada. Pero sus ojos estaban llenos de soledad y tristeza. Mi madre le hizo un chiste para intentar levantarle los ánimos pero no funcionó, regresó una sonrisa breve y forzada. El día siguiente volvió y para nuestra sorpresa se quedó con nosotros a charlar un rato. Eso era todo lo que necesitaba, una charla para desahogarse de esa vida triste y vacía que había comenzado a llevar hace diez meses porque su amada esposa había muerto.
A veces o mejor dicho, casi todo el tiempo nos la pasamos envueltos en nuestro propio mundo. Tomamos en serio ese tema de que cada uno es individual y "cada cual por su lao" así vivimos y pensamos, olvidándonos de los que existen a nuestro alrededor. Nos enfocamos tanto en nuestras propias vidas que no importa si nos damos cuenta del sufrimiento de otros porque ya tenemos bastantes cosas de que preocuparnos. Perdemos noción de lo que pasa a nuestro alrededor porque no separamos como mínimo cinco minutos para enterarnos de lo que le pasa al otro o pedir ayuda cuando la necesitamos. Es que a veces somos tan orgullosos.
Cada uno puede desarrollar su propia vida y hacerse cargo de ella y todos los problemas que ella trae. Sin embargo, siempre estaremos en necesidad de una mano amiga en este mundo. Por más independientes que seamos, nadie ha logrado algo por sí solo, absolutamente nadie. Ni siquiera los dioses, sino me crees, pregúntale a Jesús (por traer un ejemplo)... ¿quien le proveyó las fuerzas para treparse en esa cruz? ¿Acaso no oró por fortaleza antes de emprender su travesía al calvario? Quizás los actos no los hagamos acompañados o con la ayuda de alguien, probablemente hemos llegado a cumplir nuestras metas solos. De todas formas, siempre ha estado alguien, ya sea el que nos inspiró o el que nos animó a continuar, tal vez una persona es la razón de cumplir esas metas. Todos estamos conectados de una forma u otra y co-dependemos el uno del otro.
Esto es lo que tratamos de olvidar día a día, intentamos ser tan independientes que evadimos la necesidad continua que tenemos los unos de los otros o viceversa. Ese día cuando ese señor le abrió su corazón a mi madre y le contó su dolor fue un momento donde se compartieron cosas. Ella tenía otras gestiones que hacer pero sacó diez minutos para escuchar las penas de un hombre que llevaba diez meses en luto. Cuando mi madre comenzó hablar terminó recibiendo consejos para su negocio. El señor recibió algo que necesitaba sin importar cuán independiente pudiese ser y mi madre recibió algo que también necesitaba sin importar cuán exitosa o independiente fuera.
Esta es la magia de combinar estas dos características en nuestras vidas y aprender a coexistir con los que nos rodean. Siempre nos van a hacer falta las dos, con una aprendemos a valernos por nosotros mismos y con otra aprendemos a pedir ayuda y ofrecerla, aprendemos a reconocer que no estamos solos en este planeta. Nadie debe ser lo demasiado independiente como para olvidar que a su alrededor hay más personas. Porque cuando se es muy independiente tendemos a pensar que "Si yo pude el otro también." cuando en realidad todos necesitamos un empujón en algún momento. A su vez, nadie debe ser demasiado dependiente como para vivir toda su vida por cuenta de los demás. Tenemos que saber valernos por nosotros mismos y no vivir pegados como lapas inútiles, el ser de utilidad en esta vida es lo que nos permitirá devolver la ayuda recibida.
Debemos balancear nuestras vidas y ser hombres y mujeres independientes que pueden por sí mismos y pueden proveer para los suyos. De la misma manera, tenemos que aceptar, reconocer y vivir con el concepto de que no estamos solos, de que cuando necesitamos ayuda siempre habrá alguien para ofrecerla al igual que nosotros debemos estar dispuestos a ofrecer ayuda a otros. Nadie se ha muerto por ayudar o dar la mano y mucho menos por pedir ayuda, los que sí han muerto son los que andan por la vida intentando lograrlo todo solos. Puede ser que no mueran en físico, pero su espíritu está muerto, vinimos a este mundo para compartir y coexistir, todos necesitamos a alguien a nuestro lado y todos necesitamos aprender a estar ahí para los demás. Nuestro cuerpo necesita una dosis de independencia para continuar hacia adelante aún cuando los demás no nos apoyen y una de dependencia para reconocer que siempre necesitamos a alguien cerca que nos diga "Tu sí puedes."
Resoluciones para Año Nuevo
No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta.
Romanos 12:2 (Versión RV 1960)
Cada fin de año, o en ocasiones en el comienzo, la gente suele sentarse y hacer una lista. Le llaman resoluciones de año nuevo, sus nuevas metas, cambios. Frecuentemente suelen ser las mismas. Una lista común es:
Bajar de peso
Hacer más ejercicio
Arreglar ‘x’ o ‘y’ parte de mi cuerpo, casa o cuarto
Comprar ‘x’ o ‘y’ cosa
Ahorrar más dinero
Realmente, cuando comienza el año nuestra meta principal y más importante debería ser mejorar nuestras relaciones con Dios. Estar cada día más cerca de Él, convertirnos no en el cristiano ideal, o quizás el que la gente espera, sino en el cristiano que Dios busca en ti. Con cada cual, la relación y los propósitos de Dios son diferentes.
“Te haré entender, y te enseñaré el camino en que debes andar; Sobre ti fijaré mis ojos.” (Salmos 32:8) Dejarnos llevar por su guía es de mucha importancia para conocer los caminos que El nos ha trazado.
Romanos 12:2 (en la versión Biblia Lenguaje Actual) nos dice: “Y no vivan ya como vive todo el mundo. Al contrario, cambien de manera de ser y de pensar. Así podrán saber qué es lo que Dios quiere, es decir, todo lo que es bueno, agradable y perfecto.”
Otras versiones dicen “sino renovaos…” ¡Es lo mismo! Renovar, cambiar, una resolución es un punto de cambio, de renovación. Cuando preparamos las resoluciones, renovamos objetivos, metas y cambiamos direcciones en muchos aspectos de nuestras vidas. Renovar es mejorar y, mejorar las cosas nunca viene mal.
Renovar nuestra manera de ser el año pasado fuimos de una u otra forma, en ocasiones excelentes cristianos y seres humanos y en otras no lo fuimos. En este año resolvamos ser personas diferentes, ser mejores y renovar nuestro ser.
Parte de renovar nuestro ser es renovar nuestro corazón, limpiarlo de esos sentimientos que nos han ido dañando. Remendar y limpiar el corazón es como cuando barremos una casa, le sacamos el polvo y todo lo que esta demás. Quizás tengas que perdonar, o pedir perdón, olvidar alguna mala memoria o simplemente necesites paz en tu alma. Dios te la puede dar, te la QUIERE dar. Levántate dispuesto a renovar tu ser, tu corazón.
Renovar tu manera de pensar: nuestro entendimiento es muy finito comparado con el entendimiento de Dios, es diferente. El ve más allá de lo que nosotros podamos ver. Sus pensamientos, no son los nuestros, pero sus pensamientos siempre guardan paz, bendiciones y nuevos propósitos para sus hijos. Renovemos nuestro pensar para mantener nuestras mentes abiertas a los propósitos de Dios y ocupadas en SU obra.
No es que te zarpes de la cama dispuesto a abrir tus pensamientos para cuanta idea o lógica se te presente. Es que te mantengas atento, abierto y dispuesto a recibir los pensamientos que Dios quiere poner en tu mente y que te quiere revelar.
Este año, como todos los que han pasado, y los que están por pasar, promete bendiciones y retos, pruebas y batallas pero también victorias y paz. En orden de poder alcanzarlo todo, por medio de la gracia de Cristo, tenemos que renovarnos, cambiar, a este siglo.
Dios es el mismo, ayer, hoy y siempre, pero nosotros cambiamos constantemente, a veces para mal, otras para bien. Que este año, una de tus prioridades, de tus resoluciones, sea renovar tu corazón, tu espíritu, tu relación con Dios, tu ser y tu pensar. Caminemos juntos en pos de renovarnos, siempre victoriosos por la misericordia de Dios. Nunca es demasiado tarde para cambiar.
Sigue la Estrella
Mateo 2:2 “¿Donde está el rey de los judíos, que ha nacido? Porque su estrella hemos visto en el oriente y venimos a adorarle.”
En muchos países se celebra la visita de los tres Magos de Oriente al pesebre donde se encontraba el niño Jesús. Ese memorable día en el cual tres reyes, magos o sabios (ya que se les refiere con diferentes nombres) siguieron desde el lejano oriente una estrella que los guió al paradero del Príncipe de las Naciones.
Se dice que su travesía fue de aproximadamente dos meses, otras fuentes alegan de un mes y medio y a quienes dicen que solo les tomo tres semanas. Sin embargo, eso me puso a meditar en que realmente no importa cuánto les tomo llegar a Belén. Lo que realmente importa es que el deseo de adorar y exaltar al Niño Dios era más fuerte que la larga travesía, que la incertidumbre de saber hacia dónde se dirigían.
Los reyes fueron a su paso y al paso de sus camellos y la estrella los guió hasta el momento en el que llegaron al lugar donde Jesús les estaba esperando. Así mismo es con sus hermanos, con nosotros. Jesús no le importa si ti te toma un mes llegar a cierto crecimiento mientras que a mí me toma una semana o viceversa. Jesús lo que más le importa es el resultado final.
Lo que Dios, Jesús y el Espíritu Santo buscan es el crecimiento en nuestras vidas, que estemos en constante búsqueda y siempre persiguiendo la Estrella que ilumina nuestros pasos. ¿El tiempo que nos tome llegar? Siempre será diferente, con cada individuo Dios obra de forma diferente y en tiempos diferentes.
El Dios Todopoderoso y Omnisciente es el que tiene completo conocimiento de nuestros corazones y conoce a qué velocidad podemos caminar cada uno. Eso sí, nunca nos conformemos. Cuando llegaron al palacio de Herodes, los reyes pudieron haberse conformado con haber comprobado que en verdad había nacido un niño rey en Belén. Sin embargo, a pesar de que probablemente estaban extenuados continuaron.
No fue hasta que llegaron al pesebre y le adoraron que estuvieron satisfechos. ¡Nosotros también! No pares hasta que cumplas tu meta, no descanses hasta que consigas trepar el siguiente escalón, no te conformes con saber que existe, ¡no! Esfuérzate y sigue la estrella de Cristo hasta que te lleve al lugar que Dios ha separado para ti.
La oración es y será siempre uno de los componentes más importantes en nuestra relación con Dios. Ella es como ese ingrediente secreto, indispensable, único, uno sin en el cual la receta es un completo fracaso. ¿Por qué? Esto es porque la oración es nuestro método para comunicarnos con el Padre. Jesús es el camino al Padre.
La verdad es que al creer en la salvación que Cristo nos ofrece, somos hecha nueva criatura, nacemos una vez más, esta vez, para que crecer en los caminos del Altísimo. Como todo bebé, tenemos que ser alimentados y la única forma que lograremos esto es a través de la oración pues esa será nuestra manera de decirle a nuestro Padre: “Estoy hambriento…dame de tu pan…sacia mi sed.”
Entonces Dios, como madre amorosa que amamanta a su pequeño, te dará de su manantial de vida hasta que poco a poco vas creciendo y convirtiéndote en el cristiano que Él desea ver en ti. A medida que crecemos en sus caminos el alimento cambia a uno más fuerte y más fuerte cada vez, nuestro cuerpo y espíritu experimentarán el mismo cambio y será maravilloso, un sentir único y especial…no será fácil lograrlo pero tampoco será imposible.“Todo lo puedo en Cristo que me fortalece.” Filipenses 4:13
Es por esto que la oración es y será esencial herramienta en tu caminar con Dios, Jesús y su amado Espíritu porque día tras día recibirás el alimento necesario para lograr crecer y cimentar tu casa en la roca que es Cristo. “Todo aquel que viene a mí, y oye mis palabras y las hace, os indicaré a quién es semejante. Semejante es al hombre que al edificar una casa, cavó y ahondó y puso el fundamento sobre la roca; y cuando vino una inundación, el río dio con ímpetu contra aquella casa, pero no la pudo mover, porque estaba fundada sobre la roca.” Lucas 6: 47-48
La oración no es el único elemento, pues la lectura de la palabra, el ayuno, el visitar el Templo, la alabanza, etc. son parte de esa vida cristiana que vamos desarrollando. Sin embargo, sin la oración no logramos crecer y continuar hacia delante, así como sin ninguno de los anteriores tampoco logramos nuestro crecimiento espiritual. En conclusión la oración es una cualidad primordial para lograr ser cristianos en espíritu y en verdad, cristianos crecidos en el rebaño del Padre, tenemos todo un paquete de herramientas que nos permitirán crecer en sus caminos y reforzar nuestra relación con Él más y más.
“La oración eficaz del justo puede mucho.” Santiago 5:16b No debemos verlas como una carga, como algo para lo cual no tenemos tiempo, sino al contrario como herramientas únicas y valiosas, magníficos regalos enviados desde el mismo trono para mantenernos cerca del Padre, perlas de único valor y estima en nuestras manos.
La oración, esa comunicación entre sus hijos y el Padre es tan importante para ti, como lo es para Él, pues inclusive se aseguró de enseñarles a los discípulos cómo orar de manera tal que el oído de Dios se inclinará a las oraciones que ellos le elevaran.
Mateo 6: 5a-6, 7b y 9a “Y cuando ores, no seas como los hipócritas… Mas tú, cuando ores, entra en tu aposento, y cerrada la puerta, ora a tu Padre que está en secreto; y tu Padre que ve en lo secreto te recompensará en público… no uséis vanas repeticiones, como los gentiles, que piensan que por su palabrería serán oídos… Vosotros, pues, oraréis así…”
Este es el tipo de oración que Dios espera una que enfrasca nuestros sentimientos, nuestra adoración y alabanza, nuestros deseos y peticiones en simples y sinceras palabras que vengan del corazón y no de la mente, que sean dichas con el alma y no la boca aunque las palabras nunca sean suficientes para describir su inmensa bondad, es el sentimiento con el que las digamos el que hará la diferencia.
Bono: Las Cuatro Leyes Espirituales
Las cuatro leyes espirituales son una manera de compartir las buenas de salvación a través de la fe en Jesucristo. Son una manera simple y fácil de presentar el Evangelio de Salvación en cuatro puntos.
4 Leyes
1. Dios te ama y tiene un plan maravilloso para tu vida. Juan 3:16 y Juan 10:10b
2. El hombre es pecador y está separado de Dios por lo tanto no puede conocer ni experimentar el amor y el plan de Dios para su vida. Romanos 3: 23
3. Jesucristo es la única provisión de Dios para el pecado del hombre. Sólo a través de Él puedes conocer a Dios personalmente y experimentar el amor y el plan de Dios para tu vida. Juan 14:6 y Juan 1:12
4. Debemos recibir a Cristo como nuestro Salvador y Señor de manera individual y voluntaria. Sólo así se puede experimentar el amor y el plan de Dios en nuestras vidas. Apocalipsis 3:20 y Efesios 2: 8-9
Estas son las 4 Leyes Espirituales, exprésalas con amor de Cristo y sabiduría, no obligues al que te escucha a convertirse o creerte, recuerda que una semilla sembrada con amor siempre da su fruto. Tú simplemente expresa tu fe y obedece a la voz de salvación que hay dentro de ti, haciendo lo que Dios nos ha llamado a hacer en: Mateo 28:19-20
Fragmento del documento: “Las Cuatro Leyes Espirituales” preparado por: Marisela Reyes y Editado por: Angélica Pérez
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