El Jinete Murciélago y la Fosa de Mormoops
Una aventura de Juan Mateo
Anthony Barton
Juan Mateo y sus amigos deben viajar
a las estrellas y desafiarse de la fosa de Mormoops en un
valiente búsqueda por paz. ¡Un emocionante paseo!
Librería y Archivo de Canadá Catálogo en Publicación
Barton Anthony, 1942 -
El jinete jurciélago y la fosa de Mormoops [ recurso electrónico] : a
un aventura de Juan Mateo / Anthony Barton.— ed. smashwords
(novela de Juan Mateo ; 5)
ISBN: 978-0-9869038-1-6
I. Titulo. II. Series: Barton, Anthony, 1942-.
Juan Mateo; 5
Edición Smashwords. [Smashwords Edition.]
Los derechos de autor ©2010 Anthony Barton
El arte de la tapa por Anthony Barton. Todo los derechos reservados.
Traducido del inglés al español por Monica A. Barry.
Todo los derechos de la traducción reservados.
Para
Maia Ross, Rowenda, Frances Mae, Roselyn, Kathylyn, Sophia, Farah, Sagel,
Stephanie, Claire, Duncan, Jan, Oro, Noelle, Claire, Jayden, Taylor, Merlin, Cynthia,
Braxton, Lukas, Jakob, Suzanne, Shayla, Benjamin, Sarah, Zachary, Christopher, Justin,
Ashton, Leisha, Valerie, James, Janelle, Elly, August, Toby and Tad
Este e-libro solo tiene esta licencia para el disfrute personal. Este e-libro no puede ser revendido, ni regalado a otro gente. Si quisieras compartir este libro con otra persona, por favor comprar una copia adicional para cada persona que comparte esto contigo. Si estas leyendo este libro y no lo has comprado, o no será comprado para tu uso personal, entonces debes devolverlo a http://www.smashwords.com y comprar tu propia copia. Gracias por respetar el trabajo del autor.
El Jinete Murciélago y la Fosa de Mormoops
1: Addison Carter
Addison Carter, el capitán del Artibeus, se tendió su copa por más vino de diente de león del Señor Semillas. ‘¡Murciélagos!’ dijo, y apuntó su patada a Bulmer.
Bulmer saltó del camino con apuro, aleteando sus alas para mantener el equilibrio.
‘¡No trates a Bulmer como aquello!’ dijo Juan Mateo, saltando a su pies.
Addison Carter se reclinó en su silla y entrecerró sus ojos. ‘Si quieres unirte a mi barco, muchacho, dejaras esa mascota plagada de pulgas por detrás.’
‘Bulmer no tiene pulgas,’ dijo Juan Mateo. ‘Por lo menos no creo que tiene, y no es una mascota.’ Él habrá dicho más, pero el Señor Semillas puso su mano en su brazo.
‘Lo siento que has perdido a Brumosa, Addison Carter,’ dijo el Señor Semillas.
‘No he perdido a Brumosa. Ella salió volando y me abandonó, esa murciélago estúpida no buena,’ dijo el capitán, bajando su vino. ‘En los murciélagos no se pueden confiar.’
‘¿Tienes algunos murciélagos a bordo?’ pregunto Juan Mateo.
‘Tengo un murciélago en mi nave. Su nombre es Cristal. Él es mi navegador. No puedo manejarme en los saltos al hiperespacio sin él,’ dijo Addison Carter, ‘pero le mantengo encadenado en la cubierta del túnel del viento de navegación, y no le dejo volar.’
‘Eso es horrible,’ dijo Juan Mateo.
‘¿Cristal hace saltos?’ pregunto Bulmer, desconcertado.
‘Y no le dejo hablar, a menos se les habla,’ dijo el capitán, poniendo el vaso vacío abajo con un golpe y poniéndose de pie. ‘Bueno, muchacho, ¿vienes a bordo? Oigo las abrazaderas del muelle conectando al acoplamiento.’
‘Supongo que yo estoy,’ dijo Juan Mateo. ‘Adiós, Bulmer.’ Él dio a su murciélago un abrazo feroz.
‘Hasta la vista,’ dijo Bulmer. ‘Yo te voy a extrañar, Juan Mateo.’
‘Gracias por venir a despedirme,’ dijo Juan Mateo.
Las puertas de la esclusa de aire silbó abierto.
‘Disfrutes su tiempo en el espacio,’ dijo el Señor Semillas. ‘Mantengas alejado de la cubierta del dinosaurio.’
La madre de Juan Mateo corrió un peine por su pelo. ‘He puesto una barra de chocolate en el bolsillo,’ dijo ella.
Su padre le dio la mano. ‘Lo mejor de la suerte con tu turno de servicio, Juan Mateo.’
‘Gracias, papá. Gracias mamá.’ Por el rabillo de su ojo Juan Mateo podía ver a sus amigos diciendo adiós a sus padres. Giró sobre sus talones y caminó por la rampa al nave estelar. Sus amigos le siguieron. Ni él ni ninguno de sus compañeros jinetes murciélagos volvieron a mirar a sus murciélagos que dejaban atrás. No lo podían soportar. Ellos estaban acostumbrados a tener a sus murciélagos con ellos dondequiera que fueran.
Los murciélagos observaron a sus jinetes salir y hablaron en voz baja entre sí.
‘Me gustaría poder irme en la astronave con Juan Mateo,’ dijo Bulmer.
‘Yo también,’ dijo Ahumado. ‘Ojalá pudiera irme con Joshua Ryan.’
Hula asintió con la cabeza. Ella iba a echar de menos a su propio jinete, Annabella Sue. ¿Pero que podían hacer? Los jinetes tuvieron que unirse a la nave y el capitán de la nave no permitía que los murciélagos fuera con ellos.
‘Si hubiéramos abordado el buque, nos meteríamos en problemas,’ dijo Vesper el murciélago de Emilia Charlotta.
‘No me importaría si lo hiciéramos,’ dijo Hula. ‘Me gusta problemas.’
‘Vamos a jugar a la mancha,’ dijo Kiti, el joven cachorra de tigre que le gustaba jugar con los murciélagos. Saltó por encima de una caja de cartón vacía. ‘Yo lo soy.’
Ahumado trató de agazapar a Kiti y se perdió.
Ahumado y Kiti se cayeron dentro de la caja.
‘Purp,’ se dijo Kiti. Este fue un buen partido. Ella podía moverse mas rápido que los murciélagos, cuyas piernas fueron unidos a sus alas. Se arrastró hasta la pared interior de la caja, con sus garras diminutas para agarrar el cartón.
Vesper y Hula extendieron sus alas y volaron hasta el borde de la caja para marcar a ella.
‘¡Purp! ¡purp!’ se dijo Kiti, soltando una pata para batearse a ellos. ‘No te preocupes, Kiti, te voy a salvar,’ dijo Bulmer, que no sabía jugar a la mancha. ‘Aquí vengo.’
La súbita llegada de Bulmer le golpeó a Vesper y Hula adentro de la caja. Kiti se perdió su agarre y se cayó tambien. Bulmer aterrizó en la parte superior de ella.
‘Eh. Lo siento,’ dijo Bulmer. ‘Creo que no debería haber hecho eso.’
Los cuatro murciélagos y la cachorra de tigre yacían en un montón dentro de la caja.
‘Mmmph humph,’ dijo Ahumado, que se encontraba en la parte inferior de la caja y le costaba hablar.
La caja era un contenedor moderna programada. La caja podía entender y hablar ciento diecisiete idiomas. La caja sabía que en el lenguaje de los dedos morados de los Perezosos de Epsilon de Erandi, ‘Mmmph humph,’ significaba ‘Está caja está llena ahora y debe ir a bordo del buque.’
‘Goomph whoof phumph Artibeus,’ la caja contestó en la misma idioma. Esto significaba ‘He activado mi unidad de lucha contra la gravedad y estoy flotando a través de la esclusa de aire del Artibeus.’
Así fue como Kiti la cachorra de tigre y los cuatro murciélagos se unieron en la nave sin que nadie se entere. Ni los funcionarios ni los hombres de la Artibeus se vieron algo inusual en una caja flotando en el barco en el último momento. Cajas hacían eso. Las cajas tenían mentes propias.
Hubo un porrazo cuando las abrazaderas del acoplamiento soltaron. Juan Mateo y sus amigos presionaron con la nariz en la ventanilla transparente y vieron la nave flotar en la oscuridad del espacio, transportando al Señor Semillas y sus padres de vuelta al planeta de los árboles de milla de altura Yumi.
‘Espero que llegan a casa con seguridad,’ dijo Emilia Charlotta.
El primer oficial corrió hacia el capitán, llamó la atención, y saludó. ‘¡Señor! Acabamos de recibir una señal de urgencia pidiendo nuestra ayuda. La señal se originó en la sistema del Sol Niger.’
‘¿El sol negro?’ dijo Addison Carter. ‘Ahí es a donde he perdido a mi Brumosa. Poner en marcha el túnel del viento. ¡Cristal, encaminar un curso!’
‘¡No más hiperespacio! ¡No lo puedo soportar más! Me está volviendo loco,’ dijo Cristal el murciélago navegador, sacudiendo su cadena. ‘Por favor capitán. No me lo hagas.’
‘¡Deja de quejarse, murciélago bueno-para-nada !’ dijo Addison Carter. ‘¡Velocidad de deformación!’
La Artibeus saltó a las estrellas.
2. ¡Estaciones de collision!
La Artibeus abandonó la deformación en la sistema del Sol Niger. Cientos de planetas zumbaron alrededor de una estrella oscura que giraba tan rápido que mareaba a Juan Mateo mirandolo. Ciento de miles de asteroides se estrellaron en las pantallas de fuerza de la nave, explotando como fuegos artificiales. Juan Mateo, que se había dado a la tarea de regar sus árboles Yumi en el puente del buque, se encontró que el buque temblaba tanto que no podía sostener su regadera firmemente. Por error, el regó los pies del capitán.
‘¡Tonto!’ dijo Addison Carter, empujando a Juan Mateo a un lado cuando el se dirigió hacia el túnel del viento de la navegación. ‘¿Que has hecho esta vez Cristal? ¿Has olvidado cómo utilizar sus oídos? ¿Has olvidado como navegar?’
‘Es la cadena, señor,’ dijo Cristal. ‘Tengo que estar libre para volar, así puedo ver hacia dónde vamos en el hiperespacio. No puedo funcionar correctamente encadenada a la cubierta.’
‘No se intenta eso conmigo, excusa miserable para un murciélago,’ dijo Addison Carter. ‘Si te liberó de la cadena, usted volará igual que mi Brumosa hizo. No voy a correr el riesgo.’
Los oídos de Cristal aguzó. ‘Capitan algo se aproxima,’ dijo.
‘¿Qué quieres decir?’ preguntó Addison Carter.
Cristal cerró los ojos y escuchó los ecos en el hiperespacio. ‘Algo realmente grande se precipita hacia nosotros.’
‘¡Estaciones de colisión! ¡Más poder a las pantallas de fuerza!’ dijo Addison Carter.
‘Capitán demasiado tarde,’ dijo Cristal.
Algo golpeó al Artibeus con un gran golpe.
‘¡Emergencia!’ dijo la computadora de la nave. ‘Brecha del casco en la Cubierta del Dinosaurio.’
Un misterioso personaje encapuchado y envuelto apareció en el puente, agarrando una piedra brillante en sus garras.
‘¿Quién diablos es usted?’ dijo Addison Carter. ‘¿Qué estás haciendo en mi nave?’
‘Somos los Mormoops,’ dijo la figura encapuchada. ‘Hemos venido para usted, capitán.’
Juan Mateo echó la regadera en la figura encapuchada. La regadera golpeó a la piedra brillando de las garras de la figura. La piedra golpeó la cubierta con un destello de luz púrpura, y rodó hacia los pies de Juan Mateo. El los recogió. La piedra era suave y candente con el poder. Cabellos alzaron en la espalda en la nuca de Juan Mateo.
‘¡Devolverme la piedra!’ dijo la figura encapuchada.
‘Ven por ella, Mormoops,’ dijo Juan Mateo, y se apretó un botón en el apoya brazo de la silla del capitán.
Las puertas de la trampa para el Tubo de la Gravedad de Emergencia siseó abierta, y Juan Mateo, sus amigos y el capitán se lanzaron en el tubo.
‘¡No puedes escapar de mí!’ dijo la figura encapuchada, y se lanzó tras ellos.
3. La Cubierta del Dinosaurio
Juan Mateo, sus amigos y su capitán extendieron sus brazos y piernas a medida que se desplomaron por la trompa de la gravedad. Se sumergieron en las cubiertas inferiores de la Artibeus. Los signos blancos pintados brillaron más allá de ellos: CUARTELES DE LA TRIPULACIÓN, ENTREPUENTE, y MUELLES DE CARGA. Ellos pasaron volando INGENIERÍA ELÉCTRICA. Hombres en overoles se levantaron la vista de su trabajo a verlos pasar.
El viento agitó el cabello de Juan Mateo. Él miró sobre su hombro y vio la figura encapuchada precipitando después de ellos, la cabeza inclinada hacia delante y hacia abajo como un ave de presa. La figura parecía tener dos piernas largas y delgadas.
‘¡Quiero la piedra de nuevo!’ gritó la figura encapuchada.
Una señal leyó CUBIERTA DE DINOSAURIO.
Juan Mateo gritó ‘¡Salida!’
‘Cubierta setenta y dos,’ dijo la computadora. ‘Historia Natural. Finales del Cretácico. Orden Dinosauria.’
Juan Mateo aterrizó en la pista de un dinosaurio herbívoro llamado Bronto.
El, sus amigos, y el capitán corrieron tan rápido como podían atrás de las largas baches de Bronto. Ellos subieron en el cuello largo de Bronto. Sin aliento, se dirigieron a la pequeña cabeza de Bronto. Ellos habían recorrido un largo camino. Bronto era un dinosaurio de gran tamaño.
Pronto Juan Mateo podía oír las mandíbulas de los dinosaurios herbívoros masticando las hojas de un árbol Yumi.
‘¡Te he capturado!’ dijo la figura encapuchada con las piernas largas y larguiruchos, descendiendo por el tubo de la gravedad, las alas extendidas a lo ancho.
‘¡Eso es lo que piensas!’ dijo Juan Mateo. ‘¡Mire sobre su hombro!’
Un dinosaurio carnívoro estalló del bosque. Era tan alto como una casa, con una cara descomunal, y una gran boca abierta. El monstruo dio un rugido poderoso y sacudió los árboles, y se lanzó hacia la figura encapuchada.
La figura encapuchada se desvió para escapar del dinosaurio carnívoro, rebotando de un tronco de árbol, y rodando por entre los arbustos.
Juan Mateo salió corriendo a través de la extensión amplia y plana de la cabeza del dinosaurio herbívoro. Sus amigos y el capitán le siguieron.
Bronto no le prestó atención. No era un dinosaurio brillante. Tenía un cerebro muy pequeño en la cabeza y otro cerebro muy pequeño cerca de su cola. Ambos cerebros estaban pensando que agradable era el sabor de las hojas. Hace un momento, los ojos de Bronto habían sido sorprendidos en ver un dinosaurio carnívoro saltar fuera del bosque, y había enviado un mensaje urgente de esto al cerebro cerca de la cola. El mensaje urgente decía: ‘¡Un dinosaurio carnívoro había saltado fuera del bosque!’ Por desgracia, este mensaje de urgencia tuvo que viajar por todo el camino desde un extremo de Bronto al otro. El mensaje no había llegado, por lo que Bronto no tenía idea que estaba en peligro, y siguió feliz masticando las hojas.
Juan Mateo deslizó la piedra que brillaba intensamente en el bolsillo, alcanzó por encima de su cabeza con ambos manos y abrió un panel en el techo de la cabina. Él se arrastró hasta unos de los conductos de aire de la nave y luego se agachó para ayudar a sus amigos y a su capitán reunirse con él allá.
El dinosaurio carnívoro los vio. Tenia hambre. Se tronó hacia ellos, rompiendo a un lado los árboles.
Addison Carter fue apenas en el interior del conducto cuando el dinosaurio carnivoro destrozó el panel y metió la mano en el conducto con sus patas delanteras, escarbando y tratando de agarrar a los jinetes murciélagos. Afortunadamente, el dinosaurio tenía sólo dos garras en cada mano.
‘¡Corren!’ dijo Juan Mateo. ‘¡Mantengan sus cabezas hacia abajo!’
Juan Mateo, sus amigos y el capitán corrió tan rápido como pudieron a lo largo del conducto del aire. Juan Mateo miró hacia atrás para ver si estaban siendo seguidos, pero estaba demasiado oscuro para estar seguro. El dinosaurio carnívoro volvió a rugir, y Juan Mateo sintió el conducto de aire temblar. ¡El dinosaurio carnivoro venía tras ellos!
‘¿Usted tiene un plan para volver a tomar el barco?’ preguntó Annabella Sue mientras corrían.
‘ Tengo un pensamiento de uno arriba,’ dijo Juan Mateo. ‘Que es ese olor?’
‘Manteca de Maní Ruedas de Plátano,’ dijo Annabella Sue.
‘¡La galera del barco! ¡Rapido! Ayudarme con ese panel. Los olores distraerá al dinosaurio.’
Juan Mateo deslizó un panel a un lado y saltó primeramente con pies a la galera. La galera era el lugar donde las comidas eran preparadas para los oficiales y la tripulación del Artibeus. Era una gran cocina llena de postres temblorosas y aromas maravillosas.
Juan Mateo y Annabella Sue aterrizaron en un Pastel de Almendras espolvoreadas con azúcar.
Emilia Charlotta y Joshua Ryan aterrizaron en un Bombazo de Chocolate Vudú.
El capitán Addison Carter aterrizó en una Tarta Esmoquin de Trufas.
El chef era un hombre panzón usando un sombreo blanco de jefe de cocina. ‘¿Que haz usted hecho? Usted he arruinado mi Tarta de Santiago!’ el dijo, corriendo a Annabella Sue y agitando una cuchara de madera.
‘¡Papá!’ dijo Annabella Sue. ‘¡Pare! Soy yo!’
‘¡Mi pequeña magdalena!’ dijo el chef Wandor, tirando la cuchara y dando a su hija un abrazo pegajoso. ‘¡Mi Annabella Sue! Estamos juntos otra vez. Has caído en la galera para ver a tu papás!’
‘Estamos en problemas,’ dijo Annabella Sue. ‘Papá, ¿qué estás haciendo aquí a bordo de la Artibeus?’
‘Tu mamá está manejando el restaurant. Yo estoy aquí para ver que no pasa nada con la pequeña niña de papá en el espacio. ¿Cómo va las cosas contigo? ¿Qué tipo de problema estas en hoy en día?’
‘Oh, el tipo normal,’ Annabella Sue respondió. ‘La nave ha sido adquirida por una extraña figura con una capa y estoy siendo perseguido por un dinosaurio carnivoro.’
‘¡No te preocupes, mi pequeña tarta de fresa valiente!’ dijo el chef. ‘Si ese dinosaurio pone su nariz en mi galera, entonces le convertiría en un plato hecho para reyes.’
‘Guarde un poco para mí,’ dijo Annabella Sue, lamiendo el azúcar de almendras de los dedos. ‘Escuchar. Tengo que correr. Ahora mismo realmente estamos ocupados. ¡Lo sentimos pero no podemos permanecer! ¡Nos vemos! ¡Chau!’
‘¡Listo!’ dijo el padre, y se despidió de su hija que salió corriendo de la galera con sus amigos y el capitán de la nave.
Momentos más tarde, el dinosaurio carnívoro vino a través del techo de la cabina y aterrizó en la mitad de la galera, enviando la batería de cocina volando del chef Wandor.
‘¿DONDE ESTA…MI…PRESA?’ bramo la bestia que babeaba, con una voz de trueno.
‘Su presa está aquí dentro,’ dijo el chef Wandor, y se abrió la puerta de su horno más grande.
‘¡RRR!’ rugió el dinosaurio carnívoro, y se lanzó dentro del horno. El dinosaurio golpeó la pared del fondo del horno y sorprendió a sí mismo.
El chef Wandor se cerró la puerta del horno. Una mirada de ensueño llego a sus ojos. Le beso los dedos. ‘Vol-au-vent Tiranosaurios,’ se dijo a sí mismo, ‘en una salsa Royale. Voy a ser famoso. Wandor el Maravilloso, me van a llamar. Voy a ser el mejor chef del universo, y todo gracias a mi Annabella Sue.’
4: La Fosa de Mormoops
Juan Mateo, sus amigos y el capitán corrieron a lo largo de la galera hasta que llegaron a una masa de metal retorcido en donde un asteroide había estrellado contra la Artibeus, creando un agujero en el costado del buque. Un campo de fuerza de emergencia parpadeó, manteniendo fuera la frialdad del espacio.
‘Ese asteroide se ve hueco,’ dijo Joshua Ryan.
‘¿Hueco?’ dijo Juan Mateo.
Se apresuraron al asteroide. Una pliegue de piel se abrió a su encuentro.
‘No creo que esto es un asteroide en absolute,’ dijo Addison Carter.
‘Vamos a ver cómo se ve en el interior,’ dijo Juan Mateo, y abrió el camino a través del orificio en la piel.
‘Es hermoso,’ dijo Emilia Charlotta, mirando a su alrededor con asombro. ‘Miran esas hermosas venas rojas irradiando desde ese eje central, esos zarcillos de color carmesí, y esa gran campana pulsando con vida.’
‘Puedo oír algo,’ dijo Annabella Sue, y se alejo del pasillo acanalado para investigar. Ella rozó sus dedos en los zarcillos de color rosa que se lineaba en el pasillo. Los zarcillos que le toco se estremeció y se retiro un poco. Eran cosquilloso.
Emilia Charlotta seguía de cerca. ‘El aire sienta caliente y húmeda,’ ella dijo.
El sonido se hizo más fuerte: Hoomp-diddy, Hoomp-diddy.
‘El suelo está inclinando hacia abajo,’ dijo Annabella Sue, sintiendo su camino adelante en la luz tenue. ‘La pendiente esta cada vez más pronunciada.’
‘No se deja caer,’ dijo Juan Mateo. ‘Tenga cuidado.’
‘ESTOY TENIENDO cuida - ’ dijo Annabella Sue. ‘¡Uh-oh! Estoy deslizando.’
Juan Mateo se lanzó hacia adelante. Se agarró a Annabella Sue por su brazo. ‘No te preocupes,’ dijo. ‘Te tengo.’
‘¿Quién te tiene?’ dijo Annabella Sue, ya que ella y Juan Mateo comenzaron a deslizarse juntos por la ladera, agarrándose unos a otros de los brazos.
‘¡Socorro!’ dijo Juan Mateo. ‘Annabella Sue y yo nos estamos deslizando por una especie de pozo. ¡Mantengas detrás, Emilia Charlotta! ¡No trates de ayudarnos, Joshua Ryan!’
‘Si ellos no te ayudan, yo haré,’ dijo Addison Carter, y él se abrió paso hacia adelante, golpeando a Emilia Charlotta y a Joshua Ryan fuera de equilibrio.
Todos los cuatro jinetes murciélagos y su capitán deslizaron sin poder hacer nada abajo en una fosa.
¡HOOMP-DIDDY! ¡HOOMP-DIDDY!
Abajo, abajo, abajo ellos deslizaron. No podían pararse ellos mismos.
¡HOOMP-DIDDY! HOOMP-DIDDY!
Se deslizaron hasta detenerse en la parte inferior.
El sonido se detuvo.
Todo estaba en silencio.
Juan Mateo fue el primero de nuevo en sus pies. ‘Tenemos que volver a subir arriba y hacia afuera de esto,’ dijo, e intentó todo lo posible para salir del hoyo, pero se encuentro que no podía. Todo los zarcillos que le había ayudado a deslizarse hacia abajo por ahora le impedía subir hacia arriba. ‘Es una trampa,’ dijo. ‘Estamos atrapados aquí.’
‘Me pregunto dónde, “aquí” es,’ dijo Annabella Sue, mirando a su alrededor en la penumbra.
Como si en respuesta a su pregunta, un resplandor de color rojo sombrio lleno la parte inferior de la fosa.
‘Estamos atrapados en el interior de un astronave viviente,’ dijo Annabella Sue, mirando a su alrededor con asombro. ‘Mira hacia allá. Esta debe ser la consola de control utilizados para volar la nave. Tiene dos asientos fijos en la cubierta por delante de él. Esta debe ser una nave diseñado para dos. Pero hay algo divertido sobre los asientos.’ Se acercó a mirar más de cerca. Silbó. ‘Eso es raro,’ dijo. ‘Una silla está diseñado para un ser humano para sentarse y la otra silla está diseñado para un murciélago para colgarse boca abajo. Deseo que Brumosa estuviera aquí. A ella le encantaría pasar un rato en una silla como esta.’
‘Así sería Bulmer,’ dijo Juan Mateo, acercándose para unirse al capitán. El se paso las manos sobre la suave tapicería de la silla del murciélago. El cavó en los bolsillos. ‘Toma un poco de mi chocolate,’ dijo, pasando pedazos alrededor. ‘Me temo que la roca caliente se le ha derretido un poco.’
‘El sabor es muy bueno,’ dijo Emilia Charlotta. ‘Gracias.’
‘Voy a guardar este último pedazo para Bulmer,’ se dijo Juan Mateo, y le envolvió el bocado en su papel de plata. Él le metió en su otro bolsillo, el que no tenía la roca caliente en ella.
‘Si tan solo tuviéramos nuestros murciélagos con nosotros,’ dijo Annabella Sue, ‘podríamos saltar en sus espaldas y hacer nuestra escape, pero nos hiciste dejar nuestros murciélagos detrás en el transbordador, capitán.’