EL MAGEN
Por
Joel Liriano
EDICIÓN SMASHWORDS
PUBLICADO POR:
Joel Liriano en Smashwords
El Magen
Joel Liriano
Copyright © 2011 por Joel Liriano
Editor: Carolina De Peña
Ilustración: Rafael Jeréz
Notas de la Licencia para la Edición Smashwords
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Para Mariela, Liliana y Laura, buenas amigas y parte importante de este mundo de fantasía.
Para Sara, Alejandra y Natalie, por sacar esta historia nuevamente a la luz.
Prólogo
Después de pensar que todo había terminado, aún con el Magen entre sus manos, Freddy estaba haciendo el fallido intento de esconderse. Pensó que nadie lo había visto, pero ahí estaba, parado con una sonrisa maléfica dibujada en sus labios.
– Entrégamelo ¡AHORA! –gritó a Freddy mientras se acercaba amenazante.
– Sólo recuerdo que había aferrado el Magen a mi cuerpo aún más antes del ataque –confesó Freddy a su mejor amigo mientras estaban en la sala de emergencias del hospital.
– Pero sabes que aún podemos arreglarlo todo… ¿verdad? –respondió el amigo al debilitado chico e intercambiaron miradas de afirmación, mientras que al mismo tiempo sacaba el pequeño rollo del bolsillo de su pantalón, y se adentraban en un negro abismo de recuerdos hasta que desaparecieron.
Lo único que quedó en aquella sala fue el viejo pergamino con las siguientes palabras grabadas:
Tempos eo ire itum
1 DÍA ANTES
Capítulo 1
– Buen día mamá –dijo Freddy al entrar en la no muy amplia cocina de su residencia, mientras tomaba el pan tostado que le esperaba todos los días.
– ¡Hola Freddy! –vociferó Gustavo– Ya vamos tarde, ¡apresúrate!
– ¿Desde cuándo te has interesado tanto en estudiar? –preguntó asombrado Freddy ya que Gustavo era un chico no muy aplicado que prefería ver todo un maratón de Halloween antes que leer un libro.
Sin embargo, Freddy era todo lo contrario. Era un chico muy aplicado e inteligente, sabía cuándo callar y cuándo hablar y era muy ingenioso. La verdad es que muchos de sus conocidos no entendían como estas dos personalidades podían ser tan buenos amigos.
Un rato después, Freddy y Gustavo salieron apresurados de la casa para irse a la escuela. Como de costumbre, Gustavo pasaba a diario a buscar a Freddy para ir a la escuela que no quedaba muy lejos de sus casas y por lo tanto, preferían caminar.
– Tienen 10 minutos para llenar su examen –anunció la profesora María mientras observaba a los estudiantes con una mirada severa.
– ¡Pero profesora, 10 minutos es muy poco tiempo! –exclamó rápidamente Freddy.
– Si usted estudió, joven, creo que en 10 minutos podrá hacerlo. El examen comienza ya, no pierdan tiempo.
Ante la respuesta fría y breve de la profesora María, a Freddy no le quedó más que llenar su examen, ya que sabía que la profesora tenía razón, si él había estudiado lo haría en menos de diez minutos, pero el problema es que:
– ¡No estudié nada! –susurró Freddy a su amigo de una manera casi totalmente audible para el último de la fila. Freddy y Gustavo suelen sentarse en la primera silla de la fila ya que ellos siempre han asegurado que los profesores nunca prestan atención realmente a los de adelante.
– No creo que sea un problema para ti, Freddy –respondió Gustavo haciendo caso omiso a la preocupación de Freddy.
– ¡Te lo digo en serio! ¡No estudié! –volvió a afirmar Freddy con cara de que el mundo estaba a punto de estallar.
Los chicos no se habían dado cuenta de que habían captado la atención de algunas personas con su indiscreto susurro.
– Creo que les encantará seguir discutiendo su tema de conversación en la Dirección –dijo la profesora María que estuvo en todo momento parada detrás de los chicos, pero éstos no se dieron cuenta.
– ¿¡QUÉ!? –gritaron al unísono Freddy y Gustavo al escuchar semejante castigo.
– Así como lo escuchan, jóvenes. Tendrán que acompañar a la clase de 4to de primaria al Museo de Historia –sentenció el Director.
– ¡Pero profesor... el Museo es para tontos y además somos de 3er año de Secundaria!... ¡Ir con los bebecitos de 4to año al museo sería un suicidio social! –se quejó Gustavo ante semejante castigo.
– Debieron haber pensado en eso antes de hablar en medio de un examen –respondió tajantemente el director mientras se paraba de su asiento para seguir atendiendo sus labores.
El castigo que se les había impuesto era el más inusual ya que el director solía “enviarlos de vacaciones” por una semana o dos en cualquier caso. Pero parece que se había dado cuenta que la humillación sería mucho mayor para los estudiantes de secundaria al tener que compartir con los pequeños.
– Es hora de irse a la excursión con los pequeñines –dijo la profesora a los dos jóvenes a los cuales miraba con cara de satisfacción infinita.
En el momento en que Freddy y Gustavo subieron al autobús todos los pequeños se rieron a carcajadas.
– Y encima de todo tenemos que soportar las burlas de los enanos –susurró Gustavo a su compañero, el cual sólo respondió con un movimiento de hombros.
– Quizás… después de todo no sea tan malo, escuché que hay una nueva adquisición en el museo, algo que tiene que ver con los nativos… –Freddy no terminó de hablar cuando Gustavo lo interrumpió.
– ¿¡De verdad!? ¡Súper!
Gustavo, a pesar de ser tan ordinario tenía un interés extraordinario por las películas de terror, relatos de suspenso y todo lo mítico que pueda saber.
– Sí. Ojalá que sea interesante –respondió Freddy.
Después de dos largas horas de camino habían llegado al Museo de Historia Delta, el cual estaba repleto de pequeños en excursiones de sus respectivas escuelas.
Capítulo 2
El guía que fue a su encuentro, un hombre delgado y alto, se paró frente al grupo y como si estuviera diciendo un mensaje pregrabado anunció:
– Buen día estudiantes. Bienvenidos al Museo de Historia Delta. Aquí podrán deleitarse mirando las diversas exhibiciones que tenemos para ustedes referentes a la historia de nuestro país. Por favor formen dos filas, mantengan el orden, el silencio y no toquen nada. Síganme.
El guía dio media vuelta y se dirigió hacia el interior del museo mientras los pequeños estudiantes lo seguían y los dos jóvenes se quedaron atrás para ir de últimos en el grupo.
Estuvieron viendo infinidades de cosas, sin ningún sentido o interés aparente ya que todo parecía lo mismo: vestimentas, herramientas oxidadas, monedas, representaciones de viviendas, etcétera… hasta que llegaron justo adonde habían estado esperando llegar.
– Y por último, pero no menos importante, tenemos el Magen. Cuenta la leyenda que este aparentemente inservible rollo de pergamino posee la fuerza mágica de toda una generación de nativos de este país. Fue hallado recientemente en una de las cuevas antiguas. También cuenta la leyenda que quien posea el pergamino y sea elegido por el destino podrá viajar en el tiempo –concluyó el guía y comenzó a guiarlos fuera de la sala, pero Gustavo estaba en un estado de ensimismamiento increíble. Había quedado maravillado con aquel artefacto.
– ¡Tenemos que probar! –dijo inmediatamente a Freddy– ¡Wow, es increíble!
Freddy lo miró con cara de ingenuidad, respiró profundo y con cara de pena le dijo a su entusiasmado amigo:
– Lamento desanimarte, pero es físicamente imposible que se pueda viajar en el tiempo, y mucho menos con un trozo de papel viejo.
Pero los comentarios de Freddy no afectaron en lo más mínimo a Gustavo, que seguía mirando aquel trozo de pergamino como si fuera un regalo en Navidad.
Gustavo se dio cuenta de que no había nadie en la sala e inmediatamente dirigió una mirada traviesa a Freddy acompañada de una sonrisa de malévola inocencia.
– Es ahora o nunca –observó Gustavo mirando hacia todos lados y acercándose al pergamino. Para su suerte aquel pergamino no contaba con ningún tipo de protección, así que lo tomó sin dudar y se fijó que contenía unas palabras en un idioma extraño justo en el centro del pergamino que rezaban: Tempos eo ire itum.
Mientras Gustavo sostenía aquel pergamino en sus manos como si hubiese descubierto la fecha del fin del mundo, Freddy lo miraba con cara de pánico y mientras se le acercaba le susurró nerviosamente – ¿¡Pero qué haces!? –
Nuevamente, Gustavo no hizo caso a las palabras de Freddy.
– El guía dijo que si decías las palabras que tiene grabadas el pergamino podríamos viajar en el tiempo –a lo que Freddy interrumpió inmediatamente – ¡Por Dios Gustavo, no creerás en toda esa basura! –dijo tajante Freddy – Es sólo publicidad.
Gustavo miró a Freddy por unos segundos.
– ¡No importa! –respondió Gustavo– Intentar no cuesta nada.
Tomó el pergamino e hizo un intento de leer las palabras que en éste estaban, pero se le hacía difícil ya que nunca fue bueno para leer palabras en otro idioma.
– Tiempos eo re tum –rezó Gustavo, a lo que Freddy se acercó haciendo movimientos de negación con la cabeza y diciendo– No, Gustavo, no es así, lo estás leyendo mal. Se dice: tempos eo ire itum.
Freddy despertó en el medio del bosque, cansado y con hambre.
Miró a su alrededor y fue cuando cundió el pánico. No sabía dónde estaba ni cómo había llegado allí. Además, no podía haber sido obra de aquella infantil leyenda sobre el pergamino.
– ¡Te lo dije! –gritó de alegría Gustavo– ¡Sí funcionó… hemos viajado en el tiempo... jajajaja!
– Sí, felicitaciones, sólo una pregunta… ¿¡Dónde diablos estamos!?
En ese momento Gustavo cayó en cuenta de que estaban no sólo en problemas, sino también perdidos en alguna parte de algún lugar de algún tiempo remoto.
– No se preocupen, ya los esperaba –anunció un pequeño hombre de aspecto nativo que estaba detrás de los chicos, los cuales se exaltaron bastante ya que pensaban que no había nadie en aquel lugar.
– No se asusten. Yo soy Ochu, el chamán. Ya los esperaba. Deben tener hambre. Vamos a comer algo para que descansen y luego preguntarán todo lo que quieran.
Capítulo 3
Los chicos no sabían qué hacer, ya que ni siquiera conocían a aquel hombre como para confiar en él. Pero Freddy pensó que ya no tenían nada que perder así que decidió que debían ir con aquel extraño individuo.
Después de caminar entre el bosque llegaron a lo que parecía una choza indígena del siglo diecisiete. Allí comieron frutas y luego de descansar un poco Freddy pensó que ya era hora de que se aclarasen ciertos puntos.
– ¿Cómo llegamos aquí? ¿Dónde estamos? Y ¿quién es usted? –preguntó Freddy rápidamente al chamán.
– Llegaron aquí por medio del Magen Papirus, que es el documento que contiene el poder para viajar en el tiempo. Están justo en el mismo sitio de donde vienen, pero cuatro siglos atrás. Yo soy Ochu, chamán del bosque. Ustedes estaban destinados a venir hasta aquí, yo lo he visto en mis sueños.
Freddy quedó perplejo ante aquella explicación tan breve y precisa y por un momento pensó que no sabía qué decir, así que se mantuvo en silencio un rato. Gustavo no dijo media palabra en aquella pequeña reunión ya que estaba demasiado asustado de estar en aquel lugar desconocido.
– ¿Podremos volver? –preguntó Freddy al chamán esperando que éste tuviese la respuesta que quería escuchar.
– No –dijo Ochu– No ahora. Primero deben cumplir su misión.
– ¿Qué misión? –intervino Gustavo por primera vez.
– Vinieron para mantener a salvo el Magen Papirus. Aunque no lo recuerden, ya han viajado antes en el tiempo. Y justamente por eso han vuelto. La primera vez que viajaron les enseñé cómo regresar y al hacerlo hubo mucho alboroto en el lugar donde estaban. Al chico Freddy casi lo matan por quitarle el Magen. Sin embargo, sobrevivió para salvar el futuro de la humanidad. Si el Magen hubiese caído en manos de quien trató de robárselo, hubiese sido todo un desastre. Viajar en el tiempo te permite cambiar el presente en que vives.
– Entonces… ¿quién trató de robar el Magen? –preguntó Freddy a Ochu.
– Fue… tu padre –. Al decir esto Ochu bajó la cabeza en símbolo de tristeza.
– ¿¡Qué!?... Pero si mi padre no pudo haber… – Freddy quedó perplejo al percatarse de lo que estaba o había estado pasando.
Su padre se quejaba constantemente de que había hecho malos negocios y que por eso la familia había entrado en una crisis económica y su padre estaba en depresión constante por la impotencia que sentía al no poder cambiar el pasado.
– Creo que ya has caído por tu propia cuenta –le dijo Ochu a Freddy esbozando una triste sonrisa.
– Sí… ¿Qué tenemos que hacer? –preguntó Freddy a Ochu mientras Gustavo se quedaba perplejo, atento a la conversación.
– Van a regresar… en el momento en que lleguen al museo va a estar toda su familia. Ya sabrán que han viajado en el tiempo porque el historiador se lo habrá explicado a sus familias.
– Ya sé lo que tengo que hacer – expresó Freddy asintiendo con la cabeza mientras Gustavo aún estaba ensimismado en los hechos.
– Creo que Gustavo debería hacerlo. Después de todo, él nos metió en esto – comentó Freddy.
– No –lo contradijo Ochu–. Debes ser tú porque eres el elegido.
– ¿El elegido? –preguntó Freddy con la incertidumbre más grande que su cara pudo expresar.
– Sí. Tú eres el guardián del Magen. El Destino te guió hasta él y Gustavo es quien te impulsó a cumplir tu destino.
Ochu se excusó y se retiró del lugar, hacia el bosque y tardó un buen rato. Aparentemente estaba haciendo algo importante. Al regresar, miró a los chicos que estaban sentados en la hierba.
– ¿Están listos? –preguntó Ochu. La respuesta fue un asentimiento con la cabeza por parte de ambos chicos. Después de todo, tenían que terminar su misión.
– Bien… sólo un pequeño detalle –dijo Freddy– ¿Cómo regresamos?
– Sólo tienen que leer nuevamente la frase del Magen, pero al revés –respondió Ochu– La última vez que viajaron lo hicieron de forma inconsciente, pero ahora podrán ver todo el viaje de regreso a su propio tiempo.
Ochu les pasó a los jóvenes dos pergaminos diferentes. Uno de ellos lo reconocieron como el Magen, pero el otro:
– ¿Qué es esto? –preguntó Gustavo al ver el nuevo pergamino.
– Esto es llamado Quendam y al igual que el Magen posee poderes antiguos entre sus palabras, el cuál solo funcionará si son rezadas por el elegido –explicó Ochu.
– O sea… yo –intervino rápidamente Freddy.
– Exacto. Ahora –continuó Ochu–, presten atención a lo que deben hacer. Viajarán de regreso a su propio tiempo. En el momento en que lleguen al museo, habrá personas esperándolos. Tienen que actuar rápido. Justo al llegar, Freddy, debes abrir el Quendam y rezar el conjuro que en él yace y todo el que esté presente en la sala, excepto ustedes, olvidará lo que ha pasado.
– Bien, mejor comenzamos ya –opinó Gustavo mientras se paraba de la hierba.
Freddy se incorporó del suelo, tomó los pergaminos y se acercó a Gustavo. Respiró profundo, abrió el Magen y dijo nuevamente las palabras que yacían en aquel viejo pergamino:
– Tempos eo ire itum –dijo Freddy. No pasó nada.
– ¿Qué pasa? ¿Por qué no funciona? –preguntó Gustavo más asustado que nunca.
– Oh… ¡ya sé que pasó! –dijo Freddy sonriendo, tomó el pergamino una vez más y dijo– itum ire eo tempos.
Aquellas palabras del mítico pergamino comenzaron a brillar con un increíble esplendor dorado, casi como el mismo sol, mientras todo a su alrededor parecía torcerse en el vacío. De repente, todo el espacio se volvió un torbellino de imágenes casi incomprensibles. Vieron años y años de historia pasar frente a sus ojos de una manera asombrosa, cosa que Gustavo estaba disfrutando al máximo.
La velocidad de aquel torbellino de recuerdos comenzó a descender hasta que se detuvo y las palabras en el pergamino dejaron de brillar. Justo como había dicho Ochu, en aquella sala del museo estaban todos los familiares de los chicos, angustiados por la increíble noticia que les acababan de dar. Todo el mundo, al momento en que los chicos aparecieron, miró atónito aquella escena, donde los jóvenes aparecieron de la nada.
Freddy, antes de cualquier pregunta se anticipó a decir:
– Oye papá, antes de que quieras hacer cualquier cosa – dirigiéndose a paso firme hacia su padre – no trates de cambiar el pasado. Enfócate en el futuro. El futuro no está escrito como dicen las personas. El futuro depende de ti. Tú decides tu futuro. Lo único que tienes que hacer para poder triunfar ahora es dejar el pasado atrás.
El padre de Freddy abrió la boca para decir algo pero Freddy no lo dejó decir nada:
– Lo siento papá, pero vas a tener que olvidar todo lo que ha pasado hoy. Aunque espero que mis palabras no las olvides.
Freddy se alejó de su padre mientras se acercaba a Gustavo. Sacó el Quendam que tenía en su bolsillo, lo desenrolló y dijo otra serie de palabras antiguas:
– Inanis mentis iam.
Aquellas palabras brillaron al igual que las palabras del Magen pero aquel resplandor iluminó toda la sala y luego haciendo un tipo de implosión aquella luz cegadora desapareció llevándose consigo ambos pergaminos.
Capítulo 4
– Gustavo, éste es nuestro secreto, somos los guardianes de los pergaminos antiguos. Ni una palabra a nadie – sentenció Freddy mientras caminaban hacia la escuela.
– Bien… pero, ¿dónde los has guardado? –preguntó Gustavo, a lo que Freddy sólo respondió con una ingenua sonrisa y luego dijo:
– Están donde nadie los podrá robar… en mi mente. Los pergaminos están destruidos, pero el secreto sigue vivo en mí.
Gustavo prefirió no comentar nada ante aquello que acababa de escuchar, así que sólo siguieron caminando en silencio hacia su incierto futuro.
No pasó mucho tiempo antes de que la curiosidad envolviera por completo la mente y la paz de los chicos. Realmente, no había pasado ni una semana antes de que se rompiera aquel prometido silencio.
– ¡Ah!... Es inútil, Freddy –exclamó Gustavo–. Si nos pasó todo esto no creo que fuera para callarlo y olvidarlo.
– Tienes razón. No he podido conciliar el sueño en estos días. Además quedan muchas incógnitas por resolver –afirmó Freddy.
– Estoy de acuerdo… pero, ¿qué podemos hacer? –preguntó Gustavo.
No había necesidad de responder aquella pregunta ya que ambos sabían que sólo había una persona que pudiera responderla.
– ¿Y cómo lo encontraremos? –preguntó Gustavo nuevamente.
El silencio fue instantáneo. Ninguno de los chicos tenía la más mínima idea de cómo contactar o encontrarse con Ochu una vez más.
– Va a estar difícil Gustavo –respondió Freddy–. Tal vez si viajáramos otra vez… pero puede ser peligroso, ¿qué pasaría si nos perdemos?
– ¿Perdernos en el tiempo? –reaccionó Gustavo– No creo… - se había detenido en aquel instante ya que había recordado que aparentemente frente a aquella situación todo era posible.
Los chicos pensaron en todas las alternativas posibles para tratar de contactar a Ochu, desde buscar su nombre en directorios telefónicos hasta hacer el inútil intento de gritar su nombre al aire. Hicieron todo lo posible para buscar una manera que no fuera viajando en el tiempo.
– Si Ochu existió hace 4 siglos debió dejar alguna pista de su existencia, y sé perfectamente dónde buscar –dijo sonriendo Freddy a Gustavo.
La Biblioteca Pública estaba ese día extrañamente vacía, ya que eran pocas las personas que estaban allí. La biblioteca solía ser muy frecuentada y casi nunca había un lugar disponible para sentarse.
Freddy y Gustavo, dirigiéndose al bibliotecario de turno, pidieron todos los libros de historia local disponibles en la biblioteca.
– Lo siento jóvenes, sólo se permiten dos libros por persona –anunció el bibliotecario– y además deben llenar estas fichas. Deben anotar el título y el autor del libro. Encontrarán esta información en el computador –. Diciendo esto último señaló al fondo de la sala donde había un computador encendido y toda una sala vacía.
Luego de llenar varias fichas de todos los libros que encontraron disponibles, fueron buscándolos de cuatro en cuatro. Al final de la tarde ya habían registrado alrededor de veinte libros y estaban exhaustos.
– ¡Increíble! –exclamó Gustavo– toda la tarde buscando en cada libro y ¿qué encontramos? Pues encontramos mucho de ¡NADA! Sólo nos queda una última cosa por hacer –concluyó Gustavo.
Salieron de la biblioteca y se dirigieron rápidamente hacia el Centro Digital que estaba a unas pocas cuadras.
– Supongo que encontraremos algo en Internet –aseguró Freddy a Gustavo mientras se sentaban en uno de los computadores.
Nuevamente los chicos habían tratado todos los buscadores habidos y por haber y sólo encontraban la molesta frase: “Su búsqueda no obtuvo resultados”.
– Y otra vez… ¡nada! –comentó Gustavo incómodo.
– Parece que sólo nos queda precisamente lo que no queríamos –afirmó Freddy.
Así era. Justamente lo último que querían hacer era la única solución a su problema. Pero era muy tarde y estaban cansados así que decidieron aplazar su viaje hasta el siguiente día.
La mañana estaba húmeda, había neblina en todas partes y hacía frío.
Sin embargo, este clima no era ningún contratiempo para aquella aventura.
Cuando iban camino a la escuela, Freddy y Gustavo comentaron sus planes de viaje y se aseguraron de que recordaban las palabras correctamente, aunque ambos sabían que aquello nunca lo iban a olvidar.
El día en la escuela parecía infinito. Aparentemente ambos estaban tan concentrados en lo que iba a pasar luego que el maestro de matemáticas tuvo que explicarles la misma ecuación tres veces y aún no entendían. Esto les ganó dos horas de detención después de clases.
– ¡Vaya! Sí que tenemos suerte últimamente para que nos castiguen –comentó Gustavo.
– Sí… pero, ¿sabes qué?… ahora es nuestra oportunidad –respondió Freddy sonriente.
Ambos chicos se asomaron a los corredores para asegurarse de que no había nadie que pudiera presenciar aquel fantástico espectáculo.
- Bien –dijo Freddy y poniendo una mano sobre el hombro de Gustavo, continuó- tempos eo ire itum.
Justo como había pasado antes, en este lugar se desplegó todo un espectáculo mágico hasta que desaparecieron.
Los jóvenes, al llegar, se quedaron anonadados al ver que el lugar adonde se habían transportado no era nada similar al lugar en que se encontraron con Ochu. De hecho, no se podía divisar un bosque o un árbol en kilómetros.
– ¡Es el lugar! –observó Freddy– Estamos en la escuela, a Ochu lo encontramos en el museo. Debemos volver.
Dicho esto, sin vacilar, tomaron rumbo reverso hacia su propio tiempo.
Por suerte para ellos, cuando llegaron de regreso al aula donde estaban anteriormente no había nadie.
Aquella situación se había vuelto frustrante ya que hasta el último intento también había fallado.
– Sólo tenemos que esperar al sábado para ir al museo –expresó Gustavo.
– ¿Te das cuenta de lo lejos que está el museo? –preguntó Freddy.
Pero la distancia parecía no importar en aquel momento, ya que sólo se fijaban en el objetivo final. Los días transcurrieron lentos y la ansiedad crecía a sus límites. Hasta que finalmente llegó el sábado.
– Le dije a mis padres que queríamos ver la nueva adquisición del museo así que tenemos el auto de mi padre para ir –dijo Gustavo, a lo que Freddy sólo respondió con una sonrisa de éxito.
Luego de dos horas de camino, finalmente llegaron al museo.
Salieron del auto y corrieron hasta el guía que estaba parado en la puerta.
– Buen día jóvenes y bienvenidos al Museo de Historia Delta. Lo sentimos, pero el museo está cerrado por motivos de investigación. Lamentamos los inconvenientes.
Gustavo se quedó boquiabierto y Freddy sólo pudo decir “no puede ser”. Los chicos volvieron al auto y se quedaron sentados en silencio, con la mayor frustración que jamás habían sentido, pero no pasó mucho tiempo antes de que ambos reaccionaran.
– ¡Pero si estamos en el lugar adecuado! –exclamó Gustavo a Freddy mientras sonreía.
– ¡Claro! No tenemos que estar exactamente en la sala del museo, desde aquí podemos llegar –aseguró Freddy desechando totalmente aquella frustración– tempos eo ire itum.
– ¡Excelente! –exclamó Gustavo mientras Freddy seguía sonriente porque ambos podían reconocer el lugar y recordaban el camino.
– No se preocupen, no tendrán que salir a buscarme.
– ¡Ochu! –respondieron al unísono los chicos.
– Por fin te encontramos, después de tanto intentar –dijo Freddy.
– Así es chicos, todo lo que queremos lograr cuesta trabajo, de lo contrario, no lo valoraríamos.
– Sí, tienes razón –dijo Gustavo– ¿Sabes a qué hemos venido?
– Me lo imagino. En nuestro segundo encuentro…
– ¿Segundo? –interrumpió Freddy.
– Bueno, sí –aclaró Ochu–. Segundo para mí, primer encuentro según sus recuerdos. Bueno, en nuestro último encuentro no tuvieron tiempo para hacer preguntas. Así que me imagino que están muy curiosos.
Los chicos asintieron y se unieron a Ochu para iniciar la familiar caminata hacia el campamento del chamán. Los chicos se abstuvieron de preguntar nada hasta que llegaron al campamento, se sentaron en aquel confortable tronco caído y reanudaron su charla.
– Bien, lo primero es –comenzó Freddy-, ¿qué es el Magen?
Ochu sonrió ya que estaba esperando aquella pregunta.
– El Magen o Magen Papirus como lo llamamos los chamanes es un antiguo pergamino en el cual unos poderosos chamanes depositaron todo su poder para hacer posible el viaje en el tiempo. Sólo un chamán o el elegido podría hacer uso de tal magia, por eso a través de los años ha pasado por la historia como “algo antiguo” y su poder pasó a ser una leyenda.
– Entonces ¿cómo pudimos viajar sin el Magen? –preguntó Freddy.
– ¿Por qué buscas donde no encontrarás? –respondió Ochu– Tú sabes la respuesta. No esta en mí, sino en ti.
Freddy creyó no haber entendido, pero después de un tiempo lo hizo. El
Magen había depositado parte de su poder en el elegido, por eso pudo viajar sin él.
– Aún así, si posees el Magen también, podrás hacer cosas increíbles.
– Y si es así –dijo Gustavo–, ¿por qué viajé con Freddy dos, o más bien, tres veces?
– Tú viajaste porque el elegido así lo quiso, o porque hubo contacto físico.
Después de aquella charla las muchas preguntas que los chicos se vieron reducidas a nada.
– Es mejor que ya nos marchemos –anunció Freddy incorporándose, a lo que Gustavo hacía lo mismo.
– Si quieren volver a encontrarse conmigo –dijo Ochu–, no tienen que recorrer tanta distancia. Sólo llámenme.
Dicho esto desapareció entre luces fantásticas y entonces los chicos sonrieron.
– Bien, ya debemos volver –dijo Freddy–. Itum ire eo tempos.
Al llegar nuevamente al auto parqueado en el museo se habían dado cuenta de un pequeño detalle… ¡el tiempo seguía transcurriendo! Ya había caído la noche, así que iban como alma que lleva el diablo por la carretera y en varias ocasiones estuvieron a punto de atropellar a uno que otro animal.
Afortunadamente, llegaron vivos a sus casas. Cuando Freddy entró a su casa estaban su madre y su padre sentados en el gran sofá de la sala. Freddy se encontraba bastante extraña aquella situación ya que no solía verse esta escena, excepto en Navidad.
– Ven hijo, siéntate – dijo su madre.
– Sabes que no me ha ido muy bien en mi trabajo últimamente y que he hecho malos negocios, pero he tenido la mejor oferta de trabajo que quizás jamás me harán –dijo su padre.
– Entonces, ¿aceptaste? –preguntó Freddy sonriendo.
– Sí. Comienzo la próxima semana.
– ¡Súper! Y… ¿de qué se trata tu nuevo trabajo? –preguntó Freddy nuevamente.
– Soy el supervisor de una central hidroeléctrica… Nos mudamos en tres días.
Capítulo 5
Aquella noticia había borrado totalmente la sonrisa de la cara de Freddy.
Mudarse no sólo significaba cambiar de casa, sino también de escuela y prácticamente olvidarse de sus amigos, porque al lugar adonde iban era tan remoto que su padre dudaba que estuviera en algún mapa.
– Es un campo en el interior del norte –continuó su padre–. Viviremos en un lugar muy acogedor. Está a la falda de una montaña. Mañana comenzaremos a empacar.
Freddy pensó en varias ocasiones en el transcurso de la noche en viajar en el tiempo y cambiarlo todo porque aquella mudanza significaba perder lo único que le interesaba: su ciudad y sus amigos. Pero estos pensamientos desaparecieron al recordar su propia lección de vida: “No trates de cambiar el pasado”. Luego de dar vueltas y vueltas en la cama, finalmente se durmió.
La mañana del domingo había entrado cálida. Cuando Freddy salió de su habitación, su madre estaba empacando vigorosamente cuadros, adornos y otras cosas que eran de menor tamaño.
Al fondo de la sala, justo en la puerta, estaba Gustavo atónito, mirando las cajas que estaban en el piso y la madre de Freddy empacando.
Mientras Gustavo ayudaba a Freddy a empacar sus cosas, Freddy le contó todo lo que había pasado y la razón por la que se mudaban.
Sorpresivamente, Gustavo tomó todo el asunto con la mayor ligereza posible.
– No te preocupes Freddy, te puedo visitar los fines de semana.
– Bueno, gracias. Nos mudamos el miércoles –anunció Freddy.
– ¿El miércoles? –dijo Gustavo– ¡Pero si el domingo es tu cumpleaños!
– Sí…
– Chicos –interrumpió la madre de Freddy entrando en la habitación– el desayuno está listo.
Los días siguientes pasaron lentos y agobiantes por la constante acción de empacar y revisar que nada quedase olvidado. Hasta que finalmente llegó el miércoles, el día donde la vida de todos sufría otro cambio. El camión de la mudanza estaba parqueado temprano frente a la casa mientras Freddy, sus padres y unos empleados de la compañía de mudanza cargaban el camión.
Freddy y su familia iban en el auto mientras el camión de la mudanza los seguía. Estuvieron recorriendo la carretera alrededor de tres horas hasta que el padre redujo la velocidad para entrar a un residencial que tenía una hermosa y delicada entrada en ladrillos y un letrero que daba la bienvenida a Ciudad Flodev.
Aquel residencial tenía una belleza extraordinaria. Quizás se debía a sus casas, que eran de una simpleza y hermosura única, o tal vez sus calles de mosaicos como las antiguas, o su increíble limpieza. Pero lo que más llamaba la atención de Freddy era la montaña en el fondo del fantástico panorama. Una hermosa montaña que irradiaba un magnetismo increíble que deleitaba a sus admiradores.
Se detuvieron en la casa marcada con el número trece. Esta nueva casa parecía como salida de un sueño, sus puertas altas y elegantes, ventanas de cristal y un pequeño jardín que sólo tenía pasto corto. A pesar de los pequeños detalles la casa no era muy grande, pero según la madre de Freddy, aquella casa era “perfecta para ellos”.
Sin embargo, aquella ciudad de ensueño no alegraba a Freddy, ya que estaba aún resentido por haber tenido que abandonar todo de repente. Ahora era todo nuevo. Una nueva vida.
Tardaron mucho tiempo en bajar y organizar todas las cosas y para cuando ya habían terminado, había caído la noche. Después de cenar, Freddy decidió pasar un rato en su nueva habitación, en la cual quedó asombrado por la vista. Justo frente a su cama había un gran ventanal por el cual se podía apreciar aquella increíble vista que lo había fascinado anteriormente, la montaña.
La mañana siguiente todo estaba mucho más calmado. Cuando Freddy llegó a la nueva y amplia cocina, la cual su madre adoraba, se dio cuenta de que no sólo habían cambiado de casa, sino también de costumbres. En vez de la acostumbrada tostada que le esperaba todos los días, tenía sobre la mesa todo un desayuno gourmet. Otro detalle que no se le escapó fue que su padre no estaba sentado a la mesa.
– ¿Dónde está papá? –preguntó Freddy a su madre.
– Salió temprano hacia la Central Hidroeléctrica. Tiene que estar allá temprano – respondió la madre.
Freddy no hizo más preguntas y solamente se dedicó a disfrutar su desayuno, ya que esto era exótico. Luego de terminar su deliciosa comida, tomó su mochila y se dirigió hacia la puerta. Justo cuando tomó el cerrojo de la puerta para salir le golpeó la realidad.
– Mamá… ¿Dónde voy a estudiar? –preguntó Freddy con terror en su mirada.
– Oh… sí, lo olvidé. Como no hay escuela aquí, tú… –dijo su madre cuando Freddy la interrumpió.
– ¿¡Que no hay qué!? –interrumpió Freddy sorprendido.
– Bueno, sí… como no hay escuela vas a tomar clases con el señor Juan. Es un hombre muy educado y se ha encargado de la educación de los chicos que viven en aquí en Ciudad Flodev. Vive justo frente a nuestra casa.
Freddy no sabía como reaccionar ante aquello, así que no hizo comentario. Aquello le preocupaba un poco ya que en primer lugar no había una escuela real, y en segundo lugar, porque desde que llegó no había visto el primer chico o chica en aquella ciudad.
Ante aquella situación sólo había una opción: seguir adelante. Cuando Freddy salió a la calle, la suave brisa le acariciaba la cara y aquello lo hizo sentir lleno de paz, así que respiró profundo y se dirigió hacia la casa de enfrente.
Justo antes de Freddy tocar el timbre un señor mayor y de aspecto elegante abrió la puerta.
– Buenos días, Freddy –dijo el señor.
– Hola… Usted debe ser el Sr. Juan –respondió Freddy.
– Así es –afirmó el Sr. Juan–. Soy el profesor de la ciudad, bueno, de esta pequeña ciudad.
– Bien Sr. Juan, tengo entendido que usted da clases a los chicos de esta “pequeña ciudad” –intervino Freddy- ¿Dónde están los demás?
– En realidad, hace más de tres años que no veo un chico rondando por Ciudad Flodev.
Freddy quedó pensativo ante aquella respuesta, ya que se encontraba muy extraño que no hubiera ningún joven en aquella ciudad. Y pensando en esto, surge otra pregunta.
– ¿Quién más vive aquí además de nosotros? –preguntó Freddy al Sr. Juan.
– No muchas personas –respondió el Sr. Juan– Los demás suelen estar todo el tiempo encerrados en sus casas y son personas muy adultas, así como yo, que vienen a Ciudad Flodev buscando paz y tranquilidad. Pero ya luego tendremos tiempo para hablar de la vida en esta ciudad, vamos a nuestros deberes.
Dicho aquello quedaba entendido de que no era el momento para hablar de todo esto por lo que Freddy no hizo más preguntas.
A la hora del almuerzo estaba toda la familia reunida en el comedor disfrutando nuevamente de otro plato gourmet de la Sra. Cartaferri.
– La familia Cartaferri ha comenzado una nueva vida –observó el padre de
Freddy mientras comían.
– Sí, pero ¡cuéntenme! ¿Cómo les fue? –preguntó la madre de Freddy.
– En la hidroeléctrica me fue excelente. Estuve conversando con el personal y son todos muy amables –comentó el Sr. Cartaferri.
– Si, papá –dijo Freddy– El Sr. Juan también es muy educado. Se le nota.
– Estuve revisando el patio trasero, es excelente para sembrar rosas –comentó la madre de Freddy.
Mientras almorzaban seguían comentando sobre su día y compartiendo ideas sobre los residentes de Ciudad Flodev. Después del almuerzo, Freddy ayudó a su madre a limpiar los platos.
Freddy pasó toda la tarde haciendo las tareas asignadas por el Sr. Juan, que a pesar de que era un hombre muy amable, era un profesor muy exigente.
La mañana siguiente había amanecido húmeda. La gran montaña estaba cubierta de nubes y se sentía una brisa fría. Esa mañana, la Sra. Cartaferri había preparado una sopa de pescado porque según ella tenían mucho tiempo que no la comían.
Cuando Freddy llegó a la casa del Sr. Juan, éste se encontraba sentado en el patio trasero de la casa, admirando la montaña.
– Buen día, joven –le dijo el Sr. Juan a Freddy.
– Hola profesor –respondió Freddy.
– Hoy el día no está como para estudiar. Mejor conversemos.
Cuando el Sr. Juan dijo esto, Freddy se alegró mucho ya que se sentía igual. El día no estaba como para estudiar, sino para conversar. El Sr. Juan se paró de su asiento y le dijo a Freddy que entraran a la casa porque estaba a punto de llover. Justo al cerrar la puerta después que entraron comenzó a caer la lluvia.
El Sr. Juan y Freddy se sentaron frente a una ventana con vista hacia la montaña. Duraron un rato en silencio hasta que Freddy decidió continuar con la interrumpida charla del día anterior.
– ¿Qué hay en esa montaña que la hace tan interesante? –preguntó Freddy.
– ¿Por qué buscas donde no encontrarás? –dijo el Sr. Juan sonriendo- Tú sabes la respuesta. No está en mí, sino en ti.
Cuando Freddy escuchó aquello se quedó frío. Aquello que acababa de decir el profesor Juan le recordaba a alguien que había conocido antes.
– ¡¿Ochu?! –exclamó Freddy asombrado.
– Sí que me sorprendes, pensé que durarías más tiempo en descubrirlo –dijo el Sr. Juan, mientras su cara se volvía familiar ante los ojos de Freddy.
– ¡Ochu! –dijo Freddy sonriente– Pero, ¿¡qué haces aquí!?
– Los chamanes tenemos maneras de mantenernos vivos por mucho tiempo, pero la muerte llegará –declaró Ochu.
– Pero cuatro siglos es mucho tiempo –comentó Freddy.
– Sí, pero eso no importa ya. Ahora tenemos que concentrarnos en la montaña –dijo Ochu.
– ¿Pero qué es lo que tiene la montaña que es tan importante? –preguntó Freddy.
– No es la montaña, sino lo que hay en ella –respondió Ochu.
Freddy quedó con la mente en blanco por unos segundos hasta que lo que captó en ese momento parecía imposible.
– ¡Pero yo lo vi destruirse! –exclamó Freddy a Ochu.
– No todo lo que vemos es la realidad –continuó Ochu– No has llegado hasta este lugar tan remoto sin una razón.
– Entonces, si el Magen está allí, ¿por qué no lo has buscado? –preguntó nuevamente Freddy.
– El Magen está en una cueva a medio camino de la montaña y yo ya estoy muy viejo para ir hacia allá –respondió Ochu– Además hay otro problema.
– ¿Cuál? –preguntó Freddy.
– La montaña también es hogar de galipotes y ciguapas. Las ciguapas no te harán daño pero los galipotes… –decía Ochu cuando fue interrumpido.
– ¡¿Gali qué?! –exclamó Freddy– ¿Podrías hablar en español por favor?
– Bien – dijo Ochu al mismo tiempo que sonreía – los galipotes son hombres que pueden convertirse en animales u objetos inanimados… como troncos de árboles y piedras o perros y lobos. Estas criaturas son crueles y muy violentas. Poseen una fuerza tremenda y tienen una alta inmunidad a las armas. Debes de tener cuidado.
– ¿Y cómo se pueden vencer? –preguntó Freddy fascinado.
– Para poder confrontar estas criaturas hay que valerse de amuletos y conjuros, pero como tú no tienes experiencia en esto te recomiendo que no lo hagas –respondió Ochu.
– ¿Y las ciguapas? –preguntó Freddy nuevamente con aún más fascinación.
– Las ciguapas son extrañas mujeres salvajes que habitan en las montañas y poseen poder mágico. Son de tez morena, de ojos negros, de pelo suave y lustroso, tan largo que es la única vestimenta que poseen. Se dice que tienen el rostro hermoso. Estas criaturas tienen los pies al revés y dejan huellas contrarias al rumbo de su destino. Pero son inofensivas y generalmente sólo salen por la noche.
– Vaya –dijo Freddy fascinado ante todo aquel despliegue de conocimiento.
Freddy había quedado sorprendido con todo aquello que había acabado de escuchar y estaba pensando que a Gustavo le encantaría pasarse las vacaciones en Ciudad Flodev al saber que allí moraban las criaturas míticas que tanto le gustaban.
– Freddy –dijo Ochu adoptando una postura más seria– Necesito que vayas hasta esa cueva y traigas el Magen.
– Pero… ¿para qué? –preguntó Freddy con más curiosidad que antes.
– Debo entregarte formalmente el Magen. Cuando éste se encuentre en tu posesión podrás regir sobre el viaje del tiempo –dijo Ochu.
– Bien… creo que puedo hacerlo –contestó Freddy.
– Sí. Pero no puede ser hoy. Está lloviendo y muy nublado. Cuando el sol está oculto los galipotes salen a merodear. Tiene que ser a plena luz del día.
Capítulo 6
Después de esto, Freddy entendió todo. Ésta era la prueba de fuego. Tendría que pasar por ésta solo. Era momento de probar sus límites. Pero Freddy tuvo que esperar mucho, ya que el viernes y el sábado habían estado igual de nublados.
La mañana del domingo estaba cálida. El sol irradiaba con tal brillantez que Freddy creyó que había quedado ciego cuando miró directamente al sol al despertar. Inmediatamente fue rumbo a la casa del Sr. Juan, o mejor dicho, de Ochu. Ni siquiera había desayunado ese día. De hecho, sus padres no se habían levantado cuando él salió de la casa.
– El día ha llegado –anunció Ochu.
– Bien. Dime el plan –replicó Freddy mientras respiraba profundo.
– Bien. Tenemos que sacar el Magen lo antes posible de esa cueva, antes de que alguien lo encuentre –explicó Ochu.
– Pero dijiste que sólo el elegido y los chamanes pueden viajar con el Magen –dijo Freddy confundido.
– La magia es más complicada de lo que parece. Si alguien conoce el secreto del Magen y desea de corazón usarlo, para bien o para mal, accederá a sus fuerzas –respondió Ochu sin vacilar.
– Creo que entiendo –dijo Freddy sin entender ni una mínima parte de lo que había dicho Ochu.
– No te preocupes –dijo Ochu– ya lo entenderás. Ahora, yo voy a estar vigilando desde aquí en caso de que vea algún movimiento extraño. Los galipotes no salen de día pero de todos modos, ten mucho cuidado.
Desde donde estaban parados Freddy podía divisar la entrada de la cueva que estaba a unos quinientos metros de donde estaban parados. Pero Freddy tenía que caminar por un sendero empinado y boscoso para llegar hasta ella.
Freddy comenzó a caminar entre hierba mala y enredaderas y le costó un poco de dificultad llegar hasta la entrada de la cueva. Allí cuando miró hacia delante justo al final de la cueva, iluminado de una forma casi mágica por un haz de luz, estaba, yaciendo sobre una roca, el Magen. El chico no vaciló ni un momento, con paso firme se dirigió hacia aquella roca.
Pensó escuchar algo entre los árboles y se detuvo un segundo a observar con atención sus alrededores dándose la vuelta lentamente para asegurarse de que estaba solo. Luego de cerciorarse de que está a salvo, Freddy miró hacia abajo e hizo señales a Ochu de que todo está bien, procediendo a dar media vuelta y entrar a la cueva. Pero había un problema… Freddy sintió su corazón caer al suelo cuando al tratar de girarse no se pudo mover. Intentaba con todas sus fuerzas pero le era inútil. Estaba allí parado, de una forma un tanto ridícula, como una estatua.
- ¿Qué diablos…? –comenzó a decir Freddy cuando el asombro lo dejó sin palabras. De entre los árboles salió una mujer de una belleza excéntrica, cuya única vestimenta eran sus largos cabellos.
Freddy no entendía qué estaba pasando y al mirar hacia abajo notó que los pies de esta mujer extraña estaban al revés.
- ¡Es una ciguapa! –pensó Freddy con asombro y terror. Ochu no había mencionado que podrían paralizarlo.
La ciguapa se le acercó a Freddy y lo observaba en silencio, como si estuviese planeando algo, mientras Freddy la observaba con una extraña mezcla de asombro, interés y pánico.
De repente aquella criatura miró hacia atrás, hacia los árboles, a lo profundo del bosque y comenzó a alejarse de Freddy lentamente hasta que se perdió nuevamente entre los frondosos árboles.
Justo en el momento en que desapareció la ciguapa, Freddy cayó al suelo y comenzó a temblar. Toda aquella escena había sido extremadamente extraña, aparte de aterradora.
- Bien… calma, amor y paz –recitó Freddy respirando profundo mientras se ponía de pie nuevamente para avanzar hacia el interior de la cueva.
Cuando Freddy se paró frente al Magen, se quedó admirándolo por un momento, y por unos segundos creyó ver que brillaban sus letras. Luego, saliendo de su admiración, tomó el Magen, pero tuvo un susto de muerte al escuchar un grito en la cueva:
– ¡Cuidado Freddy!
Al Freddy voltearse vio a Ochu acercándose a él a paso acelerado y un perro salvaje observándolo dentro de la cueva.
– ¡¿Pero qué pasa?! –preguntó Freddy alarmado al ver a Ochu tan asustado.
– ¡Es un galipote! –exclamó Ochu– ¡Te ha venido siguiendo!
El animal estaba entre Freddy y Ochu preparado para atacar al joven.
– ¡CUIDADO! –gritó Freddy aterrado al ver que el galipote, que a simple vista parecía un perro salvaje, giró y corría violentamente hacia Ochu.
Ochu se detuvo al darse cuenta de que aquella criatura iba directo hacia él. El galipote había arremetido con tremenda fuerza sobre el viejo y agotado Ochu. Freddy se quedó frío ante aquella situación ya que no sabía que hacer. Pero Ochu entre peleas y lamentos gritó:
– ¡Abeotractus creature! –cuando Ochu dijo esto, aquella criatura que mordía violentamente su costado, comenzó a gritar y a brillar con intensidad hasta que explotó.
El chico corrió despavorido hacia Ochu, y en su mirada se notaba el horror de todo aquello que había pasado.
– ¡Ochu! ¡¿Estás bien?! –cuestionó Freddy.
– No… no... –dijo Ochu con dificultad notoria en el habla– Ya ha llegado mi hora.
– ¡Pero qué dices! –exclamó Freddy asustado– Tenemos que buscar un médico.
– No –repitió Ochu– Ya es hora. No sobreviviré y acepto mi muerte.
– Ochu, no… –comenzó a decir Freddy, pero fue interrumpido por Ochu.
– El Magen… –dijo Ochu extendiendo la mano hacia Freddy.
Freddy extendió el Magen hacia el moribundo. Ochu tomó el Magen en sus manos y diciendo las palabras “Mutatio Argentum”, éste se convirtió en una cadena de plata con un medallón con forma de reloj con las manecillas en las seis en punto.
– Debes cuidar de él, Freddy –ordenó Ochu extendiéndole el Magen– aunque ahora es un medallón, sigue siendo el Magen.
– Vamos a salir de aquí Ochu… –comenzó a decir Freddy cuando fue interrumpido nuevamente por Ochu.
– Lo siento, Freddy –dijo Ochu– Ya es mi hora. Debes cuidar el secreto. Sólo recuerda, si necesitas saber algo, búscame en el pasado. Y nunca, pero nunca, reveles lo que pasa en el futuro a nadie del pasado, porque puede cambiar todo lo que conoces como presente.
Capítulo 7
Ochu abrió grandemente los ojos y con sus últimas fuerzas gritó:
- ¡Corre!
Cuando Freddy miró hacia atrás, ahí estaba un segundo galipote.
Freddy, por instinto, se incorporó inmediatamente y corrió con todas sus fuerzas camino abajo.
En varias ocasiones miró hacia atrás, y ahí estaba el galipote, corriendo tras él. Cuando Freddy llegó al llano, tropezó con una de las enredaderas que había visto al subir.
Cuando estaba en el piso, rápidamente se incorporó y miró hacia atrás.
El galipote estaba acercándose a él con prisa, así que Freddy comenzó a correr en dirección a una casa abandonada que divisó entre el bosque. Corrió con todas sus fuerzas, mirando hacia atrás constantemente, sintiendo cómo el aire se agotaba en sus pulmones y su visión se ponía borrosa. Casi sin aliento, logró entrar a la casa y cerrar la puerta detrás de él rápidamente. Freddy podía escuchar al galipote merodear los alrededores de aquella casa mientras se apoyaba en la puerta para recuperar el aliento. Cuando ya podía respirar mejor, comenzó a observar el interior de aquella casa abandonada: estaba completamente vacía, y el pasar del tiempo y el descuido de éste lugar brindaban un paisaje espeluznante.
- ¡Excelente! –exclamó Freddy con sarcasmo– Lo que me faltaba, la mansión del terror.
Ya habían pasado varios minutos cuando Freddy decidió que debía salir de aquella casa y llegar a como de lugar hasta el pueblo. Respiró profundo y se incorporó para salir de allí.
- ¿Qué rayos? –se preguntó a sí mismo atónito, al ver que la puerta que había cerrado detrás de sí ya no estaba. Miró a su alrededor y se fijó que aquella casa de repente no tenía ni ventanas ni puertas. Ahora eran sólo cuatro paredes de madera adornadas de telarañas y manchas de agua. Comenzaba a caer la noche y Freddy daba vueltas y vueltas tratando de encontrar la salida. En medio del pánico, cerró los ojos, respiró profundo y se dijo a sí mismo “paciencia”. Abrió los ojos, y allí estaba la puerta. No dudó ni un segundo para salir de aquel lugar inmediatamente.
El galipote ya no estaba afuera. De hecho, no había nadie alrededor.
El chico respiró profundo en señal de alivio y comenzó a marchar hacia la casa de Ochu para lavarse las heridas y limpiarse un poco antes de volver a su casa.
Cuando Freddy se fue acercando hasta la que hace poco tiempo era casa de Ochu, escuchó un gruñido detrás de él y unos pasos acelerados que se acercaban. Su corazón se detuvo por un instante y como si fuese en cámara lenta, el chico se dio la vuelta en milésimas de segundos para ver que el insistente galipote lo había engañado y ahora corría hacia él a toda velocidad.
En ese instante, Freddy se aferró al Magen en forma de medallón para protegerlo cuando recordó las palabras de Ochu “…podrás hacer cosas increíbles…”. Sin dudar, el chico extendió su mano derecha hacia el galipote que se acercaba cada vez más y exclamó:
- ¡Tempos eo ire itum!
Justo en el momento en que el animal malvado se preparaba para morderlo con fuerza, el galipote hizo un sonido agudo y fuerte, como si fuese de dolor, mientras desaparecía en un rejuego de luces y viento.
- ¡Diviértete con los dinosaurios! –se burló Freddy aún asustado.
Freddy respiraba agitado, nervioso. Todo lo que había vivido era demasiado. Llegó a casa de Ochu y comenzó a limpiarse un poco antes de dirigirse a su casa. Tenía que contarle todo aquello a Gustavo. Las cosas no eran tan maravillosas como pensaban, y lo que ellos desconocen es mucho más de lo que saben. Todo el tiempo Freddy se mantuvo respirando agitadamente, pensando en todo lo que había pasado. Finalmente, después de todo lo que había sucedido, cerró los ojos, respiró profundo y pensó que era momento de un descanso. Se colgó el Magen en el cuello y caminó rumbo a su hogar.
Justo en el momento en que Freddy cerró la puerta de su casa tras de sí y giró para ir a su habitación, se paró en seco y pegó un grito que se escuchó en toda Ciudad Flodev al ver aquello que estaba frente a él:
– ¡Sorpresa! –gritaron todos los invitados al unísono cuando Freddy entró en la sala.
– No creíste que te iba a dejar solo en tu cumpleaños, ¿o sí? –dijo Gustavo mientras se acercaba sonriendo a Freddy.
– Vaya, ni me acordaba –respondió Freddy nervioso.
– ¡Wow! –exclamó Gustavo– Debió pasar algo muy interesante que te olvidaste de tu propio cumpleaños.
– ¡Ni te imaginas! –respondió Freddy sonriendo nerviosamente.
En aquel momento Freddy decidió relajarse un poco y pasarla bien. Después de todo, era su fiesta de cumpleaños, estaban todos sus amigos y tenía, orgullosamente colgado del cuello, el brillante Magen. Para Freddy, por ahora, el tiempo ya no era un problema.
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