Excerpt for El Evangelio según Mateo (I) - Serie de Crecimiento Espiritual de Paul C. Jong Serie 1 by Paul C. Jong, available in its entirety at Smashwords

Al pueblo de Jesucristo, Rey de reyes


El Apóstol Mateo nos dice que la Palabra de Jesús se dijo a todo el mundo, ya que él veía a Jesús como el Rey de reyes. Ahora, cristianos de todas partes del mundo que acaban de nacer de nuevo al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu que nosotros difundimos, están ansiosos por alimentarse del pan de vida. Sin embargo es difícil mantener una relación de hermandad con ellos porque están lejos de nosotros. Por lo tanto, para satisfacer las necesidades espirituales de este pueblo de Jesucristo, el Rey de reyes, han sido preparados estos sermones como un nuevo pan de vida para que puedan fomentar su crecimiento espiritual. El autor afirma que aquellos que han recibido la remisión de los pecados al creer en la Palabra de Jesucristo, el Rey de reyes, deben alimentarse de Su Palabra pura para defender su fe y sustentar sus vidas espirituales.     Este libro les proporcionará verdadero pan de vida espiritual a todos los que se han convertido en el pueblo real del Rey por su fe. Dios seguirá proporcionándoles este Pan de vida a través de Su Iglesia y Sus siervos. Que la bendición de Dios esté con todos ustedes que han nacido de nuevo del agua y el Espíritu y que desean tener una verdadera relación de hermandad con nosotros en Cristo Jesús.



Serie de crecimiento espiritual de Paul C. Jong Serie 1:

El Evangelio según Mateo (I)


Smashwords Edition

Copyright 2004 by The New Life Mission

Todos los derechos reservados.


La reproducción total o parcial de este libro, no autorizada por la editorial, vulnera derechos reservados. Cualquier utilización deber ser previamente concertada.


Las citas de las Escrituras son de la Sagrada Biblia: Versión directa de las lenguas originales (Nacar - Colunga).



Tabla de Contenidos


Prólogo



CAPÍTULO 1


La genealogía de Jesucristo (Mateo 1:1-6)

Demos gracias a nuestro Señor Jesús que vino a salvarnos (Mateo 1:18-25)

Jesús fue concebido por el Espíritu Santo (Mateo 1:18-25)


CAPÍTULO 2


¿Dónde podemos encontrar al Señor? (Mateo 2:1-12)


CAPÍTULO 3


Difundir el verdadero Evangelio y la obra justa de Jesús (Mateo 3:1-17)

Jesús vino para perdonar nuestros pecados (Mateo 3:13-17)


CAPÍTULO 4


La bendición de temer y servir a Dios (Mateo 4:1-11)


CAPÍTULO 5


El sermón de la montaña (Mateo 5:1-16)


CAPÍTULO 6


La enseñanza del Señor sobre la oración (1) (Mateo 6:1-15)

La enseñanza del Señor sobre la oración (2) (Mateo 6:5-15)

Vivan con sus corazones en el Señor (Mateo 6:21-23)

No se preocupen por sus vidas y pongan su confianza solo en Dios (Mateo 6:25-34)

Bástele a cada día su afán (Mateo 6:34)


CAPÍTULO 7


Al creer en el poder del Evangelio debemos entrar por la puerta estrecha (Mateo 7:13-14)

¿Qué haríamos si fuésemos abandonados por el Señor en el último día? (Mateo 7:21-23)

La fe que cumple la voluntad de Dios Padre (Mateo 7:20-27)

Solo podemos entrar en el Cielo cuando conocemos y creemos en la voluntad de Dios Padre (Mateo 7:21-27)

Estén alerta de los falsos profetas que solo van detrás de su dinero (Mateo 7:13-27)


CAPÍTULO 8


La curación de los leprosos espirituales (Mateo 8:1-4)

"Di solo una palabra" (Mateo 8:5-10)

Primero sigue al Señor (Mateo 8:18-22)





Prólogo


A lo largo y ancho del mundo, mucha gente está recibiendo la remisión de sus pecados. Como consecuencia de ello, necesitamos gente para guiarlos y mostrarles el camino del Señor. Deberíamos reunir a todos aquellos que han recibido la remisión de sus pecados en una Iglesia. Espero fervientemente que aparezcan muchos líderes en todas las naciones del mundo. Me gustaría poder mandar a todo mi personal de trabajadores por todo el mundo como mensajeros de Dios, como misioneros. Sin embargo, si los mandara a otras naciones, ¿quién apoyaría aquí el Evangelio de la Justicia por la obra de Dios como los botones ornamentales de un candelabro? Así, espero que surjan trabajadores de Dios en todas y cada una de las naciones.


Esta publicación es el primer libro de mis series de crecimiento espiritual para los futuros líderes de los redimidos. Mientras sirvo al Señor, creo que la gente de Dios se levantará. En anticipación a los futuros líderes, he preparado estos sermones previamente grabados en cintas y que ahora os presento aquí. Estos sermones, que han sido traducidos y editados con la intención de preparar a los líderes del mañana, os harán llegar a vuestros corazones mensajes para alimentar el alma.


Creo firmemente que estos sermones serán alimento espiritual para todos. Debido a que nos es imposible mantener una relación de hermandad cara a cara con todos los creyentes y trabajadores de Dios de otras naciones, espero que al compartir este libro pueda estar en unión espiritual con aquellos que ya creen el Evangelio del agua y el Espíritu. Demos gracias porque Él nos ha hecho Sus trabajadores, alimentándonos con el Pan de la Vida.


Hasta ahora hemos publicado 10 libros en inglés y nos hemos dado cuenta que aquellos que han leído los libros dan gracias por haber recibido la remisión de sus pecados al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu. Ahora, a través de los sermones para el crecimiento espiritual, testificaré una vez más que el Evangelio del agua y el Espíritu es la única verdad que da vida. Estoy seguro de que entonces llegarán a darse cuenta que las Escrituras está llenas de la verdad del Evangelio del agua y el Espíritu. Y al final, toda la gente del mundo entenderá que el Evangelio del agua y el Espíritu es la única verdad. Una vez hayan aceptado la verdad y desechado su fe basada en meras emociones, sus corazones se llenarán del Evangelio del agua y el Espíritu que es el único camino hacia la redención eterna. Por tanto, gente de todas partes vivirá como los discípulos de Cristo. Entonces, nos convertiremos en instrumentos para salvar a las almas perdidas y haremos Su obra por las ovejas perdidas en todo el mundo con la fe en el poder del Evangelio del agua y el Espíritu.


Así como una planta florece y da fruto, creo que el poder del verdadero Evangelio, no sólo bendice a aquellos que creen en él, sino que también les permite vivir como trabajadores de Dios. Serán bendecidos física y espiritualmente. Ahora, los trabajadores de Dios en todas las naciones sembrarán las semillas del Evangelio del agua y el Espíritu y salvarán un número incontable de pecadores. Mientras predicamos el Evangelio del agua y el Espíritu, continuamos ganando. Daremos más frutos de Dios con la fe en el verdadero Evangelio. Vivimos en tiempos de cosecha y recogeremos una gran cantidad de frutos de salvación. Ahora, creeremos en Sus palabras, le daremos gracias y le glorificaremos.


Si Dios lo quiere, haremos todas estas cosas y más. Y creo que nos bendecirá a todos y cada uno de nosotros. Que Dios les dé abundantes bendiciones físicas y espirituales, las bendiciones de la santa fe del Cielo y la gordura de la tierra, a todo aquel que cree en el Evangelio del agua y el Espíritu.


PAUL C. JONG




CAPÍTULO 1




La genealogía de Jesucristo


< Mateo 1:1-6 >

Genealogía de Jesucristo, hijo de David, hijo de Abraham: Abraham engendró a Isaac, Isaac a Jacob, Jacob a Judá y a sus hermanos; Judá engendró a Fares y a Zara en Tamar; Fares engendró a Esrom, Esrom a Aram, Aram a Aminadab, Aminadab a Naasón, Naasón a Salmón, Salmón a Booz en Rahab; Booz engendró a Obed en Rut; Obed engendró a Jesé, Jesé engendró al rey David, David a Salomón en la mujer de Urías.”


Para formar parte de la genealogía de Jesucristo debemos creer en Su Salvación. En otras palabras, creer en Su Salvación es la única manera de formar parte de su genealogía.


Nuestro Padre no mandó ángeles para salvarnos, sino que mandó a nada menos que a Su único Hijo. Fue Jesucristo a quién envió nuestro Padre Dios para salvarnos de nuestros pecados. Hizo una alianza para que todo el que creyera en Jesús, que es el Hijo de Dios y nuestro Salvador, fuera perdonado por todos sus pecados de una vez por todas. En este contexto Mateo 1:1 dice: “Genealogía de Jesucristo, hijo de David, hijo de Abraham.” Aquí “la genealogía de Jesucristo” se refiere al mundo espiritual, a cómo podemos convertirnos en hijos de Dios creyendo en Jesucristo, siendo salvados del poder de la oscuridad.


Este pasaje describe qué es lo que necesita un pecador para ser salvado de sus pecados y convertirse en un hijo de Dios. En otras palabras, para convertirse en un hijo de Dios, se necesita tener la misma fe que tuvo Abraham. ¿Qué tipo de fe se necesita para entrar en el Reino de Dios? Tenemos que creer en la Palabra de Dios exactamente como Abraham lo hizo. ¿Cómo complació a Dios la fe de Abraham? Creyendo en la Palabra de Dios en su integridad y esperando lo que era imposible según la razón humana. Abraham creyó en la Alianza de Dios tal y como Él la hizo, aunque fuera más allá de la imaginación humana. Este es el completo alcance de su fe. Aunque la mujer de Abraham había pasado ya la edad de tener hijos y por tanto era imposible que concibiera un hijo, Abraham creyó en la Alianza que Dios había hecho con él, de que su descendencia sería tan extensa como las estrellas del cielo. Dios consideró este hecho como justicia y estuvo contento con él. Así fue como Abraham se convirtió en el padre de los justos a través de la fe.


Hoy en día, ustedes y yo admiramos a Abraham como el padre de los creyentes porque creyó exactamente todo lo que Dios le dijo. De esta manera, debemos tener la clase de fe que Abraham tuvo para entrar en el Reino de Jesús. Esta es la única manera de recibir la remisión de los pecados y convertirse en una persona justa. Llegamos a entrar en el Reino de Dios y a recibir Su Salvación al aceptar a Jesús como nuestro Señor y Salvador.


¿Cómo debemos creer en Jesús como nuestro Salvador para formar parte de la genealogía de Jesucristo? En otras palabras, ¿cómo debemos creer en la Salvación de los pecadores? Tenemos que creer en el Evangelio del agua y el Espíritu tal y como es.


Nuestro Padre mandó a Su Hijo Jesús a este mundo para ser el Salvador y quitar todo el pecado del mundo. Por tanto, debemos admitir que Jesús quitó todo el pecado de los pecadores al ser bautizado en el río Jordán.


Y la verdadera fe consiste en creer que Él fue crucificado por nuestros pecados, sangró y murió en la Cruz, se levantó de entre los muertos y salvó a los que creían en Él. “Pero Jesús lerespondió: ‘Déjame hacer ahora, pues conviene que cumplamos toda justicia’. Entonces Juan se lo permitió. Bautizado Jesús, salió luego del agua; y he aquí que se abrieron los cielos, y vio al Espíritu de Dios descender como paloma y venir sobre él” (Mateo 3:15-16).


Este pasaje muestra la verdad de cómo Jesús tomó todos los pecados del mundo en Su bautismo. Nuestro Dios Padre envió a nuestro Señor Jesús a los pecadores e hizo que Él tomara todos nuestros pecados al ser bautizado por Juan el Bautista para dejar nuestros pecados más blancos que la nieve y para abrir las puertas del Reino de Dios. Podemos convertirnos en los justos al aceptar Su Palabra en nuestros corazones y formar parte de Su familia. Cualquiera que crea en la obra de Jesús puede pasar de ser un pecador a estar sin pecado. La manera de formar parte de la familia de Dios es creer en el Evangelio del agua y el Espíritu.


Para que un pecador se convierta en un hijo de Dios, debe tener la fe que cree que Jesús es el Salvador de los pecadores. En las Escrituras, “el hijo de David” indica que Jesús es descendiente de Judá. En el Antiguo Testamento, Dios hizo la Alianza de que habría reyes en la tribu de Judá, hijo de Jacob (Génesis 49:10). David es un hombre de la tribu de Judá de quien se habló en el Antiguo Testamento. Y Jesús nació de la tribu de Judá como el Rey. Como Abraham, formamos parte de la familia real al creer en la Palabra de Dios. Nos convertimos en hijos de Dios espiritualmente. Y cualquiera que haya pasado a formar parte de la genealogía de Jesucristo a través de su fe, se ha convertido además en un hijo de Dios. Abraham engendró a Isaac, Isaac engendró a Jacob, Jacob engendró a Judá y sus hermanos y continuaron engendrando a sus descendientes. La gente que cree en la Palabra de Dios continúa engendrando a los hijos de Dios.


Todos los que llegaron a formar parte de la genealogía de Jesús a través de la fe fueron aquellos que habían recibido la misericordia de Dios; y no fueron aquellos que tenían algo de lo que jactarse. Ellos eran humildes y débiles, pero creían en la Palabra de Dios. Por tanto, formaron una familia con el Rey verdadero.


Al formar parte de Su genealogía por la fe, necesitamos saber lo siguiente: que en la genealogía de Jesucristo hubo una prostituta llamada Rahab, así como una mujer llamada Rut, de los moabitas, los gentiles. Entonces, ¿cómo pudo una prostituta formar parte de la genealogía de Jesús? Fue por la fe de Rahab que ella pudo entrar en el Reino de Dios. Dios nos dice que la única manera de que un pecador se convierta en un hijo de Dios es creer en Su Palabra. Esto significa que la verdadera fe no consiste en vivir una vida recta, realizando buenas obras, sino en creer en la Palabra de Dios. ¿Cómo puede una prostituta vivir de acuerdo con la Voluntad de Dios? Sin embargo, Dios perdonó incluso los pecados de una prostituta, que había pecado, mediante la Salvación del Señor. Hasta una prostituta se pudo convertir en un hijo de Dios por tener fe en la verdad de la Salvación de Dios. Esto quiere decir que todo pecador en este mundo puede convertirse en un hijo de Dios.


La Biblia nos habla de la fe que cree en Él y Su Palabra. En Mateo 1, la Biblia habla de la fe de Tamar. ¿Quién es Tamar? Ella era la nuera de Judá, que se acostó con su suegro. Si lo miramos desde el punto de vista moral, ¿cómo pudo una mujer que mantuvo una relación sexual con su suegro formar parte de la sagrada genealogía de Jesús? Sin embargo, Tamar fue aprobada por su fe, porque creía en la Alianza en que su suegro creía. Pasó a formar parte de la genealogía de Jesús a través de su fe en la Palabra que su suegro le había transmitido.


Era costumbre en Israel que cuando el primogénito moría, el segundo hijo se daba en matrimonio a la esposa del primero. Si el primogénito moría sin descendencia, el suegro tenía la responsabilidad de dar su segundo hijo en matrimonio a la esposa. Tamar estaba casada con el hijo primogénito de Judá. Pero este hijo era malvado a los ojos del Señor, y Dios lo mató. Así que, según la costumbre, Judá dio su segundo hijo a Tamar. Sin embargo, el segundo sabía que la herencia no sería suya y para no engendrar hijo eyaculaba fuera de su mujer, así Dios lo mató también. El suegro tuvo que dar su tercer hijo a su nuera. No obstante, este hijo era demasiado joven, así que el suegro prometió que se lo daría cuando éste hubiera crecido. Tamar esperó al tercer hijo, pero el suegro no se lo dio, así que Tamar ideó un plan.


Llegó el día del anual del esquileo de las ovejas. Entonces Tamar se quitó sus vestidos de viuda, se envolvió en un velo y se sentó en un espacio abierto. En Israel las prostitutas debían taparse la cabeza y la cara con un velo. Cuando Judá la vio de cuando iba de camino al esquileo de ovejas, quiso acostarse con ella. Así que le dio su sello, su cordón y su cayado como señal y se acostó con ella. Judá no sabía que esta mujer era su nuera. Meses más tarde, el embarazo de Tamar empezó a notarse. Se consideró adulterio, ya que era viuda por aquel entonces. En Israel, los adúlteros tenían que ser castigados siendo apedreados o quemados. Judá planeaba lapidarla, pero Tamar dijo entonces: “Estoy embarazada del hombre al que pertenecen este sello y este cayado.” Estos eran la señal que Judá dejó a la prostituta. Por tanto, Judá los reconoció y Tamar pudo engendrar hijos para continuar el linaje.


Eso nos demuestra que Dios bendice a la gente que cree en Su Palabra de Alianza y vive según ella. Del mismo modo, todo aquel que entra a formar parte de la genealogía de Jesús, lo hace a través de la fe en la Palabra de Dios. Como está escrito en el pasaje: “Judá engendró a Fares y a Zara en Tamar”, Tamar dio a luz gemelos y continuó la genealogía de Jesús por su fe en la alianza que Dios hizo con Judá. Aquí, ningún israelita criticó a Tamar diciendo “has hecho mal”. En cambio alababan a Tamar por su fe, diciendo que era una fe de bendición. Del mismo modo, Dios acepta la fe de aquellos que creen en Su Palabra. Tamar pudo formar parte de la genealogía de Jesús porque creyó en la alianza de Dios. Si creemos en la Palabra de Dios, también nosotros podemos convertirnos en sus hijos.


No nos hacemos justos mediante nuestras buenas acciones. Todo pecador puede convertirse en una persona justa y formar parte de la familia de Dios si cree en el evangelio de la Justicia de Dios. La Biblia nos dice que no es nuestro buen comportamiento lo que nos hace ser hijos de Dios. En cambio, nos convertimos en hijos de Dios por nuestra fe en la Palabra de Alianza de Dios. Nos convertimos en hijos de Dios y entramos en el Reino de Jesús mediante nuestra fe que cree en la Palabra de Dios. Nos convertimos en hijos de Dios a través de la fe en la Palabra de Dios. Debemos saber y creer que somos justos y sin pecado cuando creemos en Jesús.


La Biblia nos dice que la fe que cree en las Escrituras tal y como están escritas es la fe que cree en la Justicia de Dios. Para ser justos al aceptar en Jesús, tenemos que creer en el Evangelio del agua y el Espíritu. La palabra “Santificación” se usa a menudo en todas las religiones del mundo. Sin embargo, Jesús nos dice que no hay nadie que haya entrado en el Reino de Dios después de haber sido santificado por sí mismo. Examinemos las Escrituras. Abraham presentó a su esposa como si fuera su hermana por el peligro que corría su seguridad. Isaac hizo lo mismo con su mujer. Abraham traicionó a su mujer e Isaac hizo lo mismo con la suya. Tamar y Rahab son también algunos ejemplos de personas que no podrían haber sido incluidas en la genealogía de Jesús de no haber sido por su fe. En el cristianismo, santificación significa hacerse santo gradualmente. No obstante, Tamar mantuvo relaciones sexuales con su suegro, Rahab era una prostituta, y Rut era una gentil. Ninguna de estas mujeres tenía el estatus para formar parte de la genealogía de Jesús desde una perspectiva humana. Sin embargo, la razón por la cual fueron llamadas justas y entraron a formar parte de la genealogía de Jesús es su fe absoluta en la alianza de Dios. Esta es la fe que nos lleva a sr hijos de Dios. A través de la Palabra de Justicia de Dios, llegamos a conocer el Evangelio del agua y el Espíritu por la fe que cree que Jesús es nuestro Salvador. En otras palabras, el hecho de que nos encontráramos sin pecado no se debe ni en un 0.0001% a nuestros propios esfuerzos. Nos encontramos sin pecado al creer en Jesús como nuestro Salvador, que es el Hijo de Dios, y en la Palabra escrita de Dios, esto es, el Evangelio del agua y el Espíritu.


Nos convertimos en los hijos de Dios al aceptar a Jesús como nuestro Señor y nuestro Salvador. Dios, Nuestro Rey, nos dice que aquellos que viven con el Espíritu Santo son Su pueblo. Él llama a la gente como nosotros que tienen fe en el Evangelio del agua y el Espíritu “Mis hijos, los nacidos de nuevo”. En la Biblia, los hijos justos de dios son distintos a la gente normal que no ha sido salvada de sus pecados. Aquellos que han aceptado el Evangelio del agua y el Espíritu son diferentes del resto de la gente que todavía no ha recibido la remisión de sus pecados. Hemos sido salvados de todos nuestros pecados porque creemos en Jesús, que es nuestro Salvador, el Salvador en nuestros corazones. Sabemos que hemos recibido la remisión de nuestros pecados porque creemos que el Señor vino a este mundo donde fue bautizado y derramó Su sangre. Por tanto, nos convertimos en los hijos de dios a través del Hijo de Dios y de creer en esta Verdad.


¡Aleluya! Demos gracias a nuestro Dios que nos ha dado este Evangelio del agua y el espíritu, la Justicia de Dios.



Demos gracias a nuestro

Señor Jesús que vino

a salvarnos


< Mateo 1:18-25 >

La concepción de Jesucristo fue así: Estando desposada María, su madre, con José, antes de que conviviesen, se halló haber concebido María del Espíritu Santo. José, su esposo, siendo justo, no quiso denunciarla y resolvió repudiarla en secreto. Mientras reflexionaba sobre esto, he aquí que se le apareció en sueños un ángel del Señor y le dijo: ‘José, hijo de David, no temas recibir en tu casa a María, tu esposa, pues lo concebido en ella es obra del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo, a quien pondrás por nombre JESÚS, porque salvará a su pueblo de sus pecados’. Todo esto sucedió para que se cumpliese lo que el Señor había anunciado por el profeta, que dice: ‘He aquí que una virgen concebirá parirá un hijo, y se le pondrá por nombre Emmanuel’, que quiere decir ‘Dios con nosotros’. Al despertar José de su sueño hizo como el ángel del Señor le había mandado, recibiendo en casa a su esposa, la cual, sin que él antes la conociese, dio a luz a un hijo, le puso por nombre JESÚS.”


La Navidad ha llegado. Parece que va a ser una noche de paz y de amor este año. La ciudad está tranquila y silenciosa. Apenas se ven luces o decoración navideñas en las calles, ya que estamos pasando por una crisis económica en Corea. Esto claramente refleja la mala situación económica actual; lo que nos recuerda que debemos aferrarnos a nuestra fe al celebrar la Navidad este año. Echemos un vistazo a este pasaje.


El verso 21 dice: “Dará a luz un hijo, a quien pondrás por nombre JESÚS, porque salvará a su pueblo de sus pecados.” Nuestro Señor nació de una virgen en este mundo y se llamó Jesús. El nombre Jesús se refiere a aquél que salvará a Su pueblo de sus pecados.


Nosotros, los que hemos encontrado a Jesús, estamos llenos de alegría al recibir la Navidad. Si embargo, la Navidad no tiene sentido si no entendemos el significado de este día. Si no recibimos la Navidad en el Señor, ¿qué significarían estas navidades para ustedes? Si recibimos la Navidad en el señor, vemos que el amor del Señor es abundante. La Navidad simboliza que Dios, el Rey de reyes, que creó el universo, mandó a Su único Hijo a este mundo para salvar a Su pueblo de sus pecados. Si estamos en Él, la Navidad es el día más feliz y grato.


Esta es la razón por la que designamos un día como la Navidad para dar gracias a Dios. Por supuesto, esta no puede ser la fecha exacta que se describe en la Biblia. Algunos discuten que este era el día para adorar al dios sol. No obstante, no deberíamos quitar importancia al significado de la Navidad. Algunos creen que tenemos una fecha errónea del día en que Jesús nació. Sin tener en cuenta cuál fue la fecha exacta, deberíamos celebrar la Navidad para conmemorar el por qué Él vino a este mundo. Cuando celebramos la Navidad, debemos pensar con todas nuestras fuerzas en el Señor y en el amor y la Salvación que Él nos ha dado. En Jesús, tenemos que celebrar la venida del Señor y darle gracias admitiendo que Él nos ha salvado de todos nuestros pecados. Para ser capaces de celebrar la Navidad, debemos entender su verdadero significado.


Estamos celebrando el oficio religioso del domingo. Son las 11:12 am. Ayer hubo unas 11:12 am y mañana las habrá también. Esto quiere decir que el mundo continuará existiendo hasta la segunda venida de nuestro Señor. Este mundo existirá hasta que Dios lo termine. Sin embargo, si no entendemos el verdadero significado de la Navidad en el Señor, ¿qué tiene que ver este oficio religioso especial con nosotros? Las 11:12 am del 25 de diciembre son solamente una hora más que pasa cada año. A medida que nos acercamos a fin de año, tenemos que recordar el amor que Jesús nos ha dado, y la Salvación que hemos recibido. Todo en este mundo, incluso la vida misma y el tiempo que pasa, no tienen ningún sentido sin Jesús.


Por otra parte, la Navidad tiene un gran sentido cuando la recibimos en el Señor. Nuestros pecados fueron perdonados porque Él vino a salvarnos. Si Él no hubiera venido a salvarnos, seguramente hubiéramos estado condenados a la perdición, pero Jesús fue bautizado y crucificado para nuestra salvación. Vino a este mundo nacido de la Virgen María para salvar a Su pueblo de sus pecados. Por tanto, como cristianos, para nosotros la Navidad es un día verdaderamente sagrado.


De ahí que el nacimiento de nuestro Señor tenga sentido para nosotros cuando lo vemos en el Señor, quien creó el universo y controla y supervisa el principio y el fin. Por tanto, tenemos que contemplar la obra nacida de Su amor verdadero, y el agua y el Espíritu. El mundo existe porque Dios creó el universo. Dios dijo que destruiría este mundo como ya había hecho una vez antes. Sentimos que el fin está cerca, tal y como podemos sentir y entender “¡Oh, esta es la obra de Dios!” cuando contemplamos en el Señor las estaciones: primavera, verano, otoño e invierno; también podemos sentir que Él está creando un nuevo mundo mientras nos salva de nuestros pecados.


Él nos mostró Su Creación, para que supiésemos que el universo da vueltas porque el Todopoderoso tiene el control sobre éste. Los hombres creen cuando lo ven con sus propios ojos. Cuando estamos en Dios podemos entender claramente como obra. Sin embargo, cuando contemplamos las cuatro estaciones en el Señor, podemos ver la Providencia de Dios más claramente. Si observamos nuestras vidas en el Señor, podemos también ver nuestras vidas claramente. Cuando estamos en el Señor, vemos que la gente normal vive 70 o 80 años de una vida miserable hasta que mueren. Nosotros estábamos destinados a vivir y morir en la miseria. Podemos ver que nuestro Señor vino a este mundo, fue bautizado, crucificado y se levantó de entre los muertos para salvarnos a todos nosotros, a aquellos que estábamos destinados a la perdición por causa de nuestros pecados. Por Cristo, fuimos salvados de todos nuestros pecados a través del Evangelio del agua y del Espíritu, y librados de la destrucción y la maldición. Por tanto, debemos contemplar todas las cosas a través de los ojos de nuestra fe en Cristo.


Algunos, dudan que María, siendo virgen, pudiera concebir un hijo. De hecho, incluso algunos pastores dudan que Jesús naciera de la Virgen María. Aunque prediquen y celebren Su encarnación, en realidad, no creen que Jesús fuera concebido milagrosamente por la Virgen María. Esta gente demuestra su ignorancia de este modo. Cuando no vemos la obra de Dios a través de nuestra fe en el Señor, no creemos en ella. El pasaje nos dice que Jesús nació por obra del Espíritu Santo, y que antes de que naciera, Dios ordenó que se le llamara Jesús. Todo esto se hizo para cumplir lo que se había ordenado.


Unos 700 años antes de que Jesús naciera, Dios profetizó a través del profeta Isaías: “He aquí que la virgen grávida da a luz, y le llama Emmanuel” (Isaías 7:14). Esta era la profecía de que Dios vendría al mundo en un cuerpo humano para salvar a los hombres. Cuando lo contemplamos en el Señor, nos damos cuenta de que es obra de Dios salvar a la gente de sus pecados. Esto es así para que nos demos cuenta y creamos que Dios nos creó y nos salvó de nuestros pecados.


Este hecho sería imposible de creer si lo contemplásemos desde nuestro punto de vista humano e intentáramos entenderlo por la razón humana. Como consecuencia de esto algunos piensan que Dios no sólo disfruta Su Creación, sino que también disfruta el sufrimiento humano al haber comido del árbol de Bien y del Mal. Algunos dicen: Dios disfruta de la Creación de los hombres y también piensa que es muy divertido ver como sufren al comer del Árbol del conocimiento del Bien y del Mal. Pero, hermano cristiano, el hecho de que la Tierra y los demás planetas giren en su órbita, de que exista la Vía Láctea, de que la Tierra tenga las condiciones adecuadas para la vida humana, de que haya día y noche, y todas las obras misteriosas y milagros de la vida que la ciencia no logra explicar, nos dice que Dios es bondad.


Cuando el Señor vino al mundo, fue concebido por el Espíritu Santo, nació y se convirtió en Emmanuel para cumplir Su alianza. En otras palabras, Él estableció la Providencia de su Salvación antes de crear el universo, nos la prometió a nosotros los hombres y la cumplió tal cual. El mero hecho de que naciera de una virgen es una bendición para nosotros y por ello damos gracias a Dios.


Cuando confiamos en Jesús, no debemos mostrar ninguna duda. Cuando dudamos, todo parece confuso. Esto ocurre porque estamos cegados por nuestros pecados, todos nos parece dudoso y nuestra fe está incompleta, por tanto no podemos ver todas las cosas maravillosas que Dios ha hecho. Pero cuando confiamos plenamente en Dios, el Espíritu Santo abre nuestros ojos y entonces podemos aceptar a Jesús para poder ser salvados de nuestros pecados.


Nosotros, que creemos en la Justicia de Dios, hemos sido salvados de nuestros pecados al creer en Jesucristo porque en realidad contemplamos sus obras en la Justicia del Señor. Nos beneficiamos de la Salvación porque la contemplamos desde la Justicia del Señor. Pero aquellos que no creen en la Justicia de Dios no pueden recibir el verdadero significado de la Navidad.


Jesús vino al mundo como Emmanuel para estar con nosotros. Fue concebido por el Espíritu Santo y nació siendo el niño Jesús. Y tomó todos los pecados de los hombres sobre sí mismo al ser bautizado a los 30 años de edad; fue crucificado llevando todos los pecados del mundo sobre sí mismo y se levantó de entre los muertos convirtiéndose en Emmanuel, Dios, que ha de venir de nuevo. Y es nuestro Señor, que fue concebido por el Espíritu Santo, nació siendo el niño Jesús, creció y tomó todos nuestros pecados sobre sí mismo al se bautizado, y nos salvó al derramar su sangre en la Cruz, quien reside y obra en nuestros corazones bajo la forma del Espíritu Santo. Y el espíritu Santo, que reside en los corazones que tienen fe en la Justicia de Dios, nos da la gracia de la Salvación y la Paz, nos bendice y nos hace creer que Jesús vino como nuestro eterno Salvador.


El 25 de diciembre es un día para conmemorar el nacimiento de nuestro Señor Jesucristo y para dar gracias a Dios. Damos gracias a Dios por poder celebrar este día. Si no hubiera Navidad el 25 de diciembre, la Tierra sería un lugar triste. La humanidad viviría desdichada sin Jesús. No habría nada de lo que alegrarse. La humanidad renueva su esperanza por el hecho de que su Salvador, el Salvador de los pecadores, el Salvador de los que van camino de la perdición, vino al mundo. Sin tener en cuenta cuán miserable fue el pasado, tenemos nueva esperanza en el futuro en el Señor.


¿Qué esperanza quedaría en este mundo si Jesús no hubiera venido? ¿Qué habrían hecho los llamados sabios y los santones como Sócrates, Sakyamuni o Confucio por nosotros? Aportaron simplemente enseñanzas morales. ¿Quién no quiere vivir una vida digna en este mundo? Ellos no nos dieron ni la Salvación, ni el Juicio ni la destrucción.


Jesús es el único que nos ha salvado a ti y a mí de nuestros pecados: Él vino al mundo para perdonar todos nuestros pecados mediante su bautismo y crucifixión. Sólo los que creen en el Evangelio del agua y el Espíritu, es decir, en la Justicia de Dios, son salvados de sus pecados. Los que no creen en la Justicia de Dios no pueden ser nacidos de nuevo. Desde este punto de vista, recibimos la remisión de nuestros pecados al creer que el Señor es el Rey de reyes y a través de la fe que cree que Él vino a este mundo, fue bautizado, murió en la cruz y resucitó de entre los muertos para convertirse en nuestro Salvador. Recibimos una nueva vida y nos convertimos en hijos de Dios con derecho a entrar en el Cielo porque el Señor ha venido a este mundo a salvarnos.


La historia de la humanidad lleva a la perdición ya que nos carcomemos y tragamos unos a otros. Hasta ahora, sólo hemos vivido la historia carcomiéndonos, engulléndonos, matándonos unos a otros. El pecado de matar fue transferido a nuestro Señor en el río Jordán cuando fue bautizado por el hombre más grande de la historia de la humanidad, y fuimos salvados de nuestros pecados de una vez cuando Él fue crucificado para nuestra Salvación. Pero Jesús vino a este mundo, tomó todos los pecados de aquellos que se carcomían y se mataban unos a otros al ser bautizado en el río Jordán por el hombre más grande de la historia de la humanidad, y nos salvó de todos los pecados del mundo de una vez al ofrecerse a morir en la Cruz.


Debemos creer en está verdad sin dudar, de esta manera el Señor nos da la esperanza en la Salvación. No debemos renunciar a la fe que cree y confía en Jesucristo según nuestras experiencias personales o desde el punto de vista de la historia de la humanidad. Sin Jesucristo no habría historia. Sin Jesucristo no existirían los valores familiares. Sin Jesucristo no habría fe verdadera o salvación. Ustedes podrían decir, “Eso lo dice porque es un predicador.” Pero no es así. Me gustaría poner un ejemplo: acabo de decir que no habría historia de la humanidad sin Jesús; examinemos si esta afirmación es correcta.


Gran Bretaña conquistó muchos países en el pasado y de ahí el dicho “el sol nunca se pone en el Imperio británico.” No pasaba ni un día en que el sol se pusiese en Gran Bretaña. Mientras el sol se ponía en una de las colonias británicas, en otra empezaba a amanecer. Así el sol nunca se ponía en el Imperio británico. Gran Bretaña era así de poderosa y gracias a su poder conquistaron el mundo. Había muchos puritanos en Gran Bretaña por aquel entonces. Los puritanos creían en Jesús como su Señor y su Salvador y tuvieron que huir de Gran Bretaña e irse a América. No podían vivir en un país en el que se les perseguía por razón de su fe. Cuando los puritanos se fueron de Gran Bretaña, la reputación de que el sol nunca se pone se desvaneció. La prosperidad y el poder que tenían en el mundo desapareció, y hoy en día son conocidos únicamente por se un país de caballeros.


Los puritanos que se marcharon a América, difundieron su evangelio, fuera o no correcto, al resto del mundo. Mientras esto ocurría, América se levantó como una nueva potencia mundial. ¿Cree que esto es misterioso? Los americanos llevaron el evangelio a Corea, y ahora la economía de Corea está experimentando un gran crecimiento, siendo conocida como “el dragón asiático”. El símbolo del dragón no es el símbolo religioso adecuado, pero, para los no creyentes, el dragón es una figura fuerte que incluso sirven como a un dios. Esta es la razón por la que el crecimiento económico de Corea se conoce como “el dragón asiático” o “el tigre asiático”.


Si echamos un vistazo a la historia del mundo, podemos observar que los países que sirven a Jesús y que difunden el Evangelio experimentaron, de una manera u otra, un resurgimiento económico. Cuando un país se separa de Jesús y persigue a los creyentes, su economía muere. La prosperidad de un país depende de algún modo de que éste difunda el Evangelio.


Como podemos observar, Jesús es el centro de la historia del mundo. Jesús es el Señor y Salvador más bendito de la historia de la humanidad. Este mundo no podría estar bendecido sin Jesús. Jesús está vivo y reina sobre el universo y sobre nuestras vidas, y llena de paz nuestros corazones. Debemos admirarle, adorarle y darle gracias por su abundante gracia. Al vivir nuestras vidas en este mundo, debemos mirar todo en el Señor y vivir con fe en Él. Repito, en el Señor. En este mundo, tenemos que ver los incidentes de la historia de la humanidad, incluso los cambios económicos, con las lentes de la fe. Sólo podemos ver correctamente cuando miramos las cosas a través de las lentes de Jesucristo. Del mismo modo, esta es la única manera de ser salvados de nuestros pecados.


¿Quién es Jesucristo para nosotros? Él es el Rey de reyes. Deberíamos estar agradecidos por el hecho de que el Rey ha venido al mundo a salvar a su pueblo. Su Rey ha venido a salvarles a ustedes de sus pecados. ¿Le están agradecidos a Él que vino en la misma carne de un humilde humano como ustedes?


Alguien podría preguntarse, “¿qué es lo que tengo que agradecer?” En un día como este, sería agradable tomar una buena comida, una copa y salir por ahí. Si alguien me invitase a una copa, probablemente se lo agradecería… ¿Qué es lo que tengo que agradecer? Esto lo dicen porque ven con los ojos físicos. Queridos hermanos cristianos, la verdadera felicidad no se encuentra en asuntos triviales, sino en reconocer que el Señor ha venido como el Rey y les ha salvado a ustedes de sus pecados, por ello estamos agradecidos. El Rey vino y nos salvó. Y esto es por lo que deberíamos estar agradecidos.


Debemos estar agradecidos por el hecho de que el Rey de reyes vino a salvarnos, y de que nos salvó. A nuestros ojos físicos, podríamos estar agradecidos a quien nos diera suficiente dinero para pagar todas las deudas en nuestra vida, pero en realidad, de lo que deberíamos estar realmente agradecidos es que el Rey de reyes vino a salvarnos, ya que estábamos condenados al infierno. Queridos hermanos cristianos, ¿es esto cierto o no? —Sí, es cierto.—


Estamos agradecidos si nos miramos a nosotros mismos en el Señor. Yo predico el evangelio observando todo en el Señor, y creyendo en las bendiciones del Señor estando agradecido por ello. Al mirar todo en el Señor, estoy agradecido y satisfecho aunque no tenga nada. Cuando miro en el Señor, estoy satisfecho con saber que Él vino a salvarme. Si no observamos estando en el Señor, pero miramos con nuestros ojos físicos, nada nos satisface. Tenemos que ver la salvación que el Señor nos ha dado y estar agradecidos en el Señor. Tenemos que ver todo en el Señor. Tenemos que relacionarnos con otros con nuestra fe, examinar la historia con nuestra fe; deberíamos afrontar todo con nuestra fe. Tenemos que ver a las otras personas en el Señor, tenemos que ver la historia del mundo en el Señor, y tenemos que ver todo en el Señor. Cuando afrontamos el mundo con nuestra fe, tenemos paz verdadera y bendiciones en nuestros corazones. Cuando hacemos esto, tenemos verdadera vida, paz y bendiciones en el Señor. Por eso estamos agradecidos.


Cada vez que miramos en el Señor, podemos ser fieles al mandamiento “Estad siempre gozosos, orad sin cesar y en todo dad gracias”. Cuando no miramos en el Señor, no hacemos más que “llorar siempre, llorar sin cesar, en todo, llorar”. Ustedes y yo debemos ver todo en el Señor. Al recibir esta Navidad, tenemos que dar gracias porque el Rey de reyes vino a salvarles a ustedes y les salvó, y porque Él me salvo a mí también, y porque limpió todos los pecados de la humanidad. Tenemos que recibir estas Navidades con esta fe y estar agradecidos.


Queridos hermanos cristianos, ¿debemos estar agradecidos por esto o no? Sí, estamos agradecidos. ¿Es esto un cuento de hadas o es la verdad? Es la verdad. Las Escrituras dicen, Todo esto sucedió para que se cumpliese lo que el Señor había anunciado por el profeta, que dice: “He aquí que una virgen concebirá y parirá un hijo, y le pondrá por nombre Emmanuel” (Mateo 1:22-23).


¿Puede una mujer soltera concebir un hijo en esta Tierra? Bueno, una mujer soltera puede tener un hijo antes de su boda. Muchas mujeres tienen hijos fuera del matrimonio. Esto resulta evidente si visitamos un orfanato. Muchas madres solteras abandonan a sus hijos en orfanatos. Algunas familias de países extranjeros adoptan a estos niños nacidos fuera del matrimonio. Por supuesto, existen casos de mujeres solteras que tienen hijos. Sin embargo, es diferente que una virgen de a luz a un niño, aunque es posible que una mujer soltera conozca varón.


No hay ninguna virgen en la Tierra que haya dado a luz a un niño sin mantener ninguna relación con un hombre. Ustedes podrían decir, “¿No sería posible si se hiciera la inseminación artificial?” La mujer es un ser con útero, es decir que la diferencia entre hombre y mujer es que el hombre no tiene útero. La mujer, que tiene útero, da a luz a un niño. Pero el hombre es necesario inevitablemente para que una mujer tenga un bebé, ya que el hombre tiene las semillas que el útero necesita para tener niños. María era una mujer que también tenía útero. Sin embargo, no había un hombre involucrado. María concibió un hijo sólo por obra del Espíritu Santo. Esto fue profetizado unos 700 años antes del nacimiento de Jesús: “He aquí que la virgen grávida da a luz, y le llama Emmanuel.” El ángel Gabriel se apareció para comunicar el mensaje de Dios, que María quedaría embarazada de Jesús.


El ángel dijo, “Salve María, llena de gracia, el Señor es contigo. Darás a luz a un gran Hombre.” Entonces María preguntó, “¿Cómo podrá ser esto, pues yo no conozco varón?”


“E Isabel, tu parienta, también ha concebido un hijo en su vejez.” El hecho de que Isabel, la mujer de Zacarías, hubiera concebido un niño a su avanzada edad, o el hecho de que una virgen concibiera un niño se produjo por el cumplimiento de la profecía mediante la especial Providencia de Dios.


Entonces María dijo, “¡He aquí la esclava del Señor! Hágase en mí según tu palabra”, así aceptó el mensaje que el ángel le había traído y el niño creció en su vientre. Este es Jesucristo. Esta es la verdad, no es mentira, por eso los que creemos en ella estamos bendecidos. Nosotros, los que estamos en Cristo, no podemos estar suficientemente agradecidos a Dios por habernos dado a su único Hijo.


Sin embargo, para aquellos que no creen en esta verdad, la Navidad es sólo un día más para pagar el diezmo para cubrir el presupuesto de la iglesia. Varios cientos de miles de dólares pueden ser asignados a través de “las ofrendas especiales de Navidad” bajo el pretexto de la Navidad. Mucha gente da sus nombres cuando hacen ofrendas especiales, pero Dios no está contento con esto. Debemos dar gracias que nuestro culto no es un encuentro fingido, sino verdadero para celebrar el nacimiento de Jesús y dar gracias a Dios.


Damos gracias al Señor por venir a salvarnos de la destrucción y el pecado, y por librarnos de todos nuestros pecados. La Navidad es el día del año para conmemorar que hemos recibido las noticias más benditas del Evangelio del agua y el Espíritu. Debemos estar agradecidos creyendo en el Evangelio del agua y el Espíritu con nuestros corazones, y en la salvación en el Señor. Debemos creer y juzgar todo con la fe y los ojos que ven en el Señor y seguir con fe también el año que viene.


¿Están todos agradecidos a Dios? Nuestro Señor nos ha dado verdadera gracia extraordinaria. Porque el Señor está con nosotros, estamos tan agradecidos que no sabemos cómo empezar a darle gracias. Gloria a nuestro Dios.



Jesús fue concebido por el

Espíritu Santo


< Mateo 1:18-25 >

La concepción de Jesucristo fue así: Estando desposada María, su madre, con José, antes de que conviviesen, se halló haber concebido María del Espíritu Santo. José, su esposo, siendo justo, no quiso denunciarla y resolvió repudiarla en secreto. Mientras reflexionaba sobre esto, he aquí que se le apareció en sueños un ángel del Señor y le dijo: ‘José, hijo de David, no temas recibir en tu casa a María, tu esposa, pues lo concebido en ella es obra del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo, a quien pondrás por nombre JESÚS, porque salvará a su pueblo de sus pecados’. Todo esto sucedió para que se cumpliese lo que el Señor había anunciado por el profeta, que dice: ‘He aquí que una virgen concebirá parirá un hijo, y se le pondrá por nombre Emmanuel’, que quiere decir ‘Dios con nosotros’. Al despertar José de su sueño hizo como el ángel del Señor le había mandado, recibiendo en casa a su esposa, la cual, sin que él antes la conociese, dio a luz a un hijo, le puso por nombre JESÚS.”


El capítulo 1 del evangelio según Marcos describe el nacimiento de Jesús detalladamente. Según la razón humana, es imposible que una virgen que no ha estado nunca con un hombre pueda tener un niño. Un embarazo sólo es posible cuando se ha tenido lugar una relación sexual entre un hombre y una mujer. Por tanto, a lo largo de toda la historia, este tipo de nacimiento extraordinario sólo se ha visto en el mito. Sin embargo, éste fue posible gracias a Dios.


Podremos entender esto si examinamos minuciosamente la razón por la que Jesús nació. La razón por la que Jesucristo, que es Dios en Su esencia, nació de la Virgen María en forma humana, fue la salvación de Su pueblo de todos sus pecados. En otras palabras, para salvar a los pecadores de sus pecados, Él mismo tuvo que venir como el Salvador. Para salvar a los pecadores, era necesario Uno que estuviera sin pecado para la propiciación por nuestros pecados (1 Juan 2:2), y ese era Jesucristo, que era Dios mismo.


Para una virgen que está prometida en matrimonio, el tener un hijo fuera del matrimonio es un acto criticable por la sociedad como un acto ilícito. Este pecado merecía la pena de muerte ente los judíos por aquel entonces. La Ley de Israel ordenaba que quien cometiera adulterio debía ser lapidado. Según el pasaje de las escrituras de hoy, María y José estaban prometidos en matrimonio; ambos temían a Dios. Así, debido al maravilloso acontecimiento que tuvo lugar, aprendieron a seguir los planes de Dios con fe temiendo a Dios.


Las Escrituras recogen en concreto este hecho histórico en Isaías 7:14: “El Señor mismo os dará por eso la señal: He aquí que la virgen grávida da a luz, y le llama Emmanuel.” Y también en Isaías 9:6 dice: “Porque nos ha nacido un niño, nos ha sido dado un hijo que tiene sobre los hombros la soberanía, que se llamará maravilloso Consejero, Dios fuerte, Padre sempiterno, Príncipe de la paz.”


Así mismo en Miqueas está escrito: “Pero tú, Belén de Efratá, pequeña entre los clanes de Judá, de ti saldrá quien señoreará en Israel, cuyos orígenes serán de antiguo, de días de muy remota antigüedad.” Este pasaje profetiza el nacimiento de Jesús clara y concretamente.


Los Libros de Miqueas e Isaías son profecías escritas por los profetas Miqueas e Isaías, ya que la Palabra de Dios estaba en ellos, inspirados por el Espíritu Santo. Sabían, a través de la profecía de Dios, acerca del nacimiento de Jesús, quien nacería unos 700 años después, y lo dejaron por escrito.


A parte de estos pasajes, existen muchos otras partes de la Biblia que profetizan el nacimiento de Jesús directa o indirectamente. Esto es asombroso. El nacimiento de Jesús era un misterio impensable, a no ser que estuviera diseñado y hecho por Dios mismo. Esto demuestra que Dios Padre planificó el nacimiento de Jesús desde la eternidad, desde el principio, antes de que existiera la Tierra (Proverbios 8:23).


La Biblia está compuesta de 39 Libros del Antiguo Testamento y 27 Libros del Nuevo Testamento, haciendo en total 66 Libros. El Antiguo Testamento se compone de los Libros de la Ley y los Libros de las profecías; mientras que el Nuevo Testamento alberga los Evangelios, las Epístolas y el Apocalipsis. El Antiguo Testamento se encuentra en gran parte escrito en hebreo y arameo, y el Nuevo Testamento en griego. La fuerza del hebreo reside en su significado preciso y la del griego en su extenso vocabulario.


Se dejó constancia de la Biblia durante 1600 años, en varios siglos, por más de cuarenta personas en diferentes lugares. Como consecuencia existe una falta de credibilidad en su unificación por lo general. Sin embargo ésta no fue escrita por la inteligencia de ningún hombre, sino que fue escrita mediante la inspiración del Espíritu Santo. Por tanto, todas las profecías del nacimiento de Jesús coinciden con los acontecimientos y los hechos históricos.


2 Timoteo 3:15-17 dice: “Y porque desde la infancia conoces las Letras Sagradas, que pueden instruirte en orden a la salud por la fe en Jesucristo. Pues toda Escritura es divinamente inspirada y útil para enseñar, para argüir, para corregir, para educar en la justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto y consumado en toda obra buena.” Este pasaje demuestra claramente que la Biblia es auténtica y que su autor es Dios mismo. Y debemos saber que, no sólo en Isaías, sino en los 66 Libros del Antiguo y Nuevo Testamento de la Biblia, existen profecías y pruebas del nacimiento y la obra de Jesucristo.


Lucas 24:27 dice: “Y comenzando por Moisés y por todos los profetas, les fue declarando cuanto a El se refería en todas las Escrituras,” y el verso 44 dice: Les dijo: “Esto es lo que yo os decía estando aún con vosotros, que era preciso que se cumpliera todo los que está escrito en la Ley de Moisés, y en los Salmos de mí.” Estos pasajes esclarecen que Jesucristo es el maestro de quien se habla en la Biblia.


Entonces, ¿por qué nació Jesús, quien fue profetizado y testificado a través de los siglos, del cuerpo de la Virgen María como un ser humano? En el nombre “Jesús”, la intención y el significado de Su nacimiento quedan claramente reflejados. Del mismo modo en que damos significado a los nombres cuando nombramos las cosas, Jesús significa “el que salvará a su pueblo de sus pecados” El hecho de que recibiera el nombre de Jesús de entre todos los nombres es una señal que muestra la propósito de Su nacimiento.


El Creador Todopoderoso vino a este mundo en un humilde forma humana. Esto demuestra la asombrosa gracia que Él tiene para nosotros. La razón por la que Jesús vino como un ser humana es que Él nos quiere muchísimo.


Juan 3:16 dice: “Porque tanto amó Dios al mundo, que le dio su unigénito Hijo, para que todo el que crea en Él no perezca, sino que tenga vida eterna.” Lo que este pasaje nos quiere decir es que cualquiera que crea en Dios puede entrar en el Cielo.


No habría nadie en este mundo que sacrificase a su hijo por un criminal. Esto es así en los seres humanos, de ahí que el hecho de que el Creador naciera en un cuerpo humano para los humanos, que son como insectos, nos dice cuanto ama el Dios de la Trinidad este mundo. Por tanto, si alguien rechaza su amor incondicional, se merece ser condenado por tal terquedad.


Juan 8:24 dice: “Os dije que moriríais en vuestro pecado, porque, si no creyereis que yo so Él, moriréis en vuestros pecados.”


Aquí, ¿qué significa el pasaje “si no creyereis que yo soy Él?” Esto quiere decir “si no crees que Dios mandó a su único Hijo y que ese único Hijo es Jesucristo.” La razón por la que Jesús vino a este mundo fue salvar a los pecadores de todos sus pecados tal y como está escrito en el capítulo primero del evangelio de Mateo.


La obra del Antiguo y Nuevo Testamento es obra del Espíritu Santo. El Espíritu Santo es real y está vivo. Del mismo modo que es verdad que Jesús vino a este mundo para tomar todos los pecados del mundo, que fue crucificado en la Cruz y que resucitó al tercer día, el Espíritu Santo es otra Persona, y el verdadero Espíritu del Dios Santo como Jesús. El Espíritu de Dios, el Espíritu Santo es también Dios mismo.


Como he mencionado antes, la obra de la Biblia es obra del Espíritu Santo. En Génesis 1:2 está escrito: “La tierra estaba confusa y vacía y las tinieblas cubrían la haz del abismo, pero el espíritu de Dios se cernía sobre la superficie de las aguas.” El Espíritu de Dios en este pasaje es el Espíritu Santo. El Espíritu Santo existe realmente tal y como Dios Padre y Jesús existen realmente. El Espíritu Santo ha sido mencionado en el pasaje de las Escrituras que hemos leído hoy: “Estando desposada María, su madre, con José, antes de que conviviesen, se halló haber concebido María del Espíritu Santo.” Este pasaje nos dice que Jesús fue concebido por el Espíritu Santo en la Virgen María.


Así pues, en realidad, Dios Padre, Dios Hijo y el espíritu Santo son el mismo Dios para nosotros. Para que Jesús viniera al mundo como nuestro Salvador, hubo colaboración entre Dios Padre y el Espíritu Santo que hizo posible que Jesús fuera nuestro Salvador. Sin embargo, algunas personas encuentran esta parte difícil de creer y piden pruebas que expliquen esto, diciendo que es absurdo. Entonces puedo explicarle a esta gente la obra de la Trinidad detalladamente basándome en las Escrituras de la obra de Dios Padre, Jesús el Hijo y el espíritu Santo. Exactamente igual que usted existe, Jesús, el Espíritu Santo y Dios Padre realmente existen. De la misma manera que todos somos humanos, pero cada individuo es diferente y único con respecto a los demás, la función de cada uno en la Trinidad es diferente, pero son un único Dios. Le digo que el Espíritu Santo es el Espíritu divino.


Espíritu divino, el Espíritu Santo es una Persona que tiene su propio personalidad independiente. Fue obra del Dios de la Trinidad que el Salvador de la humanidad, Jesús, vino a este mundo a través de María. Así sabemos que en la obra de la salvación, el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo trabajaron juntos. Por esto Jesús mandó a sus discípulos: “Id, pues; enseñad a todas las gentes, bautizándolas en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo” (Mateo 28:19) en el momento antes de ascender a los Cielos. La obra de Dios que creó el universo y todas las obras de Dios no las hace Dios Padre solo, o Su Hijo Jesucristo, sino que las hacen Dios Padre, Jesús el Hijo, y el Espíritu Santo juntos al tomar decisiones sobre todas las obras y llevarlas a cabo.


Fuimos salvados de nuestros pecados por creer en lo que el Salvador ha hecho por nosotros. Del mismo modo que Jesús es un ente real, el Espíritu Santo es un ente real como otra personalidad del Dios maravilloso. Así como Jesús es un Ser real, el Espíritu Santo es un Ser real como otra Persona del Dios maravilloso como Jesús lo es. Por lo tanto, todas las obras del universo son obra del Dios de la Trinidad. De hecho, el Espíritu Santo, no sólo reside en los corazones de aquellos que creen en el Evangelio del agua y del Espíritu, sino que también nos habla y nos enseña la verdad, y nos guía en el camino de la vida.


Echémosle un vistazo a Juan, capítulo 14. Juan 14:25-26 dice: “Os he dicho estas cosas mientras permanezco entre vosotros; pero el Abogado, el Espíritu Santo, que el Padre enviará en mi nombre, ése os lo enseñará todo y os traerá a la memoria todo lo que yo os he dicho.”


Esta es la razón por la que la Biblia llama al Espíritu Santo el Abogado. El espíritu Santo que el Padre enviará “os lo enseñará todo y os traerá a la memoria todo lo que yo os he dicho.” El Abogado Espíritu Santo nos enseña la verdad. Él nos enseña la verdad sobre todas las cosas, tales como lo que complace a Dios Padre y cuál es Su voluntad. También es el Espíritu Santo quien nos recuerda lo que el Señor nos enseñó. Por eso la Biblia nos dice: “La unción que de Él habéis recibido perdura en vosotros, y no necesitáis que nadie os enseñe” (1 Juan 2:27). Esto significa que el Espíritu Santo nos enseña cosas sobre Dios y reside en nuestros corazones. Por eso el Espíritu Santo es el Abogado.


Las Escrituras describen a Jesucristo en detalle así como las obras del Espíritu Santo. Todos los Libros del Nuevo Testamento, como por ejemplo los cuatro Evangelios, los Actos de los Apóstoles, las Epístolas de Pablo, Santiago, Pedro y Juan, e incluso el Apocalipsis son enseñanzas de Jesús. En la época de los cuatro Evangelios, el Señor mismo nos enseñó. Cuando la época de los cuatro Evangelios terminó, Jesús ascendió al Cielo. Él prometió que mandaría el Espíritu Santo el día de Pentecostés, y desde entonces ha sido la era del Espíritu Santo.


Estamos en la época del Espíritu Santo. Esta época en la que usted y o vivimos es la época en la que el Espíritu Santo obra. Esta época en la que usted y yo vivimos es la época del Espíritu Santo, y el Espíritu Santo reside en nosotros, y nos hace difundir el evangelio. Y Él nos ayuda a entender la Verdad, reprocha nuestros pecados, nos quía a seguir la voluntad de Dios, y nos proporciona aquello que nos falta. También nos ayuda a darnos cuenta de lo que está mal, y nos recuerda la Palabra de Dios.


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