Excerpt for La Primer Epístola de Juan (II) - Paul C. Jong Crecimiento Espiritual Serie 4 by Paul C. Jong, available in its entirety at Smashwords

¿Quién es aquel que niega a Jesús, el Dios Todopoderoso?


Es aquel que no cree queJesús es el Dios quién creótodo el universo(Génesis 1:1-3, Juan 1:10-12). “Todo aquel que niega al Hijo, tampoco tiene al Padre. El que confiesa al Hijo, tiene también al Padre” (1 Juan 2:23). Aquel que cree que Jesús, quién es Dios y el Salvador, vino por el evangelio del agua y el Espíritu para liberar a todos los pecadores de sus pecados, es salvo de todos sus pecados, y se convierte en un hijo de Dios Padre. “Todo aquel que permanece en él, no peca” (1 Juan 3:6). ¿Qué significa este pasaje? Significa que los nacidos de nuevo no cometen el pecado de negar la Verdad de que Jesús es nuestro Dios y Salvador, y que Él ha borrado todos los pecados del mundo a través del evangelio del agua y el Espíritu. El Señor Dios ha lavado todos nuestros pecados de una vez por todas al venir a este mundo con la verdad del evangelio del agua y el Espíritu. Yo estoy seguro que los creyentes del evangelio del agua y el Espíritu pueden entender fácilmente y predicar poderosamente la Palabra de 1 Juan, aunque esta Epístola pueda contener varios pasajes difíciles que cuestan trabajo de comprender.



Paul C. Jong Crecimiento Espiritual Serie 4 :

La Primer Epístola de Juan (II)


Smashwords Edition

Derechos de Autor 2005 por Casa The New Life Mission

Todos los derechos reservados.


Ninguna parte de este libro puede ser reproducida o transmitida en ninguna forma o medio electrónico o mecánico, incluyendo fotocopiado, grabado o por ningún sistema de almacenamiento o de retroalimentación sin el permiso del dueño de los derechos de autor.


Todas las referencias Bíblicas son tomadas de la versión Reina-Valera 1960.



Tabla de Contenidos


Prefacio



CAPITULO 3


Nuestro Dios Quién Ha Venido a Nosotros con Amor Ágape (1 Juan 3:1-8)

¿Que Clase de Pecado No Debemos Cometer Ante Dios? (1 Juan 3:9-16)

Aquel que Guarda los Mandamientos de Dios Habita en Él (1 Juan 3:17-24)


CAPITULO 4


Prueba Los Espíritus para Saber si Son de Dios (1 Juan 4:1-6)

¿Cómo Debemos Vivir a Partir de Hoy? (1 Juan 4:7-13)

Tenemos que Vivir en el Amor de Dios (1 Juan 4:16-21)


CAPITULO 5


¿Cual es la Verdad Que Nos Libera de Todos Nuestros Pecados? (1 Juan 5:1-4)

 ¿Quién es Nacido de Dios? (1 Juan 5:4-8)

 ¿En que Creemos? (1 Juan 5:1-11)

¿Cual es la Verdad que Nos Liberó de Todos Nuestros Pecados?(1 Juan 5:1-12)

La Evidencia Concreta que Nos Salva de Todos Nuestros Pecados (1 Juan 5:8-13)

Si Un Hermano Comete un Pecado que No es de Muerte, Pídele a Dios que Le De Vida (1 Juan 5:16-19)

Él es El Dios Verdadero Y la Vida Eterna (1 Juan 5:20)

Aunque Siempre Nos Quedemos Cortos, el Perfecto Amor de Dios nos Ha Liberado de los Pecados del Mundo (1 Juan 5:1-21)




Prefacio


El Apóstol Juan es uno de los grandes líderes espirituales en el Cristianismo. Las tres Epístolas que él escribió aún están dando testimonio de la mayor Verdad espiritual y general a los santos en la Iglesia de Dios. Pero existen algunos pasajes que son difíciles de interpretar y de entender para nosotros.


Podemos mostrar 1 Juan 1:8 como el primer ejemplo de los pasajes difíciles en las Epístolas de Juan: “Si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos, y la verdad no está en nosotros.” Este pasaje es difícil de entender, especialmente cuando lo aplicamos a los creyentes del evangelio del agua y el Espíritu.


El Segundo ejemplo es 1 Juan 1:9, “Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad.” Este ha sido uno de los pasajes que sé comentan con mayor frecuencia siempre que los pecadores tratan de presentar bases bíblicas para sus oraciones de arrepentimiento. Entonces, ¿acaso este pasaje significa que los pecadores deben confesar sus pecados para ser perdonados por los pecados que han cometido? O, ¿significa que los justos que creen en el evangelio del agua y el Espíritu deben confesar sus pecados? Debemos creer este pasaje de acuerdo a la interpretación del Espíritu Santo, el Autor de la Biblia, y a la intención del Apóstol Juan.


El tercer ejemplo de un pasaje difícil es 1 Juan 2:22, “¿Quién es el mentiroso, sino el que niega que Jesús es el Cristo? Este es anticristo, el que niega al Padre y al Hijo.” Este pasaje habla acerca de quiénes son los enemigos de Dios. Este pasaje pone en claro que los enemigos de Dios son aquellos que no creen que Jesús es Dios. También esto significa que no aprueba al Padre de Jesucristo como Dios.


El cuarto es 1 Juan 3:6 que dice, “Todo aquel que permanece en él, no peca; todo aquel que peca, no le ha visto, ni le ha conocido.” Aquí, cuando leemos la frase “Todo aquel que permanece en él,” este pasaje es dado a los justos que han sido limpiados de todos sus pecados al creer en el evangelio del agua y el Espíritu. Los justos no pueden negar su fe bajo ninguna circunstancia debido a que creen en el verdadero evangelio. ¿Realmente puede existir alguien que no cometa pecado en su carne? Todos pecamos. Pero, los que creen en el evangelio del agua y el Espíritu no pueden cometer el pecado de negar el verdadero evangelio.


¿Quiénes son aquellos que creen en Jesús el Dios verdadero como su perfecto Salvador en la actualidad? Son aquellos que han sido liberados de todos sus pecados por creer en su corazón en el evangelio del agua y el Espíritu. Son los santos sin pecado porque creen en este evangelio verdadero. En la actualidad, mucha gente se ha convertido en enemigo de Dios, que no cree en Jesús Dios como Dios. Debido a esta incredulidad, este mundo ahora está lleno gente que no cree que el Padre de Jesús es Dios. Ellos son los pecadores que no creen que Jesús el verdadero Dios nos ha salvado de todos nuestros pecados de una vez por todas.


El ultimo pasaje difícil es 1 Juan 5:5-8 que dice, “¿Quién es el que vence al mundo, sino el que cree que Jesús es el Hijo de Dios? Este es Jesucristo, que vino mediante agua y sangre; no mediante agua solamente, sino mediante agua y sangre. Y el Espíritu es el que da testimonio; porque el Espíritu es la verdad. Porque tres son los que dan testimonio en el cielo: el Padre, el Verbo y el Espíritu Santo; y estos tres son uno. Y tres son los que dan testimonio en la tierra: el Espíritu, el agua y la sangre; y estos tres concuerdan.”


¿Que significa “el agua” aquí? Se refiere al bautismo que Jesús recibió para tomar todos los pecados de la humanidad de una sola vez (Mateo 3:15). Esto significa, en otras palabras, el bautismo que Jesús recibió de Juan el bautista en el Río Jordán. Esta Verdad nos dice que el bautismo de Jesús era el único camino para salvarnos, a toda la humanidad, borrando todos nuestros pecados (1 Pedro 3:21).


Ahora, me gustaría explicar a través de la alegoría del caso de Galileo, el resultado de la fe errónea de aquellos que solamente creen en la sangre de la Cruz, la cual esta muy alejada de la fe del evangelio del agua y el Espíritu que sé originó en la Era Apostólica.



¿Qué Nos Enseña el Caso de Galileo?


Puede que sepas mucho acerca de Galileo Galilei (1564-1642), quién es conocido por haber dicho, “Y sin embargo, la tierra, se mueve.” Él fue un físico, astrónomo, matemático, filósofo e inventor Italiano.


La gente de sus días creía en la teoría egocéntrica, la cual decía que la tierra estaba localizada en el centro del universo y que todos los planetas se movían alrededor de la tierra. Pero, entregándose a sí mismo a la observación astronómica, Galileo llegó a abogar por la teoría Copernica heliocéntrica que se oponía públicamente al geocentralismo. Esto provocó la indignación de la corte Papal, y como resultado, llegó a sufrir muchas tribulaciones y persecuciones. Pero, debido a esto, él ganó el reconocimiento como uno de los más grandes científicos que contribuyó al desarrollo de la ciencia moderna.


La mayoría de la gente de su tiempo creía en el geocentralismo, y fue reconocida como una verdad absoluta siendo apoyada por la fidelidad ciega de la religión. Por otro lado, muchos descubrimientos geográficos y astronómicos revelaron las falacias, una tras otra, del geocentralismo, pero la gente de aquellos no podía decir nada al respecto ya que los que sé oponían a esta teoría eran considerados enemigos de Dios, por consiguiente, no podían evitar la persecución. Pero Galileo anunció su teoría atrevidamente. Desde luego, él fue perseguido severamente por la religión predominante de esa era, aunque la verdad jamás podría ser distorsionada o ignorada por la fuerza o por el número de sus oponentes.


De hecho, la mayoría absoluta de los Cristianos de la actualidad solo cree en la sangre de la Cruz. Ellos no conocen la Verdad de Jesús, el Dios verdadero, quién tomó todos los pecados del mundo de una vez por todas al ser bautizado por Juan el Bautista. Ellos vanamente creen en Jesús como su Salvador ya que no tienen la menor idea de lo que es el evangelio del agua y el Espíritu. Esto es igual a la confianza ciega de la teoría egocéntrica. Y, si anunciamos la falacia decisiva del Cristianismo de la actualidad que solo cree en la sangre de la Cruz, causará un gran disturbio, igual que el caso de Galileo.


Existe un dicho que dice, “Nunca pensamos dos veces en los asuntos que se hicieron sólidos como el sentido común.” Como tal, muchos Cristianos ni siquiera piensan acerca de las posibles falacias de su fe ya que han creído concretamente que la sangre de la Cruz es la única verdad de su salvación. Es por eso que el Cristianismo de la actualidad esta lleno de tales creyentes ciegos.


La palabra de 1 Juan nos enseña que tenemos que conocer lo que es el evangelio del agua y el Espíritu, y quienes son los falsos profetas. Por lo tanto, primero debemos aprender apropiadamente el evangelio del agua y el Espíritu para alcanzar y tener un profundo entendimiento de la Palabra en 1 Juan.


Yo oro a Dios para que a todos nos dé la sabiduría para discernir, la Verdad de la salvación, y la fe que concretamente cree en la Verdad.


Yo doy toda mi gratitud a Dios. ¡Aleluya!




CAPITULO 3




Nuestro Dios Quién Ha

Venido a Nosotros con

Amor Ágape


< 1 Juan 3:1-8 >

Mirad cuál amor nos ha dado el Padre, para que seamos llamados hijos de Dios; por esto el mundo no nos conoce, porque no le conoció a él. Amados, ahora somos hijos de Dios, y aún no se ha manifestado lo que hemos de ser; pero sabemos que cuando él se manifieste, seremos semejantes a él, porque le veremos tal como él es. Y todo aquel que tiene esta esperanza en él, se purifica a sí mismo, así como él es puro. Todo aquel que comete pecado, infringe también la ley; pues el pecado es infracción de la ley. Y sabéis que él apareció para quitar nuestros pecados, y no hay pecado en él. Todo aquel que permanece en él, no peca; todo aquel que peca, no le ha visto, ni le ha conocido. Hijitos, nadie os engañe; el que hace justicia es justo, como él es justo. El que practica el pecado es del diablo; porque el diablo peca desde el principio. Para esto apareció el Hijo de Dios, para deshacer las obras del diablo.”



¿Conoces la Esencia del Amor de Dios?


Primero que nada, yo doy gracias a Dios por Su amor, porque Jesucristo, quién es Dios Mismo para todos nosotros, vino a esta tierra, fue bautizado, derramó Su sangre, y por lo tanto nos ha liberado, a quienes habíamos sido pecadores, de todos nuestros pecados de una vez por todas.


Existieron dos razones por las cuales Dios Padre planeó otorgar Su misericordioso amor sobre aquellos de nosotros que creemos en el verdadero Dios Jesucristo. La primera razón fue para demostrar Su verdadero amor con la justicia y la misericordia de Dios, ya que los ángeles perversos ambicionaron Su autoridad, y la segunda razón fue para mostrar que el trono de Dios no puede ser conquistado por el poder de ninguna creación.


Esto nos muestra que es imposible encontrar el camino para cualquiera de nosotros en tomar parte en la gloria de llegar a ser hijos de Dios por cualquier fuerza física. Nos revela a nosotros que el camino para que lleguemos a ser hijos de Dios solo es posible creyendo en Jesucristo y en la Verdad de la salvación planeada solamente en el amor de Dios. Podemos aprender, en otras palabras, que solamente es a través de la fe en el divino Jesús y en la Palabra del evangelio del agua y el Espíritu dada por Él por lo que podemos llegar a ser hijos de Dios y ser vestidos con el amor de Dios.


Por lo tanto ahora nos damos cuenta que el trono de Dios no puede ser tomado por nada ni por ningún medio en este mundo. La Verdad de la salvación constituida por el evangelio del agua y el Espíritu es la única ley legítima de la verdadera salvación, aplicable a todos, a ambos, Cristianos e incrédulos por igual. Esto se debe a que para liberar a todos estos pecadores de sus pecados e iniquidades, Jesucristo nuestro Dios aplicó por igual el mismo plan de salvación con el evangelio del agua y el Espíritu.


Nuestro Dios Jesucristo nos ha vestido con la gloria de llegar a ser hijos de Dios a todos nosotros los que creemos en el amor de Dios que se manifiesta en el evangelio del agua y el Espíritu. Esta Verdad de la salvación fue planeada en Jesucristo aún antes de la fundación del mundo, y también se determinó que solo aquellos que conocen y creen en la Verdad del evangelio del agua y el Espíritu serian vestidos con la gloria de Dios. Aunque Dios planeó nuestra salvación por Su cuenta con Su misericordia ilimitada, tenemos que darnos cuenta que solamente podemos apropiarnos del amor de Dios si primeramente creemos en el verdadero evangelio del agua y el Espíritu, la Verdad de esta salvación. Debido a que Dios Padre planeó y determinó vestirnos con la salvación de la remisión del pecado con la condición solamente de que creyéramos en Jesucristo como nuestro Salvador, todos nosotros debemos creer así.


Debemos darnos cuenta que si no creemos en la Verdad del evangelio del agua y el Espíritu, el plan de la salvación de Dios, entonces Dios no es responsable por todas las maldiciones que consecuentemente se están acumulando sobre nosotros. Debido a que Dios Padre decidió convertirnos en Sus hijos en Jesucristo, no podemos hallar ningún error en Su plan. Como tal, debemos darle gracias a Él aún más por el hecho de que todos podemos recibir, por fe, el amor de Dios que nos ha sido concedido a nosotros a través de Jesucristo, el verdadero Dios.


A menos que todos lleguemos a conocer y a creer en el más grande amor de Dios creyendo en la Palabra del evangelio del agua y el Espíritu que Dios nos ha dado a través de Jesucristo, permaneceremos por siempre incapaces de resolver el problema de nuestros pecados. A menos que absolutamente resolvamos este problema del pecado creyendo en el bautismo de Jesucristo y Su derramamiento de sangre, no seremos capaces de agradar a Dios. Como consecuencia, nuestros corazones solamente temblaran y se contristaran por un temor y un espanto aun mayor.


Por lo tanto, debemos creer en la verdad ya que nuestra verdadera salvación es hecha posible solamente por nuestra fe en el amor de Dios. Sin hacer eso, no podemos descubrir el camino para que nosotros seamos verdadera y completamente salvos de nuestros pecados. Todos debemos recordar que si quisiéramos tratar de ser salvos de nuestros pecados sin tener esta fe en el evangelio del agua y el Espíritu, lo cual es el amor de Jesucristo, tal intento solo volvería nuestros corazones en contra de Dios. Los Cristianos pecadores están cometiendo tales pecados sin pensar. Por lo tanto, debemos darnos cuenta y creer que solamente es por nuestra fe en el verdadero evangelio del agua y el Espíritu puesto por Dios por lo que es posible que nosotros recibamos el amor de Dios de una infinita misericordia.


Ustedes deben darse cuenta de cómo recibir el amor de Dios de misericordia infinita por su fe en el evangelio del agua y el Espíritu. Si ustedes no creen con su corazón en la Verdad del evangelio del agua y el Espíritu que Jesucristo nuestro Dios les ha dado, no podrán decir que realmente creen en el misericordioso amor y que están agradecidos por ello. Por lo tanto, si piensan que ustedes de alguna manera pueden recibir el amor de Dios a través de su propio esfuerzo, están gravemente equivocados. Todos nosotros debemos darnos cuenta profundamente que si no creemos en Jesucristo nuestro Dios juntamente con el evangelio del agua y el Espíritu, solamente terminaremos como hacedores de maldad que se oponen a la autoridad de Dios.


Como está escrito en la Biblia, “por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios” (Romanos 3:23), toda la humanidad ha pecado contra Dios, consecuente e inherentemente están todos destinados a ser destruidos. Pero debido a que fundamentalmente Dios sabía todo acerca de nosotros, Él nos ha guiado al camino de la remisión de nuestros pecados con el verdadero evangelio del agua y el Espíritu. Dios Padre, en otras palabras, decidió en Jesucristo antes de la creación del mundo salvarnos de los pecados del mismo. Es por ello que Dios envió a Jesucristo, Su Hijo y nuestro Salvador, a esta tierra, hizo que Él fuera bautizado por Juan el Bautista y de esta manera tomara los pecados de la humanidad, derramara Su sangre, se levantara de entre los muertos, dándonos consecuentemente la salvación que lava todos nuestros pecados de una vez por todas.


Y Dios Padre determinó que la verdadera salvación solamente sería permitida a aquellos que conocen y aceptan el verdadero evangelio del agua y el Espíritu. Como tal, solo aquellos que creen en esta verdad del nacimiento de Jesús, Su bautismo, Su muerte y Su resurrección verdaderamente pueden ser lavados de sus pecados, y también vivir sus vidas agradecidos ante Él por la fe. Dios Padre pasó todos nuestros pecados sobre el cuerpo de Jesús y los expió al dejar que Él se desangrara sobre la Cruz, pero por parte nuestra, debemos tener fe en esta Verdad para ser salvos de todos nuestros pecados creyendo en este bautismo de Jesús y en Su derramamiento de sangre. Esta es la esencia del amor ágape de Dios hacia nosotros.



Al Vestirnos en Su Amor Ágape, Dios Hizo Posible Que Nosotros Fuésemos Liberados de Todos Nuestros Pecados


¿Cómo nos ha convertido Dios en Sus hijos? Limpiando los pecados de todos y cada uno de nosotros que creemos en el evangelio del agua y el Espíritu, Dios nos ha otorgado el llegar a ser hijos de Dios solamente por fe.


Fundamentalmente Jesucristo es el Hijo de Dios y Dios Mismo. Este Jesús vino a este mundo para liberarnos de todos nuestros pecados, tomó los pecados del mundo de una vez por todas a través del bautismo que Él recibió de Juan, fue crucificado y murió sobre la Cruz, se levantó de entre los muertos, y por consiguiente nos salvó de todos nuestros pecados todo de una sola vez y nos convirtió en hijos de Dios, todo, de una sola vez. Aunque nuestro Señor tuvo que venir a esta tierra encarnado en semejanza de hombre, en Su sustancia real, fundamentalmente Él era y es el Creador del universo y el Mesías que ha salvado a la humanidad del pecado.


Por lo tanto, para que cualquiera sea salvo de sus pecados, debe conocer el bautismo y el derramamiento de Jesucristo como el amor verdadero de la salvación y la creamos como tal. Sin embargo a pesar de esto, mucha gente permanece en su estatus pecaminoso, rehusándose a reconocer, en su corazón, el amor de Dios que ha llegado en el evangelio del agua y el Espíritu, y así ellos continúan rechazando este amor de Dios en sus vidas. Como tal, debemos mostrar nuestra verdadera compasión por estas personas predicándoles el evangelio del agua y el Espíritu. Se debe a que existe tanta gente así por todo el mundo por lo que nosotros y el Apóstol Juan estamos sufriendo estos dolores de cabeza.


Mis queridos compañeros Cristianos, Jesucristo nuestro Dios, al darte el amor de la salvación que puede salvarte de todos tus pecados a través del amor del evangelio del agua y el Espíritu, ha dado el regalo de la salvación a ustedes para que cualquiera que crea en esta Verdad nazca de nuevo como Su propio hijo. Es solamente por nuestra fe en el divino Jesucristo como nuestro Salvador por lo que podemos llegar a ser hijos de Dios a través de Su amor. ¿Conoces el evangelio del agua y el Espíritu, lo tomas y crees que es la Verdad de la salvación? Todos nosotros necesitamos tener la clase de fe que sabe y cree apropiadamente la clase de amor que Dios Padre nos ha dado a través de Jesucristo.


El que hayamos llegado a ser los hijos sin pecado de Dios depende, en otras palabras, totalmente de nuestra fe en nuestro Dios Jesucristo. Nuestra remisión del pecado depende en el amor todo compasivo de la salvación de Dios que se encuentra en el evangelio del agua y el Espíritu, el cual ha sido completado por Jesucristo.



El Amor Ágape es el Más Real de Todas las Clases De Amor


¿Cuantas clases de amor existen

entre los seres espirituales?

Existen cuatro clases: ágape,

astordos, filial y eros.


Todo el amor en este mundo puede ser clasificado en cuatro clases. Son: amor ágape, amor astordos, amor filial y amor eros. La palabra Griega ‘astordos’ se refiere al amor entre los miembros de una familia como el amor de los padres hacia sus hijos, y ‘fileo’ se refiere al compañerismo entre amigos, mientras que ‘eros’ se refiere al amor entre un hombre y una mujer. Ágape, por otro lado, se refiere al amor incondicional de Dios por nosotros.


De estas cuatro clases de amor, es en amor ágape en donde el misericordioso y compasivo amor de Dios se encuentra, el cual es mucho más grande que cualquier amor carnal de este mundo. Es en este amor unilateral de Dios que incondicionalmente nos ha traído el regalo de la salvación a nosotros. A este amor incondicional le llamamos “amor ágape.” En contrasté, las otras tres clases de amor básicamente son condicionadas. En otras palabras, eros, fileo y astordos son las clases de amor que duran mientras que sus condiciones han sido satisfechas.


El amor ágape siempre existe entre Dios y nosotros. El amor de Dios se nos muestra a través del divino Jesucristo ya que es “el amor de la verdad” (2 Tesalonicenses 2:10). Debido a que nuestro Dios Jesucristo nos amó incondicionalmente, Él nos dio el evangelio del agua y el Espíritu, Él nos concedió a aquellos que creemos en este verdadero evangelio llegar a ser hijos de Dios lavando sus pecados de una vez por todas. Como tal, cuando se habla de creer en Jesucristo como nuestro Salvador y de seguirle a Él, es únicamente por fe por lo que podemos seguirle, no podemos seguirle a Él por ninguna otra razón o medio. No podemos agradecer a Dios lo suficiente por Su amor ilimitado a través de Jesucristo, quién es nuestro verdadero Salvador.


El amor ágape de Dios se manifiesta totalmente en el evangelio del agua y el Espíritu que Jesucristo nos ha dado. Por lo tanto, en todo este amor de la salvación, ahí esta la Verdad del agua y el Espíritu que vino de Dios. Se debe a Jesucristo nuestro Dios por lo que hemos podido ser salvos de todos nuestros pecados de una vez por todas y llegar a ser los propios hijos de Dios creyendo en el evangelio del agua y el Espíritu. Como tal, debemos darnos cuenta y creer con el corazón que es por el amor unilateral de Dios por lo que hemos llegado a ser justos, y que este amor es el amor ágape de Dios hacia nosotros. Todos nosotros debemos creer que es a través de Jesucristo nuestro Dios, y por la manifestación de Su amor, el evangelio del agua y el Espíritu, por lo que hemos llegado a ser los hijos propios de Dios.


Sin embargo, si no tienes fe en el evangelio del agua y el Espíritu a través de Jesucristo nuestro Dios, entonces tu alma estará tan vacía y carente como un desierto. Si su alma no se ha dado cuenta del amor infinito de Dios por nosotros a través de Jesucristo, y en la profundidad de este amor de Dios a través del evangelio del agua y el Espíritu, entonces aquí debes darte cuenta que ciertamente tienes pecado en el corazón, y que aún no estas en Cristo (Romanos 8:1). Si es así, lo más urgente que debes de hacer es darte la vuelta y creer en este evangelio del agua y el Espíritu.



Necesitamos Saber Cuando Él Sea Revelado, Seremos Como Él


¿Qué pasará a aquellos que

creen en el evangelio del agua

y el Espíritu?

Serán como Jesús, y disfrutaran

todo el esplendor del Cielo

con Jesucristo.


¿Qué nos dice Dios en 1 Juan 3? Está escrito, “Amados, ahora somos hijos de Dios, y aún no se ha manifestado lo que hemos de ser; pero sabemos que cuando él se manifieste, seremos semejantes a él, porque le veremos tal como él es.” (1 Juan 3:2).


El Apóstol Juan nos está diciendo aquí acerca del futuro de los santos de la actualidad. Él nos está diciendo que cuando nuestro Dios Jesucristo venga a nosotros y el Reino del Señor sea establecido en el fin del mundo, nosotros, también, seremos como Él. Esto se debe a que también le veremos como Él es. En otras palabras, este pasaje nos habla acerca de las bendiciones que nos esperan, que seremos transformados en cuerpos gloriosos como el de Jesucristo y disfrutaremos todo Su esplendor y gloria.


Jesucristo nos ha salvado a ti y a mí de nuestros pecados y nos a hecho a todos que prediquemos el evangelio del agua y el Espíritu, la Verdad real de la salvación, a este mundo. Y Jesucristo nuestro Dios nos prometió que Él regresaría nuevamente a este mundo, y que Él recompensará al trigo y castigará la cizaña (Mateo 13:30). En ese tiempo, cuando la segunda venida de Jesucristo llegue, Él nos concederá, a quienes hemos sido liberados de todos nuestros pecados al creer en el evangelio del agua y el Espíritu, disfrutar el esplendor y la gloria juntamente con Él. Dios nos guiará al Cielo y nos permitirá vivir por siempre con Él.


1 Juan 3:3 dice, “Y todo aquel que tiene esta esperanza en él, se purifica a sí mismo, así como él es puro.” Si realmente hemos nacido de nuevo creyendo en Jesucristo como nuestro Salvador, entonces para que lleguemos a estar mas cerca de Él, necesitamos corregir nuestras malas acciones colocando nuestra fe en la Palabra del evangelio del agua y el Espíritu. Esto no significa que llegamos a ser pecadores de nuevo si no corregimos nuestras malas obras. Sin embargo, aún tendremos que guardar nuestro corazón siempre limpio creyendo en el evangelio del agua y el Espíritu que nos ha liberado de los pecados del mundo.


La razón para esto es que somos de los que tienen la esperanza de vivir por siempre con Jesucristo nuestro Dios. Poniendo nuestra fe en el evangelio del agua y el Espíritu, ahora tú y yo debemos creer en este Dios verdadero Jesucristo quién nos ha limpiado de los pecados del mundo, mantiene nuestras almas siempre limpias, y también servimos a este evangelio dado por Dios por la fe. Todos nosotros no solamente sabemos sino que creemos con nuestro corazón que nuestro Señor, Dios Mismo, vino a esta tierra para borrar nuestros pecados, cargó los pecados del mundo al ser bautizado y al morir sobre la Cruz, sé levantó de entre los muertos, y por consiguiente nos salvó, a quienes creemos en el evangelio del agua y el Espíritu, de todos nuestros pecados.


Como tal, debemos darnos cuenta que por nuestra fe en el evangelio del agua y el Espíritu, siempre podemos limpiar nuestro corazón.



El Amor de Dios es Diferente del Amor Entre un Hombre y una Mujer


¿Es el amor de este mundo, como el que

hay entre un hombre y una mujer, básicamente

diferente del amor de Dios?

Sí, mientras que el amor de Dios nunca cambia,

el amor humano siempre cambia.


Eros se refiere al amor entre un hombre y una mujer. Este amor entre sexos opuestos es producto del amor del deseo de la carne. Todos los hombres y todas las mujeres desean amor carnal los unos de los otros para satisfacer la lujuria de su carne, y por lo tanto, básicamente es un amor egoísta.


Tenemos que darnos cuenta que en nuestro amor humano, ni existe el sacrificio incondicional, ni el entendimiento incondicional, ni la paciencia, ni la pureza. Así, este amor entre los sexos opuestos nunca podrá durar para siempre. Podría parecer que esta clase de amor durará para siempre mientras que mantengamos pasión por nuestros amantes. Pero no es más que un espejismo de aquellos que desean aferrarse a tal creencia. En el amor humano, nunca podrá haber amor ágape, el amor de Dios. El amor eros es un amor bastante inferior que ni siquiera pude compararse con el amor ágape de Dios.


Aún el amor astorgos entre padres e hijos no se acerca ni tantito al amor de Dios. El amor fileos y el compañerismo entre amigos también es contencioso en cuanto al cuidado y el entendimiento de unos con otros; es un amor que termina tan pronto como este entendimiento se vuelve ligeramente incompatible.


De esta manera, el amor entre un ser humano y otro es un amor vano que termina en el momento en que uno da la espalda. En contraste, en el amor ágape que Dios nos ha mostrado a través de Jesucristo, no puede existir ninguna condición. Pero el amor entre un ser humano y otro, como el que hay entre amigos, entre miembros de una familia, y entre un hombre y una mujer, no puede haber nada que no sea limitado y condicional.


Sin embargo, la misericordia del amor de Dios se revela a través del divino Jesucristo el cual no condiciona.


No podemos medir el amor de Dios ya que es infinito. Este amor de Dios, el cual se manifiesta a través del verdadero Dios Jesucristo, es unilateral, incondicional y es el amor ilimitado de la salvación cuyo tamaño y profundidad no pueden ser medidos (Efesios 3:18-19). No podemos tener la expectativa de tener este amor ilimitado de Dios. Pero Dios ya había preparado este amor ágape en Jesucristo a través del evangelio del agua y el Espíritu aún antes de la fundación del mundo. El amor infinito de Dios ya estaba listo aún cuando no conocíamos a Jesucristo, el Dios verdadero, y ya había sido perfeccionado a través de Él. Este amor no es la clase de amor que se profesa solamente con palabras, sino que es el perfecto amor de Dios que ha sido mostrado directamente a nosotros, que a nuestras almas se les ha concedido sentir, y que nos ha convertido en los propios hijos de Dios al salvarnos perfectamente de nuestros pecados.



¿Quiénes son las Personas Que Cometen Ilegalidades Ante Dios?


¿Quiénes son las personas

que cometen ilegalidades

ante Dios?

Son aquellos, que aunque profesan creer en

Jesús como su Salvador, no creen

en el evangelio del agua y el Espíritu

sino que se oponen a el.


1 Juan 3:4 dice: “Todo aquel que comete pecado, infringe también la ley; pues el pecado es infracción de la ley.” ¿Así que quién es esa gente que comete ilegalidad ante Dios? Los Cristianos pecadores son aquellos que no creen que Jesucristo es el Hijo de Dios y nuestro Dios, y que Él nos ha salvado de todos nuestros pecados con el evangelio del agua y el Espíritu. Como resultado, tienen pecado intacto en su corazón. Esos son los pecadores que cometen ilegalidades ante Dios.


Aquí, el Apóstol Juan no está hablando acerca de las iniquidades que cometemos en nuestra carne. Más bien, está hablando acerca del pecado de la incredulidad de aquellos que no creen en Jesucristo como su Salvador. Por ilegalidad, Juan está identificando el pecado de aquellos que no creen que Jesús es el Dios que, viniendo por el agua, la sangre y el Espíritu, ha borrado todos nuestros pecados, los remitió totalmente, nos salvó de todos los pecados del mundo, nos justificó y nos dio vida eterna. Aquellos que no creen en el amor de Dios que nos ha sido revelado a través de Jesucristo el verdadero Dios que vino por el evangelio del agua y el Espíritu son aquellos que cometen tal ilegalidad ante Dios.


En Mateo 7:22, cuando los mentirosos dicen, “Muchos me dirán en aquel día: Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros?” ¿Qué dijo Jesús a ellos? Él dijo que les declararía, “Y entonces les declararé: Nunca os conocí; apartaos de mí, hacedores de maldad.”


En otras palabras, Jesucristo nuestro Dios les dijo, “¿Acaso no te salve Yo a través del agua, la sangre y el Espíritu, así es como Yo decidí salvarte de tus pecados? ¿Y acaso no Yo, tú Dios y Salvador, tomé tus pecados del mundo al ser bautizado por Juan el Bautista, morí sobre la Cruz, y me levanté de entre los muertos? Por lo tanto, ¿acaso no te salvé, te di vida eterna y traje a tu vida la remisión? Sin embargo no creíste en Mí amor, sino que ahora solo se jactan ustedes mismos diciendo que han profetizado en Mi nombre, así que apartaos de Mí, ¡hacedores de maldad!”


Existe una cosa que todos nosotros debemos tener en cuenta antes de continuar. Es, que si sabemos que Jesucristo nuestro Dios nos ha liberado de nuestros pecados al venir por el agua, la sangre y el Espíritu (1 Juan 5:6-8), y a pesar de todo esto no creemos esta Verdad y continuamos viviendo como pecadores, entonces nosotros mismos estamos buscando el castigo de Dios. Conociendo y creyendo en Jesucristo como nuestro Salvador y Dios, hemos recibido en nuestro corazón la remisión de nuestros pecados.


Definitivamente es imperativo que todos crean esta Verdad. En otras palabras, si existe alguien que no cree que Jesús es el Creador que hizo todo el universo, y que fundamentalmente es Dios Mismo, primero debe volverse de su camino y debe tener fe en Él. ¿Realmente es Él Dios Mismo, y es Él el Dios que creó todo el universo?


Ciertamente Jesucristo creó este mundo con la Palabra que Él habló. Cuando miramos Génesis 1:1-5, leemos que el Padre, la Palabra, la cual es Jesucristo y el Espíritu Santo estaban todos presentes cuando Dios creó este universo e hizo la luz. Y entonces crearon al hombre, también se reunieron y se consultaron uno al otro. Génesis 1:26 dice, “Entonces dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza; y señoree en los peces del mar, en las aves de los cielos, en las bestias, en toda la tierra, y en todo animal que se arrastra sobre la tierra.”


Cuando Jesús creó el universo y todo en el, Él lo creó con Su Palabra. Cuando Él dijo, “Hágase la luz,” hubo luz, y cuando Él dijo, “Qué haya árboles,” los árboles llegaron a existir. Así, cuando Él creó todas cosas con Su Palabra, el Espíritu Santo también estaba ahí. Por lo tanto, Dios Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, estos tres son el mismo Dios, el Creador de todos nosotros.


Es por ello que solamente cuando comenzamos nuestras vidas de fe creyendo primeramente que Jesús es el Hijo de Dios y es Dios Mismo podremos alcanzar el lavado de nuestros pecados creyendo en el evangelio del agua y el Espíritu. Al creer de esta forma, podremos tener una fe firme en el verdadero evangelio del agua y el Espíritu, ya que este es el evangelio que el Dios verdadero Jesús ha completado y el cual está escrito detalladamente en la Biblia.


Podemos creer en Él ya que la Biblia declara, “Porque primeramente os he enseñado lo que asimismo recibí: Que Cristo murió por nuestros pecados, conforme a las Escrituras; y que fue sepultado, y que resucitó al tercer día, conforme a las Escrituras” (1 Corintios 15:3-4). Cuando el Apóstol Pablo escribió este pasaje, aquí ‘las Escrituras’ se refieren al Antiguo Testamento. Por lo tanto, esto significa que Jesucristo ha expiado todos nuestros pecados a través de Su bautismo y derramamiento de sangre, igual que la ofrenda por el pecado del Día de la Expiación tenía que recibir la imposición de las manos y debía matarse para extraer su sangre. Es por ello que Jesús el verdadero Dios tuvo que recibir el bautismo de Juan el Bautista, el representante de toda la humanidad diciendo, “Deja ahora, porque así conviene que cumplamos toda justicia. Entonces le dejó” (Mateo 3:15).


Es a partir de esta creencia, Jesús es el Hijo de Dios, nuestro Dios y nuestro Salvador, con la verdadera fe comienza, y creyendo en el evangelio del agua y el Espíritu, nuestra salvación es totalmente perfeccionada.



Él, Quién es Dios, Vino para Borrar Nuestros Pecados


¿Acaso Jesús tenía pecado

en Su cuerpo o en Su corazón?

Él no tenía ningún pecado. Fundamentalmente

Él Es Dios Mismo y nuestro perfecto

Salvador quién jamás ha pecado.


Vayamos a 1 Juan 3:5: “Y sabéis que él apareció para quitar nuestros pecados, y no hay pecado en él.” Fundamentalmente Jesucristo no tiene pecado. Él solamente tomó por un momento nuestros pecados sobre ‘Su cuerpo’ al ser bautizado por Juan para cargarlos hasta la Cruz. Algunos podrían preguntarse si Jesús se convirtió en un pecador ya que tomó los pecados del mundo a través de Juan el Bautista. Pero fue Su cuerpo el que llevó los pecados del mundo, no Su alma. Así que la Biblia dice, “Al que no conoció (Jesús), por nosotros lo hizo pecado (Dios Padre), para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él” (2 Corintios 5:21).


Fundamentalmente Jesucristo es Dios, y por consiguiente, en Él, “no hay mudanza, ni sombra de variación” (Santiago 1:17). Es por esta fe, creyendo que Jesucristo es el Hijo de Dios, por lo que todos nosotros podemos ser salvados de todos nuestros pecados. Sobre esta fe básica, podemos edificar y construir nuestra fe firme sobre Su acto de justicia de la salvación.


Esta fe conlleva la creencia de que cuando todos nosotros caímos en pecado, Dios Mismo, quién nos hizo, nació en esta tierra encarnado en semejanza de hombre a través del cuerpo de la Virgen María, todo para quitar los pecados de Su pueblo. Al igual que Dios le había prometido a Moisés con el sistema de sacrificios, Jesucristo tomó nuestros pecados sobre Su propio cuerpo al ser bautizado por Juan el Bautista, murió sobre la Cruz, se levantó de entre los muertos, y de esta manera nos salvó de todos nuestros pecados. Todos aquellos que tienen fe en esta Verdad son salvos. Dios planeó todas cosas, y Aquellos que completaron este plan por nosotros son Dios Padre y Su Hijo Unigénito Jesucristo.


Y el Espíritu Santo nos garantiza lo que el Señor ha hecho por nosotros –estos es, Él nos amó tanto que para borrar nuestros pecados, Él vino a esta tierra encarnado en semejanza de hombre, recibió el bautismo para llevar todos los pecados del mundo, murió sobre la Cruz, sé levantó de entre los muertos y así nos ha salvado- es correcto. El Espíritu Santo da testimonio que para que nosotros creamos en Jesucristo como nuestro Salvador y Dios Mismo es esencialmente lo mismo que creer en el evangelio del agua y el Espíritu.


El Espíritu Santo es el Espíritu de la Verdad (Juan 14:17), Él nos da testimonio de la Verdad del evangelio en detalle. La Verdad es que Jesús vino a salvarnos de los pecados del mundo, cuando Él cumplió 30, Él aceptó todos los pecados de la humanidad al ser bautizado por Juan el Bautista. Creer en esta Verdad es creer que Jesucristo es el Hijo de Dios, el Dios de la creación quién nos hizo, y que es nuestro Salvador.


Nuestro Señor llegó a ser nuestra propia ofrenda sin mancha del sacrificio debido a que Él es Dios en quién “no hay mudanza, ni sombra de variación” (Santiago 1:17). Y solamente esta ofrenda sin mancha podía ser bautizada y por consiguiente aceptar nuestros pecados.


Por parte nuestra, ya que creemos que Jesús es Dios, y que todos nuestros pecados fueron pasados sobre Jesucristo cuando Dios Mismo vino a esta tierra y fue bautizado, la salvación que Dios tiene preparada para nosotros se aplica solamente por fe. El que Jesucristo haya cargado los pecados del mundo hasta la Cruz, fuese crucificado, derramara Su sangre, y muriera sobre ella solamente es aplicable a los creyentes. Se debe a que este Jesús, nuestro Dios y Salvador, nos ha salvado de nuestros pecados a través de Su bautismo y sangre. Es a través de nuestra fe en la Verdad del evangelio del agua y el Espíritu por lo que podemos pasar nuestros pecados sobre Jesucristo, y también podemos ser resucitados juntamente con Jesucristo y vivir por siempre.


Para que nosotros creamos en el evangelio del agua y el Espíritu, es imperativo tener la creencia de que Jesús, como Dios Mismo e Hijo de Dios, ha lavado nuestros pecados. Ya que Jesucristo es el Hijo de Dios, ciertamente Él es Dios Mismo, y también Él es el Salvador que nos ha liberado de todos nuestros pecados.


Si Dios ha planeado y logrado algo, ¿es perfecto o no? Debe ser perfecto, escrito está, “Dios no es hombre, para que mienta, Ni hijo de hombre para que se arrepienta. El dijo, ¿y no hará? Habló, ¿y no lo ejecutará?” (Números 23:19). Es por ello que el evangelio del agua y el Espíritu es la Verdad real para nosotros, y nada menos que nuestra fe en este evangelio es el camino para nosotros de llegar a ser los verdaderos hijos de Dios, y para que los creyentes reciban la verdadera remisión del pecado.


Entonces, ¿Cómo podemos cometer el pecado que nos guía a la muerte? (1 Juan 5:16). Finalmente, debemos tener la fe que no comete ilegalidad ante Dios.



¿Qué Significa 1 Juan 3:6?


¿Qué significa

cuando dice que él que habita

en Él no peca?

Significa que cualquiera que habita en Él no

comete el pecado de no creer en el

evangelio del agua y el Espíritu.


1 Juan 3:6 dice, “Todo aquel que permanece en él, no peca; todo aquel que peca, no le ha visto, ni le ha conocido.”


Debido a que este pasaje dice “no peca,” alguna gente ha malinterpretado su significado y se pregunta, “¿Acaso no pecaban el Apóstol Juan y los santos de su tiempo?” Es muy probable que seamos guiados a pensar de esta manera, si leemos este pasaje con nuestros ojos carnales. Pero cualquiera que cree en el evangelio del agua y el Espíritu no pensará así.


Debido a que todos tienen carne, no existe nadie que no cometa malas acciones carnales ante Dios. Como está escrito en Eclesiastés 7:20, “Ciertamente no hay hombre justo en la tierra, que haga el bien y nunca peque.”


Por lo tanto, el pasaje de 1 Juan 3:6, que dice, “Todo aquel que permanece en él, no peca,” no se refiere a cometer pecados carnales. Entonces, ¿Qué clase de pecado no cometen aquellos que habitan en Jesús? Este es el pecado de no creer en la Verdad de que Jesús es el Hijo de Dios, y que Él nos ha salvado de todos nuestros pecados a través del evangelio del agua y el Espíritu.


El pecado cometido por aquellos que no creen en esta Verdad que dice que Jesucristo nació sobre esta tierra, tomó todos los pecados de la humanidad al ser bautizado por Juan el Bautista, cargó los pecados del mundo hasta la Cruz, derramó Su sangre muriendo sobre ella, sé levantó de entre los muertos, y ha llegado a ser el perfecto Salvador para todos nosotros, ese es el pecado que es cometido por los enemigos de Dios.


Es gracias a nuestra fe en el evangelio del agua y el Espíritu por lo que tú y yo hemos sido capaces de habitar en Jesucristo. Así que cuando la gente dice, “Jesús no es el Hijo de Dios, ni es Dios Mismo,” o “Él falló en salvarnos de todos nuestros pecados al venir por el agua, la sangre y el Espíritu,” todas sus palabras son mentiras carentes de significado. Para aquellos de nosotros que creemos en el evangelio del agua y el Espíritu, ya que Jesús ha lavado todos nuestros pecados al ser bautizado y al derramar Su sangre sobre la Cruz, es la Verdad innegable.


Todos nosotros los que creemos en esta Verdad podemos cometer otros pecados en nuestra carne, pero no cometemos este pecado de negar la Verdad. Podremos cometer pecados tales como pelear entre nosotros, pero no podemos cometer el pecado de no creer en la Verdad de que Jesús es el verdadero Dios de la creación, y que Él nos ha liberado de todos nuestros pecados al venir por el agua, la sangre y el Espíritu.


Nosotros, los nacidos de nuevo, creemos todos que Jesucristo nuestro Dios tomó todos nuestros pecados con Su bautismo, fue condenado sobre la Cruz en nuestro lugar, sé levantó de entre los muertos, y por consiguiente nos salvó de una vez por todas de todos nuestros pecados. Todos nosotros creemos que Jesucristo es Dios Mismo. Y también creemos que el evangelio del agua y el Espíritu es la Verdad que ha salvado a los pecadores.


Entonces, ¿como podemos negar que Jesucristo es Dios? Somos de aquellos que no podemos expresar tales palabras de incredulidad tales como, “Jesucristo no es mi Salvador. Él no es el Hijo de Dios. Él no es el Creador. No es por haber venido a esta tierra, por ser bautizado, por morir sobre la Cruz, ni levantarse de entre los muertos por lo que Jesús me ha salvado de los pecados del mundo.”



Los Creyentes del Evangelio del Agua y el Espíritu Deben Cuidarse de Todos los Mentirosos


¿De que deben cuidarse

los creyentes del evangelio del

agua y el Espíritu?

Deben cuidarse de la fe falsa de los Cristianos

que no creen en el evangelio del agua

y el Espíritu y tratar de seguir

al Señor con sus propios

esfuerzos y devoción.


Vayamos a 1 Juan 3:7-8. “Hijitos, nadie os engañe; el que hace justicia es justo, como él es justo. El que practica el pecado es del diablo; porque el diablo peca desde el principio. Para esto apareció el Hijo de Dios, para deshacer las obras del diablo.”


Ahora como ayer en la Era Apostólica, existen muchos falsos creyentes que tratan de engañar a aquellos que creen en la verdadera salvación. En la Iglesia de los Gálatas, en una ocasión hubo gran disturbio en la fe de la congregación, y Pablo indicaba que esto se debía a los falsos hermanos que habían sido traídos secretamente a la Iglesia. Llegaron encubiertos a espiar la libertad que los santos tenían en Jesucristo, para traerlos a esclavitud (Gálatas 2:4). Aún cuando el Apóstol estaba ministrando, existía gente así.


Así que debemos de darnos cuenta que aún ahora, aún dentro de la Iglesia de Dios, existe gente que está tratando de engañar a aquellos cuya fe aún es joven. ¿Piensas que no existe nadie en la Iglesia de Dios que no cree en el evangelio del agua y el Espíritu? Tal gente que no cree en el verdadero evangelio tiene la tendencia de ser más bien generoso con sus palabras de consuelo carnal, diciéndoles a nuestros santos cuanta simpatía tienen hacia ellos por servirle al Señor. Pueden decir para engañar a los santos, “Debe ser realmente difícil para ti, ¿o no? No hay necesidad de vivir así. Tómalo con calma, relájate un poco. ¿Porque te castigas a ti mismo tan duro cuando ya has sido liberado de todos tus pecados?” con palabras como estas, engañan, poco a poco, a los corazones que tienen la verdadera fe.


¿Piensa que está mal que un santo nacido de nuevo viva una vida de justicia? ¿Es una vida mal llevada para los justos si habitan en el Señor y le sirven a este evangelio con toda su devoción? ¡Nunca! Lejos de eso, solamente es lo correcto el que vivas para la justicia de Dios. Para los creyentes del evangelio del agua y el Espíritu, el llevar esta vida, en la que rechazan sus deseos mundanos por el Señor, y en donde se unen con esta Verdad, es lo que los hace felices. Aquellos que verdaderamente creen en el evangelio del agua y el Espíritu encuentran gozo y dignidad el vivir para el evangelio del agua y el Espíritu, aunque puedan cansarse y desgastarse en su carne. Este verdadero evangelio que Jesucristo nuestro Dios nos ha dado trae fuerzas maravillosas y renovadas a cada uno de nosotros en todo momento.


Tales hacedores de maldad que no creen en Jesucristo como el Dios verdadero y el Salvador, y que solo hacen que les sirvamos a su carnalidad, claramente están cometiendo el pecado de decepción que nubla los ojos espirituales de los creyentes del evangelio del agua y el Espíritu, a través de su comunión carnal con los santos verdaderos. Necesitamos darnos cuenta que para esparcir este verdadero evangelio a través de todo el mundo con mayor vigor, el camino es rechazar tal compañerismo carnal.


Existe otro caso que diluye nuestra fe en el evangelio del agua y el Espíritu, y esta decepción es más peligrosa. Algunos falsos creyentes engañan a los justos diciendo, “Todos los pecados pueden ser borrados creyendo solamente en la sangre de Jesús sobre la Cruz.” De hecho, la mayoría absoluta de los Cristianos creen así, pero es una mentira total.


La única Verdad de la salvación es que para borrar nuestros pecados de una vez por todas, Jesucristo nuestro Dios fue bautizado por Juan el Bautista, cargó los pecados de este mundo, todo de una sola vez con este bautismo, derramó Su sangre y murió sobre la Cruz, se levantó de entre los muertos, y por consiguiente nos ha convertido, a los que creemos en el evangelio del agua y el Espíritu, en los hijos propios de Dios de una vez por todas.


Sin embargo los engañadores le dicen a los justos que pueden ser lavados de todos sus pecados tan solo creyendo en la sangre de Cristo sobre la Cruz. Pero esto simplemente no es verdad. La fe correcta es la de creer en el bautismo que Jesús recibió de Juan, y en la sangre que Él derramó sobre la Cruz, como nuestra salvación.


¿Acaso alguien en este mundo realmente ha visto desaparecer sus pecados solo creyendo en la sangre de la Cruz? ¡Nunca! Jesucristo nuestro Dios nos dice en 1 Juan 5:4-7 que Él ha borrado todos nuestros pecados de una vez por todas al venir a esta tierra por el agua, la sangre y el Espíritu. El evangelio del agua y el Espíritu no está constituido solamente por la sangre de la Cruz, sino que es el evangelio que fue completado, a través de Jesucristo nuestro Dios, con el bautismo que Él recibió de Juan y en la sangre que Él derramó sobre la Cruz.


Todos nosotros creemos que el evangelio del agua y el Espíritu cumplido a través del verdadero Dios Jesucristo es el único evangelio santo y verdadero. Sin embargo, tales creyentes falsos son los malvados pecadores que creen en la mitad de la Verdad, que el verdadero Dios Jesucristo vino a esta tierra y tomó los pecados de la humanidad al ser bautizado por Juan, fue a la Cruz y llevó toda la condenación del pecado derramando Su sangre. Su fe está colocada en doctrinas mentirosas y sin bases, hechas por hombres de sus propias denominaciones. Y como resultado, no pueden lavar los pecados de sus corazones o de sus conciencias sin importar cuan duro traten de limpiarlos a través de sus oraciones de arrepentimiento. Por lo tanto, no pueden evitar engañar sus conciencias en todo momento.


Sin embargo continúan engañando a todos, diciéndoles, “No hay necesidad de insistir solamente en el evangelio del agua y el Espíritu, vean el pasaje de Romanos 10:13. Escrito está, “porque todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo.” Tómalo con calma hombre. Solo cree en la sangre del Señor. ¡Es más que suficiente!” Tales palabras solo son para engañar a los santos. Estas palabras son palabras engañosas que temporalmente pueden nublar la fe absoluta de aquellos que creen en el divino Jesús como su Salvador, así como en el evangelio verdadero del agua y el Espíritu. Debemos darnos cuenta que la proclamación de Pablo en el pasaje anterior de Romanos 10:13 puede ser efectivo para los creyentes cuando fue profesado sobre su fe en el verdadero evangelio. En otras palabras, fue sobre la verdadera fe en el verdadero evangelio del agua y el Espíritu por lo que Pablo predicó, “porque todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo.”


Debido a que todos creemos en Jesucristo nuestro Dios y en el evangelio del agua y el Espíritu que Él nos ha dado, seguimos a nuestro Señor cada día por fe. Esta clase de fe nos da fuerza y esperanza, y nos concede el seguir la Verdad de la salvación. Nuestra carne simplemente es incapaz de dejar de pecar. Pero debido a que queremos seguir a Jesucristo nuestro Salvador por fe, debemos negar y abandonar nuestros pensamientos carnales y seguirlo a Él por nuestra fe en el verdadero evangelio del agua y el Espíritu. Nuestras debilidades de la carne pueden detenernos, pero cada día debemos negar nuestros propios pensamientos y vivir creyendo en este verdadero evangelio.


Ahora, tenemos que vivir como nuevas criaturas creyendo que todos nosotros hemos muerto con Cristo y fuimos resucitados con Cristo dentro de este evangelio verdadero. Debido a que nuestra vieja naturaleza fue bautizada con Cristo, y debido a que Él derramó Su sangre nosotros también morimos con Él por fe, ahora el maravilloso pasaje de Gálatas 2:20 se cumple en nosotros: “Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí.” Todas estas cosas solamente pueden ser posibles cuando tenemos fe en el bautismo y en el derramamiento de sangre de Jesús, ya que si no hubiésemos sido bautizados en Cristo, entonces no podríamos ser revestidos de Cristo (Gálatas 3:27).


A pesar de esto, existe mucha gente que no puede entender el verdadero evangelio del agua y el Espíritu en sus pensamientos carnales, y por lo tanto no puede creer en el, y tal gente está tratando de engañar a los justos, que “nadie os engañe” (1 Juan 3:7). Y nuestro Señor continuó, “Hijitos, nadie os engañe; el que hace justicia es justo, como él es justo. El que practica el pecado es del diablo; porque el diablo peca desde el principio. Para esto apareció el Hijo de Dios, para deshacer las obras del diablo” (1 Juan 3:7-8).


Nosotros somos la gente que hemos sido salvados de todos nuestros pecados creyendo que Jesucristo es Dios y es el Hijo de Dios, y que Él nos ha liberado de los pecados del mundo al venir a nosotros por el agua, la sangre y el Espíritu. Esta fe es la fe correcta (1 Juan 5:3-9). Hemos llegado a ser, en otras palabras, de los que sirven al evangelio del agua y el Espíritu, predicamos este evangelio, y voluntariamente vivimos nuestras vidas para este evangelio como sus siervos.


Cuando Jesús fue bautizado por Juan, Él dijo, “Deja ahora, porque así conviene que cumplamos toda justicia. Entonces le dejó” (Mateo 3:15). Es por ello que creemos que Jesucristo, a través de Su bautismo que Él recibió de Juan el Bautista, derramamiento de sangre y muerte sobre la Cruz, y Su resurrección, ha completado de una sola vez toda la justicia de Dios por nosotros. Fue la única forma más apropiada para cumplir la justicia de Dios por lo que Jesús tuvo que ser bautizado por Juan el Bautista en el Río Jordán (Mateo 3:15). Desde luego, debemos darnos cuenta que Su bautismo es el elemento indispensable de su salvación, juntamente con Su derramamiento de sangre.


Continue reading this ebook at Smashwords.
Purchase this book or download sample versions for your ebook reader.
(Pages 1-28 show above.)