La doctrina de las oraciones de penitencia está matando su espíritu
Del mismo modo en que mucha gente muere sin saber qué virus les han infectado, los cristianos del mundo entero están muriendo infectados con la doctrina de las oraciones de penitencia. ¿Quién hubiera dicho que la doctrina de las oraciones de penitencia es tan peligrosa y errónea? ¿Saben quién hizo que los cristianos cayeran en el abismo de la confusión espiritual? Los cristianos pecadores que rezan como penitencia diariamente para limpiar sus pecados personales al tiempo que afirman creer en Jesucristo como su Salvador. Por tanto deben recibir la remisión de los pecados al creer en la Palabra del Evangelio del agua y el Espíritu que Dios nos dio. No deben dejar escapar la oportunidad de nacer de nuevo. Todos debemos librarnos de la confusión espiritual creyendo en la Verdad del Evangelio del agua y el Espíritu. Debemos mirar hacia la luz de la Verdad, que llegó a través del Evangelio del agua y el Espíritu, al final del túnel de la confusión espiritual. Si han seguido la doctrina de las oraciones de penitencia hasta ahora, deben dejarla atrás mediante este libro, creer en el Evangelio del agua y el Espíritu y volver al Señor. El Señor ha preparado el pan de la nueva vida y ahora les está esperando.

De la circuncisión física a la doctrina del arrepentimiento (II)
Smashwords Edition
Derechos de Autor 2006, por Casa The New Life Mission
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Las citas bíblicas se han extraído de la Biblia Nácar-Colunga
Índice
Somos los que no degustarán la muerte y disfrutarán de la vida eterna (Gálatas 4, 1-11)
¿Tenemos ustedes y yo la misma fe que Abraham? (Gálatas 4, 12-31)
No vuelvan a los rudimentos débiles y miserables del mundo (Gálatas 4, 1-11)
Somos herederos de Dios (Gálatas 4, 1-11)
Vivan en Cristo confiando en el Evangelio del agua y el Espíritu (Gálatas 5, 1-16)
Los efectos de la fe que obra por el amor (Gálatas 5, 1-6)
Vivan según los deseos del Espíritu Santo (Gálatas 5, 7-26)
Los deseos del Espíritu Santo y los deseos de la carne (Gálatas 5, 13-26)
Anden en los deseos del Espíritu (Gálatas 5, 16-26)
El fruto del Espíritu Santo (Gálatas 5, 15-26)
No vivan para vanagloriarse y busquen la gloria del Reino de Dios (Gálatas 5, 16-26)
Participad en todas las buenas obras de Dios (Gálatas 6, 1-10)
Sirvamos a Dios y ayudemos a los demás con su carga (Gálatas 6, 1-10)
Prediquemos el Evangelio del agua y el Espíritu conociéndolo bien (Gálatas 6, 17-18)
Prólogo
El Apóstol Pablo, junto con Timoteo, predicó el Evangelio del agua y el Espíritu a los gálatas y visitó las iglesias de Galacia las 3 veces que realizó viajes como misionero (Hechos de los Apóstoles 16, 6). Pero con el tiempo los gálatas intentaron convertirse en el pueblo de Dios mezclando la salvación de la remisión de los pecados con sus buenas obras. Así que el Apóstol Pablo escribió esta carta para defender la fe de los santos. Puso de relieve en su epístola que la fe que proclamaba la necesidad de la circuncisión de la carne era una fe estúpida. Así que «La epístola del Apóstol Pablo a los gálatas» es una apología que protege y defiende a los cristianos de los que hacen peligrar de fe de los que creen en el Evangelio del agua y el Espíritu.
Los maestros judíos de las iglesias de Galacia defendían sus falsas doctrinas y afirmaban que todos los conversos debían circuncidarse en la carne y cumplir la Ley. Por tanto, para impedir que esta doctrina, que había sido la fuente de la discordia en la Iglesia de Dios, se extendiera más lejos, Pablo intentó reconstruir la fe en el Evangelio del agua y el Espíritu en los corazones de los santos. Pablo escribió esta epístola para quitar la fe carnal a estos defensores de la circuncisión que estaban en las iglesias de Galacia, y para restablecer la verdadera fe de los santos.
Por tanto el Libro de Gálatas es un instrumento de la Verdad que defiende a numerosos cristianos de los varios tipos de legalistas que amenazan el Evangelio del agua y el Espíritu constantemente.
La seguridad que proviene de los pensamientos propios se viene abajo
Lo que debemos entender es que el pensamiento humano está lleno de errores. Cuando la gente hace un examen para el permiso de conducir, por ejemplo, eligen la respuesta que creen correcta entre muchas respuestas posibles. Cuando el que se examina marca una respuesta, lo hace porque cree que esa es la respuesta correcta. Asimismo los que han hecho ese examen están seguros de sí mismos, cada uno de ellos está seguro de que aunque otros suspendan el examen, ellos lo aprobarán.
Sin embargo, cuando los resultados salen a la luz, algunos de los estudiantes verán que sus nombres no están en la lista de aprobados. Estarán decepcionados y se darán cuenta de que sus ideas también pueden estar equivocadas. Así que cuando la próxima vez se preparen el examen, dejarán de lado sus propias ideas, se darán cuenta de que su razonamiento está equivocado, y cuando lo han hecho, dejan de lado sus ideas e intentan encontrar la respuesta adecuada según las leyes de tráfico y lo que pone en sus libros.
De este modo, incluso los cristianos que creen en Jesucristo como su Salvador, creen así basándose en sus razonamientos, pensando que Jesucristo borró nuestros pecados al ser crucificado. Muchos de ellos creen sin pensar ni por un momento que su fe está equivocada. Pero no es sólo a través de a sangre derramada en la Cruz cómo Jesucristo borró nuestros pecados, sino que es a través del agua, la sangre y el Espíritu (1 Juan 5, 4-8).
Así los cristianos de hoy en día están convencidos de que pueden borrar los pecados que cometen a través de sus oraciones de penitencia. Sin embargo, por mucho que intenten borrar sus pecados a través de éstas, descubren por si mismos que sus pecados no desaparecen. Pero aún así están convencidos y siguen creyendo: «Algún día todos mis pecados se borrarán. Algún día mis pecados serán borrados a través de mis oraciones de penitencia».
Sin embargo, mis queridos hermanos, deberían reflexionar sobre la doctrina de las oraciones de penitencia en la que creen. ¿Se borran sus pecados sólo porque ofrezcan oraciones de penitencia? Si están convencidos de esto, ¿no significa esto que no hay pecado en sus corazones? ¿Es verdad que sus pecados se borran a través de sus oraciones de penitencia? Si no es así, ¿no significa esto que creen en sus propias ideas?
Está claro que creen en la doctrina de la justificación y que esperan que como creen es Jesús como su Salvador, Él les dirá que no tienen pecado. Esto se debe a que los que defienden la doctrina de la justificación creen estar salvados porque creen de alguna manera en Jesús, aunque todavía tengan pecado. Sin embargo Dios no dice que los que tienen pecado se hayan convertido en Su pueblo. Todo este tiempo han estado hipnotizado con sus propias ideas, creyendo: «Como Jesús me ha salvado definitivamente al ser crucificado y derramar Su sangre hasta morir, no tengo ningún pecado. Estoy seguro de eso». Esta fe se deriva de la hipnosis en la que se han sumido ustedes mismos, y es una falsa convicción.
Si ustedes están convencidos de esto, ¿significa que no tienen pecado ante Dios? ¿No es que sus ideas han estado equivocadas? ¿De verdad pueden borrar todos sus pecados de sus corazones con sus oraciones de penitencia? Cuando creían sólo en la sangre de Jesucristo derramada en la Cruz, ¿desaparecieron sus pecados? ¿Están sus conciencias convencidas de ello sin ninguna duda?
Ahora les digo que sólo al creer en la Palabra del Evangelio del agua y el Espíritu pueden todos los cristianos estar convencidos de la remisión de sus pecados. A través de las oraciones de penitencia en las que creen los cristianos de hoy en días, es imposible estar convencidos de que sus pecados han desaparecido. Entonces, ¿por qué siguen teniendo estas falsas convicciones? Porque no conocen la verdadera salvación que debe venir por el Evangelio del agua y el Espíritu. Los cristianos deben tener la convicción, a través de la Palabra, de que sus pecados se borran a través del Evangelio del agua y el Espíritu. Aún así muchos de ellos no tienen esta convicción. Ahora todos debemos conocer el Evangelio del agua y el Espíritu como la Verdad de la salvación y tener confianza en esta verdadera salvación.
He llegado a reconocer que, por culpa de los defensores de la circuncisión, el Apóstol Pablo y sus compañeros se encontraron con muchas dificultades mientras intentaban predicar el Evangelio del agua y el Espíritu. Yo también me he encontrado con muchas dificultades mientras predico el Evangelio del agua y el Espíritu por todo el mundo y he llegado a saber que se debe a que la doctrina del arrepentimiento prevalece en la cristiandad. Así que con este libro, espero corregir algunos de los errores más comunes que ustedes pueden tener al comparar la fe de los defensores de la circuncisión, que surgió en las iglesias de Galacia, con la doctrina del arrepentimiento.
Espero que se den cuenta de que mi objetivo es ayudarles a entender la naturaleza contradictoria de la doctrina del arrepentimiento y a llevarles a la Verdad del Evangelio del agua y el Espíritu para que se mantengan firmes en su fe. Si escuchan la voz del Espíritu Santo, pueden mantenerse firmes ante Dios y poner su fe en el Evangelio del agua y el Espíritu, y no en sus oraciones de penitencia, que equivale a la circuncisión física de los tiempos del Apóstol Pablo.
Todos los que creen en el Evangelio del agua y el Espíritu pueden conocer al Señor separados del pecado y regocijándose cuando Él vuelva (Hebreos 9, 28). Asimismo los que creen en el Evangelio del agua y el Espíritu pueden estar seguros de su salvación y pueden saber que se han convertido en obreros de Dios por Su justicia.
El objetivo de este libro es predicar la Verdad del Evangelio del agua y el Espíritu en el que el Apóstol Pablo creía. Espero y rezo que al creer en esta Verdad del Evangelio del agua y el Espíritu con sus corazones, se libran de la fe falsa y se conviertan en verdaderos obreros de Dios. Para ayudarles a entender la Verdad que se encuentra en Gálatas, volveré a examinar brevemente la esencia del Evangelio del agua y el Espíritu una vez más. Esto se debe a que sin entender el Evangelio del agua y el Espíritu es imposible entender lo que dice el Libro de Gálatas.
La Verdad sobre el Evangelio del agua y el Espíritu esta escrita en la Biblia
En primer lugar, para ser salvados de sus pecados, deben creer en Jesús, el único Hijo de Dios, como su Salvador. Para ser salvados de todos los pecados del mundo, Jesús vino a este mundo encarnado en la imagen de un hombre a través del Espíritu Santo. Al ser bautizado por Juan el Bautista, Jesús tomó todos los pecados del mundo de una vez por todas. Esto significa que Jesús cargó con todos los pecados del mundo a través de la imposición de manos de Juan el Bautista, el último Sumo Sacerdote del Antiguo Testamento y representante de la humanidad. Al cargar con todos los pecados, fue crucificado, derramó Su sangre y murió. Esto significa que pagó la condena de nuestros pecados.
Somos seres humanos que pecamos hasta el día en que morimos. Cada sociedad tiene su sistema de normas para poner orden. Para vivir virtuosamente, la gente intenta cumplir sus normas de una manera u otra, pero son producto de los seres humanos, no de Dios.
La Ley que Dios dio a toda la humanidad es diferente de las normas humanas. Dios nos dio los 10 mandamientos y los 613 estatutos de la Ley en el Antiguo Testamento para que nos diéramos cuenta de que somos pecadores. Sólo podemos darnos cuenta de quiénes somos a través de estos estatutos. La verdad es que ningún ser humano puede cumplir todos los mandamientos de la Ley.
La gente no puede alcanzar su salvación del pecado viviendo virtuosamente, sino que primero deben darse cuenta de que son pecadores y confesarnos ante Dios. Sólo entonces pueden ser salvados de sus pecados al creer en la Verdad de que Jesús vino por el agua, la sangre y el Espíritu.
Muchos cristianos de hoy en día sólo creen: «Fui salvado porque Jesús derramó Su preciosa sangre y murió en la Cruz». Sin embargo siguen cometiendo pecados y esto les atormenta. Esto se debe a que no conocen la Verdad de que Jesús fue bautizado por Juan el Bautista con agua. Incluso ahora deben creer en la Palabra de Dios, que dice que Jesús vino por el agua, la sangre y el Espíritu (1 Juan 5, 6-8). Para todo ser humano, sólo cuando se cree en este hecho indispensable, en que Jesús fue bautizado con agua, se lleva a creer en la Palabra de Dios completamente. Al ser Jesús bautizado por Juan el Bautista con agua significa que todos los pecados de la humanidad (todo pecado en cualquier momento de la historia) se pasó a Jesús a través de las manos de Juan el Bautista. Las manos de Juan el Bautista, el último Sumo Sacerdote del Antiguo Testamento y el representante de la humanidad, se pusieron sobre la cabeza de Jesús, el cordero de la expiación, y por eso todos los pecados de la humanidad se pasaron a Jesús.
Si leen el primer volumen de mi serie de libros cristianos publicados por The New Life Mission, conocerán el Evangelio del agua y el Espíritu con todo detalle. El primer libro trata del pecado y nos describe como pecadores. También trata de la Ley de Dios y explica que el fin de la Ley es que reconozcamos nuestros pecados. Entonces el libro proclama que Jesús nos ha dado la salvación eterna a través de Su agua y Su preciosa sangre, haciendo hincapié en esta fe. Nos explica cómo el Señor vino por el agua, la sangre y el Espíritu Santo. En particular pone de relieve la importancia del bautismo de Jesús en el río Jordán, hecho que es ignorado por los cristianos modernos. Por tanto para ser salvados, vencer a Satanás y los pecados del mundo, los seres humanos deben creer en la Palabra de Dios por completo, y que no sólo significa creer que Jesús vino por Su sangre y Espíritu, sino que también nos quitó los pecados por Su bautismo con agua. El bautismo de Jesús nos habla del gran amo que Dios tiene por nosotros y el libro hace hincapié en que este bautismo es el antitipo de nuestra salvación (1 Pedro 3, 21).
En resumen, Jesús ha pagado por nuestros pecados al ser bautizado con agua y derramar Su sangre en la Cruz. Creer así es la verdadera fe en la Palabra de Dios y la fe que no blasfema. A través de esta fe los seres humanos nos libramos de nuestros pecados y conseguimos la salvación que nos permite entrar en el Reino de los Cielos.
Sin embargo los gálatas pensaban que si se circuncidaban en la carne serían el pueblo de Dios y seguirían con la fe de Abraham. Este tipo de fe se encuentra en las oraciones de penitencia que los cristianos de hoy en día ofrecen, pero que no tienen nada que ver con la remisión de sus pecados. Pablo advirtió a los gálatas que dejaran de lado las enseñanzas de los defensores de la circuncisión y que volvieran al Evangelio del agua y el Espíritu, por eso los cristianos de hoy en día deben creer en este Evangelio en vez de sus oraciones de penitencia.
Por culpa de la doctrina de la circuncisión de la carne, los santos de las iglesias de Galacia estaban desolados espiritualmente. Gracias al Libro de Gálatas podemos entender que el Apóstol Pablo estaba advirtiendo en contra de los defensores de la circuncisión y que advirtió a los gálatas que creyeran en el Evangelio del agua y el Espíritu. Los defensores de la circuncisión insistieron en que los creyentes se convirtieran en el pueblo de Dios recibiendo la circuncisión de la carne según la Ley. Pero sabemos que esta es una enseñanza corrupta.
Como ya les he dicho anteriormente, la doctrina de las oraciones de penitencia debería ser desechada, porque es una falsa doctrina. Pero aún así hay muchos cristianos que creen que la doctrina del arrepentimiento es la única manera de borrar sus pecados. Ahora, a través de la Palabra de Verdad revelada en Gálatas, deben escapar de estas falacias. Les pido que lean primero mis sermones sobre el Evangelio del agua y el Espíritu y que tengan la fe que les libra de sus pecados y les convierte en el pueblo de Dios. Espero que lean la Palabra de Gálatas y sean los justos que pueden diferenciar la fe verdadera de la fe falsa.
¡Aleluya!
CAPÍTULO 4

Somos los que no
degustarán la muerte y
disfrutarán de la
vida eterna
< Gálatas 4, 1-11 >
«Pero también digo: Entre tanto que el heredero es niño, en nada difiere del esclavo, aunque es señor de todo; sino que está bajo tutores y curadores hasta el tiempo señalado por el padre. Así también nosotros, cuando éramos niños, estábamos en esclavitud bajo los rudimentos del mundo. Pero cuando vino el cumplimiento del tiempo, Dios envió a su Hijo, nacido de mujer y nacido bajo la ley, para que redimiese a los que estaban bajo la ley, a fin de que recibiésemos la adopción de hijos.Y por cuanto sois hijos, Dios envió a vuestros corazones el Espíritu de su Hijo, el cual clama: ¡Abba, Padre! Así que ya no eres esclavo, sino hijo; y si hijo, también heredero de Dios por medio de Cristo. Ciertamente, en otro tiempo, no conociendo a Dios, servíais a los que por naturaleza no son dioses; mas ahora, conociendo a Dios, o más bien, siendo conocidos por Dios, ¿cómo es que os volvéis de nuevo a los débiles y pobres rudimentos, a los cuales os queréis volver a esclavizar? Guardáis los días, los meses, los tiempos y los años. Me temo de vosotros, que haya trabajado en vano con vosotros».
Somos herederos de Dios
El Apóstol Pablo dijo en Gálatas 4, 1: «Pero también digo: Entre tanto que el heredero es niño, en nada difiere del esclavo, aunque es señor de todo». Como está escrito, somos hijos de Dios y por tanto somos Sus herederos, lo que significa que Dios nos ha permitido vivir la verdadera vida a través de la remisión eterna de nuestros pecados. Todos nosotros debemos entender el verdadero significado de lo que el Apóstol Pablo nos está diciendo aquí y creer con todo nuestro corazón.
El significado del pasaje: «Así que ya no eres esclavo, sino hijo; y si hijo, también heredero de Dios por medio de Cristo» (Gálatas 4, 7) es el siguiente: aunque el mundo entero fuera destruido y la Tierra desapareciera ahora mismo, nosotros viviríamos en un nuevo reino, porque Dios nos ha dado una vida nueva. El Reino de Dios es la bendición para los que creemos en el Evangelio del agua y el Espíritu.
En la actualidad la situación de la política internacional es muy inestable y extremadamente complicada. La incertidumbre ahora no es temporal o parcial, sino global. Parece que estamos volviendo a la ley de la jungla, donde los más fuertes se comen a los débiles. Además los desastres ecológicos y metereológicos están aumentando debido a los cambios climáticos anormales provocados por el efecto invernadero. Cada vez más gente pasa hambre por culpa de la drástica degradación del ecosistema y la destrucción de la cadena alimenticia. Todas estas y otras tendencias preocupantes llenan las páginas de los periódicos. Parece que el mundo no tiene remedio.
Sin embargo los que creemos en el Evangelio del agua y el Espíritu podemos vivir felices sin preocuparnos demasiado por las cosas de este mundo y confiando en la Palabra de nuestro Señor. En tiempos del Apóstol Pablo el mundo estaba muy confuso. Como dijo el Apóstol Pablo: «Entre tanto que el heredero es niño, en nada difiere del esclavo». Antes de recibir la remisión de nuestros pecados vivíamos como esclavos en este mundo, pero al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu nos dimos cuenta de que somos herederos de Dios, y por nuestra fe en la Palabra de Dios vivimos como siervos de la justicia. Creemos en el Evangelio del agua y el Espíritu en este mundo oscuro y por tanto, cuando vuelva el Señor, heredaremos todos sus preparativos y viviremos para siempre. Aunque el universo que Dios creó desapareciera ahora mismo por completo, viviríamos para siempre con Dios en Su Reino. Si conocemos esta verdad y confiamos en Dios, estamos bendecidos. Aunque este mundo esté lleno de desorden y caos, los que viven por la fe en la Palabra de Dios viven llenos de esperanza, porque la fe es la sustancia de las cosas que se esperan y la prueba de las cosas que no se ven (Hebreos 11, 1).
Este mundo avanza hacia el desastre. Debemos darnos cuenta de que cuando llegue el fin del mundo, la Tierra será destruida por el fuego como está escrito en la Biblia. El Apóstol Pedro nos dijo: «Esperando y apresurándoos para la venida del día de Dios, en el cual los cielos, encendiéndose, serán deshechos, y los elementos, siendo quemados, se fundirán!» (2 Pedro 3, 12). Aunque la Tierra se haga cenizas y el universo sea destruido, viviremos para siempre con nuestro Señor en Su Reino.
No se desesperen cuando vean lo que sucede en este mundo y vivan por fe, poniendo su esperanza en la Palabra de Dios, quien nos ha dado una vida nueva para que vivamos felices para siempre. Todos viviremos en un Cielo nuevo y una Tierra nueva.
Por eso, gracias al Señor, los que creen en la Palabra del Evangelio del agua y el Espíritu no tienen nada de que preocuparse.
Sin embargo hay algo indispensable que todos debemos hacer mientras estemos en este mundo: difundir el Evangelio del agua y el Espíritu por todo el mundo. Para llevar a cabo esta misión adecuadamente debemos vivir creyendo que Dios nos ha dado una vida nueva. No moriremos cuando el mundo sea destruido. Aunque nuestra carne se mueva por los impulsos de este mundo, no moriremos con él, sino que triunfaremos con el Señor porque nuestras almas han recibido la remisión de los pecados al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu. Esto se debe a que a través del Evangelio del agua y el Espíritu, los que habíamos muerto, hemos resucitado para siempre. Asimismo no sólo vivimos en este mundo presente, sino que heredaremos el Reino de Dios y viviremos para siempre. Ahora, al vivir nuestras vidas, nuestros corazones deben tener fe en el Evangelio del agua y el Espíritu y no debemos preocuparnos por lo que nuestros ojos ven.
Ahora Dios conduce nuestras vidas
Pablo dijo en Gálatas 4, 2: «Sino que está bajo tutores y curadores hasta el tiempo señalado por el padre». Mientras Dios y el Espíritu Santo nos ayudan, todavía estamos bajo tutores y curadores y por eso debemos vivir en la Iglesia de Dios según su orden espiritual. El Espíritu Santo nos ayuda a los que creemos en el Evangelio del agua y el Espíritu. En ese sentido es nuestro guardián. La Iglesia de Dios y el Espíritu Santo son nuestros tutores y guardianes. El Espíritu Santo nos ayuda advirtiéndonos cuando nuestros corazones son infieles, permitiéndonos darnos cuenta de las cosas que no agradan a Dios, haciéndonos felices cuando complacemos a Dios y guiando nuestras emociones, nuestros pensamiento y nuestras creencias.
La Biblia dice que Dios envió a Su Hijo, nacido de mujer y bajo la Ley «para que redimiese a los que estaban bajo la ley, a fin de que recibiésemos la adopción de hijos» (Gálatas 4, 5). De hecho Jesucristo nació en este mundo para salvarnos a de nuestros pecados y de su pena a los que estábamos bajo la Ley. Nuestro Señor nació bajo la Ley y cargó con la condena de la Ley y con todos nuestros pecados a través del bautismo que recibió de Juan el Bautista. Pagó la pena del pecado y así nos salvó del pecado a los que creemos en este Verdad. Nos ha bendecido para convertirnos en Sus hijos y por tanto todos los que creemos en este Evangelio del agua y el Espíritu nos hemos convertido en hijos de Dios.
Jesucristo cumplió la justicia de Dios cuando fue bautizado por Juan el Bautista y cuando derramó Su sangre en la Cruz. Así nos ha hecho hijos Suyos cuando creemos en esta Verdad; por eso podemos llamarle «¡Abba, Padre!». Aunque vivamos en este mundo ya no somos esclavos de este mundo, sino que somos siervos de Dios y gracias a Él somos Sus herederos, como hijos Suyos, aquí y en el otro mundo. Esto es lo que el Apóstol Pablo quiere decir cuando habla de la herencia. Dios nos ha salvado de los pecados de este mundo y por fe nos convertimos en Sus hijos. Gracias al Espíritu Santo podemos llamar a Dios Abba, Padre y convertirnos en herederos Suyos.
Durante la época del imperialismo España, Francia, Inglaterra y Alemania dominaron a otros países más débiles. En aquellos tiempos estas grandes potencias esclavizaron a la gente de las naciones más débiles y pequeñas. Este tipo de situación se producirá en el futuro también. En un sentido la actualidad se parece al imperialismo del siglo XIX. Como dice la Biblia este mundo se rendirá a los pies del hombre más poderoso del país más poderoso. Ustedes y yo veremos esta situación con nuestros propios ojos y además la viviremos.
Los científicos han avisado que un tercio de la población mundial podría morir como consecuencia de enfermedades como la gripe aviar. El año pasado experimentamos el desastre de las SARS (siglas inglesas de Síndrome Respiratorio Agudo y Grave). Se esta intentando elaborar nuevos tipos de organismos modificados genéticamente. Ya existen muchos alimentos modificados genéticamente que representan un gran peligro para los que los consumen. Sin embargo los seres humanos son tan temerarios que siguen experimentando y elaborando nuevas formas de vida sin prestar atención a los señales de peligro que nos brinda la naturaleza. Es lógico pensar que en el futuro habrá muchos más desastres. No se puede garantizar que enfermedades misteriosas como la SARS no se propagarán como la Peste Negra en el pasado.
En este contexto, como nacidos de nuevo, debemos esperar al Señor, porque Él nos ha dado una vida nueva. A través de nuestra fe en la Palabra del Evangelio del agua y el Espíritu han recibido una vida nueva. ¿Se han convertido en hijos de Dios al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu y al recibir la remisión de sus pecados? ¿Tienen fe en que si este mundo desaparece no moriremos, sino que viviremos para siempre con Dios?
Nosotros, los que creemos en el Evangelio del agua y el Espíritu, hemos sido aceptados en el Reino de la nueva vida para vivir allí eternamente. Creemos en el Evangelio del agua y el Espíritu y por eso viviremos para siempre en el Reino sin pecado. Gracias a creer en que viviremos eternamente podemos vivir en este mundo sin tropezar. Nuestra fe en la vida eterna nos permite hacer la obra justa aún mientras vivimos en este mundo oscuro. No estamos hechos para ahogarnos en este mundo oscuro, sino que al encontrar nueva esperanza en la fe, difundimos el Evangelio del agua y el Espíritu por todo el mundo.
En esta época hay tanta gente desesperada que muchas personas se suicidan, y en el futuro habrá muchas más. Sin embargo ustedes y yo creemos que viviremos para siempre y por tanto no seguimos sus pasos ni nos deprimimos.
Somos los herederos de Dios que heredarán el Reino de los Cielos y vivirán para siempre porque tenemos fe en el Evangelio del agua y el Espíritu. Quiero que tengan esa fe. Al haber recibido el perdón de nuestros pecados gracias a nuestro Señor y al mismo tiempo una vida nueva y eterna, disfrutaremos lo que el Señor disfruta.
Por tanto no deseamos nada de este mundo para nuestra carne. Creemos en el Evangelio del agua y el Espíritu y esperamos el nuevo cielo y la nueva Tierra (2 Pedro 3, 13) y por eso cuanto más difícil se ponga este mundo, menos valor le daremos a la carne. Tenemos fe en que viviremos para siempre y por eso estamos más interesados en los asuntos espirituales que en nuestros propios deseos carnales. Al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu tenemos una vida nueva y nunca moriremos. Nuestros cuerpos morirán, pero el Señor nos resucitará cuando vuelva a la Tierra. Además como nuestras almas están vivas, tenemos una vida nueva y eterna. Esta fe nos permite vivir por la justicia de Dios.
Los que han recibido la verdadera remisión no tienen necesidades extravagantes pero yo sé que tienen necesidades, pero las dejan atrás y ponen en primer lugar el Reino de Dios y su realización aquí en la Tierra. Debemos difundir el Evangelio por todo el mundo en un futuro próximo. Cuando cumplamos esta tarea, El que está por venir vendrá. Cuando el Señor venga a este mundo, el nuevo cielo y la nueva Tierra se abrirán.
Sin embargo cuando el hambre llegue a este mundo tres cuartos de cebada nos costarán el sueldo de un día (Apocalipsis 6, 6). Cuando estos tiempos difíciles lleguen no querremos seguir viviendo. Yo preferiría tras haber servido al Evangelio del agua y el Espíritu lealmente antes de que llegue esa era. Yo sólo quiero completar la misión que Dios me ha confiado antes de morir. La Biblia dice en el Apocalipsis: «Oí una voz que desde el cielo me decía: Escribe: Bienaventurados de aquí en adelante los muertos que mueren en el Señor. Sí, dice el Espíritu, descansarán de sus trabajos, porque sus obras con ellos siguen» (Apocalipsis 14, 13). Cuando estas tribulaciones lleguen el Anticristo se levantará y asesinará a los santos y por eso los que mueran antes de verlo están bendecidos. En otras palabras, la Biblia nos dice que en el fin de los tiempos los muertos tendrán más suerte que los vivos. Por eso digo que los que sufran en el fin de los tiempos vivirán vidas malditas.
Por eso no quiero vivir tanto en este mundo. Ni siquiera creo que este mundo vaya a seguir existiendo durante mucho más tiempo. Muchos científicos han dicho que en 10 años el planeta sufrirá sequías y la población se multiplicará. Nos han advertido que cuando la población mundial llegue a cierto punto las sequías provocarán conflictos y probablemente habrá guerras. Estas advertencias se han hecho realidad. Por eso todos los países construyen tantos diques. Mientras haya agua en ellos se llevarán bien con los países vecinos, pero ¿qué pasará si hay hambruna y no hay suficiente agua? Guardarían el agua en los diques y no dejarían que saliera. Si los otros países por los que pasa ese río utilizaran el agua para su propio beneficio, ¿qué pasaría? Que habría una guerra por el agua. ¿Cómo puede sobrevivir un país sin agua? Cuando lleguen las sequías, surgirán guerras por una mera corriente de agua de un río entre naciones que dependen de ese río para obtener agua.
¿Durará mucho? Por supuesto que no. No creo que este mundo dure mucho. Creo que el Señor volverá muy pronto. Tanto los que creen en el Evangelio del agua y el Espíritu como los que no creen dicen que este mundo no durará mucho. Sin embargo creemos que viviremos para siempre con el Señor. Este planeta y el universo entero desaparecerán, pero creemos que Dios nos dará un nuevo cielo y una nueva Tierra y que nos permitirá vivir allí para siempre.
En esta época, aunque es muy valioso creer que hemos recibido la remisión de los pecados al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu, también es valioso creer que nunca moriremos y que viviremos para siempre con el Señor. Aunque nuestros cuerpos mueran una vez y sean resucitados, nuestras almas vivirán para siempre. Hemos sido salvados de todos los pecados del mundo y de la destrucción. Ustedes y yo viviremos para siempre con el Señor. Por eso aunque vivamos en este mundo oscuro, podemos seguir haciendo la obra justa en vez de desesperarnos. Seguiremos viviendo con esperanza.
Tenemos fe en que no moriremos y por eso no perdemos la esperanza en nuestras vidas en este mundo, sino que vivimos con justicia. Ahora mismo ustedes creen en el Evangelio del agua y el Espíritu, pero si sólo se preocupan de las cosas mundanas y no piensan en el Señor, caerán en la desesperación y morirán. Sin embargo nosotros creemos en el Evangelio del agua y el Espíritu y por eso viviremos vidas nuevas. El Señor nos ha dado una vida nueva y eterna y por eso viviremos para siempre. Esta bendición recae sólo sobre los que han recibido la remisión de los pecados. En otras palabras, es una bendición reservada para los que creen en el Evangelio del agua y el Espíritu. Como es una bendición que Dios sólo da a los justos, la podemos describir como una bendición grandiosa.
¿Quiénes somos los que creen en el Evangelio del agua y el Espíritu? Somos los que, aunque vivieron como esclavos en su niñez, viviremos para siempre cuando el Señor vuelva. Somos los herederos de Dios que heredarán Su Reino. Viviremos para siempre y heredaremos el esplendor de Dios, Su gloria y la vida eterna. Nosotros somos esta gente bendita y nuestros corazones están limpios de pecado porque hemos creído en el Evangelio del agua y el Espíritu. Por tanto en vez de interesarnos por las cosas del mundo, debemos vivir por fe en la promesa del Señor.
Cuando servimos al Evangelio confiando en el Señor, recibimos también bendiciones terrenales. Si servimos al Evangelio del agua y el Espíritu en este mundo, ¿seremos pobres o ricos? Seremos más ricos porque no servimos al Evangelio del Señor con nuestras posesiones. Cuanto más tacaños que seamos sirviendo al Evangelio, más pobres seremos y cuanto más compartamos este Evangelio, más ricos seremos. Este es el principio que se aplica en el ámbito de la fe como está escrito en la Biblia:
«Hay quienes reparten, y les es añadido más; Y hay quienes retienen más de lo que es justo, pero vienen a pobreza» (Proverbios 11, 24).
Creemos que todas nuestras posesiones vienen de Dios y son Suyas. Por tanto damos nuestras posesiones, nuestro tiempo y nuestros esfuerzos para difundir el verdadero Evangelio. En realidad estamos difundiendo el Evangelio del agua y el Espíritu con las posesiones del Señor. Dios bendice abundantemente. Cuando creemos en el Evangelio del agua y el Espíritu y lo predicamos, Dios se complace con nosotros y nos bendice aún más. Ustedes y yo creemos en la Palabra de Dios y la servimos y por eso podemos vivir con Sus maravillosas bendiciones. Por el contrario si no servimos al Evangelio, seremos más miserables.
Cuando veo las noticias en la televisión de vez en cuando, me siento frustrado porque el mundo se hace cada vez más oscuro. Aún así esto feliz porque creo que aunque el mundo no tenga solución, los justos viviremos para siempre. Estoy muy agradecido a Dios.
Entonces ¿viviremos para siempre? ¡Por supuesto! Nuestro Dios nos ha dado fe en esta vida eterna. Queridos hermanos, tenemos fe en que los que creen en el Evangelio del agua y el Espíritu vivirán para siempre. Por eso no nos interesamos por las cosas de este mundo, sino por lo que está arriba. Ustedes y yo nos interesamos por las cosas de arriba, como Pablo dijo: «Poned la mira en las cosas de arriba, no en las de la tierra» (Colosenses 3, 2). Mientras difundimos el Evangelio del agua y el Espíritu en este mundo, espero que este Evangelio llegue a todas las naciones. Aunque no es fácil difundir el Evangelio del agua y el Espíritu y a veces tenemos que sufrir por él, la alegría que recibimos es mucho mayor que el sufrimiento. Asimismo debemos darnos cuenta de que no servimos al Evangelio a no ser que se nos presenten algunos retos. Por tanto queremos cumplir el Gran Encargo de proclamar el Evangelio por todo el mundo en vez de satisfacer los deseos de la carne.
Para mí es una gran alegría que Dios nos guíe para difundir el Evangelio a través de Su Iglesia. Todo lo que hacemos es parte de la obra de Dios y nuestro cometido principal es predicar el Evangelio del agua y el Espíritu. Así es como Dios nos bendice. Todo lo que tenemos que hacer es rezar a Dios y movernos por fe. Me gustaría que todos ustedes viviesen por fe y así vivieran para siempre, que miraran hacia el Señor en vez de hacia el mundo, y que siguieran el plan de Dios y formaran parte de la Iglesia.
Por causalidad ¿están sus corazones apegados a las cosas de este mundo? Recuerden que la justicia no consigue nada si están demasiado apegados a este mundo.
Estoy escribiendo este libro en el mes de febrero y la primavera está al caer, pero todavía hace frío. A finales de mes empezará a hacer más calor y la primavera llegará sin falta. Del mismo modo en que todas las criaturas vuelven a la vida en primavera, nosotros podemos estirarnos, tanto en cuerpo como en alma. Nuestros corazones que estaban helados, empiezan a derretirse y nuestro espíritu vuela. Creo que del mismo modo en que salen tallos de la tierra seca, nuestra fe crecerá en nuestros corazones. Estoy muy contento y lleno de energía.
Queridos hermanos, ¿hay alguien entre ustedes que esté sufriendo y sólo mirando hacia las circunstancias actuales? No hay que sufrir. Del mismo modo en que a la mañana le sigue la tarde y a la tarde le sigue otra mañana, las circunstancias y las situaciones cambian constantemente. En nuestras vidas de fe hay veces que nos sentimos bien y otras mal, unas veces estamos en paz y otras enfadados. Una vez pasamos por estas fases podemos darnos cuenta de que ocurrieron por nuestro propio bien. Por eso necesitamos estar preparados para enfrentarnos a cualquier situación con nuestra fe en Dios y dándole gracias. Nuestro sufrimiento es beneficioso para nosotros y por eso podremos seguir hacia delante.
Sin embargo si nos quejamos de todo, estaremos molestos y seremos estrechos de mente. Debemos examinar nuestras vidas desde la perspectiva de Dios, que es abierta y amplia, y así encontraremos la manera de superar nuestro sufrimiento. Creo que es muy beneficioso para ustedes prepararse durante un período de tiempo. También creo que a través de esta preparación ganarán mucho y su fe crecerá.
Ustedes y yo y todos los santos de Dios de todo el mundo debemos vivir por fe en Dios. Debemos mirar hacia el Señor en vez de hacia las cosas del mundo. Si pensamos: «¿Cómo puedo ganar mucho dinero y hacerme rico?», será en vano. Mis queridos hermanos, deben pensar: «¿Cómo puedo servir mejor al Evangelio del agua y el Espíritu?».
Cuando trabajamos con nuestros corazones unidos a Dios, Él nos bendecirá en todo lo que hagamos. Espero y rezo por que todos vivan con este tipo de fe, que busquen las cosas de arriba en vez de las de este mundo y que vivan la vida eterna que el Señor nos ha dado al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu.
¿Tenemos ustedes y yo la
misma fe que Abraham?
< Gálatas 4, 12-31 >
«Os ruego, hermanos, que os hagáis como yo, porque yo también me hice como vosotros. Ningún agravio me habéis hecho. Pues vosotros sabéis que a causa de una enfermedad del cuerpo os anuncié el evangelio al principio; y no me despreciasteis ni desechasteis por la prueba que tenía en mi cuerpo, antes bien me recibisteis como a un ángel de Dios, como a Cristo Jesús. ¿Dónde, pues, está esa satisfacción que experimentabais? Porque os doy testimonio de que si hubieseis podido, os hubierais sacado vuestros propios ojos para dármelos. ¿Me he hecho, pues, vuestro enemigo, por deciros la verdad? Tienen celo por vosotros, pero no para bien, sino que quieren apartaros de nosotros para que vosotros tengáis celo por ellos. Bueno es mostrar celo en lo bueno siempre, y no solamente cuando estoy presente con vosotros. Hijitos míos, por quienes vuelvo a sufrir dolores de parto, hasta que Cristo sea formado en vosotros, quisiera estar con vosotros ahora mismo y cambiar de tono, pues estoy perplejo en cuanto a vosotros. Decidme, los que queréis estar bajo la ley: ¿no habéis oído la ley? Porque está escrito que Abraham tuvo dos hijos; uno de la esclava, el otro de la libre. Pero el de la esclava nació según la carne; mas el de la libre, por la promesa. Lo cual es una alegoría, pues estas mujeres son los dos pactos; el uno proviene del monte Sinaí, el cual da hijos para esclavitud; éste es Agar. Porque Agar es el monte Sinaí en Arabia, y corresponde a la Jerusalén actual, pues ésta, junto con sus hijos, está en esclavitud. Mas la Jerusalén de arriba, la cual es madre de todos nosotros, es libre. Porque está escrito: Regocíjate, oh estéril, tú que no das a luz;Prorrumpe en júbilo y clama, tú que no tienes dolores de parto; Porque más son los hijos de las desolada, que de la que tiene marido. Así que, hermanos, nosotros, como Isaac, somos hijos de la promesa. Pero como entonces el que había nacido según la carne perseguía al que había nacido según el Espíritu, así también ahora. Mas ¿qué dice la Escritura? Echa fuera a la esclava y a su hijo, porque no heredará el hijo de la esclava con el hijo de la libre. De manera, hermanos, que no somos hijos de la esclava, sino de la libre».
Términos como «indigenización del cristianismo» o «iglesia indígenizada» se han convertido en términos muy conocidos, sobre todo en las comunidades cristianas del Tercer Mundo. Éstas intentan cambiar el cristianismo occidental por uno que es más coherente con su propia cultura. Hacen mucho hincapié en la segunda parte del aforismo tradicional: «Unidad en lo esencial, libertad en lo no esencial y caridad en todas las cosas». Pero lo peor es que no saben lo que es lo esencial.
Sin embargo el Evangelio del agua y el Espíritu que nosotros difundimos no puede manifestarse de formas diferentes según las circunstancias, sino que no cambia bajo ninguna circunstancia. Estoy eternamente agradecido a Dios por poder predicarles el Evangelio del agua y el Espíritu que les puede salvar de sus pecados en cualquier circunstancia. Así que estoy dispuesto a hacer esta obra justa hasta el día en que nuestro Señor vuelva. Creo que muchas almas se salvarán al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu. Sé que este libro será muy beneficioso para todos ustedes.
El pasaje de las Escrituras de hoy es Gálatas 4, 12-31 y nos pide que vivamos por fe en la Verdad del agua y el Espíritu que el Señor nos ha dado. El Apóstol Pablo no quería hacer nada que dañase a los santos. Por supuesto los santos en las iglesias de Galacia tampoco querían hacer ningún daño a Pablo. Sin embargo Pablo detectó una fe falsa en los santos de las iglesias de Galacia. Esta era la fe de los que estaban arraigados en las tradiciones antiguas y defendían la circuncisión física. El Apóstol Pablo empezó a dar testimonio a los santos de Galacia sobre la naturaleza de su fe falsa y sobre el verdadero Evangelio que él enseñaba. Les decía: «Sois muy devotos, pero en vano. Si seguís bajo la Ley, estaré obligado a dudar de vuestra salvación».
Durante el período en que Pablo predicó el Evangelio del agua y el Espíritu había falsos maestros que defendían la circuncisión física. También consideraban importante respetar el Sabbath y las festividades del Antiguo Testamento. Llegaron secretamente a la Iglesia de Dios diciendo creer en Jesús como su Salvador, pero en realidad sólo querían eliminar la libertad de los santos y hacerlos sus esclavos. Estos defensores de la circuncisión intentaron explotar a los santos en la Iglesia de Dios para cumplir sus deseos. Y lo peor es que había mucha gente en la Iglesia que se unió a ellos.
Esta creencia era un gran obstáculo para creer en el Evangelio del agua y el Espíritu. Este era el problema que había en las primeras iglesias de Galacia. Los que causaron este problema no conocían el Evangelio del agua y el Espíritu. Forzaron a los santos en la Iglesia de Dios para que se circuncidaran. Por su culpa los santos de Galacia cayeron en la confusión espiritual. Aunque era problemático que los que defendían la circuncisión física en las iglesias de Galacia, aún era más problemático que hubiera gente que aceptara estas falsas enseñanzas. El Apóstol Pablo sabía que la fe de los defensores de la circuncisión traerían la desastrosa consecuencia de la muerte espiritual y por eso intentó prevenir que estas falsas enseñanzas se difundieran. Por eso el Apóstol Pablo rechazó las creencias de los que defendían la circuncisión física.
Los santos de las iglesias de Galacia creían en que Jesús había borrado sus pecados con la Verdad del Evangelio del agua y el Espíritu. Pero aún así intentaban observar el Sabbath, desde la puesta del sol del viernes hasta que el sol se ponía el sábado, y no podían dejar atrás su antigua creencia de la circuncisión física. Esta falsa congregación llegó a la Iglesia de Dios en secreto y propagaron la necesidad de que los santos se circuncidasen. Por eso su fe se vio amenazada espiritualmente.
Hemos nacido de la mujer libre porque creemos en el Evangelio del agua y el Espíritu
Volvamos a lo que el Apóstol Pablo dijo en Gálatas 4, 21-31: «Decidme, los que queréis estar bajo la ley: ¿no habéis oído la ley? Porque está escrito que Abraham tuvo dos hijos; uno de la esclava, el otro de la libre. Pero el de la esclava nació según la carne; mas el de la libre, por la promesa. Lo cual es una alegoría, pues estas mujeres son los dos pactos; el uno proviene del monte Sinaí, el cual da hijos para esclavitud; éste es Agar. Porque Agar es el monte Sinaí en Arabia, y corresponde a la Jerusalén actual, pues ésta, junto con sus hijos, está en esclavitud. Mas la Jerusalén de arriba, la cual es madre de todos nosotros, es libre. Porque está escrito: Regocíjate, oh estéril, tú que no das a luz; Prorrumpe en júbilo y clama, tú que no tienes dolores de parto; Porque más son los hijos de las desolada, que de la que tiene marido. Así que, hermanos, nosotros, como Isaac, somos hijos de la promesa. Pero como entonces el que había nacido según la carne perseguía al que había nacido según el Espíritu, así también ahora. Mas ¿qué dice la Escritura? Echa fuera a la esclava y a su hijo, porque no heredará el hijo de la esclava con el hijo de la libre. De manera, hermanos, que no somos hijos de la esclava, sino de la libre».
Este pasaje nos habla de la verdadera fe que cree en el Evangelio del agua y el Espíritu y de la fe legalista. En otras palabras Pablo nos explica los dos tipos de fe representados por los dos hijos de Abraham. Para entender este pasaje debemos volver a la antigüedad, a los días de Abraham.
Cuando Abraham cumplió 75 años se fue de su tierra natal, donde estaba la casa de su padre, y siguió a Dios porque Él le guió. Un día Dios se le apareció a Abraham y le dijo: «e daré tantos descendientes como estrellas hay en el cielo». Abraham creyó en la Palabra de Dios. Creyó porque era la Palabra de Dios.
Dios no sólo le prometió a Abraham mucha descendencia, sino que también le prometió que quien se circuncidase sería aprobado como parte del pueblo de Dios. Así que Abraham y sus descendientes barones se circuncidaron. Cuando Dios le pidió a Abraham que se circuncidase lo hizo como garantía de Su promesa, porque Abraham creyó en la Palabra de Dios que prometía que tendría tanta descendencia como estrellas hay en el cielo. El hecho de que Dios dijera que quien se circuncidara sería aprobado como alguien que tiene la misma fe que Abraham se debe a que Abraham creyó en la Palabra de Dios. Por eso Dios le dijo a Abraham que los que se circuncidaran serían Su pueblo.
Así que Abraham esperó un hijo. Pero por más que creía y por más que esperaba no había hijos y Abraham y Sara se cansaron de creer en la promesa de Dios. Pasaron 20 años desde que Dios les prometió un hijo. Sara, la mujer de Abraham, cada vez se preocupaba más al ver que le salían canas y la promesa de Dios parecía más lejana. Así que ideó un plan. Llevó a su sierva Agar a su marido y le dijo a éste: «Dios te prometió un hijo, pero supongo que no será mío, sino de Agar».
Sara esperaba que Abraham tuviera un hijo con Agar y así sucedió. Sara pensó que era así como tenía que cumplirse la promesa de Dios, pero en realidad no era así. El hijo de Agar no era el de la promesa de Dios y no había manera de que Dios aprobara un niño nacido de un plan humano. Por tanto la promesa de Dios estaba todavía viva, porque le había prometido a Abraham que tendría un hijo con Sara.
Más tarde Abraham tuvo a Isaac con Sara, tal y como Dios se lo había prometido. Cuando el niño cumplió un año Abraham celebró una gran fiesta.
A través del ejemplo de los dos hijos de Abraham Dios nos está hablando de los dos tipos de fe; la fe legalista y la fe en el Evangelio del agua y el Espíritu. Esta historia de los dos hijos de Abraham es una metáfora para entender las dos alianzas de Dios y los dos tipos de fe.
Dios nos está diciendo que Ismael, nacido de una esclava, es símbolo de fe legalista. Ismael era hijo de Abraham y de Agar y por eso es símbolo de fe legalista. Isaac, el otro hijo de Abraham, nació de la promesa de la Palabra de Dios, así que este hijo simboliza la fe en el Evangelio del agua y el Espíritu. La fe legalista de hoy es la fe carnal representada por Ismael. Por el contrario la fe en la Palabra del Evangelio del agua y el Espíritu es la verdadera fe representada por el hijo nacido de la mujer libre, Isaac, el hijo de Sara. En este mundo la fe legalista y la verdadera fe que cree en el Evangelio del agua y el Espíritu coexisten.
Ahora debemos examinar la relación entre la verdadera fe espiritual y la fe legalista desde una perspectiva más profunda. Debemos darnos cuenta de que Isaac, nacido de la fe en la Palabra de Dios, era diferente de Ismael, que simboliza la fe legalista recibida a través de los planes y esfuerzos humanos. En otras palabras, aunque Isaac e Ismael eran hijos de Abraham, desde el punto de vista espiritual, uno representa la fe legalista y el otro la verdadera fe en el Evangelio del agua y el Espíritu.
Por tanto debemos darnos cuenta de que la fe legalista es una fe orientada hacia las acciones, mientras que la fe espiritual es la fe e el Evangelio del agua y el Espíritu. En otras palabras, nuestra fe está basada en la promesa de la Palabra de Dios. Sólo los hijos nacidos de la fe en la promesa de la Palabra de Dios son los verdaderos frutos de la fe, y así, en la Iglesia de Dios, no debe haber ningún otro tipo de fe. Del mismo modo en que Dios rechazó a Ismael, el hijo nacido de la fe legalista, nosotros debemos alejarnos de esa fe legalista. El Apóstol Pablo nos está preguntando si vamos a vivir con una fe legalista o espiritual.
El Apóstol Pablo dijo que Ismael persiguió a Isaac en aquel tiempo, que los hijos de las esclavas persiguieron a los hijos de las mujeres libres. Esto se refiere al incidente que ocurrió cuando que Sara estaba dando una fiesta para celebrar el primer cumpleaños de Isaac. Ismael, el hermano de Isaac, que tenía entonces 15 años, pegaba y atormentaba a Isaac y como era más mayor que él le resultaba fácil hacerlo.
Si comparamos esta situación con lo que ocurre hoy en día podemos decir que los que tienen una fe legalista persiguen a los que creen en el Evangelio del agua y el Espíritu y seguirán persiguiendo a los santos nacidos de nuevo. Pero lo que en realidad están haciendo es ganarse la condena de Dios. Si Isaac hubiese nacido del mismo vientre que Ismael, ¿le hubiera hecho la vida imposible su hermano mayor? Ismael estaba enfadado porque Isaac, su hermano de padre, estaba bendecido y mimado por su padre. Ismael creció pensando que heredaría toda la fortuna de su padre, pero cuando nació su hermano todo cambió. Ismael se dio cuenta de que no heredaría la fortuna de su padre, ya que la madre de su hermano era la esposa legítima de su padre y su propia madre no era más que una esclava. Por eso perseguía a Isaac.
Sara, la madre de Isaac, vio lo que pasaba y se enfadó. Así que se lo contó a Abraham. Entonces Abraham se empezó a preocupar por este problema, pero Dios le pidió que echara a Ismael y a su madre de su casa. Así que Abraham envió a Ismael y a Agar al desierto con tan sólo una piel de cordero con agua y un poco de pan.
Ahora mismo, a través de la Palabra del Antiguo Testamento, Dios nos está diciendo qué fe es la verdadera: la fe legalista es falsa y la fe en el Evangelio del agua y el Espíritu es la verdadera fe. Dios nos dijo que para ser salvados de todos nuestros pecados tenemos que creer en el Evangelio del agua y el Espíritu, en vez de vivir bajo la Ley en vano. Si creemos en el Evangelio del agua y el Espíritu heredaremos las bendiciones de Dios ya que es imposible que alcancemos nuestra salvación a través de una fe legalista. Como creemos en la Palabra de Dios de corazón podemos ser salvados de nuestros pecados, recibir la vida eterna y servirle poniendo nuestra fe en Su Palabra.
Sólo cuando nuestros corazones están limpios de pecado por la fe en el Evangelio del agua y el Espíritu, a través de la Palabra de Dios, podemos convertirnos en Hijos de Dios. Abraham tuvo a su hijo al creer en la promesa de la Palabra de Dios, así nosotros también debemos convertirnos en hijos de Dios al recibir la remisión de los pecados a través de nuestra fe en la Palabra del Evangelio del agua y el Espíritu.
Dios también nos está diciendo el tipo de fe que debemos tener cuando recibimos la remisión de los pecados al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu. Es completamente diferente vivir nuestra fe basada en creencias legalistas a poner nuestra fe en el Evangelio del agua y el Espíritu. ¿En qué se diferencian los dos tipos de fe?
En primer lugar examinemos la fe legalista
Considero que los siervos de Dios y los hermanos y hermanas de nuestra misión son los que tienen fe en el Evangelio del agua y el Espíritu. Al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu hemos recibido la remisión de los pecados en nuestros corazones y podemos seguir al Señor. Como creemos que todo sucederá según nuestra fe en la Palabra de Dios podemos servir al verdadero Evangelio y seguir al Señor con fe.
Por el contrario la fe legalista pertenece a la gente que tiene ambiciones carnales, a la gente que piensa: «Ahora puede que sea débil, pero si gano fuerzas y seguidores, me independizaré y seguirá la obra de Dios por mi propia cuenta». Esta gente tiene ambiciones carnales y se pregunta: «¿Debo vivir así ahora que he recibido la remisión de mis pecados?». Soy muy diferente de los siervos de Dios que creen en Su Palabra y que han decidido servir al Evangelio del agua y el Espíritu durante el resto de sus vidas.
Vidas de fe espiritual