Debemos conocer a Jesús y creer en Él de todo corazón
El Señor tomó todos los pecados del mundo de una vez mediante el bautismo que recibió de Juan el Bautista y derramó Su sangre en la Cruz, murió en nuestro lugar y resucitó de entre los muertos. Al ser bautizado por Juan el Bautista, el Señor se convirtió en el Salvador que nos salvó de los pecados del mundo. Por tanto los cristianos de hoy en día deben creer en Jesús en relación con el ministerio de Juan el Bautista. En otras palabras, en relación con la salvación de Jesucristo, debemos creer en el ministerio de Juan el Bautista, mediante el cual se pasaron todos los pecados del mundo a Jesús de una sola vez. ara ello debemos darnos cuenta de que Jesús es el que realizó el ministerio que cumplió con toda la justicia de Dios al ser bautizado por Juan el Bautista como se relata en el Evangelio del agua y el Espíritu. Todos los cristianos que viven en esta era deben conocer tanto el ministerio de Juan el Bautista como el de Jesús. Ahora debemos volver a la Palabra del Señor y debemos pensar por qué existe el ministerio de Juan el Bautista y creer en él. Debemos aceptar el ministerio de Juan el Bautista y el de Jesús y renovar nuestra fe. Al hacerlo, todos los que viven en este mundo deben participar de la llegada del día en el que todos conocerán la justicia de Dios. Esta fe obedece la voluntad de Dios que es perfecta.

La relación entre el Ministerio de JESÚS y el de JUAN EL BAUTISTA recogida en los Cuatro Evangelios
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Índice
1. Deben conocer el ministerio de Juan el Bautista y creer en él (Marcos 1, 1-2)
2. Juan el Bautista no fue un fracaso (Mateo 11, 1-14)
3. Juan el Bautista, que vino en el camino de la justicia (Mateo 17, 1-13)
4.¡Miren el ministerio de Juan el Bautista! (Lucas 1, 17-23)
5. Disfrutemos con gozo la gloria de Dios (Juan 1, 1-14)
6.¿Conocen los ministerios de dos siervos de Dios? (Juan 1, 30-36)
7.¿Por qué tuvo que ser bautizado Jesús? (Juan 3, 22-36)
8. Difundir el verdadero Evangelio y la obra justa de Jesús (Mateo 3:1-17)
10. Jesús vino para perdonar nuestros pecados (Mateo 3:13-17)
11. «He aquí que envío a mi mensajero» (Marcos 1, 1-5)
12. Creamos en Jesús conociendo a Juan el Bautista (Lucas 1, 1-17)
Prólogo
El Nuevo Testamento comienza con los Cuatro Evangelio, es decir los Evangelios de Mateo, Marcos, Lucas y Juan. Los cuatro tratan el asunto del ministerio de Juan el Bautista. Esto se debe a que su ministerio es muy importante. Sin el conocimiento adecuado de Juan el Bautista, no podemos decir que conocemos el ministerio de Jesucristo.
En ese caso debemos preguntarnos «¿Fue tan importante el ministerio de Juan el Bautista que está recogido en los Cuatro Evangelios?». Incluso Jesús dijo refiriéndose a Juan el Bautista: «Y si queréis recibirlo, él es aquel Elías que había de venir» (Mateo 11, 14). Por tanto Juan el Bautista era un hombre que nació para llevar a cabo un ministerio especial. Jesús también dijo: «Desde los días de Juan el Bautista hasta ahora, el reino de los cielos sufre violencia, y los violentos lo arrebatan» (Mateo 11, 12). Esto es cierto porque Juan el Bautista nació en el mundo y cuando bautizó a Jesucristo los pecados del mundo se pasaron a Él. De ahí que Jesús pudiese tomar los pecados del mundo en ese momento. Al hacer esta obra, el Señor ha permitido que los que creen en el ministerio de Juan el Bautista y en el ministerio de Jesús puedan entrar en el Cielo al haber borrado sus pecados. Este es el significado implícito del pasaje de las Escrituras del Evangelio de Mateo capítulo 11, versículos 12-14.
¿Creen que el Evangelio del agua y el Espíritu es la Verdad? Si es así, significa que conocen el ministerio de Juan el Bautista y el ministerio de Jesús correctamente. Sin embargo, muchos cristianos que no creen en el ministerio de Juan el Bautista no conocen la Verdad del Evangelio del agua y el Espíritu y tienen una fe que se basa en el fervor de la carne. Por su ignorancia esta gente ni siquiera intenta conocer el ministerio de Juan el Bautista escrito en los Cuatro Evangelios. Por tanto el ministerio de Juan el Bautista ha sido ignorado incluso entre los cristianos que dicen creer en Jesús. Quizás por esta razón opino que no hay mucha gente que tenga interés en el ministerio de Juan el Bautista hoy en día. Así hay gente que mira extrañada a los que se interesan por este asunto. Esto se debe a que muchos han dejado de interesarse por el ministerio de Juan el Bautista y de Jesús durante mucho tiempo.
Han existido líderes cristianos que hicieron creer a la gente que esto era lo correcto. De ahí que los cristianos de hoy en día sigan sin conocer el ministerio de Juan el Bautista. Estos son los que buscan una fe carnal y legalista. Como la gente del mundo ha vivido con una mente carnal y egoísta, han seguido el camino hacia la destrucción.
Yo daré testimonio del ministerio de Juan el Bautista recogido en los Cuatro Evangelios. No puedo hacer otra cosa que dar testimonio del ministerio de Jesucristo. No puedo dejar de hacer esta obra hasta que todos los cristianos del mundo conozcan el ministerio de Juan el Bautista y el de Jesús. Para comprender correctamente el ministerio de Jesús, debemos tener un conocimiento adecuado del ministerio de Juan el Bautista. Por todos medios espero que acepten humildemente el testimonio de estos dos ministerios y que los comparen con la Palabra de Dios. No voy a hablar de doctrinas actuales dentro del cristianismo, sino que voy a dar testimonio del ministerio de Juan el Bautista y del ministerio de Jesús recogidos en los Cuatro Evangelio en concordancia con la Palabra de Dios.
El Señor nos habla con mayor fuerza que nunca sobre la importancia del ministerio de Juan el Bautista
Ahora la humanidad debe aceptar en sus corazones el ministerio de Juan el Bautista y el de Jesús y así caminar hacia el trono de gracia y ser revestidos de la gracia de Dios. Si quieren volver a Jesucristo, primero tienen que conocer y aceptar el ministerio de Juan el Bautista. Si intentan conocer el ministerio de Jesús sin conocer el ministerio de Juan el Bautista, caerán en numerosos errores y mucho dolor. No deben dejar que el ministerio de Jesucristo sea en vano al descartar el ministerio de Juan el Bautista.
Ahora mismo, ¿conocen correctamente el ministerio de Juan el Bautista y el de Jesús? Si todavía tienen pecados en sus corazones a pesar de tener fe en el ministerio de Jesús, está claro que no conocen el ministerio de Juan el Bautista. El Señor nos ha hablado a todos nosotros sobre la necesidad del ministerio de Juan el Bautista. La Biblia dice que si no creemos en el ministerio de Juan el Bautista y nos resistimos a él, nos espera el juicio terrible para ese pecado. Nuestros corazones van hacia Jesucristo porque tenemos el amor de Dios y el ministerio de Juan el Bautista.
Ahora mismo quiero preguntar a los cristianos de hoy en día cuánto saben sobre el ministerio de Juan el Bautista
Dudo sobre la fe de los cristianos de hoy. Si intentan comprender el ministerio de Jesucristo si conocer el ministerio de Juan el Bautista, entrarán en un terrible caos, vacio y oscuridad. En otras palabras, serán idiotas. Pero como siguen diciendo que creen en el ministerio de Jesucristo sin conocer el ministerio de Juan el Bautista, me siento frustrado.
No tengo más remedio que hablar de esta Verdad. Les digo a estos cristianos ignorantes: «No saben que ignoran el ministerio de Juan el Bautista. ¿Qué piensan de este ministerio? En cuanto a la salvación que se recibe al creer en Jesús, ¿piensan que no importa conocer el ministerio de Juan el Bautista o no conocerlo?».
Debemos pensar cuál es la razón por la que Dios escribió en el Libro de Malaquías capítulo 4, en el Antiguo Testamento: «He aquí, yo os envío el profeta Elías» (Malaquias 4, 5). Dice que Dios quería mandar a Elías en Su tiempo. Entonces llegamos a la cuestión: «¿Por qué envió Dios a Juan el Bautista al mundo?». Debemos entender que Dios Padre había prometido enviar a Elías al mundo antes de que naciese Jesucristo. Jesús testificó que Juan el Bautista era Elías que estaba por venir, según la promesa de Dios:
«He aquí, yo os envío el profeta Elías,
antes que venga el día de Jehová,
grande y terrible
El hará volver el
corazón de los padres hacia los hijos,
y el corazón de los hijos hacia los padres,
no sea que yo venga y hiera la tierra con maldición» (Malaquias 4, 5-6).
¿No sería maravilloso que los cristianos de hoy entendiesen que este pasaje está hablando de Juan el Bautista? Entonces podrían recibir muchas bendiciones ante Dios. Sin embargo, la mayoría de los cristianos se pierden las bendiciones de Dios porque no entienden completamente este pasaje, y por eso predico este hecho constantemente.
¿Por qué dijo el Señor en este pasaje que enviaría al profeta Elías antes de juzgar al mundo? Está escrito que el profeta de Dios, Elías, vendría al mundo, llevaría el corazón de Dios a nosotros y nos conduciría a los que estamos hechos a la imagen de Dios hacia Dios. Podemos ver que estas palabras de profecía se cumplieron en el ministerio de Juan el Bautista que aparece en el Nuevo Testamento.
El contenido de este libro: La relación entre el ministerio de Jesús y el de Juan el Bautista recogida en los Cuatro Evangelios, será de mucha ayuda a los pecadores cristianos que sólo conocen y creen en la sangre del Señor. Además les enseñará lo que es el ministerio de Dios. Como descartan el ministerio de Juan el Bautista y lo ignoran, han creido sólo en la sangre derramada en la Cruz hasta ahora. Por tanto no han podido recibir la verdadera bendición de Dios enviada a través de Jesucristo. ¿Son una de estas personas? Si lo son deben creer en el amor de Dios y en Su justicia al conocer el ministerio de Juan el Bautista y el de Jesús de ahora en adelante. Deben darle gloria a Dios y desear recibir las bendiciones infinitas de Dios al entrar en estos ministerios que constituyen la justicia de Dios.
Algunas personas intentan hacer que el ministerio de Juan el Bautista no tenga significado
Esto se debe a que esta gente piensa que Juan el Bautista y su ministerio fueron un fracaso. No han entendido el ministerio de Juan el Bautista correctamente. Además ni lo intentan. Dicen que Juan el Bautista, en vez de reconocer a Jesús, dudó de Él y cayó en la tentación. Dicen que los pasajes de Mateo 11, 2-3 les llevó a pensar esto. Está escrito en Mateo 11, 2-3: «Y al oír Juan, en la cárcel, los hechos de Cristo, le envió dos de sus discípulos, para preguntarle: ¿Eres tú aquel que había de venir, o esperaremos a otro?». Con estos pasajes afirman que Juan el Bautista dudó de Jesucristo en vez de creer en Él como el Salvador, pero esto no es cierto.
Juan el Bautista no que Jesús fuera el Salvador, sino que quisó enviar a todos sus discípulos a Jesús para hacerlos discípulos de Jesús. Andrés y Juan eran dos de esos discípulos. Creo que hubo algunos discípulos bastante tercos que no obedecieron a su maestro cuando estaba en la cárcel y les dijo que fueran a Jesucristo y creyesen en Él. Estoy seguro de que Juan el Bautista quiso enviar a sus discípulos tercos a Jesús antes de morir.
¿Son ustedes parte de la multitud que duda del ministerio de Juan el Bautista y su fe? La fe y el ministerio de Juan el Bautista demuestran que era alguien que creyó en la divinidad de Jesús y en que era el Salvador, y especialmente el que era quien pasó los pecados del mundo a Jesús. No era un no creyente, sin que creyó en la divinidad de Jesucristo y que era el Cordero de Dios y además era quien bautizó a Jesús guiado por el Espíritu Santo. Por tanto sabemos que dijo esas palabras porque quería guiar a sus discípulos a Jesucristo. Esto se debe a que sabía que moriría siendo un martir dentro de poco y volvería a Dios.
Algunas personas no conocen el ministerio de Juan el Bautista e intentan ignorarlo. Esta gente es tonta. No deben hacer estas cosas. Si quieren creer en Jesucristo, que vino por el Evangelio del agua y el Espíritu, como el Salvador, antes de nada deben conocer el ministerio de Juan el Bautista y reconocer que era un mensajero enviado por Dios. Deben recordar que él era un siervo de Dios que pasó los pecados del mundo a Jesús mediante el bautismo. Esta obra no se hizo arbitrariamente, sino que bautizó a Jesucristo según la voluntad de Dios Padre. Como Juan el Bautista pasó los pecados del mundo a Jesucristo, dio testimonio el día siguiente diciendo: «He aquí el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo» (Juan 1, 29). El era la persona que bautizó a Jesús y pasó los pecados del mundo en el río Jordán.
Asimismo completó el ministerio de Elías, quien se prometió volveria en el Libro de Malaquias capítulos 3 y 4 en el Antiguo Testamento. Deben recordar la Palabra de Jesús que dijo: «Y si queréis recibirlo, él es aquel Elías que había de venir» (Mateo 11, 14). Así, en el Antiguo Testamento y en el Nuevo Testamento, Jesús dice que Juan el Bautista es el Elías mencionado en el Antiguo Testamento y habla de la importancia de su ministerio. Por tanto si ustedes que creen en Jesucristo como el Salvador, descartan su ministerio, deben arrepentirse y tener la fe correcta. En el Libro de Malaquias capítulo 4, versículo 6, el Señor dijo que juzgaría a los que no vienen al Señor e ignoran el ministerio por sus pecados.
Además en la Biblia Jesús dice que Juan el Bautista era alguien que llevó a cabo un ministerio muy importante. El pasaje del Evangelio de Mateo capítulo 11, versículo 12 dice: «Desde los días de Juan el Bautista hasta ahora, el reino de los cielos sufre violencia, y los violentos lo arrebatan» y este pasaje habla de cómo Juan el Bautista llevó a cabo la obra de pasar los pecados del mundo al bautizar a Jesucristo y de cómo Jesús pudo ir a la Cruz con los pecados del mundo al haber sido bautizado. Así Juan el Bautista pudo dar testimonio al mirar a Jesús y decir: «He aquí el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo». Esta es la Verdad de la que la Biblia habla en el Antiguo Testamento y en el Nuevo Testamento.
Una vez más les digo: «La gente que descarta el ministerio de Juan el Bautista recibirá un juicio terrible de Dios». Quiero que tengan en cuenta que el Señor dice la Verdad completa en los Cuatro Evangelios. Si una persona descarta el ministerio de Juan el Bautista escrito en los Cuatro Evangelios, esa persona no puede entender correctamente el ministerio de Jesucristo.
Ahora debemos darnos cuenta todos de la importancia del ministerio de Juan el Bautista y estar agradecidos por fe por la justicia de Dios perfeccionada en el Evangelio del agua y el Espíritu. Tanto el ministerio de Juan el Bautista como el de Jesús son valiosos e imprescindibles para nuestra salvación.
Al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu debemos vivir nuestra fe recibiendo las bendiciones de Dios al conseguir la remisión de los pecados y entrar dentro de la voluntad de Dios. Espero que ahora mismo ustedes estén agradecidos por fe por Jesucristo que ha venido por el Evangelio del agua y el Espíritu, y por el ministerio de Juan el Bautista, que llevó a cabo el ministerio de Dios con lealtad.
Espero que estas bendiciones milagrosas de Dios estén con ustedes.
30 de junio de 2006 Paul C. Jong, autor
SERMÓN 1

Deben conocer el
ministerio de Juan el
Bautista y creer en él
< Marcos 1, 1-2 >
«Principio del evangelio de Jesucristo, Hijo de Dios. Como está escrito en Isaías el profeta:
He aquí yo envío mi mensajero delante de tu faz, El cual preparará tu camino delante de ti».
Juan el Bautista preparó el camino al Señor
Marcos 1, 2 dice: «He aquí yo envío mi mensajero delante de tu faz, El cual preparará tu camino delante de ti». Queridos hermanos, pueden encontrar la justicia de Dios si dejan atrás sus nociones y siguen la Biblia y dejan que la Palabra de Dios les guíe. Así, cuando lean la Palabra de Dios, deben leerla después de haber dejado sus propios pensamientos y sus deseos carnales atrás. Sólo entonces podrán creer en la voluntad de Dios que Él quiere cumplir. Lo mismo se puede decir del pasaje de las Escrituras de hoy. Cuando dejan de lado sus pensamientos carnales y siguen la Palabra de Dios y dejan que les guíe, podrán entender el ministerio de Juan el Bautista y el de Jesús.
El mensajero que Dios envió antes de Jesús es Juan el Bautista. ¿Por qué dijo Dios en Mateo 11, 10-11 que nos envió a Juan el Bautista a nosotros? ¿Por qué nació Juan el Bautista 6 meses antes que Jesucristo? La razón es que Juan debía cumplir la función de Sumo Sacerdote del Antiguo Testamento en este mundo. Otra de las razones es que tenía que pasar los pecados de la humanidad a Jesucristo, el Cordero de Dios. Como descendiente de Aarón, el Sumo Sacerdote del Antiguo Testamento, Juan el Bautista había sido enviado para cumplir el sacerdocio de su familia por la voluntad de Dios. Juan el Bautista fue concebido por Dios en el seno de Isabel, descendiente de Aarón, el Sumo Sacerdote. Esto se hizo por la justicia de Dios, para que pasase todos los pecados de la humanidad a Jesucristo.
El Evangelio de Lucas presenta a Juan el Bautista como hijo de Zacarías, uno de los sacerdotes de la división de Habías. Esto significa que el padre de Juan el Bautista, Zacarías, nació de la división de Abias, uno de los nietos de Aarón, el Sumo Sacerdote. La división de Abias se refiere a sus descendientes. En otras palabras se refiere a los descendientes de Aarón, el Sumo Sacerdote.
Cuando los descendientes de Aarón crecieron en número, el Rey David instauró un orden rotativo para el sacerdocio, y los descendientes de Aarón, que eran todos de la estirpe del Sumo Sacerdote, podían ejercer como sacerdotes en turnos durante 15 días según sus respectivas divisiones. Los descendientes de Aarón cumplieron su ministerio de sacerdotes con el pueblo de Israel; algunos como Sumos sacerdotes y otros como sacerdotes ordinarios. Esto se debe a que Dios había dado el privilegio y la bendición de servir como sacerdotes sólo a los descendientes de Aarón.
Podemos encontrar pruebas de lo dicho anteriormente en 1 Crónicas 24, 1-19; pasemos a este pasaje: «También los hijos de Aarón fueron distribuidos en grupos. Los hijos de Aarón: Nadab, Abiú, Eleazar e Itamar. Mas como Nadab y Abiú murieron antes que su padre, y no tuvieron hijos, Eleazar e Itamar ejercieron el sacerdocio. Y David, con Sadoc de los hijos de Eleazar, y Ahimelec de los hijos de Itamar, los repartió por sus turnos en el ministerio. Y de los hijos de Eleazar había más varones principales que de los hijos de Itamar; y los repartieron así: De los hijos de Eleazar, dieciséis cabezas de casas paternas; y de los hijos de Itamar, por sus casas paternas, ocho. Los repartieron, pues, por suerte los unos con los otros; porque de los hijos de Eleazar y de los hijos de Itamar hubo príncipes del santuario, y príncipes de la casa de Dios. Y el escriba Semaías hijo de Natanael, de los levitas, escribió sus nombres en presencia del rey y de los príncipes, y delante de Sadoc el sacerdote, de Ahimelec hijo de Abiatar y de los jefes de las casas paternas de los sacerdotes y levitas, designando por suerte una casa paterna para Eleazar, y otra para Itamar. La primera suerte tocó a Joiarib, la segunda a Jedaías, la tercera a Harim, la cuarta a Seorim, la quinta a Malquías, la sexta a Mijamín, la séptima a Cos, la octava a Abías, la novena a Jesúa, la décima a Secanías, la undécima a Eliasib, la duodécima a Jaquim, la decimatercera a Hupa, la decimacuarta a Jesebeab, la decimaquinta a Bilga, la decimasexta a Imer, la decimaséptima a Hezir, la decimaoctava a Afses, la decimanovena a Petaías, la vigésima a Hezequiel, la vigesimaprimera a Jaquín, la vigesimasegunda a Gamul, la vigesimatercera a Delaía, la vigesimacuarta a Maazías. Estos fueron distribuidos para su ministerio, para que entrasen en la casa de Jehová, según les fue ordenado por Aarón su padre, de la manera que le había mandado Jehová el Dios de Israel».
Ahora pasemos a la historia del Día de la Expiación, cuando el pueblo de Israel ofrecía sus sacrificios anuales a Dios. Esta escena se describe en Levítico 16, 29-34: «Y esto tendréis por estatuto perpetuo: En el mes séptimo, a los diez días del mes, afligiréis vuestras almas, y ninguna obra haréis, ni el natural ni el extranjero que mora entre vosotros. Porque en este día se hará expiación por vosotros, y seréis limpios de todos vuestros pecados delante de Jehová. Día de reposo es para vosotros, y afligiréis vuestras almas; es estatuto perpetuo. Hará la expiación el sacerdote que fuere ungido y consagrado para ser sacerdote en lugar de su padre; y se vestirá las vestiduras de lino, las vestiduras sagradas. Y hará la expiación por el santuario santo, y el tabernáculo de reunión; también hará expiación por el altar, por los sacerdotes y por todo el pueblo de la congregación. Y esto tendréis como estatuto perpetuo, para hacer expiación una vez al año por todos los pecados de Israel. Y Moisés lo hizo como Jehová le mandó».
Deben darse cuenta de que eran los descendientes de Aarón a los que Dios les encargó ser Sumos Sacerdotes para siempre. La Ley inamovible de Dios decía que los descendientes de Aarón desempeñaran las funciones de Sumo Sacerdote. Para que el pueblo de Israel pudiera expiar sus pecados, Dios hizo que el Sumo Sacerdote ofreciera sacrificios para el pecado todos los años el día décimo del séptimo mes.
Después de pasar la era del Antiguo Testamento y de empezar la del Nuevo Testamento, Juan el Bautista nació de la casa de Aarón, el Sumo Sacerdote, para cumplir el ministerio de pasar todos los pecados de la humanidad a Jesucristo al bautizarlo. Dicho de otra manera, el papel de Juan el Bautista era el de ser el Último Sumo sacerdote del Antiguo Testamento.
Marcos 1, 1-2 habla del ministerio de Juan el Bautista
Está escrito en Lucas 1, 5: «Hubo en los días de Herodes, rey de Judea, un sacerdote llamado Zacarías, de la clase de Abías; su mujer era de las hijas de Aarón, y se llamaba Isabel». Este pasaje menciona que tanto Zacarías como su mujer Isabel eran descendientes de Aarón. Lo que debemos entender aquí es el ministerio de Juan el Bautista y el misterio del Evangelio del agua y el Espíritu.
Juan el Bautista nació de Zacarías e Isabel y estos dos pertenecían a la casa de Aarón, el primer Sumo Sacerdote del Antiguo Testamento. Dios hizo que Juan el Bautista naciese de Zacarías y su esposa para que Juan heredara el cargo de Sumo Sacerdote en este mundo. Como representante de la humanidad que bautizó a Jesús, Juan el Bautista cumplió las funciones del último sacerdote de la era del Antiguo Testamento. Esta es la providencia de la redención que se encuentra en Jesucristo y la obra de la alianza justa de Dios que se encuentra en esta providencia y en Su complacencia.
Juan el Bautista era el siervo de Dios que fue llamado según la providencia de la redención de Jesucristo. En otras palabras, según la voluntad de Dios Juan el Bautista nació en la casa de Aarón para cumplir la función del último Sumo Sacerdote de la tierra. Al nacer en la casa de Aarón, Juan el Bautista obró como Sumo Sacerdote de toda la humanidad. Aquí debemos examinar esta función en mayor detalle y llegar a comprenderlo completamente. Sólo entonces podemos entender correctamente y creer en el ministerio de Jesucristo que vino para salvarnos de todos los pecados del mundo. Aunque a menudo pensamos en Jesús como Salvador de la humanidad, cuando pensamos en Elías que está por venir, mencionado en Malaquías capítulo 4 del Antiguo Testamento, no nos importa.
Para entender por qué es tan necesario que todos los cristianos en estos últimos tiempos entender el ministerio de Juan el Bautista, debemos volver a la Palabra de Dios. Debemos considerar la relación entre el ministerio de Juan el Bautista y el Jesús. Si no hubiese ninguna conexión entre el ministerio de Juan el Bautista y el de Jesús, no habría ninguna razón por la que interesarnos en Juan el Bautista. Esto se debe a que su ministerio está íntimamente ligado al de Jesús.
Esto es más cierto hoy en día porque los corazones de la mayoría de los cristianos no han sido limpiados de sus pecados, y porque hay una necesidad de que los cristianos de todo el mundo vuelvan a Jesucristo que vino por el Evangelio del agua y el Espíritu. En cuanto al ministerio de Juan el Bautista y el de Jesús, es absolutamente indispensable conocer y creer en la razón por la que Jesús fue bautizado por Juan el Bautista. Sólo entonces podremos entender la razón por la que Jesús derramó Su sangre en la Cruz por nosotros después de haber sido bautizado por Juan. Juan el Bautista era el mensajero de Dios que fue enviado por Dios Padre al mundo casi al mismo tiempo en que Jesucristo, Su Hijo, fue enviado. Como Sumo Sacerdote de la era del Antiguo Testamento Juan cumplió este ministerio al bautizar a Jesús.
Por eso Dios dijo en Marcos 1, 2: «Como está escrito en Isaías el profeta: «He aquí yo envío mi mensajero delante de tu faz, el cual preparará tu camino delante de ti». Deben darse cuenta de que los escritores de los Cuatro Evangelios en el Nuevo Testamento desvían nuestra atención al ministerio de Juan el Bautista antes de hablar de Jesucristo. Marcos, discípulo de Jesús, primero presentó el ministerio de Juan el Bautista, que era el de pasar los pecados del mundo a Jesús. Esto se debe a que Marcos sabía que Juan el Bautista tenía que pasar los pecados del mundo a Jesús al bautizarlo. Esto se debe a que Juan el Bautista era el hombre que pasó los pecados de la humanidad a Jesús a través del bautismo.
Citando un pasaje del Antiguo Testamento, Marcos está diciendo que Juan el Bautista era el siervo de Dios preparado de antemano según Su providencia. La razón de esto es que cuando todos entendemos el ministerio de Juan el Bautista sólo entonces podemos entender el ministerio de Jesús y creer en él. Juan el Bautista era el mensajero que Dios Padre envió al mundo 6 meses antes de Jesús. En otras palabras, era el embajador de Dios que fue enviado para pasar los pecados del mundo a Jesús. Juan el Bautista fue elegido por Dios entre los Sumos Sacerdotes del Antiguo Testamento y era el siervo de Dios que debía pasar los pecados del mundo a Jesús al bautizarle y así cumplió su función de sacerdote.
Por tanto su ministerio estaba bendecido y por eso fue el siervo de Dios que cumplió una función importante para cumplir la justicia de Dios. Juan el Bautista era el bendecido que, junto con Jesús, era indispensable para cumplir toda la justicia de Dios (Mateo 3, 15). En otras palabras, era el siervo de Dios que dejó claro que Jesús se convertiría en el Salvador de todos los pecados. Así no deberíamos ignorar el hecho de que los cuatro escritores de los Cuatro Evangelios presentan el ministerio de Juan el Bautista antes del ministerio de Jesús. Antes de conocer el ministerio de Jesús, todos nosotros debemos conocer la importancia del ministerio de Juan el Bautista.
Tanto espiritualmente como factualmente, Juan el Bautista era el embajador de Dios que fue enviado desde el Reino de los Cielos. A través del ministerio de Juan el Bautista, que vino del Reino de los Cielos para obedecer la voluntad de Dios, podemos entender el ministerio de Jesucristo correctamente. Si entendemos correctamente el ministerio de Juan el Bautista, entonces también podemos entender fácilmente que Jesús cargó con los pecados de la humanidad de una sola vez al ser bautizado por Juan el Bautista para convertirse en nuestro Salvador. Así podemos ver que los Cuatro Evangelios en el Nuevo Testamento relatan el ministerio de Juan el Bautista, siervo de Dios.
¿Por qué nos envió Dios a Juan el Bautista, un descendiente de Aarón, antes de enviar a Jesús al principio de la era del Nuevo Testamento? Esto nos demuestra que del mismo modo en que Aarón, el Sumo Sacerdote, que pasaba a un cordero los pecados del pueblo de Israel cometidos durante un año mediante la imposición de manos en el Antiguo Testamento, Juan el Bautista es el hombre que pasó estos pecados del mundo a Jesús de una vez por todas en la era del Nuevo Testamento.
Levítico 16, 21 dice: «Y pondrá Aarón sus dos manos sobre la cabeza del macho cabrío vivo, y confesará sobre él todas las iniquidades de los hijos de Israel, todas sus rebeliones y todos sus pecados, poniéndolos así sobre la cabeza del macho cabrío, y lo enviará al desierto por mano de un hombre destinado para esto». El homólogo del Nuevo Testamento para este pasaje es el ministerio de Juan el Bautista, y el bautismo de Jesús denota la importancia de este ministerio.
Voy a ilustrar este punto con un ejemplo secular. Digamos que un hombre joven es recluido para el servicio militar y recibe el entrenamiento necesario. No se convierte en un buen soldado nada más empezar, sino que más tarde. Asimismo Jesús no tomó los pecados de la humanidad desde el momento en que nació, sino que cargó con ellos cuando tenía 30 años y fue bautizado por Juan el Bautista, y por eso se ha convertido en el verdadero Salvador. Así como Jesús cargó con los pecados del mundo pudo ser crucificado para expiarlos. El animal expiatorio del Antiguo Testamento se convirtió en un sacrificio expiatorio para aceptar los pecados anuales de los israelitas de una vez por todas mediante la imposición de manos del Sumo Sacerdote. Del mismo modo Juan el Bautista cumplió la importante función de pasar los pecados del mundo a la ofrenda para el pecado llamada Jesucristo, el Cordero de Dios, al bautizarle.
Hebreos 10, 1 dice refiriéndose a esta Verdad: «Porque la ley, teniendo la sombra de los bienes venideros, no la imagen misma de las cosas, nunca puede, por los mismos sacrificios que se ofrecen continuamente cada año, hacer perfectos a los que se acercan». La Biblia también dice en Isaías 40, 3: «Voz que clama en el desierto: Preparad camino a Jehová; enderezad calzada en la soledad a nuestro Dios». Dios Padre está diciendo que pasó los pecados del mundo a Su Hijo Jesús de una vez por todas a través de Juan el Bautista. Todos y cada uno de los pecados de este mundo se pasó a la cabeza de Jesús a través del bautismo que recibió de Juan el Bautista. Antes de ser crucificado, Jesús cargó con los pecados de este mundo a través del bautismo recibido de la mano de Juan el Bautista.
El Nuevo Testamento presenta el ministerio de Juan el Bautista antes que el ministerio de Jesús al principio de los Cuatro Evangelios
Tal y como está escrito en el Antiguo Testamento, Juan el Bautista era un mensajero de Dios. Hoy en día, sin embargo, hay una tendencia pronunciada según la cual los maestros del Evangelio ignoran a Juan el Bautista y su ministerio. Esta es una gran falacia espiritual y un problema muy grave. Es lo mismo que ignorar la sabiduría de Dios y Su plan para dar a los humanos la vida eterna. Sin embargo, deben reconocer que sólo al entender y creer en el ministerio de Juan el Bautista pueden darse cuenta de que Jesucristo es el verdadero Salvador de la humanidad. Si predican sin tener este conocimiento, esta sabiduría y esta fe, nunca podrán predicar correctamente. Sólo se convertirán en practicantes de religiones mundanas que predican sólo lo más superficial y se dejan lo más importante del Evangelio del agua y el Espíritu. Sin enseñar la función de Juan el Bautista a la congregación, ningún predicador puede llevarles a Jesucristo que vino por el Evangelio del agua y el Espíritu. Esto no es nada más que un sermón vacío de contenido.
Así la mayoría de los cristianos de hoy en día que dicen creer en Jesús, en realidad están viviendo vidas de fe sin conocer el misterio del Evangelio del agua y el Espíritu. Por eso aunque creen en Jesús como su Salvador, sus pecados no han desaparecido y siguen estando malditos para siempre. La fe de esta gente no vale para nada, y cometen la falacia de corromper el cristianismo y convertirlo en una religión mundana cuando en realidad debería traer vida eterna. Como consecuencia, hay muchos cristianos hoy en día que dicen que todavía tienen pecados aunque creen en Jesús. Para esta gente todo el mundo es un pecador, ya crea en Jesús o no. Como tanto la gente del mundo como los cristianos son pecadores en espíritu, no hay nada que los diferencie. Si hay una diferencia, es que algunos pecadores conocen sus pecados y otros no; pero mientras vivan como pecadores son todos iguales. ¿Entonces para qué sirve creer en Jesús?
Si no conocen el Evangelio del agua y el Espíritu y no creen en él, no son diferentes de los demás que no conocen la justicia de Dios que Jesucristo ha cumplido. ¿Tienen fe en el Evangelio del agua y el Espíritu ahora? Los que ahora creen que Jesucristo es su Salvador que vino por el Evangelio del agua y el Espíritu, ¿son pecadores o personas justas? Los predicadores del Evangelio de hoy en día dicen que todo el mundo puede ir al Cielo si cree en Jesús ciegamente, incluso si no saben nada del Evangelio del agua y el Espíritu. Por eso muchas personas siguen teniendo pecados. Esto se debe a que sus líderes están ciegos y porque no se arrepienten.
¿Cómo pueden los cristianos de hoy en día decir que creen en Jesús como su Salvador sin conocer el Evangelio del agua y el Espíritu? Jesús dio testimonio de Juan el Bautista en la Biblia: «Juan el Bautista vino en el camino de la justicia». Así que, ¿cómo puede una persona borrar sus pecados diciendo que cree solamente en Jesús incondicionalmente? ¿Puede un ministro que no conoce el ministerio de Juan el Bautista decir que conoce y cree en Jesús correctamente? Por supuesto que no. Por eso debemos entender claramente el ministerio de Juan el Bautista y el de Jesús.
Mateo 21, 32 dice: «Porque vino a vosotros Juan en camino de justicia, y no le creísteis; pero los publicanos y las rameras le creyeron; y vosotros, viendo esto, no os arrepentisteis después para creerle». El cristianismo de hoy en día sólo alardea de su larga historia. Como los líderes cristianos no conocen el ministerio de Juan el Bautista en conexión con el ministerio de Jesús, aunque intenten evangelizar, los que son evangelizados no pueden dar el fruto de la salvación. Me rompe el corazón ver que muchos cristianos no tienen ni idea de cómo sus pecados han sido borrados tal y como está escrito:
«Mi pueblo fue destruido, porque le faltó conocimiento.
Por cuanto desechaste el conocimiento,
yo te echaré del sacerdocio;
y porque olvidaste la ley de tu Dios,
también yo me olvidaré de tus hijos» (Osea 4, 6).
Les voy a contar una historia ahora. Hace mucho tiempo, en un pueblo remoto había dos hermanos que eran completamente analfabetos. El hermano mayor se fue de casa para encontrar trabajo, pero volvió a casa por vacaciones. El día antes de Acción de Gracias, fue a dar un paseo con su hermano a una colina que había cerca. Como era otoño, había muchas señales advirtiendo de que podría haber fuego en el campo. Así que los hermanos se encontraron con una de estas señales que colgaba de un poste de la luz y que decía: «Peligro de incendios» escrito en rojo con un fondo blanco. El hermano pequeño había visto que su hermano había vuelto a casa cambiado después de mucho tiempo de ausencia, y que vestía a la moda, así que pensó que su hermano mayor sabría decirle lo que ponía en la señal.
Así que le preguntó a su hermano: «¿Qué dice esta señal?». El hermano mayor no tenía ni idea de lo que ponía, pero como su hermano pequeño le estaba preguntando, sintió que debía contestarle para no quedar mal. Así que miró a su alrededor y como la señal estaba colgando de postes eléctricos, le dijo al hermano pequeño: «La señal dice: “poste eléctrico”». El hermano pequeño, impresionado, alabó a su hermano mayor diciendo: «¡Vaya! ¡Eres muy inteligente!».
Pero un poco más tarde, se encontraron con otra señal. Esta vez la señal decía: «Peligro de incendios forestales». El hermano pequeño, por supuesto, no sabía que ponía porque era totalmente analfabeto. Así que le preguntó a su hermano mayor: «¿Qué pone ahí?». El hermano mayor le había dado una respuesta falsa antes, pero ahora le preguntaba de nuevo. Así que pensó qué debía decir. Entonces pensó que esta señal tenía una palabra más que la anterior y dijo: «La señal dice: “Otro poste eléctrico”». Una vez más el hermano pequeño quedó impresionado.
Siguieron su paseo y hablaron de lo que había pasado en sus vidas mientras habían estado separados, y compartieron momentos de gozo. Pero de repente se encontraron otra señal. Esta vez decía: «Cuidado con los incendios forestales». Así el hermano pequeño preguntó de nuevo qué decía la señal: «¿Qué pone en esta señal?». El hermano mayor pensó en esto y dijo: «Dice: “Un poste eléctrico más”».
Siguieron caminando y se encontraron otra señal. Esta decía: «Tengan mucho cuidado con los incendios forestales». Así que el hermano pequeño preguntó de nuevo qué decía y el hermano mayor contestó: «Dice: “más y más postes eléctricos”». De nuevo el hermano pequeño se quedó impresionado y le dijo: «¡Eres tan inteligente! Quiero que me lleves contigo cuando te vayas de casa».
Cuando retomaron el camino vieron una señal que tenía aún más letras. Decía: «Asegúrense de que han apagado bien el fuego». Así que el hermano pequeño preguntó: «¿Qué dice esta vez?». Todas las respuestas anteriores tenían que ver con los postes eléctricos y entonces ¿qué creen que dijo el hermano mayor? Dijo: «Dice: “Este es otro poste eléctrico más”». Y de esta manera el hermano mayor impresionó a su hermano pequeño.
De entre los que predican el Evangelio hoy en día, hay mucha gente que es igual que este hermano mayor de nuestra historia. Aunque no saben exactamente cómo cargó Jesús con los pecados del mundo, insisten ciegamente que como Dios les ama y se sacrificó por ellos, han sido salvados por creer sólo en la Cruz de Jesús. Pero esto está mal. Sólo podemos entender una señal si conocemos todas las letras y su significado. Podemos entender correctamente el Evangelio del agua y el Espíritu sólo si conocemos bien a Juan el Bautista. A través de Juan el Bautista podemos creer hoy en Jesús a través de la Palabra de las Escrituras basándonos en los que la Biblia dice de Juan el Bautista. Juan dio testimonio de Jesús, de los pecados con los que cargó, de cómo cargó con ellos, cómo es el Hijo de Dios y cómo llevó todos los pecados. El Apóstol Juan es un discípulo de Jesús mientras que Juan el Bautista es un mensajero de Dios, el representante de la humanidad, un descendiente de Aarón, el último profeta de la raza humana y el último Sumo Sacerdote.
Juan el Bautista es un siervo de Dios enviado por el Padre
Está escrito en Juan 1, 6-7: «Hubo un hombre enviado de Dios, el cual se llamaba Juan. Este vino por testimonio, para que diese testimonio de la luz, a fin de que todos creyesen por él». El Apóstol Juan da testimonio de que había un hombre enviado por Dios llamado Juan y que a través de su testimonio podemos creer en Jesucristo. Sin el testimonio de Juan el Bautista mencionado en Juan 1, 7, ¿cómo podríamos creer en Jesús correctamente? Como nunca hemos visto a Jesús y todos somos de diferentes entornos culturales, nacionales y religiosos, ¿cómo podríamos haber creído en Jesús como nuestro Salvador si no hubiéramos conocido el ministerio llevado a cabo por Juan el Bautista? Sin Juan el Bautista, el pionero del Evangelio, ¿cómo podríamos haber creído en Jesús como nuestro Salvador? Sólo cuando examinamos la fundación del plan de salvación de Dios podemos saber si Jesucristo es de verdad nuestro Salvador o no. ¿Acaso no es sólo cuando sabemos cuándo, cómo y a través de quien nuestros pecados fueron pasados a Jesús que podemos creer en Él? ¿No es esto cierto?
Mis queridos hermanos, los cristianos que ya creen en Jesús deben entender el ministerio de Juan el Bautista. Para ser el líder de un pueblo hay que saber leer y escribir. Hacer a una persona analfabeta líder causa problemas. Porque no sólo tendrá problemas esta persona, sino que todo el pueblo sufrirá las consecuencias.
Mis queridos hermanos, sólo cuando entienden el ministerio de Juan el Bautista enviado por Dios, pueden ser salvados del pecado de verdad. Deben darse cuenta de que cuando creen en Jesús, cuando aceptan y creen que se ha convertido en su Salvador, ustedes pueden ser salvador y su salvación no caduca. Cuando tenemos esta fe, podemos dar testimonio con nuestros labios de que Jesús nos ha salvado de todos los pecados porque nos ama a todos. ¿No están de acuerdo?
Del mismo modo en que el conocimiento es imperativo para hacer algo, deben darse cuenta de que Juan el Bautista vino por el camino de la justicia, y deben darse cuenta de que Jesús cargó con nuestros pecados de una vez a través del bautismo que recibió de Juan. ¿No es sólo entonces que creemos en Jesús como nuestro Salvador? Juan el Bautista es el siervo de Dios que pasó los pecados del mundo a Jesús, y es el último Sumo Sacerdote de la era del Antiguo Testamento.
Todos debemos pensar en el ministerio de Juan el Bautista en conexión con el ministerio de Jesucristo, entender esta relación y decidirnos a creer en Él.
SERMÓN 2

Juan el Bautista no fue
un fracaso
< Mateo 11, 1-14 >
«Cuando Jesús terminó de dar instrucciones a sus doce discípulos, se fue de allí a enseñar y a predicar en las ciudades de ellos. Y al oír Juan, en la cárcel, los hechos de Cristo, le envió dos de sus discípulos, para preguntarle: ¿Eres tú aquel que había de venir, o esperaremos a otro? Respondiendo Jesús, les dijo: Id, y haced saber a Juan las cosas que oís y veis. Los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos son limpiados, los sordos oyen, los muertos son resucitados, y a los pobres es anunciado el evangelio; y bienaventurado es el que no halle tropiezo en mí. Mientras ellos se iban, comenzó Jesús a decir de Juan a la gente: ¿Qué salisteis a ver al desierto? ¿Una caña sacudida por el viento? ¿O qué salisteis a ver? ¿A un hombre cubierto de vestiduras delicadas? He aquí, los que llevan vestiduras delicadas, en las casas de los reyes están. Pero ¿qué salisteis a ver? ¿A un profeta? Sí, os digo, y más que profeta. Porque éste es de quien está escrito: He aquí, yo envío mi mensajero delante de tu faz, El cual preparará tu camino delante de ti. De cierto os digo: Entre los que nacen de mujer no se ha levantado otro mayor que Juan el Bautista; pero el más pequeño en el reino de los cielos, mayor es que él. Desde los días de Juan el Bautista hasta ahora, el reino de los cielos sufre violencia, y los violentos lo arrebatan. Porque todos los profetas y la ley profetizaron hasta Juan. Y si queréis recibirlo, él es aquel Elías que había de venir».
Tenemos que entender el ministerio de Juan el Bautista
¿Exactamente qué ministerio cumplió Juan el Bautista antes de Jesús? Muchos cristianos hoy no entienden a Juan el Bautista correctamente y por eso deben mirarle de nuevo para entenderle y apreciar su ministerio correctamente. Todos nosotros debemos conocer la relación entre el ministerio de Jesús y el de Juan el Bautista y apreciarla. Al entender correctamente esta relación, deben recibir la remisión de sus pecados por fe.
En el pasaje de las Escrituras de hoy, Jesucristo dijo a los discípulos de Juan el Bautista: «Id, y haced saber a Juan las cosas que oís y veis. Los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos son limpiados, los sordos oyen, los muertos son resucitados, y a los pobres es anunciado el evangelio».
De hecho los ciegos que conocieron a Jesús pudieron ver, los cojos pudieron levantarse y andar, los poseídos fueron librados de sus demonios cuando se encontraron con Jesús y el Evangelio del Cielo pudo ser predicado a los pobres de espíritu.
Lo que debemos entender ante todo aquí es que el ministerio de Jesús incluye la obra de abrir los ojos a los ciegos. En estos tiempos nuestro Señor nos ha dado el Evangelio del agua y el Espíritu, el verdadero Evangelio que abre los ojos de los pecadores que están caminando en la oscuridad.
Antes de conocer a Jesucristo, todo el mundo tenía pecados en sus corazones y era ciego ante Dios. Nosotros tampoco conocíamos la autenticidad del Evangelio del agua y el Espíritu, ni sabíamos quién era Jesús, ni tampoco conocíamos nuestros pecados y las fatales consecuencias de estos. Y no estábamos interesados en la verdadera Palabra del Evangelio del agua y el Espíritu, la Verdad de la salvación que Jesús nos ha dado.
Sin embargo, mucha gente ahora ha escuchado la poderosa Palabra del Evangelio del agua y el Espíritu y al tener fe en esta Palabra, sus ojos espirituales se han abierto y han descubierto la Verdad que les permite ser salvados de sus pecados. Los que conocen este verdadero Evangelio y creen en él ahora han descubierto la Verdad de la remisión de los pecados que no conocían antes: los ojos de la fe se han abierto y ahora han empezado a hacer la obra de Dios. Del mismo modo en que los ojos de la carne pueden ver todo lo que hay en el mundo, ahora podemos ver el mundo espiritual claramente con nuestros ojos espirituales ya que han sido abiertos por nuestra fe en el Evangelio del agua y el Espíritu. Así es como llegamos a comprender que el ministerio de Jesús es el ministerio para el Evangelio del agua y el Espíritu.
A cause de nuestros pecados, hemos sido ciegos y cojos espiritualmente y no podíamos ver ni el ministerio de Dios ni Su obra. En otras palabras, hemos sido pecadores que estaban condenados a ir al infierno. Sin embargo, Jesucristo vino a la tierra, fue bautizado por Juan el Bautista, derramó Su sangre en la Cruz, y así ha cumplido las obras que quitaron el pecado del mundo. Por tanto quien crea en esta Verdad puede experimentar cómo todos sus pecados desaparecen. Jesucristo ha borrado todos nuestros pecados al venir al mundo, ser bautizado por Juan el Bautista y derramar Su sangre en la Cruz. Incluso ahora estas obras de Dios siguen llevándose a cabo en los corazones de los que creen en el Evangelio del agua y el Espíritu. Con el poder del Evangelio del agua y el Espíritu nuestro Señor ha abierto los ojos espirituales de Sus creyentes y nos ha hecho levantarnos a los que estábamos ciegos y cojos espiritualmente.
Debemos darnos cuenta de que si intentamos hacer la obra de Dios sin tener fe en el Evangelio del agua y el Espíritu, no habrá ningún beneficio para nuestros cuerpos y espíritus. Los que todavía no han recibido la remisión de sus pecados piensan constantemente: «Debo vivir con virtud. Debo ser bueno con todo el mundo». Pero nadie es ni remotamente capaz de conseguirlo, de hacer lo que está bien y vivir con virtud.
Antes de conocer el poder del Evangelio del agua y el Espíritu, teníamos pecados en nuestros corazones y por tanto habíamos sido pecadores y como consecuencia no podíamos saber cuál era la obra justa de Dios, ni hacerla. Sin embargo, como nuestro Señor aceptó nuestros pecados en Su bautismo y como los borró todos con la sangre que derramó en la Cruz mientras cargaba con los pecados del mundo, pudimos ser salvados de estos pecados. Gracias a que Jesucristo nos ha salvado de nuestros pecados por el poder del Evangelio del agua y el Espíritu, ahora podemos vivir según la voluntad de Dios. Ahora podemos hacer que todo el mundo pruebe el poder de este verdadero Evangelio y sea salvado.
Al traer nueva vida mediante la Verdad de salvación a los que éramos cojos espirituales, Jesucristo nos ha permitido ser salvados de todos nuestros pecados y nuestras maldiciones. Lo que Jesús dijo aquí, que «los leprosos son limpiados y los sordos oyen; los muertos se levantan», también se ha cumplido en los corazones de os que creemos en el Evangelio del agua y el Espíritu. Antes, como éramos pecadores, también éramos leprosos espirituales. En aquel entonces nuestros corazones tenían pecados y no podíamos ser limpiados a no ser que pusiésemos nuestra fe en el verdadero Evangelio del agua y el Espíritu.
Nuestro Señor también dijo que los sordos oirían. Cuando éramos pecadores, no podíamos entender la Palabra de Dios incluso cuando la escuchábamos. Pero ahora, como hemos sido revestidos del poder del Evangelio del agua y el Espíritu al tener fe en él, podemos entender la Palabra de Dios, entender su verdadero significado y creer en él de todo corazón.
Todo el mundo vive en un estado de sed y hambre espiritual. Sufren de cojera y sordera espiritual. Pero el Señor todavía les da la oportunidad de ser sanados al dejar que les prediquemos el Evangelio del agua y el Espíritu. Debemos apiadarnos de ellos. Debemos recordar que cuando no conocíamos este Evangelio de salvación, el Evangelio del agua y el Espíritu, no teníamos ninguna satisfacción, y que no podíamos vivir con los pecados de nuestros corazones. No deberíamos olvidar Su gracia y misericordia que ha convertido a los pecadores en justos.
En realidad lo que el Señor les dijo a los discípulos de Juan el Bautista sobre los milagros que había hecho fue para hacerles saber que Jesús es el Hijo de Dios, el verdadero Salvador y el Mesías que ha de venir.
Alguno dirán que mientras Juan el Bautista estaba en la cárcel, fue tentado y dudó de que Jesús fuese el Mesías, y por eso envió a sus discípulos a Jesús. Pero esto no es cierto. ¿Quién era Juan el Bautista? El hombre más grande nacido de mujer. Era incluso mayor que cualquier otro siervo de Dios. En otras palabras, Juan el Bautista no envió a sus discípulos a Jesús para que le preguntasen: « ¿Eres el que ha de venir?» porque no creyera en Él, sino que estaba intentando educar a sus discípulos para que supiesen quién era Jesús en realidad.
Juan el Bautista ya sabía y creía que Jesús era el Salvador y el Hijo de Dios: aún es más, escuchó el testimonio de Dios Padre cuando bautizó a Jesucristo en el río Jordán (Mateo 3, 17), y también dio testimonio de Jesús. Como algunos de sus discípulos no conocían a Jesús correctamente, Juan el Bautista los envió a Jesús para enseñarles que Jesucristo es el Salvador que iba a venir. De hecho, después de que Juan el Bautista supiera que Jesucristo era el Mesías por venir, intentó dejar su ministerio y enviar a sus discípulos al Señor. Para revelar a Jesús a Israel, Juan dijo: «Es necesario que él crezca, pero que yo mengüe» (Juan 3, 30). Por ejemplo, Andrés, el hermano de Simón Pedro, había sido un discípulo de Juan, pero siguió a Jesús cuando escuchó a Juan dar testimonio de Jesús (Juan 1, 40).
Pero aún así los críticos de Juan el Bautista están diciendo toda clase de tonterías, aunque ni siquiera lo conozcan, y afirman: «Juan el Bautista fue un fracaso. Cayó en la tentación y no creyó en Jesús. Su fe se vino abajo cuando estaba en la cárcel».
Pero, mis queridos hermanos, ustedes no deben dudar de la fe de Juan el Bautista. Él y Jesús tenían sus funciones que cumplir juntos en la providencia de Dios Padre. Esta funciones eran las de bautizar y ser bautizado, los ministerios que cumplirían la justicia de Dios. Por eso Jesús y Juan el Bautista dieron testimonio de estos dos ministerios.
Mateo 11, 7-9 dice: «Mientras ellos se iban, comenzó Jesús a decir de Juan a la gente: ¿Qué salisteis a ver al desierto? ¿Una caña sacudida por el viento? ¿O qué salisteis a ver? ¿A un hombre cubierto de vestiduras delicadas? He aquí, los que llevan vestiduras delicadas, en las casas de los reyes están. Pero ¿qué salisteis a ver? ¿A un profeta? Sí, os digo, y más que profeta».
Jesús dijo aquí: «¿A qué salisteis al desierto? ¿A ver a un profeta? Os digo que Juan el Bautista es más que un profeta». Entonces Jesús explicó a Juan el Bautista refiriéndose a Malaquías 3, 1 de las Escrituras.
Mateo 11, 10 es un pasaje que cita a Malaquías 3, 1. En él Jesús dijo: «Porque éste es de quien está escrito: He aquí, yo envío mi mensajero delante de tu faz, El cual preparará tu camino delante de ti». Refiriéndose al pasaje escrito en Malaquías 3, 1, Jesús dio testimonio de que Juan el Bautista era el mensajero de Dios que fue enviado antes que Él.
¿Quién es el mensajero de Dios descrito en Malaquías 3, 1? Es Juan el Bautista. Malaquías 4, 5-6 también habla del mensajero de Malaquías 3, 1 («Envío a mi mensajero») y también se refiere a Juan el Bautista.
En Mateo 11, 11, Jesús dijo: «De cierto os digo: Entre los que nacen de mujer no se ha levantado otro mayor que Juan el Bautista; pero el más pequeño en el reino de los cielos, mayor es que él».
¿Por qué nos dijo esto el Señor? ¿Por qué dice que Juan el Bautista es el mayor de los nacidos de mujer? Jesús nos está diciendo que Juan el Bautista era el mensajero de Dios profetizado en el Antiguo Testamento, y que es el representante de la humanidad.
Este pasaje sigue con otra frase difícil: «Pero el que es menor en el reino de los cielos es mayor que él». Muchos falsos maestros juzgan a Juan el Bautista como un fracaso por este pasaje. Dicen: «Como Juan el Bautista dudaba que Jesús fuese el Mesías, fue estimado como el menor de todos por el Señor». Pero eso es absurdo.
En realidad lo que Jesús está diciendo aquí es que aunque Juan el Bautista era el representante de la humanidad, espiritualmente hablando, era sólo un hombre humilde que no podía compararse con los que se habían convertido en hijos de Dios. En otras palabras, aunque Juan el Bautista era el representante de todos los seres humanos en la carne, no podía compararse con los nacidos de nuevo.
En realidad Juan era el mayor desde un punto de vista humano. Fue educado como un nazareno y vivió una vida ascética en el desierto alimentándose de langosta y de miel silvestre. Desde el punto de vista de la justicia humana, era el hombre más grande. Pero esta justicia humana no vale de nada cuando se compara con la justicia de Dios, que se da a todo el mundo que puede entrar en Su Reino por fe. Y como los que se han convertido en la gente del Reino de los Cielos al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu han recibido la justicia de Dios, son mayores que cualquier persona que confíe en su propia justicia. Una persona puede ser representante de la humanidad en la tierra en la carne, pero es menor que los que se han convertido en el pueblo de Dios al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu.