Al pueblo de Jesucristo, Rey de reyes
El Apóstol Mateo nos dice que la Palabra de Jesús se dijo a todo el mundo, ya que él veía a Jesús como el Rey de reyes. Ahora, cristianos de todas partes del mundo que acaban de nacer de nuevo al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu que nosotros difundimos, están ansiosos por alimentarse del pan de vida. Sin embargo es difícil mantener una relación de hermandad con ellos porque están lejos de nosotros. Por lo tanto, para satisfacer las necesidades espirituales de este pueblo de Jesucristo, el Rey de reyes, han sido preparados estos sermones como un nuevo pan de vida para que puedan fomentar su crecimiento espiritual. El autor afirma que aquellos que han recibido la remisión de los pecados al creer en la Palabra de Jesucristo, el Rey de reyes, deben alimentarse de Su Palabra pura para defender su fe y sustentar sus vidas espirituales. Este libro les proporcionará verdadero pan de vida espiritual a todos los que se han convertido en el pueblo real del Rey por su fe. Dios seguirá proporcionándoles este Pan de vida a través de Su Iglesia y Sus siervos. Que la bendición de Dios esté con todos ustedes que han nacido de nuevo del agua y el Espíritu y que desean tener una verdadera relación de hermandad con nosotros en Cristo Jesús.

Serie de crecimiento espiritual de Paul C. Jong
El Evangelio según Mateo (III)
Smashwords Edition
Copyright 2008 by The New Life Mission
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Las citas bíblicas han sido extraídas de la versión Reina Valera 1960
Índice
Los labios de los sacerdotes espirituales deben tener el conocimiento de la Verdad (Mateo 14,1-12)
¿Por qué hizo Jesús el milagro de los cinco panes y los dos peces? (Mateo 14,13-33)
Dios nos ha dado bendiciones infinitas (Mateo 15,32-39)
Debemos tener en mente la obra de Dios primero (Mateo 16,21-25)
La fe de la abnegación (Mateo 16,21-27)
El amor de Pedro por Jesús (Mateo 16,21-27)
Si alguien quiere seguirle, niéguese a sí mismo (Mateo 16,21-28)
Niéguense a sí mismos y sigan al Señor (Mateo 16,24-27)
Solo la fe nos salva del pecado (Mateo 16,24-27)
Cómo recibir el Espíritu Santo (Mateo 17,1-13)
Juan el Bautista, quien vino por el camino de la justicia (Mateo 17,1-13)
Los que tienen la fe de un niño pequeño (Mateo 18,1-4)
Los que son ricos en sus buenas obras de la carne, no pueden entrar en el Cielo (Mateo 19,16-30)
Vivan por el Evangelio del agua y el Espíritu (Mateo 20,20-28)
Prólogo
Por todas las naciones, muchas personas están recibiendo la remisión de los pecados. Por lo tanto necesitamos a más gente que las guíe en su camino con el Señor. Debemos guiar a los que han recibido la remisión de sus pecados, a la Iglesia de Dios. Espero que en todos los países del mundo salgan líderes para llevar esta obra a cabo. Desearía poder enviar a mis trabajadores por todo el mundo como mensajeros de Dios y misioneros. Sin embargo, si los enviase al mundo, ¿quién predicaría el Evangelio de la justicia aquí? Por tanto, espero que haya muchos trabajadores de Dios es todas las naciones para llevar a cabo este ministerio tan importante.
Está publicación forma parte de mi serie de crecimiento espiritual para los futuros líderes de los redimidos. Mientras sirvo al Señor, creo que en cada nación el pueblo de Dios se levantará. Para preparar a los líderes del futuro, grabé estos sermones en formato de audio, y ahora se los presento en este libro. Los sermones, que han sido editados y traducidos para formar a los líderes del mañana, les darán un mensaje que alimentará sus corazones y sus almas.
Sé que estos sermones serán alimento espiritual para todo el mundo. Como es imposible que todos compartamos la Palabra, cara a cara, con todos los creyentes y obreros de Dios de todo el mundo, espero que a través de este libro, pueda tener una relación de hermandad con los que creer en el Evangelio del agua y el Espíritu. Todos estamos agradecidos de que Dios nos haya hecho obreros Suyos, al alimentarnos con el Sustento para la Vida.
Hasta ahora hemos publicado más de 20 libros en inglés, y hemos averiguado que los que los han leído están agradecidos por haber recibido la remisión de los pecados al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu. Ahora, a través de los sermones para el crecimiento espiritual, doy una vez más testimonio de que el Evangelio del agua y el Espíritu es la única Verdad que da vida. Estoy seguro que, después de leer este libro, se darán cuenta de que las Escrituras están llenas de la Verdad del Evangelio del agua y el Espíritu. Al ginal, todo el mundo entenderá que el Evangelio del agua y el Espíritu es la única Verdad. Cuando esta gente se de cuenta de la Verdad y se deshaga de su fe basada en emociones, sus corazones se llenarán del Evangelio del agua y el Espíritu, que es el único camino hacia la redencion eterna. Entonces todos vivirán como discípulos de Cristo, serán Sus instrumentos que salven a las almas, y harán Su obra por las ovejas perdidad de todas las naciones al poner su fe en el poder del Evangelio del agua y el Espíritu.
Del mismo modo en que todas las plantas florecen y dan frutos, creo que el poder del verdadero Evangelio bendice a los que creen en él, tanto en cuerpo como en espíritu; pero también les permite vivir como obreros de dios. Todos serán benditos en cuerpo y espíritu. Ahora, los obreros de Dios de todas las naciones plantarán las semillas del Evangelio del agua y el Espíritu y salvarán a muchas almas de sus pecados. Mientras prediquemos el Evangelio del agua y el Espíritu, seguiremos ganando. Daremos más frutos de Dios creyendo en este Evangelio. Vivimos en el tiempo de la cosecha y recogeremos más frutos de salvación. Ahora deben creer en Su Palabra, estarle agradecidos y glorificarle.
Si Dios lo permite, seguiremos haciendo estas cosas y más. Dios les bendecirá. Que Dios les de abundantes bendiciones físicas y espirituales, las bendiciones de la fe santa del Cielo y de la riqueza de la tierra, a todo el que crea en el Evangelio del agua y el Espíritu.
PAUL C. JONG
CAPÍTULO 14

Los labios de los sacerdotes
espirituales deben tener el
conocimiento de la Verdad
< Mateo 14, 1-12 >
«En aquel tiempo Herodes el tetrarca oyó la fama de Jesús, y dijo a sus criados: Este es Juan el Bautista; ha resucitado de los muertos, y por eso actúan en él estos poderes. Porque Herodes había prendido a Juan, y le había encadenado y metido en la cárcel, por causa de Herodías, mujer de Felipe su hermano; porque Juan le decía: No te es lícito tenerla. Y Herodes quería matarle, pero temía al pueblo; porque tenían a Juan por profeta. Pero cuando se celebraba el cumpleaños de Herodes, la hija de Herodías danzó en medio, y agradó a Herodes, por lo cual éste le prometió con juramento darle todo lo que pidiese. Ella, instruida primero por su madre, dijo: Dame aquí en un plato la cabeza de Juan el Bautista. Entonces el rey se entristeció; pero a causa del juramento, y de los que estaban con él a la mesa, mandó que se la diesen, y ordenó decapitar a Juan en la cárcel. Y fue traída su cabeza en un plato, y dada a la muchacha; y ella la presentó a su madre. Entonces llegaron sus discípulos, y tomaron el cuerpo y lo enterraron; y fueron y dieron las nuevas a Jesús».
El pasaje de las Escrituras que hemos leído hoy, describe la muerte de Juan el Bautista. Cuando el Imperio Romano gobernaba sobre Israel, que era una colonia, puso al rey Herodes como tetrarca. Fue Herodes quien asesinó a Juan el Bautista, ya que este había condenado los pecados del rey. Herodes tenía un hermano llamado Felipe, que estaba casado con Herodías. Cuando Herodes tomó a la esposa de su hermano y vivió con ella, Juan el Bautista le reprendió duramente por este pecado. A Herodes no le gustó esto, y quiso matar a Juan el Bautista inmediatamente, pero no lo pudo hacer. En aquel entonces, la gente consideraba a Juan el Bautista como uno de los profetas del Antiguo Testamento, y por eso no fue fácil para Herodes matarlo. Así que lo encarceló.
Un día, durante una celebración, la hija de Herodías, que era sobrina de Herodes, bailó tan bien que todo el mundo se quedó maravillado. Su baile fue espectacular. Herodes se quedó tan contento con este baile, que le juró a su sobrina que le daría lo que ella le pidiera. Entonces, influenciada por su madre, la sobrina pidió la cabeza de Juan el Bautista. Herodes no sabía qué hacer, pero como no podía negarse a cumplir su promesa, ordenó a sus soldados que decapitaran a Juan el Bautista.
Como Juan el Bautista había reprendido a Herodes por sus pecados, fue asesinado por este y su esposa. De la misma manera, muchos siervos de Dios en la Biblia fueron asesinados por proclamar lo que era justo.
¿Quién era Juan el Bautista?
Juan el Bautista era el último profeta y sacerdote del Antiguo Testamento, enviado por Dios. Era un descendiente legítimo de Aarón. Nuestro Señor dijo que el Reino de los Cielos sufre violencia desde los días de Juan el Bautista (Mateo 11, 12). Juan el Bautista era un siervo de Dios que, al cumplir su función como Sumo Sacerdote del Antiguo Testamento, bautizó a Jesucristo y dio testimonio de Él como Cordero de Dios.
Juan el Bautista también reprendió a la gente común por sus pecados, diciendo: «Arrepentíos, obradores de iniquidad». Gracias a esto, muchas personas que habían escuchado esta advertencia, volvieron a Dios. El pueblo de Israel escuchó las palabras de Juan y muchas personas volvieron a Dios.
Los siervos de Dios consideran a los reyes y a los plebeyos como iguales, y les reprenden por igual. Juan el Bautista no dejó pasar el pecado del rey Herodes, y así indicó que era un gran siervo de Dios. Como Juan el Bautista era siervo de Dios, tuvo el valor de reprender los pecados del rey. En el Antiguo Testamento, todos los siervos de Dios eran así.
¿Y en la actualidad? ¿Están los siervos de Dios condenando los pecados de la congregación y predicando el Evangelio del agua y el Espíritu? No, porque intentan complacer a sus congregaciones y evitar el conflicto a toda costa, y por tanto no señalan los pecados de sus miembros, ni predican el Evangelio del agua y el Espíritu. Los que creen en el Evangelio del agua y el Espíritu, primero deben señalar los pecados de la gente y testificar la Verdad de salvación que hace posible que nazcan de nuevo.
Juan el Bautista era una persona que vino antes que Jesucristo para preparar el camino de Su salvación y su ministerio fue muy importante. Como reprendió duramente al rey por sus pecados, podemos deducir que no tuvo ningún problema en condenar también los pecados de la gente común. Al hacer esto, hizo que muchas personas se volviesen a Dios. En otras palabras, la gente se dio cuenta de sus pecados cuando él señaló sus pecados.
Si los siervos de Dios no condenan nuestros pecados, no podremos darnos cuenta de que somos pecadores. Todo el mundo comete pecados todos los días, como algo normal, pero la mayoría no sabe que esa fuente de pecado está latente en sus corazones. No saben lo qué es el pecado, ni saben lo serio que es, porque no tienen el conocimiento adecuado. Por eso muchos cristianos creen en Jesús como una religión del mundo, sin darse cuenta de que están destinados al infierno.
Así que, a no ser que los siervos de Dios señalen los pecados de la gente con el Evangelio del agua y el Espíritu, ¿cómo pueden darse cuenta de la gravedad de sus pecados? La gente es pecadora y no conoce ni a Dios, ni la condena que les espera. Cuando los siervos de Dios se les acercan y les enseñan sus pecados, por fin se dan cuenta de ellos, y vuelven a Dios creyendo en el Evangelio del agua y el Espíritu.
Nosotros, los que creemos en la Palabra del Evangelio del agua y el Espíritu, somos los sacerdotes reales del Reino de los Cielos. Como sacerdotes espirituales, debemos llevar a cabo dos tareas: permitir que los pecadores se den cuenta de sus pecados al demostrar sus pecados e iniquidades, y hacerles volver a Dios para ser salvados al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu.
La gente que vive en esta era no tiene ningún interés en la Palabra de Dios, y por eso debemos enseñarles sus pecados. Hay demasiada gente que no se da cuenta de la gravedad de esos pecados, aunque peque constantemente. Incluso entre los líderes espirituales, hay muchos estafadores que explotan a sus congregaciones. Por eso el Apóstol Pablo avisó a los verdaderos creyentes de su época que tenían que estar alerta de los falsos ministros: «Porque por ahí andan muchos, de los cuales os dije muchas veces, y aun ahora lo digo llorando, que son enemigos de la cruz de Cristo; el fin de los cuales será perdición, cuyo dios es el vientre, y cuya gloria es su vergüenza; que sólo piensan en lo terrenal» (Filipenses 3, 18-19).
Los líderes religiosos han convertido a mucha gente en practicante de la religión, y por eso la está llevando a la destrucción. Les dicen a sus congregaciones que deben ser fieles a sus emociones, y llenan sus corazones de emociones fervientes con una selección de historias tristes o canciones cargadas de emoción. Por eso, es natural que los cristianos que no entienden a Jesús correctamente, pongan demasiada importancia en sus emociones.
Por otro lado, estos líderes religiosos están constantemente creando nuevos programas para complacer a sus congregaciones. Saben cómo satisfacer las demandas carnales de sus congregaciones. La gente intenta disfrutar de todos los placeres de la vida mientras pueda, como si supiera que les espera un fin fatal. Saben que van a sufrir, y por eso intentan disfrutar de toda ocasión que se les presenta. Por eso su futuro es oscuro. En resumen, en el cristianismo secularizado, la ley de la oferta y la demanda se está aplicando, y por eso la vida religiosa es una condición de bienestar carnal.
La gente dice que Juan el Bautista fue un fracaso, porque fue decapitado, pero esto no es cierto. Juan el Bautista era un siervo de Dios especial que cumplió todas sus funciones en este mundo. Juan el Bautista vivió en este mundo durante 30 años, y gritó en el desierto: «Arrepentíos, raza de víboras», y además reprendió al rey. Así que, aunque Juan el Bautista fue amado, también fue odiado. Nosotros tampoco podemos evitar reprender a los líderes cristianos que están llevando a sus seguidores por el mal camino. En realidad, ellos no reconocen la Palabra de Dios ni Su Ley. Solo intentan evitar que sus seguidores escuchen la Palabra de Dios, diciendo: «No debéis ir a ese tipo de iglesia donde la gente pone tanta importancia a la Palabra de Dios. Su fe solo es fanática». No podemos evitar reprenderles. Debemos reprender a los cristianos que han ido por el mal camino y dejar que nos odien, como odiaron a Juan el Bautista.
Entre las denominaciones cristianas, las que están afiliadas a la Iglesia Presbiteriana, le dan mucha importancia a la Ley de Dios, y piden a sus seguidores que vivan con apariencia piadosa. Pero como no conocen el Evangelio del agua y el Espíritu, y solo condenan los pecados, se quedan atrapados en estos pecados, lo que es un gran error.
¿Qué debemos hacer?
Los que creemos en el Evangelio del agua y el Espíritu somos los siervos de Dios. Por tanto, debemos cumplir estas dos tareas: señalar los pecados de la gente y predicar el Evangelio del agua y el Espíritu. Debemos condenar los pecados de la gente y reprenderla, y como sacerdotes debemos ofrecer sacrificios por sus pecados con el Evangelio del agua y el Espíritu. Se nos ha confiado esta obra tan maravillosa que lleva a la gente al Evangelio del agua y el Espíritu, pero no es fácil.
Cuando los siervos de Dios condenan los pecados de la gente, se dan cuenta de sus iniquidades y encuentran refugio en el Evangelio del agua y el Espíritu, que Jesucristo nos ha dado. Solo entonces, cuando los siervos de Dios condenan los pecados de la gente, puede recibir la remisión de los pecados al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu. Si no la reciben, todo es en vano.
Por lo tanto, a través de diferentes medios, como mis libros, sermones, y artículos de la página Web, he condenado los pecados de la gente. Cuando predico el Evangelio del agua y el Espíritu, también condeno los pecados de la gente. No me importa a quién esté predicando, porque si esa persona necesita escuchar el Evangelio, le voy a decir que es pecadora y que irá al infierno por esos pecados.
Hace poco le prediqué el Evangelio a una enfermera, y ella dijo no haber pecado nunca. Hablamos durante un par de horas, y todo ese tiempo ella mantuvo que no tenía ningún pecado, y que nunca había incumplido la Ley, o la Palabra de Dios. Por mucho que le explicara los Diez Mandamientos, y cómo no cumplir uno solo ya es pecado, ella seguía insistiendo en que no tenía pecados. Así que me quedé muy frustrado.
«¿Está segura de que nunca ha pecado?».
«Sí, estoy segura».
Entonces le pregunté: «¿Nunca ha tenido pensamientos adúlteros al mirar a otro hombre con lujuria?».
Entonces se puso roja y confesó que sí lo había hecho. De hecho, todo el mundo es así, ¿cómo puede haber alguien que nunca peque si lo medimos con la Palabra de Dios?
Sin embargo, ¿qué ocurre cuando la gente admite sus pecados ante Dios? Que Dios permite que esta gente escuche la Verdad sin falta. Entonces, al escuchar el Evangelio del agua y el Espíritu y creer en él, reciben la remisión de los pecados. La enfermera que decía que nunca había pecado, luego admitió ser pecadora, y al escuchar la Palabra del Evangelio del agua y el Espíritu, se quedó muy agradecida.
Antes de predicar el Evangelio del agua y el Espíritu, siempre condeno los pecados de la gente. No soy el único que hace esto, sino que todos los predicadores del Evangelio lo hacen. Esto se debe a que, cuando alguien recibe la remisión de los pecados al reconocer sus pecados, y al aceptar el Evangelio del agua y el Espíritu, esa persona recibe el Evangelio en su corazón. Cuando los pecados de una persona solo se mencionan de pasado, la remisión de los pecados no entra en su corazón.
Mis queridos hermanos, todos nosotros somos malvados ante dios. ¿Cometen pecados de pensamiento como adulterio, celos, asesinato, robo, orgullo, y estupidez? ¿No es así?
La gente suele pensar que no tiene esos pecados. Por eso debemos ayudarles a ver sus pecados de manera concreta. Después debemos predicar el Evangelio del agua y el Espíritu.
Los nacidos de nuevo debemos predicar el Evangelio del agua y el Espíritu a los pecadores. Cuando predicamos el Evangelio del agua y el Espíritu, debemos condenar los pecados primero, para que la persona se de cuenta de ellos. Después, predicar el Evangelio del agua y el Espíritu, es fácil. «Jesús cargó con todos sus pecados al ser bautizado, y después murió en la Cruz, se levantó de entre los muertos, y así nos ha salvado de todos nuestros pecados». Entonces debemos confirmar que esa persona tiene pecado: «¿Quitó Jesús todos los pecados del mundo o solo los tuyos? ¿Fue condenado por tus pecados o no? Si es cierto, ¿tienes pecados en tu corazón?». Debemos confirmar su fe de esta manera.
Cuando compartimos con alguien e intentamos que reciba la remisión de los pecados, debemos acercarnos a esta persona con un corazón sincero. Los nacidos de nuevo somos los profetas de Dios y sus sacerdotes, y debemos decir lo que está bien y lo que está mal. Cuando ustedes y yo predicamos el Evangelio del agua y el Espíritu a todo el mundo, debemos dar testimonio de los pecados de la gente, y entonces hablar del Evangelio del agua y el Espíritu.
Juan el Bautista era un siervo de Dios al que Dios envió para toda la humanidad
Juan el Bautista era un verdadero siervo de Dios. No es fácil criticar a un rey por sus pecados. Pero Juan el Bautista fue encarcelado por ser fiel a su tarea. Aunque fue encarcelado y estuvo cerca de la muerte durante mucho tiempo, siguió condenando los pecados del rey. Juan el Bautista sabía que iba a morir. Sabía muy bien que sería condenado a muere si seguía criticando al rey. Pero aún así, siguió reprendiéndole. Siguió fiel a su tarea, porque era un verdadero siervo de Dios. Juan el Bautista lo tenía todo como representante de la humanidad, y estaba preparado para ser el mayor de los profetas del Antiguo Testamento. En otras palabras, Juan el Bautista es mayor que Abraham, Moisés, David, Isaías, Ezequiel o Daniel. Era un verdadero siervo de Dios.
Ustedes y yo debemos ser estrictos con nosotros mismos cuando la situación lo requiere. Como somos insuficientes, hay áreas de nuestras vidas en las que debemos protegernos, pero ante Dios en Su Palabra, debemos admitir que lo que está mal, está mal. Solo cuando nuestros corazones son honestos y puros ante Dios, podemos recibir la remisión de nuestros pecados por fe, al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu. Esta gente puede recibir al Espíritu Santo y convertirse en siervos de Dios, porque han recibido la remisión de los pecados.
Si no condenásemos los pecados de la gente y los ignorásemos, la remisión de los pecados no se conseguiría, porque la gente no conocería sus pecados. Si no admitimos nuestros pecados, no podremos recibir la remisión de los mismos, ni al Espíritu Santo, por mucho que digamos tener fe en el Evangelio del agua y el Espíritu. En la Biblia, Marcos 7, 21-23 nos da una lista de varios pecados que no podemos cometer ante Dios. Debemos reconocernos como pecadores ante Dios, y admitir que cometemos pecados de pensamiento y de acción. La Biblia nos dice que el precio del pecado es la muerte y que nos espera la destrucción a todos los que hemos pecados, y que por tanto debemos admitir esos pecados y que estamos destinados a morir por ellos si no recibimos la remisión de los pecados. Entonces debemos creer que Jesús fue bautizado y murió en la Cruz para salvarnos del pecado. Si predicamos el Evangelio de otra manera, la gente no podrá recibir la salvación.
Reconocemos que Juan el Bautista fue el siervo de Dios más grande. Esto se debe a que, primero, Juan el Bautista bautizó a Jesús en obediencia a la misión que Dios Padre le había confiado. Además exaltó a Jesús diciendo: «He aquí el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo» (Juan 1, 29). Gracias a este testimonio, ahora podemos conocer la Verdad de cómo Jesús cargó con nuestros pecados mediante Su bautismo, y podemos ser salvados de todos nuestros pecados para siempre al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu. Como la luz del mundo, debemos cumplir la misma función que Juan el Bautista, y debemos cumplir la función de sacerdotes reales, que propagan el Evangelio del agua y el Espíritu.
Sin embargo, los siervos de Dios deben tener fe y sabiduría como está escrito en la Biblia: «He aquí, yo os envío como a ovejas en medio de lobos; sed, pues, prudentes como serpientes, y sencillos como palomas» (Mateo 10, 16). Los siervos de Dios deberían hablar del verdadero Evangelio claramente a los que aceptan a dios y admiten sus pecados. Si le preguntan a alguien que no conoce a Dios o Su Palabra sobre los pecados: «¿Tienen pecados en sus corazones?», no solo les odiarán, sino que les perseguirán. En otras palabras, los siervos de Dios deben ser astutos.
En este mundo hay muchos pobres de espíritu, que no encuentran satisfacción en las cosas del mundo, que lloran por sus pecados, y que están perdidos buscando la Verdad. Debemos condenar sus pecados con la Palabra de Dios y predicarles el Evangelio del agua y el Espíritu.
Somos los sacerdotes reales del Nuevo Testamento, que están proclamando el Evangelio del agua y el Espíritu en el mundo. Como el pecado está tan propagado en estos tiempos, es fácil descubrir los pecados de la gente. Está bien enseñarles lo que la Palabra de Dios dice acerca del pecado. Si predicamos el Evangelio del agua y el Espíritu a quien admite ser pecador, entonces podrá recibir la remisión de los pecados. Como hemos predicado el Evangelio del agua y el Espíritu a la gente, muchas personas han recibido la remisión de los pecados y han vuelto a Dios.
La función del sacerdocio en el Antiguo Testamento consistía en ofrecer sacrificios según el sistema de sacrificios. Hacían que el pecado pusiera las manos sobre un animal para pasarle sus pecados, y después lo desangraban y ponían la sangre en los cuernos del altar de los holocaustos, y quemaban su carne como sacrificio. Al hacer esto, el sacerdote hacía que se cumpliera el amor de Dios. Así era como la gente recibía la remisión de los pecados por fe.
Nosotros somos los sacerdotes reales ante Dios. Los sacerdotes intervenían entre Dios y la gente, y pasaban los pecados de la gente al animal. No debemos olvidar que somos sacerdotes espirituales ante Dios y que debemos desempeñar nuestras funciones con sabiduría.
Ahora debemos enseñar a la gente si ha pecados contra Dios o no, enseñarle que quien tiene pecado no está salvado, y a quienes reconocen esto, debemos predicarles el Evangelio del agua y el Espíritu. Entonces creerán en el Evangelio del agua y el Espíritu y recibirán la remisión de los pecados. El trabajo principal de los sacerdotes espirituales es arar los campos de los corazones de la gente para plantar la Palabra de Vida. Diga lo que diga la gente, los labios de los sacerdotes espirituales deben tener siempre el conocimiento de la Palabra y dedicar todos sus esfuerzos a difundir el Evangelio del agua y el Espíritu.
No sabemos qué pasará mañana. Pero tenemos que unirnos con el Evangelio del agua y el Espíritu hasta el fin del mundo. Debemos darnos cuenta de que si tenemos pecados, seremos arrojados al infierno, y debemos tener una fe real como esta. Si hay pecado en sus corazones, deben darse cuenta de que serán borrados si creen en el Evangelio del agua y el Espíritu, y en la Palabra de Dios. Debemos reconocer lo que Dios nos está diciendo: debemos tener sabiduría y conocimiento.
Creo que este mundo no va a durar mucho. En estos últimos tiempos, estoy decidido a predicar el Evangelio del agua y el Espíritu a todo el que pueda. Por eso quiero difundir este Evangelio con ustedes. Veo como gente de todo el mundo, a la que no conozco, pide nuestros libros, y mi corazón se convence cada vez más. Muchas personas por todo el mundo están recibiendo la remisión de los pecados. Estoy agradecido a Dios por eso.
Yo tengo mucho respeto por Juan el Bautista. Como representante de la humanidad, Juan el Bautista fue fiel a su misión hasta el final. Él es el mayor hombre nacido de mujer, y es último Sumo Sacerdote del Antiguo Testamento. Hubo muchos sacerdotes delante de él, pero el que pasó los pecados a Jesús, como representante de la humanidad, no es otro que Juan el Bautista.
Por eso Jesús dijo en Mateo 11, 12: «Desde los días de Juan el Bautista hasta ahora, el reino de los cielos sufre violencia, y los violentos lo arrebatan». Este pasaje implica que Jesús, a través de Juan el Bautista, aceptó todos los pecados de la humanidad con Su bautismo. Los violentos aquí se refieren a los que tienen una fe correcta para entrar en el Reino de los Cielos. Por tanto, todo el mundo debe recibir la remisión de los pecados y arrebatar el Cielo por la fuerza, al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu. Pero los que no creen, no podrán entrar en el Reino de los Cielos, sino que irán al fuego eterno del infierno.
Para ustedes y para mí, hay un objetivo en la vida, que es predicar el Evangelio del agua y el Espíritu juntos. Deseo vivir como un fiel siervo de Dios, como Juan el Bautista. Lo único que quiero hacer en esta vida es predicar el Evangelio del agua y el Espíritu. ¿Qué más se puede pedir en este mundo? Todos los nacidos de nuevo tienen el único deseo de predicar el Evangelio del agua y el Espíritu. Nuestra mayor aspiración es entrar en el Reino del Señor y vivir en Su gloria. Queremos ser recompensados en Su Reino por todo lo que hemos sufrido en el mundo. No queremos llorar más, ni ver más sufrimiento, sino que queremos disfrutar de la gloria y el esplendor para siempre. Como el Señor nos ha prometido que cumpliría todo esto por nosotros, debemos creer en esta promesa.
Considero que es muy importante cumplir nuestras promesas, aunque las hayamos hecho con otro ser humano. Hay muchas personas en este mundo a las que no les importan las promesas y se toman la confianza a la ligera, pero cumplir una promesa, pase lo que pase, es noble. ¿Qué ocurre con las promesas de Dios? ¿Acaso no debemos respetarlas más que ninguna, ya que Él siempre las cumple? Así que no considero que sea una pérdida de tiempo ofrecerle todo por Sus promesas. Para entrar en el Reino que nos ha prometido, debemos ser fieles a nuestra tarea de sacerdotes para ayudar a que la gente reciba la remisión de los pecados según la Palabra de Dios.
Quiero pedirles un favor, que juntos prediquemos el Evangelio del agua y el Espíritu hasta el fin del mundo. Les pido que oren por el Evangelio, que se perdonen los unos a los otros, porque todos somos insuficientes, que prediquen el Evangelio conmigo y disfruten de la gloria al final. Cumplamos con nuestro sacerdocio con fe en el Evangelio del agua y el Espíritu, y vayamos hacia Dios.
¿Por qué hizo Jesús el
milagro de los cinco panes
y los dos peces?
< Mateo 14, 13-33 >
«Oyéndolo Jesús, se apartó de allí en una barca a un lugar desierto y apartado; y cuando la gente lo oyó, le siguió a pie desde las ciudades. Y saliendo Jesús, vio una gran multitud, y tuvo compasión de ellos, y sanó a los que de ellos estaban enfermos. Cuando anochecía, se acercaron a él sus discípulos, diciendo: El lugar es desierto, y la hora ya pasada; despide a la multitud, para que vayan por las aldeas y compren de comer. Jesús les dijo: No tienen necesidad de irse; dadles vosotros de comer. Y ellos dijeron: No tenemos aquí sino cinco panes y dos peces. El les dijo: Traédmelos acá. Entonces mandó a la gente recostarse sobre la hierba; y tomando los cinco panes y los dos peces, y levantando los ojos al cielo, bendijo, y partió y dio los panes a los discípulos, y los discípulos a la multitud. Y comieron todos, y se saciaron; y recogieron lo que sobró de los pedazos, doce cestas llenas. Y los que comieron fueron como cinco mil hombres, sin contar las mujeres y los niños. En seguida Jesús hizo a sus discípulos entrar en la barca e ir delante de él a la otra ribera, entre tanto que él despedía a la multitud. Despedida la multitud, subió al monte a orar aparte; y cuando llegó la noche, estaba allí solo. Y ya la barca estaba en medio del mar, azotada por las olas; porque el viento era contrario. Mas a la cuarta vigilia de la noche, Jesús vino a ellos andando sobre el mar. Y los discípulos, viéndole andar sobre el mar, se turbaron, diciendo: ¡Un fantasma! Y dieron voces de miedo. Pero en seguida Jesús les habló, diciendo: ¡Tened ánimo; yo soy, no temáis! Entonces le respondió Pedro, y dijo: Señor, si eres tú, manda que yo vaya a ti sobre las aguas. Y él dijo: Ven. Y descendiendo Pedro de la barca, andaba sobre las aguas para ir a Jesús. Pero al ver el fuerte viento, tuvo miedo; y comenzando a hundirse, dio voces, diciendo: ¡Señor, sálvame! Al momento Jesús, extendiendo la mano, asió de él, y le dijo: ¡Hombre de poca fe! ¿Por qué dudaste? Y cuando ellos subieron en la barca, se calmó el viento. Entonces los que estaban en la barca vinieron y le adoraron, diciendo: Verdaderamente eres Hijo de Dios».
Cuando Jesús vivió entre nosotros, oró a menudo. Esto se debe a que nuestro Señor también vivía dentro de la carne. Aunque Jesucristo es Dios, se encarnó en un cuerpo carnal para salvar a todos los pecadores del mundo de sus pecados. En otras palabras, se convirtió en hombre para cumplir la voluntad de Dios Padre. Al venir al mudo, tuvo que ser bautizado, crucificado, derramar Su sangre, morir en la Cruz, y levantarse de entre los muertos. Mientras Jesucristo estaba en el mundo, fue bautizado por Juan el Bautista, para cumplir la voluntad de Dios y la justicia del Padre.
Pudo cumplir la justicia de Dios al obedecer la voluntad del Padre, que era que fuese bautizado por Juan el Bautista. Si Jesús no hubiese sido bautizado por Juan el Bautista, no podría haber cargado con los pecados del mundo, ni podría haber derramado la sangre en la Cruz. Para salvar a los pecadores de sus pecados, era absolutamente necesario que Jesús fuese bautizado por Juan el Bautista, y que así tomase los pecados del mundo para siempre. Al nacer en este mundo, para que Jesús pudiera cumplir todo eso, tuvo que ser bautizado, morir en la Cruz, y levantarse de entre los muertos, para seguir la voluntad del Padre. Así sufrió muchas dificultades en Su mente, y por eso Jesús tuvo aún más motivos para orar a Dios Padre para que le ayudase.
Como Jesús, nuestro Dios, es justo, tuvo que nacer encarnado en un hombre. Para cargar con los pecados de la humanidad, Jesús tuvo que ser bautizado por Juan el Bautista. Tuvo que entregar Su cuerpo en la Cruz para pagar el precio de nuestros pecados con Su sangre, porque la condena del pecado solo podía acabarse si se pagaba correctamente. Aquí debemos darnos cuenta de que Jesús tuvo que sufrir mucho para cumplir con toda justicia, y que Su agonía fue tan grande que no nos la podemos ni imaginar. Cuando miramos a la humanidad de Jesús, vemos que era un ser muy frágil. ¿Por qué fue Jesús a un lugar desierto cuando escuchó que Juan el Bautista había sido decapitado? Porque quería pedirle a Dios Padre que le apartase la amargura de Su muerte, y para poder escapar de la muerte en la Cruz, si podía, ya que Él también era humano.
El contexto del pasaje de las Escrituras de hoy es el siguiente. Una gran multitud se reunió alrededor de Jesús cuando escuchó que estaba en un lugar desierto. Jesús vio a toda esa gente y tuvo compasión por ella. Entonces, los discípulos de Jesús se le acercaron y le dijeron: «Despide a la multitud, para que vayan por las aldeas y compren de comer». Pero Jesús les dijo a Sus discípulos: «No tienen necesidad de irse; dadles vosotros de comer». Pero los discípulos solo tenían cinco panes y dos peces, lo que no era suficiente ni para un solo hombre.
Jesús les dijo a los discípulos que le trajesen los dos peces y los cinco panes, y los bendijo. Aunque los discípulos solo le trajeron a Jesús dos peces y cinco panes, cuando Jesús los bendijo, se multiplicaron tanto que fueron suficientes para alimentar a 5000 hombres. Antes de que Jesús bendijera los alimentos, solo habrían sido suficientes para un hombre. Pero como el Señor bendijo esta pequeña cantidad de comida, mucha gente pudo comer e incluso hubo sobras. Así que la Biblia dice que había más de 5000 hombres, más las mujeres y los niños, y todos pudieron comer.
Este milagro nos demuestra que Jesús es el Hijo de Dios y que es Dios mismo.
Si Jesús no hubiese sido el Hijo de Dios y el verdadero Dios, no podría haber hecho semejante milagro. Podemos encontrar en Génesis 1 y en Juan 1 que Jesús creó el universo al principio, con Su Palabra. Todo en este universo fue creado al principio con la Palabra de Jesús.
Jesús pudo alimentar a más de 5000 personas en un campo desierto con tan solo un poco de comida. Esto no habría sido posible si no hubiese sido el Hijo de Dios. ¿Cómo no seguirle después de haber visto este milagro? Si ustedes hubiesen estado allí, le habrían seguido también. Cuando Jesús bendijo los cinco panes y los dos peces, los partió y los dio a Sus discípulos, fueron suficientes para alimentar a todo el mundo. Este suceso manifiesta la divinidad de Jesús, reveló que Jesús es el Hijo de Dios y Dios mismo para nosotros.
En los años 1980 fue famoso un hombre llamado Uri-Geller. Él decía tener poderes sobrenaturales, que podía hacer que las agujas del reloj fueran en dirección contraria, con tan solo el poder de su mente. Hace mucho tiempo, vino a Corea e hizo milagros en televisión. Incluso permitió que los televidentes doblasen cucharas con poderes sobrenaturales. Pero ni siquiera Uri-Geller puede alimentar a 5000 personas con dos peces y cinco panes. (De hecho, James Randi, que es famoso en todo el mundo por desmitificar sucesos paranormales, afirmó que había descubierto los trucos de Uri-Geller).
En el cristianismo actual, hay mucha gente rara, que dice tener el poder de hacer milagros. (El mismo James Randi que se ha mencionado anteriormente, vino a Corea una vez y prometió 1 millón de dólares a quien pudiera hacer un milagro demostrable científicamente. Pero todos los que hacen milagros en Corea quedaron en silencio mientras él estuvo en Corea). Sin embargo, por mucho poder que digan tener, no pueden alimentar a 5000 hombres con un solo almuerzo. Solo Dios, quien creó los cielos y la tierra, puede alimentarnos con el pan de vida, tanto en cuerpo como en espíritu.
Podemos darnos cuenta de que Jesús, el verdadero Dios, vino encarnado en un hombre. El nombre de Jesús significa «Salvador que salva a los pecadores». Para salvarnos de todos nuestros pecados, Jesús vino al mundo encarnado en un hombre, como nosotros, fue bautizado y derramó Su sangre.
El Señor nos ha permitido difundir el Evangelio del agua y el Espíritu, el Pan de salvación, por todo el mundo
Nuestro Señor hizo el milagro de los cinco panes y los dos peces, para que Sus discípulos supiesen quién era y creyesen en Su ministerio. Este milagro manifestó que Dios nos daría Su gracia de salvación a todo el mundo. En la Biblia, el número cinco simboliza la gracia de Dios, es decir, el don de Dios, y el pez simboliza la Iglesia de Dios. Durante la Iglesia Primitiva, los cristianos utilizaron el símbolo de un pez como seña de identidad. Cuando se encontraban dos cristianos, dibujaban un pez en el suelo para demostrar su fe. Los que dibujaban los peces, se estaban diciendo: «Creo que el Señor es el Hijo del Dios viviente, y mi Salvador». Entonces, el que Jesús hiciese este milagro de los panes y los peces, nos dice que Su Iglesia será más que suficiente para alimentar espiritualmente a todo el mundo.
El ministerio de la Iglesia de Dios se manifestó a través del milagro de los cinco panes y los dos peces. Dicho de otra manera, Dios ha bendecido el Evangelio del agua y el Espíritu, el pan de vida, y a Su Iglesias, para que Su Iglesia comparta el pan de vida con todos los pecadores del mundo. A través de este ministerio bendito, Dios ha permitido a Su Iglesia salvar a todos los pecadores de sus pecados. A través de Su Iglesia, Dios está alimentando a multitudes por todo el mundo, con el pan de vida. Las almas que han comido del pan de vida, es decir del Evangelio del agua y el Espíritu, están siendo salvadas de sus pecados.
Jesús caminó sobre las aguas
Aquí ocurrió otro suceso. Los discípulos de Jesús estaban en el mar, muy lejos de tierra, porque querían cruzar al otro lado de la orilla con su barca. El viento empezó a soplar cada vez más fuerte y las olas eran cada vez más altas, entonces los discípulos empezaron a temer por sus vidas. Las olas altas se chocaban contra la barca y la llenaban de agua, y el viento soplaba tan fuerte que, por mucho que remasen, no podían moverse en la dirección deseada. Los discípulos de Jesús estaban aterrorizados y preocupados. Mientras intentaban achicar el agua, a la hora cuarta de la noche Jesús apareció ante ellos.
En general, los judíos dividían la noche (de las 6 de la tarde a las 6 de la mañana) en cuatro partes. Por tanto, la cuarta parte era de las 3 a las 6 de la mañana, y por eso estaba oscuro. Cuando los discípulos de Jesús estaban en la barca, por la noche, con las olas altas, vieron a Jesús caminar hacia Él. Los judíos de aquel entonces llevaban túnicas. Así que con los vientos fuertes, la túnica de Jesús seguramente se agitaba con el viento. Cuando vieron que alguien caminaba hacia ellos, entre las olas y el mar furioso, piensen lo asustados que estarían. Así que empezó a cundir el pánico, porque pensaron que estaban viendo un fantasma.
Pero el Señor se les acercó y dijo: «¡Tened ánimo; yo soy, no temáis!». Entonces Pedro le dijo: «Señor, si eres tú, manda que yo vaya a ti sobre las aguas». Cuando Jesús dijo: «Ven», Pedro salió de la barca y caminó por el agua. Nadie en este mundo, a parte de Jesús y Pedro, puede caminar sobre el agua. Cuando Pedro caminaba hacia Jesús, escuchó el sonido del viento, sintió miedo y perdió su fe, por lo que se hundió; pero inmediatamente Jesús lo sacó del agua y lo metió en la barca con él. Entonces le dijo a Pedro: «¡Hombre de poca fe! ¿Por qué dudaste?». Así que, cuando Jesús y Pedro se metieron en la barca, el viento cesó y los que estaban en la barca adoraron a Jesús, diciendo: «Verdaderamente eres Hijo de Dios».
En realidad, Jesús es el Hijo de Dios, quien puede caminar sobre el agua, quien no está sujeto por las leyes naturales de este mundo físico. Él es el verdadero Dios. Es el verdadero Hijo de Dios.
Jesús quería darles a Sus discípulos la fe clara y verdadera. Para demostrarles que es el Salvador y Dios en esencia, Jesús hizo milagros. Lo que debemos aprender del pasaje de las Escrituras de hoy es que, para probar el milagro de los panes y los peces, y para seguir al Señor, debemos orar sin cesar, porque viene acompañado de muchas dificultades. Cuando nos encontremos con dificultades, debemos orar al Señor, nuestro Dios, para que nos ayude.
Además, cuando oramos, primero debemos tener fe en el Evangelio del agua y el Espíritu. Debemos tener fe en la Verdad de que el Señor es el verdadero Dios y es el Hijo de Dios, que nos ha salvado. Jesús era Dios mismo, pero para salvarnos de nuestros pecados, vino al mundo como nuestro Salvador, y a través del Evangelio del agua, la sangre y el Espíritu, nos ha salvado de todos nuestros pecados.
Jesús es fundamentalmente Dios, existe en el Cielo como Dios mismo, y es el Dios que ha venido a nosotros como el Espíritu, vive en nosotros y nos ayuda. Nuestro Señor es el Pastor de los creyentes. Como Dios mismo, nos cuida como nuestro Pastor, y también se ha convertido en nuestro amigo, y reina como nuestro Rey.
Es muy importante tener fe en la verdad de que Jesús es el verdadero Dios. Sus ministerios dan testimonio de que es Dios. Así que, cuando creímos que es el verdadero Dios y nuestro Salvador, podemos confiar en Él. Cuando seguimos al Señor después de conocerle con el verdadero Evangelio, a veces nos encontramos con dificultades, porque hay muchos peligros. En tiempos como estos debemos orar a Jesucristo, nuestro Dios, y confiar en Él.
Debemos tener fe en el Señor. Para darles a sus discípulos una fe fuerte en Él, Jesús permitió que estuviesen en una situación peligrosa. Pero no les dejó solos. Caminó hacia ellos sobre el agua, le dijo a Pedro que caminase hacia Él, y cuando Pedro se hundió por falta de fe, Él lo salvó y se metió en la barca con los discípulos. Jesús hizo milagros para enseñarles a Sus discípulos la verdadera fe.
Este milagro nos dice que tenemos una fe fuerte en Jesús, cuando llevamos a cabo la tarea de predicar el Evangelio por todo el mundo. Nosotros tampoco estaremos libres de problemas, sino que nos encontraremos con dificultades en nuestro camino sirviendo al Evangelio. En estos momentos, no debemos convertirnos en gente de fe, ni frustrarnos, caer en el mundo y morir, sino que debemos orar a Dios para que nos ayude al creer que Jesucristo es Dios. Al hacer esto podemos resolver nuestros problemas y complacer al Señor con nuestra fe, que es esencial para todos los que queremos servir al Evangelio hasta el día en que venga nuestro Señor.
Al hacer esto, demostró claramente quién era. Pedro confesó, después de haber vivido este episodio: «Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente» (Mateo 16, 16). Nosotros también debemos confesar nuestra fe: «Señor, de verdad eres Dios. Eres el Salvador que vino como Hijo de Dios para librar a los pecadores de los pecados del mundo, y de todas las iniquidades. Eres el Dios de la salvación. Aunque viniste en la carne de un hombre para salvarnos, eres Dios».
Nosotros, también, debemos creer en Jesucristo correctamente.
Mientras creemos en el Señor y le seguimos, también somos tentados por Satanás, y se nos presentan todo tipo de dificultades. Pero en estos momentos de lucha, debemos confiar en Dios en todo y orar con fe en Él. Entonces Dios resolverá todos nuestros problemas y podremos seguir sirviendo al Evangelio con una fe firme como un árbol plantado a la orilla de un río.
Al orar a Dios, debemos tener fe en Él. Cuando oremos, debemos orar con fe en que Jesucristo es el Dios viviente y nuestro Salvador. Solo entonces, cuando tenemos esta fe, podemos tener éxito. Si no tenemos esta fe, no podremos seguir al Señor hasta el final.
Como somos tan débiles e insuficientes, a veces perdemos la confianza. Pero, sean cuales sean las circunstancias, debemos conocer la divinidad de Jesús y Sus ministerios, y creer en Él. Debemos creer que es el Salvador, que fue bautizado y crucificado en este mundo, y que ha borrado todos nuestros pecados y nos ha salvado. Debemos creer que es el Hijo de Dios y debemos presentarnos ante Él con fe. Por nuestra fe, ustedes y yo estamos bendecidos por Dios. Al vivir con fe y seguir la voluntad del Padre, cuando pasamos por la adversidad, necesitamos ayuda para resolver los problemas con fe, con la fe viva que debemos tener siempre.
Está escrito: «Sed sobrios, y velad; porque vuestro adversario el diablo, como león rugiente, anda alrededor buscando a quien devorar» (1 Pedro 5, 8). Satanás tiene sus ojos abiertos, y está buscando a gente de Dios para devorarla. Cuando se encuentra con alguien débil, lo acecha como un león fiero. En estos momentos, cuando no tienen fe en el Señor, acaban siendo víctimas de Satanás.
Satanás intenta a todas horas destruir la fe de los nacidos de nuevo, diciendo: «¿Cómo pueden creer en Dios si tienen tantas insuficiencias?». Por tanto, deben tener una fe firme, y deben decir: «¡Aléjate de mí, Satanás! Puede que sea verdad, pero el Señor me ha salvado».
Al haber recibido la remisión de nuestros pecados, mientras seguimos al Señor, hay veces que nos preocupamos mucho, y tenemos muchos problemas. Cuando nos ocurre esto, debemos orar más, y creer que Jesucristo es Dios, y al tener esta fe, debemos buscar Su ayuda. Si tenemos fe, podemos ver cómo Dios nos ayuda.
Debemos creer que el Señor hizo el milagro de los panes y los panes para enseñarnos lo que es la fe. Debemos aprender a tener fe a través de la Palabra de Dios, la Verdad. No podemos permitirnos vivir sin fe, tanto para ser salvados como para predicar el Evangelio. Debemos creer en la Palabra de Dios. Debemos tener fe en que todo se cumplirá según la Palabra de Dios. La Biblia, la Palabra de Dios, es la Verdad.
Últimamente me siento pesado y me preguntó por qué. De repente descubrí que era porque había estado trabajando con alguien que no había nacido de nuevo, y me había engañado. Este problema me estaba dando dolor de cabeza. Así que cuando analicé todos los factores, llegué a la conclusión de que todo venía de haber trabajado con una persona que no había nacido de nuevo. La Biblia dice: «No os unáis en yugo desigual con los incrédulos; porque ¿qué compañerismo tiene la justicia con la injusticia? ¿Y qué comunión la luz con las tinieblas?» (2 Corintios 6, 14). Esta es la verdad, que no sabía de dónde venía ese problema. Cuando trabajamos con gente que ha nacido de nuevo, Dios nos ayuda, y por eso, si oramos a Dios para que nos ayude, todo sale bien con Él. Pero intentar trabajar con alguien que no ha recibido la remisión de los pecados nos causa problemas. De hecho, los justos no deben trabajar con los que no han nacido de nuevo.
Podemos encontrar otra lección en el Antiguo Testamento. Cuando Israel fue dividido en dos reinos, el norte y el sur, uno de los reyes del sur se alió con el del norte para invadir a otra nación. La fe del reino del norte se había corrompido, porque su primer rey, Jeroboam, había creado becerros de oro para adorarlos, y había alterado el sistema de sacrificios. Por tanto la alianza entre los dos reinos se formó por culpa de la iniquidad. Por eso muchas personas fueron asesinadas y sufrieron mucho.
No debemos tomarnos la Palabra de Dios a la ligera. Sino que debemos temerla. A través de mi propia experiencia, me he dado todavía más cuenta de que la Palabra de Dios es cierta, y me arrepentí de mi pecado. Entonces oré a Dios para que me ayudara a resistir la tentación. Espero que tengan la misma fe en Dios y en Su Palabra.
¿Quién es Jesús? Es el Hijo de Dios y nuestro Salvador. Es el Señor de la vida, que creó el universo y nos creó a nosotros, y que ha borrado todos nuestros pecados con la Verdad del Evangelio del agua y el Espíritu. Mientras siguen al Señor, deben tener fe en Jesús, el verdadero Dios. «Eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente». Debemos tener esta fe en nuestros corazones.
Debemos tener fe en nuestros corazones, y debemos estar firmes ante Dios con esta fe. Jesús es nuestro Pastor, y el Padre de Jesucristo, y nuestro. Por tanto, cuando les pedimos a Dios Padre y a Jesucristo que nos ayuden, Dios escucha nuestras oraciones según Su voluntad, y nos ayuda. Como somos el pueblo de Dios y Sus hijos, y como es nuestro Padre y Pastor, nos ayuda. Debemos tener esta fe firme. De hecho, como tenemos esta fe, podemos vivir espiritualmente. Todos los nacidos de nuevo deben vivir por fe.
Debemos resumir el pasaje de las Escrituras en dos oraciones: «Jesús fue a orar» y «Jesús hizo milagros y señales». En otras palabras, esto nos demuestra que Jesús tiene humanidad y divinidad en Su esencia. Como vemos que Jesús era humano y divino, debemos tener una fe fuerte en la verdad, en que Dios es el Cordero de Dios que vino en un cuerpo humano para ser nuestro Salvador. Debemos confiar en Él, como el Dios Omnipotente y vivir por esta fe.
CAPÍTULO 15

Dios nos ha dado
bendiciones infinitas
< Mateo 15, 32-39 >
«Y Jesús, llamando a sus discípulos, dijo: Tengo compasión de la gente, porque ya hace tres días que están conmigo, y no tienen qué comer; y enviarlos en ayunas no quiero, no sea que desmayen en el camino. Entonces sus discípulos le dijeron: ¿De dónde tenemos nosotros tantos panes en el desierto, para saciar a una multitud tan grande? Jesús les dijo: ¿Cuántos panes tenéis? Y ellos dijeron: Siete, y unos pocos pececillos. Y mandó a la multitud que se recostase en tierra. Y tomando los siete panes y los peces, dio gracias, los partió y dio a sus discípulos, y los discípulos a la multitud. Y comieron todos, y se saciaron; y recogieron lo que sobró de los pedazos, siete canastas llenas. Y eran los que habían comido, cuatro mil hombres, sin contar las mujeres y los niños. Entonces, despedida la gente, entró en la barca, y vino a la región de Magdala».
Cuando nos centramos en la última parte del pasaje de hoy, vemos cómo abunda la gracia que Dios nos ha dado a la humanidad. La gran multitud que seguía a Jesucristo no había comido durante tres días, y tenía mucho hambre. Está escrito que Jesús, al verlos, tuvo compasión y dijo: «No quiero dejar que se vayan hambrientos, no sea que se desmayen por el camino». Entonces bendijo los panes y los peces y se los pasó a la multitud; todos se llenaron y aún así quedaron 7 cestas de sobras. Jesús alimentó a más de 4000 hombres, más las mujeres y los niños.
El que hubiera sobras significa que la gracia de Dios nunca se acaba. ¿No creen que es maravilloso que hubiese suficiente comida para llenar siete cestas después de haber alimentado a 4000 hombres, sin contar mujeres y niños? Dios bendijo una comida que constaba de unos pocos panes y peces y la compartió con la multitud, y aún así quedaron siete cestas, después de haber alimentado a 4000 hombres, más niños y mujeres. Esto nos dice que la gracia de Dios es infinita y eterna. Subraya lo importante que es tener fe en Dios. La gracia de Dios es maravillosa. Si no fuera así, sería imposible no desmayarnos.
Dios es perfecto
En las Escrituras, el número siete simboliza la perfección, la divinidad. Dios da Su gracia a Su pueblo hambriento. Como hemos visto en el pasaje de hoy, no hay duda de que Dios tiene una gracia infinita. El Señor quiere que creamos en Su perfección y Su gracia abundante.
Entonces, ¿por qué tipo de fe debemos vivir? En vez de vivir según las circunstancias, debemos pedirle a Dios más gracia cada día, creen en Él, desear Su amor más, y vivir en Su amor. Entonces debemos reafirmar nuestra fe en Dios más todavía, y vivir creyendo en Él. Deben darse cuenta, desde el fondo de sus corazones, de que el amor de Dios es infinito. Aunque hemos oído decir a muchas personas: «Dios es grande. Dios es amor», lo que de verdad Dios quiere es que nos demos cuenta de que nos ha dado Su gracia abundante. Cuando entendemos la gracia infinita de Dios y creemos en ella, podemos pasar de un estado de fe bajo que sigue nuestras circunstancias y situaciones, a un estado de fe más fuerte.
¿Acaso no creen en Dios en su propio nivel y le siguen según sus deseos? ¿No han sido engañados por las doctrinas legalistas cristinas? Si han evaluado su vida de fe, basándose en sus propios estándares, y han quedado insatisfechos o atormentados según este resultado, ahora deben moverse de su fe a la perfecta fe, sin límites de Dios.