Excerpt for Sermones sobre el Evangelio de Juan (IV) - ¿HAN ENCONTRADO A JESÚS CON EL EVANGELIO DEL AGUA Y EL ESPÍRITU? by Paul C. Jong, available in its entirety at Smashwords

El Apóstol Juan era un discípulo de Jesucristo

Jesús tuvo que cargar con todos nuestros pecados para dar Su vida por nosotros. Así que alguien tenía que hacer posible que cargase con los pecados del mundo. Esto se tenía que cumplir a través del bautismo que recibió de Juan el Bauitsta en el río Jordán. Jesús fue bautizado por Juan el Bautista para cargar con todos los pecados del mundo. Por tanto, los creeyentes no tenemos más pecados. Como Jesús tomó todos nuestros pecados para siempre sobre Sí mismo, tuvo que ser crucificado y se levantó de entre los muertos. Por eso, para creer en esta Verdad nuestros corazones han sido limpiados. Como Jesús cargó con los pecados de este mundo para siempre, ahora quiere utilizarnos como obreros de Dios. Ahora la única tarea que se nos ha encomendado es predicar la justicia de Dios por todo el mundo, para que como nosotros, otras personas también sean libradas de los pecados del mundo y reciban las bendiciones de Dios.



¿HAN ENCONTRADO A JESÚS CON EL EVANGELIO

DEL AGUA Y EL ESPÍRITU?


Smashwords Edition

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Índice


Prólogo



Desechen los pensamientos de su carne (Juan 2, 1-11)

Jesús quitó los pecados del mundo (Juan 1, 29)

La vida perfecta y el gozo perfecto (Juan 2, 1-11)

¿Por qué envió Dios a Su Hijo a este mundo? (Juan 3, 16-21)

Jesús, quien nos dio el agua que brota para siempre (Juan 4, 1-26, 39-42)

Muchos más creyeron por la palabra de Jesús (Juan 4, 27-42)

La prueba de nuestra salvación del pecado (Juan 5, 30-38)

Coman el pan de vida (Juan 6, 1-13)

Trabajen por la comida que no perece (Juan 6, 26-39)

Comer la carne y beber la sangre de Jesús, que es el pan del Cielo, es la verdadera fe (Juan 6, 52-59)

¿Están sin pecados por haber comido la carne y haber bebido la sangre de Jesús? (Juan 6, 60-69)

La Palabra de vida eterna: la carne y la sangre de Jesús (Juan 6, 60-71)

Jesús obró con un corazón decidido (Juan 7, 1-36)

Debemos saber y creer que Jesús es el Hijo de Dios y Dios mismo (Juan 7, 28-53)

El perdón eterno que el Señor nos ha dado (Juan 8, 1-12)

Las Palabras de Jesús son todas ciertas (Juan 8, 13-19)

El que es de Dios escucha las Palabras de Dios (Juan 8, 25-47)





Prólogo



Unas palabras de amonestación al lector


No hay nada más urgente en su vida que entender el Evangelio del agua y el Espíritu, el Evangelio de la salvación segura que ninguna razón o sabiduría de este mundo puede probar. Por esta razón han aparecido multitud de doctrinas acerca de la salvación y han caído, y al mismo tiempo se demanda devoción excesiva a estas doctrinas como si fueran verdades. Muchas personas han confesado la salvación de sus pecados sin el conocimiento de cómo la salvación se cumplió exactamente en la vida del Mesías, y dejan atrás cuestiones importantes relativas a la salvación.


Sea cual sea su verdad, esta noción afectará su actitud y determinará su destino. ¿Están creyendo en el Evangelio del agua y el Espíritu? Hablando básicamente, la Verdad del Evangelio del agua y el Espíritu no es subjetiva ni dependiente, sino que es independiente de todas las cosas. Quién reveló está Verdad o quién la descubrió primero no es importante. Esta Verdad de salvación no se valida solo porque crean en ella, ni se anula porque no estén de acuerdo con ella.


Muchas personas han enseñado que el Evangelio de la Cruz es la Verdad de la salvación. Multitud de denominaciones y comunidades cristianas han sacado a la luz sus posiciones y opiniones sobre la salvación, y también han presentado sus respectivas opniones sobre cuestiones relevantes de la salvación para defender sus doctrinas. Pero esto solo ha ocasionado mucha confusión, y muchas personas ahora están en el camino que va al infierno, aunque la luz esté brillando sobre ellos como la luz del día.


Esto se debe en mayor parte a la prevalencia del evangelio a medias, es decir el evangelio de la Cruz solamente. Durante 2000 años, desde que el cristianismo apareció en Palestina, este mensaje simple de la Cruz ha subestimado y corrompido el mensaje real del Evangelio. Cuando me convertí en un cristiano, me pregunté qué era la salvación, cuál era mi recompensa, quién necesitaba la salvación, qué condiciones tenía que cumplir, si había un camino correcto para llegar a la salvación, si era posible vivir en la salvación entre tanta confusión, cuál era el papel de Dios en esta salvación, y finalmente, cuál era el papel del hombre.


Cuando se observa desde dentro el Evangelio del agua y el Espíritu, esas preguntas eran fáciles y recibían una respuesta suficiente. Sin embargo, desde dentro del cristianismo actual, no se pueden responder tan fácilmente. Hay multitud de libros y apologías en el mundo, y cada uno dice tener la respuesta correcta a estos problemas. En un mundo sin información como el de hoy en día, pueden preguntarse qué cambios pueden aportar mis libros a sobre estas cuestiones.


Al estar libre de prejuicios o ideas preconcebidas, me gustaría dar testimonio de la Verdad manifestada en el Evangelio de Juan a través del Evangelio del agua y el Espíritu. Estoy seguro de que estos sermones sobre el Evangelio de Juan traerán cambios fundamentales a sus vidas, no como los libros del cristianismo actual. Esta no es mi opinión solamente, sino que es un hecho. Estoy completamente convencido de que este libro, que viene de Dios, titulado ¿Han encontrado a Jesucristo con el Evangelio del agua y el Espíritu? iluminará sus almas con el conocimiento de la Verdad. Les animo a que no dejen de leer este libro fácilmente.


Aunque no soy un hombre muy elocuente, puedo dar testimonio de la salvación verdadera a través del Evangelio del agua y el Espíritu que el Señor me ha enseñado. Mi intención es enseñar el Evangelio del agua y el Espíritu en términos simples como un predicador, y no como un filósofo o un teólogo. Estoy seguro de que estarán de acuerdo con la Palabra de Dios en vez de con mis pensamientos. El contenido de este libro no expresa solamente mi opinión personal, sino hechos.


Creo de todo corazón que Jesús es Cristo, que Juan el Bautista es el representante de la humanidad que le pasó los pecados del mundo a Jesús, el Cordero de Dios al bautizarle, y que Jesús fue crucificado hasta morir mientras cargaba con todos los pecados del mundo, tanto los de su pasado como los de su futuro. Espero sinceramente, por el bien de sus almas, que encuentren el Evangelio del agua y el Espíritu y crean en él.




SERMÓN 1




Desechen los pensamientos

de su carne


< Juan 2, 1-11 >

«Al tercer día se hicieron unas bodas en Caná de Galilea; y estaba allí la madre de Jesús. Y fueron también invitados a las bodas Jesús y sus discípulos. Y faltando el vino, la madre de Jesús le dijo: No tienen vino. Jesús le dijo: ¿Qué tienes conmigo, mujer? Aún no ha venido mi hora. Su madre dijo a los que servían: Haced todo lo que os dijere. Y estaban allí seis tinajas de piedra para agua, conforme al rito de la purificación de los judíos, en cada una de las cuales cabían dos o tres cántaros. Jesús les dijo: Llenad estas tinajas de agua. Y las llenaron hasta arriba. Entonces les dijo: Sacad ahora, y llevadlo al maestresala. Y se lo llevaron. Cuando el maestresala probó el agua hecha vino, sin saber él de dónde era, aunque lo sabían los sirvientes que habían sacado el agua, llamó al esposo, y le dijo: Todo hombre sirve primero el buen vino, y cuando ya han bebido mucho, entonces el inferior; mas tú has reservado el buen vino hasta ahora. Este principio de señales hizo Jesús en Caná de Galilea, y manifestó su gloria; y sus discípulos creyeron en él».


Hoy me gustaría hablarles del pasaje del Evangelio según Juan 2, 1-11. El acontecimiento de las bodas de Caná de Galilea nos habla de «¿Cuál es el mayor obstáculo para nuestra fe en Dios?». Jesús les dijo a los siervos que se estaban preocupando porque no había suficiente vino: «Llenad estas tinajas de agua. Sacad ahora, y llevadlo al maestresala». La madre de Jesús, María, les dijo a los siervos que hicieran lo que Jesús les dijo con Su Palabra, dijese lo que dijese. Los siervos obedecieron y siguieron esta Palabra, y por eso llenaron las tinajas y se las llevaron al maestresala según lo que Jesús les dijo. Entonces probaron el milagro del agua que se convirtió en vino.



¿Cuál es el mayor obstáculo en sus vidas de fe?


Queridos hermanos, ¿saben qué significa esta Palabra de Dios? A través de esta Palabra, Dios nos dice que el mayor problema para creer en Dios y vivir una vida llena de fe es que tenemos pensamientos carnales. Cuando creemos y obedecemos a Dios, lo que nos echa para atrás a menudo es que tenemos pensamientos carnales, y nada más. Dios nos está diciendo que cuando una persona está atada a sus pensamientos carnales, e insiste en ellos, no puede seguir ni obedecer la Palabra de Dios.


¿Qué habría ocurrido si los siervos del pasaje de arriba hubieran tenido una opinión personal fuerte y muchos pensamientos carnales? Que habrían pensado: «Está bromeando. Aunque puedo llenar estas tinajas de agua, no voy a obedecer la Palabra que me dice que saque agua y se la dé a la gente. Lo que esa gente quiere es vino, y no agua». Esta puede parecer la manera lógica y razonable de pensar. Pero si hubiesen creído en sus propios pensamientos y no hubiesen sacado agua y no se la hubiesen llevado a la gente, no podrían haber sido testigos del milagro del agua que se convirtió en vino. Además, no podrían haberse regocijado.


Queridos hermanos, mientras vivimos nuestras vidas de fe, ¿cuál es el mayor obstáculo que evita que resolvamos ciertos problemas por fe? Precisamente son nuestros pensamientos carnales los que nos desvían de la fe. Este es un problema que no se debe tomar a la ligera. Esto se debe a que la gente que tiene muchos pensamientos carnales no puede creer en la Palabra de Dios ni seguirla. Jesús dijo: «Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame» (Mateo 16, 24). La primera cosa que debemos hacer cuando intentamos seguir la Palabra de Jesús es negar nuestros propios pensamientos. Por tanto, cuando vivimos con fe, es muy importante deshacernos de nuestros pensamientos carnales.


Creemos que toda la Palabra de Dios escrita en la Biblia es la verdad. La verdad de Dios es simple, pero es la verdad perfecta. Por eso, todo lo que uno tiene que hacer es aceptarla tal y como es, pero hay veces que los pensamientos carnales salen a la luz y la obstruyen. Los pensamientos carnales salen a la luz por sí mismos, y por eso hay un dicho sobre el ser humanos que dice que no es más que una caña pensante. Ustedes también tienen pensamientos carnales, ¿no es así? Pero, cuando dejan que esos pensamientos carnales ocupen todos su tiempo, la fe que cree en la Palabra de Dios desaparecerá por completo y solo les quedarán esos pensamientos inútiles. Cuando esto ocurre, la fe en la Palabra de Dios no existe más. Así no podrán creer en Dios y no podrán seguirle. Además, sentiremos angustia y culpa. Queridos hermanos, espero que sepan que la gente que tiene muchos pensamientos propios no puede seguir a Dios ni creer en Él, y al final no podrá recibir la salvación de sus pecados.



Desechen sus pensamientos inútiles y crean en la Palabra escrita de la Verdad, el Evangelio del agua y el Espíritu


Suelen pensar en la fe en la Palabra de Dios como algo difícil, pero en realidad caminar por la palabra de fe es muy simple. Todo lo que tienen que hacer es creer en la Palabra del Evangelio del agua y el Espíritu escrita en la Biblia y otras Palabras. Esta es la Verdad simple y clara, pero por culpa de sus pensamientos inútiles, a veces se confunden y sufren mucho dolor.


Consideremos el siguiente ejemplo. Hemos escuchados muchas veces el pasaje de Juan 1, 29 que dice: «¡He aquí el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo!». Al escuchar una Palabra como esta, algunos dicen: «Lo entiendo. Jesús tomó todos los pecados del mundo al cargar con ellos cuando fue bautizado por Juan el Bautista. Está acabado. No tengo pecados. El Señor ha tomado mis pecados a través de Su bautismo y ha muerto en mi lugar en la Cruz cargando con ellos. Así, ha sufrido el juicio de la Cruz en mi lugar, entonces ¿para qué necesitamos ofrecer más sacrificios? Aleluya. Amén». Hemos recibido la remisión de los pecados.


Pero, ¿cómo son nuestros pensamientos carnales? El no poder creer en la Palabra de Dios con pureza, nos hace pensar: «Esta Palabra debe significar que ha borrado solo el pecado original de la gente. He cometido muchos pecados y seguiré cometiéndolos en el futuro. Así que, ¿cómo ha podido borrar todos esos pecados también? Este pasaje expresa claramente que ha borrado el pecado original». Si interpretamos la Palabra con nuestros propios pensamientos carnales, aunque creamos en Jesús fervientemente, no podremos recibir la remisión de los pecados.


Además, los pensamientos carnales de la gente son más que un mero obstáculo para recibir la salvación de los pecados. Son también un obstáculo después de haber recibido la salvación de los pecados. Cuando hay un problema, si pensamos: «Creo que Dios resolverá el problema», por fe ese problema ya estará resuelto. Si se desecha el pensamiento carnal que piensa: «¿Se resolverá?» y se cree en la Palabra de Dios perfectamente, todo lo que la persona desee, se hará realidad.


Cuando predicamos el Evangelio a los demás por fe, es lo mismo. Si calculamos según nuestros pensamientos carnales: «¿Vendrá la gente a esta reunión de resurgimiento o no?» nuestra fe desaparecerá. Aunque hayan creído en la Palabra de Dios hasta hace un minuto, si están cayendo ahora en sus pensamientos carnales, estos se comerán su fe que cree en el Señor más adelante, y serán personas sin la fe que cree en la Palabra de Dios. Al final, la fe dentro de sus corazones se esconderá.



¿Cómo son nuestros pensamientos carnales?


Las personas pueden pensar, pero deben darse cuenta de que pensar es un gran obstáculo ante Dios. En su búsqueda del Señor, los pensamientos carnales corroen su fe en el Señor. Si la fe, que es más valiosa que todas las cosas, es decir si la ve de valor incalculable que el Señor nos dio desapareciera completamente por nuestros pensamientos, ¿qué triste sería esto? Dicen que creen en la justicia de Dios. Pero sus pensamientos siguen comiéndose su fe. Si permiten que sus pensamientos tengan total libertad, su fe se quedará en los huesos. No podrán encontrar su fe y solo les quedarán deseos carnales.


Queridos hermanos, así los pensamientos carnales son un gran enemigo de la fe espiritual. Nuestros pensamientos tienden a guiarnos a los enemigos de Dios. Son obstáculos para nuestra fe incondicional y trampas en nuestro camino cuando le seguimos.


Queridos hermanos, una vida de fe no consiste en ir y venir a la Iglesia de Dios. La verdadera fe es venir a la Iglesia de Dios, escuchar la Palabra, vaciar los pensamientos propios al tener fe en la Palabra, creer en el Señor, y seguirle. Sin embargo, hasta ahora probablemente hayan tenido la fe que cree y sigue al Señor solo cuando la Palabra parece estar de acuerdo con sus pensamientos según su razonamiento. Si es así, todavía no han vaciado sus corazones. Pero, también se darán cuenta pronto de cuando la fe ahonde un poco más, llegará el momento en que podrán negar sus pensamientos, creerán solo en el Señor con pureza y le seguirán. Se darán cuenta de que Dios espera que seamos así exactamente.


Muchas personas tienen la fe que sigue la Palabra cuando es conveniente según sus pensamientos y no la siguen cuando no los conviene. A pesar de haber dicho que creen en la Palabra, cuando aparecen pensamientos carnales en sus corazones y tienen dudas, la gente no cree en ella. Estas personas deciden que, aunque recibieron la remisión de los pecados a través de Jesús, ya no pueden creer perfectamente en la Palabra ni seguirla después de haber utilizado la razón. «¿Es esto cierto? ¿No es cierto? ¿Será posible? ¿No será posible? Creo que esto es así, y lo otro es de esta manera...». Así, cuando tenemos demasiados pensamientos propios, al final nada se conseguirá. Sea lo que sea, incluso un 0,1% de posibilidad desaparecerá.


¿Piensan que hay una oportunidad para que la gente así reciba la salvación? Bueno, pensemos en esto. Digamos que han escuchado la Palabra del Evangelio del agua y el Espíritu. Incluso mientras escuchaban la Palabra, tienen un pensamiento concreto en su mente. Con este pensamiento, el 30% de su fe ha desaparecido. Si piensan un poco más, son tercos y egoístas y han cometido muchos pecados. A medida que la duda se hace más fuerte, el 60% de su fe habrá desaparecido. Piensan más: «Como esperaba, como mi personalidad es tan mala, es imposible». Ahora el 90% ha desaparecido. Cuando desaparece el otro 10% de la fe y determinan que no es posible, será el final. La verdad es que la oportunidad de recibir la salvación es del 0%. ¿Quedará algo de fe en la que confiar? La verdad es que ya no pueden recibir la salvación por culpa del pensamiento carnal que dice: «No puedo recibir la salvación. Iré al infierno. ¿Quién me va a perdonar? Quiero ser salvado de mis pecados, pero será imposible».



Así el pensamiento carnal se come la verdadera fe


Aunque tenemos pensamientos carnales, la fe verdadera es creer, obedecer y seguir la Palabra de Dios con pureza, como insensatos, en vez de seguir esos pensamientos. Esto significa que creer así es la verdadera fe. A medida que pensamos carnalmente más y más, las posibilidades disminuyen. Mientras seguimos pensando, parece que hay demasiadas cosas que no se pueden conseguir. Queridos hermanos, al creer en el Señor y seguirle, el esfuerzo de intentar encontrar lo que entra dentro de la razón y nuestros pensamientos es completamente innecesario. La verdad es que debemos creer en Dios simplemente, honestamente, y con pureza para poder seguirle.


Hablando sinceramente, yo también solía tener muchos pensamientos grandes. Cuando era joven, solía mirar las hormigas mientras estaba agachado y cuando las hormigas se me subían pensaba: «¿Por qué sube por mi pierna esta hormiga? ¿De qué hormiguero ha salido y dónde va? ¿Ha salido a buscar comida?». Tenía todo tipo de pensamientos mientras miraba cómo las hormigas se peleaban y corrían en busca de cubierta cuando llovía. Hacía lo mismo cuando miraba a la gente. Incluso cuando veía a un hombre pasar, tenía todo tipo de pensamientos: «¿Por qué nació este hombre? ¿Por qué sigue viviendo? ¿Dónde va? ¿Para qué vive?».


Pero ahora me he dado cuenta de todo eso. Me he dado cuenta del hecho de que esos pensamientos no valen de nada ante Dios. Por mucho que un ser humano piense en el objetivo de su vida, al final no será nada. Cuando llega al final del pensamiento, la única conclusión que sale es que no vale la pena vivir. Como los coreanos resumen la vida en «nacimiento, envejecimiento, enfermedad y muerte», estos acontecimientos en la vida de todas las personas pueden resumirse en nacer, hacerse viejo, enfermar y morir. Por eso los pensamientos humanos son tan inútiles y fútiles ante Dios.


¿Vamos a considerar nuestras vidas una vez más ahora? Mientras pensamos en nuestras vidas, descubriremos rápidamente que nos estamos convirtiendo en abuelos y abuelas, y al final iremos a la tumba. Cuando lleguemos al final de estos pensamientos, ¿estaremos vivos? La verdad es que ya estamos muertos. No estoy diciendo que esto sea malo. Si no pensásemos, seríamos como animales. Lo más importante es que aunque podemos pensar, no debemos vivir con estos pensamientos y seguirlos.


Lo mismo ocurre con la fe. Aunque podemos tener muchos pensamientos mientras seguimos al Señor, no debemos tener fe según esos pensamientos. Entonces, ¿cuál es la manera adecuada de seguir al Señor? ¿Qué debemos hacer para recibir la salvación del espíritu? Debemos creer solo en Dios. No hay otra manera a parte de creer así. Por eso no hace falta sabiduría ni pensamientos propios. Cuando los pensamientos se hacen más profundos y crecen en número, la gente que debería estar recibiendo la salvación no podrá recibirla. Sin fe, el espíritu no puede ser salvado. La verdad es que sin fe, nada puede cumplirse, sea lo que sea.



Nieguen sus pensamientos carnales y posean la fe pura


A través de la Palabra de Dios podemos aprender el hecho de que creer en el Evangelio del agua y el Espíritu es la única fe verdadera. Cuando negamos nuestros pensamientos y creemos y seguimos a Dios, Él ve esta fe pura y salva a nuestras almas. Mientras vivimos con fe, si intentamos conformar todas las cosas a nuestros pensamientos y entender lo que se conforma a la razón, nunca podremos seguir la voluntad el Señor. Estas personas siempre estarán capturadas en sus propios pensamientos y por eso se preocuparán, estarán tristes y no encontrarán la felicidad. La verdad es que vivirán toda su vida así, con un humor malo, sin poder ver la luz del día. Todos los días serán oscuros y solo habrá lluvia y niebla. Todos los días estarán llenos de preocupaciones y tristeza.


Si han tenido muchos pensamientos propios, no podrán haber sacado agua y haberla llevado al maestresala diciendo: «Es vino», como hicieron los siervos del pasaje de las Escrituras de hoy. Aunque Jesús lo ha dicho y María lo ha dicho, no podrán hacerlo. Según sus pensamientos carnales, es agua y nunca vino. Esto se debe a que han decidido en sus pensamientos que el agua nunca se convertirá en vino.


Así, las personas que tienen muchos pensamientos propios están destinadas a dejar el Evangelio. Se irán de la Iglesia y de la Palabra de Verdad que se convierte en la vida. La gente que tiene muchos pensamientos propios se va de la fe en Dios. Si es así, ¿cómo van a poder creer y seguir? La persona que sigue el pensamiento humano que sale de su cerebro que no es más grande que un puño más que la fe en Dios no podrá seguir al Señor. La posibilidad es absolutamente nula. Debemos vivir nuestras vidas de fe sabiendo esto.


Si queremos creer y seguir al Señor, lo primero que debemos hacer es deshacernos de nuestros pensamientos. Solo al hacer esto podremos creer en el Señor y servirle por fe. Solo cuando desechamos nuestros pensamientos podemos tener fe. Incluso mientras les hablo no deben intentar reconciliar lo que digo con sus pensamientos y razón. Con esta Palabra puede hablarles hoy y mañana. Puedo hablar toda la semana, 365 días al año. Como esta Palabra es la verdad, les estoy diciendo que puedo hablar de ella como quiera. Sin embargo, si hablase así 365 días al año, si escuchasen el pensamiento que dice: «Dijo lo mismo durante la reunión de adoración de la mañana, ¿cómo es que tiene tanto que decir?» no podrán obtener la salvación.


Seguimos al Señor por fe y creemos en el Señor. Sin embargo, consideremos durante un momento que viviremos con fe durante 2 años, 10 años, 20 años, y en adelante. Si tenemos demasiados pensamientos carnales, no podremos seguir al Señor durante tanto tiempo.


Queridos hermanos, hay muchos teólogos famosos. Sin embargo, la mayoría de sus conclusiones son que no podemos creer en la Palabra de Dios. Todos ellos solo llegan a la conclusión de que no pueden aceptar la Divinidad de Jesús diciendo: «No puedo creer en el hecho de que Jesús es el Hijo de Dios. Puedo aceptar que Jesús vino como un ser humano, pero no acepto el hecho de que sea el Hijo de Dios». Otras personas dicen: «Puedo aceptar la Divinidad de Jesús, pero no puedo aceptar Su naturaleza humana. No puedo aceptar que Jesús viniese como un ser humano». Por eso dicen que no pueden creer en Dios. No pueden seguir al Señor con pureza. Sin embargo, la fe empieza negando los pensamientos propios. La fe empieza desde ahí. La fe empieza desde el momento en que uno descarta sus propios pensamientos y empieza a creer en Dios.



En nuestra vida de fe debemos luchar contra nuestros pensamientos carnales sin cesar y negarlos constantemente


Como hemos creído en la justicia de Dios durante todo este tiempo, ¿en cuántas ocasiones reconocimos y en cuántas dudados con nuestros pensamientos carnales? Cuando esto ocurre, no podemos dejar de seguir la justicia de Dios con una fe verdadera. En el momento en que neguemos nuestros pensamientos, como si fuesen mentiras, podremos darnos cuenta de la justicia de Dios y creer en ella, y podremos seguir al Señor perfectamente. Los que dudan de su fe lo hacen porque no han podido negar sus pensamientos carnales. Cuando empiezan a pensar que no pueden creer en el Señor ni seguirle, acaban abandonando su fe. Poco a poco se distanciarán más de la salvación que Dios nos ha dado. La gente que ama y sigue la justicia de Dios de todo corazón niega sus pensamientos carnales y cree con pureza en la Palabra de Dios. La gente que piensan: «Soy un necio» y cree en la justicia de Dios es la que sigue a Dios.


Queridos hermanos, irónicamente, si pensamos demasiado, acabamos abandonando ciertos pensamientos. Es una solución interesante. Por tanto, la gente que piensa solo un poco y tiene dudas sobre la fe, debe pensar más. Deben pensar y no dormir. Tienen que pensar durante todo un año en un mismo asunto. Solo entonces se puede decir que se ha pensado mucho sobre algo. Después, al haber llegado al final del pensamiento, hay que asumir que no hay posibilidades o esperanzas en pensar. Solo entonces la persona podrá negar sus pensamientos.


Si son personas que tienen que pensar mucho, por favor, no lo hagan en la Iglesia. Siéntense en el WC en su casa y piensen. Cuando solo piensan un poco, empiezan a pensar que no deberían estar pensando. Sin embargo, cuando la gente que piensa mucho, deja de pensar tanto cuando les animo a que piense. Esto se debe a que están pensando constantemente. Es la misma lógica que una persona que no suele orar con oraciones largar que duran una hora cuando se le pide que ore.


Queridos hermanos, en cuanto a los obras del mundo, debemos pensar mucho ya que si piensan mucho en ellas y toman una decisión con prudencia, pueden llegar a una conclusión buena. No estoy diciendo que no deberían pensar en eso. Sin embargo, cuando se trata de creer en Dios, debemos desechar nuestros pensamientos. La fe no es algo que tenga que ver con nuestros pensamientos. Por tanto, debemos renunciar nuestros pensamientos. Solo entonces podremos creer en Dios con pureza.


Nuestros pensamientos carnales, que pueden ser necesarios en las obras del mundo, son inútiles para Dios. Pero, ¿cómo somos? Decimos que queremos vivir con fe en Dios, pero tendemos a tener fe en la Palabra solo cuando está de acuerdo con la lógica de este mundo. Sin embargo, abandonamos nuestra fe en la Palabra cuando no nos resulta lógica. Entonces, ¿cómo puede haber fe en esos corazones? No puede haber fe. Incluso la fe anterior en la salvación desparecerá. Incluso ahora, hay muchas personas que están luchando contra sus pensamientos. Cuando esto ocurre, en vez de pensar de manera superficial, deben pensar sin dormir. Solo entonces pensarán: «Mis pensamientos son inútiles. Solo me dan dolores de cabeza», y entonces se levantarán al haber vencido todos los pensamientos. Desde ese momento empiezan a obedecer la Palabra de Dios por fe. Queridos hermanos, ¿lo entienden?


La gente con muchos pensamientos los escriben en su fe. No pueden encontrar el camino correcto de la fe ni cantar canciones de alabanza con gozo. No pueden seguir ni servir al Señor. Solo los que descartan sus pensamientos carnales y desean seguir a Dios perfectamente pueden obtener la fe verdadera.



Solo los que desechan sus propios pensamientos pueden seguir al Señor


A través del pasaje de las Escrituras de hoy, debemos saber esta parte. Solo los que desechan sus pensamientos pueden seguir al Señor. Dios nos da muchas promesas. A través de la Palabra da testimonio de muchas cosas. Sin embargo, si no nos deshacemos de nuestros pensamientos, esas Palabras no entrarán en nuestros corazones. Esto significa que no podemos creer en ellos. ¿Se entiende lo que digo? ¿Pueden darse cuenta de que hay que negar los pensamientos propios para tener la fe verdadera? Si una persona no puede negar sus pensamientos, esa persona no podrá vivir una vida dentro de la Iglesia correctamente. Incluso en nuestra Iglesia hay muchos que no pueden venir porque no han negado sus pensamientos. Estas personas van de un lado para otro. Así que, desde cierta perspectiva, no es exagerado decir que solo los necios se reúnen en la Iglesia. Son necios, pero los necios del Reino de Dios, no los necios del mundo. Además han sobrepasado el nivel de este mundo.


Queridos hermanos, como Einstein, un genio del mundo, era tan inteligente, se dice que la gente de su tiempo no entendía sus nociones hipotéticas. Incluso ahora, la teoría de la relatividad de Einstein es muy difícil de entender para los no iniciados en la ciencia. Incluso si la gente conoce la teoría no puede entenderla al 100%. La gente cuyo nivel supera al de este mundo, piensa mucho, y cuando lo hace se da cuenta de que sus pensamientos no tienen límites. Al final se someten a Dios. Sin embargo, si los pensamientos de una persona están limitados, no podrá negar esos pensamientos superficiales, y no podrá seguir al Señor porque será demasiado obstinada.



Sus pensamientos se convierten en su peor enemigo


Esto también es cierto para mí. Mi peor enemigo es mi pensamiento. Por tanto, seguir al Señor es muy difícil. Como hay un enemigo dentro de cada persona que racionaliza los pensamientos, ¿cómo no va a ser difícil? Es tan difícil que cuesta imaginarlo. Sin embargo, quien no puede negar sus propios pensamientos que están dentro de su corazón, no podrá seguir al Señor. Esta persona será separada del Señor. Todo el mundo es igual.


Por otro lado, los que niegan sus pensamientos, a pesar de sus insuficiencias, pueden recibir protección dentro de la Iglesia. Los que piensan demasiado en circunstancias sociales pero niegan sus pensamientos ante Dios crecerán como la hierba verde dentro de la Iglesia. Esto se debe a que Dios obra a través de esas personas. Todos tienen esa oportunidad.


Queridos hermanos, a veces cuando alguien ha vivido por fe deja la Iglesia de repente. A pesar de haber sido reconocido por la Iglesia, la gente que no está en la iglesia ahora son los que no han podido negar sus pensamientos. Han pensado que eran más inteligentes que Dios. Por esta razón, han dejado al Señor para seguir sus pensamientos. De la misma manera en que Lot dijo en el Antiguo Testamento, han decidido que sus pensamientos son más sabios que los de Abraham e incluso Dios.


¿Hablamos un poco más sobre Lot? Abraham y Lot, cuyas posesiones habían crecido tanto que ya no podían vivir juntos, decidieron ir por caminos diferentes. En ese momento, Lot miró y vio la tierra de Sodoma y Gomorra. Vio que era buena para el ganado, y que el suelo era rico como el Jardín del Edén. A los ojos de Dios la tierra estaba llena de maldad. Al final, cuando Dios decidió destruir Sodoma y Gomorra, Lot perdió toda su riqueza y casi no escapó. Sin embargo, la mujer de Lot miró hacia atrás, hacia Sodoma y Gomorra. Entonces se convirtió en un pilar de sal y murió. La historia de Lot nos avisa del resultado tan horrible que nos espera si no negamos nuestros propios pensamientos.


Lot era una persona claramente justa. Sin embargo, al no poder vencer sus pensamientos superficiales, fue a la tierra de Sodoma y Gomorra y allí cayó en el camino hacia la destrucción. Por otro lado, Abraham, siguiendo la Palabra de Dios, entró en la tierra de Caná que hoy en día es Palestina. Entonces Dios se le apareció a Abraham y le prometió: «Porque toda la tierra que ves, la daré a ti y a tu descendencia para siempre» (Génesis 13, 15). Al final Abraham, que había seguido a Dios, recibió la tierra de Caná como herencia y se convirtió en el ancestro de la fe. Podemos decir que este es el resultado de que Abraham hubiese creído y seguido a Dios en vez de sus propios pensamientos.


Imaginen el camino por el que Abraham tuvo que caminar. Lleno de rocas, y si miramos la base, no había mucha vegetación. Parecía una tierra donde solo viven los escorpiones que pican y matan a los seres humanos. Pero en cuanto a esa tierra, Dios dijo que sería una tierra tan rica que rebosaría de miel y leche. ¿Cómo podía la tierra que iba a dar leche y miel estar tan seca? Según los pensamientos humanos, la Palabra no tenía ningún sentido. Sin embargo, Dios dijo que este lugar rebosaría de miel y leche y que la tierra de Sodoma y Gomorra estaba destinada a ser juzgada. Los, que había seguido sus propios pensamientos y había ido a la tierra de Sodoma y Gomorra casi fue destruido. Abraham, que descartó sus pensamientos y siguió la Palabra de Dios hasta la tierra de Caná, pudo disfrutar de la gloria de todas las generaciones en la tierra de Caná, que se hizo rica según la Palabra de Dios.


Cuando vemos a la tierra de Israel en los medios de comunicación, y cuando escuchamos a los israelitas hablar, podemos ver que la tierra de Caná se ha convertido en una tierra que da miel y leche abundante. A menudo se dice que las regiones del delta, es decir similares a las islas que han aparecido después del choque de placas al haber cesado de correr el agua, son las mejores tierras para la agricultura. Se dice que todo lo que se plante allí crece bien porque el suelo es muy rico cerca del agua. Ahora mismo, la tierra de Israel es así. La tierra de Caná, rebosante de leche y miel, como se menciona en la Biblia, en aquel entonces era estéril; pero ahora, según la Palabra se ha convertido en una tierra abundante en miel y leche. Por supuesto, la lluvia solo cae una o dos veces al año, pero si planta semillas y riega el suelo rico que se ha formados durante miles de años, las semillas, al absorber los nutrientes, crecerán bien.


Esto es exactamente lo que Dios dijo. Aunque la lluvia no caiga en Israel, la gente puede poner sistemas de regadío, sacar agua y regar las plantas. Para cada manzano y cada flor, hay una tubería de agua conectada a un sistema de regadío. El agua se enciende y apaga con un temporizador. Entonces, todas las plantas de toda la tierra de Israel reciben agua. Todo el que ha ido de peregrinación a la Tierra Santa habla de lo rica que es la tierra de Israel. La riqueza de la tierra de Israel ahora nos demuestra que los que han negado sus pensamientos y han seguido la Palabra de Dios, así como sus descendientes, pueden vivir. Abraham siguió bien la Palabra de Dios en vez de sus propios pensamientos. Si la gente quiere seguir la Palabra de esta manera, primero debe negar todos sus pensamientos.


Como dice la Palabra mencionada anteriormente, si la gente quiere probar el agua que se ha convertido en vino, primero debe negar todos sus pensamientos. Aunque no los quieran negar, deben hacerlo. Espero que todos sepan que esta es la manera adecuada. Aunque no parezca estar de acuerdo con la razón, la gente debe aceptarlo y decir: «Esta debe ser la manera apropiada, la manera establecida». Si no pueden negar sus pensamientos, quiero que agonicen por no poder hacerlo y que oren. Una vida de fe no es algo que puedan hacer de cualquier manera. Deben aprender qué significa seguir por fe, qué es la abnegación, y qué es la fe verdadera. De la misma manera en que los siervos pudieron probar un vino mucho mejor al haber seguido la Palabra de Jesús tal y como es, debemos seguir su ejemplo. Esto es lo que dice el pasaje de las Escrituras exactamente. Esta es la Verdad, la fe y la creencia.


Queridos hermanos, ¿creen en esto? Así la Biblia nos habla de algo muy valioso, pero la mayoría de nosotros consideramos la Biblia a medias. Como la consideramos a medias, seguimos creyendo a Dios a medias y juzgando según nuestros propios pensamientos, pensando que ya sabemos todo, aunque no entendemos la Palabra correctamente.



Debemos desechar nuestros pensamientos que son obstáculos para nuestras vidas de fe


Queridos hermanos, Dios está hablando Su Palabra exaltada. De esta manera, nos está diciendo cuál es el mayor obstáculo para nuestra fe. Este obstáculo es nuestro propio pensamiento. No debemos poner nuestros pensamientos ante Dios. Debemos negar todos nuestros pensamientos y creer en Dios y seguirle solamente a Él. ¿Creen en Dios y le siguen solo a Él? Yo también creo y le sigo. Esta fe es la misma con la que niego mis pensamientos. Esto significa que, por lo menos ante Dios, niego mis pensamientos. Con cosas de esto mundo, cuanto más pienso, mejor lo hago, Pero ante Dios, estoy diciendo que no puedo pensar tanto. Ante la gente del mundo, confieso mis pensamientos, pero ante Dios, estoy diciendo que niego mis pensamientos.


Queridos hermanos, debemos negar nuestros pensamientos para tener una fe verdadera. Todos los días, sus caras están oscuras por todos los pensamientos. No pueden ver la bendición que Dios les da por culpa de sus pensamientos. Se preocupan como si todo lo que hay en este mundo fuera gracias a sus pensamientos. ¿Quieren vivir así? Si se sienten consternados y se quejan porque la Palabra de Dios no se adecua a la razón cuando piensan en ella, intenten deshacerse e sus propios pensamientos ahora mismo diciendo: «Sí, Señor, Tienes razón».



Caín y Abel


Cuando Caín y Abel ofrecieron sacrificios a Dios, Caín ofreció lo que recogió de los productos de la tierra, pero Abel ofreció un sacrificio con un cordero que sacrificio. Pero Dios aceptó el sacrificio de Abel y no el de Caín. Así, Caín empezó a pensar: «Abel jugó todo los días, y todo lo que hizo fue matar un cordero y ponerlo sobre una piedra. Pero aún así Dios solo aceptó el sacrificio de Abel. Durante un año entero he labrado la tierra diligentemente, he labrado los productos de la tierra, y los he ofrecido con sinceridad. Pero aún así no ha aceptado mi sacrificio. Esto no tiene sentido. Es injusto». Desde una perspectiva carnal Dios parece injusto. Sin embargo, por haber caído en sus propios pensamientos, Caín no conocía la voluntad de Dios.


Cuando Adán y Eva, los padres de Caín y Abel, cometieron el pecado de comer del fruto del conocimiento del bien y del mal, Dios le dijo a Adán: «Maldita será la tierra por tu causa; con dolor comerás de ella todos los días de tu vida. Espinos y cardos te producirá, y comerás plantas del campo» (Génesis 3, 17-18). La realidad es que el suelo fue maldito por culpa de Adán. Al haber ofrecido cosas producidas por el suelo que estaba maldito, Dios no las aceptó. Sin embargo, Caín no conocía la voluntad de Dios, y no sabía qué tipo de sacrificio le complacería. Ofreció un sacrificio según sus propios pensamientos. Además, cuando Dios no aceptó el sacrificio que ofreció según sus propios pensamientos, se enfadó y cometió el pecado del asesinato, matando a su hermano menor. Sus pensamientos carnales que no seguían a Dios causaron el asesinato. Por tanto, los pensamientos carnales que no tienen nada que ver con Dios pueden causar consecuencias fatales. Los que van al infierno al final por no haber podido desechar todos sus pensamientos carnales y por haber rechazado la Palabra de Dios son como Caín.



¡Nieguen sus pensamientos y deséchenlos! Deben hacer esto ante Dios


Queridos hermanos, el Evangelio de la Biblia es muy simple. A través de palabras simples, la Biblia nos dice qué es seguir a Dios, cuál es el camino correcto, y qué tipo de fe es la correcta. De la misma manera en que los siervos sacaron un vino mucho mejor al desechar sus propios pensamientos porque hicieron lo que se les pidió, la fe verdadera se consigue cuando negamos nuestros pensamientos y desecharlos ante la Palabra de Dios. La gente corriente saca el buen vino primero y después el de menor calidad. Pero en la casa en la que Jesús hizo el milagro, el vino que salió después era de mayor calidad que el primero. Esto se pudo llevar a cabo porque todo el mundo dejó de lado el pensamiento humano y siguió la Palabra de Jesús.


La Biblia nos habla de esta verdad. Si es así, ¿cómo debe ser nuestra fe para ser correcta? La verdad es que debe deshacerse de todos nuestros pensamientos propios ante Dios por lo menos. Esta es la fe correcta. Queridos hermanos, ¿creen en esto? En realidad, debemos creer solo en Dios y seguirle solo a Él con la pureza de un necio ante Dios. Por supuesto, en las cosas del mundo debemos pensar con sabiduría y tomar decisiones. Debemos utilizar los pensamientos en las cosas del mundo.


Queridos hermanos, todos debemos convertirnos en creyentes de Dios correctamente. Si creemos sin pensamientos carnales, nos convertiremos en gente de fe. Si pensamos y consideramos si esto se adecua a nuestra razón, la fe desaparecerá. Aunque creamos en la Palabra, si tenemos demasiados pensamientos propios, la fe en Su Palabra desaparecerá.


¿Quién es la gente de fe? Los que niegan sus propios pensamientos. ¿Quiénes son los descendientes de Abraham? Los que niegan sus propios pensamientos; estos son los que creen en Dios y le sigue.


Queridos hermanos, ¿creen en esto?




SERMÓN 2




Jesús quitó los pecados

del mundo


< Juan 1, 29 >

«El siguiente día vio Juan a Jesús que venía a él, y dijo: He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo».



El hombre es una semilla de maldad


Jesús dijo en Mateo 15, 19-20: «Porque del corazón salen los malos pensamientos, los homicidios, los adulterios, las fornicaciones, los hurtos, los falsos testimonios, las blasfemias. Estas cosas son las que contaminan al hombre; pero el comer con las manos sin lavar no contamina al hombre». El Señor también dijo en Mateo 15, 8-9: «Este pueblo de labios me honra; Mas su corazón está lejos de mí. Pues en vano me honran, Enseñando como doctrinas, mandamientos de hombres». En Mateo 15, 3 dijo: «¿Por qué también vosotros quebrantáis el mandamiento de Dios por vuestra tradición?». Estos pasajes significan que muchas personas están adorando a Dios en vano, porque honran a Dios solo con sus labios y enseñan los mandamientos de los hombres como doctrinas. Los mandamientos de los hombres dejan de lado la Palabra de Dios, y por eso significa que aunque estas personas dicen creer en Dios con sus palabras, en realidad no obedecen la Palabra de Dios.


La mayoría de las personas piensan que son buenas, seres humanos decentes. Piensan que nacieron como buenos seres humanos y que cometen pecados solo por las circunstancias, pero esto es una ilusión. Me entristece mucho que muchas personas no se den cuenta de lo malvadas que son, De que por naturaleza han nacido como una semilla de maldad. Aunque la Biblia nos enseña que debemos honrar a nuestros padres, no podemos practicarla completamente. En otras palabras, la gente practica la Palabra de Dios solo con sus labios, no con sus acciones.


Todo el mundo debe honrar a sus padres y cuidar de ellos cuando son mayores. Sin embargo, muchas personas no quieren cuidar de sus padres, y por eso buscan todo tipo de excusas para justificar su egoísmo diciendo: «Siento no poder ayudarle, padre. Le ofrecí todas mis posesiones a Dios». La Palabra de Dios enseña cómo la gente invoca el nombre de Dios para satisfacer su propia avaricia.


Cuando los discípulos comían sin lavarse las manos, algunos de los judíos les criticaban a ellos y a Jesús, diciendo: «¡Sois sucios! ¿Cómo podéis comer sin lavaros las manos?». Jesús les dijo: «No es lo que entra por la boca lo que contamina al hombre, sino que lo que sale de la boca del hombre es lo que le contamina». Jesús reprendió así a los que les estaban criticando a Él y a Sus discípulos, y les habló sobre la naturaleza humana.



Hemos nacido con pensamientos malvados y deseos sucios heredados de nuestros padres


Mateo 15, 19-20 dice: «Porque del corazón salen los malos pensamientos, los homicidios, los adulterios, las fornicaciones, los hurtos, los falsos testimonios, las blasfemias. Estas cosas son las que contaminan al hombre; pero el comer con las manos sin lavar no contamina al hombre». En otras palabras, Dios está diciendo que los doce tipos de pecado que proceden del corazón humano son más malvados que cualquier cosa sucia del mundo. Jesús dice que los seres humanos son obradores de iniquidad.


La Biblia nos dice: «Tenéis muchos pecados en sus corazones. Tenéis deseos malvados». Antes de conocer el Evangelio del agua y el Espíritu, debemos darnos cuenta de que somos así de malvados y admitirlo ante Dios. Sin embargo, el hábito humano no es admitir la maldad y los pecados hasta que todo queda expuesto. Así que la gente intenta justificarse pensando equivocadamente: «Nunca he tenido estos deseos malvados. Solo he pensado mal durante un minuto y he cometido un error». Sin embargo, Dios dice que lo que procede del corazón humanos es malvado y que los pensamientos del hombre, sus planes y todo su ser es malvado (Génesis 6, 5).


Hace varios años, un centro comercial grande en Seúl se vino abajo de repente. Las familias de los desaparecidos no podían dejar el lugar donde ocurrió porque estaban preocupadas y tristes. Pero alrededor había también un gran número de espectadores. Algunos de ellos pensaban: «Me pregunto cuántas personas han muerto. ¿200? No, tiene que ser más. ¿300? ¿Quizás 1000? Sí, eso parece más probable».


¿Y qué ocurre con los accidentes de coche? Cuando observamos un accidente en la calle, la mayoría de nosotros nos sentimos decepcionados si solo hay heridas levas. Como los corazones de la gente son malvados, cuando hay un accidente, prefiere ver un montón de gente muerta que un herido leve. Por supuesto, todo esto ocurre cuando no hay nadie querido en el accidente.


Debemos darnos cuenta de lo malvada que es la mente de todo el mundo. Asimismo debemos admitir que nosotros también tenemos pensamientos malvados como todos los demás. Aunque las víctimas murieron y sus familias sufrieron mucho dolor, algunos de los espectadores pensaron: «¡Ojalá hubiesen muerto más personas! Sería genial si hubiese un accidente así en un estadio de béisbol. Sería espectacular si un estadio lleno de gente se viniese abajo y decenas de miles de personas muriesen aplastadas». Por supuesto la gente piensa así siempre y cuando no estén entre las víctimas. Así, los pensamientos y los corazones son siempre malvados. Por eso Dios habó de lo malvados que son los pensamientos humanos. Cuando hay un desastre devastador, la gente que no ha sido afectada dice que lo siente, pero por dentro piensa: «Me pregunta cuántos han muerto. ¿Quizás 30.000? Ojalá hubiese más muertos». Por eso la Biblia define a los seres humanos como una semilla de maldad. Todo el mundo es así hasta que nace de nuevo al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu.



El deseo asesino del hombre


Dios dijo que hay deseos asesinos en los corazones de las personas. Sin embargo, muchas personas dicen que esto no tiene sentido, y engañadas piensan que Dios les está insultando. La tendencia de los seres humanos es no admitir que tienen deseos asesinos en sus corazones por naturaleza. La gente cree que esta gente malvada mencionada en la Biblia es un montón de criminales que no tienen nada que ver con sus vidas. Cuando leen acerca de múltiples asesinatos cometidos por miembros de bandas, se quedan sorprendidos de cómo es posible que haya gente tal malvada.


Por supuesto, ninguno de nosotros debe ser como estos criminales, pero si estuviésemos en su misma situación, haríamos lo mismo. Cuando vemos las cosas malvadas que han hecho estos criminales, todos debemos apreciar el hecho de que nosotros también podríamos acabar como ellos, y de que nuestros pecados han sido borrados al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu ante Dios. Pero a pesar de esto, algunas personas juran que nunca cometerían esos pecados, y afirman que son completamente diferentes. Al mismo tiempo ponen el grito en el cielo para que esos criminales sean ejecutados.


Sin embargo, el Señor dice que como hay deseos asesinos en el corazón de la gente, cualquier persona de este planeta puede asesinar como los verdaderos asesinos si se encuentra en la misma situación que ellos. Lo que Dios nos dijo al mirar nuestros corazones, debemos admitirlo. Debemos admitir que somos pecadores asesinos. Dios dijo que hay pensamientos malvados y deseos asesinos en el corazón de todo el mundo. Como todo el mundo tiene un deseo asesino en su corazón por naturaleza, cuando esta era se haga más malvada, es posible que las herramientas de defensa personal se conviertan en armas de asesinato. Por supuesto, no estoy sugiriendo que salgan a la calle y maten a alguien. Lo que quiero decir es que por naturaleza los corazones de la gente tienen estos deseos sedientos de sangre.


Deben reconocer que por naturaleza todo el mundo tenía un corazón corrupto y malvado desde que nació. No solo son algunas las personas particularmente malvadas, sino que todos los seres humanos somos una semilla de asesinos y de seres malvados ante Dios. Dios dijo que todo el mundo es malvado porque todo el mundo hace el mal. No hay nadie que no sea malvado. La verdadera fe es reconocer esta Palabra de Dios y someternos a ella. Los seres humanos practican el mal con sus obras porque tienen corazones malvados, y por tanto todo el mundo debe creer en el Evangelio del agua y el Espíritu que borra todos sus pecados definitivamente.



Los deseos obscenos que hay en el corazón humano por naturaleza


¿Están de acuerdo con la Palabra de Dios que dice que hay lascivia en el corazón humano? ¿Lo admiten? Todo el mundo tiene deseos lascivos en sus corazones. Por eso las industrias del sexo están tan desarrolladas en el mundo. Se puede ganar mucho dinero en la industria para adultos. La razón por la que esta industria es inmune a cualquier tipo de recesión aunque todas las demás industrias estén sumergidas en la recesión es que todo el mundo tiene deseos lascivos en su corazón.


Un manzano da manzanas y un peral da peras. Del mismo modo, cometemos pecados en nuestras vidas precisamente porque nacimos con doce tipos de pecados en nuestro corazón. Dios nos dice que lo que sale del corazón del hombre es lo que le contamina. Estamos de acuerdo con la Palabra de Dios y admitimos que somos una semilla de maldad. Debemos admitir que somos pecadores y debemos reconocer la Palabra de Dios. Del mismo modo en que Jesucristo se sometió a la voluntad de Dios, los seres humanos también reconocemos la Palabra de Dios y nos sometemos a ella. Solo entonces podremos ser salvados de todos los pecados a través del Evangelio del agua y el Espíritu que Dios nos ha dado.


Del mismo modo en que las estaciones cambian con el paso del tiempo, de nuestros corazones salen doce tipos de pecados continuamente y nos hacen cometer trasgresiones. Hoy es asesinato, mañana fornicación, el día siguiente es un pensamiento malvado, después fraude, después robo, después insensatez, después blasfemia. Así pecamos constantemente día tras día. No pasa ni un solo día en que no pequemos. Somos una semilla de maldad que no puede evitar pecar siempre aunque determinemos no pecar nunca más.


Por ejemplo, ¿han visto algún manzano que no dé fruto porque no quiera? El orden natural de las cosas determina que los manzanos florezcan en primavera, den fruto en verano, estén maduros en el otoño, y los cosechemos para consumir su fruto. Así el orden natural de la vida para los pecadores es pecar.



La liberación de los pecados se consigue a través del bautismo de Jesús y Su muerte en la Cruz


¿Entonces cómo puede esta semilla de maldad recibir la remisión de los pecados de Dios y vivir con gozo? Para encontrar la respuesta a esta cuestión debemos pasar a la Palabra de Dios y prestar atención.


Pasemos al Antiguo Testamento y leamos Levítico 4, 27-31: «Si alguna persona del pueblo pecare por yerro, haciendo algo contra alguno de los mandamientos de Jehová en cosas que no se han de hacer, y delinquiere; luego que conociere su pecado que cometió, traerá por su ofrenda una cabra, una cabra sin defecto, por su pecado que cometió. Y pondrá su mano sobre la cabeza de la ofrenda de la expiación, y la degollará en el lugar del holocausto. Luego con su dedo el sacerdote tomará de la sangre, y la pondrá sobre los cuernos del altar del holocausto, y derramará el resto de la sangre al pie del altar. Y le quitará toda su grosura, de la manera que fue quitada la grosura del sacrificio de paz; y el sacerdote la hará arder sobre el altar en olor grato a Jehová; así hará el sacerdote expiación por él, y será perdonado».


La Biblia dice aquí que en el Antiguo Testamento, cuando los israelitas pecaban, obtenían la remisión de sus pecados al poner las manos sobre un animal para sacrificar y al pasarle de esa manera todos sus pecados. Está escrito en Levítico 1, 2-4: «Habla a los hijos de Israel y diles: Cuando alguno de entre vosotros ofrece ofrenda a Jehová, de ganado vacuno u ovejuno haréis vuestra ofrenda. Si su ofrenda fuere holocausto vacuno, macho sin defecto lo ofrecerá; de su voluntad lo ofrecerá a la puerta del tabernáculo de reunión delante de Jehová. Y pondrá su mano sobre la cabeza del holocausto, y será aceptado para expiación suya».


Dios hizo que el pueblo de Israel prepárese animales para sacrificar que sirviesen de ofrenda para sus pecados. Está escrito que tenían que poner las manos sobre estos animales. En el Antiguo Testamento, poner las manos sobre la cabeza de un animal para sacrificar significaba pasarle los pecados. Cualquier israelita que buscase la remisión de sus pecados primero tenía que entrar por la puerta del atrio del Tabernáculo, y después tenía que poner las manos sobre el animal que iba a sacrificar ante el altar de los holocaustos que tenía cuatro cuernos en sus cuatro esquinas. Al hacer esto le pasaba los pecados y sus pecados eran redimidos ante Dios.


Dios dijo en Levítico: «Pondrá su mano sobre la cabeza del holocausto, y será aceptada en su lugar». El hombre que pasaba sus pecados mediante la imposición de manos recibía la remisión de todos los pecados de Dios al degollar al animal y poner su sangre en los cuernos del altar de los holocaustos, quemar su carne allí y ofrecérsela a Dios con su aroma. Este era el sacrificio a través del cual el pueblo de Israel obtenía la remisión de sus pecados a diario.


Para obtener la remisión de sus pecados anuales, el pueblo de Israel ofrecía el sacrificio del Día de la Expiación. En este sacrificio, el Sumo Sacerdote ponía las manos sobre el animal del sacrificio en nombre de todos los pecadores de Israel, y llevaba su sangre al Lugar Santísimo y la esparcía siete veces sobre el Arca del Testimonio. El décimo día del séptimo mes, el Sumo Sacerdote ponía las manos sobre la cabeza del chivo expiatorio mientras todo el pueblo de Israel miraba, y borraba sus pecados. Vamos a examinar cómo los requisitos de este sistema de sacrificios en el Antiguo Testamento se cumplieron en el Nuevo Testamento, y cómo los estatutos eternos de Dios se cumplieron coherentemente.


¿Por qué tuvo que morir Jesucristo en la Cruz? ¿Qué mal hizo Dios en este mundo para tener ser crucificado y morir? ¿Quién mató a Jesucristo en la Cruz? Cuando estábamos atrapados en nuestros pecados, Jesucristo vino al mundo para salvarnos de la condena de nuestros pecados. Para librarnos de esos pecados, Jesús fue bautizado por Juan el Bautista en el río Jordán, y en la Cruz pagó el castigo del pecado que todos los seres humanos merecen en su lugar. El que Jesús fuese bautizado y derramase su sangre en la Cruz es lo mismo que ocurría en el Antiguo Testamento en el sacrificio de redención en el que se imponían las manos sobre la cabeza de un animal para el holocausto y este animal moría ante ese altar.


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