Laberintos y tigres
Rodolfo Martínez
Copyright © 2010,
Rodolfo Martínez
Primera edición:
Abril, 2010
Segunda edición: Noviembre, 2010
Diseño de cubierta: Rodolfo Martínez
ISBN 13: 978-84-937877-2-1
SPORTULA
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Contenido
El colapso de la función de onda
El jardín de senderos que se bifurcan
No mires a los ojos de la gente
Una revolución dentro de un hueso
Life is what happens to you while you're busy making other plans
El horizonte es una amenaza, una promesa que no se cumple nunca.
Las palabras crean laberintos en los que no se me permite entrar.
Ayer mi boca exploraba algo que ya no está y mis dedos recorrían territorios que hoy no encuentro.
El tiempo se arrastra como si se burlase de mí.
Nada parece tener prisa a mi alrededor.
El mundo entero se ha sumido en una siesta interminable de la que no parece capaz de salir.
Todo es prematuro, tardío, inevitable.
El presente tiene una forma equivocada y no sé qué hacer para volver a ponerlo en su sitio.
Las metáforas no son más que un montón de palabras inútiles que no solucionan nada.
Echo de menos lo que quizá no sea mío y añoro momentos que tal vez no me pertenecen.
Y, sobre todo, desconozco si al otro lado del mundo alguien se despierta de repente y ve mi rostro.
Un laberinto erizado de callejones sin salida.
Una mesa en la que nadie se apoya.
Un disco condenado al silencio.
Preguntas lanzadas contra nadie.
Respuestas que no quieres.
Un tren en una estación fantasma,
un barco sin pasajeros,
un esclavo sin dueño.
Una promesa que no se cumple
y nadie ha hecho.
Un regalo que no vas a desenvolver.
Una hoja en blanco
sobre la que no puedes escribir.
Espadas en reposo, imperturbables,
sueñan valses afilados
y en tus ojos navegan barcos sin bandera.
El tacto tiene murallas.
Hay destellos
de alas que se rompen en insólitas esquinas
y a tus labios asoman mentiras que son ciertas.
El tacto tiene pasado.
La tormenta ruge,
impaciente en su jaula de metal,
y en la torre
el brujo desbarata sortilegios.
El tacto tiene testigos.
Diente a diente
el cadáver se alimenta de sí mismo
y afila sus garras en la luz.
El tacto tiene enemigos.
(Al fondo, a lo lejos, tan cercano,
un tigre se pasea indiferente
—ignorante del código en sus rayas—
entre selvas de susurros y sorpresas.)
El tacto tiene mensajes.
Grita, baila, cierra
el paso.
Establece con firmeza la frontera.
Rompe, ruge, sueña.
Detén la ristra interminable de caminos
que comienzan en la punta de tus dedos.
El tacto tiene
memoria.
EL COLAPSO DE LA FUNCIÓN DE ONDA
Revólveres cargados de ficciones
cristalizan su presente
en una sola bala.
Cada vez que decides
matas tu propio futuro.
Can you hear what I’m saying?
Well I’m hoping, I’m dreamin’, I’m prayin’
I know what you’re thinkin’
See what you’re seein’
—Hodgson Davies—
La rabia, una herida abierta.
Pensamientos afilados
clavan dedos insaciables en tu sueño
y abren en tu carne surcos de mentiras.
Sospechas. Certezas.
El futuro se vuelve un laberinto
lleno de caminos imposibles.
Nadie los recorre.
Estás solo,
rodeado de historias que has creado en el silencio
y no sabes dónde acaban.
O si empiezan.
El enemigo está dentro,
y no deja de tramar planes absurdos
para días que no van a suceder.
Historias. Mentiras. Promesas.
La rabia, una herida
roja.
Las nubes preludian
el fracaso del cielo.
Marionetas.
Sin embargo
no siempre ves el ojo de la tormenta
y tarde o temprano
la oscuridad gana la partida.
Entonces solo queda
un jinete que se aleja,