La Fascinante Medicina Mente-Cuerpo
De lego para lego
(No es vedada la lectura a profesionales)
Pablo L.Mainzer
Smashwords Edition
Copyright 2010-Pablo L.Mainzer
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Introducción
El lector puede, con todo el derecho, preguntarse cómo alguien (en el caso, yo, apenas un administrador de empresas), tiene la audacia de escribir un libro científico... Con base en qué ?
Tengo a mi favor apenas el hecho de que, en varios períodos de mi larga vida, se multiplicaran situaciones y ocurrencias relacionadas con el tema de este libro, que consolidaran en mi una irrestricta y persistente convicción de su validad.
Todo comenzó en una mañana cuando, aun un niño con ocho años de edad, no queriendo ir a la escuela, decidí fingirme enfermo. Tal cual un irreprensible artista, simulé estar con mucha fiebre, dolor de garganta y en el cuerpo. Mi mamá me encontró todo cubierto y sudando en la cama. Al tomarme la fiebre, constató que estaba con más de 38°C, para grande sorpresa mía y hasta consternación. Después, pensé estar con poderes especiales, mas apenas conseguí repetir la hazaña en una otra oportunidad, cuando no estaba preparado para la prueba de matemática.
Mucho tiempo después, comenté sobre el episodio con mis padres, mas ellos simplemente no me creyeran.
Experiencias y Convivencia con el Tema
La Influencia de la Mente
Primero Caso
Era el año 1936, yo tenía 16 años y con ascendencia judía, tuve que fugar de la Alemania Nazista, acabando en un hotel de última categoría, en el interior de la Argentina. Poco después de la llegada, sufrí una grave disentería, dolores gástricos, vómitos y fiebre. Un médico alemán, que gentilmente me atendió, llegó a la conclusión – ya en esta época – que tendría sido una indisposición gástrica, "agravada por mi estado de ansiedad y angustia lejos de los padres, solo, abandonado". Aunque medicado, subsistiendo tristeza y nostalgia, comencé a sufrir resfriados con inusitada frecuencia, acompañados de gradual pérdida de peso. Con el pasar del tiempo, mi estado de espirito llegó a normalizarse y – coincidencia o no – así también mi salud.
Segundo Caso
En el año 1939, ya iniciado la Segunda Guerra Mundial, mis padres pretendían abandonar con urgencia la Alemania Nazista para viajar a la Argentina, donde nosotros, sus hijos, vivíamos. Entretanto, mi padre se encontraba con la salud precaria, con graves problemas circulatorios y el médico alertó que él no sobreviviera a la estafa del viaje (serian dos largos meses dentro de un navío). Mas mi padre insistió de forma indeclinable, ya que su deseo de reencontrar los hijos, después de una dolorosa separación de cuatro años, era más fuerte que cualquier obstáculo. El llegó vivo a Buenos Aires.
Al evaluarlo en aquella misma tarde de su llegada del viaje, el médico que le asistió comentó que, considerando su estado, era un verdadero milagro tener llegado vivo de tal peregrinación “Esto, posiblemente, solo puede ser atribuido a su firme decisión de rever los hijos, que, ciertamente, aplazó el desenlace de la enfermedad”, concluyó. Diez días después, al dormir una siesta, no más despertó, mas mantuvo en el rostro una expresión de casi felicidad.
Tercero Caso
En el año 1980, después de más de veinte y cinco años de un casamiento sólido, en que la unión era la tónica de nuestro bien-sucedido vínculo matrimonial, mi esposa tuve el diagnóstico de un cáncer de mama, con la necesidad de la mastectomía del seno derecho, y un pronóstico muy desfavorable.
A pesar de sobrevivir por más de tres años (caso que será comentado más a la frente), el trauma decurrente de su fallecimiento me motivó un persistente estado de ansiedad y depresión. Luego después, se verificó en el pulgar de mi pié derecho un melanoma maligno, un cáncer de peor pronóstico, cuya única terapia viable seria una cirugía radical: en mi caso, fue la amputación del pulgar. Un poco antes, yo comenzara a practicar técnicas de Relajamiento y Meditación, que me permitieran recuperar la tranquilidad de espirito − que prevalece hasta la actualidad.
Hoy, después de veinte años, no tuve más vestigios del cáncer!
Cuarto Caso
Desde la detección de del cáncer y la amputación del seno de mi esposa, quedé tan abrumado, que no conseguía conversar con nadie y, lo que era peor, sin siquiera encontrar las palabras ciertas de consuelo a Ellen. Hasta que un día, su mejor amiga, Annie, me telefoneó llamándome la atención: “Pablo, así pareces ser tu el paciente, y con tu comportamiento, como Ellen podrá contar con el indispensable apoyo que precisa para enfrentar su situación, tan grave?”
Esta insinuante y oportuna alerta me ayudó a volver a la realidad. En el día siguiente, acompañé Ellen en su acostumbrado "Whisky de las seis" y tuvimos una conversa franca sobre su enfermedad. En esencia, manifesté mi firme decisión de lucharnos juntos para controlar su cáncer con todos los medios posibles.
Con una expresión de sorpresa y alivio en su semblante y en un tono de evidente ánimo, Ellen me dice que decidió acompañar la evolución de su enfermedad – fuese cual fuese su gravedad −, participando de todas las reuniones con sus médicos, cuando se discutirían las evaluaciones periódicas y programas de tratamiento. E así fue! Tiempos después, me confesaría que aquel nuestro diálogo motivara su tan admirada coraje y decisión para enfrentar esa grave enfermedad.
Mi esposa Ellen era una persona firme, decidida y pragmática. Su diagnóstico de cáncer era grave, mas ella enfrentó con bravura su enfermedad hasta el final, sobreviviendo por más de tres años con razonable calidad de vida, plazo muy superior a las previsiones de los médicos!
Quinto Caso
Mi hermano sofría en un casamiento insoportable, siendo rebajado y humillado constantemente por la esposa. Llegó a convertirse en una persona carente de personalidad, autoestima, desanimada y triste. Comenzó a practicar yoga, con el objetivo de recuperar su autoestima, y pasando un tiempo, decidió divorciarse y dimitirse de la firma donde trabajara por más de 20 años. Inició sus estudios en medicina e se especializó en psicoterapia de pacientes con cáncer. Antes, el mismo fuera afectado por un melanoma maligno, con una metástasis en la carótida. Enfrentó con coraje su cáncer con fe en su cura, y después de dos cirugías, fue declarado curado, pasado algunos años. Su longevidad y salud fueran responsables por sus bien vividos ochenta y siete años!
Sexto Caso
Hablando aun de mi hermano, el fue contratado como psicoterapeuta en una clínica de cáncer en Alemania, ganando suceso y prestigio en esta función.
Ernesto tenía una firme convicción de la interacción entre la mente y el cuerpo e en la defensa inmunológica. En el prontuario de sus pacientes marcó detalles de su vida anterior al adviento de la enfermedad y − según me afirmó − en más de 60% de los casos tenían sufrido, por varias razones, períodos de persistente ansiedad o angustia. El atendía los pacientes en grupo y, en algunos casos, individualmente.
Cierto día, al retornar de la clínica y entrar callado en casa, translucía un asombro en su semblante. Finalmente, comentó que había un paciente muy enfermo, cuyas extremidades inferiores presentaban inmovilidad o parálisis. A pesar de correr el riesgo de amputación, enfrentaba con valentía su precaria situación. El insistía para que toda mañana fuese transferido de la cama para una silla de ruedas, que conseguía mover con los brazos. Ernesto le enseñó a practicar una respiración correcta y constante y a mover los brazos, con base en los enseñamientos de yoga.
Recorridos algunos días, al entrar en el cuarto del paciente, Ernesto no creyó en el cuadro a su frente: el paciente estaba parado en pié, sustentándose atrás de la silla de ruedas. Llegó a dar uno o dos pasos, antes de cair en sus brazos. Aunque este paciente tenga fallecido algún tiempo después, de metástasis en varios órganos, Ernesto fue bastante felicitado en la clínica, y con su usual modestia afirmaba que este inesperado evento solo sucedió debido a los propios esfuerzos del paciente.
Yo pensaba conmigo: “Es este el mismo Ernesto, de cuando estaba casado?” Era notoria su transformación para mejor. Mi hermano falleció en San Pablo, Brasil, a los 87 años de edad, seguramente satisfecho con su vida de realizaciones.
Sétimo Caso
El tratamiento de mi esposa fue realizado en repetidos períodos durante tres años en el Hospital M.D.Anderson del Medical Center de Houston, USA.
Aprovechando mi dominio de varios idiomas, presté mi ayuda lingüística en diversas ocasiones a extranjeros internados en este hospital que no sabían hablar inglés. Tuve la oportunidad de contacto con diversos pacientes, cuando pude también confirmar las comprobaciones de mi hermano Ernesto. En varios casos de pacientes de naturaleza extrovertida, que colaboraban con confianza y fe con sus tratamientos, toleraran mejor los efectos colaterales de la quimioterapia y el control de la enfermedad parecía más eficaz!
Algunas veces, el Dr. Golden, médico que acompaño el caso de Ellen durante las visitas de evaluación, me convidaba para almorzar en la cantina del hospital. En estas ocasiones, confidenciaba sobre sus arraigadas convicciones sobre la interacción entre la mente y el cuerpo. Lamentaba aun que, a pesar de reconocida por la ciencia médica, era poco considerada en las acciones de diagnóstico y en las terapias.
Al principio yo oía más por gentileza do que interese, mas su exposición era tan elocuente, que comencé a prestar más atención a sus palabras − especialmente cuando se refería a Ellen, como ejemplo. Ella, así como otros pacientes en situación similar, enfrentaba con decisión y coraje la grave enfermedad, mostrando que su sobrevida superaba los pronósticos más optimistas.
Sintiendo mi crecente atención en el tema, Dr. Golden continuó a exponer con énfasis su convicción y, finalmente, me sugirió leer en la biblioteca el libro “Mind as Healer, Mind as Slayer” de Kenneth Pelletier − “su biblia” − , como se manifestó.
Mi actividad como “voluntario lingüístico” en el hospital, durante nuestras repetidas estadas − aliada a los principios del Dr. Golden −, irían despertar mi interese en las materias de medicina y en la doctrina de la interacción entre mente y cuerpo hasta los días de hoy. Desenvolví el hábito (o hobby), usando el Manual Merck (con más de 3000 páginas), para diagnosticar eventuales enfermedades propias, de la familia o de amigos − naturalmente, sin olvidarme de la recomendación de consultar el médico, enseguida.
Mi interese en esta área me llevó a participar de un curso de Mind Control (Control de la Mente), donde aprendí, de una forma simplificada, técnicas de Relajamiento y Meditación. Confieso que demoré algún tiempo para dominar esas técnicas, mas debo reconocer que, gracias a su práctica, conseguí atenuar eventuales síntomas de ansiedad o angustia durante la enfermedad de Ellen, o al enfrentar otras situaciones problemáticas.
Antes mismo de este período, pensamientos contradictorios comenzaran a perseguirme, motivando noches de insomnio y perniciosa distracción de mis actividades profesionales, aunque de poca duración. Orientado por la respectiva lectura y técnicas − alternando momentos de desánimo en que abandonaba, frustrado, los ejercicios, con otros de firme persistencia −, conseguí dominar esta práctica. Algo un poco más difícil fue dominar una de las técnicas orientales de Meditación que adopté, que consistía en eliminar toda clase de divagaciones mentales, al dedicar total foco en la correcta respiración durante la práctica de Relajamiento y Meditación.
Hoy, constato como el resultado de mi lucha contra la dispersión y inquietud fue extremamente positivo. Aprendí a enfrentar situaciones difíciles con ánimo y inspiración para programar alternativas de soluciones, al envés de me dejar vencer por las emociones descontroladas − con las nefastas consecuencias de ansiedad, angustia o stress, que podrían tener somatizado en mi cuerpo.