Excerpt for Tijuana en 120 palabras by nortEstación , available in its entirety at Smashwords

TIJUANA EN 120 PALABRAS


nortEstación



Libros Malaletra | nortEstación


Narrativa


Published by Publicaciones Malaletra Internacional and nortEstación at Smashwords

Copyright 2011 nortéstación

ISBN: 978-607-95520-9-1

Made in México


Diseño de portada: Ricardo Caballero


Smashwords Edition, License Notes.

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Índice

120 Palabras - Ganadores

Tijuana Baleada

Tijuana Animal

Tijuana Live

Tijuana Sweet

Tijuana Gospel

Tijuana La horrible

Tijuana Velvet

Tijuana Frontier

Tijuana Legendaria

Tijuana Blues



Tijuana expuesta en 120 relatos de 120 palabras. Este libro se publica después de dos años de espera. Sin embargo sus letras siguen vigentes, dando testimonio de la cientos de formas de vivir, disfrutar o padecer nuestra ciudad.

Los participantes abordaron diferentes facetas: En Tijuana blues por ejemplo, encontramos el lamento; en velvet la seducción; en godspel la esperanza de ser mejores ciudadanos; en legendaria, la historia que nos caracteriza como ciudad y así sucesivamente, hasta recrear todas las posibilidades que Tijuana nos ofrece.

Agradecemos a los autores que acompañan a los participantes de esta publicación, a las empresas e Instituciones que creyeron en nuestro proyecto y a las personas que con sus narraciones formaron esta Tijuana en 120 palabras.

Nortestación. Agencia de letras A. C.



Agradecimientos

Periódico El Mexicano

Instituto Municipal de Arte y Cultura

Espacio. Diseño ambiental

Laboratorio de Diseño Magenta

Ava Ordorica

Jaime Chaidez

DDO Producciones

Malaletra Ediciones

Rafa Saavedra

Rosina Conde

Mayra Luna

José Juan Aboytia

Javier Hernández Quezada, doblemente

Regina Swain

Juan Carlos Reyna

Roberto Castillo

Víctor Soto Ferrel

Colegio Mentor Mexicano

Preparatoria Federal Lázaro Cárdenas

Fast Signs



120 PALABRAS - GANADORES


Rolando Leonel Castillo Martínez

Primer lugar.

Hace algún tiempo, en un pequeño lugar que no tenía nombre alguno, vivían tres pequeñas niñas. Una de ellas se llamaba Ti, otra Ju y la última Ana. Ellas, con excepción de un decepcionado burro, eran las únicas personas en ese lugar pequeño y sin nombre.

Las niñas no tenían con quien jugar, querían atraer a gente, no se les ocurrían ideas. Mientras pensaban se toparon con el decepcionado burro. Éste les platicó que soñaba con ser una cebra, entonces se les ocurrió pintar al burro, así mataban dos pájaros de un tiro: atraerían a gente y cumplirían el sueño del burro. Después de que pasó lo que todos querían, las personas y los burros-cebras decidieron nombrar ese lugar...Tijuana.

David Andrade Olvera

Segundo lugar.

Alguien llamado Jacob, quiso venir a salvarnos de algo no muy claro…

Al llegar avanzó en busca de eso, hasta entrada la noche cuando un anciano lo alojó en su casa y dijo:

– Te encuentras en Tijuana, una hermosa ciudad en crisis.

Amaneció. Continuó su búsqueda, hasta que paró en tacos El gordo. Le ofrecieron un taco, comió y reemprendió su búsqueda.

Iba caminando cuando observó a un hombre asaltando a un anciano.

Jacob pensó: "Esta tierra me hospedó y me ha querido como hijo. Hora de pagar."

En ese momento se paró frente al agresor y le dijo:

– Si te metes con uno, te metes con todos.

Así nos enseña que juntos podemos contra el mal en Tijuana.

Mónica Elizabeth Alor Martínez

Tercer lugar.

La vida en la ciudad es muy bonita porque se goza de muchas cosas. Pero sería mejor un lugar donde no hubiera violencia, secuestros, asesinatos; una ciudad sin contaminación, sin que la gente tire basura o use continuamente sus vehículos.

Sería una vergüenza para la ciudad si su gobierno no se pone de acuerdo, porque en muchos otros pueblos o municipios las autoridades sí lo logran, aunque a veces no haya recursos, escuelas, vestimenta, alimentos.

Deberían brindar apoyo a escuelas de gobierno y tener maestros que en realidad enseñen y demuestren su capacidad, para que nosotros como estudiantes también podamos aprender para el futuro.

Además deberían apoyar a personas de escasos recursos, ayudándoles con despensas o medicinas.

¡Cuidemos nuestra ciudad!

Bárbara Perrín Rivemar

Primer lugar.

Elvira

Los camiones pasaban vomitando smog. Elvira esperaba. Las calles del centro escupían folklore y suciedad. Elvira miraba al mundo desde una esquina. A unas pocas cuadras, había niños mugrosos y felices que compraban frutas y frituras. Mientras tanto, Elvira prendía un cigarrillo.

Los ojos morbosos de los que no pertenecen a su mundo de noche, la miraban con desprecio desde lejos.

Elvira y sus piernas largas y morenas, seguían esperando. Se arreglaba el cabello, se mordía las larguísimas uñas postizas y retocaba su maquillaje. El pesado aire citadino ensuciaba todo a su paso y Elvira lo respiraba. Es muy cansado estar parada tanto tiempo usando semejantes tacones.

Elvira, no esperes más. ¿Cuánto me cobras por quedarte conmigo toda la vida?

Jackeline Carreras

Segundo lugar.

¡Vaya, que cumpleaños!

Estaba muy emocionada por cumplir la mayoría de edad. Hace una semana que planeaba mi gran día. Todos mis amigos compraron mucho alcohol con el fin de terminar mal, lo cual me agradó mucho porque quería festejar al máximo. Anduvimos de fiesta en fiesta y como de costumbre terminamos en la Plaza fiesta. Me la estaba pasando de lo mejor, cuando nos empezamos a pelear con unas muchachas. Iban con unos tipos, típicos mangueras. Eso arruinó la noche y decidí irme a mi casa.

Ibamos por el Cecut cuando de pronto llegan esos tipos y nos bajan del carro. Mis amigos se empezaron a pelear con ellos, volteé a mirar... vi caer a mi amigo al suelo bañado en sangre.

Félix Eduardo Márquez

Tercer lugar.

Revolución a rayas

A veces se olvidan de darme agua, pero lo más molesto son los niños; tiran de mis orejas, me pellizcan o me pican los ojos. A veces no los soporto, y los muerdo, aunque sepa que me irá peor.

Un día, Rubén harto de todo eso, se libró de su carreta y echó a correr. Avanzó dos cuadras, cruzaba las calles sin cuidado, el claxon de los carros ni le inmutaba y la gente lo miraba sonriente e incrédula.

Repentinamente, se detuvo y dejó que le pusieran la soga de nuevo. Se detuvo porque no sabía a dónde ir.

Yo sí. Iré hasta donde se me borren las rayas, después, seré yo mismo. Aunque no sé qué signifique eso.

Néstor Robles

Primer lugar.

Nostalgia de la guayina: espíritu de la carretera

Mientras equilibro mi ermitaño paso con un bastón de rama seca, un nudo en la garganta me agobia: veo pasar una vieja guayina roja.

Me dan ganas de hacerle la parada aunque diga "Fuera de Serbicio" pintado con shine blanco en las ventanas laterales. Correr detrás de ella, esperar un alto y abrir la puerta trasera.

– Ignóreme, chofer– diría – métale gas.

Imagino que me compadece y sigue adelante. Gozoso, me recostaría recordando ese sentimiento alrevesado: los mareos constantes por leer durante el camino, esas faldas, besos y agasajos de secundaria.

La abordaría en el Centro y me bajaría hasta la Presa, entre el polvo de huesos de potrillos y aves, mutaría mi bastón en caña para pescar espectros acuáticos.

Juan Alberto Apodaca

Segundo lugar.

Primer encuentro

Cinco treinta. Precavido sigo la instrucción. Tomo una guayina de la Liber al centro, y del centro al Agua caliente.

Seis. Me bajo en la esquina de Plaza Patria. Reviro. ¡Chale, la fila dobla hasta la Ley!

Siete. Alerta, continúo en la cola. El ticket, (como le dicen por acá) anuncia que el concierto inicia a las 8.

Diez quince. Billetera segura. Cuatro cervezas ingeridas. Se enciende la bomba Molotov. Pésima acústica en El Auditorio. Aparece el surf con sus tablas literales sobre olas-personas.

Doce treinta. Termina el ruido. Me marcho solo entre tanta gente.

Una quince. Vigilante llego a la Liber sano y salvo después de mi primer concierto en esta esquina. ¡Ah qué López-Dóriga! Ni es para tanto.

Zamara González

Tercer lugar.

Variaciones sobre un tema de Sade

Señor Marqués, bienvenido a Tijuana. Aquí usted podrá repasar todas las jornadas en un día o en 120, como guste. Olvídese de esas ciudades bíblicas tan pasadas de moda, tan fuera de temporada. Lo in le espera en esta esquina del mundo.

Pero eso sí, tenga cuidado y no se fíe de la apariencia tentadora. Aquí sus libertinos quedarán reducidos a adolescentes mimados en comparación con nuestros hombres y mujeres, quienes devoran sin rechistar las otras jornadas. Esas de diez horas, las del plástico fundido en las venas; las de las medias rasgadas sin pena (ni gloria), las horas del frío acartonado y la amable resignación.

Venga, Señor Marqués, goce, viva. Y vuelva cuando guste, que para eso estamos, ¿no?

Edna Murillo González

Tercer lugar.

Burro curios

El burro quiere dejar el disfraz de cebra. Las rayas enrejan al burro, lo tienen prisionero.

¡Pobre! Llega la hora de descanso.

El burro tiene sed y en verdad está harto de ser tan burro, de estar todo el día en una posición.

¡Cómo no va estar enfadado! Ha de escuchar a su dueño decir: "Ándele tómese una foto, pa'que digan que vino a Tijuana".

Casi dejan al burro ciego de tanto flash, pero aprende idiomas y conoce de música.

Quizá se siente querido cuando pasa como una artesanía bajo el sol, bajo ese disfraz mal hecho de cebra. Tal vez el momento deseado por él, es justo éste, en el que lo llevan a jalones por la Calle cuarta.

Mauricio Ramos

Primer lugar.

Madurez

De niño, viviendo en la Liber, cruzaba el bordo sin obstáculos, sin saber que había una división, creía que la jungla agreste que exploraba, estaba ahí para caminar entre pájaros acechantes, cruzar lagunas hirvientes de ranas, oír susurros de serpientes y ver tarántulas en cada hueco; claro, por supuesto que todo eso era fantasía.

Ya de adulto, ahora que el paso está restringido y ya hay un doble bordo al fondo, tengo una idea madura sobre el asunto. Los gringos temen a los zombies y extraterrestres, están paranoicos con los aliens y los contagios, pero no saben que están haciendo su propia jaula, y que luego no van poder huir, pero eso ya lo había visto en una vieja B-movie.

Aureliano García Aguilar

Segundo lugar.

Cerco inacabado

Bajé del camión en la central de la Calle primera. Quería estirarme y fumar. Caminé sin rumbo. Se terminó la calle y vi puro monte. Los matorrales no parecían gabachos, eran iguales a los mexicanos.

Prendí mi cigarro. A la primera bocanada vi una Blazer verdecita. Se bajó un gorila güero encabronado. No me dijo ni pío. Me descargó un macanazo en el lomo que me sacó todo el humo, junto con el alma enterita.

Le dije que traía pasaporte, pero el gorila no me oyó por sus gritotes. Me gritaba sanaba quien sabe qué. Me torció el brazo como plastilina. Me llevo pa´l bote, bien madreado sin acabarme mi cigarro. Todo porque los gringos dejaron una parte sin cercar…

Alberto García Zataraín

Tercer lugar.

Tijuana, 18 de septiembre de 1970

El día que murió Jimmy Hendrix

Rampa Agua Caliente. Alberto, camisa y pantalón caqui, camina hacia su amigo Martín.

Sobre la barda observan el baloncesto enjaulado. En la cancha los jugadores tienen un radio. La bocina vibra, reproduciendo agudos sonidos de guitarra.

Martín, ojos enrojecidos, pensativo, ignora el tiro que merodea el aro y no cae, no escucha el "chin" del morrito que falla.

Está callado, presenciando bombas, ametralladoras, aviones, soldados y civiles asesinados en Vietnam.

– ¡Qué gacho...!

Martín, admirador anónimo de Hendrix, no se contiene. Sobre el muro hueco de la Poli, empieza a llorar quedito.

Alberto, comprende, le toca el hombro. El Himno nacional de Estados Unidos se oye alucinante, mientras en la jaula, un batillo encesta de lejos sin tocar aro.



TIJUANA BALEADA


CRÓNICA


Félix Eduardo Márquez

120 Disparos

A mí me gusta ir al kinder y colorear. Los disparos no me gustan, un disparo puede matarnos y atraviesa paredes.

Un día había muchos señores disparando en la calle y en una casa. No sé cuáles eran los malos, pero unos tenían máscaras negras y pistolas negras y carros de la policía. También había soldados.

Mi papá me dijo que los policías y los soldados nos cuidan, y que a ellos también les dan miedo los disparos.

Todos los niños salimos corriendo para que no nos dieran un balazo. Nos agarramos la cabeza y corrimos agachados. Mi maestra decía que no nos asustáramos, pero ella estaba llorando.

Cuando sea grande no quiero ser policía, tampoco quiero asustar con disparos.

Jairo Navarro Barraza

La carrera

Es un día soleado, muy soleado con el viento fresco. Mi colonia se llama Ampliación Guaycura. Voy con audífonos en mis oídos hacia un café Internet, para cumplir con un trabajo, pero en el trayecto del camino veo a lo lejos a dos tipos que me parecen sospechosos. Sin embargo continúo caminando.

A unos cuantos metros de proximidad, los dos individuos me voltean a ver a los ojos. Uno de ellos se para enfrente de mí, saca una pistola y dice:

– ¡Alto!

Pero yo asustado, pienso rápidamente. Me doy media vuelta y empiezo a correr con todas mis fuerzas. Uno de ellos me grita:

– ¡Detente!

Yo sigo corriendo sin voltear, hasta llegar a mi casa sano y salvo.


CUENTO


Bárbara Perrín Rivemar

Marina tenía un arma

– Tu odio no me asusta... y tu arma de bajo calibre tampoco, muchacho – dijo ella en un tono de superioridad – no te atrevas a mirarme a los ojos sin haber amado.

Eran casi las once, la hora perfecta para volverse loco.

– Por amor de Dios, guarda esa arma, muchacho, no sabes nada de la vida.

– El celular y el dinero, morra – insistieron los asaltantes.

– Ya voy, no se impacienten, amigos – dijo tranquilamente mientras se quitaba la mochila para sacar lo que traía.

– Déjate de mamadas, pinche loca.

Pero ella tenía un arma.

– Mi nombre es Marina y son casi las once, recuerden mi nombre mientras se estén volviendo locos.

Y Marina les voló la cabeza con una escopeta.

Néstor Robles

Mención honorífica

Crónica florida: boleto a la luna

Jorge y Esteban viven en la misma privada de un suburbio del Florido. Todos los días se van juntos a la secundaria en bicicleta para cuidarse las espaldas: los malandros acechan. Jorge carga un palo de escoba azul. Esteban, una cadena. Nunca han tenido que usar sus poderosas armas.

En una junta de vecinos se autonombran "Vigilantes". Bien equipados se suben a la terraza por las noches. Previenen tres robos automovilísticos y una intrusión casera. A veces espían a los vecinos en sus sesiones amorosas, pero prefieren observar el cielo estrellado: cuando sean grandes quieren ir a la luna.

Un disparo, seguido de gritos y sirenas, evita que Jorge y Esteban alcancen a ver una nave espacial volando sobre ellos.

Alberto García Zataraín

31 De Octubre De 1975

Balazos en el Crazy Horse

Llegamos de madrugada, entré, Michel se retrasó. Gente bailando Fame. Pido un desarmador.

Michel, afuera. Salgo a buscarlo. Alega, con dos Carasdebuey.

Caradebuey1:

!Alachingada!, mueve tu carcacha...

Michel se estacionó estorbando.

– ¡Ni madres!

– Préstame las llaves, te meto tu pinchi carro... por el fundillo.

Corremos dejándolos idiotizados.

Caradebuey2 difícilmente se estaciona.

– Sí cabían– resume Michel – ¿Dónde está el pinche mesero? ¡Unos zombies!

Entraron disparando, vidrios estrellados, ametralladoras humeantes. ¡Al suelo!

Caradebuey1 grita:

– ¡Achingarasumadre!

Tres chamacas lloran, otra reza.

Pasan minutos...

Salimos escondidos entre la bola. ¡A comer tacos! Llegan patrullas.

Michel saborea el último bocado del séptimo taco, guiña el ojo; sacude las manos; se limpia una zurrapa de aguacate, luego, afirma sintético:

– Se aceleran.

Angélica Nayeli Ramos Muñoz

Una ciudad

Una ciudad de esplendor, cubierta de un brillo singular, bondad y sonrisas en los corazones, niños corriendo, jugando. Amas de casa limpian, esposos trabajan, personas libres. Libertad y respeto son las palabras más bellas que existen.


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