Juan Manuel Martínez Puertas
Copyright © 2011 Juan M. Martínez Puertas
1ª edición
ISBN: 978-84-615-0872-3
DL: GR 2253-2011
Impreso en España / Printed in Spain
Smashwords Edition
A todos los niños de la Tierra, aunque hayan crecido.
Especialmente a David, Jorge, Diana, Anael... a los seis :-)
A María y Rogelio, mis padres. Por vuestra dedicación y amor, por la paciencia que habéis tenido conmigo.
A Maribel, mi hermana. La sabia que me has acompañado desde niño, he conocido muchos hermanos, pero no que se lleven tan bien como nosotros.
A Rafael. Gracias por las conversaciones más interesantes de mi vida, por tantas carcajadas y por acompañarme en este planeta extraño.
A Arturo, que has sabido seguir siendo mi amigo en la distancia y en el tiempo, a pesar de mis rarezas, que quedan confirmadas en este libro.
A Miguel, que me has dado ejemplo de llevar la vida espiritual y la material con humildad y amor, y las penalidades con humor.
A David, que me has trasladado a nuevas visiones de la astrología y de la vida.
A María José, con la que comparto la astrología, y las ideas de libertad. Me has enseñado mucho sobre cómo se mueve esta sociedad.
A mis nuevos amigos, todos aquellos que he reconocido más recientemente; después de 1996.
A todas mis “ex”. Mis sentimientos han sido cien por cien verdaderos. Ha sido maravilloso mientras ha durado.
A todas las amigas que habéis sabido apreciar que aunque no me adapto bien al compromiso, lo podemos pasar de cine...
A los millones de despertantes que habitan en el planeta Tierra, y que son la levadura de la masa crítica que trae un mundo libre, sabio, justo y armonioso.
A ti, que tras ojear este ejemplar, has visto que puedes encajar piezas interesantes, y has decidido leerlo.
Tras “millones” de conferencias, talleres, aportaciones en los diversos foros de Internet y medios de comunicación, vosotros me habéis animado a que una parte ínfima de mi saber se vea reflejada en este libro ;-) He decidido hacerlo, no vaya que me pase como a Yabir, maestro de espagiria; la alquimia andalusí, que abandonó definitivamente su cuerpo físico en Octubre de 2009, dejando sin escribir una parte importante de su saber. Por suerte un alquimista sabe resucitar. ;-)
En estas nuevas dimensiones de la realidad que estamos descubriendo, somos principiantes. Considero que mi visión de las cosas puede tener mucho que corregir, y sobre todo; que ampliar. Lo que relato aquí es tal y como lo he vivido; aunque la cronología pueda variar en algún caso, y haya cambiado algunos nombres, es la verdad.
¡Ah! -Escogí mal día para dejar de...- es una frase de la película cómica “Aterriza como puedas”.
Nota del autor
De qué trata este libro
Primera parte
¿Dónde estoy?
Sueños
Conectados con el Universo
Tal como lo he vivido
Cuando todo se acaba
Con la mosca detrás de la oreja
En dos mundos
Telepatía con todo bicho viviente
Lo confieso
Más visitantes
Historias de miedo
Descubriendo la sexualidad
¿Intervención extraterrestre?
Viaje mental
Telepatía total
Saboreando el gran misterio
Descubriendo el infinito
Luces de esperanza
Más viajes astrales
Lo que son los sueños en realidad
Primeros contactos con grupos
Despertando a Kundalini
Lacto-ovo-vegetariano
Los archivos de las probabilidades futuras
Viaje astral confirmado
Travesura telepática
Vida en grupos
Compartiendo con los demás
Camino de la felicidad
Fiesta y amor
Salir de casa
Encuentros en la Luz
Mi Divina Madre
Una exhibición aérea inolvidable
Los que se fueron
Encuentro con el Swami
Perseguidos
Descubriendo errores
Nunca digas nunca
Emparejados
Despedidas
Regreso a la civilización
Descubriendo la astrología
Encuentro con el Guardián del Umbral
Nuevos horizontes
Segunda Parte
Despertar
La experiencia prohibida
Descripción de la experiencia
Plantas Sagradas. Plantas Maestras
El enigma de la predestinación
Acerca de las dimensiones
La prueba y el tantra
Abrazar la sombra
Experiencia con la ayahuasca
Divina Salvia
Tantra, del trío a la Trinidad...
Respiración de Renacimiento
La Matrix
La Anomalía - El Error en la Matrix
Nuestro origen evolutivo
Bienvenidos a la Anomalía
¿Por qué Dios lo permite?
Mayas e Inkas Galácticos
No hagáis esto
Canalizando
¿Mi alma gemela?
Regreso a América
El Nuevo Cielo y la Nueva Tierra
El final de la Anomalía
La Técnica
Todas las marcas mencionadas en este libro son marcas registradas por sus respectivos propietarios... (por si acaso).
Mi lema es: “Vive y deja vivir”
Este libro trata sobre los descubrimientos y experiencias más sorprendentes que he vivido, es una aproximación a la verdad, realizada mediante la investigación en otros planos de existencia. Relata mi búsqueda del saber, la exploración de otras dimensiones a la que he dedicado mi vida. Describe cómo entrar en el Túnel en el que te encuentras con quienes han dejado su cuerpo; temporal o definitivamente, con seres de otras dimensiones. El Túnel en el que puedes viajar en el espacio y en el tiempo, no con la mente dual, sino con la consciencia de Ser, que es completamente tuya y completamente mía, y sin embargo sólo hay Una; la Luz que hay más allá, donde encontramos la respuesta que siempre nos habíamos hecho: ¿quién soy yo?
Soy consciente de que escribir este libro es desnudarme en público, para que sepas que alguien más ha experimentado lo mismo que tú, que no somos raros. Este libro está escrito para ti que eres principiante, para ti que te encuentras en un nivel muy avanzado, para ti que no te sientes de este mundo, ni entiendes sus normas ilógicas. Desvela nuevos esquemas acerca de la realidad, y abre tus ojos más allá del pensamiento único imperante en una civilización que vive limitada por una mentalidad de pecado, y de sufrir para algún día disfrutar. Para mi, la única norma consiste en respetar la libertad de los demás. Si en alguna parte de este libro entiendes que estoy transmitiendo una enseñanza contraria a ésta, es que no he logrado transmitir bien la idea. Si tus opiniones sobre la moral están basadas en las costumbres sociales o religiosas, si crees que lo único que existe, es lo que se capta a través de los cinco sentidos, es posible que este libro no te interese, o que pueda herir tu sensibilidad.
La primera parte, está llena de recuerdos, de conexiones con otros planos de la realidad. En la segunda parte vas a encontrar información nueva, claves filosóficas, y un método comprobable y natural de meditación para despertar del espejismo de la Maya, para que abras los ojos internos al Ser que eres en la Unidad.
Esta es la aventura que inicia nuestra civilización para atravesar la puerta dimensional que nos conecta con un Nuevo Tiempo, a un estado de consciencia de Ser, realizando el designio establecido por seres de todo el Universo para lograr nuestra liberación. Estos seres viven conscientes de ser Uno entre ellos, con nosotros y con la Totalidad. Algunos vinieron a la Tierra desde el espacio, de un planeta destruido por los señores de la guerra que hubo en los cielos, y de la que hablan las sagradas escrituras de diversas religiones. Se establecieron en varios lugares de la Tierra, y desarrollaron civilizaciones muy avanzadas tecnológica, y espiritualmente, dejando interrogantes que aún hoy están por resolver, construcciones que el ser humano, con sus recursos y tecnología actuales, no podría siquiera imitar. Seres que tuvieron que alejarse de la Tierra por la invasión de los señores de la guerra, que se adueñaron de nuestro planeta.
Todos somos despertantes que estamos iniciando los pasos hacia la libertad. Te invito a viajar conmigo por las dimensiones de nuestro Ser, hacia la Luz que hay más allá del Túnel.
Primera parte
Ya me gustaría ser siempre fiel a mis enseñanzas.
De nuevo aquí, escuchando el zumbido como de una abeja, que se va silenciando. Con los ojos entreabiertos, aún veo los nebulosos núcleos de luz y color que ondulan sin cesar y se difuminan lentamente.
-¡Qué pesado me siento! ¿Dónde estoy?
Acabo de despertar, de atravesar de nuevo el Túnel, solo, en mi cama, algo cansado y, como siempre, con el deseo a flor de piel. Intento buscar en mi memoria lo sucedido esta noche, tengo la sensación de que algo se me escapa, y de que se trata de una información interesante que no he dejado en la grabadora, que reposa cerca de mi. Esta maldita grabadora no capta bien el sonido de mi voz en la madrugada, cuando intento hablar bajito para no molestar a los vecinos, veré qué puedo recuperar y escribir en el ordenador, la experiencia de esta noche ha sido reveladora.
En este momento los sonidos de la calle distraen mi concentración. El vecino está regañando a uno de los suecos que viven alquilados arriba, su tono de voz es como si hubieran cometido un crimen:
-¡Esa bicicleta no se puede dejar ahí, el patio es de la Comunidad!
Prefiero no asomarme a la ventana, porque aún estoy soñoliento, volviendo a mis pensamientos, a mis recuerdos.
La primera vez que entré en esta realidad, lo hice como siempre que se llega a una nueva dimensión; a través de un túnel, al final del cual había una luz; ya sabes, los ginecólogos conocen este túnel muy bien. Sucedió un mes de Agosto, ser un bebé es recordar que eres Dios viviendo en un cuerpo que llora y ríe él solo. Podría haber vivido en Suiza, porque cuando tenía pocos meses de edad, mi padre le contó a mi madre que la pequeña tienda de electricidad que había abierto en el centro de la ciudad, en la que ella había sido su dependienta, no estaba marchando bien. No iban a poder pagar las siguientes mensualidades del piso que se encontraba en la zona sureste de la ciudad. Su hermano Joaquín trabajaba en aquel país, y más tarde se llevó a toda su familia. Lo mejor sería emigrar en busca de mejores condiciones de trabajo, pues en aquellos años necesitaban mano de obra extranjera.
Debe ser que "los niños vienen con un pan debajo del brazo", porque pocos meses después de nacer, cuando mis padres se lamentaban por la idea de lanzarse a la aventura de vivir en un país extranjero, sonó el timbre de la puerta, un señor muy bien vestido les comunicó que en el sorteo realizado por la constructora de las viviendas pioneras de aquella barriada, les había correspondido el piso gratis, así que además le devolverían todo el dinero que habían pagado hasta entonces. La alegría fue muy grande, en aquellos días de júbilo vinieron a entrevistarles las emisoras de radio y los periódicos locales.
Nací en aquel piso que la suerte quiso regalarnos, y lo hice en un parto natural, con la presencia de mi abuela, y de mi padre, que trajo a la partera, ella vino encantada, montada atrás en la moto Vespa, todo un lujazo en aquel entonces. Puedo recordar bastante bien mi vida infantil, cómo disfrutaba de bebé, cuando mi madre me cantaba la historia de los cochinitos que se iban a la cama y muchos besitos les daba su mamá. Era feliz especialmente cuando ella me bañaba, masajeando todo mi cuerpo con el agua caliente. Hoy día al parecer esta actividad tan placentera casi sería considerada un delito, o algo así. Por suerte nací en los años sesenta; una época de mayor libertad, por lo tanto me libré de un trauma, y pude disfrutar de que ninguna parte de mi cuerpo fuera considerada pecaminosa.
Las noches en las que me sorprendía mi propio llanto como si de una tos repentina se tratase, mi padre me cogía en brazos, y me cantaba en la oscuridad una canción cuya letra y música estoy reviviendo mientras escribo ahora. Recuerdo muy bien cuando mamaba, el saber dulzón de la leche materna, mi madre me cuenta que estuve mamando hasta que tenía cuatro años. Desistí de pedirselo, a ella y a la mayoría de las chicas que conocía, porque no paraban de engañarme, de ponerme una trenza delante del pezón y estratagemas parecidas. El primer día que fui a algo así como pre-escolar, tenía tres años; una niña, que para mi era una mujer, me cogió en brazos encantada de lo guapo que era, yo también estaba encantado de lo guapa que era ella, supongo que también le pedí de mamar. Eran los días en que conocí a mis primeros amigos, los juegos en la calle, antes podíamos estar fuera todo el día tranquilamente. Nuestras correrías sólo eran interrumpidas por el coche del panadero y el del lechero, casi nadie tenía automóvil, así que la calle era nuestra, no hay nada más atractivo que una pelota, y el fútbol nuestro juego favorito. Lo pasábamos muy bien.
Crecí viendo cómo las misiones Apolo llegaban a la Luna. Teniendo un padre electrónico, fuimos la primera familia en disponer de un receptor de televisión. Nuestra casa se llenaba de vecinos que querían ser también espectadores. Antes sólo había un canal, así que cuando decíamos, ¿viste anoche la tele?, no teníamos que preguntar qué cadena. Un día, a uno de mis amigos le trajeron por primera vez una televisión. El niño dijo entusiasmado: -En la mía han puesto una de indios.
Recordando mis primeros años de vida, vuelvo a sentir aquella atmósfera especial, el sonido del viento acariciando los árboles, la sensación de una Luz Blanca que está en todo, el olor a tierra mojada cuando regaban las calles polvorientas, nuestras canciones al regador: -¡Aquí no llega, la manga riega, porque Pepito no va a la escuela!- A lo que aquel hombre con botas de goma, respondía enfocando su enorme manga hacia nosotros, intentando mojarnos y demostrándonos lo mucho que podía alejar, mientras salíamos corriendo divertidos. Las calles tenían mucho ambiente, éramos los niños de los años sesenta, época muy fecunda en nacimientos, cada día escuchaba el sonido de las madres llamando a sus niños: -¡Sube que te pegue!- A lo que los niños no parecíamos muy dispuestos, y mientras bailábamos un zapateado flamenco, decíamos: -¡Ajuuu!- Expresión andaluza que podría traducirse como: “¡Qué fastidio!”.
He descubierto que cada vez que recordamos, en realidad visitamos los Archivos Akáshicos, en los que puedes experimentar cuanto ha sucedido en cualquier parte del Universo y las probabilidades de lo que va a suceder. Para visitar estos registros, has de recordar o has de mirar al futuro, sin prejuicios ni proyecciones mentales. Si somos capaces de relajarnos, de olvidarnos de cuanto nos rodea, de abstraernos en nuestros recuerdos, de no emitir ningún prejuicio sobre lo que pasó, ninguna emoción, la visita será perfecta, se produciría un cambio de consciencia, y revivimos la escena con todos sus detalles. Y esta es sólo una de las posibilidades que ofrece el enfocar tu consciencia en estos Registros de las Memorias.
Recordando mis sueños y experiencias infantiles, pienso que los sueños nos permiten conectar con otro mundo, a veces fantasioso, a veces real, y en su mayor parte, una mezcla de ambos. A través de los sueños podemos sanar psicológicamente, viajar a otros lugares y traer información, conversar con personas, conocidas y desconocidas, vivir aventuras únicas. Mirando al techo recuerdo un sueño que tuve cuando era un bebé:
Estoy en una sala grande y algo curvada, llena de hombres trajeados al estilo de los años 60. Mi padre me tiene en sus brazos, me siento protegido por él, . Todos miran y escuchan atentos a una cabeza de toro que se encuentra a una cierta altura, en la pared de enfrente, esta cabeza les habla con voz muy grave, se parece a las cabezas que hay disecadas en algunos bares de España, ese toro me da miedo, parece ser poderoso y da la sensación de que los hombres que hay allí le obedecen. El temor me hace llorar. Mi padre se aparta un poco de la reunión, en la parte de atrás me entrega a una señora que está a nuestras espaldas, es como una niñera, me siento aliviado al darme cuenta de que me van a apartar de aquella cabeza animal de poderosa voz. Ella me acuesta en una cuna donde hay otro bebé. Luego despierto impresionado en mi cuna.
Durante la experiencia tenía la sensación de que un ser poderoso estaba proyectando aquellas simbólicas escenas en mi mente, como si deseara impresionarla con un mensaje que conscientemente algún día lograría comprender.
Mientras los recuerdos se desvanecen, escucho el canto de los pájaros, doy un salto hacia mis pantuflas, y bostezo perezosamente, haciendo imitaciones y cantando, aún sin aterrizar del todo, con el piloto automático. Hace un poco de frío, este apartamento no te da descanso, ni siquiera en verano, necesito ganar más, no vendría mal instalar calefacción para el invierno, o quizás mejor, cambiar a un lugar más soleado.
Abro el grifo, echo agua fría en mi cara para despabilarme un poco, y me hago un enjuague nasal a la manera del yoga, me acerco al ventanal del salón, a ver cómo ha amanecido el día, y a las chicas tan atractivas que suelen correr junto al río. A veces me pregunto qué está pasando a mi alrededor, hay alguna movida extraña. Decido hacer el mismo experimento de nuevo; miro a la chica de las gafas oscuras, la que está sentada en el banco de enfrente leyendo el periódico, no puede verme por el reflejo de los cristales, ni escucharme, porque está la ventana cerrada de por medio, y estamos a veinte metros de distancia. -A ver... ¡quítate las gafas!- digo tranquilamente. La chica inmediatamente se quita las gafas de sol con cara de satisfacción. Pienso que una de dos; o tengo un poder telepático alucinante, o tengo micrófonos en casa. No entiendo por qué, pero algo hace que esto casi ni me interese, me apasiona tanto explorar otras dimensiones y encontrar respuestas, que paso de enfocar demasiado mi atención en los asuntos cotidianos, bueno si, en un buen desayuno de kéfir con copos de maíz, nueces y miel, mientras consulto los correos electrónicos, algunos parecen una broma, por las cosas que preguntan.
Conforme me voy desperezando, me doy cuenta de que me siento como si estuviera ligeramente enfadado conmigo mismo y con el mundo, es una especie de tensión sin motivo, por lo que consulto mis tablas con las posiciones planetarias de hoy, y pienso que está claro, que funcionan los treinta grados que Marte tiene ahora respecto a donde estaba el Sol en el día que nací.
La astrología es otra de las ciencias que descubres cuando tomas la pastilla roja de la verdad y te adentras en el saber astrológico, vas a descubrir una verdad, algo que te va a llevar a conocer el trasfondo de tu vida, y el de aquellas personas que te permitan ayudarles a través de este arte. Pasarás las hojas de las efemérides, o avanzarás fechas en tu software astrológico, y conocerás la situación, la enseñanza que va a entrañar una determinada época de tu vida, o de la vida de los demás, nunca vas a conocer los detalles, pero si lo que es esencial.
Ver el futuro puede ser una maldición para ti, si no tienes preparación para hacerlo. Puede que al principio esto te parezca un juego, y puede que sea una suerte para ti, que lo abandones sin profundizar más. Si eres valiente, si no te asusta conocerte mejor, si no te asusta conocer la esencia misma de tu destino, puedes aprender astrología, o consultar a un astrólogo serio que te describa tu alma, penetrando en ella. Para mi la astrología es más interesante si la enfocas a través de una perspectiva trascendente, que abarca otras dimensiones de nosotros mismos. Una carta astral nos habla de las energías de un individuo, y en qué puntos concretos de la vida se manifiestan. Sin embargo no se puede juzgar a nadie, porque el uso que va a hacer de estas energías, puede ser distinto del de otra persona que pudiera tener una carta astral idéntica.
Para mi, existe una analogía de la astrología con la música, en unos días puedes conocer cómo funciona un instrumento, aprender las notas, etc., pero una buena interpretación se logra practicando cada día, es lo que te sucede cuando te apasionas por una exploración, siempre tienes nuevas preguntas.
A la mente racional le resulta difícil entender que unas posiciones planetarias puedan influir en la vida de un ser humano, que estamos conectados con el Universo. Sin embargo, lo puedes comprobar en épocas, incluso en días y horas concretas. Aquí no interviene la sugestión, porque puedes mirar el pasado. Aparte de que esto me sirve de publicidad, quiero contártelo porque me ha sucedido hace poco. Le estaba interpretando la carta astral a un consultante, le dije que alrededor del Miércoles de la semana pasada, estaba inclinado a tener una mayor impulsividad, y que pudo sufrir algún corte o alguna quemadura, y todo porque el planeta Marte se encontraba en el grado en el que estaba su Ascendente cuando nació. Inmediatamente se remangó y me enseñó su muñeca, con una quemadura bastante evidente, confirmándome que le pasó exactamente el día que le había dicho.
Una consulta es la visión geométrica de las posiciones planetarias, una interpretación lógica de lo abstracto, es entrar en una vida, escuchar sentimientos y descubrir juntos las respuestas.
Para mi la astrología es una de las ciencias que nos trajeron civilizaciones de otros mundos, buena parte de cuyo saber se ha perdido. Me apasiona redescubrir muchas de sus técnicas y principios, observando la carta astral de la gente. A veces lo hago conectando con otras dimensiones, por eso necesito tiempo de soledad.
Pienso que la conexión existente entre el ser humano y el universo, se asemeja a un fractal, en el que la estructura básica de lo pequeño, se corresponde con lo más grande que lo abarca, una relación que sucede más allá de lo físico. Considero al Universo como un Ser vivo, dotado de orden, inteligencia y amor. Desde mi visión en otras dimensiones, he descubierto que el Sol tiene doce chakras, que son los doce signos, y éstos interactúan con los chakras de los planetas, y con los nuestros. Los chakras conforman nuestra aura, cuya tonalidad de color y sonido proviene de la impronta de la posición de los astros en el momento de tomar nuestro primer aliento. Este es el momento en el que el cordón de plata se conecta al cuerpo.
Tal como lo he vivido
No me es fácil escribir sobre recuerdos íntimos, lo estoy haciendo porque es posible que a ti te hayan sucedido cosas parecidas. Quizás te sorprendería conocer la cantidad de gente que ha tenido experiencias en otras realidades, y que se calla, e incluso prefiere olvidarlas. Es hora de que los que tan a menudo nos sentimos “bichos raros” por haber tenido estas experiencias, también vayamos saliendo del armario, descubriendo que no estamos solos, y que podemos sentirnos comprendidos por más gente. Mis pensamientos viajan al pasado de nuevo, a una de las experiencias más extrañas de mi vida, algo que nunca voy a olvidar.
Tengo dos años, lo sé porque aún no ha nacido mi hermana, pero ya voy a un colegio que hay justo al cruzar la calle donde vivo. Mi madre se peina para llevarme a jugar a la placeta junto a la iglesia. Ella tiene la puerta entreabierta, puedo verla reflejada en el espejo del cuarto de baño. Había oído hablar de Dios, los ángeles y el demonio, así que no es extraño que me ponga a rezar inocentemente, para mí es como un juego, pero lo hago con un sentimiento de bondad y devoción. Me arrodillo a poco más de medio metro de un mueble-vitrina con un espejo en el fondo y puertas de cristal, así puedo verme reflejado enfrente, ya sabes, soy Leo. Me quedo quieto, rezando. De repente siento una fuerza que me arrastra sin que pueda hacer nada, estoy asustado, deslizándome de rodillas hasta dar contra el cristal que se rompe en decenas de pedazos, dejando una herida en mi frente que sangra abundantemente. La vecina de enfrente se ofrece a ayudar, con una palangana de agua caliente lava mi herida, el agua de la palangana está roja, luego mi mami me lleva al practicante, que me pone varios puntos. Le explico a mi mama que el demonio me ha empujado, no había visto ningún demonio, pero pensé que no podía haber sido otro que el maligno indignado por mi rezo a Dios. Mi madre no cree mi historia, sino que piensa que he podido tropezar, pero estoy muy seguro de lo que realmente me ha ocurrido.
Aunque no descarto la posibilidad de que la elevada vibración del pensamiento, y la devoción que tenía en la vida infantil, libre de la maldad de la edad adulta, pudiera producir un fenómeno de levitación a ras del suelo. A lo largo de mi vida me he encontrado en varias ocasiones con las fuerzas oscuras de otras dimensiones, sabía que aquellos seres malévolos me tenían manía, iban a por mi, así que sospeché de alguno de ellos.
Mis recuerdos se van a uno de los encuentros con aquellos seres, anterior al accidente con la vitrina. Un día, me encuentro en brazos de mi madre, en la casa de la vecina de enfrente, en la cocina, que está al fondo del todo. De repente veo a un ser muy parecido a los demonios dibujados en algunas obras del arte clásico, su estatura es algo más baja que la de las personas mayores, su cara es parecida a una mezcla de humano y carnero, de un color ligeramente marrón rojizo. Sale de una habitación, puedo sentir que trama algo malo, me mira con cierta indiferencia, como si supiera que no voy a poder delatarle, yo estoy algo asustado. El demonio cruza el pasillo y entra en la habitación de enfrente, en lo que llaman el gabinete. En un principio pienso que el novio de la hija de los vecinos se ha puesto una careta, pero no puede ser, allí no hay nadie más, aunque; como todos los bebés, no sé aún hablar, comienzo a entender muchas de las palabras que la gente dice, no tengo ni un año, pero imagino mi cara de susto. Algunas veces he visto cómo un niño se queda mirando fijamente a una habitación totalmente vacía, aparentemente nada podía haber allí que justificase la expresión de miedo que hay en su cara. Siempre me imagino que quizás le estaría pasando algo parecido a lo que me ocurrió a mí.
Mucha gente se extraña de que tenga recuerdos desde que era un bebé con sólo algunos meses de edad. Puedo describir con todo detalle sentimientos, situaciones, lugares, frases, objetos y personas. Recuerdos que mis padres me han ido confirmando asombrados. Yo era igual que ahora, sólo que desconocía una buena parte del vocabulario, y las costumbres de la gente. Un día, en aquellos primeros meses de mi vida, mi madre me deja al cuidado de la vecina de enfrente, para mi no es problema, no me apego, me adapto bien. Estando en brazos de la vecina, me quedo mirando a su marido, que moja pan en un huevo frito, aquello me apetece, pero no puedo hablar, así que comienzo a ponerme quejoso, sin llegar a llorar, y a mirar al comensal. La vecina dice:
-¡Ya lo has asustado!, ¡dile bobo!
Creo que aquello tan apetitoso que moja con el pan, se llama “bobo” y repito un par de veces la palabra, con la esperanza de que me den un poco. -¿Ves? Te está diciendo bobo- Entiendo lo que la vecina le dice a su marido, pero no era eso, yo, desde el otro lado de la mesa, señalo al huevo, no hay manera de que me entiendan.
No sabía hablar, ni conocía la mayoría de las costumbres sociales, pero por lo demás, me sentía tan adulto como ahora. Mi inocencia consistía más bien en el mundo que me rodeaba. Recuerdo a la hija de la vecina de enfrente, una muchacha de 16 años que se había encargando de cuidarme, ella estaba haciendo pipi en el cuarto de baño, y sin ningún rubor por hacerlo ante mi. Yo sentía un calor muy agradable por todo mi cuerpo, no tenía ni idea de lo que era aquello. Como tampoco tenía ni idea de por qué se me ponía tan tiesa cuando viendo una película en la tele, una pareja se besaba. Le pregunté sobre esto una vez a mi madre, y le salió el lado eclesiástico reprimido, en lugar del de la chica joven de los sesenta. Me dijo que no me tocara ahí, porque podría morirme. Pero yo no me tocaba, aquello se levantaba así, sin más.
Cuando todo se acaba
Hace poco que he cumplido tres años, estoy solo, desde el cuarto de baño, escucho a mi padre, está hablando con mi madre, le dice que ha muerto su amigo Daniel, el fotógrafo que tantas fotos me ha hecho. Era muy simpático, con una voz muy graciosa me decía: “¡chiquirriquiii!”, y sacaba la foto cuando me estaba riendo de sus ganas de hacerme reír. Mi padre le está diciendo a mi madre que no cree en la vida después de la muerte, que cuando mueres, no hay nada, todo se acaba.
A veces tengo experiencias en un mundo invisible, extraño, y casi siempre ignorado por los adultos, pero al mismo tiempo, soy un niño que aún no sabe hablar, mi nueva vida a menudo me sorprende y me confunde. Las palabras de mi padre lo han hecho. -Todo se acaba- Mientras miro hacia el porta-rollos de papel higiénico pienso cómo sería cuando todo se acabase, cómo me sentiría, no se si es más fuerte el miedo, o la curiosidad por saber. Imagino años y años sin cesar, hasta el infinito, de oscuridad, de no escuchar nada, de soledad -Si estás muerto, ¡es para siempre!...para siempre... Se te ha de hacer muy largo, pero claro, no te enteras porque estás muerto...y así el tiempo pasará muy rápido... pero, por muy rápido que se te pase, es para siempre... Pero como no te enteras...- Algo no encaja, no consigo salir de este laberinto, de este círculo vicioso de reflexiones, enjaulado en pensamientos que no me llevan a ninguna parte. Aquello que estaba viviendo era un koan, una paradoja filosófica empleada en el zen japonés para despertar.
Más adelante, como si la vida quisiera que supiese de la realidad de la muerte, cuando estaba en pre-escolar, Cecilio, el niño que se sentaba junto a mi en el pupitre del colegio, falleció en una operación de anginas. Aquella noticia me impactó, volvió a conectarme con el misterio de la vida. Jugando de nuevo en la placeta de la iglesia, me abracé a uno de los salientes en forma de tetraedro que conformaban la fachada, miré hacia el cielo preguntándome donde estaría Cecilio.
Con la mosca detrás de la oreja
Durante la noche he estado meditando, explorando dimensiones, y conversando al mismo tiempo con mi grabadora. Cada vez veo menos la televisión, para vivir experiencias más interesantes. He de comprar un poco de leche y fruta, y luego, regresar de nuevo a casa, a mi solitario refugio en tiempos difíciles. El cielo está algo plomizo. Salgo a la calle, hacía dos días que no la pisaba, me siento algo mareado, me despabila el perfume de las plantas que el río cercano baña, y el viento trae hasta aquí. Delante de la cancela, en el banco de abajo, hay un señor leyendo el periódico, me observa, y justo ahora que acabo de pasar, se aleja del lugar. Tengo una sensación extraña, como si estuviera viviendo una doble vida.
Pensando varias cosas al mismo tiempo, decido silenciar mi mente, y recobro la sensación de bienestar en el corazón, como si algo dijera: ”Todo está bien”. Entro en el supermercado que hay frente a la emisora de radio en la que cada semana participo como voluntario en un programa de espiritualidad. Tras cargar mi cesta con los víveres necesarios, me acerco a la caja, sonrío a la dependienta, ella me mira con una mezcla de simpatía y de desconfianza, pienso que será por mi barba de tres días :-). Cuando estoy bastante lejos, algo me hace girar rápidamente la cabeza hacia el súper, para mi sorpresa hay un tipo mirándome fijamente, no le doy demasiada importancia, pues es una zona cercana a donde van a ligar los homosexuales, pero estoy con la mosca detrás de la oreja. Mis intervenciones en Internet y en la radio son polémicas, hablo claro sobre lo que pienso, con un enfoque espiritual y de denuncia al mismo tiempo. Quizás me he metido en algún lío del que no soy consciente, pues ya hemos recibido quejas y amenazas más o menos veladas de algunos oyentes.
En dos mundos
Si recuerdas tu niñez, sabrás que la vida infantil no es tan sencilla como pareciera. Además, a veces suceden cosas de las que los adultos no suelen hablar, y que chocan con la experiencia de la vida diaria. Cuando tengo dos o tres años sucede algo que nunca he olvidado:
Me acuestan en mi pequeña cama, mi madre, mi tía y mi abuela apagan la luz para que me duerma, y se van. Para mi percepción, apenas ha pasado un minuto cuando de repente veo que la luz está encendida sin que nadie haya entrado en la habitación, -Si han apagado la luz, ¿por qué ahora está encendida?-, pienso. De repente, surgiendo a través de la pared que hay frente a mí, entra un ser que, para mi tamaño, es alto, pero tal como lo recuerdo ahora, no tan grande como los mayores, calculo que quizás midiera un metro y medio, su traje es de un color gris claro plateado, la verdad es que nunca he sido muy observador respecto a la vestimenta y otros detalles, pero diría que no podía ver los rasgos de su cara, parece un robot, y sin embargo es humano, su cabeza es grande, me recuerda las ollas a presión que veo en las cocinas, para mi mente infantil es lo más parecido, cuando varios años después recordaba la experiencia, llegué a pensar que tenía escrita la marca Magefesa. Está frente a mi, con sus manos enguantadas como parte de aquel traje, me toma de las dos manos, su tacto es blando, me levanta hacia adelante, sin flexionar mis piernas, con mis pies siempre tocando la cama, su voz es masculina, serena y autoritaria a la vez, me dice en español: -¿Vas a ser bueno? A muchos, esto les sonará a E.T., pero esta es exactamente su pregunta. Un poco asustado respondo: -Siii.
Aclaro que me habló en español, pues más adelante he podido comunicarme con otros seres que transmiten directamente el significado de las palabras, sin utilizar idioma alguno. Curiosamente en aquella situación apenas tenía miedo, pues para mí era algo casi habitual sentirme relacionado con multitud de extrañas criaturas, algunas de las cuales parecían haber surgido de los cuentos de hadas.
Aquel ser vuelve a dejarme como estaba, posado boca arriba, y se marcha atravesando la pared, yo que siempre he sido más curioso que miedoso quiero saber quién es realmente ese ser y qué quiere, ¿sería una persona mayor disfrazada para asustarme, y para que fuera obediente? No, no puede ser, porque las personas mayores no atraviesan las paredes. Salgo detrás de él, a través de la misma pared, llego al portal, pero ya no está, descubro que en el suelo de la escalera hay una cáscara de plátano abandonada. De repente me encuentro de nuevo en la cama, la luz ahora está apagada, como en realidad la había dejado mi madre.
Me gustaría aclarar que no había en casa nadie de esa estatura, ni mucho menos material para confeccionar un traje así, además de que confeccionarlo habría requerido de un enorme trabajo, y de que en algún momento lo habría visto. No tengo dudas sobre la realidad de esta experiencia. Hoy habría salido al portal para comprobar la presencia de la cáscara de plátano, pero a esa edad, uno no se plantea demostrar científicamente los fenómenos paranormales, y además, lo daba por hecho, para mí estaba muy claro que si lo hubiera comprobado, la habría visto. Descarto que fuese un sueño, pues aunque no puedo recordar los detalles de la cara de aquel visitante, estaba tan despierto como lo estoy ahora; o quizás más. Se ruega al que dejó la cáscara de plátano en la escalera, que si lee esto, se ponga en contacto conmigo ;-).
Es posible que leyendo algunas de mis experiencias infantiles, te preguntes por qué había en mí una tendencia a pensar que un mayor estaba intentando asustarme. La respuesta es que algunos padres, tíos, abuelos, etc. tienen la costumbre de "convencer" a los niños de que sean obedientes, mediante la amenaza del hombre del saco, la bruja, el lobo, etc.. Un ejemplo de lo que estoy contando, es lo que me sucedió entonces:
A la hora de la siesta, cuando estoy en mi pequeña cama, juego a contar las partículas de polvo que se hacen visibles gracias a un rayo de sol que se cuela por una rendija de los postigos de la ventana. Entonces la puerta de mi cuarto se abre, se asoma una mano negra y escucho una voz que dice: -Duérmeteee...
La mano negra "se va" y la puerta se cierra. De nuevo mi temor no es suficiente para poder con mi curiosidad. Con mucho sigilo me levanto y salgo de mi dormitorio, corriendo de puntillas por el comedor, me acerco a la puerta de la cocina y me asomo con cuidado, veo a mi padre junto a mi madre, ella le pregunta a mi tía: -¿Se ha dormido?- Y mi tía dice, mientras se quita un guante negro: -No te preocupes que ya mismo se duerme.
Vuelvo a mi habitación sin que se den cuenta de mi presencia. Cosas como ésta, te inclinan a dudar sobre la veracidad de las experiencias infantiles. Tenía que ser muy vivo para poder distinguir cuándo se trataba de un engaño de los mayores, o de una auténtica conexión con otras dimensiones.
Telepatía con todo bicho viviente
A la edad de un año, era de lo más natural para mí conversar telepáticamente con los animales, pienso que lo es también para el resto de los niños, aunque lo olvidan conforme van creciendo. Una de las experiencias de las que mejor recuerdo tengo, sucedía cuando iba a casa de mi abuela, en el antiguo barrio del Realejo, de Granada. Ella tenía un perro blanco, con grandes manchas marrones, se llamaba Lucero, y me gustaba hablar con él. Recuerdo que un día mi abuela me dio un racimo de uvas, subí a la azotea, a tomar el sol, y Lucero se me acercó, me dijo que quería probarlas, y le ofrecí unas cuantas, aunque las uvas le tentaron en un principio, el perro intentaba evitarme; seguramente porque quería jugar con él al caballo y al jinete, y se dio cuenta del papel que le iba a tocar. Recuerdo que Lucero y yo nos percibíamos el uno al otro como de igual a igual, lo único que nos diferenciaba es que él tenía cuerpo de perro y yo tenía cuerpo de niño. Yo además podía utilizar el lenguaje hablado para comunicarme con los mayores, aparte de eso, éramos compañeros de juegos, aunque él tenía sus lógicas precauciones hacia mí. Lo que tal vez pudiera sorprender más, es que el perro tenía la voz telepática de un muchachito que "hablaba" en español. No me era fácil distinguir la comunicación hablada de la telepática, así que le escuchaba como si realmente estuviera hablando sin mover la boca.
Esta escena tiene relación con algo que sucedió muchos años después. Al salir de una pastelería, un perro me pidió pastel, con esa mirada que no te puedes negar, así que le di un poco. Se lo tragó en un instante, cuando se estaba relamiendo, en una esquina que hay a lo lejos, se asomó otro perro, que no había visto la escena. Los dos canes se estuvieron mirando el uno al otro fijamente durante unos segundos. Después, el perro que estaba lejos, vino corriendo, se acercó a mi, y también me pidió pastel. Sorprendido le tuve que dar otro trozo, riéndome al descubrir que los perros pueden comunicarse telepáticamente cosas concretas tales como que: “Este tipo me ha dado un trozo de pastel”.
Lo siguiente sucedió un amanecer de 1979, cuando me encontraba meditando. A lo lejos un perro ladraba en un balcón, y había otro respondiendo a sus ladridos. Mi meditación se volvió más profunda, hasta que logré un cambio de consciencia. Para mi sorpresa los ladridos se transformaron en palabras, estuve durante unos segundos escuchando a dos perros conversando sobre cómo les trataban sus dueños, lo que les ponían de comer... He conocido a otra persona más que ha tenido una experiencia muy similar a ésta, el cambio de consciencia se produjo cuando estaba tumbada en la playa. Había un perro arriba en una colina, que no encontraba la manera de salir de un lugar muy escarpado, el estado de relajación hizo que pudiera escuchar sus ladridos como palabras.
Mi mamá estaba tendiendo al sol, yo mientras miraba cómo colocaba las pinzas en la ropa, quería decirle algo: -Mamá, quiero un hermanito- quizás se lo pedí porque presentía su llegada. La mañana del 11 de Enero de 1965, cuando tenía tres años, mi vecina de enfrente me despertó temprano, me dijo que venía la cigüeña, y que si me quedaba allí, la espantaría, me ayudó a vestirme y me dejó con los vecinos de arriba. Pasé el día jugando con Francisco José, mi amigo de arriba, en su casa, hasta más allá del atardecer, como él era más pequeño, yo estaba haciendo de caballo y él de jinete, en ese momento nuestra vecina vino a decirme que la cigüeña ya nos había dejado su regalo, que tenía una hermanita. Salí corriendo escaleras abajo, me sorprendió ver a mi madre en la cama, agotada pero feliz, con un bebé muy pequeño en sus brazos, mi padre también estaba allí. La vecina de enfrente me dijo que mi recién llegada hermana me había traído una bolsa de caramelos. Estaba tan contento por el nacimiento, que llamé a casa de todos mis amigos, dando saltos de alegría y repartiendo los dulces. Una hermana es algo escrito en nuestro destino, Dios nos ha puesto juntos por algo.
Una de las más curiosas comunicaciones telepáticas de mis primeros años de vida, sucedió cuando tenía 6 años. A mi padre le gusta llevarnos a toda la familia a la playa en el familiar Seat 600, atravesando las montañas que separan Granada de la costa. Un día nos compra, a mi hermana y a mí, una barquita inflable de color rojo y suelo blanco, su material me recuerda al traje de aquel visitante que se fue atravesando las paredes de mi habitación. Me hace mucha ilusión, tanta que esa noche la pongo encima de mi cama y me meto en ella a dormir. En el momento en el que estoy a punto de entrar en el sueño, me doy cuenta de que le estoy contando telepáticamente a mi amigo del piso de arriba; Francisco José, el regalo tan maravilloso que he recibido, puedo verle y escucharle, lo que me sorprende esta vez, es que el lenguaje no es español, ni ningún idioma que hoy día pueda identificar. La sorpresa me hace perder la comunicación, y volver a tomar consciencia de mi cuerpo que intenta dormir dentro de aquella barca.
Lo confieso
Mi educación religiosa desde muy pequeño, como la de todos los niños españoles de los años sesenta, ha sido católica. Aunque mis padres no eran fieles practicantes, mi vecina de enfrente; que era una señora mayor, se preocupó en este sentido, llevándome a misa desde que tenía 5 años. ¡Qué dura es la vida de un niño!, ¡la de sitios aburridos a los que te llevan!, por suerte, por el camino, me lo pasaba bien jugando a pisarle la sombra, así, sin video-consola ni nada.
Es Viernes de Dolores; el día de las vacaciones de Semana Santa, cada año somos formados espiritualmente por un sacerdote de la parroquia. Me gusta escuchar lo buena persona que era Jesucristo, ayudando a los débiles, a los pobres, enseñándole a todos la Vida eterna, que Dios nos ama, y que tenemos que amarnos todos. Recuerdo un día dice que vamos a ver una película de nuestra vida, soy tan inocente que me paso un buen rato de su charla esperando que traigan el proyector de cine. Cuando terminamos nuestra preparación, dando fin a nuestros ejercicios espirituales, tengo un gran sentimiento de pureza, y el propósito de ser bueno. Sobre todo, siento la felicidad de las vacaciones, todos cantamos alegres:
-Vacaciones, chicharrones, una vieja, sin calzones.
A los 6 años, me preparo para recibir la primera comunión, para lo cual hay que aprenderse previamente de memoria el Catecismo. Los últimos días, tenemos que ensayar. El sacerdote nos da trocitos de oblea uno a uno, nuestro amigo Víctor, se pone muy nervioso, y la lengua le baila como loca, con él hay que ensayar más. Antes del gran evento, tengo que confesarme, me pongo de rodillas en el confesionario, mientras veo ligeramente al cura entre el enrejado de madera, se que él tiene que decir:
-Ave María Purísima.
Y yo tengo que responder:
-Sin pecado concebida.
Cosa que no se qué significa. Pasaban los segundos, y el cura, con la cabeza inclinada sobre su mano, no me dice la frase que yo estaba esperando, hasta que dice de repente:
-¡Pero venga yaaa!
-¡Ah! Padre, me confieso que no le he hecho caso a mi mama, que...
Creo que desde entonces no he vuelto a contarle mis “terribles” pecados a ningún cura, al menos en el confesionario.
Cuando llega el momento de la verdad, la lengua de Víctor vuelve a dar el espectáculo, y el cura tiene que ser muy hábil para que el niño cumpla por primera vez con sus preceptos religiosos. Tengo una foto, vestido de comunión, tras tomar el típico chocolate con churros, en ella aparecen mis primos como entregándome algo, en realidad están tapando la mancha marrón oscuro en el traje inmaculado.
Cuando tenía 8 años, se vino a vivir al otro lado de la calle una prima de mi vecina de arriba, la misma que acababa de contarme quienes eran los Reyes Magos y que los niños no los traía la cigüeña en realidad. Su prima había entrado a estudiar en el mismo colegio que yo, y también a tercero de básica, sólo que estaba en la clase de las niñas, pues antes en España, en la mayoría de los colegios, nos separaban por sexos, cosa que no comprendo, porque con aquella edad no podíamos dejar embarazada a ninguna. Era guapísima, su pelo largo, lacio y moreno, su mirada intensa y llena de dulzura. Era tan femenina y dispuesta, que me enamoré de ella, fue mi primer amor. En los momentos tranquilos del día, justo antes de dormir, pensaba en ella con ilusión, con una pureza casi devocional, aunque no me atrevía a confesárselo. Un día, al celebrar la primera comunión de uno de nuestros amigos, los padres dijeron:
-Los niños al coche, que se monten atrás.
Cuando entro, veo que ella está sentada atrás, y que me ha tocado a su lado. Cuando me estoy acomodando, se me ocurre una manera de declararme:
-Me siento a tu lado, porque, como eres mi novia....
Ella repuso inmediatamente:
-¿Yooooo?
Así es como tuve mi primer “fracaso amoroso”.
Casi siempre, cuando estaba en la cama y llevaba un rato con los ojos cerrados, contemplaba una especie de rosco verde amarillento, de bordes irregulares, que se acercaba tanto que lo dejaba de ver, cuando a lo lejos aparecía otro que hacía lo mismo, así sucesivamente. Una noche, completamente despierto, en mi cama, noté una sensación inquietante, una amenaza que nunca había sentido, una sombra estaba interfiriendo aquella visión verde, tuve miedo, su energía no me gustaba, era amenazante. Con el tiempo descubriría lo que era aquello...
Los niños no me llamaban por mi nombre, sino "gordo", incluso mis amiguitos cuando se enfadaban conmigo. Esto me hacía sentir triste, aunque viendo las fotos de entonces, me doy cuenta de que quizás eran ellos los que estaban muy delgados :-). Mi afición al fútbol fue uno de los factores que me permitieron tener una conexión mayor con los demás niños. También jugábamos al escondite, a policías y ladrones, a las bolas; que en otros lugares llaman canicas, incluso al trompo, y los días tras la lluvia, jugábamos a la lima, porque antes llovía de verdad, y aquel palo de hierro se clavaba varios centímetros en la tierra. Cuando jugábamos contra los que vivían varias calles más lejos, no le llamábamos partido, sino desafío.
En verano jugábamos al fútbol hasta anochecer. En uno de los partidos, todos miraron aterrorizados hacia donde yo me encontraba
-¡El perro malo! ¡El perro malo!
Todos salen huyendo. Miro hacia atrás, y veo que corre hacia nosotros un perro más bien pequeño, de ladrido agudo y amenazante, con muy malas pulgas. Intento escapar, pero tropiezo y caigo al suelo, me quedo paralizado llorando, viendo cómo el perro me ha alcanzado, cuando espero ser devorado, veo que pasa de largo, sin apenas prestarme atención. Ahora que lo pienso, esto es un símbolo de lo que sucedería cuando tuviera que enfrentarme años después a “perros” de otras dimensiones, y no me refiero al tamaño.
Los amigos de mi calle sabían que jugaba muy bien al fútbol, mientras que los compañeros de mi colegio, en tercero, tardaron mucho tiempo antes de decidirse a ponerme en el equipo. Un día por fin lo hicieron, fui el primero en meterle un gol a los mayores de cuarto, casi me arrancan los pelos en la celebración. De regreso a clase, el chulillo de nuestro equipo me dijo:
-Eso no ha sido gol, ha pasado por encima de la piedra.
Inmediatamente me pregunté por qué entonces incluso los de cuarto lo habían dado por válido, notaba una mala intención en él, que para mí no tenía explicación.
Más visitantes
Mi imaginación sigue viajando al pasado, a un momento importante de mi destino. Tengo nueve años, nos mudamos a un piso más cerca del centro. Cuando estamos llevando los primeros enseres de la mudanza, mi padre se encuentra con un amigo de la infancia, que también se está mudando, al llegar el ascensor, sale un niño alto, con pinta de genio despistado, que es de mi edad.
-Este es Rafael, mi hijo, el que se quedó encerrado el otro día en el ascensor.
Rafael está algo cortado ante nuestra mirada curiosa. Semanas después, cuando estoy jugando con el balón y la pared, en la calle, vuelvo a verle.
-¿Juegas a la pelota?
-No sé jugar.
-¿No juegas con tus amigos?
-No tengo amigos.
-No importa que no sepas, es fácil, yo te enseño.
Rafael me agradece el detalle, pero tiene que irse. Más tarde me confiesa que fue por evitar que al conocerlo más allá de unos minutos, me llevara una mala impresión, o me burlara de él, le impresionó que no le pegara, ni me riera de él por no saber jugar, como hacían el resto de los niños. Cuando regresa a su casa le dice a su madre:
–Mamá hoy he conocido a un niño bueno.
Los cuatro bloques de viviendas estaban recién construidos, y nosotros estábamos más bien solos, un día se produjo un apagón, mi padre bajó al cuarto de contadores de la Comunidad, a ver qué podía hacer, se encontró con el padre de Rafael, ambos comentaron lo solos que estábamos los dos niños. Una vez solucionada la avería, mi padre subió y me acompañó a casa de Rafael. Aquel día descubrimos que ambos teníamos un girasol, que habíamos traído cada uno de un viaje reciente, presentimos que aquel encuentro estaba escrito en nuestro destino. Pronto congeniamos, por nuestras “rarezas”, estábamos algo marginados por el resto de los niños, nuestras aficiones eran un poco más solitarias; nos gustaba leer historietas de Mortadelo y Filemón, Anacleto, el botones Sacarino, los comics de Spíderman, el Hombre de Hierro... También lo pasábamos bien filosofando y hablando de los misterios de la vida. Nos interesaban los libros que trataban sobre enigmas y fenómenos extrasensoriales. Rafael me prestó muchos de ellos, comprados con el dinero que le daba un tío suyo, muy generoso. Nos gustaba comentar las investigaciones sobre casos y sucesos paranormales que narraban. Uno de los temas que más interesantes nos parecían, es el de los OVNIs, el testimonio de cientos de pilotos y controladores aéreos, civiles y militares que saben lo que ven, y no confunden con Venus a un objeto volador cuyas características; según afirman, desafían las leyes de la física.
Uno de nuestros lugares favoritos era la azotea, una zona común donde los vecinos tendían la ropa, y que tiene unas magníficas vistas de Granada, la Alhambra, la Vega y Sierra Nevada, pero sobre todo, del cielo estrellado. Entonces apenas había contaminación lumínica, la ciudad era muy oscura. En la azotea manteníamos largas conversaciones sobre los libros que habíamos leído, filosofando, mirando a las estrellas. Rafael me hablaba de que el Universo podría ser un conjunto de Universos dentro de otros;
-¿Ves el papel de esta chocolatina?, son cientos de miles de millones de átomos, con sus electrones girando alrededor, igual que los sistemas planetarios. En este papel podría haber Universos y seres que lo habitan.
Yo le hablaba de lo admirable que me parecía la persistencia de lo existente;
-Todo cuanto existe, permanece, no se desvanece como un pensamiento, como una imagen mental. Me maravilla su permanencia en el tiempo.
Vivimos grandes momentos en aquella azotea en que a lo largo de los años estuvimos observando el firmamento, haciendo prácticas para vernos el aura el uno al otro, y vivir experiencias místicas tumbados en el suelo e imaginando que caíamos hacia las estrellas, así vimos algunos OVNIs. Nos confesamos muchas cosas, incluso me atreví a contarle mis experiencias infantiles.
Bueno, a veces las conversaciones no eran tan profundas, también lo pasábamos bien escupiendo y observando cómo la gota de saliva descendía las ocho plantas, hasta llegar a la acera. Un día acertamos con el bolsillo de la camisa de un señor que pasaba, y otro día le dimos sin querer a otro señor en la calva...
Eramos los raros del barrio, alguna gente se reía de nuestra afición por mirar al cielo, y por los platillos volantes. Muchos años después, la misma gente contemplaba asombrada dos luces muy potentes juntas, cerca del Oeste, decían que serían platillos voladores, estábamos puestos en astronomía, les dijimos que se trataba de una conjunción de Júpiter y Venus, los dos planetas más brillantes, de nuevo se volvieron a reír de nosotros; -¿Cómo no va a ser eso tan raro un OVNI?- así es la vida.
Al mudarnos, y cambiar de colegio, la historia se repite. Cada noche pensaba en una chica de mi clase de ojos azules, tan femenina, tan guapa. Un día la señorita me saca a la pizarra, tengo que pintar un triángulo equilátero, cuando recibo la aprobación de la señorita, la llama a ella, para que pinte un escaleno. Me dirijo hacia mi sitio, por el pasillo formado entre los pupitres, ella se acerca a mi, hacia la pizarra, entonces me dirige la palabra por primera vez:
-Aparta, gordo.
Esto no impidió que siguiera enamorado de ella en sexto, séptimo y octavo, porque son cosas de niños.
Poco tiempo después, estábamos de excursión, los de quinto C íbamos a jugar un partido contra los de la otra clase. Mientras nuestro compañero de clase Octavio se revolcaba en las hierbas con tres chicas, los líderes de mi clase elegían a los que iban a jugar. Para variar, los niños de este colegio no me querían poner en el equipo, hasta que se decidieron a hacerlo, quizás por mi insistencia, o quizás porque nadie se atrevía a cubrir a un temible grandullón que había repetido varios cursos, y que destacaba por la gran “amabilidad” con la que amenazaba y zurraba a diestro y siniestro. Gracias a mi habilidad con el balón, a que el grandullón no consiguió rebasarme ni una vez, y a que en aquel campo de verdad, desde la defensa, tras quitarle el balón, lo lanzaba hacia el área contraria, ya no dejaron de seleccionarme nunca más, aquello supuso para mí la satisfacción de sentirme aceptado por los demás niños.
Historias de miedo
Prefería no creer del todo las historias de miedo que los investigadores relataban en algunos libros que Rafael y yo leíamos. Posiblemente quería olvidar algunas vivencias de mi infancia que entonces me daban pavor. Pero cuando uno está destinado a algo...
En 1971 salió a la luz pública el caso de las famosas caras de Bélmez, me costaba trabajo pegar ojo recordando las imágenes que aparecían en aquella casa, y las psicofonías que emitían en televisión, con una música de misterio de fondo. Por “suerte” un día, en un Telediario demostraron que la señora de la casa cobraba dinero por la entrada, cuando ella había afirmado ante las cámaras que no lo hacía. Al informe le ponen una música de tinte humorístico y banal, ridiculizando el asunto, lo que me sirvió para dormir tranquilo. Me agarré a la "noticia" como a un clavo ardiendo. En esa época preferí que aquello no fuera verdad. No obstante, con el tiempo comencé a sospechar que posiblemente se había tratado de una maniobra de desprestigio o desinformación. El que la señora cobrara o dejara de cobrar la entrada, no resuelve el misterio.
Decía que no estaba destinado a olvidar que existe una realidad que sobrepasa a la habitual. Los que ya conocen la literatura esotérica, habrán leído algo sobre los elementales, esa multitud de criaturas menos evolucionadas que el ser humano, habitantes del plano astral. Algunas son bellas y agradables, pero otras tienen malas intenciones, y su aspecto es más horrendo. Lo recomendable es que no se les tenga miedo, pues es la mejor manera de defenderse de ellas. Cuando tenía 11 años tuve que enfrentarme a una entidad de estas.