Excerpt for Aventuras en El Valle del Encanto by Ernesto Panama, available in its entirety at Smashwords

I

Aventuras

en el

Valle del Encanto


Autor. David Ernesto Panamá Sandoval


Smashwords Edition




808.543

p187a Panamá Sandoval, David Ernesto 1950-

El Valle del Encanto/David Ernesto Panamá Sandoval;

slv il. Aleph Sánchez, David Ernesto Panamá Sandoval.-.

1a. ed. - San Salvador, El Salvador.: [s.n.], 2006

Edición Digital Smashwords Edition 2009

44 p.: il.; 21 - (varia según formato)

ISBN 978-99923-78-87-8 (digital)

Cuentos Infantiles. 2. Literatura infantil.

3. Narrativa Salvadoreña. I Titulo


Derechos de autor: 29-2006(r)


www.ernestopanama.com

elsalvador@ernestopanama.com




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El Valle del Encanto


En un lugar tranquilo y de natural hermosura, se encuentra el Valle del Encanto, donde Pepito, Pelota y Pelotilla viven.

Se encuentra el poblado medio de una grande y hermosa arboleda.

En el extremo norte una llamativa y amplia casa de troncos de m
adera se destaca. Allí reciben su entrenamiento, y educación: Pepito, Pelota y Pelotilla.




Figura 2. Casa en el Valle del Encanto. Dibujo de Anabella Panamá


Kyoto, de origen japonés, es el nombre de la maestra que tiene a su cargo la educación de los jóvenes. Ella es alta, de esbelta figura, ojos y cabellos negros, nariz y boca finas.


Desde temprano por la mañana, Kyoto dirige las actividades de los jóvenes. Estas se inician con la preparación física; luego toman cuatro horas de estudio. Por la tarde, se realizan investigaciones sobre diversos temas que comprenden: religión, ciencia, historia, mitos, magia, esoterismo y más.


Antes de caer la tarde, se practica al aire libre, alpinismo, equitación, o se da mantenimiento a la casa. Luego, disfrutan de la cena, tiempo durante el cual se discuten y recuerdan las actividades del día. Posteriormente cada uno se dedica a la lectura de sus temas favoritos.

Así viven un día normal Pepito, Pelota y Pelotilla, preparándose para enfrentar los retos del futuro.




Lo Inesperado


Pero no todos los días eran iguales, de vez en cuando, todo cambiaba...

Esa tarde, cuando el sol recién se ocultaba tras las enormes montañas, que servían de fondo al Valle del Encanto, y la noche avanzaba sobre el pequeño poblado. Y los habitantes se cobijaban bajo sus techos, encendían el fuego en las chimeneas y se disponían a cenar con sus familiares... La tensión en el ambiente, creció...


Kyoto sentada en su sillón favorito, se sobresaltó.


Pepito lo notó y preguntó. -¿Qué sucede?


-No estoy segura. ¡Pero algo malo va a ocurrir

!

Fue en ese instante que el silencio de la noche llegó a su fin... De pronto, ráfagas furiosas de viento, aleteos y graznidos de lo que parecía una bandada de aves gigantes... terminó con la reinante tranquilidad.


Pelota y Pelotilla, leían y no se percataron de lo que ocurría. Pelotilla se levantó de su asiento y leyendo se dirigió a la cocina en busca de un vaso de agua. Su mirada cruzó la sala y notó a Kyoto inquieta, pensó preguntar pero...


Pelota de un salto se incorporó y quedó atento.


Por todo el pueblo, se escuchó el terrible estruendo, que parecía provenir de enormes aves rapaces.




El Rapto


Luego...durante unos segundos un extraño silencio reinó, todos se volvieron a ver... pero el silencio fue interrumpido por lejanos gritos de auxilio. Al instante el pueblo entero, que se disponía a descansar, se transformó en el desorden total.


Pepito, Pelota y Pelotilla, se dirigieron hacia la puerta, y al salir vieron a todos los pobladores correr por la calle principal, señalando al oeste: hacia el cielo.

Pepito pudo apenas ver dibujadas en el horizonte, la silueta de varias aves que se alejaban, las que le parecieron de gran tamaño.





Figura 3. Águilas gigantes se alejan. Fotocomposición del autor.


Doña Consuelo gritaba desgarrada del dolor, y su esposo don Nemesio, maldecía agitando sus puños hacia el cielo.


-¡Anabella, se llevan a Anabella!, gritaba doña Consuelo; desatando el pánico, y desesperación entre los pobladores.


-¡Se los dije!, aseveró doña Remedios. ¡Esa gente que se mudó a la Mansión Gris, en el Valle Abandonado, no son buenas!


-¡Si, clamó, don Eusebio! ¡La sola presencia de esa gente me pone la piel de gallina!


El bullicio de la gente disminuía a medida que las aves se perdían en el horizonte y aún se escuchaban los desconsolados lamentos de doña Consuelo

.

-¡Mi hija, mi hija, se han llevado a mi hija!


Pepito Pelota y Pelotilla, se acercaron a don Nemesio y sobresaltados preguntaron:-¿Que sucedió, don Nemesio?


-Anabella, nuestra hija, jugaba en el jardín antes de la cena, a eso de las seis y media, y...


Doña Consuelo interrumpió sollozando.

-¡Salí a la terraza del jardín para llamar a Anabella!, íbamos a cenar; no me contestó y llamé de nuevo pero tampoco respondió. ¡Ya está servida la cena!, dije en tono más fuerte. En ese momento el color del cielo se volvió rojo intenso, un fuerte revoloteo de alas de aves gigantes invadió nuestra casa.¡Anabella corrió hacia mí, pero una de las aves se abalanzó sobre ella, la tomó con sus garras de los tirantes de su pantalón y alzó vuelo!, concluyó sollozando desconsolada.


-¿Quiere decir que Anabella fue raptada por las extrañas y grandes aves que pudimos ver?, preguntó, Pelota.


-Si, contestó llorando amargamente doña Consuelo.


-¿Águilas gigantes?, no me parece algo real, dijo Pelotilla.


-Se los dije, repitió doña Remedios, la maldición ha caído sobre nuestro pueblo. Es mejor que nos marchemos, si no queremos que los hijos de otros amigos, sean las próximas víctimas.


-¡Nada de eso!, somos gente pacífica y unida; no nos dejaremos asustar por nadie, interrumpió Pelota.






Figura 4. El rapto. Dibujo de: El ALEPH.


Pepito, en silencio, lo volvió a ver un poco sorprendido. Pelota, no era tan valiente que se dijera; pero estaba muy enojado. Anabella, desde hacía mucho tiempo era una de sus mejores amigas.


-Pelota tiene razón, agregó Pepito. Esto lo resolveremos pronto, debemos rescatar a Anabella antes de que sea demasiado tarde, y sacar del Valle Abandonado a los intrusos.

-¡Si, eso haremos!, dijo Pelotilla. Quien fue coreado por el resto de pobladores.


-Bien dijo Pepito, si queremos rescatar a Anabella debemos partir de inmediato. Quienes deseen acompañarnos, deberán estar en el centro de la plaza dentro de media hora.


-No podemos esperar más, vayamos a preparar lo necesario.

Mientras esto sucedía, Kyoto, se había apartado de la muchedumbre y dirigido a casa de doña Consuelo.


La puerta estaba abierta: entró, cruzó la sala y llegó al jardín; un escalofrío recorrió su piel. Con la mirada buscaba alguna pista en el lugar. Sus ojos se detuvieron sobre una pluma de gran tamaño en el jardín, la recogió y colocó dentro de su bolso. Sin encontrar nada más salió de nuevo a la calle.


Todas las personas regresaban a sus casas, al igual que Pepito, Pelota y Pelotilla, mientras Kyoto, los seguía muy de cerca.




Los Preparativos


Recoger sus equipos y partir pronto, era el objetivo de Pepito Pelota y Pelotilla. Dentro de la casa, los tres volvieron sus ojos hacia Kyoto, que entró rápidamente. Esta les mostró la pluma que había encontrado.


La pluma parece real, pero no lo es, dijo Kyoto.


-¿Entonces, de que se trata?, preguntó Pelota.


-Pareciera que se trata de aves, creadas por alguien.


-¿Robots?, preguntó, Pelotilla.


-Correcto, respondió Kyoto.


-En este caso debemos actuar pronto, la vida de Anabella está en grave peligro, afirmó Pepito.


-Tienes razón, dijo Kyoto, pues al llegar al patio donde fue raptada Anabella, tuve un mal presentimiento, la piel se me puso como carne de gallina. Deben partir de inmediato.


-Bien, dijo Pepito, no podemos esperar. Vamos a preparar nuestras cosas y partimos.


-Las mochilas están listas, dijo Kyoto.


-Tú siempre previsora, dijo Pelotilla.


Las mochilas y el contenido eran muy especiales. Habían sido desarrollados con avanzada tecnología y poderes mágicos, para su máxima eficiencia y tomado en cuenta que los tres, arriesgaban sus vidas en estas aventuras al ir al rescate de quien corrían peligro.






Figura 5. Mochila de rescate. Dibujo y composición del autor.


Pelota, tenía sus problemas, siempre debía dejar algún elemento del equipo, para dar espacio a los chocolates, lo que podría causarle problemas algún día.


Por otro lado, Pelotilla siempre estaba desarrollando y probando nuevos inventos y en ocasiones no funcionaban, poniendo en riesgo su vida.


Pepito era el más conservador, llevaba únicamente el equipo probado y que era consentido por Kyoto.


Debían siempre ir preparados para sobrevivir por lo menos durante tres días. Esto incluía provisiones para una persona adicional en cada equipo y listos para lo inesperado, esto era lo más difícil. La sorpresa no se podía prever.


Pepito salió de su cuarto y se dirigió a la sala, donde esperó a Pelota y Pelotilla.


Cuando los tres estuvieron reunidos, Pepito dijo:-Bien, otra aventura nos espera, les deseo lo mejor. Tengan fe en ustedes, que para ello nos hemos preparado.


-Así sea, corearon, Pelota y Pelotilla.


Se despidieron de Kyoto y salieron dirigiéndose a la plaza del pueblo,... no había nadie esperando para acompañarlos.


Lo sabía, dijo disgustado Pelota.


-Que te molesta, si sabes que siempre será así. Para celebraciones todos están presentes; sin embargo, en las malas nadie desea arriesgar la vida por salvar la de otro. Comentó Pelotilla.


En ese momento, unas sombras se acercaban. Los tres se pusieron en guardia. Pronto aparecieron los papás de Anabella.


-Hijos míos, les traemos unos emparedados para el viaje.

-Gracias, dijo Pepito.


Tomándolos, se despidieron y sin cruzar más palabras, continuaron su marcha.




La Montaña de la Medianoche



Figura 6. La Montaña de la Media Noche. Fotocomposición del autor.


En el pueblo se hablaba de extrañas criaturas que habían sido vistas en la montaña, cuyo aspecto era fantasmagórico y ellos debían adentrarse en ella, para luego bajar al Valle Abandonado.


La noche avanzaba a medida que los tres salían del valle y se en caminaban hacia las altas cumbres, que se perdían entre las nubes grises, que apenas dejaban ver la luna.


-¡Esto me da escalofríos!, comentó Pelotilla.


-¡A mi miedo!, agregó Pelota.


Pepito volvió a verlos y continuó la marcha.


Cerca de la medianoche, mientras subían la empinada, montaña, una ráfaga de viento frío los cubrió.


-¡Qué raro este cambio de temperatura!, exclamó Pelotilla.


Sin pensarlo, sacaron de sus mochilas unas delgadas piezas de fibra vinílica las que sacudieron y se transformaron en abrigadas chaquetas.


Eran las 12 de la noche y estaban a mitad del camino, cuando otra fuerte ráfaga de viento frío los cubrió.


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