Excerpt for La vida es una telenovela by Mauricio Bares, available in its entirety at Smashwords

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LA VIDA ES UNA TELENOVELA



Mauricio Bares





Libros Malaletra



Narrativa



Published by Publicaciones Malaletra Internacional at Smashwords

Copyright 2011 Mauricio Bares

ISBN: 978-607-8176-01-4

Made in México



Diseño de portada: Ricardo Caballero



Smashwords Edition, License Notes.

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Historieta: Ricardo Camacho Barrera
Comic-el otro nombre da la Rosa
rickamacho comics
rickamacho
Espacio de ricardo camacho
Ilustradores en México ]



Índice

Prólogo

El otro nombre de la rosa

Historieta El otro nombre de la rosa

La vida es una telenovela

No sex like no sex

La lámpara de Chéjov

¿Por qué no podemos ser los de antes?

Eso no se le hace a nadie

Legislatura de la literatura





PRÓLOGO



Nunca he escrito para agradar a nadie y estos cuentos son la mejor muestra. Se trata de algunos primeros relatos –sobrevivientes de literales hogueras– que no creí volver a publicar jamás. Sin embargo, al quedar expuestos en un blog ha hecho que les sonría la fortuna y han sido publicados en forma impresa, bajo editorial Atemporia, y ahora en formato de libro electrónico, con editorial Malaletra.

Fueron escritos hace mucho, sin demasiadas lecturas y fuera del ámbito literario, lo que los hizo disfrutables y les otorgó un aura de libertad y cinismo que apenas he podido conservar como escritor. Presentan similitudes (producto de las mismas obsesiones) pero también diferentes estilos y abordajes. Fueron la respuesta visceral a esa época en que los “alfonsinos” acaparaban todo, y cuando los blogs no eran ni ciencia ficción.

Una época cuya vida cotidiana se veía dominada por la omnipresencia de las telenovelas (y por su equivalente en el ámbito musical, la balada). Si bien las telenovelas no reflejaban en lo absoluto nuestra realidad, la realidad comenzaba a parecerse peligrosamente a las telenovelas. El relato “¿Por qué no podemos ser los de antes?” imagina un posible futuro para Luis Alberto Salvatierra y su esposa Mariana tras su final feliz en la telenovela Los ricos también lloran. Los personajes del cuento, de hecho, coinciden con las descripciones de los actores que los interpretaron.

Era una época en que la literatura –así, en general– podía ofrecer una alternativa a esta realidad, algo más sustancial, pero que en los hechos no pasaba de ser un aparato burocrático que sólo estaba dispuesto a celebrar aquellas obras donde las palabras volaban cual gaviotas a la mar.

Quizá se trata de relatos precoces. Y para que los lectores no los encontraran muy despeinados, decidí darles una “manita de gato”. La idea no era embellecerlos o “mejorarlos”, sino sólo acercarlos a la idea que siempre tuve en mente pero que la premura con que fueron escritos me impidió lograr. De esa manera, el estilo ha ganado al verse libre de fanfarronerías y ha conservado íntegramente lo demás: su ira, su ironía, sus tramas, sus tonos y sus estilos originales.



El relato “El otro nombre de la rosa” (1986) tuvo una versión cinematográfica nominada al Ariel por "Mejor ópera prima" en 1992. También fue adaptado a historieta por Ricardo Camacho en una impresionante versión de 40 páginas en El Gallito Cómics.



El relato “La vida es una telenovela” tuvo una versión para radio y se transmitió en Suiza, en español y en alemán, en agosto de 1994.





EL OTRO NOMBRE DE LA ROSA



Lo que más me gustaba de la Rosa eran sus nalgas. No es que le falte al respeto, ya sé que está muerta, por eso estoy aquí. Seguramente todos éstos iban a verla de lejitos para hacerse una puñeta bajo la mesa. Y seguro que nadie sabía que se llamaba Rosa.

–Yo sí.

También fui el primero en notar que sus nalguitas habían crecido para asombro de los idiotas que seguíamos viéndola como una niñita escurrida; en sólo dos meses, cuando pasamos de segundo a tercero de secundaria, ocurrió el milagro. Y siempre he sido muy mula con la gente, incluida Rosa. Aún así me acerqué para preguntarle que dónde había comprado esas nalguitas tan ricas si el año anterior no tenía nada. Estaba listo para una bofetada, pero luego de ruborizarse me contestó con una sonrisa que después de doce años no se me olvida.


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