Dinero llama Dinero
Guido Rosas
Dinero llama Dinero
By Guido Rosas
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© Copyright 2011 Editorial Emooby
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Título: Dinero llama Dinero
Autor: Guido Rosas
Revisión de texto: Lucía V. Abascal
Derechos reservados: © 2008: Guido Rosas
México, D. F.
© Editorial EMOOBY, 2011
Table of Contents
CAPÍTULO 1 - Dinero y abundancia
CAPÍTULO 2 - La abundancia mental
CAPÍTULO 3 - Analicemos el presente
CAPÍTULO 4 - La realidad terrenal
TABLA DE CRÉDITOS CON CARGOS DE INTERESES MENSUALES
CAPÍTULO 5 - Generemos nuevas oportunidades de negocio
CAPÍTULO 6 - Preparemos el plan de acción
BITÁCORA DE INGRESOS Y EGRESOS DURANTE 30 DÍAS
OBSERVA, APRENDE, PLANEA, TRABAJA Y LOGRA
Abundancia
Situación apta para poder satisfacer las necesidades humanas en relación con un bien o servicio.
Prosperidad, riqueza o bienestar.
INTRODUCCIÓN
En todo aquello en lo que la mente de una persona habite con intensidad y firme resolución, eso es exactamente en lo que ella se convertirá.
Sri Shankarachar
Es para mí un placer presentar Dinero llama Dinero, una serie de conceptos expuestos de manera sencilla para todos aquéllos que sinceramente estén buscando opciones que les ayuden a salir de esa cada día más discutida crisis económica.
Para empezar, lo más importante es escapar de esa trampa en la cual nos perdemos sin darnos cuenta: la queja grupal. Cada día son más las personas que sólo se limitan a lamentarse de lo que no tienen, lejos de buscar los instrumentos que las conduzcan a generar abundancia financiera; a salir de la pobreza y de la escasez.
Existen muchos caminos, lo sé. Uno de ellos, es el que planteo basado en diversas propuestas cuya aplicación práctica nos dé resultados tangibles; o sea, no se trata de meramente un concepto teórico. Yo lo he vivido en carne propia, así que hoy he aprendido a generar y a disfrutar mi abundancia.
Los instrumentos son sencillos, pero implican atención, análisis, darse el tiempo para diseñar el plan de acción y cuidar el proceso que nos llevará a disfrutar los resultados.
Te invito a jugar al máximo, a no quedarte en el intento; a ir paso a paso, con sincero análisis de tus pensamientos, de tus posibilidades y del compromiso que se requiere para avanzar.
Vivimos en un mundo que brinda abundancia extrema, sólo hay que aprender a eliminar esos límites que puedan acorralarnos y así, abrir canales de abundancia, trabajar para obtenerla y, posteriormente, aprender a hacerla evidente, incrementarla, conservarla y disfrutarla a tope.
Trabaja el análisis, el plan de acción, y te aseguro que cada día irás encontrando mejores resultados.
Nada me gustaría más, que después de ejecutar el plan de acción me escribieras y me contaras tu historia de éxito. Si trabajas a fondo, te aseguro que avanzarás en el camino del éxito. Me dará mucho gusto conocer tu historia.
Cuanto más documentados y aleccionados estemos en la búsqueda de una mejora en nuestra calidad de vida, más será lo positivo que en ella veremos reflejado en el plano personal, familiar y social.
Espero que este material te sea útil y provechoso en muchas áreas de tu vida.
Te deseo el mejor de los éxitos, hoy y siempre,
Guido Rosas

CAPÍTULO 1
Siendo niño, escuchaba una canción que en una de sus estrofas dice así: Tres cosas hay en la vida: salud, dinero y amor. El que tenga esas tres cosas, que le dé gracias a Dios.
Hoy, sigo recordándola con gusto; sin embargo, tampoco olvido este dicho popular: El dinero no es la felicidad, pero es lo que más se le parece.
En este libro, nos detendremos en uno de esos tres puntos de aquella vieja canción: el dinero.
Si bien es cierto que el dinero no compra el amor, también es un hecho que cuando estamos enamorados ayuda a lograr momentos más placenteros, como lo es, por ejemplo, el poder viajar con nuestra pareja y el comer juntos en un fino restaurante. Lo mismo pasa en cuanto a la salud. Si se tiene dinero, pero la salud no es óptima, precisamente el dinero es el que nos proporciona la posibilidad de sanar mediante medicinas, tratamientos, hospitales, etcétera. Pero independientemente de esa utilidad del dinero, éste es una de las más grandes preocupaciones de nuestra sociedad. Salimos a la calle, nos sentamos en un café y, a menudo, a nuestro oído llega un sinfín de frases relacionadas con la carestía, la pobreza, la falta de recursos… Por lo general, el ser humano habla de todo cuanto quisiera y no puede obtener. Habla del destino que le ha llevado a vivir una vida no deseada. ¿Pero en realidad las cosas tienen que ser así? Definitivamente, no.
¿Qué es el dinero? ¿Qué es la abundancia? Estas son dos importantes preguntas. Porque más allá de cómo cada uno de nosotros nos relacionamos con el dinero y la abundancia, hay dos elementos de los cuales partiré.
Dinero: moneda corriente que tiene valor legal.
Abundancia: prosperidad, riqueza, bienestar.
¿Podría concluirse que quien es próspero y posee riqueza monetaria, es rico? No necesariamente. Cada persona tiene su propia concepción de la riqueza. Gente con abundancia financiera, se siente pobre; gente sin esos recursos, se siente rica. ¿Entonces?
¿Cómo te relacionas con la abundancia? ¿Cuáles son los mensajes que día a día te repites respecto a ella?
Detente en este importante punto. Deseas más abundancia, pero, ¿en realidad agradeces la que hoy posees? Si durante unos minutos piensas en esos pequeños detalles, que por ser tan cotidianos los ves tan naturales, te percatarás de que en el mundo existen muchísimos seres que no cuentan con ellos. Pero seguro que al menos tú y yo, sí lo poseemos. Déjame darte un ejemplo de agradecimiento que al despertar manifiestes todos los días: Hoy agradezco mi abundancia, tener la oportunidad de vivir bajo un techo que me resguarda, un espacio donde he dormido, donde tengo agua para beber, un baño donde poder asearme, un vaso de leche que bebo antes de salir a trabajar, una luz que ilumina mi mañana oscura…
Son muchas las cosas que debemos agradecer, y si diariamente nos regalásemos unos minutos para hacerlo, partiríamos hacia una sensación de abundancia en lugar de quedarnos en la queja de nuestra escasez.
Hace muchos años experimenté una de las peores crisis de mi vida. Ésta se había desequilibrado y no encontraba la forma de ponerla en orden. Debía tres meses de la colegiatura de mi hijo y otros tantos de la renta de mi departamento, así que mi hijo y yo estábamos a punto de perder algo muy valioso.
Ante esto, una de mis acciones más repetidas era reunirme con amigos para compartir nuestros sentimientos de escasez, pobreza, problemas, crisis. ¿Te parece familiar esta conducta? Generalmente a la pobreza y a la queja, les gusta acompañarse de más pobreza y de más queja.
Un amigo me invitó a un taller breve de “Cómo generar abundancia”. Fui a regañadientes, pues no creía en absoluto que ese taller pudiera ayudarme. Hago notar que de entrada mi postura fue de una total renuencia a recibir información que en realidad me ayudara. Mi actitud era más la de sentirme forzado a ir en calidad de víctima, y tal vez sin saberlo conscientemente, me dedicaría a buscar el porqué para otros sí podían funcionar ciertas herramientas y para mí no.
Llegué al evento y me senté en una de las filas de atrás, a fin de que el instructor no me hiciera “preguntitas” que no deseaba responder. Prefería no ser notado. Desde mi silla observaba a la gente que estaba a mi alrededor, y nada de lo que miraba me conformaba ni me complacía. Por un lado, un montón de perdedores (como yo me sentía) buscando un milagro que los “sacara del hoyo”; por el otro, gente que estaba tomando notas con plumas costosas o cuyos zapatos costaban tanto como uno de mis meses de renta vencida o como las tres colegiaturas de mi hijo.
Mi mente estaba alerta a todo cuanto pudiera criticar desde mi frustración personal, desde mi sensación de escasez. Lejos de admitir información que me ayudara a crear abundancia, yo estaba usándola para criticar, para cancelar puntos de vista, para autojustificar mis carencias, para dar por hecho que todos mis conocidos estarían de acuerdo conmigo en que estaba escuchando pura palabrería barata y que todo eso no servía para nada. Efectivamente, para mí el taller fue un fiasco y un fracaso. Me encargué, por supuesto, de hacérselo notar al amigo que me invitó.
Es mucho más fácil justificar nuestras frustraciones, echando la culpa hacia afuera, hacia el sistema que nos gobierna, a nuestros padres, a nuestra vida. Justificarnos en “la perpetua crisis” de la cual empezamos a tener conciencia desde que somos niños. Sin embargo, si dejásemos de justificar nuestra escasez y saliéramos en busca de aquéllos que han eliminado su sensación de pobreza y que están generando abundancia financiera, seguramente aprenderíamos y lograríamos más y mejores resultados.
¿Qué estoy pensando, para entonces actuar como estoy actuando?
En mi libro Autoliderazgo, hablo acerca de cómo las creencias nos llevan a actuar de determinada manera. No estamos entrenados a escucharnos, sólo hablamos desde nuestras emociones y creencias, no nos percatamos de que lo que estamos repitiendo una y otra vez suele llevarnos a confirmar nuestras creencias y a continuar ejerciendo nuestras mismas conductas, pero con resultados desfavorables.
Años después del evento que te he narrado, mi circunstancia cambió. Hoy he modificado muchas de mis viejas y viciadas creencias. Hoy estoy seguro de que la vida es un abundante banquete donde podemos encontrar la realización de nuestros sueños. Tenemos que entrenarnos a cambiar esas creencias limitantes, a buscar los instrumentos adecuados e ir generando abundancia. Marcar esa diferencia de “ricos” que se vuelven “pobres” por haber heredado “dinero” sin saber cómo generar abundancia; y, “pobres” que se vuelven “ricos” por trabajar de manera contraria o por poseer otro tipo de herramientas constructivas.
Por eso me entusiasma tanto este libro, porque mi intención no es darte la receta secreta para ganar dinero, sino incentivarte a una reflexión que te lleve a mejorar tus procesos de pensamiento, a planear mejores conductas, a ejecutar acciones más productivas, y así se reflejen en ti como la abundancia que tú deseas.
Un día, estaba en Monterrey dictando un taller de autoliderazgo. Sobre el escritorio tenía mi computadora portátil, mi proyector, una cámara de video, una grabadora de audio, mis manuales, etcétera. Vestía un traje nuevo y unos buenos zapatos. Uno de los participantes se puso de pie frente a todos y señalando esas cosas me dijo a voz en cuello:
–¡Qué fácil es para ti hablar de abundancia y autoliderazgo cuando posees todo eso que está sobre el escritorio!
Las miré y enseguida me vi años atrás en ese evento donde a la ligera juzgué a esas personas con plumas y zapatos caros. En un segundo vino a mi mente aquella lejana situación, pero también pensé en mi sensación de abundancia y bienestar de ese momento presente. Guardé silencio unos segundos y respondí:
–Agradezco tu comentario y comprendo muy bien lo que me dices, así como las preguntas que te haces. No me detendré en explicártelo, sino que a ti y a todos los presentes los invito a esta reflexión. Pregúntate: Hago las cosas que hago gracias a las cosas que tengo, o tengo las cosas que tengo gracias a las cosas que hago.
La prosperidad es un estado de conciencia. Debemos alimentarla de pensamientos constructivos que nos lleven a acciones asimismo constructivas, para que el resultado sea la manifestación de la abundancia y la prosperidad.
Para recordar y reflexionar, resumamos:
• Hoy agradezco y estoy alerta a mi abundancia personal de las cosas que disfruto cotidianamente.
• ¿Qué estoy pensando, para entonces actuar como estoy actuando?
• ¿Hago lo que hago gracias a las cosas que tengo, o tengo las cosas que tengo debido a lo que pienso y hago?
• Hoy me alerto para ver las posibilidades de prosperar, para no perderme en la queja colectiva de los que no tienen.
Un buen principio: escucha y reflexiona tus procesos de pensamiento.
¡Escúchate!
CAPÍTULO 2
Preparemos nuestros pensamientos
Deseo abundancia. Esta es la aspiración de un gran número de personas. Pero… ¿cómo me relaciono con la abundancia? ¿Estoy listo para recibirla? ¿Si no la he recibido antes, la recibiré ahora sólo porque estoy leyendo o escuchando un libro respecto al tema?
La abundancia, así como las crisis, parte de procesos mentales. Es de suma importancia darnos cuenta de ello, pues antes de materializar esa abundancia, primero ha estado en nuestra mente.
Ya hablé de la importancia de agradecer el sinfín de cosas que poseemos y que nos facilitan nuestro día a día a pesar de hacernos falta mucha otras. No omitamos nuestro diario agradecimiento, y de esa forma no olvidaremos todo cuanto hoy poseemos. Ahora, hablaré de la abundancia desde los procesos mentales.
Cuando somos niños, no nos damos cuenta de que comenzamos a relacionarnos con muchos temas que parten desde la perspectiva de nuestros líderes de opinión. Esa perspectiva puede provenir de nuestros padres, maestros, guías e, incluso, de nuestros hermanos y de nuestros mejores amigos. A partir de las creencias de ellos comenzamos a aceptar puntos de vista y a considerarlos verdaderos. El objetivo de este capítulo es poner en duda esas creencias que hemos hecho nuestras durante años y que en muchas ocasiones nos impiden avanzar hacia la realización de nuestros sueños.
Toño, era un niño de clase media. Nunca se dio cuenta, pero las limitaciones de sus padres le eran transmitidas de muchas maneras. Toño entra en la cocina para prepararse un emparedado de paté de hígado y, mientras lo prepara, llega su madre.
–No es posible –le dice enfadada–. ¿Ya viste cuánto paté le has puesto a tu pan? Eres un auténtico derrochador. Así, lo que he comprado no va a durar nada. Contigo no hay presupuesto que alcance. ¿No ves lo cara que es la vida? Se nota que aún no tienes idea de lo que cuesta ganarse el dinero.
Toño, con sólo 8 años, recibe información que interpreta según sus ideas y la educación que ha recibido. En su cerebro se anclan algunos mensajes que a partir del momento de recibirlos afectan su vida, como por ejemplo:
• Soy un derrochador y debo dejar de serlo porque es malo.
• Es necesario ser “mesurado”.
• Lo que se usa se acaba. Hay que cuidarlo.
• Cuesta trabajo ganar dinero.
• El dinero no alcanza.
• Las cosas son caras (el paté es caro).
En la formación de Toño, como en la de muchos de nosotros, hay cantidad de eventos y mensajes que van a crear su visión de la vida: las quejas de su padre en cuanto al trabajo que cuesta llevar dinero a casa, lo caro de la vida, la incesante crisis, lo caro de su colegiatura, lo caro de los útiles escolares, lo caro de…
Toño no lo sabe, pero a medida que crezca, su cerebro estará repleto de creencias respecto a la carestía, a las limitaciones y a la pobreza. Piensa que para tener es necesario trabajar mucho y muy duro, la vida es difícil, las cosas son caras, salir adelante resultará muy complicado, tan complicado como lo es para su familia, y le será muy difícil sobrellevar sus propias circunstancias.
Cuando el cerebro ha adoptado una creencia, su proceso general es estar buscando evidencias de que lo que determina es cierto. Así, por ejemplo, una persona con una serie de creencias como las de Toño, busca evidencias de que está en lo correcto. Cualquier evento que le ayude podría servirle para decirle a otros: te lo he dicho, la cosa está difícil, la crisis va cada día peor, es muy difícil salir adelante… ¿lo ves?, “el que no transa no avanza”.
Como Toño, muchas personas viven la vida sin percatarse de su inadecuada relación con la abundancia. Y así, de adultos, realicen las actividades que realicen, siempre estarán plagados de sensaciones de escasez, de pobreza y de limitaciones.
Gracias a los créditos, mucha gente gasta más dinero del que gana y, por ende, va endeudándose hasta llegar al límite. Por otro lado, si recibe un aumento salarial sentirá “abundancia”, sólo que ésta durará hasta que “su mente consumista” se adapte a ese aumento de salario y entonces de nuevo se encuentre en las mismas circunstancias. En ambos casos es muy probable que una vez en el límite, el cerebro confirme su creencia de “el dinero nunca alcanza”.
Uno debe establecer su presupuesto de acuerdo con sus necesidades y deseos, pero sin olvidar cuáles son sus ingresos reales y sin considerar los créditos que recibe.
Te invito a tomar papel y lápiz para que realices un breve análisis. No lo dejes sólo como un análisis mental, realmente escribe. Tener la evidencia en papel, te lleva a reflexionarla con mayor profundidad y a aterrizarla como información que podrá serte útil más adelante. ¿Ya tienes papel y lápiz?
Durante unos segundos reflexiona los mensajes que a lo largo de tu infancia pudieras haber recibido en contra de la abundancia. Como ejemplo, piensa en los de Toño y escribe, por lo menos, tres situaciones tuyas.
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3.____________________________________________________________________
¿Qué consecuencias negativas han traído a tu vida esas creencias, como resultado de repetirlas una y otra vez?
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Anota el o los nombres de algunas personas conocidas, las cuales no piensen eso que tú has pensado durante años, o evidencien vivir de otra manera.
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Ahora, sustituye tus pensamientos limitantes por los que imaginas que pudiera pensar alguien que está produciendo abundancia.
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Otro punto importante es pensar en las personas con las cuales te relacionas. En el capítulo anterior mencioné que a la pobreza y a la queja les gusta acompañarse mutuamente; así pasa con todas las penurias y las lamentaciones. Observa el entorno. Cuando alguien dice que le duele algo, es muy posible que esa persona no sólo manifieste su propia dolencia, sino que seguramente será todavía peor que la tuya. Lo mismo sucede cuando alguien se queja de las circunstancias financieras y el otro enfatiza estar en una situación similar o más grave.
De lo que la gente no se percata, es que su cerebro está nutriéndose de más sensación de carencia y, por consiguiente, confirmando las creencias de pobreza y escasez que ya pudieran existir.
Escribe el nombre de personas con las que compartes sensaciones de escasez, o quejas de crisis, pobreza y carestía.
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Si has respondido a las preguntas, estás iniciado un camino que te aseguro será de gran provecho. Identificarás pensamientos no convenientes de tu historia personal y de lo que yo llamo “Club de queja colectiva”, donde te recreas en más sensaciones de carestía y pobreza.
A partir de ahora y durante los próximos treinta días, te invito a llevar a cabo esta tarea: alértate a buscar pensamientos constructivos, no te entretengas en tus viejas creencias limitantes. Escúchate, fíjate en qué momento vienen a ti esos pensamientos limitantes del pasado y cámbialos por la posibilidad que supla la queja. Alértate a no formar parte de ese “Club de queja colectiva”. Si quienes te rodean se quejan, procura mantenerte fuera de ese grupo. No está en tus manos cambiar a todos, pero sí puedes iniciar tu propio cambio: el de ti mismo. Frenar el juego de las quejas evitará el seguir confirmando en tu cerebro sensaciones de escasez.

Lo caro y lo barato
Hay otro punto que considero muy importante hacer notar en este capítulo. Constantemente la gente habla de lo caro y lo barato, dos elementos que son del todo subjetivos, pues lo caro y lo barato dependerá de varios factores.
Todo cuanto se negocia en la vida, tiene un costo y un beneficio. Por ejemplo, cuando decides ir al cine, el costo podría ser salir de casa, trasladarte al lugar, pagar un boleto y emplear dos horas de tu día viendo una película. El beneficio sería el divertirte, el entretenerte, el mensaje de la película, el privilegio de compartir el momento con alguien a quien quieres, etcétera. Observa todo en la vida, y verás sus costos y sus beneficios. Adquirir este libro te significó un costo; si te ayuda en algo, ahí está el beneficio.
Vamos a suponer que este libro te hubiera costado 10 pesos y hubieses tenido que endeudarte para adquirirlo. Si no te proporciona ayuda alguna, podrías sentir que ha supuesto un gasto “muy caro”. Sin embargo, si este material te costara 300 pesos, pero te ayudara a ganar más de lo invertido en él, podría resultarte barato. De ahí que, lo caro y lo barato son conceptos subjetivos.
Otro elemento muy importante que distingue lo caro de lo barato, es el poder adquisitivo. En mi nivel consciente, puedo pensar que determinado bien o servicio es barato en relación con otro similar, pero si no tengo los recursos económicos para adquirirlo, de alguna forma me resulta caro. NO puedo pagarlo. NO puedo satisfacer mis deseos de obtenerlo. NO puedo poseerlo.
Algo de lo que he mencionado en cursos de ventas, es que, si “el mejor de los productos” no le evidencia al cliente el beneficio que él puede recibir, y que además de satisfacer sus intereses está dentro de su capacidad de compra, entonces puede resultarle caro.
Si en circunstancias cotidianas alguien pretendiese venderte un vaso de agua en 50 pesos, podrías considerarlo muy caro. Ahora bien, si estuvieras en un desierto, muriéndote de sed porque no tienes agua, pero sí cuentas con 1 000 pesos que alguien te pide a cambio de una botella de ese preciado líquido, ¿valdría la pena pagar esos 1 000 pesos para seguir viviendo? ¿O te dejarías morir?
En una fonda, una comida barata puede resultarme muy cara si no es buena y además recibo pésima atención. Aunado con esto, pagar tal comida me ha supuesto quedarme sin dinero para transportarme a mi trabajo los días siguientes. Por el contrario, una comida en un restaurante de lujo puede resultarme barata aun cuando por ella pagaré 10 ó 15 veces más de lo que hubiera pagado en la fonda. Lo que como es delicioso, me acompaño de quien deseo, disfruto la música del lugar, de su decoración y de su servicio. Además, lo que pagaré no afectará mi presupuesto del mes, pues tengo lo que requiero y todavía me sobra.
Lo caro o lo barato depende de mis deseos, del beneficio que me otorga el bien o servicio, y de mi posibilidad de adquirirlo.
Hoy en día vivimos una era de consumismo en la cual pareciera que cuanto más tenemos, más valiosos somos. Competimos con todo lo que nos rodea, y muchas veces hacemos hasta lo imposible para acumular propiedades, llevados por el simple “beneficio” de ostentar ante otros nuestro poder de compra. Un poder basado en la “riqueza” que nos dan las tarjetas de crédito. Ahí está la trampa. En realidad, las tarjetas de crédito nos aportan una imagen temporal de opulencia, pues una vez que están a tope, adquirimos una constante deuda con el consiguiente comienzo de nuestras limitaciones.
A veces, ese complacer a quienes nos rodean nos impide reparar en que podríamos adquirir muchas cosas que a largo plazo nos aporten un beneficio mucho más productivo. Por ello, de nuevo enfatizo la importancia de nuestros procesos de pensamiento:
• ¿Para qué lo quiero?
• ¿Cuál es el beneficio superficial de lo que deseo obtener?
• ¿Cuál es el beneficio real de lo que deseo obtener?
• ¿Qué pretendo ganar más allá del objeto que adquiero?
• Si objetivamente prescindo del objeto o del servicio que deseo, ¿pierdo o gano más que si no prescindiese de él?
En el siguiente capítulo hablaremos de recursos prácticos para pensar constructivamente y fijarnos herramientas de acción a fin de lograr más y mejores cosas. Pero, enfatizo, la base será el proceso de pensamiento en el cual sustentes el siguiente trabajo.
Debemos aprender a pensar en favor de las cosas. Ver objetivamente que lo caro y lo barato dependerá de nuestro interés, de nuestro beneficio y capacidad de compra.
Concibe lo positivo, lo constructivo. Para recibir dinero es necesario abrir esos canales que hoy están bloqueados con pensamientos y decretos en tu contra. Piensa más en las bondades que tu vida actual te ofrece a pesar de las carencias. Es un buen principio, verás que hay opciones. Busca más sensaciones de bienestar en lo que recibes, no te lamentes por lo que hoy no recibes. El dinero no sólo llega del arduo trabajo, hay muchas otras maneras de obtenerlo, pero es necesario abrir canales para que llegue con facilidad. Deja de centrarte en la carestía y en la escasez, enfócate en la prosperidad. Este es un buen principio.
El mundo está colmado de abundancia y te aseguro que también la hay para ti, sólo debes aprender a ir en su búsqueda. No olvides que el éxito inicia en tu interior, no viene de fuera, y por eso es tan importante entrenarnos en cuidar los pensamientos y pensar en favor de la abundancia. La desesperación es enemiga de mentes productivas y claras. Cuanto más tranquilo estés, más fácil te será ir en busca de mejores cosas.
Trabajaremos más a fondo, pero antes de avanzar resumamos nuestro capítulo.
Para recordar y reflexionar:
• Hoy me alerto para pensar en favor de la abundancia, más allá de las limitaciones pasadas.
• Hoy hablo de abundancia y busco posibilidades, sin ser parte de la queja colectiva.
• Hoy voy más allá de mis impulsos de consumo para buscar obtener lo que realmente necesito y me beneficia.
• Hoy busco evidencias de mi abundancia actual, más allá de mis limitaciones presentes.
CAPÍTULO 3
En los capítulos anteriores hemos hablado de la concepción mental de la abundancia y la escasez. Cuidar los procesos de pensamiento para no repetir una y otra vez todos esos perjudiciales mensajes de pobreza que entorpecen la abundancia personal.
El ser humano tiene que solventar sus necesidades básicas, independientemente de su estado civil o de qué tantas personas estén a su cargo. Parte de esos requerimientos básicos son:
• Vivienda. Un espacio que me resguarde del frío y de la lluvia. Un sitio donde pueda descansar durante la noche y el tiempo que no estoy ejecutando actividades fuera de casa.
• Alimentos. Nutrirme y saciar mi apetito.
• Vestuario. Ropa para cubrirme y para, social y laboralmente, dar una buena imagen.
• Seguridad médica. Servicio médico y medicinas a fin de conservar mi salud en el mejor estado posible y así tener una vida productiva.
• Medios económicos. Para no sólo cubrir mis gastos fijos, sino también contar con un extra que me permita satisfacer gustos y enfrentar imprevistos.
Menciono algunos de los requerimientos básicos cuyos niveles son muy diversos. Lejos de nuestros deseos personales, cubrir lo básico no necesariamente implica gastar tanto como gastamos. Por otro lado, cada cual, aun teniendo los mismos requerimientos básicos, establecerá sus presupuestos según sus gastos adicionales como lo son colegiaturas, transportación, etc., y según sus deseos de esparcimiento, como por ejemplo viajes.
Pero como ya mencioné, gran cantidad de gente vive con gastos superiores a sus ingresos e, incluso, un aumento en su salario también supone un aumento en sus gastos. Esto significa que al poco tiempo quedan como al principio, siempre en el “no tengo dinero”.
El problema medular no está en el ingreso sino en la forma de administrarlo y de emplearlo. Este tipo de gente, “educada en una era de consumismo”, no sabe administrarse pero sí sabe gastar, y eso es lo que hace. Esta es una de las razones por las cuales vive en el límite.
Y yo te pregunto: ¿cómo son tus hábitos de consumo?; ¿compras porque está en oferta?; ¿porque está de moda?; ¿porque realmente lo necesitas?; ¿porque te cayó un cheque extra y “tengo dinero para gastar”?