Cúmulo sanguinolento
(Antología personal)
Alexis Cuzme
©Editorial Emooby
Cúmulo Sanguinolento
By Alexis Cuzme
Published by Editorial Emooby at Smashwords
©Copyright 2011 Editorial Emooby
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A Samy y Kary
por la resistencia
urbana y emotiva.
Table of Contents
Sublevación del diario sensacionalista
Purgado del sentimiento chatarra
Entre tu voz, tus palabras y la nada
Como si el silencio no bastara
No debe oxidarnos la costumbre
Dos pupilas no pueden abarcar todo el horror
(2009)
La muerte no existe. Nunca existió, nunca existirá.
Pero la hemos dibujado tantas veces, tantos años,
tratando de apresarla, de entenderla, que vemos en ella
algo así como una entidad, extrañamente viva y ávida.
Y sin embargo, no es más que un reloj detenido,
una pérdida, un final, una sombra. Nada.
Ray Bradbury, La feria de las tinieblas
Me da miedo la muerte,
la falta de esperanza.
Me da miedo el agua negra,
las caras de los ahogados,
las calaveras de órbitas vacías.
Me da miedo morirme,
desaparecer…
Raymond Chandler, Adiós, muñeca
Cerceno las tajadas negras
de esta metrópolis,
para bañar en sangre
las estaciones
de los gusanos de metal:
tribunas renovadas
para el mensaje.
Mamá me volvió
un enfermo
que adornó su infancia
con escobas,
un asesino de mariposas
sin conversión,
un verdugo
que decapitó roedores
que sobre poblaron la felicidad.
Ahora que retrato calaveras,
sospecho que están sucias,
como el hedor de las fuentes
tendidas en los bordes
de esta cloaca.
Puedo volverme mueca
para esta tarde remolino
de pensamientos y visiones
atrapadas.
Atrás, la urbe
es un camposanto
que me niega.
Y sollozas por la estatua
que soy,
por la estatua
que la tarde chupa.
Descuida, flotaré,
cuando las voces digan:
papá
y
amor.
¿Quién dejó a El Vengador
hacer de la venganza
un oficio lucrativo?
Escucho Criminal a todo volumen.
La muerte desde dos parlantes
es más hermosa
que correr la cortina
y ver a mi vecino
agujereado en la cabeza.
Good bye my love / no sorrow please no tears
My Dying Bride
Hurgo la ciudad
bajo la CIUDAD.
Con mi trozo de palabras
vuelto aullido callejero.
Un adiós es una granada sin seguro
calcinando la esperanza.
Y ahora que lo sé
los centavos fundidos
en las esquinas
no son garantía
de sobrevivencia.
Perforo
la muralla de carne,
desgarrado desde adentro.
Al final
su cuerpo es una masa
con púas,
que duele
en mis retinas.
Cierro los ojos, veo tu boca
extiendo mis brazos hacia ti
y solo encuentro nada.
Skálibur
Olvidé pintar los números
en la pizarra con tu nombre,
porque en cada viaje
sobre las veredas
me gusta verte atravesar
entre autos y buses,
siempre descuidada
del contacto sanguinario.
Pero avanzo
y dejo atrás llantas
y tu mirada
bajo ellas.
Dejaré de revolver
la espuma plástica
del barranco,
no encontraré el suspiro
que gastaste
sobre el tóxico vapor.
Después que la mermelada
de su sien
salpicó los muebles
y paredes,
marqué el 911,
saqué a mi hijo de su cuna
y nos fuimos.
La calle fue una feria
de globos húmedos,
reventados en cadena.
La amé, pero no nos soportó.
Conozco el dibujo a borrador
que está tras mi ventana.
La brisa de plomo
lo empapó
en un santiamén.
Colorea el asfalto
su tinta
coagulable.
Suspiro y prendo el grito
al latido feroz
de mi pecho,
desdibujando la escena.
Cada trasto desencajado
en este pozo deforme,
de humo perenne,
cerdos empachados
y niños trashumantes.
Cada centímetro
de rata sacrificada,
de desperfecto descuajado
en la pierna de la muñeca,
en la sonda sangrante y sin beber,
en el semen asfixiado del condón.
Fue el anuncio,
desde cada piedra imantada
que acudió a su cuerpo atrayente de ira,
desde cada terrón de cielo y gallinazos
de mugre y deslealtad
de espanto e imploración.
Las panteras irreconocibles
perforaron su refugio,
salpicaron la pulpa