Excerpt for ¡ Despierta ! by Carmen Keilhauer, available in its entirety at Smashwords

¡DESPIERTA !

By Carmen Keilhauer

Smashwords Edition

Copyright 2011 Carmen Keilhauer



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DEDICATORIA

A Dios, a mis hijos, a mi familia… y a aquellos amigos que entraron en mi vida cuando otros se habían ido



Tabla de Contenidos

PRÓLOGO

Por qué quiero hablar contigo

PRIMERA PARTE: EL INICIO

Capítulo 1: La Batalla

Capítulo 2: La No Aceptación

SEGUNDA PARTE: ALLÁ EN LO PROFUNDO

Capítulo 3: El Despertar

Capítulo 4: El Amanecer

TERCERA PARTE: UNA VIDA CON PROPÓSITO

Capítulo 5: Bendice tu día

Acerca del Autor



¡DESPIERTA!

PRÓLOGO

Los retos que la vida impone son, en muchas ocasiones, motivo de perder temporalmente la visión que Dios ha puesto en nuestros corazones.

Cuando los retos parecen transformarse en obstáculos y éstos a su vez parecen infranqueables, nuestra fe, nuestra esperanza, pero sobre todo nuestra relación con Dios, son puestos a prueba.

Algunas veces, el despertar es inesperado.

En realidad, en el fondo, en el largo plazo que solamente puede ser contemplado a plenitud por Dios mismo, se trata de un despertar del letargo por el que pasamos la mayoría de seres humanos: aquel que nos hace creer que estamos bien, el que nos hace volver la vista hacia otra parte para no enfrentar nuestro interior, el que impide nuestro verdadero crecimiento.

El presente libro es uno de los muchos frutos que han brotado a lo largo del camino que ha recorrido Carmen, consecuencia de la infinita Misericordia del Dios que jamás nos abandona.

El recorrido no le fue fácil o cómodo. Paso a paso, fue descubriendo día con día la transformación de su ser interior e incluso la re-edificación del ser exterior.

Al escribir este libro, como una colaboración al Ministerio que Dios ha encomendado a Carmen, he sido privilegiado testigo de su despertar, de su cambio, de su transformación.

Escuchar sus experiencias y, sobre todo, su llamado de colaborar en la restauración de otras vidas, ha permitido que nazca “¡Despierta!“, que más que un título, es una exhortación a la vida.

Sembrar amor, desarrollar un Ministerio en base a testimonio y enviar un mensaje de esperanza son los propósitos al dar vida a este texto liberador.

Confiando en Dios, página tras página es enviado un mensaje que te pide tomarse de Su Mano.

Es una parte del mensaje que Dios ha inspirado en el corazón de Carmen, mas una parte importante que te invita a creer… y a crecer.

El camino de restauración empieza hoy.

Vas a liberarte, tu vida va a ser restaurada.

Sí hay mañana, sí hay solución, sí hay un Dios que puede cambiar tu vida.

César Sánchez



POR QUÉ QUIERO HABLAR CONTIGO

Querida lectora, en este libro, encontrarás un mensaje de luz.

Tengo el convencimiento que la Misión que Dios me ha dado, estriba justamente en eso: llevar luz a muchas personas que hoy puedan estar pasando momentos de dificultad o de incertidumbre; llevarles un mensaje de esperanza que les haga saber –o recordar- la inmensidad de Dios y de Su Infinita Misericordia.

Como todo ser humano, he tenido que enfrentar situaciones difíciles que ponen a prueba la confianza y la auto-estima.

Comprendo también que Dios nos da también la fuerza para salir adelante y la oportunidad de volver a confiar y de nuevamente… ¡vivir!

Si, vivir. Una vida plena en la que abunden las ilusiones y también las realidades. Una vida con paz, con propósito, con metas que permitan desenterrar los sueños.

Comparto con ustedes estas palabras de restauración con la certeza que aquello que yo no pueda decir, Dios mismo lo dirá con amor a sus corazones.

Carmen



PRIMERA PARTE: EL INICIO

CAPÍTULO 1: LA BATALLA

"No puedes vencer a tu enemigo sin antes reconocer que existe."



Presta atención a este pensamiento: “Nunca temamos a las sombras; ellas simplemente nos dejan saber que la luz se halla por algún lugar cercano.”

Esa máxima de Ruth E. Renkee nos da el escenario ideal para comenzar.

Vamos directo al grano. Sin más introducciones. Buscaremos la luz.

Y para ello…hablaremos de una batalla, pues en realidad lo es.

¿Sabes? Ser el protagonista de una confrontación –sí, de una batalla-, representa siempre más de un solo reto.

Por un lado, está el desafío de vencer al rival. Por otro –y más importante-, el de entender el propósito de lo que ocurre.

De nada sirve vencer sin entender y no importa tanto perder cuando aprendemos algo que cambiará nuestras vidas para mejor.

Acordemos algo: la meta en toda guerra es vencer. En el caso de nuestras guerras espirituales y emocionales, el propósito ulterior es aún más trascendente: se trata de ser libres.

Así como lo lees. Libres.

Para llegar a ese estado, necesitamos, por tanto, ser liberados interiormente, pues regularmente navegamos por los mares de la vida con varios tipos de amarras.

La liberación de nuestros rencores, culpas, heridas, ataduras familiares y errores nos permitirá sanar gradualmente. Es un proceso paulatino de "quitar el espino" y sembrar.

El solo hecho de tomar la decisión de estar frente a este libro que Dios me ha regalado, es una decisión importantísima en tu caminar hacia la restauración.

No obstante, no cabe duda: es difícil aceptar las situaciones difíciles.

A nadie le agrada reconocer cuando está sufriendo.

A pesar de ello, llega el momento de aceptar que algo no está bien.

Más allá de tu pasado y de la forma en que creciste y maduraste, incluso más allá del hogar en el que te tocó vivir –si tuviste la suerte de tener un hogar como tal-, seguramente hay momentos en que te ha tocado ver los problemas cara a cara.

Viajemos en el tiempo.

En este proceso, es tan valioso percatarnos de quién creemos ser hoy día y de quién en realidad somos…

Pregúntate, recuerda…

¿Qué trato recibiste de parte de tu familia?

¿Qué tipo de educación?

¿Qué te hicieron creer sobre tu propia vida?

Así es. Estamos iniciando desde la raíz.

Si viajamos al pasado por un instante, podríamos convenir en que tú recibiste una educación y un trato semejante a alguna de estas formas:

- Como princesa: tu familia te quiso, te hizo sentir importante, te rodeó de amor, de cariño, de respeto

- Como alguien importante: tu familia te dio un hogar, se ocupó de ti, te hizo sentir especial, pero sin llegar a hacerte creer que eras la persona más especial del mundo

- Como alguien más: tenías un hogar, pero nadie se ocupó de decirte que eras alguien especial

- Sin darte un lugar: no existió en tu vida ningún tipo de trato especial o de amor



Por favor recuerda que los términos “hogar” y “familia” dependen del contexto y no necesariamente son parientes en el estricto sentido de la palabra.

Más allá del tipo de hogar y familia que tuviste en tu niñez y adolescencia, cuando el tiempo pasó y te llegó la oportunidad de tomar tu propio camino, la esperanza y la felicidad parecieron tocar las puertas de tu alma y gustosamente las dejaste entrar.

Pudiste haber estado buscando protección, seguridad, prolongar tu alegría, huir de tus problemas…tantos motivos posibles… lo cierto del caso es que un día de tantos, descubriste que aún en ese nuevo camino podías también sufrir y enfrentar obstáculos de todo tamaño.

En este capítulo, hablaremos de esos obstáculos, de lo que significan, de cómo identificarlos, de cómo pueden manifestarse y de las consecuencias que pueden acarrear en tu vida si no los cortas de raíz.

Ten en mente que batalla es un combate entre dos o más contendientes, así que, quizá puedas estar batiéndote con más de un oponente.

Empecemos…

Los puntos que quiero revisar junto contigo son:

- Qué es el sufrimiento?

- Cómo puedes identificarlo

- El enemigo silencioso: negación de la realidad

- La baja auto-estima



¿Qué es el sufrimiento en realidad? ¿Alguna vez lo has pensado?

Diríamos que sufrimiento es toda circunstancia, condición o conducta que puede provocar daño físico, psicológico o espiritual a una persona o grupo de personas.

Recuerda: “toda… conducta que…”.

Puede basarse en ataques, por así decirlo, de tipo:

- Físico

- Emocional

- Sentimental

- Espiritual



Uno de los errores más comunes que se comete es el de querer negar la realidad, justificar las circunstancias mismas o encontrar explicaciones que en realidad no van al fondo del asunto.

Interiormente, la dignidad personal y un sentimiento especial de autoprotección nos indican cuando algo anda mal…muy mal.

No es algo fácil de experimentar. Para nada. Debemos aprender a entender las razones, los “para qué” del sufrimiento, no para que sea nuestro amigo –jamás- pero sí para captar el total del paisaje.

Dice Henry David Thoreau: “De la misma manera que las tinieblas de la noche permiten ver los astros del cielo, así también los sufrimientos permiten entrever el sentido de la vida.”

Consecuentemente, si vamos a sacar algún provecho de las dificultades, demos el primer paso reconociendo que éstas existen y comprendiendo su naturaleza.

La mejor forma de identificar el sufrimiento consiste en no cerrar los ojos.

Trata de verte en el espejo y descubrir en tu mirada la forma en que te sientes.

Sé que quizá no te resulte sencillo identificar –o aceptar- si estás sufriendo.

Algunas guías para analizar tu situación se presentan en las siguientes líneas. Te sugiero –y te pido- que tengas presente que tú puedes dar el primer paso hacia tu paz interior.

La mujer que sufre, vive situaciones emocionales muy difíciles:

- Multiplicidad de sentimientos acerca de las personas o situaciones que provocan el sufrimiento. Siente miedo, enojo y, en no pocas ocasiones, también siente confusión

- Temor por la posibilidad concreta de tener que enfrentar los problemas sin ayuda verdadera de nadie más

- Pérdida gradual de la autoestima

- Ansiedad por un potencial fracaso

- Debido a perder el punto de referencia, siente culpabilidad y se pregunta si ha hecho algo mal

- Si otras personas se han enterado de su situación –cualquiera que ésta sea-, la mujer siente presiones ante opiniones externas: unos le sugieren una cosa mientras recibe al mismo tiempo opiniones en contrario

- Temor a que la situación se agrave

- Puede sentir que tiene poco apoyo; esto se basa en la creencia de que “nadie la comprende”



Todo lo anterior –o parte de ello- puede causar otro tipo de complicaciones en la relación con los demás y respecto de hábitos personales:

- Malestar, incomodidad, vergüenza en las relaciones con otras personas

- Crece el sentimiento de “quizá ya sepan que tengo un problema”

- Tendencia a desvalorizarte y culparte: surgen preguntas como “¿Qué hice mal?” “¿Qué debo hacer?”

- Tristeza, retraimiento: algunas personas buscan aislarse para no exponerse a que otros les pregunten por sus actitudes o por evidencias físicas de estar sufriendo

- Válvulas de escape: medicamentos, búsqueda de otra persona “especial” para compensar tu situación, alcohol, etc.

- Otras reacciones del organismo son: depresión, insomnio, problemas digestivos, etc.

- Actitud temerosa, indecisión: se pierden oportunidades pues el deterioro de tu interior afecta otras áreas de tu vida

- Agresividad hacia los demás: como forma de compensación

- Reacciones de huida, prisa: son reflejo de la ausencia de paz interior



¿Por qué es tan difícil reconocer o acepar el sufrimiento?

Si bien esta pregunta no tiene una respuesta única, te exhorto a buscar tus propias respuestas.

Cada persona tiene diferente forma de sentir, ha vivido cosas distintas, tiene disímiles niveles de tolerancia y también… diversidad de niveles en la capacidad de aguantar…

¡Cuidado! Hay un enemigo silencioso: la negación de la realidad.

¿Por qué en ocasiones negamos tener un problema? Algunas posibles razones son:

- Mezcla de culpabilidad e incomprensión ante los hechos

- Limitaciones económicas o laborales (cuando se trata de algo relacionado a nuestra fuente de ingresos)

- No querer reconocer que en la vida se presentan fracasos en distintas áreas de nuestra vida

- Tener un concepto equivocado de heroísmo y por ello continuar sin detenerse a analizar la situación actual

- Falta real o percibida de apoyo

- “No tener donde ir”, temor por el futuro

- Resignación ante lo que ocurre

- La baja autoestima de la víctima impide dar respuesta al problema.



Esta es una verdad innegable. A este respecto, es apropiado traer a colación este precioso relato de Jorge Bucay y que es tomado del libro “Desde el espacio interior” de D´ Kaiser. Léelo cuidadosamente:

“En su búsqueda, el joven llegó finalmente, desfalleciendo de cansancio, de hastío, de dudas, a hablar con el sabio, con el hombre de quien siempre oyó hablar.

-Vengo maestro –dijo el joven-, porque me siento tan frustrado, que no tengo fuerzas para hacer nada. Las cosas no me salen bien y he llegado a pensar que no sirvo, que no tengo futuro alguno. ¿Cómo puedo mejorar? ¿Qué puedo hacer para que me valoren más?

El maestro, sin mirarlo le dijo:

-Cuánto lo siento muchacho, no puedo ayudarte, debo resolver primero, mi propio problema. Quizá después.

Y haciendo una pausa agregó:

-Si quisieras ayudarme tú a mí, yo podría resolver este problema con más rapidez y después, a lo mejor, te pueda ayudar.

-E...encantado maestro –titubeó el joven, pero otra vez sintió, que era desvalorizado y sus necesidades postergadas.

-Bien –asintió el maestro. Se quitó un anillo que llevaba en el dedo pequeño y se lo dio al muchacho-. Toma el caballo que está allá afuera y cabalga hasta el mercado. Debo vender este anillo, porque tengo que pagar una deuda. Es necesario que obtengas por él la mayor suma posible, pero no aceptes menos de una moneda de oro. Ve y regresa con esa moneda de oro lo más rápido que puedas.

El joven, tomó el anillo y partió. Apenas llegó, empezó a ofrecer el anillo a los mercaderes. Estos, lo miraban con algún interés, hasta que el joven decía lo que pretendía por el anillo.

Cuando el joven mencionaba la moneda de oro, algunos reían, otros le daban vuelta a la cara y sólo un anciano fue tan amable, como para tomarse la molestia de explicarle que una moneda de oro, era muy valiosa para entregarla a cambio de un anillo.

En el afán de ayudar, alguien le ofreció una moneda de plata y un cacharro de cobre, pero el joven tenía instrucciones de no aceptar menos de una moneda de oro y rechazó la oferta. Después de ofrecer su joya a toda persona que se cruzaba en el mercado, abatido por su fracaso, montó su caballo y regresó. ¡Cuánto hubiera deseado el joven tener él mismo esa moneda de oro! Podría entonces, habérsela entregado al maestro para liberarlo de su preocupación y recibir entonces su consejo y ayuda.

Entró en la habitación:

-Maestro –dijo-, lo siento, no se puede conseguir lo que me pediste. Quizá pudiera conseguir dos o tres monedas de plata, pero no creo que yo pueda engañar a nadie respecto del verdadero valor del anillo.

-Qué importante lo que dijiste, joven amigo –contestó sonriente el maestro-. Debemos saber primero, el verdadero valor del anillo. Vuelve a montar y vete al joyero. ¿Quién mejor que él para saberlo? Dile que quisieras vender el anillo y pregúntale cuánto te da por él, pero no importa lo que ofrezca, no se lo vendas. Vuelve aquí, con mi anillo.

El joven, volvió a cabalgar. El joyero, examinó el anillo a la luz del candil, con su lupa, lo pesó y luego le dijo:

-Dile al maestro, muchacho, que si lo quiere vender ya, no puedo darle más que 58 monedas de oro por su anillo.

-¡¡¡58 monedas!!! -exclamó el joven.

-Sí –replicó el joyero-, yo sé que con tiempo, podríamos obtener por él cerca de 70 monedas, pero si la venta es urgente...

Corrió el joven, emocionado, a la casa del maestro a contarle lo sucedido.

-Siéntate –dijo el maestro después de escucharlo-. Tú, eres como este anillo: una joya valiosa y única. Y como tal, sólo puede valuarla verdaderamente un experto. ¿Qué haces por la vida pretendiendo que cualquiera descubra tu verdadero valor?

Y diciendo esto, volvió a ponerse el anillo en el dedo pequeño, añadiendo:

-Todos somos como esta joya, valiosos y únicos, y andamos por los mercados de la vida, pretendiendo que gente inexperta nos valore...”

¿Me sigues? ¿Por qué esperas que gente “inexperta” te valore?


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