El Espíritu Santo está hablando a la Iglesia y a todos los que vivimos en estos tiempos
Un sermón inspirado por Dios no termina como un sermón cualquiera. Mientras se predica bajo la inspiración de Dios, el predicador medita acerca de la Palabra de Dios y centra su corazón en esta Palabra. Estoy seguro de que ustedes hacen lo mismo. Espero que a través de la colección de sermones presentada en este libro, vuelvan a afirmar su fe en el Señor para seguirle hasta el final. Esta es la Palabra preciosa que el Espíritu Santo les está dando ahora mismo, tanto a la Iglesia como a todos los que vivimos en estos tiempos. Le doy gracias al Señor por permitirme predicar esta Palabra preciosa que contiene Evangelio del agua y el Espíritu. ¡Que sus corazones reciban todas las bendiciones de la fe!

La Bendición de la fe recibida con el corazón
Smashwords Edition
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ÍNDICE
¿Qué es la verdadera fe? (Marcos 11, 12-14; 19-24)
Vivan por fe para complacer a Dios (Marcos 11,11-14; 20-24)
¿Estamos caminando por fe en la justicia de Dios? (Marcos 11, 20-24)
Dios no es el Dios de los muertos, sino el Dios de los vivos (Marcos 12, 18-27)
Debemos darnos cuenta de en qué tiempos estamos viviendo (Marcos 13, 1-27)
El Evangelio solo puede predicarse cuando lo servimos (Marcos 14, 3-9)
Ahora es el momento de servir al Evangelio de Dios (Marcos 14, 3-9)
Coman la carne y beban la sangre del Señor (Marcos 14, 22-24, John 6, 53-58)
El Rey de todos los hombres nos salvó como a Barrabás (Marcos 15, 1-15)
¿Creen que Jesucristo es el verdadero Dios? (Marcos 15, 16-41)
El Señor nos ha dado la verdadera salvación (Marcos 16, 1-20)
Prediquen el Evangelio a todas las criaturas (Marcos 16, 14-18)
Quien crea y sea bautizado será salvo (Marcos 16, 14-20)

Prólogo
Imaginen a un niño pequeño con la cara entre las manos llorando. Le duele una muela que se ha podrido hasta la raíz, y cuando la infección llega al nervio, de la boca le sale un olor horrible por esta infección. El niño llora sin cesar porque siente mucho dolor. Su madre está muy triste porque no puede ver a su hijo llorar y entonces ella también llora, pero está tan ocupada intentando calmar al niño que ni se quita las lágrimas de los ojos. Sin embargo si la infección se trata correctamente, el dolor del niño desaparecerá inmediatamente y dejará de llorara para poder sonreír de nuevo.
Una cosa tan pequeña como una muela infectada puede causar suficiente dolor como para hacer que un hombre adulto llore y vaya al dentista para solucionar el problema. Si esto causa dolor, ¿cómo es que las personas no sienten del dolor de sus corazones aunque reconocen el dolor físico? La enfermedad de los corazones debe traer más tristeza y dolor a las personas, pero muchas de ellas no se dan cuenta de que sus corazones están enfermos. Quizás la enfermedad del corazón es como una célula cancerígena, porque aunque las almas de la gente enferman y mueren por sus pecados, no se dan cuenta de que están muriendo hasta que les llega el momento final. Podría haber una especie de radiografía para enseñarles cómo el pecado está devorando sus corazones y haciendo que sangren con dolor, y también podría haber un hospital donde se tratase esta enfermedad de los pecados.
Nuestros corazones sienten dolor porque nuestras almas no están sanas. Como el alma es la vida, cuando el alma no está sana, la vida está en peligro. Pero hay demasiadas personas que no prestan atención a la condición de sus corazones aunque enfermen físicamente, y se preocupan por haber perdido su salud.
La verdadera fe se tiene cuando tanto el cuerpo como el alma están en paz y armonía. Pero un corazón pecador no tiene paz ni armonía. Todo el mundo sufre por los pecados, y por tanto todo el mundo debe recibir la remisión de los pecados en sus corazones. Solo cuando todos los pecados desaparecen de los corazones se puede tener buena salud; y cuando tienen un corazón sano pueden tener un alma sana.
Espero de todo corazón que reciban la remisión de los pecados en sus corazones y que tengan un alma y un cuerpo sanos. Después de todo, ¿no es esto de lo que se trata la verdadera bendición? Si sus corazones están enfermos, todo lo que tienen que hacer es creer que Jesús ha borrado todos los pecados de sus corazones a través del Evangelio del agua y el Espíritu, y erradicar los pecados, sanar su corazón con la Palabra de Dios, y vestirse con el Espíritu Santo. Las bendiciones de la fe que se reciben en el corazón son estas. Se trata de reconocer la enfermedad del corazón a través de la Ley, encontrar a Jesucristo, el Sanador de todas las enfermedades, y nacer de nuevo al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu.
SERMÓN 1

¿Qué es la verdadera fe?
< Marcos 11, 12-14 >
«Al día siguiente, cuando salieron de Betania, tuvo hambre. Y viendo de lejos una higuera que tenía hojas, fue a ver si tal vez hallaba en ella algo; pero cuando llegó a ella, nada halló sino hojas, pues no era tiempo de higos. Entonces Jesús dijo a la higuera: Nunca jamás coma nadie fruto de ti. Y lo oyeron sus discípulos».
< Marcos 11, 19-24 >
«Pero al llegar la noche, Jesús salió de la ciudad. Y pasando por la mañana, vieron que la higuera se había secado desde las raíces. Entonces Pedro, acordándose, le dijo: Maestro, mira, la higuera que maldijiste se ha secado. Respondiendo Jesús, les dijo: Tened fe en Dios. Porque de cierto os digo que cualquiera que dijere a este monte: Quítate y échate en el mar, y no dudare en su corazón, sino creyere que será hecho lo que dice, lo que diga le será hecho. Por tanto, os digo que todo lo que pidiereis orando, creed que lo recibiréis, y os vendrá».
¿Qué es la verdadera fe?
Cuando leemos el pasaje de la Escrituras del Evangelio de Marcos, podemos ver que nuestro Señor fue a muchos lugares en la vecindad de Jerusalén y buscó algo que comer. En aquel momento vio una higuera llena de hojas. Jesús fue hacia la higuera para ver si tenía fruto, pero no tenía ningún fruto. Entonces Jesús señaló este árbol y lo maldijo diciendo: «Nunca jamás coma nadie fruto de ti».
Una higuera normalmente da fruto en la mitad del verano. Da fruto continuamente desde el verano hasta el otoño. La higuera da fruto primero, y las flores dentro del fruto salen después. La higuera también representa la nación de Israel. Estas higueras crecen en muchos lugares de Asia, y cuando estuve en Japón hace 10 años vi muchas higueras.
Jesús y los discípulos tuvieron hambre después de haber viajado mucho juntos, así que fueron hacia la higuera para tomar frutos. Pero no encontraron ningún fruto aunque estaba llena de hojas. Por tanto el Señor maldijo la higuera. Nuestro Señor también dijo: «Porque de cierto os digo que cualquiera que dijere a este monte: Quítate y échate en el mar, y no dudare en su corazón, sino creyere que será hecho lo que dice, lo que diga le será hecho». La intención del Señor al maldecir la higuera sin frutos era enseñarnos acerca de la fe verdadera. El Señor nos pidió que tuviésemos fe en la Palabra de Dios diciendo: «Por tanto, os digo que todo lo que pidiereis orando, creed que lo recibiréis, y os vendrá» (Mateo 11, 24). Lo que el Señor nos pide es fe en la Palabra de Dios. Quiere que vivamos por fe en la Palabra de Dios en vez de vivir sin una meta definida. El Señor dice: «Por tanto, os digo que todo lo que pidiereis orando, creed que lo recibiréis, y os vendrá» y así nos estaba pidiendo que recibiésemos todo lo que le presentásemos en las oraciones.
Hay algunas cosas que queremos que Dios haga y por eso esperamos pacientemente con fe. Si creemos en la Palabra de Dios exactamente como está escrita, debemos orar a Dios por fe y esperar con paciencia. Él nos prometió que haría todo lo que dijo si creemos que el Señor cumplirá estas cosas y si oramos por su ayuda diciendo: «Dios, por favor, bendícenos». El Señor escucha nuestras oraciones y trabaja por nosotros para que todo se cumpla según su bondad. El Señor dice que esta es la fe en Dios.
Nuestra vida espiritual se vive creyendo en la justicia de Dios
Nuestros cuerpos y espíritus necesitan muchas cosas para vivir con fe. Cuando no tenemos estas cosas nos sentimos incómodos y frustrados. Por tanto, necesitamos todo tipo de cosas. Pero, ¿podemos tener todas estas cosas por nuestros esfuerzos propios? No, no podemos. Durante estos tiempos, debemos creer en Dios, orar y poner la fe en acción.
El Señor dijo que debemos creer en la justicia de Dios y vivir por fe y debemos seguir la voluntad de Dios absolutamente para vivir por fe. El Señor les dijo a los discípulos en el Evangelio de Marcos: «Por tanto, os digo que todo lo que pidiereis orando, creed que lo recibiréis, y os vendrá», y esto significa que cuando buscamos las cosas que necesitamos de Dios, Él nos da estas cosas. Esto significa que Dios nos da lo que le pedimos exactamente. Debemos creer que Dios contesta nuestras oraciones cuando oramos. Y el Señor dijo que hemos recibido las cosas que hemos pedido. Cuando creemos en la Palabra de Dios, Él cumple todas las cosas como están escritas en la Palabra de Dios. El Señor nos está diciendo que creamos en esta Palabra.
Esto es vivir exclusivamente por la fe en la Palabra de Dios. Por ejemplo, la estación adecuada ha llegado para que la higuera dé fruto, pero la obra del Reino de Dios se cumple en la estación o fuera de la estación, si oramos al Señor creyendo que nos dará todo lo que le hemos pedido.
Esta es la vida de fe que cree en Dios. Nuestra vida de fe que depende de Dios consiste en creer que Dios nos da todo lo que le pedimos en oración. Entonces Dios hace todo lo que le pedimos según nuestra fe. Dios contesta nuestras oraciones y nos da estas cosas que necesitamos. Dios dijo que esta es la verdadera fe.
El Señor maldijo esta higuera y la secó hasta la raíz. Y entonces el Señor nos dijo: «Lo que me pidáis, recibiréis». Esta es la parte que Dios nos mostró claramente cuando le pedimos lo que necesitamos. Cuando oramos a Dios y creemos que nos dará lo que le hemos pedido, Dios nos lo da. ¿Creen en esta Verdad?
La vida de fe consiste creer en la obra de Dios. Está escrito: «Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve» (Hebreos 11, 1). Hay muchas cosas que necesitamos en este mundo. ¿No creen que hay muchas cosas que requieren la ayuda de Dios y que se pueden resolver con el poder de Dios? Sin embargo, cuando oramos a Dios por todo y creemos que Él nos dará todo lo que le pedimos, todos nuestros problemas se resolverán. El Señor escucha nuestras oraciones atentamente y las responde. Esta es la fe en Dios.
Debemos vivir por fe. Los justos deben vivir sólo por fe. ¿Qué podemos cumplir si lo hacemos todo según las circunstancias? No podemos hacer nada. Sin embargo, podemos hacer las cosas que agradan a Dios si hacemos su obra por fe en Dios. Recibimos la remisión de los pecados cuando creemos en la justicia de Dios, y recibimos las maldiciones si no creemos en ella. Si una persona que ha recibido la remisión de los pecados no vive por fe en la justicia de Dios está cometiendo un pecado terrible ante Dios.
Yo le pido muchas cosas al Señor porque creo en Él
Lo primero que hago cuando me levanto por la mañana es orar. Oro a Dios y le pido las cosas que necesito y que la Iglesia necesita; le pido a Dios todas las mañanas que me dé estas cosas. Y estas oraciones salen sin mucho esfuerzo, ya que creo en la Palabra del Señor que dice que contesta las cosas que le pedimos.
Orar a Dios es similar a hacer lo siguiente: Cuando voy al banco hay un formulario para retirar dinero, y cuando escribo la cantidad que deseo retirar, se me garantiza que recibiré el dinero pronto. Nuestra fe en Dios es así. Entonces, debemos creer en el hecho de que Dios nos da lo que necesitamos cuando le oramos. ¿Creen en esto? Es cierto. Creer en esto es la verdadera fe. Cuando no se tiene fe en Dios no se puede orar así. Pero cuando se tiene fe se ora fervientemente. Cuando no se tiene fe en Dios se puede desesperar. Pero cuando se tiene fe en Dios nunca se desespera.
El Señor explica que esta es la verdadera fe mediante la ilustración de la higuera sin fruto. El Señor nos dijo que la verdadera fe consiste en creer en la Palabra de Dios, y por supuesto en Dios mismo, y no en los principios naturales. Esto significa que todo se cumplirá según la voluntad de Dios si creemos en Él y en su Palabra. Esto se significa que recibimos todas las cosas por las que oramos si creemos en la Palabra de Dios y oramos a Dios. ¿Creen que recibirán todas las cosas por las que oran si creen en Dios?
Lo más importante en el pasaje de las Escrituras de hoy es que necesitamos la fe en Dios en nuestras oraciones y para vivir nuestra vida espiritual. Debemos creer en Dios con un corazón sincero. Dios nos dijo que creyésemos en Él y que así nos daría lo que le pidiésemos.
Sin embargo, el problema es que a menudo dudamos de Dios. Él nos contesta según la fe si creemos en Él completamente y confiamos en Él; pero no recibimos nada si no creemos. ¿Cómo pueden esperar una respuesta a sus oraciones sin creer en Dios? Intenten creer en Dios. Comprueben si reciben respuestas a sus oraciones. Sólo pueden decirle algo a Dios cuando no haya contestado sus oraciones a pesar de haberle orado por fe; pero no pueden dejar de creer en Dios solo porque crean que no va a contestar sus oraciones aunque no tengan fe en Él.
Crean en Dios primero. ¿Pueden creer en Dios? Quieren creer en Él, ¿pero es tan fácil como creen? ¿Qué puede darles más confianza que creer en Dios? Cuando le decimos a alguien que confiamos en ellos, esas personas intentan mantener esa confianza que tenemos en ellos y no traicionarla porque creemos en ellos. Si una persona no mantiene la confianza que se le ha dado, es su culpa. Por otro lado, cualquier persona se siente como si no le respetasen cuando no se confía en ella. Sin embargo, todos nos sentimos bien cuando se confía en nosotros. La confianza se consigue cuando las personas confían en nosotros.
Dios puede hacerlo todo por nosotros. Tenemos que creer que está de nuestro lado. Dios puede cumplirlo todo suficientemente. Y Dios también se siente bien cuando contesta las oraciones de la gente que cree en Él. Así se matan dos pájaros con la misma piedra, porque se satisface tanto a Dios como a la persona que ora. Ambas partes involucradas se benefician; como matar dos pájaros con una piedra; como barrer la calle y encontrar algunas monedas. Esta es una buena comparación.
Sin embargo, el problema es que los humanos no creen en Dios. Dios nos da la Palabra de verdad; nos dice que creamos en Él. Dios dice: «¿Vais a creer en Mí? Yo os daré todo lo que me pidáis si creéis en mí».
Queridos hermanos, ¿cuánto hemos creído en Dios? ¿Y cuántos creíamos en Dios antes de nacer de nuevo? Decimos que creemos en Dios, pero abandonados nuestra fe fácilmente cuando las cosas no van como queríamos que fueran.
Entonces, ¿cuánto más creímos después de creer en el Evangelio del agua y el Espíritu? ¿Han abandonado cuando las cosas se han puesto difíciles después de haber dicho creer en el Señor durante un tiempo? ¿Cuánto han creído en Dios? ¿Han creído en Dios hasta el final?
Dios es todopoderoso y misericordioso y contesta nuestras oraciones con todo gozo. El Señor dijo: «Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá» (Mateo 7, 7). Pero Dios no puede hacer nada por nosotros si no creemos en Él. Dios haría su trabajo por nosotros si creyésemos en Él, pero no puede hacerlo cuando no creemos en Él. Por tanto, somos seres desesperados desde el punto de vista de Dios. Parecemos caprichosos e inmaduros como niños que creen en un momento, y al momento siguiente no creen; que confían el problema a Dios y después no confían en Él. A menudo confiamos cierta situación a Dios diciendo: «Dios, por favor, toma este problema y resuélvelo. Creo en Ti, Dios». Después volvemos a Dios y le decimos: «No, creo que es una mala idea. Devuélvemelo». Y entonces le volvemos a confiar la situación a Dios diciendo: «Lo siento, Dios. sé que eres el único que puede resolver este problema».
Debemos complacer a Dios al creer en Él
El Señor dijo: «Por tanto, os digo que todo lo que pidiereis orando, creed que lo recibiréis, y os vendrá». Este pasaje significa que el Señor contestará a las oraciones hechas por fe. El Señor prometió hacernos predicadores de su palabra cuando dijo: «Pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra» (Hechos 1, 8). El Señor está diciendo que nos convertimos en testigos del Evangelio automáticamente porque hemos recibido la remisión de los pecados al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu. Debemos creer en la justicia de Dios para convertirnos en predicadores; y no intentarlo con todas nuestras fuerzas. Dios obra en nosotros cuando creemos en Él y trabajamos según su Palabra. Por tanto, debemos creer en Dios.
El Señor fue a la higuera y vio que no tenía frutos y por eso la maldijo diciendo: «Que no vuelva a crecer fruto en este árbol». Inmediatamente la higuera se marchitó. Si esta higuera hubiese tenido fe, habría orado a Dios aunque no hubiera tenido fruto hasta ese entonces. Oraría de la siguiente manera: «Dios, haz esto por mí para que pueda dar fruto. Creo en Ti, Dios». Entonces la higuera daría fruto cuando empezase a creer en Dios. Esta es la fe verdadera.
Nuestro Señor está diciendo que la higuera nos representa a nosotros, los justos. En las Escrituras los árboles siempre se refieren a los seres humanos. Todo el trabajo que hacemos puede cumplirse si creemos en Dios, y no podemos conseguir nada si no creemos en Él. Esto significa que no podemos conseguir nada si no lo hacemos por la fe en Dios por mucho que nos esforcemos. De hecho sólo podemos hacer la obra de Dios cuando creemos en Él.
La obra de Dios sólo se puede hacer cuando se cree en Él. Como hemos recibido la remisión de los pecados por fe, Dios contesta nuestras oraciones cuando le pedimos ayuda por fe para cualquier área de nuestras vidas, nuestros problemas, preocupaciones, e incluso las cosas que necesitaremos en el futuro. Dios ya ha contestado nuestras oraciones. Dios nos da todo lo que le pedimos cuando creemos en Él. ¿Creen en esto? La verdadera fe es una cuestión muy fácil cuando la entendemos claramente. Solamente consiste en confiar en Dios.
Pedir lo que necesitamos, creer en Dios y esperar su respuesta es tener fe. Así Dios nos da todo lo que necesitamos. Debemos confirmar el hecho de que todo lo que debemos hacer es creer en Dios. Y debemos creer en Él sin dudar. ¿Qué es la cosa indispensable que debemos hacer? Tener fe en Dios. Hagamos lo que hagamos debemos hacerlo por fe. Debemos orar a Dios y creer: «Dios, sé que harás esto por mi y por la Iglesia». Dios obra en nosotros cuando creemos en Él.
¿Quieren saber cómo obra Dios?
¿Quieren saber cómo obra Dios? Entonces crean en Él que obra en ustedes. Así probarán el poder de Dios si creen en Él. De lo contrario probarán las maldiciones de Dios. Si no creen en Él no permanecerán en el mismo estado actual. Incluso las cosas que tienen ahora serán arrebatadas. Hagamos lo que hagamos, primero debemos tener fe en Dios. Necesitamos fe. En nuestra vida debemos creer en Dios, y en todas las cosas que hacemos cuando le seguimos. Necesitamos la fe que cree en Dios de la siguiente manera: «Dios, sé que me darás esto. Dios, por favor, haz esto por mí».
Queridos hermanos, deben practicar la fe que cree en Dios. Vivir una vida sin objetivo después de haber recibido la remisión de los pecados no es vivir la vida de fe. Si creen en Dios podrán comer del fruto de la higuera incluso en invierno. Incluso las cosas imposibles son posibles cuando creemos en Dios. Por su fe en Dios son bendecidos. Esta es la fe en Dios. Cuando oran a Dios y creen que han recibido las cosas que han pedido, Dios hará exactamente lo que le pedieron. Cuando oran: «Dios, dame esto. Por favor, dámelo. Sé que me lo darás. Creo en Ti, Dios», entonces Dios se lo da. Pero lo único que se necesita es fe en Dios. Necesitan fe en sus vidas. Necesitan fe en Dios en todo lo que le pidan. Entonces todas estas cosas se cumplen si creemos en Dios.
El Señor llevó a los discípulos a un rincón del campo y les mostró de lo que se trataba tener fe en Dios. Jesús quería enseñarle lo siguiente a los discípulos: «Podéis comer del fruto de la higuera aunque no sea la estación adecuada si creéis en Mí. No debéis vivir sin un objetivo claro según vuestras circunstancias cuando hayáis recibido la remisión de los pecados y seáis mis discípulos. Debéis creer en Mí. Obraré en vosotros si creéis en Mí». El Señor quería enseñar esta verdad a sus discípulos. El Señor les dijo a sus discípulos repetidamente: «Porque de cierto os digo que cualquiera que dijere a este monte: Quítate y échate en el mar, y no dudare en su corazón, sino creyere que será hecho lo que dice, lo que diga le será hecho. Por tanto, os digo que todo lo que pidiereis orando, creed que lo recibiréis, y os vendrá». Cuando oramos a Dios y creemos que nos ha dado lo que le hemos pedido, nos lo da. Por tanto, debemos criar a nuestros hijos por fe. Debemos confiar a Dios por fe todas las cosas que parezcan imposibles. Todo se cumple cuando creemos en Dios.
Creer en Dios es la clave para recibir respuestas a nuestras oraciones. Creer en Dios es la fe que cree que nos dará todo lo que le hemos pedido. La respuesta a una oración es el resultado de la verdadera fe. Nuestro Señor nos enseñó esta verdad claramente. Esta es la razón por la que debemos creer en Dios mientras vivimos en este mundo y es cuestión de tiempo que Dios nos pida esta fe. Dios nos pide que tengamos esta fe.
¿Tienen esta fe en Dios? Crean en Dios sin dudar y así serán ricos en la fe. Lo más importante cuando oremos a Dios es tener fe en Él. Lo único que necesitamos es la oración de fe. Cuando oramos a Dios, debemos darnos cuenta de que no hay otra manera de creer en Él. Debemos dejar todo lo demás.
Los justos vivirán por fe
Lo único que necesitamos es creer en Dios y orar. Antes de nada debemos tener la fe que cree en Dios. Dios nos pide esta fe. Dios nos pide tener fe en Él antes de escoger los principios naturales de la vida que se presentan por nuestras circunstancias. Dios contesta nuestras oraciones si dependemos de Él y tenemos fe en Él.
Romanos nos dice que los justos vivirán por esta fe (Romanos 1, 17). En el pasaje de las Escrituras de hoy, el Señor también dijo que Dios lo haría todo si le oramos y creemos en Él. La fe es muy simple.
¿Todavía creen que hay que ir a la iglesia durante mucho tiempo para tener una fe fuerte? No, no es así. Examinen sus corazones y vean si tienen esta verdadera fe en Dios. ¿Creen en Dios? Son personas de fe si creen en Él, pero si no creen en Él no tienen nada que ver con Él.
Creo en Dios en toda circunstancia. He resuelto muchas cosas imposibles por fe en Dios. Esto se debe a que creo que Dios me dará las cosas por las que oro. Sólo tengo que creer en Dios. Dios no descansa, por tanto, lo hacemos todo por fe; trabajamos por la fe en Dios; nos ganamos la vida gracias a la fe; luchamos contra Satanás por fe; hacemos nuestras tareas por fe; predicamos por fe; trabajamos en una empresa por fe; mantenemos a nuestras familias por fe; e incluso todos los aspectos de la vida los llevamos a cabo por fe. Vivimos solamente porque creemos en Dios, y no podríamos vivir si no creemos. La vida misma es un infierno cuando no creemos en Dios.
Dios prometió que nos daría todo lo que le pidiésemos si tenemos una fe tan pequeña como la semilla de mostaza. Han vivido hasta ahora porque han creído en Dios. Se habrían suicidado si no creyesen en Dios. La fe es absolutamente necesaria. Debemos tener fe especialmente cuando estamos desesperados. Si hay una cosa indispensable para nosotros es la fe en Dios. La fe en Dios es completamente indispensable. No tienen nada de lo que preocuparse si tienen esta fe.
Queridos hermanos, ¿creen en Dios? ¿Tienen fe en Dios? Es maravilloso. Cuanto más crean en Dios, mayor será su fe. Cuanto más crean en Dios, más rica será su fe. Necesitan fe en todas las áreas de sus vidas.
Al tener la fe verdadera podemos ir al Cielo, pero si tenemos la fe incorrecta, iremos al infierno. La Biblia es la historia de la fe. Podemos vencer al enemigo por fe; luchamos la batalla de la fe por fe; ganamos por fe; y tenemos prestigio por fe. En resumen, lo hacemos todo por fe. Las personas que van al infierno lo hacen por su fe. Las personas que van al Cielo van por su fe.
Los que creen en Dios dicen: «Señor, creo. Creo que el Señor ha borrado todos mis pecados».
Entonces, el Señor dice: «Sí, esto es cierto. Iréis al Cielo».
Los que no creen dicen: «No puedo creer en el Evangelio del agua y el Espíritu. Creo que tengo pecados».
El Señor le dice a esta gente: «Iréis al infierno por vuestra fe».
Por eso van al infierno. Lo merecen por esta fe.
Los justos lo hacen todo por fe. Por la fe en Dios sabemos que creó los cielos y la tierra y todo lo que hay en ellos. Tenemos una fuerte convicción en la Palabra de Dios por fe en Él. ¿Estábamos allí cuando Dios creó los cielos y la tierra?
Dios no podría haber creado nada si hubiésemos estado allí porque le hubiéramos causado muchos dolores de cabeza.
Le hubiésemos preguntado: «Dios, ¿por qué estás haciendo esa montaña tan afilada? Se pueden hacer daño los niños. ¿Por qué no haces la punta más redonda?».
Entonces cuando Dios hiciera la montaña más redonda, seguramente diríamos otra cosa: «Los niños podrían deslizarse porque es demasiado redonda».
Entonces Dios se hubiese enfadado al final diciendo: «Intenta hacerla tú. Ya no quiero trabajar contigo. Te he creado demasiado pronto».
Todo lo que hacemos necesita fe. ¿Qué más hay? No podemos ni confiar en las cosas que recordamos con nuestro cerebro. Cuando pienso en mi capacidad, me doy cuenta de que se me han olvidado muchas de las palabras que conocía y las canciones que solía cantar. No hay nada indispensable excepto la fe. Si hay una cosa a la que podemos recurrir cuando estamos frustrados es tener fe en Dios porque Él siempre está vivo.
La fe es como un cheque en blanco con el que podemos obtener todo el dinero que queramos en cualquier momento. La gente de fe busca a Dios siempre que necesita ayuda y por eso ora: «Dios, creo en Ti. Creo que me ayudarás con el presupuesto en casa y en la Iglesia. Si necesitamos dinero, sé que nos lo darás». Se podrán preguntar por qué necesitamos dinero si podemos llevar esta Iglesia así. Debemos confesar que creemos en Dios. Necesitamos fe para criar a nuestros hijos. Creemos que Dios les hará prosperar. Incluso cuando ensañamos a nuestros hermanos y hermanas en la Iglesia, oramos: «Dios, creo. Creo que les bendecirás y les harás prosperar en cuerpo y espíritu. Por favor, ayúdales. Protégelos. Creo en Ti, Señor». Todas estas oraciones de fe son cheques en blanco en el mundo de la fe. La última carta que podemos utilizar incondicionalmente es la carta de la fe. Cuando jugamos esta carta, Dios dice: «De acuerdo. Creéis en Mí así. Haréis lo que me pidáis» y entonces hace lo que le pedimos por fe, nada más y nada menos.
En vez de pensar en esto como un mero sermón, piensen en lo mucho que hemos creído en Dios. Esto significa que nuestros deseos se cumplirán si creemos en Dios, pero que no se cumplirán si no creemos en Él. Nuestro Dios nos ha dicho lo esencial que es nuestra fe en Dios. Debemos creer en Él.
Mientras vivimos en este mundo pasamos por muchas dificultades. A veces este mundo parece muy oscuro y trabajoso, ¿no es cierto? Proclamen el nombre del Señor y crean en Él en esos momentos. El Señor nos dijo que creyésemos que hemos recibido lo que le hemos pedido. Pidan lo que necesiten. Orar es suplicar. Supliquen a Dios que les dé todo lo que necesitan. Entonces solo crean que han recibido lo que le han pedido a Dios. Esto significa que deben creer que Dios contestará sus oraciones. Saquen la última carta. Crean en Dios. Esta es la vida de fe. Esta es la vida que los justos están viviendo. Rogar es tener fe.
Queridos hermanos, crean que Dios es su Dios. Dios es el Salvador, su Pastor, y mi Pastor. ¿Creen que Dios nos da lo que necesitamos cuando le oramos? ¿Creen que Dios les bendice?
Queridos hermanos, utilicemos la fe en Dios tan a menudo como podamos. Creamos siempre en Dios. Creamos siempre en el Señor. Nuestro futuro es brillante cuando creemos. De lo contrario nos marchitamos. El Señor dijo que los justos viven solo por fe. Prosperaremos si creemos en Dios y seremos malditos si no creemos en Él.
Jesús podría haber pasado de lado delante de la higuera. Podría haber pasado diciendo: «No es la estación para los higos. se me había olvidado». Sin embargo, el Señor maldijo a la higuera diciendo: «Que no vuelva a crecer fruto de ti». Esto significa que seremos malditos si vivimos bajo los principios naturales sin creer en Dios. Esto significa que no podremos mantener las cosas que tenemos. Harán los siguientes planes: «Ahorraré esta cantidad de dinero de mi sueldo cada mes, y entonces tendré esta cantidad en 10 años. Así podré pagar la boda de mis hijos e irme a Dios después de vivir una vida en paz». Si no creen en Dios y viven según las cosas van naturalmente, Dios les dirá: «De acuerdo, es tu decisión». El Señor dijo que perderemos todo lo que tenemos si no creemos. Dios se lo quita todo a los que no creen.
Si no creemos en Dios, nos dará todas las maldiciones. No mantendremos nuestro estado actual si no creemos, sino que perderemos todo si no creemos. ¿Acaso no habla de esto el Señor en la parábola de los talentos? El Señor dijo: «Quitadle, pues, el talento, y dadlo al que tiene diez talentos» (Mateo 25, 28). Y también dijo: «Porque al que tiene, le será dado, y tendrá más; y al que no tiene, aun lo que tiene le será quitado» (Mateo 25, 29). Si no creemos en Dios, no podemos quedarnos con lo que tenemos. Lo perderemos todo si no creemos en Dios. No se puede vivir naturalmente.
Después de recibir la remisión de los pecados, podrán pensar: «Como tengo esta cantidad de dinero y tengo esta posición en el mundo, resolveré este problema de esta manera y ese problema de la otra manera aunque no crea en Dios. Tengo que vivir así».
Si tienen estos pensamientos, desháganse se ellos inmediatamente porque son muy peligrosos.
Está escrito:
“Si Jehová no edificare la casa,
En vano trabajan los que la edifican;
Si Jehová no guardare la ciudad,
En vano vela la guardia”(Salmos 127, 1).
Hemos nacido gracias a Dios y recibimos su protección y vivimos gracias a Él. Hemos recibido protección de todas las cosas que Dios nos ha dado. Quiero que se den cuenta de que vivir según la carne es un atajo hacia la destrucción. En la presencia de Dios sólo hay bendiciones o maldiciones. No hay nada en medio.
Si tienen estos pensamientos, déjenlos de lado y crean en Dios. No sufrirán ninguna pérdida si creen en Dios. Dios merece que creamos en Él. ¿Qué maravilloso es creer en Dios? Es como matar dos pájaros con la misma piedra. ¿Qué maravilloso es esto? Vivir por fe en Dios es una bendición. Reciben todo cuando creen: protección, seguridad y bendiciones. ¿Qué maravilloso es esto? ¿Cómo nos sentiríamos si lo perdiésemos todo por no creer en Él?
Creamos en Dios. Sólo los que han recibido la remisión de los pecados pueden creer. Es correcto decir que los que han recibido la remisión de los pecados están cualificados para creer en Dios. Una persona que no ha recibido la remisión de los pecados irá al infierno aunque se le deje solo, pero Dios no deja solamente que vaya al infierno, sino que además le quita todo lo que tiene. Dios dice que les arrebatará todo a los arrogantes.
La gente de fe dice: «¿Acaso no sois seres insuficientes? Dios merece que creamos en Él. No perderéis nada. Creed en Dios».
Pero una persona que no cree dice: «Es difícil creer».
Esta noción es ridícula. Debemos creer en Dios incondicionalmente sin calcular y sin ser arrogantes. ¿Qué tenemos para alardear? Solamente debemos creer en Dios. Dios merece que creamos en Él. Dios nunca nos ha mentido. Creamos en Él. Creamos como creemos en este mundo. Gritemos juntos diciendo: «Dios, creo en Ti». «Creemos en Ti, Dios». Vivamos con gozo con esta fe.
¡La fe! Las Escrituras nos dicen que esta es la vida espiritual. Nuestro Señor no nos ha pedido que hagamos algo difícil. Dios nos ha pedido que creamos en Él. Dijo que esta es la vida espiritual. Creamos en Dios como creemos en este mundo. Sea cual sea la situación en la que se encuentren, crean en el Dios de salvación con todos sus pensamientos, todos sus planes, y todas sus preocupaciones. Entonces Dios cuidará de todas las cosas.
Le doy gracias a nuestro Señor Dios.
SERMÓN 2

Vivan por fe para
complacer a Dios
< Marcos 11, 11-14 >
«Y entró Jesús en Jerusalén, y en el templo; y habiendo mirado alrededor todas las cosas, como ya anochecía, se fue a Betania con los doce. Al día siguiente, cuando salieron de Betania, tuvo hambre. Y viendo de lejos una higuera que tenía hojas, fue a ver si tal vez hallaba en ella algo; pero cuando llegó a ella, nada halló sino hojas, pues no era tiempo de higos. Entonces Jesús dijo a la higuera: Nunca jamás coma nadie fruto de ti. Y lo oyeron sus discípulos».
< Marcos 11, 20-24 >
«Y pasando por la mañana, vieron que la higuera se había secado desde las raíces. Entonces Pedro, acordándose, le dijo: Maestro, mira, la higuera que maldijiste se ha secado. Respondiendo Jesús, les dijo: Tened fe en Dios. Porque de cierto os digo que cualquiera que dijere a este monte: Quítate y échate en el mar, y no dudare en su corazón, sino creyere que será hecho lo que dice, lo que diga le será hecho. Por tanto, os digo que todo lo que pidiereis orando, creed que lo recibiréis, y os vendrá».
Está escrito en el pasaje de las Escrituras de hoy: «Y pasando por la mañana, vieron que la higuera se había secado desde las raíces. Entonces Pedro, acordándose, le dijo: Maestro, mira, la higuera que maldijiste se ha secado. Respondiendo Jesús, les dijo: Tened fe en Dios. Porque de cierto os digo que cualquiera que dijere a este monte: Quítate y échate en el mar, y no dudare en su corazón, sino creyere que será hecho lo que dice, lo que diga le será hecho. Por tanto, os digo que todo lo que pidiereis orando, creed que lo recibiréis, y os vendrá» (Marcos 11, 20-24). Como dice este pasaje, Dios quiere que tengan fe en Él. Dios nos pide que tengamos fe en nuestros corazones.
Dependiendo de si sus corazones tienen fe en Dios o no, seremos bendecidos por Dios o abandonados por Él. Si nuestros corazones tienen fe en Dios, no solo podemos ser salvados de nuestros pecados por Dios, sino que además seremos librados del Diablo, nuestros deseos se cumplirán, y recibiremos todas sus bendiciones. Dios nos pide que todo el mundo tenga fe en Él. La cuestión más crítica es tener fe en Dios.
¿Por qué maldijo el Señor a la higuera?
Cuando nuestro Señor fue de Betania a Jerusalén, vio una higuera en la distancia, y tuvo hambre, por lo que fue a la higuera para tomar algunos higos. Pero cuando el Señor llegó allí el higo no tenía frutos. Está escrito aquí en la Biblia que el árbol no tenía frutos porque “no era la estación para los higos” (Marcos 11, 13). Pero a pesar de esto, nuestro Señor le dijo a este árbol: «Nunca jamás coma nadie fruto de ti» (Marcos 11, 14).
Probablemente no crean que nuestro Señor hubiese cometido un error aquí, o que no supiese si era la estación de los higos o no. Las higueras suelen dar fruto y ser cosechadas desde la mitad del verano hasta el final del otoño. Su fruto es muy nutritivo y sabroso. Las higueras son muy comunes en países como Japón e Israel, pero aquí en Corea no vemos muchas, ya que las consideramos árboles prohibidos y no nos gusta tenerlos en nuestros jardines. Las hojas de las higueras son muy grandes y anchas y tienen forma de mano grande.
Volviendo al pasaje de las Escrituras de hoy, cuando nuestro Señor fue a la higuera, vio que no tenía fruto. El Señor maldijo a la higuera diciendo: «Nunca jamás coma nadie fruto de ti» (Marcos 11, 14). Más adelante, quizás la mañana siguiente, los discípulos vieron que la higuera se había marchitado hasta las raíces.
¿Qué tipo de corazón quiere Dios que tengamos? Quiere que nuestros corazones tengan fe en su justicia. Nuestros corazones deben tener fe en la justicia de Dios. Dios nos dijo que maldeciría a los que no tuviesen fe en su justicia, de la misma manera en que maldijo a la higuera en el pasaje de las Escrituras de hoy. El Señor nos ha salvado a través de la justicia de Dios, y nos está diciendo que maldecirá a los que se nieguen a creer en esta salvación. Esto significa que el estar bendecidos o maldecidos por Dios depende de si nuestros corazones tienen o no fe en la justicia de Dios.
Estamos benditos por Dios cuando creemos en su justicia. Lo que debemos entender aquí es que es absolutamente indispensable para tener fe en que Jesús ha salvado a todo el mundo de los pecados al encarnarse en un hombre, cargar con los pecados del mundo al ser bautizado por Juan el Bautista, y derramar su sangre en la Cruz. Solo cuando tenemos esta fe podemos ser salvados y recibir la vida eterna. Solo al creer en este Evangelio del agua y el Espíritu que Dios nos ha dado podemos convertirnos en sus hijos.
Ahora que hemos sido salvados de todos los pecados de este mundo, debemos vivir por fe
Dios quiere que creamos en su justicia y la prediquemos de todo corazón. Nuestro Señor dijo en Marcos 11, 22-24: «Tened fe en Dios. Porque de cierto os digo que cualquiera que dijere a este monte: Quítate y échate en el mar, y no dudare en su corazón, sino creyere que será hecho lo que dice, lo que diga le será hecho. Por tanto, os digo que todo lo que pidiereis orando, creed que lo recibiréis, y os vendrá».
Orar a Dios es pedirle ayuda. Se trata de contarle nuestros deseos a Dios. Y como nuestro mayor deseo es vivir por el Señor, todos debemos orarle así: «Señor, quiero vivir una vida justa. Quiero vivir como tu testigo. Quiero trabajar por tu justicia y recibir tus bendiciones durante toda mi vida». Cuando le contamos nuestros deseos a Dios y le pedimos ayuda, Él nos escuchará y contestará todas nuestras oraciones. Dios se complace en contestar todas nuestras peticiones cuando creemos en Su justicia y la predicamos.
Ahora que hemos sido salvados de nuestros pecados por fe, ¿cómo debemos vivir el resto de nuestras vidas? ¿Cómo debemos vivir nuestras vidas ahora que hemos sido librados de los pecados del mundo? La respuesta es simple y obvia: debemos vivir por fe. Para ello debemos escuchar la Palabra de Dios en su Iglesia, porque la Biblia dice: «Así que la fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios» (Romanos 10, 17). Por tanto es muy importante ir a la Iglesia de Dios y escuchar su Palabra. Solo entonces surge la fe en Dios. Aunque hemos sido salvados de nuestros pecados, no sabríamos qué hacer si no hubiésemos escuchado o entendido la justa Palabra de Dios. El Señor nos dijo: «Buscad primero el Reino y su justicia y todo lo demás se os dará por añadidura» (Mateo 6, 33). Por tanto, todos nosotros debemos buscar primero el Reino de Dios y su justicia. Y esta vida de fe se vive cuando oramos para que el Evangelio del agua y el Espíritu se predique por todo el mundo.
¿De verdad quieren vivir con las bendiciones de Dios haciendo la obra del Evangelio que complace a Dios? Entonces deben orar primero por el Reino de Dios y su justicia. El Señor nos dijo claramente aquí: «Os digo que lo que pidáis en oración, creed que lo recibiréis, y lo tendréis» (Marcos 11, 24). El Señor les está diciendo que deben creer que recibiremos todo lo que pidamos cuando oremos.
¿Qué quiere Dios de nosotros?
Dios no quiere solo que pulamos nuestra apariencia exterior para que parezcamos piadosos y santos ante los demás. No quiere que vayamos a la iglesia por obligación, y no le importa qué puesto tengamos en la iglesia o en qué seminario nos hayamos graduado. Estas son cosas superficiales que no le importan.
¿Entonces qué busca Dios? Dios mira si nuestros corazones tienen fe en su justicia o no. El Señor ha cumplido la obra de salvación con su agua y sangre para librarnos de todos nuestros pecados. Por tanto, la pregunta que debemos hacernos es si creemos que el Señor nos ha librado de nuestros pecados para siempre. Dicho de otra manera, el Señor nos está preguntando si hemos recibido la remisión de nuestros pecados y nos hemos convertido en justos al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu. Sin embargo, el problema es que hay demasiados cristianos hoy en día que siguen teniendo pecados aunque digan creer en Jesús. Sus corazones siguen teniendo pecados. Y estos cristianos nominales no son los santos a los ojos de Dios, porque tienen pecados en sus corazones a pesar de profesar creer en Jesús.
A Dios no le importa cuánto tiempo hayan sido cristianos, ni qué grande sea la iglesia a la que hayan ido en este mundo, o cuánto crean que han hecho la obra de Dios. Lo único que le importa a Dios es si han nacido de nuevo al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu que constituye la justicia de Dios, y si han vivido para predicar Su justicia. Esto se debe a que, si no creemos en el Evangelio del agua y el Espíritu, no solo es imposible recibir la remisión de los pecados por muy piadosamente que hayan vivido, sino que además es imposible deshacerse de la mano de Satanás. Estas personas siempre serán pecadoras por mucho que vayan a la iglesia y por mucho que digan creer en Jesús. Estos cristianos nominales eran pecadores antes de creer en Jesús como su Salvador, y siguen siendo pecadores incluso después de creer en Jesús. Todo lo que les espera en el futuro son las maldiciones de Dios.
Por tanto, si son cristianos así, deben creer en el Evangelio del agua y el Espíritu, el verdadero Evangelio a través del que el Señor les ha salvado. Si creen en esta Palabra de salvación que Dios les ha dado en su corazón, se convertirán en hijos Suyos. Pero si, por otro lado, han creído en el Evangelio del agua y el Espíritu de corazón, se han convertido en personas justas. Todos los que creemos en el Evangelio del agua y el Espíritu estamos sin pecados. No importa si tienen conocimiento de la Biblia o no, porque si sus corazones tienen fe en el Evangelio del agua y el Espíritu, no tienen pecados. Nosotros somos este tipo de cristianos que creen que Jesús vino por el Evangelio del agua y el Espíritu para salvar a los pecadores de todos nuestros pecados. El señor no vino para salvar a los que se creen justos, sino a los pecadores, y nosotros creemos en esta salvación que constituye la justicia de nuestro Señor.
La justicia del Señor es el hecho de que cargó con nuestros pecados al ser bautizado por Juan el Bautista y fue condenado en la Cruz en nuestro lugar. De esta manera, del modo más adecuado, el Señor nos ha salvado de todos nuestros pecados. Aceptó todos los pecados de la raza humana al ser bautizado por Juan el Bautista, el representante de toda la humanidad, y derramó su sangre en la Cruz en nuestro lugar. Y se levantó de entre los muertos. El Señor está ahora sentado a la derecha del trono de Dios Padre.
La cuestión para nosotros es si creemos o no de todo corazón que el Señor nos ha salvado de esta manera. Si creen en el Evangelio del agua y el Espíritu de corazón, serán salvados, pero si no creen en este verdadero Evangelio de corazón, seguirán siendo pecadores para siempre. Por mucho que conozcan la Biblia o muy santos que pretendan ser, si no creen en Jesucristo, quien vino por el agua y la sangre, serán como la higuera sin fruto mencionada en el pasaje de las Escrituras de hoy que no tenía nada más que hojas abundantes.
Jesús cargó con todos nuestros pecados a través del bautismo recibido de Juan el Bautista
Esta tarde he tenido la oportunidad de ver la película Ben-Hur en la televisión. Esta película describe el nacimiento de Jesucristo, el Hijo de Dios, a través del cuerpo de la Virgen María en un cuerpo humano. Cuando Jesús nació, tres reyes magos del Este fueron a buscarlo guiados por su estrella, y le ofrecieron, oro, incienso y mirra. Los pastores que había en el campo también fueron a ver a Jesús e hicieron sonar sus trompetas para celebrar el nacimiento del Rey.
El protagonista de esta película es un noble judío llamado Ben-Hur que vivió en tiempos de Jesús cuando Israel era una colonia del Imperio Romano. Ben-Hur tenía un amigo de la infancia llamado Messala, un ciudadano romano que vuelve a Israel como comandante de una brigada romana. Ben-Hur está contento de ver a su amigo y le invita a su casa para cenar. Pero la hermana de Ben-Hur está enamorada de Messala, quien la ve de una manera diferente ahora que es comandante. Aunque Messala ha perdido interés en la hermana de Ben-Hur, ella todavía le muestra afecto.
Más adelante, mientras la familia de Ben-Hur está viendo el desfile de bienvenida para el gobernador romano desde el tejado, se cae una baldosa de la casa y asusta al caballo del gobernador que lo tira de su lomo. Ben-Hur es culpado por este accidente y es destinado a las galeras como esclavo mientras el resto de su familia va a la cárcel. Messala, su amigo, es el que lo manda a las galeras. Ben-Hur cree en Dios, mientras que su amigo cree en los dioses romanos, y este es el punto importante de la película.
Mientras Ben-Hur está muriendo de sed de camino a las galeras, un joven se le acerca y le da agua. Este joven es Jesucristo. En aquel entonces Jesús estaba en este mundo. En otras palabras, el escritor de Ben-Hur centró su historia en tiempos de Jesús. Después de pasar tres años en las galeras como esclavo, Ben-Hur salva al comandante de la flota romana durante una batalla y este comandante lo adopta. Como resultado, Ben-Hur es librado de la esclavitud y vuelve a Judea, y al final de la película se venga de Messala al vencerle en una carrera de carros en la que Messala muere aplastado.
Mientras tanto la madre y las hermanas de Ben-Hur contraen la lepra en la cárcel sucia y húmeda en la que estaban retenidas. Pero cuando ven a Jesús ser crucificado su lepra es sanada. Esto nos muestra que Jesús ha borrado todos los pecados de la raza humana al venir a este mundo, ser bautizado por Juan el Bautista cuando tenía 30 años, y morir en la Cruz a los 33. En la Biblia, la lepra representa los pecados. El que la madre y las hermanas de Ben-Hur fuesen curadas de la lepra en el momento en que Jesús murió, implica que sus pecados fueron redimidos a través de Su bautismo y su sangre derramada en la Cruz.
Esta película está basada en la novela del mismo título escrita por Lewis Wallace, y que tiene como subtítulo “Una historia de Cristo.” Hay una historia interesante detrás de esta novela. Wallace intentó demostrar que Jesús era un mero producto de la imaginación de los seres humanos y decía que no era un personaje real y que los que creen en Él están equivocados. Para probar su idea, Wallace realizó muchas investigaciones, pero después de revisar todas las pruebas históricas y arqueológicas, no tuvo más remedio que arrodillarse y confesar: «Jesús, eres mi Salvador y mi Maestro». En vez de probar que Jesucristo era un personaje ficticio, Wallace escribió su novela Ben-Hur centrada en tiempos de Jesús para demostrar que Jesucristo borró todos los pecados de la humanidad, y que es el verdadero Salvador de la humanidad. Dicho de otra manera, a través de esta historia de un noble israelita durante la colonización romana, Wallace quiso contar la historia de Jesucristo y proclamarle Salvador de todos los pecadores.
Mis queridos hermanos, Jesucristo es nuestro Salvador. Dios mismo vino a este mundo como nuestro Salvador. Jesucristo es Dios. El nombre de Jesús significa el Salvador, y el nombre de Cristo significa Rey de reyes. Esto significa que Dios mismo, el Rey de reyes y el Creador del universo, vino a este mundo encarnado en un hombre. El Rey de reyes y Dios mismo vino personalmente a este mundo como nuestro Salvador. Y nos ha salvado a través de su agua y sangre. ¿Cómo consiguió esto el Señor? Lo consiguió al ser bautizado a los 30 años, derramar su sangre en la Cruz, entregar su vida, y comprarnos con el precio de su propia sangre.
Jesús borró todos nuestros pecados al ser bautizado por Juan el Bautista. Cargó con todos nuestros pecados para siempre a través de su bautismo, y los borró completamente. Por eso Jesús fue crucificado hasta morir. Cuando fue crucificado un soldado romano le perforó el costado con una lanza para comprobar si había muerto. Entonces de su costado salió una mezcla de agua y sangre (Juan 19, 34). Así la Biblia nos enseña con todo detalle que el Señor nos ha salvado a través de su agua y sangre.
Jesús, el Hijo de Dios, vino a este mundo y nos salvó no solo con palabras, sino con acción, cargando con todos nuestros pecados con su bautismo. El Señor nos ha salvado al cargar con todos nuestros pecados a través de su bautismo. Y al cargar con todos los pecados de la humanidad, fue condenado en nuestro lugar para pagar el precio de todos nuestros pecados con su propia vida. La Biblia dice que como Jesucristo fue bautizado por Juan el Bautista y fue crucificado, pudo librarnos de todos nuestros pecados. Los que creen en esta Verdad son los que creen en la Palabra del Evangelio del agua y el Espíritu completamente. Solo estas personas que creen en la Palabra de Dios completamente pueden ser libradas de los pecados del mundo.
¿Tienen fe en el Evangelio del agua y el Espíritu en sus corazones?
¿De verdad creen en esta Verdad del Evangelio del agua y el Espíritu? Dios quiere que todas las higueras den fruto. Dicho de otra manera, Dios quiere que tengan fe en el Evangelio del agua y el Espíritu, su Palabra, en sus corazones. El Señor está preguntando si tienen pecados. ¿Tenemos pecados los verdaderos creyentes de su Palabra? No, no tenemos pecados.
Entonces, ¿cómo nos ha salvado el Señor de nuestros pecados? Nos ha salvado al venir a este mundo, cargar con todos los pecados al ser bautizado por Juan el Bautista mediante la imposición de manos del Antiguo Testamento, y ser condenado a morir en la Cruz por nosotros. Solo al creer en esta Verdad nuestro corazón puede estar sin pecados. El no tener pecados es el fruto de la fe verdadera. Y esta fe es la que el Señor nos pide. El profeta Isaías dijo: «Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados» (Isaías 53, 5). Aunque Jesucristo nunca cometió ningún pecado, como cargó con todos nuestros pecados en el río Jordán a través de su bautismo, tuvo que morir en la Cruz.
¿Cuál es la Verdad de salvación? El Evangelio que proclama que el Señor nos salvó a través de su agua, su sangre y el Espíritu. Al creer en este Evangelio de Verdad podemos llegar a la verdadera salvación. ¿Creen en esta Verdad con todo su corazón? La Biblia dice claramente: «Porque con el corazón se cree para justicia, pero con la boca se confiesa para salvación» (Romano 10, 10). El que tengan esta verdadera fe o no depende de si creen o no en el Evangelio del agua y el Espíritu; y esta fe es lo que determina si reciben la salvación o la destrucción eterna. Su fe no debería ser como la de la higuera que no tenía nada más que hojas densas, sino que debe ser sincera. La cuestión es si tienen o no fe en el Evangelio del agua y el Espíritu en sus corazones. Y podrán ser salvados solamente si creen en este Evangelio del agua y el Espíritu de corazón; de lo contrario no podrán alcanzar la salvación.
Cuando mi corazón tiene problemas, busco la voluntad de Dios. Entonces me doy cuenta de que el Señor me está diciendo que predique el Evangelio del agua y el Espíritu a pesar de mis dificultades. Sin embargo no estoy predicando este Evangelio por mis propios esfuerzos, y la gente no recibe la remisión de los pecados por mi trabajo solamente. No debo pensar que estoy haciendo la obra de Dios gracias a la ayuda de otras personas. Por tanto, hay muchos trabajadores que me ayudan a predicar el Evangelio, pero Dios ha planeado dar la salvación a todo el mundo mediante el Evangelio del agua y el Espíritu. Por tanto, hemos estado predicando el Evangelio en todas partes, tanto en casa como en el extranjero, y creemos que gracias al plan de Dios hemos podido predicarlo hasta este momento.
Ahora que hemos sido salvados de todos nuestros pecados al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu, lo primero que hay que hacer ante Dios es unirse con su Iglesia por fe. Deben estar preparados para seguir a la Iglesia de Dios, aunque algunas de sus enseñanzas sean diferentes a las que conocían anteriormente. Esto requiere que se unan a la Iglesia de Dios. Y todos ustedes deben desear convertirse en obreros de la justicia ante Dios. Como han recibido la remisión de los pecados al escuchar el Evangelio del agua y el Espíritu, deben intentar convertirse en obreros que predican este verdadero Evangelio a los demás.