Yo de mayor quiero ser
Emprendedora
Published by Carmen F.S. Pérez at Smashwords
Copyright 2011 Carmen F.S. Pérez
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DEDICATORIA
Este libro está dedicado a los que han soportado y soportan mis locuras, en las que muchas veces se ven arrastrados sin previo aviso, con especial mención de honor a mi marido y a mis hijos. Sin ellos no habría podido volar. Ellos hacen mis sueños realidad.
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PRÓLOGO DE LA AUTORA
Todos sabemos que no es fácil sacar adelante un proyecto empresarial, aunque sea un pequeño negocio. Sin embargo la publicidad, igual que hace con todos los productos que anuncia, nos vende la película de la fabulosa aventura del Emprendedor, nos animan a lanzarnos sin miedo y nos cuentan increíbles historias casi milagrosas de grandes éxitos.
Seamos realistas. Sin duda es una fabulosa aventura, pero no se reduce a éxitos ni a fracasos. No hay manuales ni fórmulas mágicas. Lo que hay es mucho que contar, y si bien los “éxitos” nos animan a lanzarnos, los “errores” y “fracasos” son las historias verdaderamente útiles.
Yo emprendí con gran entusiasmo mi primer negocio, un negocio pequeño, casi autoempleo. A raíz de mi experiencia he orientado, colaborado y acompañado a muchos emprendedores que han abierto negocios de todos los tamaños. He acertado y me he equivocado, no tengo respuestas para todo, pero compartirlo con vosotros es mi mayor recompensa.
Este libro es una recopilación de distintas experiencias vividas y las conclusiones a las que me han llevado, algunas experiencias de éxitos pero sobre todo de errores. Precisamente esas cosas que no te cuentan en los manuales ni en los servicios de orientación.
Cada historia es diferente pero os aseguro que el Emprendedor es una persona especial, lo llevamos en la sangre, a veces permanece latente muchos años, pero antes o después, termina por brotar. Igual que no todos servimos para Cirujanos, ni para Profesores, ni para Funcionarios, tampoco cualquiera puede ser Emprendedor.
La mejor virtud del auténtico Emprendedor es la de no rendirse jamás. Este camino está lleno de sorpresas inesperadas, a veces me recuerda a un videojuego, aunque os contemos muchas de ellas nunca las conoceréis todas, surgen como las setas con la lluvia. Así que no perdáis nunca las ganas de luchar, porque no conozco ningún caso en el que no haya habido caídas, y os aseguro que cada vez que os levantéis seréis más fuertes y sabios, porque como bien dice el refrán “quien tropieza y no cae, adelanta camino”. Así que si ese gen revoltoso os hace cosquillas, mucho ánimo y ojalá que este libro os ayude.
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INDICE
I. NACIMIENTO DEL "EMPRENDEDOR"
1. El anuncio de la tele "Empréndelo..."
II. EL EMPRENDEDOR DA SUS PRIMEROS PASOS
7. ¿Qué hago primero, y después...?
9. ¿Cuándo me doy de alta en Hacienda, y en la Seguridad Social?
10. ¿Lo puedo hacer solo o necesito ayuda?
22. El "capullo" se transforma en Mariposa
23. La Mariposa emprende el vuelo
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I. NACIMIENTO DEL “EMPRENDEDOR”
1. El anuncio de la tele “Empréndelo...”
¿Cuándo surge el emprendedor? ¿nace o se hace?. He ahí la eterna pregunta, ¿surge cuando por alguna misteriosa razón una feliz idea ronda su cabeza, o es su deseo de emprender el que le hace buscar la idea que justifique su inquietud?
Hay de todo. Están los que tienen una idea muy clara, una vocación definida, un negocio fijo en su cabeza. Puede ser el caso de aquellos que quieren seguir trabajando en lo mismo de siempre, pero como se suele decir “para ellos mismos” porque no les gusta cómo lo organizan sus jefes o porque no ven otra forma de prosperar en su profesión.
En otras ocasiones el origen está en algo que quizá no tenga nada que ver con tu profesión actual, pero por algún motivo ves una oportunidad clara de negocio, y para sorpresa de los que te rodean, te lanzas a algo totalmente imprevisto.
Otros en cambio, lo único que tienen claro es que quieren “emprender” y buscan hasta encontrar el negocio adecuado.
No siempre surgen de aquí verdaderos emprendedores pero en todos estos casos y muchos más, es habitual que estén buscando la excusa para lanzarse y por eso se les despierta la “chispa” cuando la publicidad llega a sus vidas con mensajes muy atractivos de grandes éxitos. Es curioso cómo nos afecta la publicidad, cómo oímos lo que queremos oir y cómo nos creemos lo que estamos deseando creer. Y lo digo porque yo soy una persona que no me suelo dejar “engañar” por los anuncios, soy de esas escépticas que conoce muy bien la cantidad de maquillaje y de montaje que hay detrás de cada imagen. No me dejo impresionar fácilmente por los productos mágicos de limpieza, ni por las cremas milagrosas, ni las dietas infalibles, ni los coches perfectos... Sin embargo, cuando escuché, vi y leí tantas campañas en las que animaban al emprendedor anunciando ayudas y subvenciones, todo tipo de facilidades, os puedo asegurar que me lo creí al dedillo, quería creérmelo.
Hasta cierto punto de algo me sirvió, porque en más de una ocasión fui yo la que informó al funcionario de turno de la campaña anunciada de la que él no había oído ni hablar, instándole a investigar por su ordenador hasta dar con el formulario que desconocía totalmente.
Pero sinceramente, me confirmo en mi convicción de que la publicidad es sólo eso, publicidad. Hay muy pocas verdades detrás de cualquier producto anunciado.
Y es curioso las vueltas que da la vida, porque apenas un año después del comienzo de mi carrera de emprendedora, un Banco me eligió, y digo eligió porque no me contrató, vamos, que no me pagó por ello, para hacer un anuncio en televisión utilizando mi imagen para una campaña de ánimo hacia los emprendedores. Quizá la culpabilidad que siento por haber colaborado en esa imagen es la que me hace sentirme aún más necesitada de explicaros con más detalle todo lo que se esconde detrás, todo lo que no nos cuentan en los anuncios.
La cuestión es que en algún momento la chispa se prende. Quizá ese anuncio, o una experiencia cercana de alguien conocido, o un dinerillo que llega, o simplemente el reloj biológico que te dice que ha llegado tu momento.
Y sin saber cómo, te ves a ti mismo leyendo ávidamente todo lo que encuentras en internet, en los folletos, haciendo números en las servilletas de los cafés, devorando ávidamente esas maravillosas historias que cuentan en las revistas. Pides cita en el servicio gratuito de asesoramiento de tu Ayuntamiento, de tu Comunidad, de la Cámara de Comercio.
Si te sentías aburrido y cansado de tu trabajo diario, ahora lo encuentras aún más terriblemente aburrido y te justificas a ti mismo para realizar este cambio en tu vida, porque es una situación inaguantable y sin posibilidades de futuro, está claro que tienes que hacer algo. Todas las lamentaciones por tu día a día se convierten de pronto en la más pesada carga. Simplemente no te queda otro remedio que cambiar de vida.
Cada conversación se transforma en un debate sobre esa idea que te ronda la cabeza. Tu mujer, tu marido se extrañan o quizá ya se lo esperaban, pero de algún modo se preocupan por ese cambio y te acosan a preguntas: qué, cuándo, cómo, qué pasará si... y si tu cabeza ya estaba aturdida con preguntas sin respuesta cada día surgen más y más. Pero lo ves claro, no sabes qué ves ni cómo es, pero lo ves claro. Y según pasa el tiempo se empieza a convertir en una necesidad apremiante. Un paso hacia delante y cinco hacia atrás. En algunos casos tus familiares y amigos te animan y alientan. En otros casos intentan desanimarte pero como no lo consiguen, lo conviertes en tu gran secreto y trabajas duramente para darle una imagen convincente contra la que no puedan decir nada negativo.
En esta fase es muy habitual que inflados de tanta lectura nos consideremos los más expertos en el tema. Aunque nos rondan mil dudas y preguntas por la cabeza, sentimos por otro lado que sabemos “mucho”. Nos hemos lanzado de una forma tan exhaustiva a investigar y estudiar que nos sentimos preparados para sacar un 10 en el examen. Como se suele decir, “todo es tan fácil en teoría”, los números cuadran en la servilleta de papel, las hojas excel quedan perfectas. Y miramos a nuestro alrededor y nos preguntamos, si ese o esa lo ha conseguido, yo no voy a ser menos, sin pararnos a pensar las mil circunstancias tan diferentes en la vida de cada persona. Empezamos a desvariar un poquito y nos vamos por las ramas. Aún no hemos sembrado la raíz y ya tenemos claro lo que vamos a colgar de las ramas del árbol, cómo lo vamos a llamar, e incluso el vestido que nos vamos a poner el día de la inauguración.
La fantasía nos desborda, nos trasladamos con gran facilidad al nuevo mundo que estamos creando. Se van a acabar los horarios actuales, porque al ser propietario de mi negocio, voy a disponer de mi tiempo a mi gusto. Todo “mi”, el paso al otro lado de la barrera. Y podré acudir por fin a las reuniones del cole de los niños, y de tiendas cuando quiera, no sólo los sábados, o de viaje a esquiar sin pedir permiso a nadie. Adiós a los jefes dictadores y a la comida recalentada en el microondas de la oficina. Cuántos pájaros de papel salen volando de nuestras cabezas.
Lo malo es que creemos que tenemos controlada la fantasía. Nos creemos conscientes de lo que realmente supone el cambio de vida. Algunos ejemplos:
- Sabemos que tener nuestro propio negocio supone no dejar de pensar en ello los fines de semana... pero bueno, en mi trabajo actual tampoco consigo desconectar, al menos si tengo dolores de cabeza que sean por algo propio.
- Aunque posiblemente dedique muchas horas al negocio, voy a poder administrarme a mi gusto, si necesito tomarme una mañana o un día libre, podré hacerlo.
- Al principio ya sé que será duro pero no hay mal que cien años dure, seguro que merece la pena.
- Por supuesto voy a ganar más dinero que ahora, no nos planteamos otra opción.
Si os sentís en mayor o menor medida identificados con estas situaciones sólo os recomiendo una cosa. Recordad siempre que nadáis en aguas desconocidas, que las apariencias engañan, que sólo estáis viendo la punta de un gran iceberg. Por supuesto que es buenísimo y necesario empaparse de información y de todo el conocimiento posible sobre lo que queréis hacer, pero por mucho que os sintáis preparados para sacar un 10, no os engañéis, no sabéis todas las respuestas, no lo tenéis todo controlado. Si tomáis la decisión que sea siendo conscientes de dichos riesgos y dudas, que no os sorprendan luego, es mejor estar preparado para lo que pueda ocurrir y que si algo nos sorprende que sea el hecho contrario, que no se cumplan nuestros temores.
La decisión está tomada. Ahora es imprescindible averiguar hasta dónde podéis llegar. Y dais los primeros pasos. Os puedo asegurar que muchos no pasan de ahí, y eso no es malo, al contrario. Quizá den el paso más adelante, simplemente no era el momento, pero ya están más preparados. Porque cuando el gusanillo comienza a removerse no suele parar hasta conseguir aflorar. O quizá no lo haga nunca y simplemente descubramos que era una falsa alarma. Porque tengamos en cuenta que no siempre el dolor en el costado es síntoma de apendicitis, quizá tengamos simplemente agujetas.
En esta fase es incluso aconsejable asesorarse debidamente, aunque nos cueste dinero y tiempo, os aseguro que no es dinero ni tiempo tirados. El primer paso no es por obligación un punto de no retorno. Este es otro error muy frecuente. Por algún motivo consideramos que ya no podemos volver a lo de antes, de hecho este error se repite constantemente durante todo el proyecto. Pues hay veces que dar marcha atrás es avanzar hacia delante, y es más fácil recuperar el dinero invertido en este momento que si seguimos en la misma línea. No nos obcequemos con que no hay más salidas. Sin abandonar nuestro objetivo, a veces hay que cambiar el rumbo porque aunque veamos que el camino más directo nos llevaría en seguida allí, a veces las tormentas o los barrancos nos obligan a tomar otra ruta.
Ha llegado la hora de ponernos un poco más serios y bajar de las nubes. A partir de ahora cada paso tiene consecuencias. Hay una tendencia a pensar que en este momento sólo hay un camino. Pero ¿cuál es el camino?, ¿llevar a cabo el proyecto tal y como lo pensamos inicialmente? Seamos realistas. Ser capaz de reconocer los errores es el mayor paso que podemos dar hacia delante. Quizá descubramos otro camino mejor. No nos cerremos las puertas. Y no estoy hablando de volver a nuestra situación anterior, a nuestro trabajo anterior, en el caso de que lo hayamos dejado. No estoy hablando sólo de cubrirnos las espaldas con un colchón de dinero o una situación de excedencia en un contrato con posibilidad de vuelta. Estoy hablando de otra cosa, de mantener la cabeza fría y capaz de analizar la situación en cada momento para valorar hacia qué lado se inclina la balanza.
Tengamos en cuenta que estoy hablando de emprendedores que no suelen tener mucho respaldo económico. Pero emprender es asumir riesgos, si no estamos dispuestos a ello, si queremos tenerlo todo blindado, entonces disculpadme, pero no sois emprendedores. Una cosa es no ser temerarios, otra muy distinta es creer que todo nos va a salir como teníamos planeado. Si la seguridad es más importante que las cosquillas del gusanillo interior, o mejor dicho, si la falta de seguridad os da auténticas úlceras de estómago, preparad unas oposiciones, está claro; o buscad el trabajo que os garantice la salud, porque como emprendedores os dará un infarto. Si no disfrutas en el camino algo va mal. Si sólo esperas llegar a algún sitio para empezar a disfrutar olvídate, porque el concepto es diferente. Esto no son unas oposiciones, dos, tres o cuatro años encerrado sufriendo para estudiar la oposición a notario, por poner un ejemplo, sabiendo que después, el resto de tu vida, está solucionado. El emprendedor nunca deja de emprender y emprendemos porque disfrutamos haciéndolo.
No nos engañemos. Cuando nos asesoran para hacer nuestro Plan de Empresa nadie nos dice qué cantidad de dinero debemos reservar para “asumir riesgos”, en otras palabras, cuánto dinero debemos estar dispuestos a “perder”. Pues es la primera lección.
Podemos encontrarnos en una situación en la cual hemos gastado un dinero que no vamos a recuperar. Incluso si no tenemos previsto “perder” ese dinero y aunque no sepamos qué vamos a hacer para recuperarlo porque lo necesitamos, o incluso si hemos firmado un préstamo y un compromiso de pagos, no os obcequéis, si por lo que sea vemos claro que no es viable seguir en la línea que íbamos no nos empeñemos en huir hacia delante. Mantengamos la cabeza fría y estemos siempre dispuestos a parar y buscar otro camino. Porque cambiar el rumbo no significa retroceder, quizá avancemos así mucho más. Yo diría que no debemos apostar más de lo que haríamos en el Casino o en la Bolsa. Pero es muy difícil estar en una situación tan desahogada económicamente e igual que el juego, suele arrastrar más de lo que teníamos pensado inicialmente invertir.
Hubo una época en la que emprender estaba reservado a muy poquita gente adinerada. Hoy es posible para un número de gente mucho mayor, pero mucho ojo con la financiación, a la que dedico muchas páginas, y aún me faltará espacio. Los Bancos nos engañan, lo digo clara y abiertamente, pero también es culpa nuestra porque nos dejamos engañar, porque queremos que nos engañen. Igual que lo hacemos con las compras a plazos y las tarjetas de crédito. Si no eres capaz de controlar el crédito, no lo utilices. Lo que nos cuentan los Bancos es igualito que la publicidad, pura fachada.
Pero volvamos a nuestro ilusionado emprendedor aprendiendo a caminar, torpe en sus primeros pasos. Su ilusión es abrir esa tienda tan especial, dar ese servicio que es su profesión de toda la vida o vender esa mercancía que conoce a fondo. Y ahora resulta que su gran “idea” su “proyecto” que parecía lo más importante, en realidad importa muy poco y se queda en segundo o tercer plano. Lo habitual es que no se trate de una persona experta en el mundo empresarial, en realidad lo desconoce totalmente y además le aterra y no le interesa lo más mínimo. En su cabeza sin embargo el mensaje es muy clarito: si tienes un sueño puedes conseguirlo, lo que importa es tu idea, si es buena triunfará. Nadie le prepara para las sorpresas. Y con toda su ilusión trabaja duramente en su proyecto, lo pinta de muchos colores y vive feliz sin preocuparse de ese montón de cosas que le acechan en la oscuridad.
En gran medida eso es cierto. Si nuestra idea, nuestro proyecto, no está bien desarrollado y elaborado, si no es bueno, no vamos a ninguna parte. Pero no es lo único y ahí el mensaje ya no es tan claro. Y de hecho, aunque sea bueno, puede fracasar por culpa del vestido que le pongamos.
Es el momento de pararnos a pensar qué es lo que realmente queremos y qué buscamos en la vida. Son muchos los ejemplos de ideas y proyectos premiados y reconocidos mundialmente, que sin embargo son negocios ruinosos. Hay mucha imagen equivocada en la vida cotidiana. Y es que la gente en seguida hace unos cálculos estupendos.
Todos hemos oído y leído el caso de los grandes chefs y sus restaurantes, que no son precisamente una fuente de beneficios. Por citar un ejemplo que conozco más a fondo tenemos el caso de las escuelas infantiles o guarderías como tradicionalmente las conocemos. Cuánta gente me ha dicho totalmente convencida que son un pedazo negocio, porque hay que ver lo que cobran por niño. De hecho tengo muchos recortes de prensa, artículos de periódicos y datos contrastados que durante unos años se publicaron difundiendo la gran demanda que había en este sector y por tanto, si había demanda, estaba garantizado el éxito de este negocio. Sin tener en cuenta que la demanda no es el único factor necesario. Y además, decían, hay multitud de ayudas y subvenciones. Pues bien, no os podéis imaginar lo lejos que está de la realidad y lo mucho que varía la historia según quién nos la cuente.
Imaginemos dos escuelas del mismo tamaño con igual capacidad de número de niños y que cobran el mismo precio. En el primer caso el local es de alquiler y la mayor parte de la inversión se ha realizado con préstamos bancarios. En el segundo caso el local es propiedad de las dueñas y está pagado totalmente, además la inversión fue al 90% un dinero que cobró limpio de una herencia con lo cual ni paga cuotas de alquiler, ni de hipoteca ni de ningún otro préstamo. Y además, para rizar el rizo, en esa escuela están empleadas las 3 socias y que ejercen una como directora, otra es la encargada de toda la administración llevando incluso su propia contabilidad y nóminas con lo cual no paga gestoría externa, y la tercera es maestra y se encarga de toda la coordinación pedagógica. Como podéis imaginar si escuchamos a una y a otra escuela nos van a contar una historia muy distinta de sus beneficios.
Este es un error muy habitual en el que caemos todos. Se dice, se lee, se comenta que el negocio de “lo que sea” es muy rentable. No nos equivoquemos, no es el negocio en sí: la venta de ropa, los supermercados, las escuelas infantiles... un mismo negocio puede ser ruinoso y otro generar grandes beneficios. Insisto, no es lo que hacen sino cómo se hace lo que genera beneficios o no.
Es también muy habitual mirar enfrente y decir, pues ellos no tienen rampa en la entrada o no tienen baño para minusválidos, o las puertas son de otro modo, o no tienen ventanas, o hay más de 20 alumnos por aula o sirven sólo cenas y no abren para comidas y un largo etc... Por no hablar de que fulanito abrió en 3 meses así que eso debe ser el tiempo necesario y otras mil comparaciones que sólo nos llevan a gravísimos errores. Existen tantísimas circunstancias diferentes, variables que desconocemos, que si nos fiamos de esos datos, hemos fracasado antes de empezar. No juzguemos por las apariencias, no nos creamos tan preparados para sacar un diez en el examen, porque igual hasta suspendemos, cuando creíamos que íbamos para sobresaliente.
Por eso mucho cuidado con las ideas y los proyectos. Son muy importantes, por supuesto, pero no son en sí mismo la garantía de obtener beneficios económicos, pues depende muchísimo de cómo se hace, más incluso de lo que se hace.
Y volvemos a la pregunta que hacíamos antes, ¿qué buscamos con este giro en nuestras vidas? beneficio económico principalmente o satisfacción personal de hacer lo que nos gusta y como nos gusta; autoempleo o crear una gran empresa que crezca sin límites. Es cierto que muchas veces la vida nos sorprende y surgen grandes imperios donde no se esperaba, pero nada ocurre por casualidad, de eso estoy segura. Cuando vemos unos niños muy bien educados os aseguro que no han salido así ellos solitos, hay personas que nacen más o menos tranquilas o nerviosas pero un niño bien educado no es por casualidad, ha habido mucho por detrás. Y cuando una pequeña empresa se convierte en un imperio, estoy segura que desde el principio, su creador tenía ese objetivo, más o menos latente, por encima de otras cosas. Otra cuestión es que consigamos lo que queremos, pero seamos sinceros con nosotros mismos y averigüemos qué hay realmente en nuestro corazón.
Antes de comenzar a elaborar nuestro plan de empresa nos queda otro dato muy importante en el que insistir, por mucho que hayamos aprendido no estamos preparados para sacar un diez. Y ahora nos toca lo más difícil, porque seguro que sabemos mucho de lo nuestro, seremos expertos en algo dentro de toda esta maraña, pero es imposible que lo seamos de todo. Necesitamos ayuda. Y la buscamos desesperados pero nos encontramos un gran vacío. Muchos manuales, muchas oficinas, muchas ventanillas, pero nadie, realmente nadie sabe o quiere compartir lo que sabe de lo nuestro en particular. Y ahí tenemos la labor más difícil, antes incluso de empezar. Al fin y al cabo, si vamos a hacer una obra acertaremos o no con el equipo que contratemos, pero hay oferta en el mercado. Y si necesitamos un ingeniero para realizar el proyecto y conseguir las licencias, también hay oferta en el mercado. Pero el emprendedor eres sólo tú, el único responsable del “todo”, no sólo de tu idea sino de cómo vestirla, y hay muchas piezas por encajar en este puzzle. Y tú quieres saber cómo lo ha hecho el de enfrente y te gustaría entrar y preguntar ¿cómo lo ha hecho?, pero te vas a encontrar con miradas recelosas. Por ejemplo, simplemente para averiguar lo que cobra tu competencia tendrás que hacer maniobras de auténtico espionaje. Y lo malo es que cuando tengas los datos tampoco sabrás cómo interpretarlos adecuadamente porque no tienes suficientes parámetros.
No hay más soluciones para este problema que tú mismo, como no las hay para asegurarte que la obra te la van a hacer bien o que las licencias llegarán a tiempo. Pero el problema existe y no podemos olvidarlo. Has nacido en un terreno pantanoso y no puedes fiarte del suelo que vas a pisar. No hay forma de asegurarte que el terreno será firme así que camina con cuidado. Todos, absolutamente todos, hemos tropezado y si alguien te dice que no vas a tropezar, te está engañando, está haciendo un anuncio publicitario.
Así que volvemos al principio, a ese anuncio que vimos y que hizo brotar la chispa. La aventura comienza, bienvenido, pero camina con cuidado y no te fíes de las apariencias, porque como la publicidad, son pura fachada.
Los pliegos de papel llenos de preguntas me miran con cara de pocos amigos. Arriba el título dice “Plan de Empresa”. Y yo que creía que lo tenía todo tan claro, llevo horas releyendo estas preguntas y es que no sé qué responder a más de la mitad.
Pero necesitamos nuestro plan de empresa para solicitar financiación al Banco y las ayudas y subvenciones. Y sobre todo, lo necesitamos para nosotros mismos. Lo que pasa es que habitualmente el emprendedor se hace un plan para sí mismo que dista mucho de lo que quieren ver los Bancos o las Instituciones que ofrecen ayudas y subvenciones. De hecho, lo habitual es hacer varios planes de empresa adaptados a cada destinatario.
Me acordaré siempre de una persona en particular que me aseguró que tenía un plan de empresa perfecto, que había realizado guiada en un curso que ofrecía una institución en el cual había sido la ganadora del “mejor plan”. Le dijeron que con el sello de excelencia que le habían otorgado podía acudir a cualquier banco para pedir financiación porque sería su aval para conseguirla. Su sorpresa fue que en el banco la historia fue diferente y si bien le abrió la primera puerta para conseguir que le atendieran, aún había por delante bastantes más por abrir para conseguir realmente su financiación. Pero ahondaremos en este tema más adelante. Lo que quiero decir aquí es que lo que está bien para unos no siempre es suficiente para otros.
Elaborar un plan de empresa no es un trabajo que se pueda definir para todos los proyectos por igual, ni sirve el mismo para distintas funciones. Los bancos quieren ciertos datos que para nosotros no son los fundamentales, y sin embargo para llevar a cabo nuestro proyecto necesitamos ciertos datos que a ellos les sobran. Pongamos el caso de que necesitamos pedir un presupuesto de cómo queremos que sea la página web que vamos a hacer, necesitamos muchos datos que al banco quizá no le importen con tanto detalle porque lo que el banco quiere conocer es simplemente la cifra final del presupuesto, pero si no elaboramos esa información con el detalle necesario a la hora de la verdad nos podemos encontrar con sorpresas de que aquel presupuesto que nos dieron no sirve porque necesitamos ciertas funciones que no habíamos incluido. Al fin y al cabo un presupuesto para una página web puede variar en miles de euros, más nos vale definir cómo la queremos. Por eso hay que pensar antes de nada, para qué y para quién estamos elaborando el plan de empresa, y disponer de la flexibilidad de adaptarlo a cada circunstancia.
Vamos a ponernos en el lugar habitual del emprendedor frente a estas preguntas y ese mar de dudas que les surgen. Es cierto que en algunos casos lo tienen más definido, pero la mayoría está perdido.
Para empezar me preguntan la forma jurídica y me han dicho que eso es importante porque dependiendo de eso todo cambia. Pues empezamos bien, quién me puede decir a mi cuál es la mejor para mi proyecto. En la ventanilla de asesoramiento me han dado unos impresos que explican las diferentes opciones posibles y sus características. Lo he leído diez veces y sigo sin enterarme. Me pongo a navegar por internet a ver si encuentro algo un poco más concreto. Vale, ya sé lo que es un autónomo y lo que es una sociedad limitada, pero a qué afecta, cómo elijo, qué implicaciones tiene en las posibles subvenciones, en la financiación, en la responsabilidad, en los costes contables para llevar luego la contabilidad. Qué obligaciones supone cada una. Sí, está bien, lo he leído, más o menos lo sé, pero sigo sin tener claro qué opción. Un amigo que es abogado me dice que mejor sociedad limitada, pero mi tío que también sabe de esto me dice que autónomo, y yo estoy intentando enterarme si la sociedad limitada laboral me puede interesar más que la limitada normal. He ido a la Asociación y tengo otro montón de folletos, pero es que no sé. Bueno, pues me la salto y paso a la siguiente, ya volveré a ella.
Nombre del proyecto. Pues totalmente decidido no lo tengo porque me gustaría hablar primero con algunos expertos en publicidad para ver qué tipo de logo y nombre me conviene más, que luego me dicen que no queda bien en la papelería. Y es que el cartel de fuera es muy importante. Yo tenía un nombre muy claro pero el otro día hablando con un amigo que trabaja en esto me dijo que ese nombre me iba a dar problemas con el cartel, así que le estoy dando vueltas. Y si pongo aquí un nombre y luego lo cambio ¿afectará en algo al plan de empresa? a ver si luego me van a decir que no puedo cambiarlo. Y dónde busco a ver si no está repetido. Yo qué sé, voy a poner el que tengo pensado y ya veremos.
Ubicación. Pues es que aún no lo sé. Si bien me interesa cerca de casa por muchas obvias razones, por aquí el precio de los locales es carísimo y creo que es mejor zona porque es más barata y hay más demanda en otro lado. En realidad hay muchas opciones sobre la mesa, eso lo tengo claro, qué zonas me interesan por la demanda existente y precios aproximados. Pero claro, yo aún no sé con qué dinero voy a contar y no tengo hechas las cuentas ni los ingresos y gastos bien rematados, así que no puedo tomar una decisión. Aparte de que luego a la hora de buscar locales adecuados, pues ya veremos, porque por lo que he visto así por encima, en esta zona no hay locales con las condiciones que necesito. Nada, lo dejo en blanco, a ver la siguiente.
Fecha de inicio. Seguimos bien, pero ¿cómo puedo yo responder si depende de tantísimas cosas?. Va a ser que “lo más seguro es que ya veremos”.
Actividad a desarrollar. Bueno, por fin, eso sí lo tengo claro. Al menos aquí puedo extenderme un rato. Pero no sé si ponerlo con tanto detalle o más esquemático, qué es importante y qué no, porque por mí, podría llenar folios y folios.
Descripción del centro. Aquí voy a poner lo que me gustaría, pero como todo depende del local que encuentre y del dinero que tenga, pues estamos como siempre.
Número de trabajadores previsto. Yo no sé si aquí hay que poner lo que preveo si el negocio va bien y alcanza el volumen que espero, o si se refieren a lo que necesito para empezar. Vamos a ser optimistas y voy a poner lo que tengo previsto si todo va bien.
Descripción de los servicios y del negocio. Por fin, esta sí me la sé. Aunque estoy como antes, ¿cuánto me puedo o debo extender?, como es casi la única que me sé, podría escribir un libro entero.
Análisis de Mercado. Pues ya tengo lío otra vez. Es que depende de dónde ponga finalmente el negocio porque como no sé aún la ubicación. Otra que me salto o ¿la relleno así en general sin basarme en una zona concreta? pero es que eso no sirve de nada, yo voy a poner las zonas que tengo estudiadas y el análisis en cada una de ellas. Aunque tampoco sé si de aquí a que yo abra, si lo consigo, se abrirán o no otros negocios en la zona, así que no veo mucho sentido a este análisis a estas alturas.
Plan Comercial. ¡Madre mía! pues estamos igual porque todo dependerá de tantas cosas que aún no sé. Yo voy a poner en términos generales los medios que quiero utilizar sin entrar en más detalles.
Tabla de precios y tarifas. Me estoy poniendo nerviosa. ¡¡Es que es imposible contestar a estas preguntas!! según la zona variarán los precios, pero bueno, yo qué sé, pondré los que tengo así calculados como media aproximada.
Organización del personal. Vale, más o menos esta sí la puedo responder.
Plan de Inversión. En cifras redondas, más o menos, porque estamos igual, depende de tantas cosas.
Previsión de Ingresos y Gastos. Esta sí que es buena, y encima quieren de los primeros 5 años. Yo pongo mis cifras pero es que no me las creo ni yo, me faltan miles de datos.
Y así básicamente vamos pasando de una pregunta a otra comenzando a agobiarnos cada vez más.
La realidad es que como decía al principio, acabamos haciendo varios ejemplares diferentes según a quién vayan destinados. Incluso en algunos casos nos exigen un formato cerrado.
Sin embargo, dependiendo de cada negocio, los datos importantes son diferentes. Y me refiero a los datos que tiene que tener claros el emprendedor. Porque otra historia diferente es lo que quiere oir el Banco o la Institución que subvenciona, o incluso el posible socio que va a invertir.
La cuestión es que lo que realmente le importa al emprendedor en esta fase es cuánto le va a costar en tiempo y dinero. Porque como es habitual, llegamos con ideas muy equivocadas. El boca a boca de toda la vida, “es que a mí me han dicho que con 100.000€ lo puedo montar” y “la vecina lo hizo con 200.000€”, y volvemos a lo de antes, todo depende de tantos factores que no me vale de nada, ni siquiera de orientación.
Casi todos llegan pensando que el plan de empresa es la descripción de su proyecto, de su idea. Pero dependiendo de cada idea tenemos que concretar muchos otros aspectos, que serán necesarios también para solicitar presupuestos.
Una vez un hombre tenía un proyecto estupendo en el cual era esencial utilizar un herramienta de gestión empresarial tan especial que entre las que había en el mercado ninguna encajaba con sus necesidades, así que era necesario contratar una hecha a medida. El objetivo estaba muy claro pero no se había parado a definir esta herramienta con el detalle necesario para poder hacer una previsión real de costes. Cuando llegó a la fase de sentarse con el proveedor a definirla en detalle se encontró con la desagradable sorpresa de que el precio era más del doble de lo que había calculado. Y sin embargo había pasado la barrera de bancos que le habían concedido su préstamo, porque no nos equivoquemos, el banco lo que mira con muchísimo detalle fue el aval que presentó, no tanto la viabilidad de su proyecto, que así, por encima, pintaba bastante bien.
Por seguir el hilo confuso de la cabeza aturdida del emprendedor veamos algunos ejemplos de monólogos desesperados:
- Si no tengo dinero ni sé cuánto voy a tener porque el Banco no me dice cuánto me da hasta que vea mi plan de empresa y las ayudas no se pueden pedir hasta que ya has hecho las inversiones, no puedo buscar aún local porque no sé qué inversión puedo abordar. Pero aún en el caso de que hipotéticamente haga unos números que creo que puedo conseguir (porque si el Banco fallara lo pediré a mi familia o buscaré socios o ya veré de dónde lo saco), y en base a esos números busco el local adecuado, nadie me dice el coste real de licencias, proyectos y obra sin venir a ver el local, y como aún no lo he alquilado, el dueño no me da planos y aunque me los dé, el ingeniero me dice que no me puede decir si cumplirá toda la normativa municipal sin entrar en costes, y en el Ayuntamiento me dicen que las consultas no son vinculantes ni siquiera aunque ya me han cobrado 50€ por esa consulta, y que además sin planos bien hechos por arquitecto no me pueden decir nada, y el dueño del local me dice que me dé prisa que tiene otros interesados, y yo digo, ¿cómo lo hago?
- Si consiguiera resolver todas las dudas de antes y consiguiera suficiente dinero para empezar el proyecto, me dicen en el Ayuntamiento que no puedo solicitar la licencia si no soy titular del local y si no presento un proyecto visado por ingeniero y arquitecto, así que he consultado a ingenieros y arquitectos y me dicen que van a tardar un mes como mínimo en hacer el proyecto pero que pueden ser 4 o 5 meses fácilmente, y que no me pueden asegurar al 100% que la licencia para empezar obras y obtener después la de actividad se consiga ya que hay que cumplir muchos requisitos y pueden surgir problemas que habrá que ir solucionando según nos digan los técnicos del Ayuntamiento. Y que la licencia puede tardar como mínimo 1 año, y hasta que no la tenga no puedo empezar ni la obra, pero el local tiene que ser mío y el dueño me dice que todos esos problemas son míos y no suyos y que él tiene que cobrar su alquiler desde el primer día, o como mucho me da dos meses de carencia. Y aún más, si después de 1 año surgen problemas insalvables y no me dan la licencia y el local no me sirve ¿????
- Para pedir la financiación al Banco y para ver qué ayudas y subvenciones puedo solicitar, tengo que tener constituida la personalidad jurídica, ya sea autónoma o sociedad mercantil, lo cual implica obligaciones fiscales y pagos a Hacienda. Y si al final el proyecto no sale ¿???
- Y cómo pago todos esos trámites previos a hacer el Plan de Empresa si el dinero lo tengo que sacar del microcrédito del Banco y no me lo dan si no les llevo el Plan de Empresa ¿????
- Si soy positivo y pienso que a pesar de todo el proyecto sale adelante, tengo que añadir a la inversión al menos dos años de gastos sin ingresos previos al comienzo de la actividad, lo que hace que la inversión sea tan grande que ni aunque me den el microcrédito, ayudas y mi familia me ayude podré sacarlo adelante, porque es un negocio pequeñito y el beneficio que he calculado no cubre la amortización de esa terrible inversión y por tanto tardaría 20 años o más en recuperar la inversión ¿????
- ¿Y cómo lo hacen los demás? porque yo veo un montón de gente con negocios como el que yo quiero montar y si ellos lo han conseguido, ¿por qué no puedo conseguirlo yo?
Efectivamente, no sabemos cómo lo hacen los demás pero ahí están los negocios funcionando, así que no nos desanimemos y busquemos respuestas.
Respecto a la financiación hablaremos ampliamente de ello otro apartado. Pero casi tan importante es el tiempo y el orden a seguir. El principal problema cuando tenemos locales por medio es que salvo que sean de nuestra propiedad y estén totalmente pagados, el tiempo hasta que comience la actividad debemos pagar su correspondiente alquiler o hipoteca, y tal como está el mundo de las obras y sus licencias hoy en día, es imposible predecir esos tiempos.
Sólo a modo de ejemplo, ya que me extenderé sobre ello más adelante, os puedo contar que el récord de los negocios que yo conozco está en 4 años para obtener su licencia de actividad. ¿Quién puede pagar durante 4 años un alquiler o hipoteca de un local sin usar? y aún si es una hipoteca se puede considerar una inversión, pero en el caso de alquileres es misión imposible. E imagina que después de todo ese tiempo al final no consigues la licencia.
En consecuencia, como decíamos en los monólogos, es imposible preveer de forma realista una fecha de apertura y en consecuencia muchas veces, la inversión necesaria. Afortunadamente desde hace poco tiempo han comenzado a funcionar las oficinas de gestión de licencias que parece que están agilizando y cumpliendo los plazos, lo cual permite hacer previsiones más realistas.
Pero en la fase que estamos ahora de realizar nuestro Plan de Empresa para poder organizarnos y tomar decisiones de cómo afrontar el proyecto, todo son dudas. Y lo malo es que muchas veces nos quedamos atrapados en dudas que no son tan importantes de resolver y sin embargo no ahondamos en las verdaderamente fundamentales. Así que el problema real no son las dudas por resolver, sino cuáles son las verdaderas preguntas que debemos tener resueltas.
Cuando acudimos a un asesor o a un proveedor a pedirle presupuestos orientativos debemos tener las cosas lo más claras posibles. Si estamos decidiendo la forma jurídica que más nos interesa no tomemos la decisión nosotros solos, expongamos sobre la mesa todas nuestras inquietudes y objetivos porque no es una decisión de blanco o negro, hay muchísimos matices. Y si bien en algunos casos está clarísimo y tampoco es muy importante enredarse con esta decisión, en otros casos es fundamental y puede ahorrarnos muchos problemas en el futuro. Y nosotros no estamos capacitados para decidir su importancia pero si al asesor no le hacemos las preguntas adecuadas, si no le exponemos el fondo de nuestro proyecto, no podrá ayudarnos mucho. Un buen asesor querrá leer nuestro plan de empresa con máximo detalle y si no tiene ninguna pregunta que hacernos, mala señal.
Y volvemos a la publicidad. Desconfiemos de la fachada y pensemos un poco más egoístamente. Si hemos recibido apoyos institucionales para elaborar nuestro plan de empresa, dentro de ciertas campañas de apoyo al emprendedor, donde nos han dado incluso premios y reconocimientos, en algunos casos hasta alguna ayuda económica, no nos dejemos engañar. Demos la vuelta a la tortilla y ya que ellos no suelen ponerse realmente en nuestro lugar pongámonos nosotros en el suyo y pensemos que nadie da duros a peseta y que lo gratis a veces sale caro. Desconfiemos. Por qué me dan este curso gratuito, por qué dan un premio incluso en dinero, realmente ese dinero ¿cuánto cubre de la inversión que necesito hacer?. No dejemos que nos enganchen como a los peces, con un gusano en el anzuelo, porque quizá nos quedemos atrapados. Sus razones pueden ser muy variadas, como por ejemplo en campaña electoral, para justificar acciones que les ayuden a ganar votos, o porque tienen un dinero del Fondo Europeo que deben justificar que se gasta en “ayudas a emprendedores” o en cualquier caso, objetivos que no coinicidirán nunca con el nuestro. Ellos buscan.... no sé qué, y yo busco tener un plan que me ayude a llevar a cabo mi proyecto. Así que volvamos a nuestro verdadero plan, el nuestro exclusivo y privado. Hemos recibido un premio, un reconocimiento, estupendo. Añadamos este concepto a nuestro plan y veamos dónde encaja, qué soluciona, cómo ayuda. No seamos incautos porque el que va a arriesgar su casa para avalar el crédito y su propia vida somos nosotros, y nadie se pone en nuestra piel mejor que nosotros mismos. Sus premios y ayudas siempre son bienvenidos pero no son garantía suficiente para poder llevar a cabo el proyecto.