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Luces y Sombras, la integración en sus inicios

By Aitor Olano Collazos

Copyright 2011 Aitor Olano Collazos

Smashwords Edition

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Luces y Sombras, la integración en sus inicios

En un mundo de Luz y Sombra, donde lo luminoso veía maldad en las sombras y lo sombrío veía perversidad en la luz, vivían dos seres, iguales en el fondo pero muy diferentes a la vista de los demás.

Estos dos seres no se conocían ni se habían visto jamás, en parte por la inmensidad de su mundo, pero aún en mayor medida por las diferencias existentes entre los que rodeaban a cada uno de ellos.

El primer ser, llamado Mael, era un jinete de sombras, denominado así por vivir en la parte de Sombra. Su mayor ambición desde que poseía capacidad de juicio, había sido cruzar las fronteras establecidas por la luz, a lomos de su negra montura, y mostrar a los del otro lado los valores del honor y de la armonía, tal y como se lo habían inculcado a él desde que era un niño. Deseaba descubrir lo que se encontraba pasadas las fronteras luminosas, envueltas en una guerra continua desde el comienzo de los tiempos, y ayudar a los seres de luz a comprender que la guerra no era la solución que todos ansiaban.

El segundo ser se llamaba Fiala y apenas era un año menor que Mael. Fiala vivía en los picos soleados y era una bailarina de luz, denominada así por su profesión y por vivir en la parte luminosa del mundo, y sin saberlo ni intuirlo, compartía con Mael la ambición de traspasar las fronteras del luminoso paraje en el que residía, adentrándose en las fronteras sombrías, y llevar la paz de sus bailes y el afán de ayudar al prójimo al lado de Sombra, tal y como le habían enseñado que debía ser.

Así, siendo los dos adultos en sus respectivas partes del mundo, Fiala y Mael emprendieron viaje hacia la frontera de brumas, un viaje en solitario, acercándose a su destino común con cada día que pasaban en ruta.

La sombra cabalgaba a través de sombras, moviéndose entre sombras, comiendo entre sombras y riendo entre sombras con todos aquellos seres de sombras que encontraba en su camino.

La luz caminaba grácil, con pasos de bailarina experta, animando a todos los demás seres de luz que encontraba en su camino en el lado de Luz a ser partícipes de su júbilo, comiendo acompañada por luz y durmiendo en un continuo baño de luz.

A medida que pasaban los años de viaje, Mael y Fiala comenzaron a vislumbrar en el horizonte su ansiado destino. El uno, como una tenue discontinuidad en su agradable oscuridad y la otra, como una diluida mancha en la amigable claridad. A medida que se acercaban, aunque lo apreciaban de forma diferente, de lados diferentes, las sensaciones a ambos lados comenzaban a hacerse una. A medida que recortaban distancias con la frontera, a medida que se aproximaban al comienzo de su destino, los demás seres comenzaban a cambiar. Los seres de sombras ya apenas reían, los de luz no tenían tiempo para bailar y cuanto más cerca estaban de su destino, más era la urgencia que tanto el jinete de sombras como la bailarina de luz sentían por llegar.

Como debía suceder, llegó el día en que tanto Fiala, desde su lado de luz como Mael, desde el suyo de sombras, alcanzaron el espacio difuso de la frontera inmerso desde el comienzo en una continua lucha entre los seres de luz y los de sombra. Aquel lugar era un lugar de fogonazos e intensas penumbras en cuyos márgenes se difuminaban diferentes tonos grises, transmitiendo a todo aquel ser que se acercara lo suficiente, lo que dentro de su ambigüedad sucedía.

Del lado de Mael, los jinetes le instaban a alinearse junto a ellos y a echar a los seres de luz que intentaban ocupar y perturbar su plácido hogar. Del lado de Luz, los bailarines con los que Fiala se encontraba la pedían que los acompañara en sus bailes para ayudar a sus congéneres jinetes a expulsar las sombras que tan insistentemente intentaban penetrar la tranquilidad de su mundo.

Pero pese a la continua insistencia de todos sus congéneres, ni Fiala ni Mael hicieron caso de las peticiones que llegaban cada día con mayor obstinación, y en cambio, continuaron avanzando hasta el mismísimo corazón de la frontera entre Luz y Sombra.

En la extensa frontera que dividía los dos lados, partiendo el mundo exactamente por la mitad, Fiala y Mael se encontraron en el mismo punto y en el mismo momento con las mismas intenciones. Al acercarse a la frontera, la luz admiraba a la sombra que se le aproximaba y la sombra se perdía en el esplendor que cada vez tenía más cerca.

A la par penetraron cada uno el lado del otro y mientras cruzaban, una profunda mirada entre ambos les sirvió para comprender que todo su camino no había sido en balde. Con aquella mirada compartieron las experiencias de su viaje y adivinaron que sus intenciones iniciales no eran tan fáciles como habían parecido en un comienzo.

La bailarina de luz deslumbraba al jinete de sombras con su resplandor, y éste a su vez conseguía que la mirada de la bailarina de luz se disolviera en su oscuridad.

Ajenos al conflicto que los rodeaba, convencidos de que su encuentro no había sido casual y conocedores además de la realidad de su opuesto, que en realidad no era opuesto sino complementario, decidieron finalizar su viaje y establecerse en el mismo corazón de la frontera, en el centro exacto entre el mundo de Luz y el mundo de Sombra, en el centro exacto del conflicto eterno que regía la realidad de las dos partes que componían un mundo sin llegar a compartirlo.

Mael terminó de cruzar, y lo mismo hizo Fiala. La una iluminando de forma atenuada el mudo de Sombra y el otro oscureciendo levemente la luz inherente al mundo de Luz.

Decididos a lograr lo que sabían que debía lograrse, Fiala y Mael crearon su tierra de tregua en el centro de la frontera, generando un remanso de paz y entendimiento a su alrededor, que todos aquellos que iban comprendiendo la realidad de aquel mundo comenzaron a compartir y a extender.

Con los años, Mael y Fiala se unieron, como solo un ser de luz y uno de sombra podían hacer, y de su unión surgió el primer mestizo, con los conocimientos de ambos y las inquietudes compartidas por los dos.

Miala, que era el nombre que había adoptado, era el primer ser de luz y sombra y su simple presencia generó tal revuelo en la frontera que las luchas fueron cesando y los combatientes, privados de la ceguera propia de la guerra, comenzaron a comprender que aquellos con los que luchaban no eran diferentes de ellos mismos, más que en el brillo que los unos emitían y los otros absorbían.

Luz y Sombra comenzaron a comprenderse y Miala, en su calidad de mestizo pudo acceder a ambos lados, dejando entrever, cada vez con mayor frecuencia, su lado luminoso a los seres de sombras y su lado sombrío a los seres de luz.

Así, con el tiempo, las luchas fueron cesando en toda la frontera. Cada vez más mestizos aparecieron de uniones similares ocurridas a lo largo de todo el gris fronterizo, y a medida que pasaba el tiempo, Sombra y Luz se fueron uniendo.

De la unión de Mael y Fiala comenzó a formarse un mundo de un color grisáceo, con zonas de mayor luz y zonas de más sombras, que dejaban como resultado un gris apacible, en ocasiones más claro y en otras más oscuro, que con el tiempo pasó a representar la amistad entre los seres de aquel mundo que habían estado separados por sus diferencias desde el comienzo mismo de los tiempos.

A medida que transcurrían los siglos, tanto Luz como Sombra comenzaron a convivir en armonía, la luz proyectando sus haces y la sombra acentuando su intensidad por el simple hecho de estar a su lado.

A medida que pasaba el tiempo, otros equilibrios comenzaron a generarse, la luz ocupaba en ocasiones una parte del mundo, siempre acompañada por la sombra, y en otras ocasiones, era la sombra las que ocupaba mayoritariamente el lugar antes habitado por la luz.

Pero el mayor cambio de todos llegó mucho después, con el nacimiento de los primeros mestizos de color. De la combinación entre luces y sombras, nacieron los que se denominarían seres del color, y con su inclusión en la interacción entre Luz y Sombra, el mundo alcanzó el equilibrio que llevaba buscando desde el momento de su nacimiento.

Con el tiempo, pasados miles y miles de años, el conflicto fue olvidado y los seres de luz y sombra desaparecieron. En su lugar quedó el equilibrio que habían logrado, el equilibrio natural e incuestionable que hoy conocemos entre luz y sombra, día y noche, bondad y…por el momento, falta de comprensión.

Aitor Olano Collazos



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