Convicto
Por Miguel A. Serrano-Arreche
Convicto
By Miguel A. Serrano-Arreche
Published by Miguel A. Serrano-Arreche at Smashwords
Copyright 2011 Miguel A. Serrano-Arreche
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Dedicado a los Ángeles Cibernéticos
Mis queridas amigas cibernéticas les dedico esta segunda edición de Convicto porque ciertamente si no hubiera sido por las veces que me empujaron con sus palabras a escribir, esto proyecto no se hubiera completado. Son muy especiales para mi y no tengo palabras para describir lo que siento. Es uno de esos momento de la vida donde sencillamente es mejor el silencio que el uso vano de palabras. Así que hare referencia a ese momento de silencio de otra manera.
¿Alguna vez te haz acercado a alguien que ha hecho una diferencia en tu vida y con el corazón hinchado de emoción y sin mirarle a los ojos le das un abrazado? De momento sale un rio de lagrimas por tus ojos, y te quedas en el abrazo dejando que tu corazón se derrame sin intención de pararlo. Entonces cuando al fin dejas de abrazar a la persona se miran en los ojos y sencillamente no hay que decir nada porque ya todo fue dicho en EL SILENCIO DE UN ABRAZO.
¿Le haz dicho adiós a alguien que amas y te envuelves en un abrazo que parece no tener fin? Al principio retienes el deseo de llorar y mientras mas tiempo estas en el abrazo mas difícil es contenerte y de momento dejas salir del centro de tu pecho un llanto tan profundo que solo la persona que abrazas puede entender. Y ahí en el silencio de ese abrazo surge algo, un no se que, un entendimiento tan certero de amor que ya no hay nada que decir. Ya todo fue dicho en EL SILENCIO DE UN ABRAZO.
Cuando yo pienso en la gracia que han tenido conmigo lo que siento solo lo puedo decir en El SILENCIO DE UN ABRAZO. No tengo mas que decir ni palabras vanas con que logarlo. Solo me queda derramar mi ser y perderme en EL SILENCIO DE UN ABRAZO con ustedes. Gracias
Miguel
Querido lector, he querido ser transparente en esta segunda edición de mi testimonio. A través de los años siempre me han molestado cosas que no incluí en la primera edición porque, en el momento, no pensé que harían una diferencia. Pero 20 años después de esa primera edición y después de años de estar trabajando en el ministerio y sirviéndole a mi Señor llegue a la conclusión que hay otras cosas que se tienen que decir.
El Escándalo de la Shearson American Express y el Municipio de Ponce fue considerado en su época como el escándalo de corrupción y fraude mas grande en la historia moderna de Puerto Rico. El dicho escándalo fue grandemente responsable de un cambio de partido político en el 1984 y el establecimiento de nueva legislación para combatir la corrupción. Del 24 al 28 de septiembre de 1984 bajo en amparo de inmunidad absoluta civil y criminal concedida por la Cámara de Representantes de Puerto Rico y bajo la protección continua de agentes especiales yo testifique delante de mas de 500,000 personas por 35 horas sobre la corrupción el las altas esferas del Gobierno de Puerto Rico en vistas publicas televisadas sobre corrupción. Esta es la historia de mi vida incluyendo mis éxitos, mi acenso a la fama, mi gran derrota y mi posterior encuentro con el Caballero de la Cruz que cambio mi vida.
He llegado a experimentar el infierno que se vive alejado de Dios y entender que no hay mayor soledad que su falta en la viva de uno. He querido en este libro tal vez presentar la luz de una esperanza para aquellos que se encuentren como yo: solos, vacíos, y secretamente implorando que de alguna manera vuelva la alegría a sus vidas.
¡Hoy es tu día!
Miguel A. Serrano
Contenido
Introducción
Inmediatamente después de la primera sentencia, Miguel Serrano, el hombre que vivía orgulloso de su reputación en el mundo de las finanzas de los Estados Unidos. El hombre que se vanagloriaba de ser el "papa del maquiavelismo". El hombre que jamás pensó que podría ser tocado por lo que él llamaba ‘los hombrecitos’ salió del la sala de justicia con sus pies en grilletes, con sus manos esposadas y con una cadena alrededor de su cintura, en donde a su vez estaban entrelazadas las esposas; y por si esto fuera poco, amarrado a otro convicto con esa misma cadena. Estaba próximo a comenzar a vivir una experiencia que calaría hondas heridas en su vida. Experiencias que sembrarían semillas de amargura que tomarían profundas raíces.
¡ESTABA PROXIMO A EXPERIMENTAR LO QUE ES EL INFIERNO!
Pero, ¿cómo llegó este hombre a una situación tan difícil? ¿Cuáles fueron sus objetivos, ambiciones, metas? Sigamos paso a paso el relato de su vida contada por el mismo protagonista.
Prólogo
Después de muchos años de experiencias en el maravilloso mundo de los negocios he podido observar una serie de características de los hombres y las mujeres que participan de él. En este mundo tan fascinante existe un término que se usa mucho para describir al negociante o empresario que tiene un vasto conocimiento de "como es que se bate el cobre". Se dice de él: Es un hombre que ha conocido el mundo. Y eso es cierto. Mientras más puntos de referencia tiene una persona, más reales, permanentes y efectivas, en términos del mundo, serán sus decisiones. Conocer el mundo conlleva vivir experiencias en el uso práctico del conocimiento humano. No empero, y desafortunadamente la visión de Dios en la vida del hombre de negocio no se ve como algo práctico y aunque la religión sí juega un papel en su vida éste no es lo que realmente debería ser.
Todo buen negociante reconoce la importancia de ir a la iglesia todos los domingos sobre todo si puede ir con la familia. Para él también es importante no perder ninguna de las reuniones de los Rotarios, el Club de Leones o hasta las reuniones de la Logia Masónica. Hay una tendencia generalizada a que el concepto de Dios se vea como otra agrupación mas que forma parte de la responsabilidad cívica y social. Es decir Dios, la religión o religiosidad se reducen a términos estrictamente de status.
Ningún hombre de negocio se conceptúa un hombre malo. La filosofía detrás de esto es que hay veces que hay que hacer cosas que uno no quiere hacer pero que se tienen que hacer porque la consumación del negocio así lo dispone . En otras palabras: negocios son negocios. No hay sentimiento de maldad ni de mala fe envueltos en estas decisiones, son sencillamente decisiones de negocio. Es como un juego de ajedrez en lo calculador y como cualquier deporte en lo competitivo. Pero a diferencia de los deportes donde se le da mucha importancia a la competencia, en este "juego" lo importante y primario es ganar.
Para la mayoría se ha presentado un cuadro de Dios que por la naturaleza de la forma de pensar de los hombres de negocios no es compatible en sus vidas. Hollywood invariablemente muestra a un hombre de pelo largo sin bañarse, en chancletas o descalzo que se pasea entre las multitudes de prostitutas, los enfermos, los analfabetos y los desvalidos. Lo único que se dice referente a su actitud para con los ricos y hombres de poder y negocio es que con toda probabilidad éstos se irán al infierno. Y este es precisamente el pensamiento que prevalece en la mayoría de sus mentes. "Jesús o Dios es para los pobres, los viejos, los mediocres y todo aquel que busca una justificación para ser inepto. Si quieres progresar y hasta ser rico tú no puedes ser parte de Dios".
Como si esto fuera poco, la imagen mental que prevalece es la imagen de un Dios muerto. Hace dos mil años vino un Señor llamado Jesucristo hijo de Dios Padre que se hizo hombre, nació de María la virgen por obra y gracia del Espíritu Santo. Por nuestros pecados murió en la cruz, resucitó y se fue al cielo y allí espera hasta el fin del mundo cuando vendrá a juzgar a los vivos y a los muertos. Hasta aquí llegó. Vino, trató, no pudo, lo mataron, y se fue a la huida al cielo otra vez. ¿Quién rayos quiere seguir a un Dios así?
¡Ya eso pasó! Sí que es bonito y alentador pero eso ya pasó. Sí; muy bien, algún día cuando yo no esté tan ocupado, cuando me retire me meto a eso. Cantaré unos coritos y meditaré en que algún día Dios me llevará a un sitio llamado cielo pero mientras tanto me tengo que defender porque yo estoy solo.
Aunque a veces nos cuesta trabajo admitirlo lo cierto es que la mayoría de los hombres de negocios ven la religión en términos generales como la droga de las masas. La esperanza que se le da a los pobres y a la gente menuda para que sean apacentados.
El concepto de Dios desde el punto de vista evangélico sencillamente no se puede conciliar con el mundo de negocios. Yo he intentado exponer en este libro mis razonamientos acerca de Dios. He intentado plasmar en papel sentimientos que calan en lo profundo del corazón de muchos hombres y mujeres de negocio. Lo importante no es lo que yo hice o dejé de hacer. Si estuve preso o no. Lo importante es el desarrollo del razonamiento que culminó en la realización del descubrimiento de una verdad que logró hacer que mi yo interior armonizara con Dios.
La revelación más grande que he tenido en mi vida y que ha sido la responsable de que yo haya cambiado desde lo más profundo de mi ser, es el reconocimiento absoluto de que Dios es bueno. Este pensamiento en sí cae sobre mí con tal impacto que provoca que se conmueva intensamente mi corazón.
Espero en Dios que según lean este libro puedan llegar a las mismas conclusiones y que éstas les lleven a ser hombres y mujeres de negocio de contínuo éxito pero sobre todo con verdadera visión.
¿Quién soy yo?
Me llamo Miguel A. Serrano Arreche, y nací en Santurce, Puerto Rico el 19 de diciembre de 1949. A la edad de un año mis padres me llevaron a vivir a los Estados Unidos. Primero fuimos a vivir a Brooklyn donde estuvimos seis meses y luego fuimos a Manhattan por unos dos años y después pasamos a Staten Island cuando para ir y venir de ese lugar tenía que ser a través de una lancha que hacía esta travesía. Allí viví en un proyecto público de 22 edificios de 3 y 6 pisos de alto con un total de 605 apartamentos y unos 1,700 residentes conocido como Mariner's Harbor Houses. Los edificios estaban recién construidos cuando nos mudamos allí en el 1954.
Frente a nuestro edificio había un parque donde aprendí a patinar, andar en bicicleta, nadar, a dar y también a recibir golpes. Aunque a veces pienso que un negrito que vivía por aquellos lares me dio una dosis mucho mayor a mí de las que yo le di a él. El curso de boxeo con ese prieto me duró cinco minutos. En fin resultó ser un lugar bueno para los adultos pero un pequeño infierno para nosotros que nos criamos en medio de las batallas entre los niños italianos, los negros, los boricuas y los otros hispanos. Era una guerra contínua y no era de sorprenderse que tuviéramos que pelear varias veces al día tanto mis hermanas como yo.
Fui a la escuela pública (PS-44) desde el primero al quinto grado. Tengo dos hermanas, una mayor y otra menor -aunque ambas alegan firmemente de que yo soy el varón primogénito y que ellas nacieron mucho después que yo-. Siendo yo el único varón y dueño de una melena rubia, demás está decirles de que era el favorito de la casa. De hecho, todavía soy el favorito aunque hoy en día no soy rubio ni tengo melena.
De pequeño, mis padres se ocuparon de ilustrarme en muchas cosas. Participé en todas las actividades que se puedan imaginar; fui niño escucha, monaguillo, pequeñas ligas, baloncesto, gimnasta y un sinnúmero de cosas más. Me da gracia esto e incluso he bromeado con mi madre que si todo esto era para darme un desarrollo holístico o sencillamente para sacarme de la casa.
Mi infancia, fue una infancia que se puede conceptuar normal para aquella época. No me acuerdo de peleas ni discordias entre mis padres quienes llevan ahora sesenta y cinco años de casados y parecen novios. Con toda honestidad les puedo decir que mi juventud, en términos de relaciones paterno-filiales, fue por encima de lo promedio. Cierto que mis padres pasaron amorosamente por muchas vicisitudes para llevar adelante a la familia, pero por más memoria que yo haga, no puedo pensar en tan siquiera un mal ejemplo que me dieran. Son la encarnación misma de una vida limpia, honesta, luchadora, pero sobre todo una vida llena de amor.
Desde el punto plenamente humano, me gustaría poder tener alguna excusa válida que quitara sobre mis hombros la responsabilidad de mis actos. De poder decir que yo fui una víctima de la sociedad, pero no existe. No puedo. Así que, he tenido que confrontarme con la triste realidad.
Existe una tendencia humana de culpar a otra persona por los problemas en que uno se mete. Que si yo me crié en un arrabal...que si mis padres se divorciaron...que si yo me crié pobrecito...que si Santa Claus no existe...que si esto...que si lo otro. ¡¿No se han fijado ustedes en el lloriqueo que usa la gente para echarle la culpa a algo o a alguien?! Pues yo quiero hacer hincapié en que el único responsable de los errores ocurridos en mi vida he sido yo y únicamente yo.
Esto es bien importante, porque luego de analizar todos los eventos de mi vida, me di cuenta de que el peor enemigo que tiene el ser humano y que le detiene en su búsqueda de la felicidad es: una buena excusa. Siempre que uno pueda protegerse con una buena excusa, no tiene porque ir a buscar esa felicidad que otro le robó. Usted sencillamente no es feliz por culpa de "Pancho cara de queso". Les puedo asegurar que no fue hasta que yo acepté esta verdad indefectible que empezaron a ocurrir los cambios en mi vida.
Dios no tuvo la culpa, ni el diablo me torció el brazo, la decisión fue solamente mía. Así que si hay algún culpable ese soy yo. A lo hecho...pecho. Yo acepto esta responsabilidad. ¡Punto y amén!
Bien, continuando con mi relato...mi niñez fue una que aún hoy en día miro como algo bien lindo. Nosotros nos criamos en un ambiente donde se respiraba el amor. Éramos y todavía somos la luz de los ojos de nuestros padres; pero eso no quitó de que yo también pasara por los traumas normales de la niñez y que también tuviera mi buena dosis de zurras. En la época de hoy, estas zurras se considerarían abusivas no obstante, se me hace difícil decir que fui maltratado aunque al igual a cualquier otro niño, cuando mamá o papá me pegaban yo estaba convencido de que me odiaban.
Papá (el sargento) no me dejaba pasar ni una, y mamá me dejaba pasar algunas. Y mi abuela que vivió con nosotros durante una temporada, me las dejaba pasar todas. Mi abuela me dejó pasar durante los primeros siete años de mi vida todo lo que yo pudiera hacer en el resto de ella. Cada vez que papi me iba a dar (y no eran consejos) mi abuela le decía: ¡Detente, Micky es hijo del amor! ¡Ah, que buenas son las abuelas! En honor a la verdad, tengo que decir que fui criado a lo antiguo. Mi padre me daba unas zurras que hoy en día se les llamaría abuso de niños. Pero en aquella época así era como nos criaban especialmente en la mentalidad y cultura puertorriqueña. Mi papá no se daba tragos o algo así y salía a darme golpes. El cien porciento de las veces era por algo que yo hice. Y cuando me daba era a puño y a patadas; se ponía furioso. Claro que yo no creía ni creo que sea lo que fuera que yo hiciera la penalidad era un poco exagerada. Pero, no por eso deje de querer a mi padre o a mi madre que siendo testigo de las pelas nunca las paro. Quise añadir esto a esta edición porque ahora años después me he encontrado con muchos jóvenes que sufrieron abusos físicos y aún sexuales y quiero sacar esto aunque me duela para que ellos puedan ver y entender que les comprendo y si Dios pudo quitar de mi ese dolor también lo puede con ellos. Sé que este comentario me traerá problemas en la familia pero para mi es más importante ser transparente delante de ustedes aunque hay otros que quieran tapar el sol con las manos.
Hace tiempo que perdoné a mis padres. Comprendí como leerán mas adelante que mi padre se crió huérfano en una montaña, pobre y rodeado de pobreza. No sé cómo fue su niñez pero estoy seguro que no fue muy feliz. Su conducta fue producto de su pasado y aunque eso no es una excusa por lo menos es una explicación. El que nunca ha recibido semilla de ternura no podrá dar ese fruto cuando le toque. Por este motivo yo me empeñé en romper este ciclo de maldición y con la ayuda de Dios pude criar por lo menos a uno de mis hijos bajo el mentalidad de lo que es el amor, el entendimiento y la ternura. Le doy gracias a Dios porque a través del tiempo me ha permitido aprender lo que es la misericordia.
Continuando con mi relato puedo decir que a pesar de esos momentos violentos, sí sabia que mis padres me querían y aunque en aquel entonces no entendía muchas cosas que entiendo ahora, puedo decir a ciencia cierta que tanto para la familia Arreche Prados como para la familia Serrano yo fui "el nene". No niego que cuando pienso en esos días me dan deseos de ser niñito de nuevo. Así que no te sientas mal si te pasa a ti también ya que lo anormal es que detestes tu niñez.
Yo compartí con muchas personas de distintos estratos sociales en la cárcel. Algunos tenían madres prostitutas y hasta drogadictas, padres distribuidores de droga o matones, y en cuatro años nunca, pero nunca, encontré a alguno que no hablara de los momentos bonitos de su niñez. A todos y a pesar de nuestras circunstancias individuales nos gusta el pensar en momentos mas fáciles aunque para algunos hubo violencia siempre nos acordamos de lo mejor.
Todavía me acuerdo de eventos bien alegres de mi niñez. Como el día que mis padres me celebraron un cumpleaños de sorpresa y me regalaron una bicicleta Schwinn Phantom roja con todos los adicionales y que para aquella época era lo máximo en bicicletas. Ah, y aquel día en que mi papá me llevó a pescar a "Clove Lake" y yo pesqué un pez. ¡Es inexplicable! Me acuerdo de ese día como si fuera hoy.
¿Y cómo me puedo olvidar del día que tuve el valor de romperle la boca de un puño al guapetón del barrio? El joven era más grande y mayor que yo y era una amenaza pública por aquellos lares. Llegado el momento y buscando la aprobación de mi papá le caí arriba como un loco. Pensé que me iba a sentir bien y así fue al principio pero pasados los años he llegado a pensar distinto. Aun hoy sigo defensor de los abusados, los desamparados, y todos aquellos que por algún motivo u otro han caído atrapado debajo de las ruedas de la vida y no logran escapar de su propio infierno. ¡Dios mío, que muchos jóvenes pudieron cambiar el rumbo de su vida sólo porque con ojos de misericordia les enseñé lo que Tú me enseñante a mí! Gracias.
También hay otros eventos que no fueron muy alegres. Por ejemplo, cuando yo tenía dos años me dio sarampión que se me complicó con pulmonía doble. Me tuvieron que internar en un hospital de enfermedades contagiosas. Allí me amarraron a la cama. Recuerdo ver a mi madre a través de una ventana especial, pero ella no podía entrar ni hablarme y yo le pedía, mamá agua, agua...la fiebre me tenía con una sed tremenda. Entonces vino un doctor y me dio un vaso -que para mí era gigante- y al tratar de beber el agua la derrame sobre mi cuerpo, y mi mamá me veía pero no podía hacer nada. Recuerdo lo mucho que yo quería que mi madre hiciera que esa gente mala me soltara las amarras. Pero mami no lo hacía. ¿Por qué? ¿Por qué me tienen aquí castigado? Yo soy un nene bueno. ¿Mami, por qué? Mi mente de infante no entendía nada de esto.
Este evento me tuvo traumatizado por muchos años, pues sentía un rencor que me afectaba en mis relaciones con las personas. Fue la primera vez en mi vida que me sentí solo y abandonado. Hubo otra ocasión que recuerdo en la cual me sentí solo y fue a la edad de cuatro años. Mi mamá estaba pendiente de hacerse una cirugía del riñón y la pobre pasaba por unos dolores terribles. Para suavizar la presión de tener que bregar con mi hermanita de tres años y conmigo de cuatro, mi madre nos puso en el Mariner’s Harbor Nursery School.
Recuerdo claramente que yo no quería ir a este sitio. Esto es una conducta perfectamente normal para un niño de cuatro años. Creía que mi madre se estaba deshaciendo de mí y que no volvería a verla jamás. Yo no quería estar con esa gente que no conocía. No me gustaba su comida ni que me hicieran dormir la siesta. Recuerdo haber recibido más de una nalgada por este motivo. Yo no quería estar allí. Un día que mi mamá me llevó, peleé a patadas y puños y grité histéricamente. Sencillamente no quería estar allí.
Si bien es cierto que esta conducta es normal en un niño, también es cierto que lo que sigue no lo fue. Un día, me fugué trepándome por encima de una verja y me refugié dentro de un tubo de acueducto que estaba en un parque cerca de la guardería. Estuve escondido allí por muchas horas, tanto que tuvieron que enviar a la policía a buscarme. ¿Qué había pasado en aquel lugar que me aterrorizaba? ¡No me acuerdo! Pero ni modo, mis padres me llevaron a la guardería de nuevo y tuve que soportarlo hasta que terminé el kindergarten. Este episodio fue mi segundo encuentro con los sentimientos de soledad y de abandono. No me volví a sentir solo hasta treinta y dos años después.
Estos dos eventos combinados moldearon desde muy temprano en mi vida una actitud en la que yo decía, que al final de la cuenta, cuando todo esté dicho y hecho; y cuando llegue el momento de la verdad, estamos solos. Este razonamiento no me hacía sentir mal, todo lo contrario, siempre entendí que era un razonamiento maduro y hasta llegué a vanagloriarme de que yo era como el "Llanero Solitario".
Digo esto a manera de datos sobre mi vida, pero lo cierto es que no creo que esta condición tuviera algo que ver con que yo hiciera las cosas que hice, aunque sí tuvo que ver mucho en cuanto a mi actitud con Dios. Cuando uno es niño no puede entender el porqué de las cosas, especialmente eventos como éstos que les acabo de describir, y aunque de adulto vine a entender lo que había pasado, ya el trauma llevaba decenas de años en mi subconsciencia. Pienso que tal vez esta violencia que tanto me atormento tiene sus raíces ahí pero no por eso quiero declararme una víctima y decir que no tengo la culpa por mis actos. Negativo mis amigos…hice lo que hice y no me acuerdo de nadie que haya puesto una cuchilla a mi cuello.
Haciéndome un autoanálisis, he llegado a la conclusión de que mi actitud hacia Dios -como un Dios que abandona a sus hijos al sufrimiento y a la soledad- tuvieron sus raíces aquí; No hubo nada en mi niñez a lo que le puedo echar la culpa por lo que me pasó en términos de mis problemas con la ley. Al contrario, todo mi trasfondo de niñez indicaba que lo que pasó de adulto nunca debió haber pasado.
A lo mejor este libro lo lee un siquiatra y dice que en mi subconsciente había algo que afectó mi vida. Pero yo sé, que lo que pasó fue, que Jesucristo no estaba en mi vida y mucho menos en mi corazón.
Les diré un secreto -y me prometen no decírselo a nadie. Cuando me fueron a sentenciar, traté de explotar el ángulo de que yo no sabía lo que estaba haciendo. De que era una víctima de ciertas presiones de mi niñez y de la sociedad. Me enviaron a un sicólogo y a un siquiatra que me evaluaron por tres meses y luego sometieron sendos informes a la corte. ¿Saben qué? Lo que encontraron fue que yo lo que tenía era poca vergüenza. Dijeron en su reporte: "Este don Miguel tiene un coeficiente intelectual de 167 y debe de considerarse como una persona de nivel superior en cuanto a su adaptación a la sociedad y a los elementos que le rodean. Es un individuo de personalidad agradable y de un carácter imponente, etcétera, etcétera..." ¡Bueno, por lo menos traté! ¡Ay, Señor lo que hace la gente para huir de la responsabilidad!
Puerto Rico
Regresamos a Puerto Rico para junio de 1959. Yo tenía casi diez años y nos fuimos a vivir al Reparto Metropolitano, en el municipio de Río Piedras, Me matricularon en una escuela privada. Se supone que yo entrara al sexto grado pero como no sabía nada de español me hicieron repetir el quinto grado. En junio de 1960 nos mudamos a Country Club también en Río Piedras. Me cambiaron de escuela. Esta era una escuela católica, donde continué mi educación desde el sexto grado en adelante. En aquel entonces el colegio estaba dirigido por frailes franciscanos de la orden de los capuchinos, quienes se encargaron de educarme en la doctrina del sacrificio, la humildad, y la pobreza por siete años, hasta que me gradué en 1967.
No puedo terminar mi relato de mi estadía en este colegio solamente con un párrafo. Yo pasé unos años bien lindos en este colegio -aunque todas las monjas le dirían que fueron los peores de ellas-. Nunca he hecho un estudio sobre esto, pero la verdad es que yo era un terror ambulante. Les ponía tachuelas a las maestras, tiraba bombas químicas que apestaban a huevo podrido y hacía montones de maldades. Nada grave. Travesuras de estudiante... Las opiniones de los maestros puede que hayan sido diferentes.
En cuanto a mis estudios, yo perdía mucho tiempo. Los exámenes de habilidad siempre me situaban en el dos por ciento más alto del colegio, pero esto no se reflejaba en mis notas ya que en ocasiones, notas excelentes eran cambiadas a deficiente por conducta, por no hacer asignaciones, o sencillamente dejaba el examen en blanco para salir temprano de la escuela.
Yo estoy convencido de que Jesús vendrá por su Iglesia; vendrá por una sola Iglesia. Esa Iglesia no tendrá sobre el dintel de su puerta el nombre Bautista, Pentecostal, Adventista, Luterana, ni Católica, así que cuando en este libro hago referencia a una, lo hago sin intención de desmerecerla ni de contradecirla. Yo creo que el mundo tiene suficiente con un solo Dios todopoderoso y no necesita que Miguel decida quién está en lo correcto o no.
Este comentario es porque quiero apuntalar algo bien importante aquí; yo fui producto de la transición entre el Primer Concilio Vaticano (1869-1870) y el Segundo Concilio Vaticano (25/12/1961- 08/12/1965).
Sin entrar en muchos detalles, lo que quiere decir esto es que entré en la doctrina cuando le era estrictamente prohibido a la iglesia interpretar la Biblia. Las doctrinas eran sometidas a las definiciones del Papa quien en su capacidad ex cátedra -según los romanos católicos- es infalible. Estas definiciones eran firmes y una vez hechas no estaban sujetas a interpretación y era ilegal el apelar las determinaciones y los juicios del pontífice, a algún Concilio Ecuménico como autoridad superior a la del pontífice. Las doctrinas sólo podían enseñarse por individuos con grados de doctor en divinidad y éstos a su vez no podían ser laicos. Era obligatorio leer la Biblia en latín. De hecho, en aquel entonces, sólo se podía estudiar de un "misal " o de libros especiales que proporcionaba el colegio. Las Biblias que no fueran en latín tenían que ser certificadas que habían pasado por un proceso bien estricto de censura y que luego tuvieran el sello de la oficina de censura del Vaticano.
Esta transición duró desde el comienzo del Segundo Concilio Vaticano el 25 de diciembre de 1961 y su clausura el 8 de diciembre de 1965. Fue un período de tumulto ya que los sacerdotes y sectas conservadoras fueron lentos en implementar los nuevos cambios debido a que esa generación de sacerdotes y monjas ya están establecidos en sus maneras de ser. Por cierto, en el caso de los capuchinos franciscanos, el Vaticano tuvo que generar una orden rotunda referente a cómo ellos desempeñaban su forma de vida con relación a la pobreza y a las posesiones mundanas.
La forma de vida franciscana era: rehusar recibir dinero, tener sólo lo absolutamente necesario, renunciar a todos los bienes materiales, incluso su propia ropa. Era una vida de votos de oración, penitencia y predicaciones de acuerdo a las reglas escritas por su fundador. Su empeño era la de ser servidores de los enfermos, los pobres, los desvalidos y los abandonados .
La penitencia por el pecado podía variar desde estar arrodillado por horas hasta flagelarse el cuerpo seriamente y caminar descalzo sobre piedras filosas. Este era el ambiente en el cual yo fui educado. Era un ambiente de juicio, sacrificio, y obediencia ciega. No había lugar para usar los propios criterios. Lo que se enseñaba era lo correcto y punto.
Aprendí lo que era flagelarse, mortificarse, someterse a la obediencia, y sobre todo ser humilde. Léase en esto último, aborrecer el dinero y las riquezas. El sobresalir y desear lo mejor eran vanidades desmedidas. No había oportunidad de razonar las cosas y si lo hacías te exponías a ser sacado de la iglesia, o peor todavía, a ser excomulgado.
Dios era inaccesible por la plebe del mundo. Lo más que yo podría esperar a lograr sería suplicarle a la virgen María que intercediera por mí a Jesús. El Padre, El Hijo, y El Espíritu Santo formaban parte de una trilogía divina que sólo podía ser alcanzada por el sacerdocio.
Me acuerdo vívidamente las veces que me arrodillaba por horas contemplando a Jesucristo crucificado y meditando extensamente:
El murió, el murió, sí el murió.
Mea culpa, mea culpa, mea culpa.
¡Por mi culpa Jesús está muerto!
Qué pena... ¡Mi Dios estaba muerto!
Por muchos años se me enseñó que Jesús murió por mi culpa, que Él llevó sobre Sí el castigo que me correspondía a mí. Que yo era un vil pecador, un escombro, un nada, un gusano arrastrándome por la tierra. Dios Padre estaba sentado sobre su trono preparado a destruir el mundo y a la humanidad con fuego, y la virgen María -la reina del cielo-, aguantaba su brazo de juicio como una madre protectora. La virgen vino a ser para mi una salvadora subrogada. El impacto de la doctrina mariana tuvo el efecto inexorable de convertir a Dios en un neurótico y a María como la madre buena que protege a sus hijos.
Como resultado, me gradué con la convicción de que para ser digno de la misericordia de Dios, uno tenía que ser sufrido y pobre. Que Dios se glorificaba en el dolor humano. Lo más que yo podría esperar de este Dios tan inaccesible era que no me castigara mucho. Si yo me ejercía en una vida de humildad, sacrificio y penitencia, Él todavía me iba a castigar, pero no tanto. Además, Jesús para mí, en mi enfoque, era el más débil de entre Padre, Hijo, Espíritu Santo y la virgen María. Él vino, trató de hacer algo, lo vencieron y luego lo mataron, pero antes de morir le entregó las riendas de la salvación a su madre .
Dios se molestó terriblemente de que no le dieron "un chance" a Jesús y era lógico que el Padre ofendido se la desquitara conmigo. Juicio…el Dios que perdió quiere tomar venganza de los humanos. ¿Y qué rayos tuve yo que ver en la barbarie de la muerte de aquel llamado Jesucristo? ¿Qué pasa? ¿Por qué tengo que sufrir yo? ¡ Dios no es justo!
Demás está decirles que en términos espirituales me declaré un rebelde en contra de Dios quien llegó a ser para mí, una deidad con tendencias neuróticas, pendiente en todo momento de arrancarme la cabeza si yo me salía de la línea. ¡Pamplinas! Yo no podía ser un cristiano, yo no podía creer en Dios. Dios -me decía a mí mismo-, es para los pobres, los viejos, y todos aquellos que buscan una excusa para justificar su mediocridad.
Estos sentimientos estuvieron bien arraigados en mi vida por mucho tiempo y fueron el motivo de grandes guerras emocionales. Para mí era fácil pensar y aceptar que la única persona con la cual yo podía contar era YO mismo. ¡Yo estaba solo!
Al igual que muchas personas que he conocido, yo me sentía culpable porque quería amar y ser amado por Dios. Y me sentía culpable porque rehusaba someterme a lo que me habían enseñado como la verdad, y eso era un pecado. ¡Lo que hace la ignorancia!
Pero desafortunadamente me eduqué creyendo que amar a Dios era una debilidad. Que Dios no es un Dios justo y yo no quería aceptar eso, así que necesariamente me tenía que sentir culpable. Luego del colegio católico ingresé en la Universidad de Puerto Rico y disfruté a la máxima potencia. Saqué la nota más alta de entrada en la Universidad. No me acuerdo bien pero fue un examen casi perfecto.
Aprendí muchas cosas en la universidad. Entre ellas me percaté de la existencia en mí de una gran habilidad para el "rapeo" (el arte de hablar y no decir nada) y de una habilidad mayor para persuadir a las personas. Aquella educación que había recibido en el colegio católico, aquellos lavados de cerebro filosóficos de los capuchinos, las largas horas de disciplina mental, estaban dando su fruto. Pronto entendí que las personas son víctimas de sus propios miedos sean estos reales o imaginarios. Entendí además lo que yo llamé el síndrome de la mediocridad. El ser humano tiene una tendencia de hacer las cosas para que se vean bien, pero no necesariamente que estén bien. O sea, lo que prevalece es la apariencia.
Les voy a dar un ejemplo: a los estudiantes de primer año en medicina se les enseña a usar un estetoscopio, esto es algo bien básico. Usted camina por los alrededores de la universidad y reconocerá a todos los estudiantes de medicina porque andan con el estetoscopio alrededor del cuello como si acabaran de salir de la sala de emergencia de un hospital. ¡Pero, si a este nivel lo que están aprendiendo es a contar los latidos del corazón! ¡Dios mío que me da algo riéndome!
No hay nada de malo en querer tener una profesión. Lo que les quiero decir es que una gran mayoría de los estudiantes crea una apariencia de lo que ellos quieren y esto los hace susceptibles a ser manipulados.
Durante este tiempo en la universidad me hice de un Bachillerato en Ciencias con concentración en Biología. Durante este tiempo también adquirí una maestría en maquiavelismo. Sí señor, el libro "El Príncipe" por Nicolás Maquiavelo era mi manual de operaciones en aquel entonces. Este libro, que es considerado un manual de tiranos, dice entre otras cosas:
•El fin justifica los medios.
•El ser temido da más seguridad que el ser amado.
•Un líder prudente no puede y no debe seguir una fe cuando el seguirla es una desventaja para él.
•En los términos de Maquiavelo, el verdadero poder requiere de fortuna y virtud, siendo la virtud interpretada por fuerza y no en términos de virtud cristiana.
A los veinte años de edad mi mentalidad era estrictamente maquiavélica. Todas mis actuaciones las medía en relación al efecto que tendrían sobre otros para que a su vez tuvieran un efecto positivo para lograr lo que yo quería. Según los pensamientos filosóficos de Maquiavelo, la conducta que nosotros describimos como maquiavélica es la que él atribuyó como característica de los políticos. El que tenga oídos para oír, oiga.
Así que en un mundo olvidado por Dios, definitivamente el fin justifica los medios. La religión es la droga de las masas. Es el lugar donde se refugian cuando no se pueden enfrentar a la vida. Es la manera de justificar su pobreza.
¡Deja que los mediocres tengan a Dios que yo me conformo con poseerlos a ellos! ¡Qué miserable, pensar que ésta era mi actitud en la vida!
Me gradué en 1971 y me casé dos meses después de terminar la universidad. Fue un matrimonio en el cual yo supe desde la misma luna de miel que había sido un error. Pero como mi orgullo no me permitía admitir que había cometido un error, honré mi matrimonio por ocho años que calaron en mi corazón profundas raíces de amargura. Pero esta es otra historia. No obstante quiero aclarar que fue y sigue siendo una tremenda madre y una mujer singular que tuvo la desventura de encontrarse con un hombre machista y egoísta como lo era yo.
Comencé mi vida profesional de propagandista médico para un laboratorio y en cuestión de cuatro meses, me pusieron a trabajar por todo el Caribe como especialista en bancos de sangre. Mis amigos me pusieron el cariñoso nombre de "El vampiro". Hoy en día miro atrás y he pensado que aquel sobrenombre fue profético en cuanto a lo que me convertí. Después de un año me nombraron Gerente del Caribe. Luego en una visita a uno de los clientes mas importantes, este me ofreció un trabajo como Director de Producción ganándome el doble de lo que me ganada el aquel momento, en un centro de plasmaféresis en Haití. El Vampiro se hizo cargo del banco de sangre más grande del Caribe, Centro y Sur América. Diariamente, seis días a la semana, le sacábamos medio litro de plasma a cada uno de los seiscientos haitianos que estaban tan desnutridos que le teníamos que administrar vitaminas y dar pastillas de proteína para que continuaran viniendo cada dos semanas. Teníamos una población permanente de donantes de unos siete mil. Les pagábamos veinte gourdes por sangría (equivalente a cuatro dólares estadounidenses) por lo que tenían un ingreso de quinientos gourdes al año -doscientos gourdes más al año que el ingreso per cápita de Haití-. La compañía era responsable directa e indirectamente del diez por ciento del ingreso bruto nacional de Haití, por lo que cuando hubo un amago de un levantamiento militar, el presidente de Haití -en aquel entonces Jean Claude Duvalier- decidió confiscar todas aquellas compañías que explotaban a los haitianos y me arrestaron. Estuve un día preso en la cárcel del palacio de Duvalier porque vinieron de la embajada estadounidense y me sacaron. Desde ese día tuve que ponerme paranoico ya que me habían sentenciado a ser despachado por el "tom tom macu". Pero para aquel entonces yo ya había sembrado terror entre la población. En la nómina nosotros también teníamos unos " tom tom macu" que le daban una paliza a cualquiera. Al poco tiempo salí de Haití sin más ganas de regresar ni para recoger dinero.
¡Algo me había pasado en Haití! Mi madre siempre había estado insistiéndome que yo fuera a la iglesia y yo siempre le decía lo mismo: "Mamá yo creo en Dios a mi manera pero realmente no me hace falta". Yo le decía a mis padres: "Ustedes vivieron una vida completa y ahora que están viejos se han metido a religiosos y no quieren que yo disfrute de la vida, olvídate de eso y canta un tango". Pero las oraciones de las madres que se levantan al Trono Celestial siempre dan resultado y en Haití yo empecé a experimentar deseos de buscar a Dios.
De regreso en Puerto Rico, en 1973 , fui a una reunión de un grupo de católicos llamados "Los carismáticos". Esta época de mi vida espiritual fue un período de coqueteo con Jesús. Dentro de una mogolla de emociones y frustraciones (ya tenía serios problemas con mi esposa) y también por complacer a mis padres, acepté a Jesús y lo confesé como mi Señor. Ahora sí que se había formado un "arroz con pollo" (expresión criolla que significa 'situación caótica'). Entré a un medio ambiente que yo siempre consideré de mediocres, viejos e ineptos. Estuve unos cuatro o cinco meses en esto hasta que empezaron los chismes entre los hermanos. El Obispo ordenó que el movimiento que ya tenía el nombre de "Renovación Carismática Católica o Movimiento Carismatico" fuera estrictamente reglamentado. Me fui y le "eché la cruz" (maldición) a la Iglesia, a Jesús, y a Dios. Definitivamente Dios es la droga de las masas. Maquiavelo tenía razón "Fe" es una debilidad.
Comencé a trabajar en la bolsa de valores en 1973 por casualidad. Rendí los exámenes de entrada y los aprobé. Luego tomé otros exámenes de personalidad y tuve que ir a tres entrevistas. Después de aprobar todos los exámenes y pruebas me enviaron por seis meses a Nueva York a tomar un curso intensivo de preparación para el examen de Corredor de la Bolsa de Valores. Después de todo esto me enviaron a continuar el entrenamiento por un período de casi un año. (Y pensar que hoy en día a los corredores los procesan en microondas. Tengo entendido que el entrenamiento ahora dura un mes.)
A los dos meses de ser corredor de bolsa, mi preparación en el área de matemáticas y de procedimiento científico, pero sobre todo, mi actitud de arrancarle la cabeza al que se me metiera en el medio, me llevaron a sobresalir de los demás corredores. Yo iba a triunfar aunque tuviera que pisotear algunos "infelices" en el camino porque "yo me merezco triunfar porque tengo lo que se necesita. Soy mucho mejor que estos hombrecitos que me rodean".
"El mundo está en deuda conmigo así que a pagar se ha dicho. ¡Echa un pie al bote que aquí está tu domador!"
Capítulo 2
Ningún testimonio se podría entender sin que antes se diera una explicación de las raíces de uno. Don José Ortega y Gasset en una ocasión dijo: "yo soy yo y mis circunstancias". Encuentro esto algo bien lógico. De hecho, según los sicólogos, las circunstancias de un ser humano durante sus primeros dos años de vida son las que forman su personalidad.
Por lo general, las circunstancias de los hombres son regidas por sus padres los primeros dieciocho años de vida, y después son influenciados por ellos otros tantos años. En mi caso, como verán más adelante, no fue así.
Me es grato hablar sobre mis padres, primero: porque aunque no siempre comprendí sus motivaciones o por qué hacían algunas cosas o las dejaban de hacer, sí entendí desde temprano en mi vida que mis hermanas y yo éramos la luz de sus ojos. Y segundo: porque su historia, en sí, es realmente jocosa.
Mi mamá y mi papá vienen de descendencias tan distintas que provoca gracia. De aquí el título que le he puesto a este capítulo. La dama, es mi madre y el plebeyo (dicho cariñosamente) es mi padre. De hecho este título me lo sugirió mi padre como representativo de la historia de ellos. Intentaré darles un relato resumido de mis padres. Sus raíces, su encuentro, su noviazgo, su matrimonio y el ambiente en el cual criaron a sus hijos.
Doña Yolanda Catalina Arreche Prados. Mi madre viene de una larga línea de eruditos, de la realeza y de la sociedad. Sus raíces extienden a más de quinientos años atrás en San Sebastián, Guipúzcoa, España, nación Vasca. Nacida en una familia de poetas, educadores y escritores fue la penúltima de una familia de 14 hijos. Fue educada en la delicada clase social de su época y estudió dietética en la Universidad de Nueva York, cuando las profesiones en las áreas médicas eran casi exclusivas de los hombres.
Su familia descendía de la nobleza y alcanzó títulos importantes. Uno de sus hermanos, don Manuel, llegó a ser Presidente de Perú. Por lo demás todos han sido distinguidos educadores y escritores. Durante el curso de su vida se ha desempeñado en muchísimas labores cívicas y sociales donde siempre le han dado sendos reconocimientos por su ardua labor. Ha escrito para periódicos y revistas con mucha aceptación. Siguió estudiando hasta llegar a ser maestra para niños con problemas de aprendizaje. Recientemente escribió un comentario bíblico que será utilizado por su iglesia como referencia para enseñanza bíblica.
A los 67 años empezó a estudiar otra vez. Y hasta lo 75 años, daba clases de tutoría en su casa y aún sacaba tiempo para ser Ministro de Hospitales.
Doña Yolanda Catalina Arreche Prados, educadora, escritora, evangelizadora, cívica, una real dama, una mujer de Dios; mi madre.
Don Miguel Ángel Serrano Serrano. Les quiero decir que mi papá es para mí un ejemplo del hombre luchador, del hombre que nunca ha permitido que las circunstancias de la vida le dominen. Es un hombre de carácter tranquilo, que con calma y valor sabe enfrentarse al mundo y dominar cualquier situación que se le presente. Yo siento una gran admiración por él. Mi padre es el ejemplo vivo de lo que quería decir el escritor Don Antonio Machado cuando escribió: "Caminante no hay camino, se hace camino al andar". Contrario a mi madre, papá no tiene una larga descendencia con raíces profundas. Mi padre es uno de tres hijos, dos varones y una mujer, nacidos del matrimonio entre Don Manuel Serrano y Doña Martina Serrano. Hasta ahí llegan las raíces legales de mi papá.
Continuemos ahora con su historia, muy distinta a la de mi madre. Allá en las montañas de Aibonito en medio de las flores, los pájaros y donde la naturaleza muestra cada mañana su hermosura, nació Miguel, un niño como todos, que disfrutaba cada día su infancia.
Poco le duró esto ya que a los cuatro años de edad falleció su mamá durante la gran epidemia de influenza en 1919 y su hermana Carmen cuidó de él y sus dos hermanos como una verdadera madre. Se crió pobre y rodeado de pobreza. Su padre se dedicaba al contrabando de licores durante la época de la prohibición en los años 1920-1930. También compraba, rebajaba y embotellaba alcohol que después vendía desde su casa que era una barra clandestina.